CAPITULO 46. REAJUSTES
Después de un viaje agotador, tanto física como mentalmente, por fin llegué a mi casa. Al que creía mi refugio seguro; pero nada más entrar, el olor de Edward invadió todos mis sentidos, golpeándome y causándome un fortísimo dolor en el pecho, el cual me obligo a llevarme la mano a donde latía mi abatido y roto corazón.
Durante las cuatro horas que duró el viaje, a excepción de un par de lágrimas traicioneras, aguante las ganas de llorar, porque sabía que en cuanto comenzara no sería capaz de parar.
Y ahora, solo iluminada por la tenue luz de la lamparita del recibidor, me deje caer completamente abatida en el suelo y di libertad a mis lágrimas a salir. Porque realmente, no podía más.
Desperté, allí enroscada en el suelo, cuando la luz del sol me dio de lleno en los ojos. Eran poco más de las siete de la mañana y aunque realmente no había mucho sol, como era habitual en Forks, la luminosidad del día me molestaba en los ojos; los tenía doloridos de tanto llorar hasta que el agotamiento pudo conmigo y me sumió en el sueño.
La idea de que era domingo y no tenía que ir al hospital me levantó levemente el ánimo. Solo con pensar en la idea de tener que encontrármelos allí, y verme obligada a mantener el tipo y las apariencias me resultaba casi hasta repulsiva.
Me di un baño relajante, me atavié con ropa cómoda y baje a desayunar. Me tomé unas grajeas de valeriana para que me ayudaran a estar algo más tranquila, ya que notaba mis pulsaciones bastante alteradas, pero no quería tomarme medicamentos y andar grogui todo el día.
Cuando todo comenzó a hacer efecto en mi organismo, y me sentía mejor, cogí mi móvil. Borré todos los mensajes y notificaciones de llamadas perdidas sin mirarlos, y abrí la opción de los sms.
Destinatario: Jake
Nuestra amistad ha acabado, rotundamente. No quiero volver a saber nada de ti. Me has engañado sin miramientos, y esto no te lo perdonaré jamás. No intentes contactar conmigo de ninguna forma.
Destinatario: Edward
Lo nuestro ha terminado, irrevocablemente. Has convivido conmigo, siendo mi pareja, ocultándome un secreto semejante y no puedo perdonártelo. Otro tema es lo que eres, que supera cualquier forma de coherencia. Por ambos motivos, no quiero volver a saber nada de ti. No me llames, no me visites… No te acerques a mí de ningún modo.
Destinatario: Alice
Te consideraba mi amiga íntima; mi hermana, mi confidente. Yo abrí mi corazón y mis secretos para ti, y ¿cómo me lo has devuelto? No quiero que intentes convencerme de nada, no quiero saber nada de vosotros. Así que no me visites, no me llames… Nada!
Aunque estaba enfadada, y mucho, y ese sentimiento dominaba por completo cualquier otro, debía reconocer que me dolió mandar esos tres mensajes. Estaba sacando a todo el mundo que significaba algo de mi vida. Pero… Ellos ya lo habían hecho previamente no revelándome sus secretos.
Cogí un par de bolsas grandes y metí todas las cosas de Edward en ellas. No me pare a pensarlo, solo actué. Pero el sentimiento de engaño era tan poderoso que me dio fuerzas para acabar la tarea sin titubear ni un segundo.
Cogí las bolsas y las llevé al garaje. Ya tenía mi plan bien elaborado para que Edward y yo no tuviésemos que vernos a la hora de devolverle sus pertenencias.
Cogí el móvil y volví a mandarle otro sms.
Destinatario: Edward
Tus cosas están en el garaje. Como imagino que no tienes problema para moverte en la oscuridad, si no te importa, pasa a por ellas por la noche. Así evitaremos el tener que vernos.
Al cabo de un minuto, tuve respuesta.
Remitente: Edward
Otra vez siento muchísimo haberte echo tanto daño… Pero no te preocupes, no te incomodaré de ninguna forma. Hoy cuando se ponga el sol, pasaré a por mis cosas. No olvides que mi amor siempre fue sincero.
¡Venga! ¿Sincero? Como tiene tanta cara de usar esa palabra… ¡Será cabrón! Pensé fastidiada.
Lo siguiente que hice fue buscar por internet algún resquicio legar que me permitiera poder ausentarme del trabajo, o incluso despedirme.
Edward había diseñado un contrato tan bien blindado para que nada pudiera causarme un despido, que ahora me era imposible deshacerme de ese puesto.
Busqué en todos los estatutos a los que pudiera acogerme, pero ninguno me daba buenas noticias. En todos ponía lo mismo:
Si dejaba mi trabajo antes de los cuatro meses que duraba la baja maternal que estaba sustituyendo, se me pondría una falta grave que quedaría reconocida en mi curriculum de por vida. A parte de que el hospital podía demandarme por incumplimiento de contrato.
Lo de la demanda no me preocupaba tanto, pero lo de la falta grave sí; y bastante. En el momento de solicitar otro puesto en cualquier hospital de EEUU, esa falta saltaría a la luz y ningún centro médico querría contratarme, imposibilitándome el desempeñar mi carrera. Y aunque consiguiera volver a ejercer, podía ir olvidándome de ascender en cualquier sentido.
Estoy jodida…
Lo único alentador que conseguí sacar, es que podía solicitar la baja médica. Durante dos semanas podía estar en estado de baja laboral sin que se tomara ninguna clase de medida o explicación.
Saqué un formulario de parte de baja y lo rellené, alegando una contusión en el cuello y recomendando una baja de 14 días.
Lo daté con fecha del día siguiente y lo autoricé con el número de colegiado y firma de Carlisle.
Volví a coger mi móvil y le mande un sms a él, informándole de mis planes.
Destinatario: Carlisle
Voy a darme de baja durante dos semanas. He rellenado el parte yo misma, con tu núm. de colegiado y firma. Sé que está mal, pero creo que me debes eso. Dejaré el parte en tu mesa mañana a las 10 de la mañana. A esa hora estás haciendo la ronda, así que no tenemos que encontrarnos… Y te pido por favor que no intentes ninguna maniobra en el hospital.
Me quedé con el móvil en la mano porque sabía que sonaría con su contestación, como así fue:
Remitente: Carlisle
Si, te debo eso y mil disculpas más de las que te di ayer… Pero entiendo que necesites alejarte y que no quieras encontrarte con ninguno de nosotros para que te firmara el parte en persona. Mañana no habrá ningún problema en el hospital, estate tranquila.
Aunque dijo que no pasaría nada, tenía la sensación de que mentía… Estaba segura de que haría porque nos encontráramos; aunque solo fuera saludarme. Y la verdad es que no me sentía con demasiadas fuerzas, pero era la única forma de poder desaparecer durante esos 14 días.
Durante lo restante del día, me dedique a poner lavadoras para las sábanas y toallas. El olor de Edward estaba repartida por toda la casa, por lo que tuve las ventanas abiertas, pero donde era más fuerte era en la cama. Para más recochineo del asunto.
Cuando recogí las sábanas de la cama, los recuerdos de nuestros encuentros íntimos, de todo el amor que allí se había mostrado, me golpearon fuertemente, haciéndome caer de rodillas. Y allí, postrada ante la cama, los sentimientos me invadieron sin permiso, al igual que las lágrimas que rodaban por mis mejillas descontroladas.
Cuando me serené un poco, la cabeza fue recopilando todos los detalles, todas las cosas "raras" que había ido notando.
- No comían
- No dormían
- Nunca estaban cansados
- La capacidad sensitiva…
Todos los datos llevaban a ellos; pero ¿quién iba a pensar que pudieran ser vampiros?
Era algo surrealista lo miraras por donde lo miraras; era imposible llegar a una deducción así; y mucho menos no creyendo en ese tipo de personajes, por supuesto.
Cuando quise darme cuenta, la noche empezaba a oscurecerlo todo. Y un miedo extraño me invadió el alma.
Edward
Él no tardaría en venir a por sus cosas. Y con un brote un tanto psicótico, me dediqué a cerrar todas las ventanas como si estuviese medio loca.
En el fondo sabía que no lo temía, pero no quería que tuviese ni la más mínima opción a poder colarse en mi casa.
Aunque me daba que si él quisiese entrar, por mucho que yo cerrara las ventanas, entraría de todos modos.
Cuando la noche ya estaba completamente cerrada, yo tenía todas las luces de la casa encendidas; incluso las del piso superior. Eso me daba una sensación de protección; pero mis nervios estaban a flor de piel desde que fuera había oscurecido totalmente.
Y no dejaba de dar tumbos por la casa intentando tranquilizarme, pero me era del todo imposible, sobre todo con las ganas que amenazaban por ganarme a la curiosidad de asomarme a la ventana para comprobar si Edward había venido o no.
Al final, acabé por asomarme. Mi curiosidad innata ganó por goleada a la razón de hacerme la desinteresada.
Pero desde la ventana no veía nada, así que ya puestos a ser curiosas, serlo a lo grande. Abrí la puerta y me encaminé por el caminito que llevaba al garaje.
Cuando llevaba poco más de unos pasos recorridos, me di cuenta de que la bolsa seguía allí; en el mismo sitio donde la había puesto yo.
Al verla, retrocedí un paso inconscientemente.
No sé cómo, la sensación extraña de miedo escénico volvió a invadirme, como las dos veces en el bosque. Los pelos de la nuca se me erizaron y un nudo agarrotó mi estómago.
Giré la cabeza, y Edward estaba a mi lado, como a unos cinco pasos.
- Hola – Susurró. Imagino que para no asustarme.
- Edward… - jadee; aún estaba impresionada por tenerlo delante de mí. – Yo… quería comprobar que hubieses recogido tus cosas – hablé en susurros, al igual que él.
- No quiero que te enfades, pero llevo esperando a que salieras un buen rato – Distinguí un atisbo de sonrisa en su cara, la cual estaba levemente iluminada por la luna.
- Vamos, que llevas espiándome un buen rato – Ataqué. Él calló y agachó la cabeza.
Edward giró la cabeza, mirando algo detrás de mí. Imité su gesto volteándome, y allí también a unos cinco pasos por mi espalda, Jacob apareció de entre las sombras de la noche.
- ¡Jacob! – Exclamé asombrada - ¿Qué haces aquí? Creo que fui lo bastante clara en mi mensaje, ¿no?
- Imagino que Edward y yo pensamos lo mismo… - Le hizo un saludo con la cabeza – En venir a ver como estabas.
- Pues estoy bien… Así que aquí sobráis. No quiero personajes mitológicos sacados de películas de terror delante de mi casa. – Les escupí como veneno.
- Vamos, Bels… - Hacía muchísimo tiempo que Jake no me llamaba así, y un brote de dolor me hizo contener la respiración. – No hagas un drama de todo esto. Eres demasiado lista, has tenido que notar actitudes extrañas tanto en ellos, como en mí. – Dijo casi hasta ofendido.
- ¡Claro que noté cosas raras! Pero quien iba a suponer algo así… ¡Es imposible de asimilar! – Meneé la cabeza desconcertada – Quiero que os vayáis… Ya habéis comprobado que estoy bien, así que… largo.
- Carlisle ha comentado que has solicitado la baja laboral… Imagino que te irás fuera… - Comentó Edward – Si necesitas cualquier cosa… Solo tienes que pedirla. – Lo corté notando como ya estaba empezando a perder los estribos.
- ¿Cómo qué? – Escupí la pregunta sin pensar. Enfadada.
- Un coche, dinero, que te llevemos… No sé… Cualquier cosa… - Recitaba con su dulce voz.
- ¿Y tú piensas que me voy a meter en un coche contigo? ¡Debes estar de broma! – le contesté fuera de mis casillas.
- Bella, eso es una bobada… No puedes tenerme miedo, ni asco… Hemos estado en más estrecha cercanía que en un simple coche. – me contestó molesto. Mi cara se descompuso de la rabia.
- No me lo recuerdes, hazme el favor… - Le contesté con desdén y con el ceño repleto de arruguitas debidas al tremendo enfado. – Gracias pero no necesito nada… Y mucho menos que me llevéis a ningún sitio, lo que menos quiero es que sepáis donde voy a estar. Y esto va para los dos – Me giré para verlos a ambos a un tiempo – No os quiero deambulando alrededor de mi casa, ¿entendido? – Aunque sonaba a pregunta, era una afirmación.
Ambos asintieron con sendos movimientos de cabeza; afligidos. Pero no me importaba; aquí la ofendida era yo y solo yo.
- Pues lo dicho… Tú – señale a Edward – Recoge tu bolsa y los dos… fuera de aquí ya. – Les ordené con tono autoritario.
Con las mismas, me giré y me metí en casa. Cerré con todos los pasadores y me fui a mi dormitorio. Necesitaba dormir, desconectar y dejar a mi mente y a mi cuerpo descansar un poco.
Como era más que consciente que no sería capaz a conciliar el sueño por mí misma, hice algo que no me gustaba nada:
Me tomé una pastilla para dormir. Así me aseguraría de descansar durante al menos ocho horas de sueño sin interrupción.
A la mañana siguiente, me desperté con el cuerpo fresco. Había descansado y se notaba. Aunque la mente no estaba tan despejada como hubiese querido.
Y lo poco tranquila que me había despertado, se vio turbado al recordar que tenía que ir al hospital a entregar la baja, y que por supuesto me encontraría allí con Carlisle y con Alice. Ellos como mínimo, ya que Jasper y Edward tenían las mismas posibilidades de andar por urgencias a la espera de encontrarse conmigo.
De pronto en mi mente se encendió una bombillita: Edward no bajaba nunca a urgencias y era algo que me extrañaba; ahora entendía perfectamente el por qué: Sangre.
Pero lo raro es que Carlisle, Alice y Jasper si estaban rodeados de ella; de su olor y de su vista, y jamás vi un movimiento extraño ante esa sustancia roja y espesa.
¿Sería que Edward llevaba peor que sus familiares el tema de la sangre?
Pudiera ser, pero cuando me encontró en casa el día del aborto, yo estaba completamente bañada en mi sangre, y no pasó nada. Y estos meses conviviendo, cuando tenía la regla él estaba como siempre conmigo. Dormíamos juntos, él seguía abrazándome para dormir igualmente… Incluso recuerdo alguna vez que todavía manchaba e hicimos el amor…
Bloqueé rápidamente esos recuerdos, porque aunque estaba enfadada y rabiosa, debía de reconocer que pensar en esos momentos "felices" me dolía, llegando a ser dolor físico.
Y lo que menos quería en esos momentos era sentirme débil por los recuerdos y la añoranza.
Me vestí con unos vaqueros, una camiseta y una chaqueta. Me puse un pañuelo de lana fina al cuello y me dirigí al hospital.
Lo del pañuelo no era por taparme el cuello… Sino para dar más credibilidad a mi contractura muscular. Ya que a estas alturas un gesto así, sí que me parecería una completa y total estupidez por mi parte.
En todo el tiempo que llevaba trabajando, nunca me había dado tanta pereza y desagrado el ir al hospital.
Llegué a las diez menos diez. Incluso enfadada no podía dejar de ser puntual. Me bajé del coche y las piernas me temblaban, un nudo agarrotaba mi estómago y unas punzadas golpeaban mi corazón… Todo ello a la vez y sin ningún miramiento. Lo que realmente tenía era nervios, ni más ni menos.
Entré en urgencias y después de saludar a algún compañero, me dirigí al despacho de Carlisle. No había rastro de Alice en su mesa, cosa que me extrañó, por lo que piqué en la puerta; esperé y no hubo respuesta. Con el corazón a mil revoluciones, giré la manilla y entré.
El despacho estaba vacío. Eso volvió a extrañarme. Y por unos segundos, una ligera punzada de decepción me invadió.
Saqué el parte de baja de mi bolso, y lo dejé en la mesa, bien a la vista.
Eché un rápido vistazo a su despacho y sin más miramientos salí. Parecía que iba a tener suerte y no encontrarme con nadie, así que no quería tentar a la mala suerte haciendo tiempo.
Además, debía reconocer que un sentimiento de dolor punzante y abrasador me golpeaba el pecho al estar allí. Muchos momentos buenísimos los había vivido allí con Carlisle durante los dos meses que llevaba trabajando.
Nada más doblar la esquina, me encontré de sopetón con Carlisle, que venía con paso ágil hacía su despacho.
- Hola Bella – Me saludó con voz y sonrisa tímidas.
- Vaya… hola – Dije jadeante por la sorpresa. – Creo recordar que dijiste que no nos encontraríamos… - Comenté con sarcasmo.
- Vamos a hacer una radiografía, acompáñame. – Fue a posarme la mano en el hombro y de forma inconsciente, me aparte. – Disculpa, no quería incomodarte. – Agachó la cabeza con pesar.
- Carlisle, no tengo ninguna contractura… - Explique en un susurro.
- Lo sé, pero hay que hacer la baja creíble, ¿no? – Y me guiño un ojo, pero con el semblante triste.
Hicimos la radiografía, y la añadió a un informe para acompañarlo con la baja.
- Has puesto en el parte dos semanas, ¿verdad? – Me preguntó. Yo asentí. – No te voy a preguntar nada, de qué vas a hacer ni a dónde vas a ir, no quiero atosigarte. – Me dijo con el tono serio, pero el semblante abatido. – Solo te pido que si necesitas cualquier cosa, no dudes en llamarnos… Y esta petición la hago en nombre de toda la familia. – Explicó. Yo volví a asentir.
Me acompañó hasta la salida del hospital, y allí sin florituras nos despedimos.
- Bueno, me voy ya… - Alcé levemente la mirada hacía su cara, la cual debía reconocer que estaba rota de dolor. – Nos vemos en dos semanas… Me he leído de arriba abajo el contrato y no puedo escapar de él. Pero son solo dos meses… Y luego estaré libre. – Retahilé casi sin respirar. – Pero te voy avisando, - levanté la vista y lo miré directamente – Cuando vuelva de la baja, mantendremos las distancias en todo lo posible. Nada de contactos, nada de colegueo, nada de nada, ¿me he explicado bien? – Le pregunté con un leve sarcasmo.
- Por supuesto – Me contestó afligido y muy serio – No te incomodaremos en nada, puedes volver tranquila. Pero sintiéndolo mucho, tendrás que seguir trabajando con nosotros; así que un trato sí que habremos de mantener – Yo asentí rodando los ojos – Pero entiendo a lo que refieres, y repito, no se te molestará en nada fuera de lo necesario relacionado con el hospital. – Su semblante cambió a uno de temor – Solo te pido que mantengas a salvo nuestro secreto. Por nuestra seguridad y la tuya propia.
- Carlisle… ¿A quién se supone que le voy a contar algo así? ¡Me encerrarían por loca! – Exclamé casi con simpatía. – Vuestro secreto está más que a salvo, no te preocupes. Por muy enfadada que esté con vosotros, una cosa no quita la otra… Y sigo siendo una persona leal.
- Eso no lo he puesto nunca en duda, hija – Me miró con la dulzura de siempre; con la que me miraba hasta hacía tan solo un par de días.
- Ahora ya me voy. Hasta dentro de dos semanas – Moví la mano para despedirme y me fui con paso ágil.
- Hasta tú vuelta, ten cuidado – Me devolvió el gesto.
Me metí como una exhalación en el coche. Notaba la nostalgia de su tacto, de su afectividad. Y sabía que al final, él acabaría viendo mi debilidad y se aprovecharía de ella; si es que no la había captado ya.
Me fui directa a casa, sin más paradas. Sentía como las lágrimas y el nudo en la garganta volvían a hacerse lugar preferente en mi organismo y realmente lo que más me apetecía era eso… Llegar a casa y llorar; llorar hasta volver a caer rendida.
Al día siguiente tenía un viaje largo y duro por delante; ya que después de mucho pensar, ya había decidido mi destino para esas dos semanas:
Iría a visitar a mi madre y a su nueva familia.
Bueno... así están las cosas... Aunque era de imaginar que Bella querría poner distancia.
Imagino que no debe ser fácil de enterarte de algo así, ¿no?
Intentaré no tardar en subir el próximo, ok?
Mil gracias a todas las que comentaís y a las que no... pues también :-)
Me alegra ver que poco a poco cada vez más seguidoras me agregan a sus favoritos... Eso es todo un honor!
Y os adelanto que en unas semanas, empezaré a subir una nueva historia. Os dejaré en este fic el enlace para que os paséis
Un besazoooooooo y buen finde a todas!
