Hola a todos, aquí les traigo la segunda luna de "Darkness", espero les guste.
ANTES DE INICIAR A LEER:
1.- Si eres homofóbico, por favor, no leas ciertas partes de este FanFic.
2.- Advertencia: Esta luna contiene Famelash (mujerxmujer) e insinuaciones de Malelash (hombrexhombre) se recomienda discreción al respecto.
3.- Contenido KiGo (Kim Possible x Shego), si no te gusta la pareja, por favor, omite sus partes. Si lo lees, será bajo TÚ propio RIESGO, no me vengas con comentarios del tipo "me has arruinado la infancia", porque yo te he advertido.
4.- Buena lectura.

Darkness

Segunda Luna: Jack Frost.

Noruega, central de los Copos Oscuros.

Todos los miembros del Clan de los Copos Oscuros estaban inquietos, las personas corrían de allá para acá, no todos los días asesinaban a la cabeza del clan junto a su esposa. Algunos lloraban la pérdida de su líder, de su amigo, de su confidente. Otros rompían todo lo que veían, estaban furiosos por aquel acto. Pero ese lujo sólo se lo podían dar los miembros que no tenían un cargo dentro del mismo grupo. En cambio, las cabecillas, quienes eran conocidos como "las sombras frías", que eran conformados por cuatro mujeres y un hombre, tenían trabajo tras trabajo. Bella, la sombra que representaba la organización del grupo, trabajaba sin parar para calmar a los miembros más afectados con la muerte de sus líderes. Kimberly Ann Possible, mejor conocida como Kim Posible la sombra estratega y militar, ponía en alerta a todos los guardias, no debían relajarse, pues el sucesor del clan venía y no permitirían que nada le pasase. Shein Go, mejor conocida como Shego, la sombra verde, ayudaba a la joven Kim, Shego era quien dirigía los ataques y entrenaba a los de mayor alto rango dentro de los soldados. Las últimas sombras eran Renee -la sombra lunar- y Eliot -la sombra de fuego-, ambos en conjunto eran los guardianes de la familia y del clan en general. Shego gritaba a los sargentos de alto rango que no fallaran, porque si lo hacían, ella misma los desintegraría con sus propias manos. Kim, por el contrario a Shego, organizaba con mano firme, pero amabilidad a los de más bajo rango. Todo debía estar bien protegido para recibir a su nuevo líder.

Eliot ya estaba en el aeropuerto esperando a sus sobrinas y su pareja, miraba con exasperación el reloj cada cinco segundos, estaba hecho un manojo de nervios, había viajado gracias a unos de los portales de la brujas para llegar lo más rápido que podía a la central de los Copos Oscuros, aparte de dar la noticia a clan, tuvo que ir hasta el centro de Magics Creatures, pues habían decidido mudarse desde Transilvania hasta Noruega, donde estaban todas las veces de los clanes hoy en día. Una vez ahí, convocó a una reunión con las cabezas de los cuatro clanes, si no fuera porque dijo "han asesinado a Raymond Arendelle Frozen y a Regina Arendelle Frozen", de seguro su petición habría tardado mínimo diez años. Las cabezas de cada clan: Esmeralda Salem por parte de las brujas (Brujas Estrella), Connor Corona por parte de los Hombres Lobo [ Hijos de la Luna ] y primo de Raymond; y Frollo Lasivius embajador de los vampiros (Sangre Roja), pues su líder estaba en una junta importante en su empresa. Los más afectados por la pérdida fueron Esmeralda y Connor quienes eran amigos apegados de Regina y Raymond, respectivamente, Esmeralda fue una de las primeras en creer en los ideales de la pareja y dejó su alianza con los vampiros para unirse a Regina. Connor, pues, era el primo de Raymond y Renee, cuando empezó el movimiento de paz todos estaban reacios a aquel acto (incluso él), y más los vampiros, pero gracias a que la mayoría de las criaturas querían paz, pues, ellos también accedieron.

Eliot se sentó en la sala de espera y sacó su móvil para ver si Renee le había mandado algo. Pero de nuevo, nada. Se estaba ya desesperando. En ese instante sintió una presencia. Ya estaba cerca. A pesar de que Renee estaba a kilómetros por arriba de su cabeza, él ya la había percibido. Agudizó sus sentidos para detectar a sus sobrinas, cuando ya estaban a unos pocos metros del cielo, las pudo sentir. Se tranquilizó al verificar que todo estaba en su lugar. Se paró tranquilamente de su asiento y se dirigió a la salida de los pasajeros, se puso de puntitas y alzó la mirada para poder ver más. Con su vista, pudo ver a su hermosa lobuna pararse de su asiento, coger a Elsa de la mano y cargar a Anna, la pobre se había quedado dormida. Se arregló el cabello para recibir a su hermosa lobuna, a pesar de que ya tenían décadas de noviazgo, siempre que pasaban tiempo separados, él volvía a caer en aquella etapa donde trataba de impresionar a la joven sin saber que lo había logrado desde que ambos se vieron por primera vez. Cuando su amada pasó la puerta y se encontró con él, Eliot abrió los brazos y le dio un corto abrazo junto con un leve beso en la frente. Cogió a Anna para abrazarla, saludó a Elsa y la guio hasta el carro que había alquilado para moverse. Los portales sólo se usaban en casos de emergencia.

— ¿Qué tal estuvo el viaje? — Cuestionó el rubio mientras acostaba a Anna en el asiento trasero.

— Normal... apeste a humano, gente mirándonos raro, estúpidos cacahuates... Nada novedoso. — Respondió a grandes rasgos Renee subiendo a Elsa del otro lado.

— ¿Y tú, mi pequeña rubia? — Le interrogó Eliot a la mayor de las hermanas.

— Bien... supongo... No sé cómo debería sentirme, eso es todo... No sé si llorar o enojarme... Lo único que sé es que estoy realmente triste, y que Anna debe sentirse de la misma manera. — Respondió Elsa, la respuesta de la pequeña sorprendió mucho a sus tíos, pero más a Renee.

— Está bien, Elsa... Sólo... Sólo relájate, ¿si? — Le pidió la joven de pelo morado mientras le acariciaba la cabeza. — Vamos, es hora de ir a la central.

Renee giró sobre sus talones cerrando la puerta del carro con su pie, se encaminó hacía la puerta del copiloto donde se metió. Eliot sólo sonrió de lado, Renee aún estaba en proceso de asimilación, pues seguía siendo la misma de siempre, lo de "no sé cómo me siento" era hereditario, él lo sabía, los Arendelle tenían ese pequeño defecto. Sino fuera porque Regina se le declaró a Raymond, éste jamás se habría dado cuenta que esos extraños sentimientos que tenía por la joven vampiresa eran de amor. En el caso de Eliot, fue gracias a un ataque de celos que condujo a Renee a marcarlo como su pareja, pero si no fuera por sus actos impulsivos, ella estaría aún analizando, cuestionando, pensando y comparando meticulosamente los sentimientos que tenía hacía Eliot. Pero en fin, así eran los Arendelle después de todo. Eliot se metió al hermoso lamborghini murciélago rojo que había obtenido, alquilar ese automóvil no fue nada barato, pero digamos que por ser de cierta clase social, habían adquirido cierta fortuna que los hacían parte de la lista de las personas más ricas del mundo. Décadas trabajando, aprendiendo, invirtiendo y con una empresa farmacéutica bajo el nombre "Arendelle Frozen" eran motivos para una gran entrada monetaria, Elsa y Anna no se preocuparían por el dinero hasta sus ocho siglos de vida o algo más, claro, si no arruinaban nada de la empresa y no derrochaban el dinero ahorrado; aunque claro, si Elsa tenía control sobre ello, era más que dudable que esa probabilidad existiera.

— ¿Y bien, que planeas hacer? — Habló Eliot sacando a Renee de sus pensamientos.

— ¿Hacer sobre qué? — Inquirió la joven apoyando su barbilla en su mano.

— Elsa, chica, clan, líder, chico. Une los conceptos. — La joven de pelo morado rodó los ojos, estaba harta de "unir conceptos".

— Regina me dijo que hacer ya, no te preocupes. — Soltó sin mirarle, eso era mala señal... Ella jamás lo miraba cuando estaba mal.

— Su refracción... gran poder para un vampiro, pero sólo usado en muy delimitadas excepciones y además sólo... — En ese momento Eliot tuvo tal revelación que frenó radicalmente despertado a Anna, asustado a Elsa y enojando a Renee.

— ¡Por un demonio, Eliot! ¡¿Qué demonios te pasa?! — Gruñó la joven lobuna.

— ¿Quién era el padre de Regina? — Preguntó de la nada el rubio apretando con fuerza el volante.

— ¿Eh? — Soltó Renee arqueando una ceja, la pregunta había sido desconcertante.

— ¿Quien, era, el, padre, de, Regina? — Cuestionó el zorro con un tono tenso.

— No sé, Regina jamás lo supo y, por ende, jamás lo supe yo. Lo único que sé es que su madre faltó a sus votos de no procreación, y pues, de ahí salió Regina quien fue sentenciada a la caza, y esa historia ya la sabes. — Contó la joven sin saber el objetivo de todo mientras cruzaba los brazos.

— Maldición... — Susurró en voz grave el joven.

En ese momento Renee captó la razón de la pregunta tan inesperada de Eliot, abrió por completo sus ojos al mismo tiempo que baja sus brazos. ¿Cómo rayos pudo ser tan ciega? «Rayos, mi cabeza estaba en las nubes en ese momento...»

— No me digas que... — Inició la joven lobuna.

— No hay de otra manera... — Concluyó el chico mirando a su pareja.

— No, no, no. Me niego a creer que Regina sea descendiente de los Última Noche. Quiero decir: ¡Regina no era más poderosa que un vampiro normal! — Argumentó hábilmente la chica.

— Renee, no hay otra opción, sabes que ellos, y sólo ellos, pueden tener la habilidad de refracción.

— Lo sé... pero... — La joven lobuna viró su cabeza en dirección a la pequeña Elsa.

— ¿Pasa algo? — Cuestionó la pequeña rubia mientras mantenía a su hermana alejada de ella, aún se sentía culpable de haberla mordido. No podía ni siquiera mirarla.

— Nada, estábamos hablando de tu abuelo... es todo. — Respondió Renee con una sonrisa.

— ¿¡Conocieron a nuestro abuelo!? — Cuestionó Anna enérgicamente mientras se paraba.

— No, para nada, yo tenía quince cuando conocí a su madre. — Respondió la chica. — Ahora, Anna, vuelve a tu asiento y no fastidies a tu hermana.

— ¡Pero es que Elsa no quiere jugar conmigo! — Chilló la pequeña pelirroja al volver a su asiento.

— Elsa está muy cansada, déjala, después tu tío jugará contigo. — En los labios de la joven mujer se pintó una sonrisa malévola.

— Pero, pero, pero. — Inició a quejarse el rubio.

— Mientras Elsa y yo vamos a su nueva escuela. — Eliot miró a Renee confundido.

— ¿Escuela? ¿De qué hablas? Pensé que tú y Elsa irían a... — El joven rubio no pudo seguir hablado, un dolor agudo en su costado le impidió decir palabra alguna. Su novia le había golpeado en la costilla.

— He dicho que Elsa y yo vamos a ver su nueva escuela, ya tiene ocho y necesita interactuar con otros niños. Anna apena va a iniciar este año. — Señaló forzadamente la joven de cabello morado.

— Eh... Vale... Lo que tu digas, Renee.

El rubio siguió conduciendo, está vez sin meterse en los asuntos de la chica que estaba a su lado, con los años llegó a conocerla bastante bien, y aun así, no terminaba de conocerla. Eso le gustaba. Pero ese no era momento para ponerse de meloso, tenían cosas importantes que hacer. Renee aún estaba planificando en su mente como demonios haría pasar a Elsa por un chico, primero que nada: No se lo ocultaría a su clan, para nada, Regina y Raymond siempre fueron sinceros para con su gente, y no iban a empezar ahora. En segundo: ¿Cómo ocultarían el género de su sobrina cuando creciera? O sea, Elsa, quieran o no, es una chica; habrán ciertas cosas que crecerán y otras que se harán más pequeñas; aparte de que siempre tendrá que estar expuesta a una rigurosa actividad física para mantenerse fuerte por si algún idiota quisiera retarla (que esperaba no pasara) por alguna razón. Y en tercer lugar: ¿¡Qué demonios haría cuando Elsa alcanzara los dieciocho años!? ¡A esa edad empezaban a preséntale propuestas de compromisos! ¡Renee no pensaba casar a su sobrina con una mujer! Bueno, ¡no con una mujer que no amara en ese sentido de la palabra! «¿En qué me has metido, Regina?», pensó pasa si misma la joven suspirando.

Llegaron al fin a un gran edificio, o bien, esa era la fachada que tenían. Para los humanos. Renee bajó con Elsa del carro mientras le daba instrucciones más que claras a Eliot de que llevara a la pequeña pelirroja hasta la mansión Arendelle, donde ya los estaría esperando Ronald Imparable quien le daría las escrituras actualizadas de la mansión, además de las identidades y licencias de la fechas. El rubio asintió y se alejó en el carro dejando a Renee y Elsa en ese lugar. La joven lobuna cogió su móvil para mandar un mensaje, al instante, lo que era un edificio se fue desvaneciendo en un humo café para dejar a la vista una gran mansión victoriana, la pequeña rubia quedó impactada ante el gran edificio, le recordaba a su casa. Su familia. De sus ojos salieron unas pequeñas lágrimas, lágrimas que su tía percibió y, en un fraternal acto, la abrazó y tranquilizó. La cargó haciéndole que se apoyara en su hombro, la acunó dándole palabras conmovedoras y de ánimo. ¿Aquella pequeña niña se convertiría en su género opuesto y se comportaría como uno? Esa idea era más que descabellada, pero Renee, en su interior, sabía que Elsa podría lograrlo, era única, y eso le daba una ventaja sobre todos. La despegó unos momentos de ella para contemplar, tan infantil, tan pequeña, tan femenina. Sus ojos estaban rojos por el llanto que se permitió, aún con la confusión emocional de la pequeña había terminado en derrumbarla. Cuando la pequeña terminó de llorar, Renee la bajó y secó sus lágrimas. Cogió a Elsa de la manita y la llevó adentro de aquella gran mansión. Desde ese instante, todo empezó para Elsa.

Todos estaban ansiosos, habían sentido la presencia de la "Sombra Lunar" y el del "Zorro de Fuego" afuera de las instalaciones. Todo era más que tenso, pues aparte de ser la presentación del líder del clan, sería la vista al primer niño nacido entre el clan. La guerra no era un el mejor momento para procrear, además de que muchos de los integrantes de dicho grupo estaba aún en su plena juventud, como en sus ciento cincuenta o doscientos años. Las tres sombras, apenas sintieron la presencia de Renee, fueron directo a la entrada, en cuestión de segundos, al celular de Shego llegó un mensaje pidiendo que levantarán la ilusión óptica, pues ya tenía con ella al líder. La joven de cabellera negra gritó a todo pulmón que levantarán dicha ilusión. Los estómagos se encogieron, varias manos se empuñaron, los corazones latían a mil por hora. Era el momento, conocerían a quien sería su guía, su capitán, camarada, amigo, hermano y quien defendería a los Copos Oscuros hasta la muerte. Los nervios estaban a flor de piel, los guardias -ocultos entre las sombras- tan sólo observaban, sabían que aquella niña que cargaba no podía ser la hija de su líder, pues su presencia era extraña, pero no quitaban la posibilidad de que una chica fuese su líder, que, al parecer de ellos, les daba por completo igual, después de todo, sus "jefes" eran mujeres.

La puerta se abrió.

El tiempo se detuvo por un segundo.

Silencio en el ambiente.

Renee apenas al entrar, soltó a Elsa y le advirtió con la mirada que permaneciera quieta, se puso frente a ella y, sin más, se arrodilló frente a su pequeña sobrina como hace siglos lo hizo ante su hermano y su esposa. Esa era la señal, aquella niña rubia era la heredera absoluta de todo. Kim y Bella no lo dudaron mucho, se inclinaron tal cual había hecho Renee; Shego aún estaba en estado de shock al darse cuenta a quien serviría, pero un jalón por parte de Kim y una mirada con el ceño fruncido de parte de la pelirroja le hizo captar que todos se estaba arrodillando; así que no tardó en imitar a todos. Los guardias aparecieron y, por ser los encargados de asegurar a la futura heredera, sólo se inclinaron poniendo su mano en su corazón. Todos los miembros, algunos impresionados, otros dándole igual, y unos pocos susurrando que aquella joven se parecía a la hermosa Regina, imitaron aquel acto. Estaban haciendo el juramento helado, o bien, así le había puesto Renee a aquella obra. Todos, absolutamente todos, los clanes tenían un juramento para con sus líderes, cuando estos cambiaban, se hacía una ceremonia donde todos los miembros juraban lealtad a su nuevo guía. Y los Copos Oscuros no iban a ser la excepción, si bien no era el mejor elaborado, si el que más sentimiento tenía, pues todos aquellos en serio le juraban lealtad de corazón a Elsa.

— Yo, Renee Arendelle, la Sombra Lunar, en representación del clan Copos Oscuros y de Eliot Foxfire, la Sombra de Fuego, juro obediencia, lealtad y mi vida a Elsa Arendelle Frozen, mi nueva líder. Te protegeré en todo momento y te guiaré, educaré y protegeré aunque tenga que entregar mi vida por ello. — Renee, cuando decía su juramento, en cierta parte sintió su corazón herido. No pudo proteger a su hermano ni a su mejor amiga.

La joven de cabello morado se paró, en ese momento comenzaba el show. Cada sombra rendía juramento al líder, dependiendo del rango de la sombra, era el lugar que obtenía para hablar. La primera, por ser la de mayor rango, era obviamente Renee.

— Yo, Bella Beast, la Sombra Administrativa, en representación del clan Copos Oscuros, te juro obediencia, lealtad y mi vida, Elsa Aredelle Frozen. Te guiaré en las cuestiones administrativas, te ayudare a mantener a flote el clan, seré tu maestra, tu consejera, amiga y siempre te cuidaré. — Juró Bella parándose al igual que Renee, ella igual se sintió mal al decir su último juramento como las otras tres que le seguirían, pues falló tal y como todos.

— Yo... eh... Shego... — Miró nerviosamente a todos lados, hasta que no se topó con los ojos verdes de Kim no pudo hablar bien. — Yo, Shein Go, la Sombra Verde, en representación del clan Copos Oscuros, te juro obediencia, lealtad y mi vida, Elsa Aredelle Frozen. Te guiaré en la batalla, te enseñaré las artes de pelea de tus ancestros, tanto vampíricos como los de los Hombres Lobo, haré que tu cuerpo sea tu arma, lucharé a tu lado cuando sea necesario, daré mi vida para proteger la tuya en el campo de batalla y no permitiré a nadie burlarse de tu debilidad.

— Yo, Kimberly Ann Possible, la Sombra Estratega, en representación del clan Copos Oscuros, te juro obediencia, lealtad y mi vida, Elsa Aredelle Frozen. Te enseñaré todo sobre el arte de la guerra, te diré la clave para acabar con cada ser en la tierra, te instruiré en el manejo de las trampas y jamás caerás en una de la cual no sepas escapar. Tendré siempre un plan para poder protegerte. — Al finalizar Kim, todos los miembros se pararon al instante.

— ¡Larga vida a Elsa Arendelle Frozen! ¡Larga vida a las Sombras Frías! — Gritaron los miembros del clan al unísono.

— Para proteger al débil. — Inició Renee, Elsa lo sabía, el lema de su familia.

— Para... — Empezó algo nerviosa. — Para curar al herido. Los Copos Oscuros siempre serán su arma y escudo. Jamás permitiremos que los más fuertes se aprovechen de los débiles. No pasáremos por alto las injusticias y nuestra mente abierta será nuestra guía. Los Copos Oscuros siempre velaremos por aquellos a quienes les tachan de fenómenos, por aquellos cuyos padres les dieron la espalda por únicos, por aquellos que tienen las llaves del futuro.

Renee se acercó a su sobrina, la tomó entre sus brazos y la cargó. Elsa taba confundida, tenía cierta noción de que ella pertenecía a ese clan, que por ser la mayor debía ocuparse de él y sobre los otros clanes; pero jamás se imaginó que sus deberes empezarían tan rápido. Ver a tanta gente arrodillarse ante ella y jurarle lealtad lo único que logró fue una idea más arraigada en Elsa de que debía dar lo mejor, ahora no sólo tenía a Anna para proteger -aunque era su mayor prioridad-, sino que todo un clan contaba ahora con ella. «Tu madre me pidió que te hicieras cargo del clan», esas palabras resonaban en la joven mente de Elsa, ¿que debía hacer un líder? Jamás le preguntó a su padre, sólo sabía que iba a las reuniones de los clanes con la alta sociedad. ¿Cómo debía actuar? ¿Debía decir algo? ¿Dar las gracias? No lo sabía, después de todo, era una pequeña niña cuyos padres habían muerto hace tan sólo ocho o nueve horas y ya estaba tomando posesión del puesto que era de su padre. Una pequeña niña no podría con tan carga emocional sin sufrir algún daño psicológico, y Elsa, a pesar de ser más que humana, no era la excepción.

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Los años pasaron para ambas hermanas, Elsa creció en un mundo de sombras, lleno de reglas, sin distinción alguna entre el día y la noche, llevando a su cuerpo hasta fronteras impensables y aprendió, para su bien o mal, que ella debía ser un chico; con el tiempo le había cogido cierto desde a que le dijeran "niña", ya que gracias a los libros leídos, aprendió a identificar aquel género como débil en la sociedad. Shego y Kim se volvieron las primeras amigas y, con el tiempo, algo similar a hermanas mayores para Elsa, pues eran con las que "jugaba" más seguido. Bella, para la joven Elsa, fue la mejor maestra que jamás pudo obtener, gracias a ella pudo tener una presentación exitosa ante las cabezas de los clanes que fue tan sólo dos meses después del juramento. La joven rubia dejó de lado las muñecas y vestidos para enfocarse en las armas y pantalones, su armario estaba lleno de trajes victorianos color azul oscuro, por capricho de Renee, había mantenido el pelo largo y siempre trenzado, sus facciones pasaron a ser un tanto más masculinas pero, si se le venía más detenidamente, era notable el género con el que nació, pero por ser pequeña, no tenían que sufrir -aún- por ocultar algunas otras cosas. El problema llegó cuando cruzó la etapa de la pre-adolescencia, y no porque Elsa se convirtiese en una chica problemas, no, al contrario, se volvió la líder que todos querían que fuera; pero todos sabían que había llegado la hora de sus primeras transformaciones, y eso, no era nada bonito. Elsa se tornó más que violenta por las noches, se transformaba sin querer y rompía todo a su paso; Shego y Kim tenían que tener cuidado con ella cuando la entrenaban, no tanto porque las fuera a herir a ellas, sino por temor a que Elsa se transformara y rompiera todo; Bella, quien sufrió más por los cambios tan violentos de carácter de la joven, se limitó a explicarle aquella etapa que asustaba tanto a Elsa.

Cuando Elsa alcanzó la madura edad de trece años, Renee la llevó de viaje por tres meses al rededor del mundo, conoció y exploró nuevas cosas haciéndole olvidar aquel carácter tan frívolo que había adquirido en esa etapa tan difícil para un Hombre Lobo, ella igual había pasado por eso. En aquel viaje, la joven rubia aprendió muchas cosas, sobre todo de su mundo, pero a pesar de que los años pasaban, aún sentía el peso de la culpa para con Anna. Ella debía estar ahí, a su lado, conociendo aquel hermoso mundo al que ambas pertenecían. Pero no. También con esos años había aprendido una valiosa lección: La guerra seguía, quizá ya no tan palpable, pero seguía ahí. Los Caballeros Templarios habían ya amenazado a su clan en más de una ocasión desde que ella estuvo al mando; recordaba perfectamente que el primer atentado fue para con una joven vampiresa de medianos recursos, habían encontrado su cenizas en su casa con la leyenda de "acabaremos con todos, primero con los impuros". Luego fue a un joven Hombre Lobo, encontraron su cuerpo a la mitad del bosque, su clan estaba en la mira y si sabían quién era realmente ella, su hermana también. Era mejor dejarlo todo así.

Anna, por el contrario a Elsa, vivió los años sabiendo que apenas salía el sol, debía levantarse, cuando anochecía, se escondía para poder ver a su hermana, ya jamás pasaba tiempo con ella. La pelirroja creció en un entintó humano, las figuras que ella reconocía como "madre" y "padre", eran las de Renee y Eliot, Anna había olvidado por completo el accidente de "carro" de sus padres, aún tenía ese amor por ellos, pero a quienes veía como a tales era a sus tíos. La joven Anna vivía con el misterio de porque su tía Renee siempre se llevaba a Elsa todas las noches, su tío le contestaba que no se preocupara, que sólo iban a dar una vuelta; con el paso del tiempo, dejó aquello de lado imaginando que su tía y Elsa debían estar en una clase de club o algo así al cual ella no podía asistir por ir de día a la escuela. Las únicas veces que lograba ver a su hermana mayor eran en los días de entrega de notas, días en los cuales Anna la trataba de evitar a toda costa, ella sabía que Elsa era una genio talentosa a pesar de que estudiara con un tutor privado, y ella, bueno, apenas pasaba matemáticas con una nota más que pobre. Anna también fue testigo de los cambios que sintió Elsa en su adolescencia, desde escuchar ruidos extraños provenir desde su alcoba, hasta escuchar rasguños en las paredes, cuando le interrogó por aquello a su confidente -su tío Eliot-, le respondió que Elsa tenía un perro encerrado en su cuarto y que, para que Renee no se molestara, lo mantenía oculto y que sólo lo llevaba a su habitación por las noches.

Cuando Elsa cumplió los quince, llegó el momento de su presentación a la sociedad. Para eso, tuvo que hacerse una transformación más que feroz ocultado ya sus visibles pechos que empezaban a aumentar de tamaño, se vistió con uno de sus tantos trajes a la medida color azul marino, se amarró su trenza y se echó todo el pelo para atrás. Parecía un joven de época. Primero debía ir a la central para la junta que se llevaría a cabo para saber cómo actuaría y cuál sería el plan a escoger. Esperó a que Anna se durmiera para salir, tomó una bolsa de sangre que bebió hasta el fondo para que por lo menos sus instintos vampíricos no estuvieran a flor de piel (como normalmente estaban los lobunos), salió a la entrada donde se encontró con su tía, se despidió de su tío y subieron a un automóvil que habían comprado recientemente para dirigirse a la central de los Copos Oscuros donde los esperaban y las cuatro sombras. Al llegar, amabas jóvenes se dirigieron a la sala de juntas para encontrarse Kim y Shego labio a labio. Amabas suspiraron, eso ya no era nada nuevo para las dos chicas, aunque la primera vez que Elsa las encontró en tal situación les había hecho pasar el momento más incómodos de sus semi-inmortales vidas.

— Shego, baja a Kim de la mesa. — Ordenó Renee mientras se quitaba su gabardina roja y la ponía en su silla.

— Pero, pero... — Empezó a quejarse la joven de negra cabellera.

— Pero nada, bájala, tenemos cosas que discutir, hoy es la gran noche. — Se escuchó una pequeña risita por parte de Elsa, había descubierto que le divertía que Renee regañase a la inusual pareja. — ¿Dónde está Bella?

— ¡Aquí! — Gritó la mencionada acomodándose el cabello y parte de la ropa.

— ¿A caso hoy fue el día de las "parejas felices"? — Interrogó con cierto aire de ironía la mujer de cabello púrpura.

— ¿De qué hablas? — Quiso saber Bella, pues el hecho de que estuviera en ese estado es que se le había hecho tarde por asuntos laborales.

— Nada. Vamos a iniciar la junta.

La mesa de reuniones era redonda, cada quien tenía su propia silla, en la parte superior tenían una imagen representando a cada sombra. La silla de Renee tenía un lobo blanco, la de Elsa una luna eclipsando al sol, la de Shego una llama verde, la de Bella un libro de pasta negra, la de Kim sus iniciales "KP" en color verde y Eliot un zorro en llamas. Pero esas no eran todas las sillas. Pegadas a una pared, juntas, se podían apreciar dos más: Una con el sello de un sol y en el centro un lobo perteneciente a Raymond y, la otra, con una luna llena y un vampiro en su centro, perteneciente a Regina. No habían querido quitar aquellas sillas pues sentían que sería una falta a la memoria de ambos, querían que estuviesen en todas las reuniones a pesar de ya no habitar en este mundo.

— De acuerdo... — La Sombra de más alto rango se paró y tomó unos papeles que tenía en la mesa. — Hoy, como saben, es la presentación oficial de Elsa según el acuerdo tomando entre las cabezas de los cuatro clanes. El motivo de la junta de hoy es para saber quién estará con ella en la presentación. ¿Voluntarios? — Renee miró a todas deteniéndose primero en Shego.

— A mí no me mires, Wolf-woman, ni Kim ni yo podemos presentar nuestros traseros en la alta sociedad, nos quemarían vivas si no supieran que estamos con ustedes. Ya saben cómo son de anticuados. — Argumentó la pelinegra mientras movía sus manos.

— Tía Renee, ¿por qué no me acompañas tú? — Sugirió Elsa algo tímida, aún le era difícil hablar en las juntas.

— No puedo, cuando estalló el movimiento de paz, me despojaron de mis derechos reales. No puedo mostrar mi cara en esos eventos. — Explicó la mujer tranquilamente. — Sólo nos quedas tú, Bella.

— ¿Yo? Renee, sabes que Adam y yo nos escapamos de nuestros clanes para... — Pero la lobuna no permitió que ella continuara.

— Eres la única que puedes entrar, tú eras una duquesa y tu pareja el descendiente semi-directo de su clan de Hombres Bestia. — Elsa no sabía muy bien la historia de Bella, sólo que ella y Adam habían escapado para unirse al movimiento.

— Yo... — La joven castaña miró a la pequeña rubia, la quería como una sobrina y, pues, no le podía negar nada. — Vale, hablaré con Adam e iremos. La protegeré y le diré como debe actuar si se le olvida.

Concluida la junta, Bella se dirigió a su hogar a cambiarse por el mejor vestido que tenía, era un amarillo con adornos de rosas en las solapas, un escote adecuado y las mangas le caían graciosamente por los brazos. Después de una pequeña chala con Adam, su pareja, ambos terminaron de arreglarse y salieron en dirección a la reunión de los clanes. En estos años, la aristocracia nocturna había cambiado, poco a poco se estaba modernizando y los antiguos estatus que regían a la monarquía se estaban cambiando al poder monetario. Entre más dinero tenías, de más alto rango eras, pero no por eso le permitían la entrada a cualquiera, los exiliados (que eran la mayoría de los miembros de los Copos Oscuros) no podían presentarse ante esas reuniones porque les consideraban traidores. Las reuniones de los seres nocturnos normalmente se disfrazaban como grande eventos donde la gente de "negocios" se reunía, dejaban entrar a uno que otro humano para que no se sospechara nada de su existencia, la amenaza de los Caballeros Templarios era más tangible ahora, y entre más normal parecieran los seres de la noche, menos posibilidades de ser cazados por aquellos humanos tenían.

Bella, Elsa y Adam llegaron a la gran local donde se celebraría la fiesta en honor a Elsa. La joven rubia parecía todo un caballero, su tranza le caía por el hombro, su pelo todo hacía atrás, sus hombros empezaban a tornarse anchos gracias al constante ejercicio, su mirada estaba empezando a perder aquel aura infantil, vestía un elegante traje color azul oscuro, se veía realmente atractivo, sólo que a aquella imagen le faltaba algo. Una voz masculina. Pero eso era lo más irrelevante de todo, habían hecho correr el rumor de que el trauma del pequeño Elsa había sido tan grande que sus cuerdas vocales se agudizaron a tal punto que terminaron adquiriendo aquel femenino tono de voz. Cualquier cosa, ahí estaba Bella para confirmar el rumor que ella misma implantó. Adam miró con curiosidad a Elsa, él la había estado con ella en todas las lecciones, además de que lo habían usado para que Elsa no se sintiera tan sola en aquel mundo, para los ojos de la rubia, aquel hombre pelirrojo de ojos azules como los de ella era un amigo al que no le importó lastimarla de vez en cuando, sino fuera por él y por Shego, Elsa jamás hubiese aprendido a ser un chico.

Entraron a la locación, era más que enorme, había un gigantesco candelabro de cristal colgando en el centro del salón; todo al rededor era de un color dorado pulcro; las personas vestían con elegantes y caros trajes de la época; Elsa sintió el estímulo de sus sentidos al instante, olores, sonidos, presencias, todo era una bomba en el cerebro de la rubia. Bella percibió el nerviosismo que tantas nuevas cosas causaron en Elsa, así que sin pensarlo le cogió la mano y le dedicó una mirada dulce. La rubia, al ver aquellos cálidos ojos castaños, se tranquilizó un poco y, según como le había enseñado Kim, bloqueó parte de sus sentidos para que nada viniera a ella y nada saliera a su vez. Una muy buena estrategia para ocultarse de los Templarios o enemigo en general. Elsa fue guiada por Bella hasta el centro del banquete, sentía las miradas en su ser y las dudas empezaron a implantarse en su cabeza: ¿Había conseguido engañarlos?, ¿ahora que creció se notaría que ella era una chica?, ¿por qué la miraba tanto? Sus nervios le estaban haciendo malas jugadas a su mente, lo sabía, pero no podía dejar de seguirse bombardeando de interrogantes.

Cuando al fin llegaron al centro, pudo ver a Esmeralda Salem saludarla, Elsa le correspondió al saludo y, en cuestión de segundos, ya tenía a la morena junto a ella con un micrófono en mano. ¿En qué momento lo había tomado?

— ¿Hola, hola? Uno, dos; uno, dos. ¿Esta cosa está prendida? — Probaba el micrófono la bruja escuchándose a sí misma para verificar el sonido. — De acuerdo. Buenas noches a todos, soy Esmeralda Salem, dueña de la gran compañía de productos de belleza Salem. Gracias por venir a todos, incluyendo a los medios de comunicación.

Si alguna vez Elsa quiso salir corriendo, ese era uno de ellos. ¿¡Había medios de comunicación ahí!? En ese instante vio con horror varias cámaras que enfocaban todo, sus piernas empezaron a temblar, sentía arcadas, su, de por sí, blanca tez había adquirido un nuevo tono jamás visto. Quería huir. Miró a Bella con ojos suplicantes, pero la castaña se limitó a animarla a salir adelante. A veces Bella no conocía muy bien las reacciones de la pobre Elsa.

— Nos hemos reunido esta noche para la presentación del joven dueño de la multimillonaria empresa farmacéutica Arendelle. — Esmeralda, quien usaba un sensual vestido con un escote que no dejaba mucho a la imaginación, tomó del brazo a Elsa y está le afirmó como había aprendido. — Les presento a Elsa Arendelle Frozen, mejor conocido como Els Arendelle Frozen, hijo mayor de los difuntos Raymond y Regina Arendelle Frozen, quienes fueron mis grandes amigos.

Esmeralda le pasó el micrófono a Elsa para que diera unas palabras, la joven garraspeo un poco agravando su tono de voz lo mejor que pudo. Tomó aire y alzó el aparato hasta la altura de sus labios. Estaba más que nerviosa, pero reunió el valor necesario para hablar.

— Mucho gusto, soy Elsa Arendelle Frozen, o mejor conocido como Els Arendelle Frozen, pues suena más masculino. — Trató de bromear la chica, sintió un alivio profundo al escuchar las risas de todos. — Es un honor poder estar aquí al fin y espero no causarles molestias a nadie por mi temprana edad. Quisiera darle las gracias a Esmeralda por hacer esta magnífica fiesta en mi honor, así que, gracias.

— No hay de que, lindura. — Contestó la bruja guiñándole el ojo a Elsa quien sólo asintió. Una cosa era parecer y actuar como un hombre y otra que le tuvieran que atraer las mujeres.

Después de aquella noche, todo se volvió rutinario para Elsa. Había superado su presentación en público, así que ya lo único que quedaba era acostumbrarse.

- o - o - o - o - o - o - o - o - o - o -

Tres años pasaron, ahora Elsa tenía la asombrosa edad de dieciocho años y Anna quince. Ambas hermanas se habían alejado más la una de la otra en ese tiempo, Anna no entendía el motivo por el cual su hermana siempre estaba ausente de noche y por qué siempre vestía de manera tan masculina, ¡era simplemente absurdo! Un día, antes de que Elsa saliera temprano para culminar ciertos asuntos, la confrontó y le preguntó si era lesbiana o algo por el estilo, para la ingenua mente de Anna, una mujer homosexual debía vestirse de chico. Elsa se echó a reír en ese mismo instante recordando a Kim y Shago, ninguna de las dos vestía como hombre y amabas eran más que deseadas en el clan, pero todos sabían que entre ellas dos había algo, así que mejor ni se entrometían a menos que quisieran acabar siendo golpeados por una de ambas. La rubia sólo palmeó la cabeza de su hermana pequeña y le confirmó que no, no era lesbiana, simplemente se debía vestir así; cuando Anna le interrogó por el motivo, Elsa simplemente la ignoró -como siempre- y salió de su hogar a quien sabe dónde. Anna suspiró frustrada, odiaba que Elsa le escondiera cosas, pero no podía hacer nada más de lo que ya hacía, después de todo, era la misma Elsa quien se alejaba de ella.

Elsa llegó por su propia cuenta a las instalaciones de los Copos Oscuros, cuando entró al campo que estaba antes de la entrada al edificio, lo primero que vio fue a un joven de veinte años de edad, tenía el cabello castaño y largo, una cicatriz en la barbilla y algo de vello le empezaba crecer, a su lado, echado, estaba un dragón negro con una montura. Aquel joven era Hiccup, uno de los protegidos de Elsa, le había conocido en su viaje cuando ella tenía trece y él quince, ambos de hicieron buenos amigos, Hiccup encontró en Elsa algo que jamás tuvo con los suyos, aceptación. La pequeña rubia, en ese entonces, le parecía bien todas las extrañas ideas que el tenía, jamás lo rechazó o pensó que fuera extraño. Hiccup venía de una pequeña tribu cazadora de dragones, eran contratados como mercenarios, pero, a él jamás le gustó aquello. Un día, mientras vaga sólo, encontró a una pequeña chica rubia que jugaba tranquilamente con un bebé dragón. Esa niña era Elsa y, gracias a ello, supo que sus ideas no eran tan descabelladas después de todo y el verdadero género de la líder del clan. Tanta fue la amistad que ambos forjaron que él le juró lealtad -y guardar el secreto de su feminidad- y, a cambio, Elsa le juró protección bajo su mando. Fue su primer protegido.

— Hey, hola Els, ¿qué tal tu día? — Preguntó el muchacho castaño.

— Nada novedoso, hoy Anna me preguntó si era lesbiana ya que me visto como hombre — Soltó como si nada la rubia y las carcajadas del chico no tardaron en salir.

— ¡¿Tú?! ¿¡Lesbiana!? — Otra carcajada. — ¡Preséntale a Shego y Kim! ¡Quizá y así si sepa diferenciar! Y en ese caso, serías gay.

— Que no te escuchen o te echaran con todo y dragón. — Bromeó Elsa mientras contenía una risa. — ¿Ya arreglaste todo con Astrid?

— ¿Con quién? — Elsa se quedó mirándolo un rato, desvió la vista hacía donde la tenía su amigo y al toparse con unos rebeldes cabellos rojo fuego, todo cobró sentido para ella.

— ¡Hiccup, deja de mirar a Merida! — Le reprendió la joven.

— ¡No la estaba mirando! — Se defendió el chico.

— Ah, claro, y he de suponer que este entrenando al aire libre, con ese top deportivo, ese short de licra corto y su cabello recogido no tiene nada que ver, ¿no? Mira, que puedo ser una chica, pero con los años he aprendido como piensan ustedes, casi siete años siendo educada como un varón debían tener sus frutos. — Habló la joven rubia con un tono sarcástico.

— ¡¿A caso no hoy es la entrega de notas de Anna?! ¡Vete a terminar tu trabajo para que puedas salir antes! — Le apresuró Hiccup ganándose una risita por parte de la rubia.

Elsa siguió su andar con una sonrisa en los labios, era muy fácil molestar a aquel joven. Pasó delante de una joven de pelo rojo que estaba golpeando a la nada, la saludó con un simple ademan de manos e ingresó al edificio. Aquella joven era Merida DunBroch, princesa del clan de los Osos, huyó de casa cuando a alcanzó la edad necesaria (dieciocho) para comprometerse, por azares del destino, terminó ante las puertas de la mansión de Elsa; Merida le contó a la joven rubia de catorce años todo lo que había pasado, ésta, sin dudarlo, le ofreció un refugio en el clan hasta que se arreglaran las cosas entre ella y su madre (el origen de sus problemas). Al fin de cuentas, Merida logró reconciliarse con su madre, pero también descubrió que su verdadero hogar estaba con Elsa y los suyos. Un años después de que Merida se uniera a los Copos Oscuros, le rindió juramento a Elsa y se volvió su segunda protegida, ahora ella estaba al exclusivo servicio de Elsa, así como Hiccup, y sólo ella podía ordenarles que hacer junto con las Sombra Frías, de ahí en fuera, disfrutaba de su estadía ahí.

La joven rubia caminó por el pasillo que la conducía hasta su oficina, habían puertas de ambos lados y, a su paso, pudo notar que una estaba abierta. Al pasar por enfrente, vio a una joven pareja: Ella de cabello castaño y corto, ojos verdes y una sonrisa inocente; y él, de barbaba, ojos castaños y una pícara sonrisa. Eugene y Rapunzel, sus últimos protegidos. Rapunzel era una humana cualquiera que tuvo la desdicha quedar huérfana al nacer, una bruja de no muy buenas intenciones la llevó donde ella para, así, lanzar un potente hechizos que haría su cabello crecer tan largo como la misma Rapunzel de los cuentos -he ahí la razón de su peculiar nombre-. Eugene era un alquimista que se dejó cegar por el dinero hasta que conoció a Rapunzel, después de un tiempo ambos se enamoraron y, pues, después de que Eugene -en ese tiempo llamado Flynn- rompiera el maleficio que pesaba sobre Rapunzel cortándole el pelo, fueron perseguidos por la bruja hasta que llegaron hasta una Elsa de diecisiete años quien les defendió como pudo, Flynn estaba la herido y Rapunzel más que asustada. Después de ese mal momento, ambos decidieron unirse a Elsa seis meses después de lo sucedido. Rapunzel por algún efecto secundario del hechizo había adquirido poderes, poderes que ahora Eugene le enseñaba a manejar.

Siguió caminado con una sonrisa en los labios, pues veía el progreso de Punzie con muy buenos ojos. Subió por unas escaleras hasta llegar a la puerta de su oficia, era enorme fabricada con caoba y con figuras lobunas y vampíricas, tomó el picaporte y lo giró. Debía acabar con esos informes rápido si quería ir por las notas de Anna. Apenas abrió su puerta, un gigantesco perro negro, de pelaje semejante a la textura del humo, ojos rojos, una cola esponjosa y dentadura que le provocaría envidia a los vampiros se le abalanzó encima y le empezó a lamer seguido por otro igual de color blanco, toda mascota era feliz al ver a su amo de regreso, y Olaf y Malvavisco, los perros infernales, no era la excepción. Se cuenta que los animales mágicos siempre están en busca de sus "almas gemelas", pero que son raros los que realmente la encuentran. Elsa y Olaf eran dos almas destinadas a estar juntas, lo sabían. Elsa encontró a Olaf en aquel viaje que hizo con su tía donde conoció a Hiccup, era un cachorrito apenas, se había escapado de su jauría junto con su hermano pequeño, Malvavisco; Elsa exploraba los alrededores de la gran mansión donde se quedaba con su tía, y, entre los arbustos, vio una especie de humo rojizo. Hecho bolita, acurrucados uno encima de otro, estaban ambos perros. Olaf había elegido a Elsa como su ama, y Malvavisco, a Anna, sólo que ésta jamás ha podido tener contacto con él, por obvias razones.

Después de que saludar a ambos perros, Elsa se dirigió a su escritorio donde se sentó, estaba hecho de metal y tenía papeles regados. Kim y Shego habían estado ahí de nuevo. Suspiró cansada, les había dicho en más de una ocasión que si querían "jugar", que no fuera en su oficina. «A veces me preguntó quién de nosotras es la mayor...», se dijo mentalmente mientras escuchaba dos palpitares nerviosas provenir de un armario donde guardaba las armas que le habían regalado con el tiempo. Siempre elegían el mismo lugar para esconderse. Las ignoró por completo, sólo estaba ahí para leer algunos informes que sus espías habían adquirido sobre los Última Noche y los Caballeros Templarios. Desde la noche del incidente de sus padres no habían vuelto a aparecer en el mapa, aún tenía en la mente la carta que le había entregado su tía el año pasado para leerla y, desde ese entonces, había trabajado más duro para volverse lo más cercano a un "hombre", ya que su orgullo -forjando con los años- no le permitía que sintieran lástima por ella. Ya que terminó de leer los papeles y ver que no habían vuelto atentar contra los suyos, se paró y ordenó un poco, antes de salir miró al "gran" escondite de Shego y Kim.

— Si van a usar mi oficina para jugar, limpien todo y acomoden... — Y diciendo eso, se alejó de la oficina.

Salió de la central de los Copos Oscuros, el sol estaba en su punto más alto, a pesar de que su sangre de Hombre Lobo le permitía salir en el día, no impedía que su piel ardiese si pasaba mucho tiempo bajo el astro rey. Se metió las manos en la bolsa de la gabardina que traía y emprendió caminata, debía ir a la escuela de Anna. El día era el mejor que podía pedir, cielo despejado con voluminosas nubes blancas que parecían algodones de azúcar, la brisa fresca del verano se estrellaba contra su pálida cara, miró al cielo y quiso extender sus alas y volar, pero sabía que si hacía eso, terminaría sin alas. Suspiró profundamente y siguió su andar, debía llegar pronto. Las miradas estaban en ella, lo sabía, siempre que salía era lo mismo: Olor a humano en todas partes, chicas cuyas hormonas podía olfatear a distancia, chicos que emanaban testosterona gracias a su presencia por pensar que era un rival... Nada novedoso. Para ignorara aquellos factores decidió enfocarse en asuntos laborales: En tres días más se daría una fiesta que organizó nada más y nada menos que Esmeralda para reunir a los jóvenes solteros -incluido ella- para que empezaran a recibir ofertas de compromiso. «Demonios... no quiero ir...», pensó Elsa sin fijarse por donde iba, «si voy tendré que interactuar con alguna chica, y hasta donde yo sé, eso sólo se le da a Kim y Shego... ¡Esto será difícil!» gritó internamente antes de que un grito la sacara de sus pensamientos.

¡Hoy era oficialmente el peor día de su vida! ¡Primero se le hace tarde para ir a la escuela, luego debía llevar a su hermana a la suya propia y ahora unos dementes le estaban asaltando! ¡Bien hecho, Jackson Overland Frost! ¡Te has ganado el premio al peor día de tu vida!, o bien eso pensaba el joven Jack mientras veía como cinco grandulones con cuchillo en mano se le acercaban. Jackson, mejor conocido como Jack, era un joven promedio, no tenía ningún talento especial ni habilidad, su cabello era castaño, su piel algo morena, unas pecas se podían apreciar en su cara y sus ojos eran de un bello color azul. Vivía una vida modesta con su madrina Adha quien era la mujer más enérgica y feliz del mundo y su padrino Bunnymund, al hombre más sarcástico y serio que jamás había conocido, nunca conoció a sus padres y sólo tenía a una hermana pequeña como único familiar, así que la vida de Jackson era de lo más monótona del mundo. A excepción de algo. Jamás se había enfermando, no sabía lo que era sangrar y jamás ha visto a un doctor en su vida, pero estos detalles le tenían sin cuidado, y menos ahora que unos cinco delincuentes le estaban a punto de quitar lo poco que llevaba en el bolsillo. Jack era reconocido por sus bromas y saber pelear cuando era necesario, pero en esa ocasión, sabía que las llevaba de perder.

Gritó, gritó con todas sus fuerzas antes de abalanzarse contra uno de ellos, no iba a permitirse golpear por nada ni nadie a pesar de que sabía que él perdería. Pero lástima que no fue así. Sólo avanzó unos metros con el puño cerrado antes de que dos de los cinco que lo rodeaban lo tomaron de los brazos y lo dejaron a merced de los demás. Cerró los ojos y alzó el rostro, si iban a masacrarlo, sería con la frente en alto. Pero jamás llegó un golpe, jamás sintió algún dolor, al contrario, percibió como sus brazos eran liberados, eso le pareció realmente extraño. Abrió los ojos y, ante él, apareció un chico con una hermosa cabellera rubia amarrada en una trenza, tenía el ceño fruncido, usaba un traje color negro con una gabardina de igual color; sus ojos eran de un hermoso color azul claro, semejante al hielo e igual de fríos; su tez era blanca pálida, y, por simple vista, parecía ser tersa; era notoriamente más alto que él, quizá por una o dos cabezas; una espalda menuda con hombros anchos, de seguro hacía ejercicio. Sus movimientos eran graciosos y sublimes, como si pelear fuera parte de él, parecía todo un maestro. Jack no se dio cuenta, pero se embelesó viendo a aquel chico pelar y defenderlo, nadie lo había hecho, él siempre tenía que pelar sus propias batallas, jamás alguien había luchado por él hasta ahora. Y, aunque no lo percibía, ser protegido le gustaba.

Elsa al escuchar el grito viró la cabeza en dirección del sonido, observó, como en cámara lenta, como un joven de pelo castaño se dirigía con el puño en alto al líder de lo que parecía una banda de delincuentes, sólo lo contempló avanzar unos metros antes de que dos vándalos lo sujetaran por dentaras y lo dejaran a voluntad de los otros tres. La joven rubia frunció el ceño, ver aquella escena le daba más que irá, la sangre que corría por sus venas le impedían ver algo así y pasarlo por alto. Corrió hacía ellos cuidando de usar sólo la necesaria para parecer un humano normal, se encargó primero de los dos sujetos que tenían sujetado al pobre chico, bastó una tacleada con patada para noquear a los dos; se puso delante del joven castaño e inició el análisis que Shego le había enseñado. Ya era hora de poner a prueba sus habilidades de pela con alguien más quienes no fueran sus amigas, casi hermanas mayores. Como Kim siempre le decía, esperó a que el oponente (en este caso los tres delincuentes) atacaran primero. La pelea fue realmente sencilla, ya estaba acostumbrada a la velocidad sobrehumana de la pelinegra y la pelirroja, así que los movimientos de los tres robustos bandidos eran sumamente lentos para el ojo entrenado de Elsa. Bastó una serie de golpes para que salieran corriendo. Que patéticos, después de todo, eran humanos.

La joven rubia se limpió las manos en sus pantalones, las tenía sudadas y eso le provocaba asco, una cosa era fingir ser un hombre y otra cosa dejar ciertas cosas femeninas de lado. Se giró sobre sus talones para contemplar mejor al chico, era realmente pequeño, o bien, para ella si, su cabello le llegaba al cuello; físicamente era delgado, no parecía tener mucha masa muscular; lo miró de pies a cabeza y se percató de que era de la misma escuela donde estudiaba Anna. Le tendió la mano para ayudarlo a pararse ya que estaba de rodillas en el suelo, pobre chico, debió estar asustado, pesaba Elsa.

— Oye... ¿estás bien? — Interrogó la rubia con aquella voz masculina que había perfeccionado con los años.

— Yo... ¡No necesitaba ayuda! — Contestó bruscamente Jack parándose de sopetón.

— ¿Eh? — Exclamó Elsa arqueando sus cejas.

— ¡Que no necesitaba ayuda! ¡Tenía todo bajo control! — Repitió Jackson indignado, su orgullo masculino estaba dañando.

— Oye, sólo quería ayudar... — Dijo amablemente Elsa, poniendo sus manos en alto para calmarlo.

— ¿¡A caso te pedí ayuda!? — Elsa negó con la cabeza. — ¡¿Ves?! ¡Ahora todos pensarán que soy sólo un payaso y que no afrento mis problemas!

— Te estaban asaltando...

— ¿¡Y!? ¡No me importa! — Ay, el orgullo, a veces buenos y a veces malo.

— Como sea, eres estudiante de la escuela The Crystal's Snowflakes, ¿no? — Quiso cambiar de tema la rubia.

— Si, ¿por? — Se interesó Jack, su colegio no era el más destacado de todos.

— Mi hermana menor va en ese colegio, de hecho, me dirijo a recoger sus notas... Por cierto, ¿por qué no estás ahí? — Preguntó Elsa.

— Voy tarde, ¿sí? Sólo eso. — Jack puso sus manos en su nuca y empezó a caminar seguido por Elsa. — ¿Quién es tu hermana?

— Se llama Anna, es una lindura... Tiene un hermoso cabello rojo con un lindo mechón rubio platino, una sonrisa encantadora, pequeñas y coquetas pecas en su carita de ángel... — Inició su infinita descripción Elsa, si algo sabían todos en el clan, era el de no pregúntale por Anna a menos que quisieras escuchar casi toda su biografía.

— Ah, la pecosa hiperactiva. — Soltó Jack como si nada.

— No le digas así a mi hermanita. — Elsa parecía escupir ácido con aquellas palabras, Jack sintió el peligro así que dejó el tema por la tranquilidad de ambos.

— ¿Y, cómo te llamas? — Dijo la pregunta al aire sin importarle la respuesta.

— Puedes decirme Els. — Respondió Elsa ya acostumbrada a aquel sobrenombre. — ¿Y tú?

— Soy Jackson Overland Frost, dime Jack Frost.

— Me gusta más Jackson, es más formal... — Comentó Elsa haciendo reír a Frost.

— Eres un chico bastante extraño... ¿Cuántos años tienes? — La plática era fluida, algo extraño para Jack, pues casi nadie se atrevía a dirigirle la palabra.

— Dieciocho, los acabo de cumplir. — Contestó amablemente la rubia.

— Ya, yo tengo dieciséis. — Dijo el castaño fijándose que su escuela estaba ya cerca, la podía ver a uno cuantos metros más. — ¿Por qué cargas el pelo largo? Pareces mujer.

Ese comentario le erizó la piel a Elsa, ¿parecía mujer? ¡¿Ella parecía mujer?! No, no podía, no debía, pero, ¿y si, sí? ¿Y si, no? Luego tendría que hablar con su tía para mejorar su físico y volverlo más masculino, aunque eso significase cortase el cabello, cosa que no le agradaba mucho, era lo único que podía conservar gracias a que Renee se había negado a que se lo cortasen.

— A-A mi tía le gusta que lo mantenga largo... — Contestó algo nerviosa la chica. — ¿T-Tu en serio crees que parezco una c-c-chica?

— Que va, camarada, estaba jugando. A leguas se ve lo machote que eres, de seguro ese pelo largo ayuda a atraer chicas. — Le respondió de corazón Jack, pues lo único que tenía de chica era el cabello y algunas facciones del rostro.

— Vale, gracias, Jackson. — En serio, le agradecía aquello.

— De nada, Els.

Jack se paró frente a la entrada de su escuela, ya habían llegado, se puso cara a cara con su nuevo conocido y le extendió la mano.

— Vale, Els, aquí nos separamos. Por favor, a la próxima que me veas en aprietos, no te metas. — Elsa miró la mano de Jack y la estrechó con una sonrisa en la cara.

— Nos vemos, Jackson.

Aquella sonrisa, aquella sonrisa tan linda impactó de sobremanera al pobre de Jack, pues en cuestión de segundos se separó de Elsa y salió corriendo. Aquel chico si parecía una chica después de todo, por lo menos, su sonrisa. Cuando estuvo lo suficientemente alejado, movió su cabeza con violencia quitándose la idea de aquella sonrisa tan atractiva, de seguro ya estaba delirando por no haber desayunado, si, eso, ya estaba empezando a alucinar cosas, él no podía encontrar a un hombre atractivo, por dios, ¡él era un chico! ¡se fijaba en chicas! Lo mínimo que pudo hacer fue dejar el tema de lado y dirigirse a la cafetería, necesitaba comer algo ¡y rápido! Sino, de seguro empezaría a decir que el rosa era el mejor color del mundo y que Hello Kitty domeñaría el mudo con su ternura.

Elsa vio como Jack se desprendía de su apretón de manos y salía corriendo despavorido, de seguro tenía alguna clase o algo así, ella siempre tuvo de tutora a Bella, así que no sabía exactamente la función de una escuela. Miró el edificio que se erguía frente a ella, antes había sido una iglesia, pero fue remodelada para que fuera una escuela, una reja abierta permitía el libre acceso a las instalaciones, jardines era lo primero que veías al entrar, la escuela "The Crystal's Snowflakes" era uno de los más caros y pocos conocidos institutos privados. Al entrar al edifico principal, Elsa sintió las miradas de todas las chicas (y uno que otro chico) en ella, ya se había acostumbrado a eso, después de todo, era señal de que estaba haciendo bien su papel como "hombre". Se dirigió hasta las oficinas administrativas para pedir información de donde se recogerían las notas, la joven secretaria no le quitaba los ojos de encima y eso le llegó a incomodar, así que apenas tuvo la información necesaria, agradeció con amabilidad y salió de ahí tan rápido como un humano promedio lo haría.

La joven rubia se dirigía al salón donde le habían indicado recoger las notas de Anna, era la primera vez que ella entraba a ese instituto para recibir las notas de su hermana, así que todo era muy nuevo. Cuando entró al salón, notó a las miles de señoras quienes la veían con curiosidad, era extraño ver a un chico en las reuniones, ¡y sus caras cambiaron de la curiosidad al asombro cuando se supieron que aquel chico iba en representación de una estudiante! Para Elsa, aquello ya era más que común; se sentó en el lugar más apartado y esperó pacientemente a que todas las señoras se juntaran para iniciar la entrega de notas. Cuando todas las mujeres se reunieron, el titular del grupo de donde estaba Anna, empezó a darles una pequeña junta sobre la manera de trabaje de los alumnos y cosas que a Elsa le parecían insignificantes. Ya después del parloteo, al que la rubia no prestó atención, esperó a que el titular dijera los apellidos de su hermana para pararse, coger el papel donde tenían impreso las calificaciones de su hermana y salió de lugar. Al estar cambiando por los pasillos, decidió examinar el desempeño académico de su hermana, estaba tan absorta leyendo el papel que no se fijó por donde iba y terminó chocando con alguien.

— ¡Hey! — Esa voz, reconocería aquella voz donde sea.

— ¿Anna? — Salió de la garganta de Elsa en un hilo de voz.

— ¿Elsa? — Cuestionó la pelirroja alzando la vista para toparse con el robusto cuerpo de su hermana mayor. — ¡Elsa!

La felicidad que sentía la pequeña de las hermanas era indescriptible, sabía que Elsa iba a recoger sus notas, pero siempre la evitaba por sus nada buenas calificaciones, a excepción de esa vez, puesto que había salido mejor que nunca antes, además de que sólo salía en muy pocas ocasiones y todas cuando el sol estaba ya escondido. La contempló un rato, vestía un elegante traje con una gabardina, si Anna no supiera el verdadero género de su hermana, juraría que ante ella estaba el chico más apuesto que jamás había visto en su vida, pero ese pensar no duró mucho.

— Eh... Hola. — Saludó cohibida la rubia, entre sus planes no estaba el encontrase a su hermana.

— ¡Hola! — Le correspondió el saludó la pequeña Anna mientras la abraza.

— ¡Hey, Anna! ¿No vas a presentar a ese galán que tienes entre tus brazos? — Se escuchó una voz, era la mejor "amiga" de Anna, Vanessa.

— ¿Galán? Pero si ella es... — Pero la explicación de la pelirroja fue interrumpida por una voz masculina.

— Lo siento, Anna, me tengo que ir. — La pequeña se quedó más que asombrada ante el rotundo cambio de voz de su hermana mayor. — Un gusto, soy el hermano mayor de Anna.

La joven de ojos azules y pecas estaba a punto de reprochar, pero Elsa fue más rápida y la miró a sus ojos directamente, su ojo izquierdo de tiñó de un color rojo y su iris se alargó asemejando al de un felino. Lección número uno: cuando un vampiro ha bebido de una persona, inmediatamente adquiere el poder de controlar o alterar ciertas cosas, en este caso, el hecho de que alguna vez vio a Elsa en la escuela e implantó un pequeño recuerdo falso donde en realidad se había topado con "Els", un "primo" lejano que ella quería como un hermano mayor. Después de que su dominio mental terminara, se dio media vuelta, susurró un «lo siento» y salió de lugar. No le gustaba jugar con la mente de su hermana menor, de hecho, evitaba a cualquier costo hacerlo, por eso no permitía que pasará tiempo con ella o, tan siquiera, viera los canales de negocios pues, casi siempre, ella aparecía ahí como un hombre y no como la hermana que le gustaba vestirse como uno. Aún con el peso de aquel acto, salió del edifico sintiendo la mirada de alguien desde lo lejos, pero al percibir que era sólo un simple e insignificante humano, le restó importancia, tenía que llegar a la central para entrenar con Shego y Kim, estudiar con Bella, organizar todo para la próxima fiesta donde ella sería la invitada de honor por ser su décimo octavo aniversario de vida y, por último, hablar sobre la nula actividad de los Última Noche, tema que le era más que preocupante.

Desde la ventana de su aula de clases, Jack contemplaba a aquel joven que lo había ayudado. A su mente vino aquella sonrisa tan ligera y confianzuda, movió su cabeza de lado a lado de nuevo, debía dejar de pensar en eso, ¿y qué mejor manera para hacerlo que ver a la joven que lo estaba volviendo loco? Si bien no era amor, Jack sentía una tremenda atracción por Mavis, la chica gótica que creía en vampiros, hombres lobo y cosas así de extrañas. Cuando la vio supo que ella era para él, cabello negro como la misma noche, ojeras que eran gracias a las noches de insomnio leyendo, aquella energía que parecía poseerla cuando encontraba algo nuevo en internet y cosas así. Se sentó en su escritorio y la contempló un rato, era la feminidad en versión oscura, así debía de ser, él era un chico y debía sentir atracción por las chicas, no por otros chicos, no es que tuviera algo contra los homosexuales ni nada por el estilo, pero él estaba más que seguro de su sexualidad, es más, desde que era un pequeño niño ya sabía que se iba a casar con la mujer más hermosa y fémina del mundo, tendría muchos hijos y sería feliz a su lado.

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Ya era de noche, Elsa estaba trabajando en la oficina de su mansión, hacía horas que Anna había llegado de la escuela preguntándole sobre "Els" y diciéndole que había invitado a un "amigo" a casa, eso le pareció realmente extraño a la joven rubia ya que Anna jamás llevaba amigos a la mansión, pero le restó importancia. Miró los documentos que tenía entre las manos, la mayoría sobre la empresa de su familia. Como detestaba el papeleo administrativo, y eso que la mayoría lo hacía Bella. Se quitó los lentes que usaba, a pesar de ser más que un humano, su vista no estaba hecha para ver letritas y cosas así, ni que fuera parte del clan de las bruja, su vista era pa la total oscuridad, para ver hasta el más mínimo movimiento, para detectar enemigos y no posibles fraudes o robos en papel. Con sus dedos se talló los ojos, le ardían, los dejó unos minutos cerrados antes de volver a abrirlos, debía descansar por lo menos una noche. Mientras se paraba, escuchó su celular sonar, lo cogió y desbloqueó para darse cuenta que era una notificación de una aplicación de noticias que tenía. Por curiosidad, abrió la notificación y le hubiese dado un infarto de no ser casi inmortal. Había un extraño eclipse lunar donde aquel astro blanco se volvía rojo. «Cuando el cielo esté de rojo, iré por ti», aquellas palabras calaron en fondo de su ser y, casi al instante, sintió una presencia que, a pesar de los años, reconocía a la perfección.

Anna.

Tenía que sacarla de la casa, de inmediato, ¡ya! Con su velocidad sobrehumana, salió corriendo de su despacho en dirección a la recámara de su hermana menor. Atravesó media mansión en segundos hasta llegar con la enorme puerta de madera con detalles de flores tallados en ésta, debía entrar, cogió el picaporte y trató de abrir, pero estaba cerrado. ¡Maldición! ¡Eso debía ser un chiste! No tuvo más remedio que forzar la puerta, de una patada la derribó sin mucho esfuerzo. Lo que vio la dejó helada: Anna estaba siendo agarrada por el cuello a unos cinco centímetros del suelo por una figura encapuchada, en su rostro se venía la falta de oxígeno y su desesperación por tratar de pedir ayuda, pero sus cuerdas vocales estaban siendo obstruidas también. Elsa se quedó estática por unos segundos, analizando la situación, pero no contó con mucho tiempo antes de que el hombre que tenía a Anna aprisionada virase la cara y se encontrara con los azulinos ojos de Elsa, aquella mirada verde del vampiro enemigo fue como un balde de agua fría para la rubia. Debía hacer algo, moverse o algo así, no podía quedarse estática como cuando era pequeña.

— Oh, así que tú eres... la rubia... Veo que has hecho un buen trabajo con tu físico, pareces casi un hombre. "Casi". — Se burló el vampiro soltado a Anna y dejándola caer.

— Olaf, Malvavisco. — Susurró Elsa en voz más que baja.

Apenas terminó de llamar a los dos perros infernales que estaba a su servicio, se arrodilló y, con la mano abierta, golpeó el suelo como le había enseñado Bella. Se había preparado para este momento. En el hermoso piso de mármol rojo, se abrió un agujero negro del cual salían rayos de una tonalidad carmín, como si fueran fantasmas, ambos perros emergieron de las profundidades con cara de pocos amigos, gruñían al extraño y mostraban sus caninos filosos y listos para desgarrar la carne de aquel vampiro.

— Malvavisco, llévate a Anna. — Demandó la joven rubia.

El perro de blanco pelaje miró a la rubia y después a su futura ama, sin dudarlo, aumentó su tamaño lo suficiente como para llevar en su lomo a la pelirroja ocre, se le acercó con una velocidad infernal, puso su hocico debajo del abdomen de la chica y la fue empujando hasta que quedó sobre su espalda, después salió corriendo y atravesó un portal que él mismo creó. Elsa ya lo había entrenado para esa situación. El vampiro vio con asombro como aquella niña que años atrás había usado como entretenimiento manejar a su antojo a una de las criaturas más poderosas e indomables del mundo, los perros infernales. Sonrió, sonrió con tan descaro que ni intento ocultarlo a Elsa, quien, mientras seguía viéndole, lo único que sintió fue ira. Ira que debía controlar si quería ganar aquella batalla.

— Vaya, vaya. Así que la niña tiene mascotitas... — Algo que con los años (gracias a Shego) había adquirido, era odiar que se dirigieran a ella con su propio género en un insulto. No es que le molestase ser mujer, pero odiaba que se lo recordaran, y más de esa manera.

— No soy una niñita... — Gruñó Elsa entre dientes. — Por tu culpa dejé de ser una para convertirme en un hombre. Así que, si quieres venir a por mí, te sugiero que pienses en mi como tal y no como la niña de hace años, porque no lo soy.

— Si, se nota a simple vista que no eres una niña... — El vampiro la miró de arriba para abajo tratando de imaginar las curvas que tendría. — Pero como dijiste, he venido a por ti y tu hermana, así que espero me hagas esto divertido. Niña.

— Olaf, vete. — Ordenó la joven rubia a su fiel mascota quien le miró con ojos suplicantes. — Anda, ve a cuidar a Anna... Confío en ti... Regresaré pronto.

El perro sólo se dio media vuelta y se ocultó entre las sombras, no iba a dejar a su ama. Elsa al ver que su fiel mascota se iba, volvió la mirada al vampiro, era el momento. La joven extendió su mano derecha, concentró toda su mente -sin dejar de ver al vampiro- en una figura en específico, una espada española cuyo filo era de un hermoso color obsidiana; alrededor de su mano empezaron a aparecer hermosos copos de nieve de color negro y rojos que, de poco a poco, se fueron fusionando creando así la figura de aquel hermoso sable que estaba en la mente de Elsa. Cuando al fin tuvo suficiente masa física, la joven rubia afirmó el arma y la puso boca al suelo; era extraño que un ser nocturno pudiera hacer uso del tipo de magia que una bruja o alquimista podía hacer, pero claro, aquella muchacha no era lo más normal que había. El uso de su magia era extendido, abarcaba la magia lunar -de los hombres lobo-, la magia de sangre -de los vampiros- y la magia ancestral -la de los alquimistas y las brujas-. Podía manejar tres de los infinitos poderes mágicos que había, y, para su fortuna, tres de los más poderosos.

Drácula contempló aquella acción y casi, sólo casi, se pudo contemplar el asombro en sus ojos. Debía matarla, debía asesinarla si no quería que aquella chica se interpusiera en los planes de su clan. Extendió sus alas, su cabello se tornó gris, sus ojos olivo adquirieron uno carmesí y sus colmillos acariciaron su labio inferior. Iba a ir con todo. Enseguida se abalanzó sobre aquella mujer, según él, iba tan rápido que le sería imposible que lo viera. Gran error. Shego y Kim habían hecho un bien trabajo con Elsa entrenando sus ojos, pues los movimientos de aquel vampiro eran de lo más visibles para la joven, sólo tuvo que moverse un poco a la izquierda para evitar el ataque y que Drácula se impactara contra la pared y llegase hasta tres habitaciones más adelante. Elsa tenía una pequeña ventaja sobre aquel sujeto: No sólo conocía sobre su mundo, también sobre los descubrimientos humanos y en esta rama cabía la física. A la velocidad que él iba, sería prácticamente imposible dar una vuelta.

El vampiro enemigo se enojó, jamás nadie se había burlado de él de semejante forma, lo que había pensado sería una pelea entretenida terminó dañando su orgullo. Y por una mujer. Eso le hizo hervir la sangre. Se paró y, de nuevo, volvió a envestir contra la rubia quien, tan sólo, alzó su espada en el justo momento para que el filo cortase limpiamente el cuello de Drácula. La pelea que tanto había ansiado, deseado y esperado por ser la mejor de todas sus victorias, terminó siendo la más humillante para él. Ella le había derrotado, una mujer le había decapitado, y no sólo eso, sino que con una velocidad comparable al que le seguía a él en poder, Elsa cogió una estaca de madera y se la clavó en el corazón de su cuerpo dejándolo inmóvil. Él era un vampiro de linaje puro, pero eso no lo salvaba de la muerte, quizá sus células tardaban mucho más tiempo que envejecer, o él mismo podía dominarlas a tal grado de estancarlas en algún punto, no le importaba, no le interesaban las cosas humanas, pero si sabía que si seguía perdido sangre, si su cabeza no estaba sobre sus hombros y no bebía sangre rápido, moriría.

Elsa se quedó mirando como el cadáver perdía sangre, años trabajando arduamente valieron la pena. Pero. ¿Por qué aquella victoria se sentía tan vacía? De entre la sombras emergió Olaf, a paso lento se acercó a su ama y, con una delicadeza más que increíble, frotó su cabeza contra la cara de la rubia. Elsa sintió la caricia de su mascota y no dudó en corresponderle abrazándolo del cuello y acariciándolo con suavidad. El olor a sangre se colaba por sus orificios nasales, no era la primera vez que había asesinado a una persona. Para nada. La primera vez que tomó una vida fue a sus temprano quince años, Renee había llevado a Elsa a una misión donde tenían como objetivo vigilar a un vampiro que posiblemente estuviera atentando contra la tranquilidad entre los clanes; los Copos Oscuros no sólo eran mensajeros de paz, sino que también la protegían a costa de cualquiera. Algo salió mal en esa travesía y, como consecuencia, Elsa terminó empuñando una estaca de madera y cortando una cabeza. Vinieron más ocasiones así, desde Hombres Lobos renegados que asesinaban vampiros, o a la inversa, hasta inclusive brujas que asesinaban a humanos. No importaba que fuese, los Copos Oscuros estaban ahí para ejercer la justicia, como su lema decía. Así que, ¿por qué está vez no sintió nada? Su vida estaba en riesgo, ¡la vida de Anna estaba en riesgo! ¿¡Por qué por lo menos no podía sentirse aliviada!? La joven rubia estaba tan ensimismada en sus hilos de pensamientos que no se percató que una figura fantasmal estaba adquiriendo masa. Cuando Elsa se vino a dar cuenta, ante ella, con el mismo aspecto no el que había peleado pero son alas, estaba Drácula. ¿Una refracción? Entonces si era un vampiro original, ¿por qué había sido tan fácil derrotarle? No lo sabía, pero si lo averiguaría.

— Hola, Elsa. — Saludó el vampiro fantasmal.

— Drácula... — Escupió la muchacha con desdén.

— Vaya, veo que me has derrotado, ¿cuánto tardaste? — Quiso saber el espectro.

— Menos de cinco minutos, fuiste muy impulsivo, cuando te esquivé la primera vez te volviste loco. — Explicó calmadamente la joven.

— Si, jamás me gustó que esquivasen mis ataques, pero digamos que nadie ha sido tan rápido como para esquivarme una segunda vez... — Comentó Drácula con una leve sonrisa.

— No te esquivé de nuevo, saliste volando a tal velocidad que sabría no podrías hace nada contra el filo de mi espada. — Relató Elsa mientras alzaba su sable.

— Ya veo, en ese caso, creo que si podrás derrotarles... — Susurró más el fantasma más para él que para la chica.

— ¿A qué te refieres? — Interrogó curiosa la joven muchacha.

— Luego te diré. — Prometió Drácula. — ¿Sabes? Te pareces mucho a mi madre, Integra... En cambio Anna se asemeja más a tu abuela...

— ¿Conociste a mi abuela? — Cuestionó sorprendida Elsa.

— Claro que si, después de todo, un hombre jamás olvida a la madre de su hija.

Aquellas palabras desbastaron a Elsa, aquel vampiro era su abuelo, por ende, el padre de su madre. Había asesinado a su propia hija y amenazado de muerte a sus nietas. Eso no tenía sentido alguno. De seguro Drácula percibió la confusión de Elsa porque no tardó en agregar:

— Tranquila, cuando maté a Regina no sabía que era mi hija. Mejor dicho. No lo recordaba. — La cara de la joven rubia debía ser un poema.

— ¿Qué quieres decir? — Exigió saber Elsa.

— Soy el más débil de los Última Noche, me obligaron a unirme a ellos después de que descubrieron que era un pura sangre. Un día, me enamoré de tu abuela y, pasó lo que tenía que pasar. Entonces, digamos que el clan no lo tomó muy bien, así que contrataron a una bruja para que me borrara la memoria, por suerte, logré hacer esta refracción antes. Por eso ahora estoy aquí. — Contó Drácula dejando a Elsa con más dudas que respuesta.

— ¿Eres el más débil? ¡Pero si mataste a mamá y papá en segundos! — Chilló la muchacha con ira en su voz.

— Tus padres no eran buenos en la pelea, si hubiese sido tu tía, quizá y me aguantaba un poco. Pero aquí hay algo que destacar. — El espectro hizo un pequeño silencio para analizar la cara de Elsa para ver si estaba captando todo. — Tú eres un ser superior y tu entrenamiento ha sido excelente, mejor que el mío debería decir.

«Gracias, Shego, Kim, les dejaré jugar en mi escritorio todo lo que deseen», pensó Elsa en ese instante.

— Por eso me derrotaste tan fácilmente, aparte de que ese sujeto de allí no pensaba mucho, efectos colaterales de un borrado de memoria. Ahora, viene lo importante. — El fantasmal vampiro caminó unos pasos adelante poniéndose cerca de su cuerpo. — Coge una foto que tengo entre mi capa.

Elsa, confiada al saber que ha estaba muerto, metió la mano en la capa del vampiro enemigo, tentó un rato la tela hasta que pudo percibir una bolsa, de ahí, metió sus dedos en dicho compartimento y sacó una foto de un joven castaño de ojos azules. Jackson Overland Frost. La muchacha abrió los ojos como platos, ¿qué querían los Última Noche con un humano?

— No, Elsa, no es un simple humano. — Dijo Drácula como leyendo sus pensamientos. — Él es el primer humano semi-inmortal. Tiene nuestras mismas capacidades de curación, pero sin necesidad de alguna de nuestras limitaciones. Su sangre contiene algo especial que las brujas necesitan para ligar hace un hechizo que hará caer al mundo en una total oscuridad, el sol jamás saldrá de nuevo y así, los seres de la noche, gobernaremos.

— Es una broma, ¿no? Todas las brujas están bajo las órdenes de Esmeralda. — Argumentó Elsa tratando de encontrar algún agujero.

— ¿En serio crees que Esmeralda pueda supervisar a todas sus brujitas? Te sugiero que vayas en su búsqueda y lo muerdas, así, sólo tú podrás usar esa sangre. Sólo te pertenecerá a ti. — Sugirió Drácula, mejor dicho, le ordenó.

— ¿Ir a buscar un humano para meterlo al Mundo Oscuro? ¡No! ¡Me niego! Los Caballeros Templarios están activos, mejor le pido a Esmeralda que haga más rígida su ley y... — Pero fue interrumpida.

— Él puede ser muy humano, pero por tener nuestras habilidades, lo vuelve un ser nocturno y, por ende, pertenece al Mundo Oscuro. Ahora, vete y ve por él. — Reiteró el vampiro.

— ¿Cómo se llama el humano? — Preguntó entre dientes Elsa, odiaba aceptar que, de ser cierto lo que la refracción decía, debía ir tras el humano que conoció esa tarde.

— Jack Frost. — «Soy Jackson Overland Frost, dime Jack Frost», rememoró Elsa en su mente.

— Demonios... — Musitó la rubia mientras se daba media vuelta y se dirigía a la puerta.

En ese instante, el móvil de Elsa sonó, sin dejar de mirar al vampiro lo tomó, era Kim. Eso era raro, ella jamás la llamaba, y si lo hacía, casi siempre era del celular de Shego.

— ¿Hola? — Respondió la chica.

— ¡Elsa, han herido a Shego! — Se escuchaba gritar a Kim del otro lado de la línea. — Eran muchos, demasiados, ella quiso protegerme, pero la lastimaron. — Los sollozos de la pelirroja se escuchaban más que sus palabras.

— Kim, tranquila, dime: ¿Qué pasó? — Pidió Elsa algo desesperada.

— Los segundones de los Última Noche los atacaron en nuestra casa, eran más de cien, quizá ciento sesenta, somos fuertes... pero no podemos contra tantos. Salimos corriendo a las instalaciones del Clan, estábamos heridas y nuestra regeneración estaba tardando por tantas lástimas... entonces... entonces... — La voz de la pelirroja de la otra línea se quebró. — Entonces uno salió de la nada, Shego me empujó con esa estúpida sonrisa, me susurró: «Yo sólo te puedo hacerte gritar, gemir y maldecir, princesa. Sólo yo te destruiré», y se dejó atacar. Estaba muy débil. Por favor... Por favor... ven... No la dejes morir... ¡No dejes a la persona que amo morir! ¡No dejes a tu hermana mayor morir!

Eso hizo que Elsa se enfureciera, Shego, la chica que le había entrenado para este día, quien había jugado con ella, quien le felicitaba cada vez que lograba pegarle, quien le enseñó que su género no era debilidad, al contrario, la hacía más fuerte, quien forjó su orgullo en la batalla... estaba herida... todo por proteger a la persona que ella más amaba en todo el mundo, su princesa, su calabaza, su cachorrito, su panqué... Kim.

— Oh, creo que debes saber si tus miembros están bien... Sospecho que preparaban una emboscada o algo así mi clan contra el tuyo... — Lo último lo dijo cuando ya se estaba esfumado.

— ¿¡Qué!? ¡Oye! — Pero era demasiado tarde, se había ido.

Elsa dio un grito tan potente que alteró al pobre de Olaf, se giró sobre sus talones e inició a correr lo más rápido que pudo, la central estaba a media hora de su casa, así que usando su inusual velocidad, estaría ahí en quizá tres o dos minutos. Debía llegar, su clan estaba en peligro, las personas que consideraba su familia estaban en peligro, Anna estaba en peligro. Demonios, ¿cómo se pudo dejar engañar? De seguro todo eso había sido una distracción para hacerle perder tiempo y que atacaran a los miembros de su clan en sus casas. Rayos. Miró la foto de Jack de reojo, sólo por prevención, lo iba a ir a buscar, pero eso sería después de que supiera que su familia estaba sana y salva.

CONTESTANDO COMENTARIOS:
Nastinka: Si, es algo tonto… pero como sea. Gracias :3
Bonne Fille Parfaite: ¡Gracias! D: Aunque no lo hago con esas intenciones.
KiraXproject: ¡Gracias por seguir mis raros y nada normales escritos! ¡Que bien que te haya gustado!
marina04: Gracias, espero que este capítulo te haya gustado.