Capitulo 8
La cubierta del Nightingale se mecía suavemente bajo los pies de Shaoran. Siempre había adorado el mar, su belleza, inmensidad, el aire salado que azotaba su rostro, los graznidos de las gaviotas sobre su cabeza, aunque su pasión no podía compararse con la de Ethan, que vivía y respiraba mar, y sentía delirio por los barcos y la navegación desde niño.
Era natural que Ethan, el segundo hijo del marqués, se hubiera alistado a la Marina inmediatamente después de graduarse. Shaoran no sabía cómo iba a tomarse la muerte de su hermano, que se había producido mientras él estaba en prisión, lo que le convertía en el marqués de Belford y en un hombre con toda una nueva serie de responsabilidades. Por suerte, la familia contaba con intereses marítimos, de modo que Ethan no se sentiría del todo como pez fuera del agua.
Si es que seguía con vida.
Shaoran se paseba por la cubierta, oyendo el crujido de los altos mástiles de pícea y el golpeteo de sogas y poleas en las jarcias. La noche estaba oscura como boca de lobo, y el mar parecía una sombra densa e interminable. A medida que navegaban rumbo al este la fuerza del viento aumentaba. La superficie del agua no tardaría en poblarse de olas espumosas que permanecerían invisibles bajo el manto negro de la noche.
Shaoran suspiró a pleno pulmón el aire húmedo y salado y oyó el sonido de las olas que segaba la quilla, y rezó porque el viaje no fuera en vano.
Tomoyo apretó con fuerza la muñeca de su hermana.
-¿Has oído eso?
En la bodega del barco, Sakura se volvió en la oscuridad.
-Sólo es el casco, que cruje.
-Creo que son ratas. No soporto las ratas, Saku.
Como era muy probable que aquellos ruidos los causaran, en efecto algunos roedores, Sakura se limitó a apoyarse contra las planchas de madera del casco.
Subir a bordo había sido más sencillo de lo que se había imaginado. Los dos marineros que trajinaban en cubierta estaban ocupados cargando los suministros en la goleta. En el mástil de proa había una antorcha encendida que las guio hasta la escalera que descendía hasta bodega. Al fondo de ésta, otra lámpara encendida iluminaba tenuemente el interior. A toda prisa, habían inspeccionado el contenido de aquel espacio y decidido esconderse tras un montón de sacos de legumbres.
Pero un marinero había bajado y apagado la lámpara, por lo que ahora la oscuridad era total.
-No pasaremos mucho rato aquí abajo – dijo Sakura-. Tan pronto el barco ancle en la ensenada, saldremos a cubierta con sigilo y saltaremos por la borda. Hasta entonces debemos ser fuertes. Imagínate que estamos viviendo una aventura. – A Tomoyo siempre le habían gustado las aventuras. Al menos las imaginarias.
-Sí, supongo que eso es lo que es. Yo nunca había subido a un barco, y una vez en Francia estaremos a salvo.
-Bien dicho, tesoro.
Lo único que debían de hacer era eludir a Lord Brant, al capitán y a la tripulación del Nightingale, llegar sanas y salvas a la costa, recorrer territorio desconocido – evitando los peligros que acechaban en los caminos -, y tratar de hallar un lugar donde les ofrecieran empleo remunerado.
Sakura suspiró en un silencio roto sólo por las olas que lamían la proa. Lo que desde la comodidad de la casa le había parecido tan probable, ahora le resultaba poco menos que imposible.
Al menos no tendrían que nadar. Sakura se había percatado que había una pequeña balsa de madera atada a la popa de la goleta. Una vez ésta anclara y la tripulación regresará al interior, pensaba usarla para llegar a la costa.
Aunque lo cierto era que los últimos meses había planeado muchas cosas y muy pocas habían salido bien.
-El mar encrespa por momentos.
Shaoran se encontraba junto a Rafe, frente a la barandilla de la popa.
Los dos llevaban calzas gruesas remetidas en botas de caña alta y camisas de manga larga debajo de tabardos de lana.
-El tiempo va empeorar – admitió Rafe -. Pero el Nightingale es seguro, y ya hemos recorrido la mitad del trayecto.
Al llegar a la desembocadura de Támesis el viento había arreciado, y ahora navegaban raudos y veloces rumbo a su destino.
-Deberemos permanecer anclados en la ensenada hasta mañana por la noche. Espero que nadie nos vea y se pregunte qué demonios estamos haciendo ahí.
-Si Bradley es tan bueno como dice el coronel, encontrará un refugio a salvo de miradas curiosas.
Shaoran miró la lejanía.
-Supongo que estoy algo nervioso. Quiero que todo salga tal como lo hemos planeado. Deseo ver a Ethan de nuevo en casa.
Rafe apoyó sus manazas en la barandilla bien delineada, y contemplo el mar.
-Yo también.
Shaoran se fijó en su amigo, en la mandíbula bien delineada, la nariz recta recortada contra la luz que colgaba de los dos altos mástiles.
-Hay otra cosa de la que quiero hablarte se trata de una mujer. No me digas que al fin te has enamorado.
Shaoran sonrió también y negó con la cabeza.
-No, no tiene que ver con eso, aunque sí se trata de una mujer. Y admito que muy atractiva. El problema es que la justicia la persigue.
-Bromeas.
-Ojalá. La buscan por robo e intento de asesinato.
-Dios mío, ¿Cómo diablos te has enredado con una mujer así?
-No es lo que piensas, de otro modo no me habría enredado con ella. O al menos eso creo. Necesito que me hagas un favor.
-Lo que quieras.
-Quiero que averigües todo lo que puedas de Miles Whiting, el barón de Harwood.
-¿Harwood? Me temo que no nos conocemos, aunque me han llegado rumores sobre él en una ocasión.
-A mí también. Y ninguno bueno, por cierto.
-Si no recuerdo mal, hace poco aparecía su nombre en el periódico.
-Exacto. Dos mujeres le robaron, y una de ellas le golpeó en la cabeza. Harwwod asegura que sufrió una pérdida de memoria que le duró varios meses. Ahora se encuentra en Londres, tratando de encontrar a las delincuentes.
Rafe le miró largamente, escrutándolo.
-Y esa mujer… supongo que es la que le dio en la cabeza.
-Ella lo niega, pero estoy seguro de que lo es.
-¿Y significa algo para ti?
Shaoran guardó silencio unos instantes.
-Dicho así, sí, supongo que sí.
-En ese caso preguntaré por ahí, veré qué puedo averiguar, pero a cambio me gustaría conocerla. Si una mujer puede suscitar tu interés de ese modo debe tratarse de alguien muy especial.
Shaoran no respondió. Sólo esperaba que Timmons estuviera cumpliendo sus órdenes y que Sakura siguiera en casa a su regreso.
-No me siento bien, Saku. – Tomoyo llevaba la mano al estómago -. Creo que voy a vomitar.
"Dios mío". Cuando planeó su huída, Sakura jamás pensó en el mareo. Por el momento, ella parecía adaptarse bien al vaivén del barco, pero no podía decirse lo mismo de su hermana.
-No vas a vomitar – declaró con firmeza, deseando que el aplomo de sus palabras fuera también el de su estado de ánimo-. Está tan oscuro que todavía es peor. Cierra los ojos y tal vez te pase.
Tomoyo obedeció
-Oh… - gimió.
-Piensa en otra cosa. Piensa en el hermoso chal de encaje que viste en el escaparate de aquella tienda de Bow Street. Piensa en lo bien que te sentaría.
Su hermana volvió a gemir y se cubrió la boca con la mano.
Sakura se apartó del casco a cuatro patas, arrastrándola falda, intentando recordar donde había visto un cubo cuando bajaron en la bodega.
A tientas avanzó sobre los sacos de legumbres y siguió en dirección de la escalera, ignorando la suciedad y los ruidos de las ratas que ojalá Tomoyo no oyera. Dio gracias cuando sus dedos tropezaron con el borde de un balde de madera que se encontraba bajo la lámpara.
Junto a él encontró una caja con una mecha y una piedra. Recordó haberla visto junto a la lámpara, retiró el cristal y la encendió. Una luz tenue, amarillenta, inundó el espacio, y al momento se sintió mejor. Si alguien bajaba, seguramente creería que la habían dejado encendida por error.
Volvió junto a Tomoyo cargando el pesado balde, se encaramó a los sacos y se instaló en la seguridad de su escondite. Una vez allí, dejó el balde a los pies de su hermana.
-¿Estás bien?
Tomoyo asintió.
-Con la luz me siento mejor – murmuró con un amago de sonrisa. Pero entonces le vino una arcada y hundió la cabeza en el cubo.
Era tarde. Faltaban pocas horas para el amanecer. Con todas las emociones de aquel día no tenía sueño, pero la jornada que le esperaba iba a ser larga y debería de mantenerse alerta. Convencido de que le vendría bien un par de horas de sueño, se quitó la camisa y la lanzó sobre la silla. Ya había comenzado a desabrocharse los pantalones cuando llamaron a la puerta.
Abrió. Eran Rafe y el primer oficial, Whip Jenkins.
-¿Qué sucede?
Rafe no dejaba de sonreír.
-Un miembro de la tripulación ha encontrado a dos polizones.
Después de la conversación que hemos mantenido, creo que tal vez quieras hablar con ellos.
Se dio la vuelta y empujó hacia adelante a una mujer delgada.
-¿Qué diablo…? –Conocía aquella cara-. Por todos los demonios, ¡Sakura!
Tras ella estaba Tomoyo, temblando y más pálida de lo que la había visto jamás.
-Está mareada- explicó Sakura-. Tiene que tumbarse un rato.
Shaoran estaba tan furioso que apenas le salían las palabras. Miró a Rafe, y éste asintió.
-Yo me ocupo de ella – dijo Sheffield, y se dirigió al primer oficial – La de pelo negro puede usar mi camarote. Usted y yo compartiremos el suyo hasta que todo esto se aclare.
Jenkins asintió y Rafe se dispuso a llevarse a la menor de las hermanas, que no obstante se volvió.
-¿Saku…?
-No te preocupes, tesoro. Nadie va hacerte daño.
-El camarote del Sheffield esta aquí al lado. Allí estará bien atendida – dijo Shaoran y endureció la expresión-. Es por usted misma por quien debería preocuparse.
Se retiró de la puerta y Sakura agachó la cabeza para entrar en el camarote. Shaoran cerró tras él con más brusquedad de la que quería, apenas capaz de contener su mal humor.
-¿Tiene idea de lo que ha hecho? Este barco va en una misión, una misión muy importante. ¿Se da cuenta del peligro que han decidido correr? – Se acercó a la silla en busca de su camisa y se la puso, aunque sin molestarse en abotonársela -. Ya estamos en alta mar y no podemos regresar a dejarlas en tierra. Hay demasiado en juego.
Sakura le dedicó una mirada intensa, pero no dijo nada.
-Por el amor de Dios, he conocido planes locos, pero éste se lleva la palma. Los muelles de Londres están llenos de carteristas y malhechores. No es un lugar seguro para dos jóvenes solas, y menos lo es un barco lleno de marineros rijosos.
Se acercó más, hasta quedar frente a ella. La agarró de la barbilla para obligarla a mirarlo.
-Deme una razón por la que no deba ahogarla ahora mismo.
Sakura tragó saliva.
-Debíamos escapar. Y en ese momento me pareció buena idea.
-¿Buena idea? ¿Le pareció buena idea?
Shaoran se movió bruscamente y ella apartó la cara.
-Maldita sea, no pienso pegarle, si eso es lo que cree, aunque reconozco que estoy tentado de tumbarla sobre mis rodillas y darle una buena azotaina.
Sakura no respondió. Él vio que le temblaban las manos y se dio cuenta que estaba muy asuatada. Intentó tranquilizarse y dijo:
-Siéntese si no quiere caerse.
Le dedico una austera silla de respaldo recto y ella obedeció.
-Gracias.
-Está bien, ahora ya puede explicarme por qué su hermana y usted sintieron la necesidad de huir de mi casa y colarse en este barco rumbo a Francia. Y nada de inventos, quiero la verdad, y la quiero ahora mismo. –Vio que ella rebuscaba alguna explicación plausible. Pero estaba agotada y asustada, y apenas conservaba parte de su habitual arrojo -. La verdad, Sakura. Y nada más que la verdad.
Ella cerró los ojos. De sus labios escapó un suspiro de resignación.
-Fui yo la que robó el collar. Y fui yo la que golpeó al barón en la cabeza con un calentador de cama. Uno muy pesado, de hierro.
-Ajá. Un calentador de cama.
Sakura asintió.
-Debía detenerle. Y fue lo único que tenía a mano.
Lord Brant arrugó la frente.
-¿Por qué?
-Por qué qué
-por qué golpeó a Lord Harwood en la cabeza.
-¡Ah! Por qué estaba… estaba… porque habría dañado a Tomoyo.
Shaoran inspiró hondo, tratando de dominarse.
-De acuerdo empiece por el principio y no se deje nada por el camino. Cuénteme exactamente lo que sucedió.
Sakura apoyó las manos en su regazo para que dejaran de temblar, mientras decidía hasta dónde debía contar. Su mirada recorrió el camarote, pero sabía bien que no podía escapar. La estancia era pequeña pero cómoda, con una cama ancha y un tocador de teca empotrado. El ojo de buey quedaba oculto tras una cortina, y sobre el tocador descansaba un aguamanil y una jofaina.
-Sigo esperando, Sakura.
Ella tomó aliento y, en silencio, rogó que el conde le ofreciera su ayuda, tal como había prometido en una ocasión. No tenía elección, debía confesar la verdad. Bueno, al menos la mayor parte.
-Nosotras trabajábamos en Harwood Hall – dijo al fin, con la cabeza gacha, levantó los párpados para mirarlo. Él no sabía aún que era la hijastra del barón, y por el momento no pensaba revelárselo. La ley otorgaba al barón el control absoluto de sus hijastras. Si lord Brant se enteraba, era muy posible que sintiera en la obligación de entregárselas -. Al principio, lord Harwood se mostraba amable con nosotras. Pero luego empezó a fijarse en Tomoyo.
-Todos los hombres se fijan en ella. Es difícil no verla.
-Sí, pero él la miraba de un modo… se te ponía la piel de gallina. Aquellos ojos negros, fríos, aquella boca pequeña y apretada… Tomoyo estaba cada vez más asustada. Yo sabía que tarde o temprano él la forzaría. Habíamos planeado irnos lo antes posible, pero…
-Pero qué…
-Necesitábamos más dinero. Nos pareció que si resistíamos dos semanas más, reuniríamos lo suficiente. Pero a los días oí que él se colaba en el dormitorio de Tomoyo y yo… bien, fui tras él para impedirle consumar sus propósitos.
-Y le dio en la cabeza con el calentador de cama.
Sakura tragó saliva, presa de los nervios.
-Era lo único que podía usar como arma. Temí haberlo matado.
¿Y qué hay del collar?
Sakura se miró las manos y vio que las entrelazaba con fuerza sobre el regazo.
-Lo había visto en una ocasión cuando yo… cuando limpiaba los aposentos del señor. Estábamos desesperadas, como usted dijo. Me lo lleve y lo vendí a un prestamista en Dartfield.
Le contó que se había visto obligada a cerrar el trato por una suma ridícula, que habían gastado en las semanas siguientes, mientras buscaban trabajo. Alzó la vista para mirarlo, intentando ser valiente y no llorar.
-Nada de todo esto es culpa de Tomoyo – añadió-. Ella no merece ir a la cárcel… - Los ojos se anegaron en lágrimas que resbalaron por sus mejillas.
El conde suspiró.
-Nadie va ir a la cárcel – dijo.
Entonces estalló en sollozos. No era un llanto callado, femenino como el que habría sorprendido a Tomoyo, sino uno estridente que sacudía todo su cuerpo. No opuso resistencia él la levantó en brazos, se sentó en la silla y la puso en su regazo.
-Ya ha pasado todo – le susurró, instándole a apoyar la cabeza en su hombro-. Encontraremos la solución. Nadie va ir a la cárcel.
Sakura se apoyó en él y le puso los brazos alrededor del cuello, aspiró su aroma, mezcla de colonia y agua de mar.
La camisa del conde dejaba casi al descubierto su pecho musculoso. Él susurraba palabras de consuelo y la acariciaba con su aliento cálido. Nada deseaba tanto Sakura como volver la cabeza y besar la piel suave y cálida de aquel salvador.
Deseaba besarle, sentir aquella boca sobre la suya, igual que la otra noche, que sus manos la acariciaran, recorrieran sus pechos hasta que los pezones se pusieran erectos contra sus palmas… Deseaba que le hiciera todas las cosas que aquella noche sólo había insinuado.
-No te preocupes, amor mío. Todo saldrá bien.
Sakura asintió, con los ojos cerrados, pero las lágrimas seguían resbalando por sus mejillas.
El conde se las acarició, le sostuvo la barbilla y le alzó el rostro. –Todo saldrá bien – repitió con dulzura. El dorado de sus ojos encontró el verde de los ojos de Sakura, que intuyó que él deseaba aquel beso tanto como ella.
Pero no la besó, aunque la deseaba con locura. Sakura se movió un poco y rozó la evidencia de su excitación. El conde la apartó de sí, se puso en pie y dio un paso atrás, que era lo que menos le apetecía en ese momento.
Le había dado su palabra pensó ella. Y al parecer no tenía intensión de faltar a ella… a menos que ella se lo pidiera. ¡Dios, Dios, lo deseaba tanto! Sakura cerró los ojos y se inclinó hacia él, pero en ese instante llamaron a la puerta. Dio un respingo y se volvió, avergonzada de lo que había estado a punto de hacer.
El conde fue abrir. Era el duque de Sheffield.
-Esa muchacha… Tomoyo… se encuentra peor. – Sakura le dedicó una mirada fugaz. Se trataba de un hombre apuesto, de mandíbula firme, hoyuelos en las mejillas y ojos azules-. Pide ver a su hermana.
Ella se volvió a fijar en el conde.
-¿Puedo reunirme con ella?
Él asintió. Ella deseó poder leerle el pensamiento.
-El primer oficial fue atraerle té y galletas – dijo el duque-. Tal vez eso la reconforte.
-Sí, tal vez. –Sakura no apartaba la vista del conde, cuya expresión seguía inescrutable.
-Hablaremos mañana por la mañana – dijo Shaoran.
Sakura asintió, pero no deseaba irse. Quería quedarse con el conde. Por eso mismo, lo mejor que podía hacer era salir corriendo en dirección contraria.
Cuando la goleta ancló en la ensenada francesa unas horas más tarde, el mar se había calmado, pero el cielo seguía encapotado y el viento azotaba la cubierta. Tras su conversación con Sakura la noche anterior, Shaoran había intentado sin éxito conciliar el sueño.
La preocupación por Ethan se mezclaba con la que sentía por Sakura y Tomoyo.
Creía en la historia de la hermana mayor. Ya lo conocía lo suficiente para saber hasta dónde estaba dispuesta a llegar por proteger a Tomoyo. ¡Atizar aun hombre en la cabeza con un calentador de cama! ¡Caramba! Harwood podía considerarse afortunado de no le hubiera pegado un par de tiros.
Al pensar en ello no pudo evitar reprimir la risa. Pero la realidad se impuso. Incluso si la historia era cierta, se trataba de la palabra de dos criadas contra la de un noble. Desde luego, aquellas muchachas estaban en un buen lío. Aun así, ofrecería ciertas cantidades de dinero y prometía ciertos favores tal vez lograría zanjar el asunto.
Oyó pasos y se volvió. Sakura venía hacia el. Llevaba la misma ropa que la noche que anterior en su camarote, la misma que llevaba el día en que la vio por primera vez. Un vestido gris perla, de talle alto, sobrio, algo deshilachado en el dobladillo pero de indudable calidad.
Se veía bonita e inocente, y él pensó en todo lo que había sufrido en los últimos meses. Recordó lo bien que se había sentido teniéndola acurrucada en sus brazos la noche anterior, lo mucho que la deseaba, y la sola idea hizo que una vez más se combara la portañuela de sus clazas. No recordaba haber deseado tanto a una mujer. Sin embargo, sabía que no era justo, que ella merecía más de lo que él podía darle.
Aunque, al menos, su ayuda sí podía ofrecérsela.
-Buenos días, señor.
Ya no llevaba el pelo trenzado sino suelto, recogido a los lados con pasadores, y le caía por los hombros.
-¿Cómo se encuentra su hermana?
Había enviado a Whip Jenkins a visitarlas, y éste le había informado de que Tomoyo se encontraba mucho mejor.
-Ha mejorado mucho. Aquí en la ensenada el oleaje apenas se percibe. O tal vez es que se está acostumbrando al mar.
-Esperemos que así sea. Todavía deberá soportar el viaje de regreso.
Sakura apartó la mirada un instante.
-Sí, supongo que sí. Señor, he estado pensando, y creo que tal vez sería mejor que Tomyo y yo nos quedáramos en Francia.
-¿De qué esta hablando?
-De ese modo usted no tendría que cargar con nuestros problemas. Algún miembro de la tripulación podría llevarnos hasta lacosta, y nosotras ya nos arreglaríamos, tal como habíamos planeado. Yo podría encontrar trabajo…
-De institutriz supongo, que es lo que tenía pensado en un principio.
-Sakura se ruborizó.
-Podría encontrar algún trabajo.
-No.
-¿No cree lo que le conte?
-Sí, lo creo.
-Entonces ¿por qué no permite que nos quedemos aquí?
No sabía por qué, pero se estaba encolerizando. La agarró por los hombros, atrayéndola hacia sí.
-Porque correrían un grave peligro. Dos mujeres sin escolta de ninguna clase, sin saber a dónde van, cómo llegarán, quién las ayudará. No, no pienso consentirlo. Volverán a Londres, y yo las ayudaré a solucionar las cosas.
Sakura tragó saliva.
-¿Y… y si no puede?
El conde la soltó.
-En ese caso, yo personalmente haré que lleguen a Francia o algún otro lugar donde puedan estar a salvo. Soy conde y tengo influencias. Si expongo el asunto a las autoridades me escucharán. – ella se mordió el labio inferior, como si quisiera decirle algo más, pero no lo hizo-. Puedo ayudarlas, créeme, siempre que usted haya dicho la verdad.
-Le he contado exactamente lo que sucedió.
Shaoran le acarició la mejilla con el dedo; su piel era suave como la seda, tierna como el plumón. ¡Qué hermosa se veía allí, el viento agitándole los cabellos, los labios húmedos! No entendía que al principio sólo le hubiera parecido atractiva.
La deseaba tanto que le dolía.
-Si es así, entonces no tiene nada que temer.
Sakura se volvió a mirar la línea de la costa. En aquella zona, la tierra sobresalía del agua formando acantilados desnudos, aunque varios senderos empinados conducían a la playa, donde un bote aguardaba en la arena. Era el que utilizarían los hombres aquella misma noche. Las gaviotas planeaban por encima de los riscos y barrancos, y sus graznidos llagaban hasta la cubierta del barco, que anclado en la ensenada, se mecía suavemente al compás del débil oleaje.
-Hay algo más que debe decirme.
Sakura se volvió hacia el conde.
-¿De qué se trata, señor?
-¿Quién en usted en realidad?
El color abandonó las mejillas de Sakura.
-No sé a qué se refiere.
-Es evidente que usted y su hermana son de noble cuna. ¿Qué les sucedió a sus padres? ¿Por qué quedaron solas?
Ella humedeció los labios, Shaoran sintió una vez más un tirón en la entre pierna.
-Mi padre era un terrateniente de Kent. Murió hace cinco años. Una noche a finales de mayo, cuando regresaba a casa lo mataron unos salteadores de caminos. –Mantenía la mirada clavada en la orilla-. Mi madre quedó destrozada, como nosotras. Murió dos años más tarde. No teníamos parientes, nadie que cuidara de nosotras. Hicimos todo lo posible por salir adelante.
Aunque se había propuesto no tocarla, Shaoran no pudo contenerse.
-Lo siento- dijo atrayéndola hacía sí.
Ella se entregó a su abrazo.
-Tal vez algún día se haga justicia con los hombres que mataron a mi padre, y yo pueda verlo.
No la culpaba. Él se sentiría igual si mataran a alguno de sus seres queridos. Con todo, no creía que, transcurridos tantos años se pudiera detener a los culpables.
-Yo perdí a mi padre hace dos años. No me di cuenta de lo mucho que significaba para mí hasta que ya no estaba. Hacia el final de su vida tuvo problemas financieros. Jamás me lo comentó, y yo estaba ensimismado con mis cosas que no le preguntaba nada. Sufrió una apoplejía; creo que no pudo soportar la tensión. De haber estado con él, ayudándole, tal vez no habría sucedido. No lo sé. Creo que nunca lo sabré.
Sakura alzó la vista y lo miró a los ojos.
-Usted se enfrentó a algunos problemas cuando heredó el título, pero los superó. Recuperó la fortuna que su padre había perdido.
-¿Cómo lo sa…?
-En una casa como la suya se guardan muy pocos secretos.
El conde esbozó una sonrisa.
-Supongo que tiene razón.
-¿Por qué no se ha casado? Le he visto con Teddy y es evidente que le gustan los niños. Y está el tema del heredero. – Se ruborizó ligeramente-. Supongo que no es asunto mío.
-En realidad, debo cumplir con varias obligaciones. Proporcionar un heredero es una de ellas. Pero sí, algún día me gustaría formar una familia. Sólo necesito encontrar una esposa que cumpla con los requisitos necesarios.
-Está buscando una heredera. Eso también lo he oído decir. Alguien que aporte su patrimonio a la unión.
-Me siento en deuda con mi padre. Espero saldarla algún día. Un buen matrimonio es importante para lograr el fin.
-Entiendo.
Shaoran no estaba seguro de que lo entendiera. No sabía si ella imaginaba qué se sentía decepcionar a la persona que más importaba en este mundo. Pasará lo que pasara no volvería a fallar.
-Tiene usted frío? – dijo al ver que Sakura se estremecía-. ¿Por qué no entra?
Ella asintió.
-Sí, será mejor.
Shaoran se fijó en sus labios carnosos y lamentó que no hubiera aceptado ser su amante. Tal vez si Sakura lo esperaba todas las noches, él decidiera cumplir con sus obligaciones y se casara con alguna rica heredera.
N.a: Hola como estan? En serio es una pena que Sakura no pueda decirle que en realidad quien es. y que Shaoran solo quiera casarse con una heredera.
Espero me dejen sus reviews. Gracias por leer :)
