¡Perdón por la falsa alarma! Se me olvidó poner las maneras de comunicarse conmigo, estarán abajo.
¡Hola a todas mis estimadas lectoras y uno que otro lector colado! Hoy, a fin, terminé la tercera luna de "Darkness". Me he demorado MUCHO más porque ya inicié la universidad… Y digamos que no me está yendo de lo mejor en algoritmos y programación… Pero eso no les interesa. Vale, no los entretengo más. Buena lectura.
Pero antes, como siempre, unas
ADVERTENCIAS
1.- Futuro contenido KorrAsami (Korra x Asami) [Sí, me afecto mucho el final de LOK y, como no hay muchos fanfics KorrAsami, he decidido meter a estas dos]
2.- KiGO (Kim x Shego) por si no les quedó claro en la luna anterior.
3.- Posible contenido Maleslash, ya saben, Jack cree que Elsa es un tío, así que solo por eso.
4.- Quizá, y solo quizá, el FanFic tenga UNA que otra parte EROTICA. No es seguro aun, pero yo mejor aviso.
5.- Buena lectura.

Darkness

Tercera Luna: Mi mundo es la oscuridad.

La noche oscura iluminaba todo a su paso, no existía viento alguno, una figura menuda se apreciaba en el horizonte corriendo a una gran velocidad. Debía correr, sólo eso sabía, ella debía llegar hasta la central de su clan; atrás de ella, venía corriendo su perro infernal, por donde ambos pasaban, en el suelo se veía una marca candente que demostraba que tan veloces eran ambos. Elsa, la líder de los Copos Oscuros, fruncía el ceño y apretaba la quijada mientras maldecía en su mente, ¿cómo demonios era posible que eso hubiese pasado? No lo sabía, de seguro Shego no había sido la única afectada, después de la llamada que Kim le hizo, recibió muchas más informando de ataques a los hogares particulares de los miembros de su clan; hasta ahora, la cantidad de muertos era cinco sextas partes del total del clan. Muchas muertes. Muchos amigos. Muchos camaradas habían fallecido por su culpa. Por su estupidez. Por no haber hecho un buen trabajo de investigación. Por pensar que escuchar a la refracción de su "abuelo" le serviría de algo, pero sólo le fue útil para saber que los Última Noche tenían los ojos puestos en un mísero e insignificante humano, ¿qué tenía de especial Jackson? ¿Un cabello bonito? ¿Una linda sonrisa? ¿Aquellas pecas que le llamaron la atención? ¿Su aura inocente y débil? ¡¿A caso eso importaba?! ¡Debía llegar a la central, ya, y dejar de pensar en ese chico humano!

Jack miraba con melancolía la luna, en su mente se repetía la escena de cuando conoció a Els, como si fuera un mal algoritmo que no es finito, aquel cabello hermoso, ¿cómo sería tocarlo? Aquellas manos grandes y suaves, ¿cómo sería el tacto contra su piel? Esos ojos azules que le hacían sentir tan pequeño e indefenso, como le encantaba esa sensación tan nueva, aquellos labios, ¿qué se sentiría ser besado por ellos? Jackson movió su cabeza con rapidez cortando esas ideas, ¡no debía pensar en eso! ¡Él era un hombre! ¡A él le gustaban las chicas! ¡Mujeres! ¡Féminas! ¿Cómo era posible que pensara tanto en un chico? ¡Y no en cualquiera! ¡Sino Els Arendelle Frozen! Al parecer el destino ese día había tenido algo contra él, pues apenas llegó a su hogar, encontró a su padrino viendo la sección de negocios en la televisión, transmitían un especial de los empresarios más jóvenes y solteros del mundo, y, para gran sorpresa del chico, el puesto número uno se lo llevaban Els Arendelle Frozen. ¡Por dios! «Ya, Frost, piensa en tu linda chica gótica, en tu chica vampiro, en sus labios, su pelo negro, sus ojos, su tez pálida... aunque no tanto como la de Els... ¡Ya, Frost! ¡Te dije que basta!», tanta fue su furia que golpeó la ventana que tenía frente a él, miles de cristales se enterraron en su piel y el dolor fue significante, pero cuando terminó de limpiarse, como siempre, no había herida alguna. Un extraño talento de Jackson Overland Frost.

Todo era silencio y tranquilidad sepulcral, jamás había habido tanto silencio entre esos muros. Jamás había tenido tan pocas personas entre ellos. Elsa atravesó tan rápido como pudo la zona de ilusión, los campos y prácticamente todo el edificio hasta llegar a la zona de enfermería. Sus ojos amenazaron con humedecerse al ver aquella trágica escena que jamás imaginó ver: Shego estaba acostada en una de las tantas camas de la enfermería, tenía cuatro bolsas de sangre siéndole transfundidas al mismo tiempo, su brazo derecho era inexistente, su cara era adornada con miles de rasguños y lastimadas de todos los tamaños, su respiración se veía que era dificultosa, sus ojos estaban cerrados y, por lo que apreciaba, su cuerpo en general igual la tenía difícil. Shego era una vampiresa, pero no cualquiera, una genéticamente creada a manos de otro vampiro cuyo nombre no es relevante, así que se podría decir era un "vampiro de probeta", sus poderes eran más que asombrosos y superaban con grandes números a un vampiro normal, pero para lograr eso, debía ingerir una gran cantidad de sangre, y ni hablar de cuando se recuperaba de las heridas, la había visto beber hasta treinta bolsa de sangre seguidas cuando no bebía de la sangre de Kim, quien sería un equivalente humano a un vampiro normal.

Elsa se acercó a paso lento y sigiloso donde la chica de cabello negro se encontraba recostada, antes de llegar a su destino, percibió un entornar que le era familiar. La joven rubia se paró en seco y se escondió detrás de una viga de soporte de la mansión, agudizó su visión y, junto a Shego, estaba Kim. Su corazón se partió en miles de pedazos. La joven pelirroja acariciaba con decisión, amor y solemnidad la mano de su joven amada, la miraba con unos ojos que serían imposibles describir. El dolor, sufrimiento, tristeza, amargura, preocupación, amor, y más sentimientos podían ser reflejados en esos ojos verdes. Elsa miró aquella escena con un nudo en la garganta que estaba más que dispuesta a deshacer, ¿eso era amor? En ese instante, Kim empezó a mover los labios con sutileza, la joven rubia platina tuvo que agudizar tremendamente su sentido de la audición para poder captar las ondas sonoras que la ya inflamada garganta de la pelirroja estaba tratando de emitir.

— Llama, grita, si me necesitas y al instante llegaré... Si te hago falta, amigo... llama... grita... si me necesitas... — Cantaba con voz más que quebrada Kim. — No importa dónde, cuándo y qué... sólo si nombre y llegaré... No hay peligro... estaré ahí contigo... Sólo mi nombre di: "Kim Possible"... Aunque para ti, prefiero que me digas "princesa"...

Kim se había quebrado ya, no lo soportaba, no le gustaba ver a Shego, su Shego, ahí postrada. Recordó el ataque, estaban tranquilamente en su casa, era su turno de cocinar y su adorada joven de cabello tan negro como la noche veía tranquilamente la televisión. Ya terminada la comida, ambas cenaron juntas, mientras hablaban de cosas tribales, sintieron una presencia que se acercaba a gran velocidad, se pusieron en posición de lucha. Pero las presencias se iban incrementando, ahora eran más de cincuenta, Shego era equivalente a veinte vampiros juntos (y eso hablando de términos quiropterianos era demasiado), pero no era tan fuerte. Kim era tan fuerte como su compañera, pero el número de enemigos era realmente grande, después de un breve enfrentamiento, que sólo sirvió para dañarlas, sólo les quedó una salida: Huir. Huida que terminó en un ataque sorpresa, ataque que recibió Shego de lleno por salvar a Kim.

— Shego... ¿por qué aún no abres tus ojitos? Mira, llegué a salvó como quisiste, ¿eso te pone feliz, no? Vamos, no quiero estar sola... — Las lágrimas en la cara de la pelirroja salían sin misericordia alguna. — Dijiste que sólo tú me podías destruir, y es cierto. Me estás destrozando por dentro. ¡Despierta ya, Shego! ¡Te necesito a mi lado! ¡Quiero ver tu media sonrisa, deseó escuchar aquellos sobrenombres que me dices, tus insinuaciones que me ponen y me pondrán roja, escucharte reír, verte celosa! ¡Quiero que me vuelvas a decir que me amas!

Y diciendo esto, Kimberly Ann Possible, quien tenía el lema de: "todo es posible para un Possible" inculcado por su padre por años -siglos-, se echó a llorar sobre el abdomen de una inconsciente mujer de piel tan pálida, que asemejaba al verde, sin consuelo. ¿Era posible vivir en un mundo sin Shego? No, para ella, no era posible e, irónicamente, en ese momento recordó las últimas palabras de su padre antes de que la echara de su casa. «Tú ya no eres una Possible, no eres mi hija». Quizá tenía razón, ya no era una Possible cuando se trataba de Shego, sólo era Kimmie ahora, una Kimmie destrozada por ver a la persona que más amaba en esa situación.

— Realmente triste, ¿no? — Una tercera voz entró a escena alterando a Elsa quien estaba más que absorta escuchando las palabras de Kim.

— ¿Tía? — Interrogó la rubia al darse cuenta que, afirmativamente, era Renee la voz nueva. — ¿Dónde estuviste todo el día? No, eso no importa, ¿dónde está Anna?

— Anna está en tu oficina, más específicamente, en tu sofá acostada siendo cuidada por Malvavisco. Yo estuve investigando algo sobre los Última Noche en Transilvania, acabo de llegar y me topé con esto. Estoy en la misma situación que tú, Elsa. — Le aclaró Renee mientras ambas observaban a la peculiar pareja.

— ¿En cuánto tiempo despertará Shego?

— Quizá en doce horas o veinticuatro, es difícil de saber con ella... Pobre Kim... debe estar más que preocupada. — Suspiró con tristeza la mayor de las Arendelle.

— ¿Kim realmente ama a Shego, no? — Cuestionó algo ilusa Elsa.

— Pequeña, ella abandonó su estatus social por Shego, dejó que la expulsaran de los vampiros por estar con Shego, renunció a un trato equitativo por amar a una mujer con toda su alma, abandonó a su familia quien le dio la espalda cuando les dijo que la amaba, dejó todo por estar a su lado así como lo está ahora, ¿aún crees que sólo "realmente la ama"? No, Shego es su otra mitad, sin ella no sabría vivir ya. Lo que ellas dos tienen es algo más profundo, algo que no se puede simplificar en una sola palabra, algo que yo logró entender porque vivo con ese extraño sentimiento... — Explicó con un tono monótono pero lleno de un sentimiento difícil de saber, digno en un Arendelle. — Ahora, vamos, tienes que regresarle sus recuerdos a Anna.

— ¿¡Qué!? — Chilló Elsa tratando de ahogar su sorpresa.

— Els, Anna ya está muy grande como para comprender esto, no quiero seguir escondiéndole a mi hija su lugar de procedencia. No, ya no. Regina no hubiese querido eso. — Sentenció Renee sin oportunidad de cambio.

Elsa la miraba incrédula, ¿su tía, mejor dicho, su otra madre le estaba exigiendo que hiciera recordar a Anna su origen y la horrible verdad de la muerte de sus padres? ¡Habían pasado más de diez años de ello! ¿Cómo actuaría Anna ante gran descubrimiento? Y sobre todo, al saber que le habían mentido todos estos años. «Vamos, Els, algún día debía conocer la verdad, ¿no? Sus demás amigos crecerían menos ella, todos sus conocidos humanos morirían, menos ella. «Es por su bien» Se trató de convencer mentalmente Elsa. Vio a su tía dar media vuelta y salir de la enfermería, era tiempo ya. La muchacha de bellos ojos azules, giró sobre sus talones, antes de irse, viró su cabeza para ver la triste escena que aún se desplegaba ante ella: Shego, su hermana mayor, tirada en una cama; Kim, su otra hermana, junto con ella tomándole de la mano y llorando a su lado. De ellas dos sólo sabía una cosa: Se amaban. Su historia, siempre que les preguntaba, la cambiaban a propósito, así que jamás había imaginado que tanto se querían. Hasta ese instante. «¿Algún día experimentaré aquel sentimiento? ¿Algún día mi existencia se sentirá vacía sin una persona? No, no lo creo... Soy diferente a ellas, a mi tía, yo me tendré que casar con una mujer siendo una y fingiendo ser hombre, jamás tendré el placer de amar a alguien... Este es mi destino que fue sellado aquella noche de luna roja», perdida entre aquellas ideas, Elsa dejó la enfermería para dirigirse a su oficina.

La mansión era realmente grande, así que mientras caminaba a su oficina, la joven líder de los Copos Oscuros se topó con los únicos miembros sobrevivientes de su clan: Hiccup, Merida, Rapunzel y Eugene seguían con vida y sin rasguño alguno, pues vivían en la mansión junto con los guardias que la cuestionaban día y noche. Bella y Adam también estaban ahí, algo heridos, pero en una sola pieza. Bayonetta y Alice, ambas brujas, estaban también entre los pasillos quejándose del ataque cometido mientras hacían posiciones regenerativas. Kristoff, un hombre reno, estaba también entre los afectados pero de los pocos que habían escapado. Korra, una wicca especializada en el dominio de los cuatro elementos naturales, próxima en conseguir la manera de dominar otros subelementos, tenía una que otra herida en el rostro, pero eran cosas que con reposo y un poco de la medicina hecha por Alice y Bayonetta se curaría por completo. Ronald Stoppable, mejor amigo de Kim, también había salido sin ninguna consecuencia grave, al parecer corrió con la suerte de estar ese día dentro de la central buscando a su compañero animal, Rufus. Aladdin, un joven alquimista hindú, igual estaba entre las instalaciones quejándose de aquel acto tan sinvergüenza. De los más de trescientos integrantes de los Copos Oscuros, habían quedado la mínima cantidad de dieciséis miembros. Era más que trágico.

Al llegar a su oficina, lo primero que recibió fue la lengua de un perro demoniaco en la cara. Malvavisco estaba feliz de ver a Elsa. Después de calmarlo, vio que Renee estaba parada al lado de Anna junto con Eliot, ambos la miraban con tristeza en los ojos y las lágrimas amenazaban con salir en ambas personas. Sus tíos, no, sus padres las habían criado, cuidado, velado y protegido por diez años. Elsa desarrolló un sentimiento especial por su tía, así como por Shego, Kim, Bella y Adam. Eran su familia. Un picotazo profundo se apoderó de su corazón. Ella tenía una familia. Anna sólo la tenía a ella y sus tíos. Las lágrimas empezaron a salir de los bellos ojos azules de Elsa, como si fuera un hombre, se los talló automáticamente para frenar el llanto. Cuando la privó de sus recuerdos, la privó de una familia. Por eso su tía quería que le devolviera los recuerdos, pero, ¿por qué hasta ahora?, ¿quería que pudiera entender todo?, ¿había descubierto algo? Quién sabe. Se terminó de estrujar los ojos y se encaminó hasta su hermana quien yacía dormida, en su cuello aún se venían las marcas de la mano de su abuelo, cierto, debía comunicarles de lo que se había enterado, pero sería más tarde. Se puso de rodillas y contempló a su hermana una vez más, se veía tan indefensa y pequeña, como cuando hizo aquello por primera vez.

— ¿Lista? — Interrogó Renee mientras ponía su mano en su hombro.

— Sí.

Elsa puso sus ojos en rojo e iba a poner su mano en la frente de Anna cuando sintió un apretón en donde la sostenía Renee. La miró con ojos severos.

— Revierte el control, no más jugar con su mente. — Advirtió la joven.

— Claro... — Acató la chica de pelo rubio platino.

Para los vampiros, morder a su presa y tener control mental sobre ella era más que beneficioso para ellos, podían beber tantas veces quisiera y jugar con sus mentes cuanto quisieran; pero, de vez en cuando, habían vampiros cuyas conciencias no les permitía hacer dichos actos, así que siempre que mordían a su presa -con su permiso-, le devolvían el control mental de su mente con otra mordida, está vez más sutil y suave, daban su último trago de sangre antes de despedirse de esa presa, pues, una vez liberada, ningún vampiro o ser nocturno podría acceder a su mente sin antes batallar con él, era algo que muy pocos vampiros hacían, pero si existía. Y ahora. Con algo de temor. Elsa haría aquella liberación a su hermana pequeña. Tomó aire, se acercó cuidadosamente al frágil y amoratado cuello de Anna, alargó sus filosos colmillos y, con una delicadeza tan abismal que jamás se pensaría en un ser nocturno, la mordió justo como cuando ella era una pequeña niña. Lo que sintió fue nulo, no había presencia de eróticos como se decía que se sentía morder a alguien, de seguro aquella falta de sensaciones se debía a que ambas eran de la misma sangre y, por ende, no había estímulo alguno. Esta vez la muchacha no sintió culpa, al contrario, un peso se le quitó de la espalda, pero no pudo evitar sentir miedo, miedo a la reacción de su hermana, tantos años cuidando de su bienestar y manteniéndola en la luz culminarían en esa noche. Sólo esperaban que Anna aceptara su disculpa y explicación.

Sintió un dolor en su cuello, alguien la estaba mordiendo, ¿qué estaba pasando? ¿Por qué ese dolor se sentía tan familiar? ¿Por qué no le molestaba? Una secuencia de imágenes nuevas vino a la mente de la joven Anna a mil por hora: Recuerdos de Elsa y ella jugando, pero no como los que tenía antes, estos eran diferentes. Había una Elsa de tres años allí, la miraba con curiosidad, tenía unas orejas hermosas de color rubio platino, una cola sedosa que se movía de un lado para otro y unos dientes filosos se asomaban entre sus labios. Ese era el primer recuerdo que tenía de toda su infancia, la primera persona que ella recordaba era a Elsa, a esa Elsa. Más memorias llegaron después de esa, una donde su hermana mayor la cargaba en la espalda, extendía unas hermosas alas de vampiro y la llevaba a volar por toda la mansión que era su hogar. Otros donde contemplaba curiosa a su madre, Renee, jugar con Elsa a la peleas donde siempre la dejaba ganar y ella le daba un beso como premio. Otra donde ella tenía miedo por los... ¿días? Si, le tenía miedo a luz, había visto a su mamá ser quemada por aquella fuente de poder y eso la asustaba hasta que Elsa le enseñó que mamá era un vampiro y que ellas no, si podían salir a la luz. Un tercer recuerdo vino a su mente, está vez de cuando le preguntaba a su padre, Eliot, la razón por la cual ella no tenía cola ni alas como su hermana mayor, pero si sanaba rápido, él le contestó que no se preocupara, que era algo natural y que no importaba como luciera, todos la querían con todo el corazón

Después de muchas hermosas memorias, vino el que prefirió jamás recordar: La muerte de sus padres. Era pequeña, sólo tenía cinco años cuando eso pasó y no entendía muy bien las cosas, pero ahora, era diferente, entendió que su padre había sido asesinado al igual que su madre, que a su hermana la trataron peor que a un juguete y que a ella, pues no valía nada, así que ese vampiro la dejó noqueada. Y, por último, el recuerdo de Elsa bebiendo de ella. Ahora todo cobraba sentido para ella: Elsa siempre vestida de hombre, pues era la líder del clan. Los ruidos en el cuarto de su hermana y las cosas rotas, estaba sufriendo sus primeras transformaciones completas. Aquellas botellas rojas que siempre estaban en la nevera las cuales tenía más que prohibido tocar, y menos beber, era la sangre que su hermana mayor necesitaba para vivir. ¿Por qué le habían ocultado la verdad? ¿A caso Elsa no confiaba en ella? No lo sabía, pero si quería descubrirlo. Empezó a sentir su cuerpo arder, sintió miles de sensaciones nuevas, temblaba, todo su cuerpo convulsionaba, en su espalda percibió un dolor agonizante que jamás había experimentado, su garganta y labios se secaron en segundos, no sabía que le estaba pasando y tan sólo esperaban que fuera parte de esos recuerdo que había recuperado.

Elsa estaba siendo contendía entre Renee y Eliot, pero ambos no aguantarían mucho tiempo, su pequeña -ya no tan pequeña- era más fuerte que ambos juntos. La joven rubia gritaba desesperada el nombre de su hermana pequeña, apenas dejó de beber de ella empezó a moverse de esa manera tan errática, su cabello cambiaba con gran rapidez a un color grisáceo, de sus labios empezaban a sobresalir un juego de colmillos blancos y sus movimientos se hicieron tan azarosos que Elsa tuvo que aumentar su fuerza, quitarse a sus padres adoptivos de encima e ir a abrazar a Anna para que no se hiciera daño. Cuando su hermana menor estuvo entre da brazos, casi de inmediatos, a sus fosas nasales llegó un aroma que conocía bien: El aroma a vampiro. Pero, este era diferente, era como oler algo más encima a un vampiro normal, casi semejante a su propio aroma pero de un nivel más bajo. Elsa miró a su hermana de nuevo y notó que su cabello había vuelto a la normalidad, no tenía aquel mechón rubio ya, ahora era propietaria de unos dientecitos filosos como los de ella, algo más pequeños por ser de leche aún, pero al fin de cuenta caninos largos. Su hermanita, la persona que había procurado mantener alejada del mundo nocturno, ahora era parte de él. Ahora ella era un vampiro, o mejor dicho, algo más que un vampiro. Cuando Anna abrió los ojos, Elsa notó que tenía sus iris de ese color carmín característico en su especie, necesitaba sangre y de urgencia.

— Tía, en la nevera de mi escrito, bolsa con un vampiro, ¡ya! — Parloteó Elsa mientras ayudaba a su hermana a sentarse.

— Allá va. — Dijo Renee mientras lazaban una bolsa con un líquido rojo dentro, bolsa que la muchacha de pelo rubio atrapó sin problemas.

— Aquí, bebe...

Al parecer la chica tenía algo con las oraciones sin nexos, pero su hermana menor le entendió el mensaje y bebió de aquella extraña bolsa. Enterró sus recién adquiridos dientes y, cuando aquel líquido carmín recorrió su garganta, dios, fue indescriptible. Todo su ser se calmó, su garganta y labios recuperaron su aspecto y sus ojos volvieron a adquirir ese color azul semejante al de su hermana mayor.

— Gra-Gracias... — Dijo la joven pelirroja al terminar de beber aquel líquido.

— La primera toma siempre es importante... — Susurró Elsa mientras agachaba la cabeza, lo que le había dado a Anna era la última bolsa de la sangre de su madre, la tenía reservaba para alguna ocasión especial.

— ¡Esperen! — Chilló la menor de las hermanas haciendo que Elsa y todos en el lugar se alteraran. — ¡Tú eres un vampiro-lobo!, ¡Mamá es una lobuna!, ¡Papá es un zorro!, ¡Nuestra madre era una vampiresa y padre un lobo!

— ¡Oye! ¡Zorro de fuego! — Graznó Eliot sintiéndose ofendido ante como lo había llamado su "hija".

— Vamos, papá, sabes que lo eres. — Comentó Anna sin saber lo que había ocasionado.

— ¿Cómo que eres un "zorro"? — Preguntó Renee con una mirada asesina.

— ¡N-No esa clase de zorro, Renee, sabes que yo jamás te sería infiel! ¡Siempre estoy con tu aroma en la piel! — Se defendió ágilmente el chico rubio.

— No es tiempo para hablar sobre tus supuestas aventuras, tío. — Sentenció Elsa algo irritada. — Anna, ¿qué tanto recuerdas?

— Lo suficiente como para saber que no me has vuelto a llevar a volar... — Comentó Anna con una leve sonrisa. — ¿Por qué alteraste mis recuerdos, Elsa?

— Para protegerte, ¿quién sospecharía que un ser que sale al sol es un vampiro u hombre lobo? — La pequeña agachó la cabeza.

— Tuviste que alejarte de mí para protegerme, me mentiste todos estos años...

— No sabes cuantas veces lloré por eso, no tienes idea cuanto deseé que estuvieras a mi lado... — Confesó la rubia con lágrimas en los ojos, lágrimas que secó al instante.

— Ya no tendrán que estar así más, Anna recobró sus recuerdos y todos sabemos que significa eso. — Habló Renee sosteniendo el hombro de sus sobrinas, de sus hijas.

— ¿Qué significa? — Preguntaron ambas hermanas curiosas.

— Vamos, Elsa, no te hagas la tonta. Tú eres "su hermano" y ella tú hermana... — La joven rubia puso sus ojos en blanco, había olvidado aquel detalle por completo.

— ¡No! ¡No, tía! ¡No pienso llevar esto tan lejos! — Empezó a quejarse Elsa al instante.

— ¿Soy la única que está perdida? — Interrumpió Anna ladeando su cabeza.

— Tranquila, en una semana aprenderás todo lo que Elsa aprendió en estos años. — Le reconfortó Eliot mientras se ponía a su lado.

— ¿Qué prefieres? ¿A Anna o comprometerte con otra chica? Mira que eres más que deseado entre las jóvenes, es tu decisión, jovencita. — Advirtió Renee con mirada acusadora, en serio parecía su madre.

— Yo... — Pero antes que la líder del clan de los Copos Oscuros tomara su elección, la puerta de su oficina se abrió. Era Bella con una cara nada confortable.

Kim se había quedado dormida sobre Shego, tanto llorar la habían desgastado, tenía un sueño hermoso. Su amada pelinegra peleaba con ella como cuando se habían conocido, le lanzaba insultos que sólo hacían que la riña aumentara y la emoción se disparara, las sonrisas ocupaban la cara de ambas chicas, pero en un movimiento, Shego la tacleó y terminó ella sobre la pelirroja, de sus manos salía un fuego verdosos que extinguió para poder tomar la cara de la joven, una sonrisa socarrona apareció en los labios de la otra muchacha de piel verdosa y, de improviso, unió ambos labios femeninos en un beso. Kim sólo se limitó a cerrar sus ojos, como amaba esos labios. Pero sólo fue por un corto tiempo. Poco a poco su Shego empezó a desvanecerse de la nada, algo se la llevaba; Kim gritaban, pero su amada se alejaba cada vez más, más y más. Se paró y corrió donde Shego, pero fue inútil, había desaparecido.

La pelirroja se despertó sudando, miró a su amada y dio un grito de horror. Estaba dejando de respirar. Cosas básicas de los vampiros: Son seres vivos, tienen células y, hasta donde la ciencia sabía, poseían células animales, las cuales requieren oxígeno para que las mitocondrias despidan ATP, que es básicamente energía. En otras palabras, no respiraba, no producía energía, moría. Kim se paró y empezó a sacudir a la joven pelinegra, le llamaba por su nombre, pero no reaccionaba. Gritó, gritó como jamás lo había hecho a Bella, quien se encargaba de los heridos. La joven castaña llegó tan rápido como sus piernas no humanas le permitieron para encontrarse con una Shego a nada de dejar de respirar y una Kim sollozante, *debía llamar a Elsa, tenía que saber de eso. Salió de ahí en dirección a la oficina de la rubia, no sabía cómo reaccionaria, sólo esperaba que mejor que Kim. Bella salió en dirección a la oficina de Elsa, atravesó pasillos, personas y subió escaleras hasta toparse con la puerta de caoba del despacho de su líder, tomó el picaporte de la puerta y abrió sin siquiera preguntar, era urgente.

— ¿Bella? — Habló Elsa preocupada al ver la cara de su mentora.

— Elsa, es Shego... Está dejando de respirar. — Soltó tan rápido como recobró aliento la muchacha.

Elsa abrió los ojos como plato, giró sobre sus talones y corrió a donde estaba Shego seguida de todos. Eso no podía ser verdad, no debía ser verdad. Su mente empezó a hacerle recordar todas aquellas experiencias vividas con esa muchacha. Cuando la entrenó por primera vez, el miedo que le daba cuando le gritaba, las peleas verbales que ambas tenían cuando ella aprendió a no temerle, los viajes que hacían a los bosques cercanos para entrenar, aquellas risas compartidas, las lágrimas derramadas, las peleas tenidas, las recompensas adquiridas y más experiencias ganadas. Tenía tantos recuerdos con aquella chica, y en todas ellas siempre era la misma: Esa sonrisa sarcástica, su poca o nula paciencia, sus comentarios fuera de lugar, siempre fuerte y jamás le vio doblegarse. Estaba negada a creer que Shego estuviese en el umbral de la muerte, ¿tanto daño había sufrido? Esa interrogante quedó para después, ahora debía saber si su hermana mayor sobreviviría para contarle la verdad.

— ¡Shego! — Gritó Elsa al llegar a la enfermería.

— ¡Elsa! ¡Shego... Shego... Shego está...! — Kim no podía hablar, el llanto se lo impedía.

La rubia se acercó a la cama donde estaba postrada su amiga, no, su hermana, su tez era aún más pálida y unas ojeras aparecieron por debajo de sus ojos.

— ¡Shein Go! ¡Despierta! — La sacudió Elsa con desesperación. — ¡Por un demonio! — Las lágrimas empezaban a salir.

— ¡Shego! ¡Shego! — Chilló Kim al ver dar su último aliento a la joven.

No respiraba.

La sangre ya no pasaba.

Nada.

— No... Shego... — Susurró Elsa arrodillándose y echándose a llorar.

— No hay nada que hacer... se ha ido... — Concluyó Bella al tomarle los signos vitales la pelinegra.

El ambiente era pesado, todos agacharon la cabeza, los llantos empezaron, los lamentos también, Shego era una persona importante en el clan, era quien protegía a todos. Los guardias aparecieron de las sombras y se arrodillaron, todos los imitaron, inclusive Anna quien era la más nueva. Si el entorno se pudiese se pintar de un sólo color, el elegido sería gris.

— Shego... Shego... No me abandones... Te necesito... Te quiero... Te amo... — Fueron las últimas palabras de Kim antes de darle un último beso en los labios a su amada.

Cuando Kim se separó de los fríos labios de Shego, algo pasó. El color volvió -si eso era posible- a la pálida piel de Shego, la sangre volvió a fluir y, casi al instante, abrió sus ojos esmeralda. Estaba viva.

— Hey, aquí tu eres la princesa, yo no, no me despiertes con un beso, ese es mi trabajo... — Habló Shego con algo de debilidad, volteó a ver a Elsa quien tenía lágrimas en los ojos. — Oye, Els, ¿no te he dicho que los hombres no lloran?

Kim se abalanzó hacía Shego, de inmediato volvió a juntar sus labios. Pero no fue la única que demostrarle afecto a la pobre herida, Elsa también la abrazó llorando aún, Renee se acercó y le palmeó lo que le quedaba de hombro, Eliot le felicitó a la distancia, Bella también se unió a la sesión de abrazos hasta que la susodicha estalló con furia, odiaba los abrazos que no fueran de Kim.

— ¡Basta! ¡Soy la herida, así que déjenme en paz! — Vociferó la pelinegra. — Kim, súbete, necesito beber.

— ¿A-Aquí? ¿A-Ahorita? — Tartamudeó la pelirroja, sabía lo que quería decir aquellas palabras.

— Oh si, vente aquí arriba. — Dijo la mujer con un tono que no era muy bien interpretado.

— ¡Shego! — Le reprendió Kim.

— Kim, sólo haz lo que ella dice, como si fuera la primera vez que las vemos a ustedes dos en una situación comprometedora. — Dio su autorización Elsa.

— Está bien. — Accedió la pelirroja.

Kim se apoyó en la cama, se subió y se puso en cuclillas sobre Shego. Al instante, la pelinegra movió cuidadosamente los cabellos de su amada, con la punta de su lengua acarició el fino cuello de su víctima preferida y, sin pensarlo, la mordió. Elsa sólo la miraba, hasta que se fijó en la cara pálida de su hermana.

— ¿Oye, estás bien? — Interrogó la joven.

— Ellas... Ellas... — La voz le temblaba a la menor de las hermanas.

— ¿Son pareja? Si, desde antes que nosotras naciéramos. — Explicó la rubia.

— Pero ellas no parecen... — En ese instante, la que habló fue Shego.

— ¡No todas parecemos hombres! — Se quejó la pelinegra sin despegarse de su "comida".

— Tienes mucho que aprender... Anna... Bienvenida a nuestro mundo. — Consoló la mayor a la menor. — Tía, ven un momento.

Elsa y Renee salieron un momento a las afueras de la enfermería, tenía que encargarle una pequeña investigación a su tía. Le estaba matando la curiosidad.

— Tía, tengo un encargo... — De su pantalón, sacó la foto que tenía su abuelo. — Quiero que investigues todo sobre Jackson Overland Frost, es un humano y estudia en la misma escuela que Anna. — Al ver la cara de picardía que le dirigió su otra madre, enseguida se sonrojó. — ¡N-No mal entiendas! ¡Los Última Noche están interesados en él, no yo!

— No he dicho que tu estuvieras interesada en él, pero de acuerdo, iniciaré la investigación mañana. — Accedió Renee.

— Otra cosa, encontré a mi abuelo, al papá de mamá.

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Pasó una semana, Shego ya tenía brazo nuevo y su estado físico era mejor al que tenía antes de recibir el ataque. La fiesta que había organizado Esmeralda se había pospuesto para que Anna aprendiera las cosa básicas de la sociedad: Para empezar, el grupo al que todos pertenecían era llamado "Los seres Nocturnos", por obvias razones, le explicaron la jerarquía en la sociedad; los nombres -grandes empresarios- se encontraban en la cima (junto a ellas) de la cadena social, luego los de clase media y así hasta los más jóvenes nacidos en la nueva época con un estatus social digno de un pobre. En estos años tanto los vampiros como hombres lobo se habían dejado cegar por la fortuna, ahora el que más poder monetario tenía era el que más arriba estaba. Anna aprendió que después de la paz entre clanes, varias revoluciones internas en el sistema de cada especie aparecieron, y con ello, el despojo de fortunas, muertes de burgueses y más cosas. La compleja sociedad de la que tanto alardeaban los seres nocturnos se había vuelto una similar al de los humanos. Los líderes de cada clan poseían bajo su nombre alguna gran empresa de carácter mundial, los guías de los subclanes tenían en sus manos pequeñas o medianas empresas y, por último, los miembros eran trabajadores de aquellas empresas o de alguna humana. Lo que hace el poder monetario.

Antes de que la menor de los Arendelle pudiera convivir con los del clan, le fue advertido no decir nada sobre el género real de Elsa, pues los nuevos miembros no sabían que su "jefe" era en realidad una "jefa", la pelirroja ocre no entendía aún del todo porque era tan indispensable que Elsa, su hermana, tuviese que fingir ser un chico con los de su clan, pero aun así, obedeció sin chistar. Anna tuvo una semana llena de descubrimientos, conoció a los protegidos de Elsa, al parecer el único que sabía sobre su género era el chico llamado Hiccup quien; en secreto; se le iban los ojos por "la chica oso", una joven de cabellera tan roja como el fuego. Tuvo el placer de conocer igualmente a Rapunzel, una estudiante de bruja, una buena persona en general, se llevaron muy bien apenas intercambiaron palabras. A Eugene, el novio de Rapunzel fue un poco más difícil de tratar, ya que se la pasaba molestándola a espaldas de Elsa, sabía que le convenía. Conoció de igual modo a los pocos miembros de quedaron del clan: Korra Avatar, Bayonetta Cereza, Alice Liddell, Kristoff Zimerman, Aladdin Agrab y a los pocos guardias que quedaron. Anna, por órdenes de Elsa y Renee, ocuparía el puesto de segunda cabeza del clan, como estaba predestinado para ella, así que, como cuando la rubia inició, su hermana menor ahora debía de estar siete horas con Bella en clases y otras tres con Shego y Kim entrenando, eso no sería nada placentero para la muchacha quien vivió tantos años como humana.

Elsa se divertía mucho con su hermana en la central, en más de una ocasión Renee las había reprendido a las cuatro (incluyendo a Kim y Shego) por estar correteando en la mansión que usaban como cuartel general. La joven rubia a pesar de tener la distracción de su hermana pequeña, no le quitaba la vista de encima a su trabajo. A los tres días de sucedida la tragedia, convocó a las otras tres cabezas para darles un informe del atentado, era más que obvio las reacciones de asombro de todos. Los Última Noche habían regresado. Uno pensaría que a los vampiros no les afectaría en gran medida, puesto que son de la misma especie. Gran error. Ellos fueron los más alterados, su estructura social era la que más cambios había tenido en estos años. Esmeralda se puso pálida, y esto tomando en cuenta que era de tez morena, los Última Noche las despreciaba por ser un engendro de la luz y oscuridad. Los Hombres Lobos, mejor no hablaban, eran sus enemigos jurados. Todos los seres nocturnos sabían que con los Última Noche allá afuera, cualquier ser engendrado en la oscuridad corría peligro. Las medidas de seguridad se ampliaron, hubo un censo de todos los seres de la noche, no se detendrían ante nada para buscar información sobre aquel clan quien se creyó extinto.

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Mientras los seres de la noche revoloteaban todo a su alrededor, los hijos del día vivían plácidamente sus rutinas, y más Jackson Overland Frost, ¡al fin había salido de vacaciones! ¡Y ese semestre no había reprobado ninguna materia! ¡Jamás había pasado eso desde que inició la educación superior! Salió felizmente de su hogar, había pedido permiso para ir con su mejor amiga en todo el mundo: Asami Sato. Una joven de hermoso pelo negro ondulado, una tez blanca, de una posición económica más que elevada y, para mejorar el asunto, una wicca de sangre pura. Jack la había conocido en el jardín de infantes cuando la observó hacer florecer un rosal de la nada, quedó tan impresionado que quiso saber cómo lo había hecho y terminó recibiendo una clase de magia. El joven castaño podría no creer en vampiros, hombres lobo y demás cosas tontas, pero si que creía en la magia. Desde ese día, Asami y él eran inseparables, hasta que, claro está, llegaron hasta el instituto medio, cuando Jack fue inscrito en "The SnowFlake's crystal" y ella siguió con sus estudios en casa. Llegó hasta una gran mansión estilo victoriano, Asami vivía ahí con su padre desde que Jack tenía memoria, los sirvientes lo identificaron y lo llevaron hasta la habitación de su ama, para Jack ya era regular esa rutina. Saludó a la niñera de Asami, una viejecita con varios ayeres encima, solía ser más activa cuando Jack era pequeño, siempre le daba helado y galletas a espaldas del padre de la joven y su carácter era realmente dulce.

Jack llegó hasta la puerta de la recámara de su amiga, era de madera color blanco con adornos florales en dorado, el picaporte era una obra de arte en cobre, tomó aquella pieza fría y abrió. ¿Tocar? ¿Para qué? Jackson Overland Frost básicamente había vivido toda su infancia en ese lugar. Cuando las hermosas planchas de madera se abrieron dejaron ver a una hermosa muchacha de dieciséis años de edad, tenía la cabeza metida en un gran armario que ocupaba gran parte de la pared de la recámara, era de madera y estaba tallado a mano. Frost suspiró cansado, si encontraba a Asami así, sólo significaba una cosa: Fiesta de sociedad. Sopesó la idea de darse media vuelta e irse, no le interesaba nada esos asuntos de gente rica y todo lo que conlleva, pero recapacitó al recordar que si no la veía ese día, tendría que soportar sus constantes reproches sobre el por qué no la había ido a ver apenas salió de sus clases; y eso, en la mente del joven castaño, no era lo mejor del mundo. Sin mucho ánimo, se acercó hasta donde estaba su amiga de cabello negro, la tomó del hombro para advertirle de su presencia. Tenía ciertas cosas de que hablar con ella, principalmente sobre Mavis, la chica que lo traía "loco" y sobre sus constantes intentos fallidos de cortejarla.

— Hola, Asami. — Saludó el castaño mientras se aceraba a su amiga.

— Hola, Jack. — Le contestó la joven pelinegra sin dignarse a virar el rostro, tenía que conseguir el atuendo perfecto.

— ¿Noche de ricos, no? Y yo que pensaba venir a ver películas contigo... — Se quejó Jack mientras se tiraba en la cama de su mejor amiga.

— Te puedes quedar si quieres, lo sabes, tengo que ir a la fiesta de Esmeralda a petición de mi padre. Además, corre el rumor de que estará Els. — Comentó Asami al mismo tiempo que examinaba un vestido color rojo de tirantes.

Jack al escuchar aquel nombre sintió algo extraño, hace mucho había olvidado a aquel joven de rubia cabellera, pero tan sólo al invocar su recuerdo, no podía evitar sentirse extrañamente feliz. Recordaba su sonrisa, su pelo, aquella voz, sus expresiones. Todo. Pero no lo relacionaba ya con algún capricho amoroso o algo así, simplemente creyó (o mejor dicho, se convenció a si mismo) que le había agradado tanto aquel chico que le gustaría volver a toparse con él para hablar, sólo eso.

— ¿Y por qué tanto interés por Els? He escuchado que es una persona amargada. — Mintió Jack sin saber porque.

— Sé que Els es frío, pero yo creo poder calentarlo un poco. — Dijo Asami mientras le guiñaba el ojo a Jack y daba vueltas sosteniendo aquel vestido. — Es broma, Els simplemente es nuestro mayor surtidor de materiales, así que debo tener una buena relación con él. Y no es amargado, sólo que maduró antes que tú, niño.

— ¡Oye! ¡Yo soy maduro! — Se quejó el castaño.

— No. — Contestó simplemente la joven.

— ¡Que sí!, ¡Que sí!, ¡Que sí! — Chilló el muchacho haciendo una rabieta.

— ¿Y aun así no me crees? — Respondió Asami con un tono sarcástico.

— ¡Ya no te haré caso! — Fulminó el joven castaño cruzandose de brazos.

— Como quieras. — Le tiró el rollo la muchacha mientras ponía el vestido en la cama. — ¿Cómo está Adha y su tan amable esposo?

— Como siempre: Mi madrina siendo feliz y mi padrino un amargado. No hay nada mejor. ¿Y tú padre? — Se interesó el muchacho.

— Viajando, como de costumbre. — Suspiró la joven de cabellera negra con melancolía.

Asami no había tenido la mejor vida, cuando acababa de cumplir su decimosegunda primavera, su madre dejó el mundo mortal para volver a sus orígenes, la naturaleza. Desde ese día, la familia Sato cayó en una espiral de daño: El señor Sato prefería pasar el tiempo trabajando que con su pequeña heredera, la llenó de objetos materiales con tal de que la culpa no viniera tras él. Asami, por otro lado, pasó sus días deseando ver a su padre con más frecuencia hasta que entendió que eso jamás pasaría, el trabajo era todo para él y ella había quedado de lado. Como todo lo demás que no acarrease una ganancia monetaria.

— Quizá regrese en algunos meses... — Completó Asami sin ningún tono en especial.

— Ya veo... ¿qué harás mañana? — Preguntó Jackson curioso.

— Dormir como oso, este tipo de eventos terminan realmente tarde. — Explicó la chica buscando ahora unos zapatos a juego.

— ¿Y el siguiente? — Se interesó el castaño.

— No tengo nada planeado... — Contestó Asami mirando a su amigo con curiosidad.

— ¿Qué te parece el cine? Yo pago. — Ofreció Frost con una sonrisa.

— Oh, ¿Jackson Overland Frost me está invitando a salir sin que yo pague? — Dijo sarcásticamente Asami. — Vale, ¿qué chica te dio el avionazo así de feo?

— Que te invite a salir no quiere decir siempre que una chica que botó... — La mirada que le dio su mejor amiga a Jack le decía que no le creía. — Vale, Mavis no me hace caso, ¿feliz?

— Así si estamos hablando en mi idioma. — La joven de hermosos ojos verdes dejó de lado sus preparativos y se fue a sentar al lado de su amigo. — ¿Cuál es el problema?

— El problema es que no se interesa por mí, trato de acercarme y ella sólo se limita a tratarme como un amigo. ¡No la entiendo! Ah, pero eso sí, si se trata de Jonathan, o, ¡se le va hasta la lengua! — Se quejó el castaño desahogándose al fin.

— Es la chica gótica, ¿no? — Jackson afirmó la cabeza. — ¡Estúpido! ¡Ella ha salido con Jonathan desde hace años!

— ¿¡Qué!? ¡Pero jamás los veo juntos! — Asami frunció el ceño.

— Porque no lo veas no quiere decir que no exista. Es como la magia, no la puedes ver... — Asami movió su muñeca de forma circular y, del árbol que se asomaba por la ventana de su habitación, floreció un limón. — No quiere decir que no exista.

— ¿Y tú punto es...? — Se hizo el tonto Jack.

— Que eres un idiota que no observa. — Le reprendió la chica de cabello color azabache al mismo tiempo que le daba un zape a su amigo.

— De acuerdo, de acuerdo. Ahora, vamos, te ayudo a arreglarte. — Se ofreció Jack antes de que Asami se lo pidiera como era costumbre.

— Claro, ayúdame a peinarme.

— Como quieras, total, siempre acabamos así.

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El color naranja rojizo predominaba el ambiente, la paz que se sentía en el aire era agradable, las luces de los faroles de la calle parpadeaban para posteriormente prenderse definitivamente ante la amenaza inminente de que la noche caería. En el poniente, una mansión de enorme tamaño se vislumbraba, aunque no se vieran, algunos hombres la custodiaban desde las recientes sombras que creaba el atardecer. Adentro, todo era silencio, los pasillos estaban en una calma sepulcral, cada quien se concentraba en sus cosas, ya sea leyendo, entrenando o lo que sea que Shego y Kim hicieran en su tiempo libre. Si, era un buen ambiente. Hasta que llegó Anna. Lo que era paz, ahora estaba convirtiéndose en una zona de guerra. Donde sea que la pelirroja ocre pasara, dejaba un rastro de caos que su perseguidor seguía y empeoraba a la vez. Renee no iba a estar feliz cuando regresara de su misión de investigación y encontrara la mansión patas para arriba gracias a un pequeño juego entre sus dos hijas: Elsa y Anna. La mayor de las Arendelle Frozen perseguía a la menor con sumo afán, tenía que capturarla, lo debía hacer, no le permitiría burlarse de ella otra vez.

Elsa estaba tranquilamente en su escritorio leyendo los avances de la investigación sobre Jackson Overland Frost y su abuelo, Drácula. Hasta ahora, lo único relevante sobre el caso Overland era que su mejor amiga era una wicca que jamás tuvo contacto con sus semejantes, al parecer su padre -un simple mortal- le negó todo acceso a su mundo; igual que Anna; pero ese no era el punto, aún no podían averiguar nada "sobrenatural" acerca de aquel joven de cabello castaño. Por el lado de su abuelo Drácula, no había mucho que decir tampoco: Había sido un vampiro que se deleitaba con ver a sus víctimas desangrarse poco a poco y, posteriormente, beber hasta la última gota de su sangre. No iba a discutir con ellos, después de todo, son vampiros, beber la sangre recién extraída de un humano los conducía a un estado erótico que ni ellos mismos podían controlar. Perder la "virginidad" -poniéndolo en una ideología humana popular- para un vampiro era beber sangre director de una presa y, se dice, que cuando bebes la sangre de la persona que está destinada a pasar su eternidad contigo, no hay placer más grande. Elsa reflexionó acerca de ello, si ese fuera el caso, su "virginidad" la había perdido con su hermana cuando ella tenía ocho años, pero jamás sintió aquella reacción en su cuerpo, quizá porque eran hermanas y beber de su sangre era como beber de la de ella, y eso no era para nada placentero.

Mientras la rubia leía con nada de interés lo papeles, una joven pecosa vestida con un short corto azul, una blusa negra y un chal rosa se adentró en su oficina sin tocar la puerta, sonreía como el gato Cheshire para mostrar aquellos albinos caninos nuevos que le habían crecido. La muchacha de ojos azules claros y tez pálida alzó la mirada para contemplar a la persona que había irrumpido en su oficina, no necesitaba verla para saber quién era, la sentía a kilómetros de distancia, pero aun así, era un bonito toque. Anna y Elsa compartieron miradas por un rato hasta que la menor, con una sonrisa pícara y traviesa, metió su mano dentro de la bolsa de su short y, con gracia, sacó un chocolate. Pero no cualquier chocolate. Era uno fabricando a base de sangre y endulzado artificialmente para que adquiriera aquel peculiar sabor. Todos sabían que los vampiros no soportaban nada bien el chocolate, así que se limitan a comerlo sólo cuando un humano estaba cerca y no tenían excusa alguna para quitárselo de encima. Claro, que como hablamos de un ser mitad vampiro y mitad hombre lobo, a eso súmenle el daño que le hace aquel dulce a un camino. Básicamente: Elsa adoraba el sabor a chocolate, pero era incapaz de comer aquel suculento manjar, así que su tía le mandaba a hacer esos chocolates especiales que, desde que Anna adquirió sus poderes vampíricos, jamás había vuelto a probar gracias a su hermana pequeña. Y ahora, ella sostenía el último en frente de sus ojos. Anna miraba con malicia a su hermana mayor, adoraba que le prestara atención al fin, ¿y qué mejor forma de hacer que aquellos ojos azules que tanto añoró de pequeña se posaran en su ser que robando y devorando su dulce predilecto? Lo movió unas cuantas veces antes de echarse a correr. Ahí empezó todo.

Elsa al ver que su hermana desaparecía con su última delicia, la imitó tan rápido como su cerebro logró descifrar la orden que le daba. Toda la mansión se enteró de aquello: Donde sea que esas dos pasasen, el caos iba con ellas. Papeles tirados, muebles ladeados, personas empujadas, alguno que otro jarrón antiguo roto, rasguños en las esquinas, marcas de pies en las paredes. Todo un caos. Pero con ese caos, las risas no faltaban, pues, lo que había comenzado con una persecución por un caramelo, ahora era un simple "atrapar a Anna", sin necesidad de tener aquel suculento dulce de recompensa. La menor de las hermanas motivaba a la mayor a atraparla, y ésta, a su vez, le daba razones por las cuales no debía ser atrapada y que sería mejor que siguiera corriendo. El juego de ambas chicas hubiera seguido hasta quien sabe qué hora, si tan sólo no hubiese aparecido aquella figura materna que ambas tenían. Renee. Cuando la joven apareció delante de ellas deteniendo su persecución con una cara de pocos amigos, las dos chicas sintieron como su estómago se contraía y sus caras reflejaron el terror a una reprimenda que siente un hijo cuando es encontrado por su madre haciendo algo malo.

— ¿Se puede saber qué demonios están haciendo? — Preguntó la joven de cabellos morados.

— Eh... ¿jugando? — Habló Anna alzando los hombros.

— ¿Y por un juego es necesario poner la mansión patas arriba? — Cuestionó aún más enojada Renee.

— Yo... Eh... — Tartamudeaba la pelirroja nerviosa.

— ¿Y tú, Elsa? ¿No piensas decir nada? — La rubia se puso más pálida de lo que ya era, jamás en su vida había hecho algo así, puesto que siempre estaba ocupada.

— Yo no... Es que... — Pero igual que la menor, no podía decir nada coherente gracias a los nervios.

— Mejor váyanse a la mansión a arreglar, hoy es un día muy importante. Más vale que cuando vaya tú estés como una princesa y tú como un caballero. — No hizo falta más, las hermanas salieron corriendo hasta su hogar.

Las jóvenes se dividieron al llegar a su hogar, Elsa se fue a su recámara, se dio un baño y empezó a arreglarse: Se puso su ropa interior, se secó el cabello y lo ató en una trenza con un listón azul, los cabellos que le caían en la cara los hizo para atrás con su mano quedando con un aspecto algo rebelde. Fue hasta su ropero de madera y lo abrió, analizó todas sus vestimentas y, al final, decidió usar un traje azul marino. Lo tomó y lo aventó en la cama, cogió la camisa blanca de botones cuello "v" y empezó a abotonarla, luego tomó los pantalones y sé los colocó a la altura de la cintura, se fajó la camisa e hizo los ajustes necesarios para que sus pechos no se notaran, fue por su corbata y la ató mientras se miraba en el espejo. Ya una vez casi lista, fue por su saco y se lo puso, se miró por última vez al espejo y jamás se sintió más orgullosa de ella misma. Parecía un muchacho, un muchacho hecho y derecho, tenía una cara fina, pero no era significante, pues su cuerpo bien formado le compensaba aquel pequeño detalle. Sin duda alguna, si ella no supiera su género original, pensaría que la persona reflejada en aquel espejo era un joven con una cara tan fina que derretiría a cualquier mujer. Y, en ese momento, recordó algo que se empeñaba en olvidar: Las mujeres no le atraían. Esa noche sería la indicada para presentar a su hermana ante la sociedad y, con ello, su compromiso con ella al mundo oscuro. Su ceño se frunció y trató de volver a olvidar lo que tenía que hacer esa noche, tomó un broche en forma de copo de nieve de color negro que estaba sobre su tocador, se lo puso en la solapa del saco y bajó a la sala a esperar a su hermana.

Anna apenas llegó se duchó e hizo **todo eso que una mujer hace (y que Elsa también realiza a pesar de no tener la obligación estética). Salió y se hizo un peinado en forma de cebolla dejando caer algunos mechones, se miró al espejo y admiró su labor de aproximadamente media hora, aún le era extraño no ver aquel mechón rubio que había tenido consigo desde nacer, pero supuso que era el precio a pagar. Miró su cuello con atención, no tenía marcas, pero sabía que los dientes de Elsa habían estado ahí. El beber sangre de tu familiar carecía de todo toque erótico, pero aun así, sabía que su hermana había gastado su primera mordida con ella, y para Anna, aquello significaba que Elsa estaba dispuesta a todo para protegerla. Sintió sus lágrimas correr por sus mejillas, desde que vio la oscuridad se sentía culpable por obligar a Elsa a cargar con todo por tantos años, sabía que no debía llorar, sólo haría que su hermana, su heroína, se preocupara por ella. Se secó la sal que corría por su cara y decidió enfocarse en terminar de alinearse para la fiesta. Se puso su un vestido verde moho con adornos dorados en forma de flor, tenía un escote decente y apto para una joven de quince años -según Elsa, quien había comprado personalmente el vestido-, unos zapatos bajos de color semejante al vestido, unos accesorios de joyería y un poco de maquillaje, los vampiros tenían una belleza natural que el simple uso de aquellos polvos eran innecesarios, por no decir que sólo le hacía perder la belleza.

Elsa estaba esperando a su hermana en la sala, quizá era por su crianza masculina, pero como odiaba que Anna se tardara. Se sentó en el sofá y tomó su móvil, entre los mensajes tenía varios de su tía, no los había visto. Abrió la mensajería y, en ella, había diez fotos adjuntas; las descargó y fue directo a su galería. Sus ojos se abrieron como platos. Era fotos de Jackson. Todas eran imágenes de él en la escuela, pero una le llamó la atención. Overland estaba sonriendo con una chica, pero ésta sólo lo ignoraba. ¿Cómo demonios se atrevía a ignorar a aquel chico? Algo en su interior se entristeció cuando entendió el fondo de aquella imagen. Jackson estaba feliz al estar con esa chica. Miró más detenidamente a la joven, cabellos negros, ojeras, y muy femenina. Lo que ella jamás llegaría a ser. ¿Alguien, que no fuera mujer, se fijaría en ella? En algún momento, quizá dentro de cien, doscientos, un siglo a lo mucho, los otros líderes le exigirían a ella un heredero, pues se demandaba que por lo menos cada líder de clan tuviera un descendiente por si algo le pasaba; por obvias razones, Anna y ella jamás podrían concebir un hijo. Miró de nuevo la imagen de su móvil, el cabello castaño de Jackson relucía y atraía a Elsa como un imán, quería tocar aquel mar café, pero en cuestión de segundos cortó ese hilo de pensamientos. No era tiempo de pensar en cosas estúpidas, ese humano tenía el destino de más de una raza entre sus manos y aún no sabía la razón.

Mientras luchaba con las ganas de contemplar la imagen de Frost, percibió a su hermana salir de su habitación; se paró y alzó la mirada en dirección a la gran escalera que unía la parte superior de la mansión con la inferior, aquella escaleras se dividía en la parte superior en dos caminos ascendentes: la escalera derecha codicia la parte que le pertenecía a Elsa (biblioteca, estudio, sala de cómputo, su propia recámara, etc); y la escalera izquierda a la parte que le correspondía a Anna (salones mayormente oscuros, una pequeña cocina, un jardín techado y una sala de estudio especial para ella). Elsa admiró el vestido de su hermana, se veía como una princesa y se sintió orgullosa de ella, al menos que una de las dos honrara a su madre mostrado aquella belleza femenina le hacía que el peso de ser un "hombre" fuera más liviano. Se acercó hasta donde Anna estaba y la tomó del brazo como un caballero, le ayudó a bajar las escaleras y a subirse a la limosina donde su tía ya les esperaba para hacerles compañía en el camino. Ambas subieron y su madre les dio una mirada a ambas, estaban bellísimas, aunque, claro está, Elsa se vería aún más radiante con un vestido.

Llegaron a un antiguo castillo nórdico que Esmeralda había alquilado para realizar la fiesta, aquella bruja tenía algunas ideas demasiado antiguas comparadas a la época donde vivían. Elsa ayudó a su hermana a bajar y recibió órdenes estrictas de presentar a Anna como su hermana a todos los invitados, a seres nocturnos como diurnos, los de su especie entenderían el mensaje subliminal. También le indicó que, por precaución, debía coquetear con alguna que otra joven que se interesara en ella. Anna obviamente se alteró a escuchar eso, ¿¡su hermana iba a coquetear con mujeres!? ¿¡Es que acaso su madre se estaba volviendo loca!? Iba a reprochar, pero no le dio tiempo, su hermana acató las órdenes, cerró la puerta y antes de que pudiera decir algo, la limosina ya se estaba alejando. Donde antes estaba el lujoso carro, ahora sólo estaba una muchacha morena con un vestido elegante azul, tenía una especie de pechera blanca que le cubría toda la parte superior hasta la mitad del cuello, la tela le caía con gracia y una cebolla adornaba su cabeza. Korra estaba ahí como su guardaespaldas. Aquella wicca le debía su vida a Elsa, literalmente hablado, le salvó de ser quemada viva hace tres años en un pequeño pueblo donde ella fue de misión, desde ese entonces, Korra había desarrollado una fuerte unión a Elsa, tanto a nivel laboral como personal. Se podría decir que estuvo enamorada de ella un tiempo, hasta que empezó a verla más como un "amigo" que como un prospecto de novio.

Elsa miró a Korra, tenía una relación bastante buena con aquella wicca, no tan apegada como la de sus protegidos, pero igualmente era amiga suya. La joven rubia movió la cabeza de forma ascendente para indicarle a la morena que su hermana y ella iban a entrar a la fiesta, se dio media vuelta y empezó a caminar en dirección al gran salón seguida muy de cerca por la muchacha morena. Llegaron a la puerta y, apenas el guardia de seguridad confirmó quienes eran, entraron al gran salón del castillo que estaba habilitado exclusivamente para aquella ocasión. Cuando ambas entraron, ninguna mirada se fijó en ellas, pero si varios sentidos de los invitados. Anna aferró el brazo de Elsa como si estuviera en un río y aquel pedazo de piel fuera el único trozo de madera que le ayudaba a flotar. Elsa notó el nerviosismo de su hermana y sólo le sonrió para tranquilizarla. Intentaron entrar en el ambiente, el olor a humano les molestaba las fosas nasales, pero lo soportaban bastante bien. Después de unos minutos lograron acoplarse al ambiente. La joven rubia estaba sirviéndole algo de "jugo de tomate especial" que daban en la barra de bebidas a su hermana, cuando de repente, sintió una presencia detrás de ella. Una wicca.

— Buenas noches, joven Arendelle. — Reconocía esa voz, Asami Sato, tenía unos cuantos negocios con ella y, además, ahora la veía como alguien de interés por ser apegada a Jackson.

— Buenas noches, señorita Sato. — Saludó cortésmente la rubia. — Permítame decirle que luce magnífica está noche.

— Oh, gracias. — Le respondió la pelinegra con una sonrisa. — Usted siempre tan alargador.

— Bueno, soy un caballero después de todo... — Elsa cogió la mano de Asami y depositó un leve beso en su planicie. — Y es mi deber como tal es llenar de halagos a una joven empresaria tan hermosa como usted.

Elsa podría tener fama de ser una persona frívola y de difícil acceso, pero cuando se encontraba en alguna fiesta formal no había mujer que no cayera ente sus encantos. Y así seguiría, sino fuera porque ahora tenía la compañía de su hermana menor quien, al ver como su "heroína" demostraba lo "masculina" que era con otra mujer, se metió en medio de ella dos y aferró con fuerza a la joven rubia. No iba a permitir que una wicca cualquiera coqueteara con Elsa.

— Oh, que descortés soy... — Se excusó la rubia al ver que Anna la había agarrado. — Señorita Sato, está es mi hermana menor: Anna Arendelle Frozen. No la había traído antes, puesto que estaba en un internado en el extranjero y apenas hace unos meses se trasladó aquí.

— Mucho gusto, soy Anna. — Extendió la mano la pelirroja para estrecharla con aquella "bruja".

— Es un placer, soy Asami Sato, mi padre tiene un convenio con la empresa de su hermano. Como normalmente mi padre viaja, soy la que más contacto tiene con el joven Arendelle. — Asami miró con atención a la hermana menor de Els, realmente se parecían bastante y a la vez no.

— Por favor, señorita Sato, dígame Els. — Pidió amablemente Elsa.

— Sólo si usted me llama sólo "Asami".

— De acuerdo, Asami. — La mirada celeste de la rubia se juntó con la verde de la azabache, por ser un vampiro, la joven Arendelle tenía la lujuria en la mirada.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Asami, pero sólo para indicarle que aquel joven era peligroso. Algo no le gustaba de Els, desde que lo conoció, jamás había entendido que era aquella extraña cosa que no cuadraba en el rubio. Pero la verdad era algo diferente, la joven azabache por ser una wicca, tenía ciertos talentos para poder identificar a seres como ella. Entre estos, vampiros. Aquello que no le gustaba de Els era simplemente su instinto diciéndole que aquel joven era un ser nocturno, tal y como ella, de un rango superior. Pero con poderes o sin ellos, aquella mirada lasciva podía penetrar a la bruja, sin saberlo, fue acortando la distancia entre ella y Els haciendo que el orgullo de la rubia creciera un poco. No todos los días tenía la oportunidad de probar que tan hombre era después de todo.

— Eh... ¡Els! Quisiera tomar algo de aire fresco. — Irrumpió Anna al ver lo peligrosamente cerca que estaba Sato de su hermana.

— Claro. Con su permiso, señorita Asami. — La rubia tomó la mano de la muchacha de ojos verdes y la besó como ella acostumbraba.

La chica de cabellos negros observó como aquel rubio se alejaba y, con él, aquel transe que le había cegado unos minutos. Tuvo la vaga idea de que Els quizá fuera un wicca como ella, pero lo dudaba, no sentía ninguna magia natural en él. Nada de agua, tierra, fuego, aire o verde. Solamente una oscura presencia que, apenas ver los hermosos ojos azules que poseía, quedaba en el olvido e ideas de que la tomara entre sus brazos aparecían bombardeando toda su masa gris. Como odiaba eso. Suspiró con enojo y, antes de marcharse, logró percibir algo. Fuego, tierra, agua, aire, verde. Todo junto en un mismo ser. Abrió los ojos como platos, eso era más que imposible. Una wicca no podía dominar más de un elemento natural. Buscó con la mirada el origen de aquella fuerza y, en ese momento, la vio. Una chica de morena piel, ojos azul cielo con la inocencia más pura grabada en ellos, pero de igual manera, mucho dolor, tenía una masa muscular bastante voluminosa para ser una chica y usaba un vestido que le quedaba más que bien. Asami lo sabía, era una wicca como ella. Aquella joven la miró, pero sólo por unos segundos antes de seguir a Els al balcón. Su mirada en ella caló en algo que no pudo identificar, su corazón se aceleró y sus pómulos se ruborizaron. Debió de haber bebido mucho. O bien, eso fue lo que se obligó a creer Asami. Por algo era amiga de Jackson.

Elsa había acompañado a su hermana al balcón a tomar algo de aire, la fiesta de solteros iba bastante bien, pero no para ellas dos. La pelirroja ocre se tomó del hermoso barandal de plata y miró a la luna, aquel mundo era demasiado extraño para ella aún; en el camino se habían topado con dos parejas que iban discretamente al baño juntos, Anna no era una pequeña niña y entendía -desde que era vampiro- que aquel ser masculino semejante a ella iba con la comida -una humana- para dejarle huella en cualquier sentido de la palabra. En el camino, encontró a un joven que le resultado realmente atractivo, en cuestión de segundos, sus instintos vampíricos despertaron e incitó con sus poderes a aquel chico a acertase a ella de una manera no muy casta; si no hubiese sido por Elsa, no dudaba que sus instintos naturales se hubieran salido con la suya. Todos esos detalles la estaban asustado, jamás había pensado que ese mundo será tan oscuro. Su hermana mayor al parecer notó lo confusa que estaba, pues se puso a su lado y la tomó del hombro en señal de apoyo. Elsa sabía mejor que nadie que ese mundo no era nada bonito, eran la representación de la lujuria y era por algo.

— ¿Todo bien? — Preguntó la mayor a la menor.

— No... No lo está... — Respondió la pelirroja con tono triste.

— ¿Fue por lo del joven que hipnotizaste? — Anna quedó impactada al darse cuenta de lo que su hermana le preguntaba.

— ¿C-Como lo...? — Pero no pudo acabar la pregunta.

— Me pasaba lo mismo. Cuando tenía tu edad, entré a este mundo de sociedad y vicios... Recibí varios regaños por parte de Bella por hechizar a los jóvenes en vez de a las muchachas. — Una pequeña risa salió de los labios de Elsa. — Tenía muchos problemas para poder tener contacto de forma íntima con una mujer...

— Pues hoy no se vio así. — Le refutó Anna.

— Son años de práctica, Anna, para mi, esto es un deporte ahora. Aunque debo confesar que no me veo en una relación con una mujer, la tan sola idea me perturba demasiado... Como ya he dicho antes: Una cosa es... — Pero la joven se calló. Sintió que alguien las observaba.

— ¿Una cosa es...? — Trató de incitarla Anna, pero sólo logró ser silenciada por su hermana.

— ¿Qué quieres, Frollo? — La menor miró a la mayor como si le faltará un tornillo, pero al ver que un hombre de ya edad avanzada salía de entre las sombras comprendió el porqué de su tensión tan abrupta.

— Veo que tienes sentidos muy sensibles, Elsa. Estaba seguro que había escondido mi presencia al cien por ciento. — Habló el hombre mayor.

— No estoy para tus parladurías, Frollo. Mejor vete a lamerle las botas a Simbad. — El ceño del anciano se frunció, Simbad era el líder de los vampiros y él su segundón, no le gustaba mucho que se lo recordasen, pues el líder era mucho menor que él.

— ¡Cuida tu boca, niño mimado! Alguien podría venirte a arrancarte la lengua. — Le amenazó Frollo, cosa que no le gustó para nada a Elsa por hacerlo frente a su hermana menor, además de que jamás le había caído bien aquel anciano.

— Pues que venga, estaré listo para mandarlo al infierno eternamente, así como lo hice con Drácula. — Respondió Elsa, si querías sobrevivir en aquel mundo, debías ser realmente fuerte tanto mental como físicamente.

— ¿¡Cómo te atreves!? — Gruñó Frollo alzando la mano haciendo ademán de pegarle a la rubia.

— Uy, qué miedo, ¿me piensas pegar? — Avivó la llama Els.

— Herma... Hermano... Tranquilo... — Habló Anna, pero no fue escuchada.

— Más te vale que te cuides, niño. No te creas invendible porque derrotaste al más débil de lo Última Noche...

Y diciendo eso, Frollo se alejó de las muchachas. Elsa se sintió más que indignada, ¿quién demonios se creía ese anciano para espiar sus conversaciones privadas con su hermana? ¡Estaba loco! ¡Tantos años de envidiar a Simbad estaban perjudicando la salud mental del anciano! Pero bueno, eso no iba a dejar que Anna tuviese una mala primera fiesta. Con una falsa sonrisa, su hermana y ella volvieron a la fiesta. Esmeralda no cabía en su sorpresa al saber que Els tenía una hermana, algunas vampiresas sintieron celosas de Anna por recibir toda la atención del vampiro más codiciado de todo el mundo nocturno, no faltaron tampoco los jóvenes que envidiaban a Els por ser quien es y, ahora, tenía libre acceso a una hermosa vampiresa que era nada más y nada menos que su hermana menor. Todos los sabías, Els y Anna debían estar comprometidos por ser hermanos de una única raza, o por lo menos, tenían en mente el comprometerse el uno con el otro en un futuro. Pero eso no impedía que Elsa tuviera proposiciones en toda la fiesta, obviamente las rechazaba a todas, pero no sin antes hacerle de conquistador. Así era Elsa, o bien, el chico que "era". Conquistador con las mujeres y un camarada con los hombres, pero el fondo, ella sabía que aquel chico tenía una falla: Podía seducir a las mujeres, pero no sentía atracción alguna y menos algún deseo por ellas.

Al día siguiente de que la fiesta culminara, Elsa volvió a su trabajo normal: Líder de los Copos Oscuros y la encargada de mantener la paz entre los clanes. Todas sus labores eran más que tediosas, y más ahora que hacía años ningún ser nocturno jugaba encontrar de la paz entre clanes, lo cual la dejaban sin misiones. Esa misma mañana, recibió un comunicado de parte de su tía sobre el caso "Jackson", según la información que le había brindado Renee: Mañana en la noche el joven castaño saldría con su amiga wicca al cine, los Última Noche aprovecharían aquel encuentro para raptar al joven pecoso y hacer lo que ellos quisieran con él. Elsa al leer aquello, saltó de su silla práctica, ¡no podía permitir eso! ¡El destino de todas las razas dependía de aquel humano! A pesar de que aún no supieran cual era el objetivo de tener a Jackson ente ellos. Debía organizar una misión de vigilancia para mantener seguro a Jackson, pero su tía aún estaba investigando su encargo, Shego estaba en recuperación, por ende, Kim estaba fuera de sus planes; así que el grupo quedaría entre Korra, Bella y ella. "Nos van a dar la paliza de nuestra vidas si nos encontramos con ellos...", pensó la rubia suspirado amargamente mientras se rascaba la nuca.

Jackson se había despertado muy temprano esa mañana, iba a ir con su mejor amiga a ver una película ¡donde pagaría ella! ¿Había cosa mejor que una ida gratis al cine? No mal entiendan a Frost, la amistad con Asami era sincera, pero había que ser realistas: Overland no tenía tanto dinero como Sato, así que no le mostraban para nada que la chica le invitara a salir de vez en cuando. Se alistó y salió en dirección a la casa de Asami donde la pelinegra ya lo esperaba para marcharse en el "satomovil" -un carro deportivo que el padre de la wicca le había regalado en su cumpleaños- al cine. Se subieron en el auto y fueron en dirección al cinema más cercano. En el viaje, Asami le contó sobre el extraño encuentro con Els, normalmente cuando se encontraba con él de manera laboral era frío, pero ayer, salió otro Els que jamás había visto. Mientras Asami le hablaba a Jackson sobre el intento de seducción que hizo Els en la fiesta, el castaño no pudo evitar poner una cara de asombro. Al Els que él había conocido no lo recordaba como un conquistador, era atractivo, seguro de sí mismo, su sonrisa podría causar miles de cosas... Pero la idea de imaginar a aquel joven seduciendo a cualquier mujer no le gustaba. En un instante, cambió de tema a su mejor amiga para evitar cualquier mal comentario.

Ambos jóvenes seguían platicando de asuntos triviales mientras caminaban hasta el cine sin notar que tres personas los observaban escondidas entre las sombras. Elsa había elegido a Bella, Korra y Merida para hacerle compañía en la misión de vigilancia; Shego al enterarse que ella no sería invitada a dicha misión, hizo que su humor explorara. Lo bueno es que Kim estaba ahí para tranquilizarla y evitar que destruyera toda la central. La líder de los Copos se escondía en la copa de un gigantesco árbol que daba justamente contra la entrada del cinema, agudizó sus sentidos para percibir cualquier anomalía, debía estar atenta ante cualquier signo de movimiento enemigo. Bella estaba oculta en una camioneta en el estacionamiento haciéndose pasar por una madre que esperaba a su hija. Korra vigilaba por dentro del cinema, por si el atentado se cometía dentro de las instalaciones. Elsa, quien peleaba con las ramas del frondoso árbol que se le metían en la boca, extendió su mano dejando ver un majestuoso guante azulino que le cubría la mitad de los dedos -no era la mejor opción para el frío, pero buena si querías comunicarte con alguien-, en el centro se podía ver una pequeña piedrilla de color lavanda. La rubia susurró algunas palabras en una lengua antigua originaria de las brujas y, de inmediato, aquel mineral empezó a despedir un humo que adquirió la forma de Korra quien se podía apreciar devorando palomitas sin siquiera detenerse para respira.

— ¡Korra! — Chilló en voz baja Elsa reprendiendo a la wicca.

— ¡E-Els! — Tartamudeó la morena limpiándose el exceso de mantequilla.

— Korra, estás ahí por una misión, no para comer. — Le recordó la rubia. — Como sea. ¿Cómo va todo allá adentro?

— Nada sospechoso, por el momento. La princesa y el plebeyo entraron a ver una película de acción, no he sentido nada y los humanos no han gritado, así que he de suponer que todo marcha tranquilamente adentro. — Reportó la joven wicca.

— ¿Y sé puede saber por qué no estás adentro con ellos? — La cara contraída, las cejas alzadas y las palabras sin nexos de la melena fueron suficientes para que Elsa comprendiera el meollo del asunto. — Te echaron de la sala, ¿no es así?

— ¡Es que me senté con un niño fastidioso! ¡No me dejaba de lanzar palomitas y cosas así! ¡No iba a permitir que un niño se burlara de mí de esa forma! — Empezó a explicar la figura etérea de Korra, pero en ese instante algo llamó la atención de la morena. — Ya salieron, los voy a seguir hasta la puerta.

Apenas la joven de piel caoba cortó la comunicación, dirigió su andar hacia sus dos objetivos. Debía seguirlos de cerca sino quería ser reprendida por Els. Mientras la wicca vigilaba a Jackson y Asami, Elsa esperaba la salida de ambos jóvenes, sus hombros estaban tensos, su corazón latía con fuerza y el sudor empezaba a emanar de su piel. Si el castaño y si acompañante lograban llegar hasta el carro sin que nada ni nadie los atacara, daría por concluida la misión y le ordenaría a su tía que dejara la investigación. Cuando vio salir del cine a Overland y Sato seguida de Korra dio un gran suspiro de alivio, estaba a pocos pasos de que diera por culminada aquella noche. Faltando apenas centímetros para que la pareja de adolescentes llegaran al carro, algo llamó la atención de Elsa, algo que jamás había sentido con anterioridad: Frío. La temperatura a su alrededor había decaído drásticamente, y eso era algo realmente extraño a menos que... ¡Claro! ¿Cómo pudo ser tan estúpida? ¡Obviamente no iban a venir los miembros de los Última Noche a por su presa! ¡Y menos si está era humana! Contratarían a alguien para hacer el trabajo sucio, ¿y por qué no a un ser infernal? «Un espectro demoniaco», concluyó la rubia mientras daba un saldo para descender del árbol.

— ¡Bella, Korra, posiciones! ¡Hemos sido idiotas, no va a venir ningún vampiro, contrataron a un espectro demoniaco! — Gritaba Elsa mientras corría en dirección a los jóvenes, sólo esperaba poder llegar a tiempo.

Jackson y Asami salían felizmente del cinema, se la habían pasado realmente bien, a excepción de aquella muchacha morena que armó un pleito con un niño. El castaño y la pelinegra caminaba en dirección al "satomovil" mientras dialogaban sobre el largometraje que contemplaron, desde el punto de vista de Jack, la película fue épica: Explosiones cada cinco segundos, mucho fuego, acción sin parar, disparos, muertes, sangre, lo mejor que pudo haber visto ese mes. Por parte de Asami, digamos que lo que más le llamó la atención a la joven fueron las máquinas que salían en toda la película, la muchacha tenía el alma de un ingeniero con el espíritu de una wicca verde, una extraña combinación según su mejor amigo. Estando a pocos centímetros del vehículo, ambos jóvenes se detuvieron abruptamente gracias a una ráfaga de frío que los heló hasta los huesos, era extraño que la temperatura bajase tan drásticamente en esa estación del año. Tanto Jackson como Asami se abrazaron así mismos mientras intercambiaban miradas de confusión, jamás pensaron que aquel frío sólo sería la advertencia de que sus vidas cambiarían por completo.

De estar en el suelo, Jackson pasó a estar flotando por los aires gracias a una fuerza desconocida. El grito que dio Asami sólo sirvió para alarmar a la joven rubia quien ya estaba en la escena, miró con asombro como el castaño era elevado por los aires y siendo meneado como si de una muñeca de trapo se tratase; Elsa activó su vista vampírica que le permitía ver a aquel ser intangible e inviable, si se pudiera describir al ser que en esos momentos miraba la rubia, sería de la siguiente manera: Toma al ser más feo que hayas visto, ponle extremidades animales y ojos humanos. Ahí tienes al espectro que miraba la rubia con el ceño fruncido, ya los había contemplado antes, pero no tan cerca como en esos instantes. ¿Qué debía hacer? El tiempo pareció detenerse a su alrededor, pensaba con una velocidad que sería imposible de imaginar, trataba de recordar las lecciones que había recibido por parte de Bella y de Shego, ¿cuál era su debilidad? ¿Cómo se mataba a un ser que no existía en su plano de la realidad? A veces ser una criatura nocturna era prácticamente ser un erudito de tu propio mundo donde saber la debilidad o la historia de determinado objeto u especie era la diferencia entre mantenerse vivo o muerto.

Mientras Elsa aún trataba de recordar las lecciones aprendidas, como si el cielo se apiadara de ella, Bella llegó junto con Korra. Apenas la joven de castaña cabellera notó la presencia del espectro, empezó a buscar entre sus vastos conocimientos la manera de acabarlo. Y para suerte de todos. Lo recordó. Llamó la atención de la rubia y empezó a explicarle como debía actuar al ver que ella no se acordaba de la manera de proceder: Para "asesinar" a un espectro demoniaco, lo mejor era ahuyentarlo con magia blanca, ¡y para su fortuna, tenían a Korra de su lado! La morena junto con Asami eran los únicos seres que podían ejecutar magia blanca, Elsa y Bella, por otro lado, habían nacido con mágica negra gracias a sus orígenes licantrópico y vampíricos. Así que sólo bastaba con que Korra desplegara su poder y lo dirigiera al ser que para sus ojos era invisible, con ayuda de Bella sería relativamente sencillo, total, sólo era uno. Y todas rogaban porque sólo se quedara como uno. Tener dos, tres, o cuatro espectros demoniacos conduciría a que Korra sufriera una sobrecarga de poder, o en últimas consecuencias, que Elsa aumentara la propuesta que les dieron, y eso, no era muy accesible, sólo aquellos fantasmas y sus contratistas sabrían que demonios les dieron de a cambio.

Elsa dio algunas órdenes y el trío se separó, la líder se puso abajo de castaño para amortiguar la caída, Bella y Korra se quedaron dónde estaban, era hora de iniciar la operación. La mujer de cabello castaño activó sus sensores oculares licantrópicos para poder observar al espectro, sin quitar la vista del fantasma, le dijo a la morena a donde estaba y como debía apuntar. Korra sonrió feliz, iba a usar sus poderes y nada le gustaba más que eso, respiró profundamente y, casi al instante, sus ojos empezaron a brillar, extendió sus manos acatando las órdenes que le daba Bella, confiando firmemente en ella, movió sus brazos en la dirección que le decía y, sin más, de sus palmas salió un rayo de luz blanco que impactó de lleno contra el espíritu, provocando que soltara a Jackson y, a su vez, que cayera en los fornidos brazos de Elsa, quien, apenas tuvo al muchacho bien sujeto, se echó a correr sin rumbo fijo mientras ordenaba la retiraba y le pedía a Korra que tomara a Asami y la trajera con ellas. La morena, muy "obediente", cogió a la pelinegra por las piernas y la puso sobre sus hombros para iniciar la carrera.

— ¡Oye, bájame, no soy ninguna chica como para que me trates así! — Chillaba Jack, pero aunque no le gustara admitirlo, le encantaba estar en esa situación con Els, no lo veía desde hacía días.

— No es momento para hablar, Jackson. — Le reprendió la rubia sin siquiera mirarle.

— ¡Ey, bájame! ¿¡Acaso no sabes quién soy yo!? — Graznaba esta vez Asami mientras pataleaba sobre el hombro de Korra.

— Mira, princesa, sólo recibo órdenes del jefe. — Dijo la morena de mala gana, la pelinegra no le estaba dando la mejor primera impresión del mundo.

— Els, esto no durará para siempre, el espectro se recuperará y vendrá por el humano de nuevo. — Habló Bella poniéndose al par con la rubia.

— ¿Qué sugieres hacer, Bella? No podemos acabar con él en este plano dimensional y no tenemos ninguna bruja en estos momentos, además, sólo Bayonetta podría abrir uno a cambio de un precio que no estoy dispuesto a pagar. — La castaña miró al joven que tría la chica y de nuevo a esta. Tenía una idea, no sabría sí funcionaría, pero lo tenía que intentar.

— Debes marcarlo. — Fulminó Bella provocando que Elsa se detuviera de golpe.

— ¿¡Márcalo!? ¿¡A él!? — Chilló Elsa casi con horror.

— Por ahora, es la única salida que veo. A menos que: O te quieras acostar con Bayonetta, o aumentes el precio acordado con el espectro. Y ninguna de las dos opciones es muy fiable. — Bella estaba segura que su plan tenía pocas esperanzas de ser exitoso, pero era lo único que tenía en ese momento. La marca.

Elsa miró de reojo a Jackson, por su cara no tenía ni la más mínima idea del hilo de la chalarla. ¿Marcaría a Jack como de su propiedad? Habían muchas cosa en juego: Para empezar, -y la más importante desde el punto de vista de la rubia- Frost se volvería una clase de incubu para ella, o mejor dicho, al revés: Ella se volvería una súcubo por Overland, sus instinto más bajos florecerían con tan sólo mirarle, la tentación de atraerlo hacia ella y escucharlo decir su nombre estaría siempre ahí. A veces el sirviente nocturno -el que recibía la marca- era el que más ganaba en aquel acto: Nadie se le podría acercar, pasaría a ser técnicamente miembro de la familia de su amo, estaría lleno de lujos y demás cosas. Mientras que el pobre vampiro, sólo tenía como ventaja su sumisión total por parte del marcado. ¿Algo injusto, no? Ahora, tomando en cuenta todo lo anterior y agregando el factor: Elsa es chica, pero debe ser un chico. El asunto se encrespaba más aún. La joven líder de los Copos Oscuros estaba en la indecisión total, ¿en serio debía marcarlo? Sabía que le ocurriría a ella, ¿y aun así lo mordería para mostrarle al mundo que él era suyo sólo para salvarle la vida y evitar que los Última Noche lograran hacerse con él? No lo sabía. Pero tampoco tenía mucho tiempo, y eso si que estaba claro. Debía decidir: Lo mejor para ella, o para todas las especies. A veces era un asco ser el protector de la paz. Tomó a Jackson y lo acorraló contra un árbol que estaba cerca, miró a Bella y entendió el mensaje, debían estar solos y protegidos.

El castaño abrió los ojos por completo al verse en aquella situación tan irreal: De estar entre los brazos de Els, ahora estaba acorralado contra un árbol con el rubio encima, ¡el mundo debía estar volviéndose loco! Su corazón empezó a latir como loco, quiso liberarse con furor, pero era imposible, aquel chico era más fuerte que él. Observó como la joven castaña que se hacía llamar Bella los dejaba completamente solos. Empezó a gritarle al muchacho para ver si lo dejaba escapar, pero no podía, ni se dignaba a mirarle, el rubio permanecía con la vista en el suelo. De repente, sintió como su manos eran sujetadas por aquel rubio, sus piernas eran separadas y bien afirmadas por las de su avizor, sin dejar de sujetarle las falanges, Els movió su chaqueta azul que llevaba para dejar expuesto parcialmente su cuello. El castaño no sabía qué demonios pasaba, mientras seguía forcejando para liberarse al fin el rubio decidió alzar la mirada. Y. En ese instante. Jackson puso una cara de horror total al ver los ojos de Els. Estaban brillando, uno de color rojo y el otro de amarillo, y su pupila se había extendido asemejando a la de un felino. Aquello debía ser imposible, ningún humano tendría esa habilidad, aquel joven debía de ser un monstruo. Y para su desgracia, un sensual monstruo. Si bien al inicio sintió miedo, después de pasar el shock inicial, no podía dejar de pensar que aquel detalle hacía a Els aún más hermoso.

La rubia contempló el rostro fruncido de Jackson, lo sabía, ella era un ser abominable. Jamás había sido víctima de alguna especie de rechazo humano, ya que Bella le había enseñado que para aquella raza, ellos eran seres despreciables que sólo buscaban vírgenes para desangrarlas y luego robarles su pureza. No iba a negar que su estirpe tenía una gran debilidad por el placer carnal, pero tampoco iban por ahí haciendo lo que las leyendas contaban. Pero la mirada de Jackson le recordó como un balde de agua fría lo que ella era: Un monstruo dentro de los mismos monstruos. Un ser mitad vampiro, mitad hombre lobo con la capacidad de manejar magia. Con ese pensamiento en mente, se acercó lentamente al alvino cuello del muchacho que tenía acorralado, con la punta de su lengua tentó la parte más blanda de la piel y, al escuchar un pequeño suspiro venir de Jackson, tuvo que controlar su impulso por morder, más no logró frenar el aumento de tamaño de sus caninos. Sin pensarlo mucho, penetró la tez lechuza del castaño con cuidado, quizá para él ella era un monstruo, pero no iba actuar como uno, ante todo, ella sabía perfectamente que no lo era. En el momento en que la primera gota de sangre tuvo contacto con los miles de receptores de la lengua de Elsa, el mundo a su alrededor dejó de existir. Aquella sangre era simplemente exquisita. Cuando aquel líquido carmín pasó por la garganta de la rubia, todos sus instintos vampiros brotaron: Un placer que jamás había sentido antes empezó a apoderarse de ella, su esencia se desprendió de su cuerpo y se impregnó en el del muchacho. Lo estaba marcado con cada sorbo. Lo estaba induciendo al mundo de los seres nocturno, a su mundo oscuro.

Jackson estaba más que sorprendido, en primer lugar; al notar la lengua de Els sobre su cuello su cuerpo se estremeció por completo, aquella parte era muy sensible para él, llegó a insultar al rubio con palabras más que obscenas, pero aquella maldiciones no salieron de sus pensamientos, el enojo que sintió en aquellos momentos junto con el miedo fue efímero, sin siquiera notarlo, su cuerpo empezaba a reaccionar de manera positiva ante la lengua de Els, estaba empezando el ritual. El placer que empezó a sentir con esas caricias fue tanto que de sus labios se escapó -sin su permiso- un leve suspiro. Jamás se ha arrepentido tanto en su vida. Apenas dio aquella muestra de éxtasis, percibió un roce filoso en la piel, y, algunos minutos después, como era de esperarse, un par de caninos filosos perforaron su tez con sutileza; un dolor extrañamente placentero lo invadió. Ahogó un pequeño grito gutural en su garganta y su cuerpo se tensó, aquella nueva sensación lo abrumaba demasiado. De repente, no pudo aguantar más el dolor, tenía que expresarlo. Gritó. Fue un grito extraño, pero que se podría interpretar como de dolor, sus ojos se fueron nublando, empezó a temblar, quiso escapar, pero su cuerpo deseaba seguir siendo drenado. Aquel deseo lo asustó demasiado, ¿cómo era posible que quisiera seguir sintiendo dolor? Arqueó el cuello involuntariamente y miró la luna que, de estar de un color blanco claro, ahora empezaba a adquirir un tono negro. Sin saberlo aún, estaba siendo sumergido en la oscuridad. En el mundo de Elsa.

Continuará….

NOTAS DE LA AUTORA:
Primer*: ¡Claro, Bella! ¡Shego se está muriendo y tu vas a llamar a Elsa en vez de ir con ella! ¡Realmente brillante! (Nótese que ella escribió el FanFic, sola busca sus propios agujeros argumentales)
Segundo**: Forma bonita de decir "Depilación" ;3

CONTESTANDO COMENTARIOS:
Rose: :B Sí, pobre. Que bien que te esté gustando.
DeAtH tHe RoSe: Akasdhfajksdahsdfjahsdjk, ¡gracias! Ya sabes que pasó(? ahldjahsdjklasd.
Escudodeplata: Tranquila/o, yo igual sufro de ello :'3, no mucho, pero si. Trato que mis trabajos sean diferentes, pues así puedo llegar a mi propio estilo en vez de "copiar" el de alguien más, o simplemente, no ser igual que el resto. Amo lo bizarro. Gracias por tu opinión ^^ me ayuda a saber que no simplemente "gusta".
Jelsanatica: Para hacer este FanFic, estuve indagando bastante acerca de la mitología de Vampiros, Hombres Lobo, Wiccas, Brujas y en general, todo ser mágico que aparece en el. Soy fan de la mitología, leyendas y seres fantásticos. Tengo entendido que los antiguos vampiros tenían la capacidad de convertirse en animales (generalmente en murciélagos, como se demuestras en las películas de antaño y en los mitos populares de cuando aún eran temidos), así que me basé en ello y con un poco de Blood+ (una serie anime que trata el tema vampírico de una forma bastante original), llegué al concepto del vampiro que uso en este escrito: Uno que es como los antiguos, pero con algunos aspectos modernos, como el de poseer alas, obviamente, anatómicamente correctas para poder volar, que más adelante explicaré como demonios se ocultan LOL. Sí, suele pasar eso, pero seré más cuidadosa con ello. Y perdón si aquí se me escapó uno que otro, pero es que ya es costumbre ver a Jack con pelo blanco y a Elsa ser tratada como chica. :3 ¡Gracias por agregar este extraño FanFic a tus favoritos!

ANUNCIOS IMPORTANTES:
Primero lo obvio: No actualizaciones rápidas porque ya estoy en la universidad.
Segundo: Una vida mágica esta TEMPORALMENTE cancelado por falta de inspiración. Lo siento mucho. Pero, por desgracia, no pueden obligarme a estar inspirada y no les quiero escribir un mal trabajo, así que espero y me perdonen.

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