CAPITULO 47. SOLEDAD
Al día siguiente, cogí un avión con destino Jacksonville, Florida. Hice escala en Seattle y después de cuatro horas, por fin llegue a mi destino.
Mi madre, sola, estaba esperándome en el aeropuerto con una gran sonrisa y cara de nervios en estado puro. Ella era igual que un libro abierto; sus emociones eran tan palpables, que no podía esconder ningún sentimiento por mucho que lo intentara.
- Hola mamá – La saludé fundiéndonos en un abrazo.
- Hola hija…Qué guapísima estás… Menudo cambio ¡Te he echado tanto de menos…! – Exclamó gimoteando. – Han pasado… ¿Qué... Tres años? – Preguntó compungida.
- Sí, mamá… Algo más de tres años – Respondí con pena
- En este tiempo, he meditado mucho las cosas, y he llegado a la conclusión que por crear y mantener una nueva familia, no debía renunciar a la que ya tenía – Respondió muy seria. – Fui muy egoísta en dejarte ir, sola, a Forks por yo comenzar una nueva vida.
- Bueno, eso ya pasó. Realmente no debería haber sido así, pero lo hecho, hecho está. No hay que darle más vueltas. No te atormentes… Aquel tiempo en Forks fue de los mejores de mi vida, y así tuve tiempo de conocer a papá, ya que su vida ha sido tan corta. – Esa confesión me hizo entristecer.
- ¡Oh, por Dios! Quien iba a decir que tu padre moriría tan joven… - Sollozó. – Lo nuestro fue un amor imposible, pero nunca dejé de quererlo, y sé que él de mi seguía profundamente enamorado. Pero yo no podía seguir allí encerrada y él no quería abandonar aquel dichoso pueblo… - Rememoraba.
- Una tragedia digna de ser escrita por Shakespeare, mamá – Bromeé para quitarle hierro al asunto. Lo que menos me apetecía en esos momentos era que mi madre se me pusiese melancólica.
En aquel momento, cuando se casó y quedó más que clara que la convivencia entre su nuevo marido y yo, iba a resultar del todo imposible, sí que es verdad que me sentí algo desplazada; como si mi madre no me quisiese lo suficiente. Pero después del enfado inicial, comprendí que ella no dejaba de quererme como una madre, ya que no lo había hecho en toda mi vida.
Ella siempre me quiso como una amiga, como una compañera de vida. El instinto materno de mi madre no le había salido conmigo. Ella era muy joven, inexperta y alocada, y yo llegué en un mal momento.
Realmente no era excusa, pero mi madre era así.
No me había dado una mala vida, ni mala crianza… Simplemente que no me había criado como a una hija. Y cuando llegó el momento de iniciar una nueva vida, formando una nueva familia… La "amiga" tenía que abandonar el nido para darle intimidad a la recién estrenada pareja.
Era algo que tenía más que superado, y no le guardaba ningún rencor. La vida que llevé una vez instalada en Forks fue más que genial; y aunque pasó lo de Jacob, eso no tiene por qué variar mi opinión general de los tres años vividos allí con mi padre.
Una vez en el coche, mi madre comenzó a preguntarme sobre mi vida durante estos tres años. Ella sabía de mí por carta, por fotos y por teléfono. Pero quería oírme, verme mientras se lo relataba.
- La verdad, y sin ánimo de volver a ponernos tristes, ahora me alegro de que estuvieras esos tres años con tu padre – Recargo sobre el tema – Así pudiste conocerlo un poco más, empaparte de recuerdos de él…
Se hizo el silencio durante unos instantes, hasta que cambio de tema.
- Bueno, ¿así que has conseguido trabajo en Forks? – Me preguntó más animada. – La verdad que pensé que no volverías allí. Cuando rompiste con Jacob estabas tan disgustada… - Me miró a hurtadillas.
- Siéndote sincera no pensé en volver, la verdad. Prefería optar por ciudades más grandes, más céntricas, pero como ya te expliqué, el que fuera mi tutor en Dartmouth estaba allí, y pudo echarme una mano para conseguir una plaza. Además su familia me ayudó mucho cuando lo de papá, y bueno… son buena gente. – Intenté parecer lo más normal posible a la hora de hablar de ellos, pero estaba costándome horrores.
Mientras llegábamos a casa, fui contándole a mi madre cosas sueltas sobre mi nuevo tiempo vivido en Forks y ella escuchaba atenta y gustosa.
Por supuesto omití los detalles tales como mi aborto, mi relación con Edward, y la verdad sobre los Cullen y los Quileuttes.
Mi madre sí que era una persona creyente en todas esas cosas de personajes terroríficos y demás. Incluso creía en la existencia del monstruo del lago Ness, y estaba completamente convencida de que había vida en otros planetas.
- Tengo ganas de ver a mi hermanito… - Comenté sonriendo. Lo conocía por fotos, pero la última vez que lo había visto era un bebé de un par de meses.
- Está hecho un pirata – Sonrió mamá orgullosa. – Le hablo a menudo de ti, así que no se sorprenderá de verte. Además, le he dicho que venías a pasar unos días con nosotros.
- Espero que por eso no hayas tenido problemas con Phil – Sugerí tímidamente.
- No, para nada. Él está contento de que su hijo tenga una hermana mayor. – Me confesó. – Ha cambiado mucho, la paternidad le ha hecho ver aspectos de la vida que antes no entendía.
- Me alegro… Se te ve genial, mamá. Mucho más centrada, más madura… Una autentica madre – La alabe.
Después de un rato en silencio, mi madre se decidió a hacer la gran pregunta; la cual yo esperaba. Aunque siendo sinceras, no tan pronto.
- Bella, me parece estupendo que después de graduarte y antes de comenzar tu vida a tu ritmo hayas querido pasar un tiempo conmigo y conocer a tu hermano, pero… Sé que no has venido solo por eso. – Me miró a hurtadillas – Cuando quieras, puedes contármelo, ¿de acuerdo? – Yo agache la cabeza y asentí en silencio.
Llegamos a casa y el pequeño David estaba con su padre, esperándonos. Nada más abrir la puerta, ya sentí sus pasitos venir corriendo y gritando:
- ¡Mamá! ¿Has traído a mi hermana? – Gritaba mientras se acercaba.
- Sí David, tu hermana Bella está aquí. – Le contestó meneando la cabeza simpática.
El pequeño llegó a nuestra posición y se me quedó mirando algo tímido, mientras se agarraba a la pierna de nuestra madre.
- Hola David, soy tu hermana Bella – Le dije con voz suave mientras me agachaba para quedar a su altura.
- Ho la – Tartamudeo. Poco a poco se soltó de la pierna de mamá y se fue acercando, mientras yo le abría los brazos.
- Tenía muchas ganas de conocerte… La última vez que te vi eras un bebé chiquitín. – Le dije sonriendo.
- Yo… te conozco por las fotos – Ya se había posicionado a mi lado y jugueteaba con un mechón de mi pelo.
- Y yo a ti también. Pero, ¿sabes? Eres mucho más guapo en persona. – Le guiñé un ojo y él se echó a reír.
- Mamá dice que nos parecemos
- Sí, creo que tiene razón. – le sonreí.
Y sin más, se me abrazó y me dio un sonoro beso en la mejilla. Y yo le devolví el gesto más que gustosa.
Era genial tener un hermanito pequeño.
- Hola Bella – Me saludó Phil. Yo alcé la cabeza y dejé a David en el suelo. – Estás muy cambiada… Echa toda una mujer.
- Hola Phil, gracias. Han pasado tres años… algún cambio debía haber – Le contesté intentando ser simpática.
- Pues ha sido para mejor, créeme – Y rodó los ojos de una manera muy poco paternal.
No quise darle más bombo al tema, ya que Phil era un poco peculiar.
Subí a la que iba a ser mi habitación durante esos días, para deshacer la maleta y ponerme cómoda.
Aunque era la habitación de invitados, mi madre había dejado algunos recuerdos míos repartidos por la estancia.
Unas fotos de mi niñez, unas copas de mis premios, un par de diplomas.
Aunque no eran gran cosa, ya que el resto descansaba en alguna caja Dios sabe dónde, me hizo ilusión que mi madre me hubiese dejado un rinconcito dentro de su nueva vida.
Cuando desempaqueté la maleta, me tiré encima de la cama, encendí el portátil y con los cascos puestos, escuche un poco de música.
Cerré los ojos y me relajé. Allí nada me recordaba a Edward, así que me era más fácil poder encontrar algo de paz.
Pero la sensación duró más bien poco, ya que en cuanto parecía que la morriña del sueño iba entrando en mi mente, los recuerdos empezaron a invadir mis pensamientos como latigazos.
Eran escenas de apenas unos segundos, y todas con Edward. Momentos felices. Momentos íntimos. Momentos cargados de amor y pasión.
Abrí los ojos y me incorporé en la cama, jadeante. Pensar en todo eso me fatigaba igual que si me pusiera a correr descontrolada, como si escapase de un agresor.
Incluso la sensación de ardor en los pulmones era casi hasta real.
Cuando comenzaba a recuperar el aliento, mamá llamó a cenar, sacándome así muy oportunamente de mi trance.
Los siguientes días, fueron de asimilación y distracción.
Mi madre trabajaba por las mañanas en la guardería del colegio donde estudiaba David, y Phil entrenaba en el equipo de béisbol de la ciudad. Aunque mamá había pedido la semana libre, con la excusa de que yo venía y así pasar algo más de tiempo juntas y solas.
Pero aunque mi madre no me dejaba un momento para el aburrimiento, una sensación extraña me embargaba durante todo el día.
Soledad.
Me sentía sola; incompleta. Como si me faltase algo… o alguien. Pero en los primeros días estaba aun muy enfadada y dolida y no quería ver ni comprender el porqué de esa sensación de soledad.
Un par de tardes a la semana, Phil tenía reuniones con el equipo, así que aprovechamos a hacer turismo y poder pasar algo de tiempo entre los tres; mi madre, David y yo.
Mi madre había cambiado favorablemente. Estaba juvenil como siempre, pero se veía a kilómetros que había asentado la cabeza; que era más responsable… Se había convertido, al fin, en una adulta.
Y el conocer a mi hermano había sido algo fascinante. Él sabía muchas cosas sobre mí, y hablaba de su hermana mayor con gran orgullo. Acto que me hacía estallar de júbilo.
Nunca hubiese imaginado que él supiera tanto sobre mí. Había llegado a la conclusión de que sobre mi persona no se hablaba en esa casa.
- Bella, ya te dije que Phil había cambiado mucho. Aquellos celos que te tenía tan absurdos, fueron mitigándose poco a poco después de tu marcha. – Sonrió – Y nada más nacer David, sus ideas cambiaron.
- Mamá, no hace falta que lo justifiques, en serio – La excusé – Sabes que entre él y yo nunca hubo buena conexión.
- Sí, lo sé… - Mi madre agacho la cabeza apesadumbrada.
Me acerqué y la abracé; sabía que lo necesitaba.
- Mamá, en serio… No te echo nada en cara. Llevabas toda la vida dando zumbazos y parecía que esta vez, cuando Phil apareció, tu mundo empezó a encajar. – Cogí aire – y años después, tengo la confirmación de que aquella decisión fue la mejor.
- Ya, pero dejar que te fueras a Forks, tu sola… Solo porque yo no supe ponerme en mi sitio… - Gimoteaba. – Te eché mucho de menos, muchísimo… Pero a los pocos meses noté lo a gusto que estabas en Forks con tu padre y me di cuenta de que estabas mejor allí, que aquí conmigo. Incluso habías echo amigos de verdad, y hasta un novio – Sonrió tierna.
- Bueno, antes o después yo me iba a ir… y aunque la postura de Phil fue un poco infantil, realmente yo tampoco lo tragaba… jajajaja! – Mi madre me acompañó en mis risas. – Y sí; allí me encontraba muy cómoda. Después de 16 años, había encontrado mi sitio. Y también te eché de menos, mamá… pero realmente me vino bien poder portarme como una chica de mi edad.
- Sí, a esa conclusión llegué yo también. Y gracias a eso pude rehacer mi vida de una vez. No sabes lo culpable que me sentía. – Se lamentó.
Nos fundimos en un gran abrazo y por fin, años después, el tema quedaba zanjado. Mi madre liberaba su conciencia y yo la ayudaba a ello.
Y en aquel momento, comprendí mejor que nunca su decisión. Ahora si podía comprenderla, ya que también había conocido el amor.
La primera semana pasó rápida, ya que mamá estaba conmigo a todas horas, y al medio día llegaban David y Phil, el cual había cambiado también favorablemente.
- Bella, tú madre y yo habíamos pensado en que si quieres, podías intentar conseguir plaza aquí, en Jacksonville y vivir con nosotros – Su propuesta me dejó fuera de juego. – Convivir como una familia, que es lo que somos. – Me miró con ojos paternales.
- ¡Vaya…! Me has dejado sin palabras, la verdad – Le contesté jadeante.
- Bueno, nuestras rencillas del pasado… Espero que eso, que se queden en el pasado. Yo era algo joven y egocéntrico y bueno, no entendía lo que era ser padre… pero ahora que lo sé y que veo que David bebe los vientos por ti… - volvió a sonreír – Me gustaría que mi hijo creciera siguiendo los pasos de su hermana mayor.
- Tengo que acabar el contrato que tengo en Forks, pero una vez acabado, me pensaré muy enserio tu propuesta. – Le dije emocionada.
Eso abría un nuevo y esperanzador camino a mi vida. Sería la solución perfecta para perder de vista a los Cullen, ya que ellos no vendrían a un lugar tan soleado.
Nunca hubiese imaginado que el venir a pasar unos días aquí, pudieran llegar a ser tan fructíferos.
Ya que las dudas sobre qué iba a hacer una vez terminado mi compromiso laboral en Forks, estaban agobiándome de una forma asfixiante.
Allí tenía mi casa, y el dinero de papá… Incluso podría seguir trabajando ya que el puesto que ocupaba iba a ser mío de forma fija una vez acabado el contrato de baja que estaba realizando en esos momentos.
Venirme aquí sería la solución a todos mis problemas.
Pero… ¿Realmente quería perder de vista para siempre a los Cullen? ¿A Edward?
La siguiente semana pasó mucho más rápida que la primera. Ya me había aclimatado al lugar y me movía con más independencia.
Intenté pasar tiempo con mi madre y con mi hermano, ya que no sabía cuándo volvería a verlos.
Porque aunque Phil se había mostrado de lo más agradable proponiéndome el venirme con ellos y buscar trabajo aquí, sabía que la convivencia entre nosotros sería imposible. Por mucho que hubiésemos cambiando los dos, seguíamos chocando demasiado.
Pero si me viniese, vivir bajo el mismo techo sería cuestión del tiempo de encontrar trabajo. Ya que una vez solventado ese problema, me alquilaría un apartamento y viviría sola.
Así podría ver a mi madre, a mi hermano y alejarme de los Cullen.
Incluso ya había mirado alguna clínica privada, dejando mi currículum. Y habían tenido buena aceptación.
Pero… Volvíamos a la pregunta original… ¿Realmente quería alejarme de una manera tan radical de ellos?
Aunque había estado muy entretenida, fuera de manera casual o intencionada, me había encontrado sumamente sola. Muy triste y abatida. Y eso que el pequeño David me había entretenido de lo lindo durante mi estancia.
Debía de reconocer que en estos meses desde mi regreso a Forks me había hecho a los Cullen. Tanto por su parte como por la mía propia, nos habíamos convertido entre todos en una gran familia. Sobre todo desde que Edward y yo nos habíamos convertido en pareja.
Pareja…
Había tenido muchos momentos para poder pensar. Una vez pasado el enfado inicial, bueno inicial que me duró varios días, comencé a ver las cosas desde otra perspectiva.
Realmente era un secreto sumamente difícil de revelar, además Carlisle había dicho algo sobre una ley: "No podían contar su secreto a los humanos".
¿Cómo sacar el tema? ¿Cómo decir que eran vampiros?
Durante esas dos semanas le había estado dando vueltas al asunto y realmente era imposible llegar a un punto donde el tema saliera a colación. Además ya había dejado claro en alguna ocasión mi incredulidad sobre ese tipo de seres, para mi ficticios.
Me había intentado poner en su situación y la verdad que lo habían tenido difícil. Primero lo de mi padre, mi indecisión sobre quedarme en Forks, el aborto, mi amago de pulmonía… Y para concluir, después de semanas, por fin Edward y yo nos decidimos a "mojarse el trasero" declarándonos mutuamente para al cabo de poco más de un mes, comenzar a vivir juntos.
El único tiempo que pudieron tener de paz para contármelo fue cuando nos fuimos a vivir juntos; pero pensándolo con la mente fría, tampoco era el mejor de los momentos.
Él llevaba toda la vida solo, llegando a pensar que no encontraría nunca el amor… Y ahora que por fin lo tenía y lo estaba disfrutando, revelar tal secreto era joderla; con todas las palabras.
Entendía todo eso, y me hacía estar menos enfadada. Mucho menos… Pero… Eran vampiros.
Nunca, ni siendo una niña pequeña había creído en monstruos, fantasmas, hombres lobos… en ninguno de esos personajes, y ahora resultaba que formaba parte de una familia de vampiros.
Y aunque estaba menos enfadada por el hecho de que me hubiesen ocultado el secreto, sentía que la repulsa seguía ahí. Me era superior a mís fuerzas.
Yo era una mujer de ciencias, como se suele decir de quien opta por la rama de la medicina, mi cerebro no podía comprender y asimilar que alguien "muerto" estuviese "vivo".
Ese era el gran problema que veía. Que no era capaz de asimilar; que no era capaz de comprender, de evitar la repulsa.
Simplemente con pensar en que la volvieran a tocar, le hacía literalmente, ponérsele la carne de gallina.
Y ahora estaba a tan solo unas horas de estar de vuelta en casa. A tan solo unos pocos kilómetros de distancia de ellos.
Y al día siguiente, volver a encontrárselos en el trabajo.
¿Cómo reaccionaría cuando los viera mañana en el hospital?
Pero… Si no era capaz de evitar el sentimiento de repulsa… ¿Por qué me había sentido tan sola y apenada estos días?
Porqué sabía, en el fondo de mi corazón, que los echaba de menos.
Mi vida estaba completamente vacía sin los Cullen. Ellos eran mí familia, mí apoyo… y ÉL era mi todo. Jamás, por mucha tierra que intentara poner de por medio, sería capaz a olvidarlos. A sacarlos de mi pensamiento y de mí corazón.
Y lo que tenía aun más claro, es que nunca… Por muchos años que pudiera llegar a vivir, encontraría un amor semejante al de Edward.
Él era el gran amor de mi vida. Nadie podría reemplazarlo. NUNCA.
- Bella… ya sé que hemos tenido varios momentos de estar a solas… - murmuró su madre sin mirarla a la cara – y he estado esperando a que me contaras algo por ti misma… Pero ahora, sentadas esperando a que llamen para tu vuelo…
- No le des tantas vueltas, mamá… - Rodé los ojos. Veía la intención de mi madre por preguntarme desde que salimos de casa.
- El día que llegaste te dije que agradecía que quisieras pasar unos días aquí, y aprovechar a conocer a tu hermano… Pero sabía que había algo más. Y creo que viniste a Jacksonville para esconderte de algo… o de alguien – Giró la cara y me miró directa a los ojos.
- No te voy a mentir… Si que vine en parte por esconderme… - Mi madre se giró completamente en mi dirección, mostrándome toda su atención. – Resumiendo mucho… Conocí a un chico en Forks… no voy a ser frívola ni digna ahora, nos enamoramos perdidamente desde el primer instante en que nos miramos – Mi madre ya suspiraba emocionada – Pero guardaba un secreto, que ahora no viene al caso, que para mí es bastante difícil de sobrellevar.
- Ese secreto… ¿dificulta vuestra vida en pareja? Desde que lo sabes, ¿algo ha cambiado entre vosotros? – Las preguntas de mi madre me dejaron fuera de juego.
- La verdad… no.
- Sigues amándolo… Y no es una pregunta – Me sonrió tiernamente. Asentí. – ¿Pues entonces? Si encuentras un amor tan fuerte, tan poderoso como para hacerte estar tan apenada… y que tus ojos brillen de esa forma tan solo con pensar en él… ¿Qué te importa que él tenga una parte en la que no encajéis al 100 %? Si hasta ahora estabais bien… simplemente es poner unos límites. Que eso que no te gusta, lo lleve al mayor margen de ti que pueda como hasta ahora.
Lo dicho, mi madre había cambiado. Siempre fue buena dando consejos, eso es verdad, pero ahora eran pensados, meditados, maduros… No a lo loco como antes; que siempre miraba el plano romántico.
- Si ves que después de un tiempo no puedes sobrellevarlo, o él no puede mantenerte al margen… Entonces sopesa. Sopesar los dos que solución le veis. Porque si él te ama tanto como tú a él… Debe estar pasándolo muy mal. – Suspiró – No te des por vencida sin daros otra oportunidad, sino… podrías llegar a arrepentirte durante toda tu vida, créeme. – Y miró sin mirar al infinito. Imagino que se referiría a ella y a papá.
Debía de reconocer que estas palabras de mi madre me habían hecho darle un sentido distinto al tema. Pero…
¿Sería capaz de sobrellevar el hecho de que ellos fueran… lo que son?
Pero me resultaba tan difícil de digerir.
LOS CULLEN. 3ª persona
Esas dos semanas sin Bella habían pasado lentas y agónicas para la familia Cullen.
El tiempo es totalmente irrelevante para los de su especie, pero ahora comprendían cuando los humanos se quejaban con expresiones tales como:
Parece que el tiempo no pasa… Las agujas del reloj no se mueven… Y similares.
Todos estaban deprimidos, tristes y malhumorados. Se sentían solos sin su "niña".
Los primeros días optaron por evitarse entre ellos; no tenían moral de hablar, ni de verse los unos con los otros. Cada cual hacía las cosas obligadas a su manera y por su cuenta.
Y después de esos días iníciales, su actitud cambió para comenzar una guerra entre ellos echándose el tema "Bella" en cara.
Y claro, los vampiros no son como los humanos, que pueden perder los papeles pero necesitan que los hostiguen de forma continua. Ellos a la mínima que perdieran la compostura, el resultado podía ser letal.
- Si se le hubiese contado cuando mejoró de lo del aborto, nos hubiésemos ahorrado todo esto – Gruñía Emmet – ¡Ahora ella no quiere ni mirarnos…! – Era el tercer mueble en menos de cinco minutos que había destrozado bajo sus manos.
- Sí, yo apoyo a Emmet… Bella no es de cristal. De mano no lo entendería, le costaría aceptarlo, pero hubiese sido mucho mejor – Respaldaba Rose, enfadadísima.
- Bueno, Rose, tu tampoco tenías mucha prisa por decírselo, así que ahora no te pongas paternalista – Contestó fastidiado Jasper.
- Carlisle no quiso hacerme caso… porque pensaba que su niñita se iba a romper como un jarrón. ¿Cuándo me he equivocado en una premonición? – Recalcaba Alice con malos humos.
- Chicos… ya me he disculpado una y mil veces. Con ella y con vosotros… Obré mal, lo sé y vuelvo, otra vez, a pedir disculpas – Se excusa Carlisle asolado.
- Ya Carlisle, pero eso no sirve ahora de nada. – Contraatacaba Jasper.
- Hijos… todos estamos disgustados, pero atacarnos entre nosotros no solucionará nada. Yo también estoy rota por haber perdido a Bella. – Gimoteaba compungida Esme.
- Todos os estáis quejando, gritando y pataleando… Pero aquí el que realmente ha perdido algo, he sido yo… Solo yo. – Gritaba Edward encolerizado.
- Bueno Edward, eso no es así… - Respondió Carlisle molesto – Se ha perdido una pareja, una hija, una hermana…
- ¡Todo eso me da igual! – Bramaba – Es el amor de mi vida… Y lo he perdido, para siempre… - Se llevó las manos a la cabeza, desolado, después de lanzar por los aires otro jarrón.
Y durante días, la escena se repetía en la casa Cullen. Todos gritaban, todos se echaban en cara… Todo eran disputas y malos humos.
Hasta que cuando se cumplía el día 13 en la baja de Bella, el día de su regreso… Alice grita alertando a toda la casa.
- ¿Qué pasa Alice? – Jasper la sujeta del codo, como siempre que tiene una visión; así la relaja y puede ver más claramente su propia visión.
- Alice… Es, ¿sobre Bella? – Pregunta Edward con la cara desencajada, posicionándose a su lado.
El resto de la familia llega a su posición en un microsegundo; todos saben lo cuan pendiente está Alice de Bella. Así que deducen, por el enorme grito de la vampira, que su visión tiene que estar ligado a la chica.
- La he visto… Sigue en ese sitio con sol, pero está en un aeropuerto… De regreso a Forks. – Va recitando con la mirada ida – Ha habido un cambio en su decisión inicial. – Alza la cabeza y mira directamente hacía su hermano – Ha cambiado… el rumbo de sus pensamientos ha cambiado. Está abierta a un acercamiento. – Sonríe – Se ha dado cuenta de que no puede sacarnos de su vida, que está demasiado ligada a nosotros… Y que nos quiere demasiado… Pero… El hecho de que seamos vampiros sigue siendo un gran inconveniente. Sigue sintiendo repulsa por nuestra naturaleza, pero está dispuesta a intentarlo.
-¡Eso son grandes noticias! – Exclama Carlisle emocionado – Sabía que no podría sacarnos de su vida sin más. Estaba seguro de que el amor que demostraba era puro y leal.
- Sabía que esto era cuestión de tiempo… y no ha pasado mucho. Nuestra niña no podía defraudarnos – Sonríe complacida Esme. – ¡Ya es toda una Cullen! – Exclama enorgullecida.
- ¿Algo más…? – Edward deja la frase en el aire, conoce bien a su hermana predilecta y sabe que algo se está guardando. – Alice, no es momento de callarse nada. – Y la mira directo a los ojos.
- Ella es consciente de parte de esto. De que nos quiere y que no podrá olvidarnos nunca… Pero el tema de intentar aceptarnos, es algo que está por pasar. La idea de intentar un acercamiento está pululando por su mente, pero no lo tiene aun claro, pero está ahí. Le ha dado vueltas al asunto, muchas… Y reconoce que mientras no lo sabía no pasaba nada; si que notaba cosas algo extrañas, pero ni mucho menos imaginaba algo así. Pero ahora que lo sabe, el tema cambia.
- Claro que cambia, es entendible – Jasper defiende la postura de su "cuñada", ante la mirada de reproche de varios de sus familiares.
- Alice… - La llama Carlisle - ¿Qué plan a seguir nos recomiendas ahora? – Le pregunta, por primera vez en trescientos años se siente perdido y sin respuestas. – No quiero volver a equivocarme.
- Hacerle caso pero sin atosigarla. Nosotros que trabajamos juntos en el hospital, tenemos fácil acceso a ella. Debemos comportarnos como si no hubiese pasado nada, con un poco menos de familiaridad, guardando un poco las composturas para que no se sienta presionada ni agobiada, pero el trato debe ser relajado y de colegueo profesional. – Carlisle y Jasper asienten.
- ¿Y yo…? ¿Cómo se supone que debo actuar yo con ella? – Pregunta abatido Edward.
- Cortéjala – Le espeta Alice dejándolo extrañado. – Reconquístala otra vez… pero ahora ya no tienes que guardar las formas humanas; que vea los privilegios de tener un novio vampiro… No los inconvenientes. – Le sonríe pícara. – Pero ya os digo… Algo está por pasar para que ella acceda a un acercamiento; con todos – Recalca mirando hacía Edward. – Aunque aun no veo nada.
Después de confeccionar el plan a seguir, los Cullen se quedaron más tranquilos. Los malos humos entre ellos habían desaparecido tan rápido como habían llegado.
Ahora tenían que estar juntos y bien avenidos como siempre para demostrarle a Bella que no era tan malo ser un vampiro… O en su caso, pertenecer a una familia de ellos.
