Capitulo 9
La cena había terminado. Sakura acompañó a su hermana al camarote que compartían durante el viaje de regreso. Una vez el barco abandonó el refugio de la ensenada, Tomoyo había vuelto a sentirse indispuesta y el señor Jenkins le había proporcionado una dosis de láudano. Tan pronto se puso el camisón y se metió en la litera, se quedó dormida casi al instante.
Sakura, en cambio, no tenía sueño. Antes, su hermana y ella habían cenado en la mesa del capitán con Brant y su amigo, el duque. Después, el conde le había pedido reunirse con él en cubierta.
Durante toda la velada, para su asombro, él se había mostrado muy solícito con ella. Suponía que sentía lástima por su situación, aunque lo menos que quería ella era su compasión. Lo que necesitaba era su ayuda, y él ya había aceptado ofrecérsela.
Ojalá cumpliera con su palabra.
Sakura creía que lo haría. Había algo con Shaoran Easton, algo que sugería honor y deber, algo que le hacía tener fe en él. Lo encontraba en sus ojos cada vez que él la miraba, acompañado de otra cosa, de una necesidad, de un anhelo imposible que se le clavaba en el corazón. Le deseaba como ningún otro hombre la había deseado jamás.
Y ella lo deseaba a él.
Sabía que estaba mal. La habían educado para reservarse, para entregarse sólo a su futuro esposo. Pero incluso si el conde supiera que en realidad era hija de un barón, si de algún modo llegaba a averiguar su apellido, él ya le había expuesto con claridad con qué clase de mujer pensaba desposarse. Y si había algo que ella no sería jamás era una rica heredera.
Brant no era para ella, lo sabía, y aún así, al pronunciar aquellas palabras para sus adentros, se sorprendió, se sorprendió descolgando su capa, cubriéndose con ella y abriendo la puerta de su camarote.
Sería fuerte, ignoraría el deseo que leía en sus ojos. Y en el intenso dolor que el anhelo clavaba en su propio corazón.
Pasaba ya de la media noche y todavía no se veía rastro del bote que traería a Ethan. Tomoyo estaba dormida en el camarote que compartían las dos hermanas, pero Sakura permanecía junto al conde, en cubierta. Como había espiado la conversación que había mantenido con Rafe la noche anterior, sabía que había acudido a ayudara su primo. Curiosamente, Shaoran se alegraba de que ella estuviera al corriente de la situación. Tener a alguien a su lado que lo entendía le hacía más soportable la espera.
Los ojos del conde se posaron en ella, que seguía apoyada en la borda. La brisa nocturna enredaba sus cabellos, que brillaban con los destellos que provenían de la lámpara suspendida en el mástil.
-¿Seguro que no prefiere retirarse? Se hace tarde y esto esta muy húmedo.
Ella se arrebujó más con su capa de lana.
-No hace tanto frío, y el mar esta en calma. Prefiero quedarme.
A él le pareció que ella quería hacerle compañía, y ayudarle a pasar aquel rato interminable hasta que apareciera el bote. Nunca hasta entonces había tenido amistad con una mujer. De no ser por el acuciante desea que sentía por ella, la consideraría una amiga.
-¡Mire!- exclamó ella señalando el agua-. Alguien rema desde la orilla.
Él se volvió hacia el agua justo cuando Sheffield aparecía en cubierta y se acercaba a ellos a grandes zancadas, haciendo resonar sus botas negras sobre los tablones.
-Parece que ya llegan – dijo, haciéndose eco de las palabras de Sakura.
Shaoran escrutó la oscuridad.
-No distingo si Ethan viene en el bote.
-A bordo veo a dos hombres.
El corazón de Brant empezó a latir con fuerza al ver que el bote se aproximaba a la goleta. Cuando llego junto a esta, lanzó la pesada escalera de cuerda y rezó por ver aparecer el rostro de Ethan.
La decepción le embargó al constatar que el remero no se movía del bote y que el otro hombre, un desconocido, subía por la escalera y alcanzaba la cubierta.
-Soy Max Bradley – dijo. Se trataba de un hombre flaco, de rostro curtido y rasgos duros, dedos largo sy llenos de cicatrices. Sobre el cuello cerrado de su tabardo azul de lana sobresalía una poblada barba negra-. Me temo que traigo malas noticias.
A Shaoran le dio un vuelco el corazón.
-¿Está… está muerto?
-No, no lo creo. Pero lo han trasladado a otro lugar.
-¿Cuándo?
-Hace menos de dos días.
Una plancha de plomo oprimió el pecho de Shaoran. Había perdido su oportunidad, Ethan seguía encarcelado. Tragó saliva, intentando no sucumbir a la desesperación.
-Ya sabíamos que era demasiado fácil. Ahora prepararemos una segunda expedición.
"Una segunda expedición". Claro. Las palabras de Sheffield rescataron el hilo de esperanza que aún quedaba en su corazón y lo devolvieron a la vida.
-Sí, claro – dijo el conde-. Tendremos que volver. ¿Adónde lo han llevado?
-No estoy seguro- respondio Bradley-. Pero lo averiguaré. Esto no es el fin, señor. El capitán Sharpe es uno de nuestros mejores hombres. Lo queremos en casa sano y salvo casi tanto como usted.
Tanto no, pensó Shaoran, que notaba que la tensión acumulada de los últimos días afloraba por fin y se traducía en un cansancio infinito.
Bradley se volvió para contemplar el mar.
-Le sugiero que aprovechen la oscuridad para alejarse de la costa. Cuando localice al capitán Sharpe, mandaré aviso a Pendleton, como hice en la ocasión anterior.
-Permaneceremos a la espera – dijo Shaoran-. Buena suerte.
-Gracias.
Bradley se acercó y descendió por la escala de cuerda con destreza que indicaba que el mar no tenía secretos para él. Shaoran lo vio desaparecer en el bote en dirección a la ensenada, engullido por la oscuridad que les rodeaba.
A su alrededor, los marineros regresaban a las jarcias y desplegaban las velas. La cadena del ancla chasqueaba al enrollarse en el cabrestante. Transcurridos unos minutos, la goleta puso proa a mar abierto. Shaoran se dirigió a su camarote.
-¿Señor?
La voz de Sakura. Por un momento había olvidado que estaba a su lado.
-Lo siento. No sé en qué estaba pensando.
-Estaba pensando en su primo – dijo ella con voz dulce.
Shaoran volvió a mirar hacia la costa, pero si el bote había llegado no logró distinguirlo.
-Ojalá hubiéramos llegado unos días antes.
-La próxima vez lo rescatará – lo animó ella.
Brant asintió.
-La próxima vez, sí. ¿Dónde estará esta noche?
-Allá donde esté, rezo por que se encuentre a salvo.
Shaoran aspiró hondo.
-Venga conmigo, la acompaño hasta su camarote.
Aunque en realidad no deseaba separarse de ella, la instó a moverse poniéndole una mano encima de la cintura. Pero Sakura permaneció en el mismo sitio, mirándolo, él se preguntó si en su rostro leería su abatimiento, la profunda decepción que lo invadía.
-Me preguntaba si… - dijo ella -. Bien, he pensado que tal vez pueda ir su camarote en vez de al mío.
Hubo un largo silencio, al menos doce latidos de corazón. Shaoran bajo la mirada, incrédulo; no era posible que hubiera oído esas palabras.
-¿Sabe lo que esta diciendo? ¿Sabe qué sucederá si usted fuese a mi camarote?
-Sé lo que digo.- Sakura alargó una mano y le acarició la mejilla-. Le estoy pidiendo que me haga el amor.
Shaoran se quedó pasmado, como un colegial retraído en su primer día de clase.
-Sakura, ¿está segura? ¿está segura de que quiere eso?
-He intentado convencerme de lo contrario, pero no lo consigo. Quiero que me haga el amor. Estoy segura.
Entonces Shaoran se acercó lo bastante para acariciarle la cara.
-Cuidare de usted… de ti, de vosotras. Te prometo que no lo lamentarás…
Ella le puso el dedo índice en los labios para hacerle callar.
-No diga nada más, por favor. No sabemos qué nos deparará el futuro, a que problemas tendremos que hacer frente, tal vez mañana mismo. Sólo tenemos esta noche, pero es nuestra. Si tú también lo quieres.
Por los clavos de Cristo, nunca había deseado algo con tanta vehemencia. La atrajo hacia sí y le dio un beso apasionado. Sabía a miel y rosas. A continuación la levantó en brazos y la llevó por la cubierta que descendía a su camarote.
Sakura no había dejado de temblar mientras el conde la llevaba en brazos por el pasillo. La locura la había arrastrado hasta ese momento, pero ahora se encontraba en el camarote, y no había marcha atrás. Había intuido la gran necesidad que él tenía esa noche, y había decidido responder a ella. Además, lo que había dicho era verdad. Deseaba que le hiciera el amor. Lo deseaba más que nada en el mundo.
Shaoran cerró la puerta, se quitó la capa y tabardo, se acercó a la mesa y encendió una lamparilla de latón.
La tenue luz iluminó su rostro, delineando su perfil masculino, los surcos y hoyuelos que le otorgaban carácter. Parecía tan fuerte, tan irresistiblemente apuesto… y, sin embargo, cuando se acercó a ella, un destello de incertidumbre cruzó sus ojos dorados. Entonces él dijo:
-No haces esto sólo para asegúrate mi ayuda en Londres, ¿verdad? Supongo que no se trata de una especie de pago, ¿no?
En el corazón de Sakura se mezclaron la ofensa y la ira. De modo que el creía que ella vendería su cuerpo para obtener protección. Su primer impulso fue marcharse de ahí, y lo habría hecho de no haber visto ansia en el rostro del conde.
-Me ayudes o no, una cosa no tiene que ver con la otra.
El alivio que sintió Shaoran fue tan inmenso como el dolor que le atenazaba desapareció al instante. Parecía imposible, pero tal vez no era ella sola la que temía que le hicieran daño.
-Me llamo Shaoran. Quiero oírte pronunciar mi nombre.
Sakura se ruborizó. Así lo había llamado en sus sueños.
-Es un nombre muy bonito, Shaoran…
Él se inclinó y le acarició los labios con un beso suave como una pluma.
-¿Y tu hermana? Te echará de en falta si te quedas conmigo.
-Cuando el barco zarpó, Tomoyo volvió a marearse y el señor Jenkins le proporcionó una dosis de láudano. Dice que dormirá hasta que lleguemos a Londres.
El conde le pasó un dedo por la mejilla.
-Entonces esta noche eres mía.
Sakura cerró los ojos y él la abrazó y la beso. No fue un beso suave, dulce, seductor, sino ardiente y profundo, un beso apasionado que la llenó de excitación. Sintió que las piernas le temblaban, y rodeó su cuello con los brazos para evitar caer derretida sus pies.
-Pronuncia mi nombre…
-Shaoran…
Otro beso más profundo, húmedo, entregado. Sakura seguía temblando y todo le daba vueltas.
-Sé que debería de proceder más despacio – admitió él-. Pero ya no aguanto más.
Ella sonrió y se puso de puntillas para besarle. A cambio recibió otro beso apasionado, que se deslizó de los labios a la oreja, descendió por el cuello y regresó a la boca. Mientras, le desabrochaba los botones del vestido, que se abrió y dejó al descubierto sus pechos.
Sakura gimió cuando Shaoran cubrió con su mano y le acarició un pezón con el pulgar. Al instante se irguió y empezó a dilatarse, y ella sintió un deseo desbocado de frotarse contra él.
Casi por arte de magia, el vestido se abrió por completo y él lo hizo resbalar por sus hombros y caderas hasta el suelo, a sus pies. Lo siguiente en caer fue la combinación; ya que sólo llevaba puestos los ligeros y las medias, y debió reprimirse su impulso de cubrirse para ocultar su cuerpo de la ardiente mirada de aquel hombre.
-He soñado tantas veces con este momento – susurró él, separándose un poco para acariciarle un pecho con suavidad, haciendo que el pezón palpitase de placer. La respiración de Sakura se aceleraba por momentos; se sentía algo turbada, no sabía exactamente qué debía hacer. Se acercó a él, que se agachó y empezó a besarle un seno.
Sakura hundió los dedos en el pelo, sin saber si apartarlo o acercarlo más. El conde recorría el pezón con la lengua, lo lamía, lo saboreaba, se demoraba en la punta, y un caudal de sensaciones recorría a Sakura, estallidos de calor que se concentraban en su vientre y en sus muslos.
Con la mano, Shaoran le acarició el vientre, se abrió paso entro los rizos del bellos púbico y se entretuvo entre ellos. Le lamía los pezones mientras los dedos avanzaban un poco más.
Ella se aferró a sus hombros, tan temblorosa que él tuvo que sostenerla en sus brazos.
-No tengas miedo, no voy hacerte daño.
-No… no tengo miedo. –En realidad, lo que sentía era un fuego interior desconocido. Deseaba más besos apasionados, más caricias atrevidas e íntimas. Deseaba que Shaoran la tocara, la saboreara, conociera la textura de su piel. Deseaba aspirar su perfume.
Al ponerla en pie, junto al lecho, ella se pegó a él y empezó a sacarle del pantalón los faldones de la camisa. Shaoran, impaciente se la quitó por encima de cabeza. Entonces se agachó para sacarse las botas y comenzó a desabotonarse la portañuela de los calzones.
Alzó la vista un instante y vio que Sakura contemplaba sus anchos hombros. Él le cogió la mano, le dio vuelta y le beso la plama, antes de llevársela al corazón. Ella sintió su latido fuerte y vital, como el hombre a quien pertenecía.
Despacio, Sakura exploró la textura de su bello pectoral, la suavidad de su piel, el abdomen, la llanura de su vientre. Shaoran no hacía nada por detenerla, pero ella percibía la tensión de aquel cuerpo que bajo su mano vibraba de deseo, de impaciencia por tomarla.
-Te deseo- le susurró él al oído.
Ella le desabrochó los últimos botones, le pasó la mano por el vientre y oyó el rápido suspiro de placer.
-Mi pequeña Sakura, tan valiente.
Pareció alegrarse incluso cuando ella se retiró para permitir que acabará de quitársela ropa. Cuando se bajó los pantalones, ella admiró la proporción de su cuerpo, su torso fuerte y poderoso, sus piernas largas y bien torneadas.
Cuando sus ojos se posaron en el grueso mástil que se alzaba entre sus piernas, la curiosidad se mesclo con el temor.
-No te preocupes- la tranquilizó-, no tenemos ninguna prisa. Vamos a tomárnoslo con mucha calma. – La besó entonces, un beso tierno, embriagador con el que le transmitió toda su confianza.
La excitación recorrió a Sakura como un torbellino, deslizándose como una neblina sobre su piel. Shaoran la reclinó sobre la cama y se echó sobre ella, apoyando el peso con los codos, besándola mientras lo hacía. La acariciaba por todas partes, le recorría la piel con los dedos, vencía sus resistencias y se colaba en su interior. Oleadas de placer inundaban a Sakura.
Cuando al fin Shaoran se instaló entre sus piernas, ella apenas se dio cuenta. Notaba, sí, su poderosa erección, y la embargó una expectación salvaje. Era lo que deseaba. Lo quería a él. Lo que sucediera después no importaba.
Su lugar más secreto estaba caliente y húmedo, y palpitaba de un modo que jamás había experimentado. Shaoran avanzó con cautela, preparándola para recibir en su seno su duro miembro. La besaba apasionadamente, a conciencia, mientras ella, debajo, se excitaba más y más, susurraba su nombre, intentaba unirse a él. Entonces Shaoran la penetró profundamente.
Por un momento se sintió atravesada por el dolor. Acababan de desflorar su inocencia. A partir de ese momento todo sería distinto. Pero esa idea no tardó en disiparse y, con ella, desapareció el dolor. Estaba llena de él, unida a él de un modo que jamás había imaginado.
-Lo siento – musitó él, incorporándose, muy rígido, por encima de ella-. He intentado no lastimarte.
Pero en sus ojos latía una expresión de triunfo, una mirada fiera de posesión. A decir verdad, se había cobrado aquella pieza. Ella no era capaz de expresarle hasta qué punto había logrado lo que se había propuesto.
-El dolor ya pasa.
Pero el placer permanecía, el dulce escozor, el deseo que apenas podía soportar. Inexperta, alzó las caderas para que la penetrara más y más. Él empezó a embestirla, despacio al principio, cada vez menos cauteloso, provocándole una excitación que la hacía temblar.
Sakura se sumó al ritmo, empezó a moverse con él, que cada vez la penetraba más deprisa, con más dureza. Ella sentía que algo iba creciendo en su interior, algo ardiente, incontrolable , algo que le desgarraba las entrañas, sólo logró pronunciar el nombre del conde, arqueándose, con los dedos clavados en los hombros, antes de que el mundo estallara en mil pedazos.
Los músculos de Shaoran se tensaron unos segundos después, y gimió con la embestida del último placer.
Todavía unidos, se desplomaron sobre el lecho, mientras el placer iba abandonándolos, lentamente. Durante unos segundos más, Sakura permaneció inmóvil, tratando de abrirse paso entre las emociones que sentía.
-No ha estado mal – dijo al fin, y oyó la risa maliciosa de Shaoran.
-No, nada mal.
Ella se volvió para mirarlo y constató que en sus ojos brillaba una remolona de satisfacción.
-No sabía que…
-Y por eso te estaré eternamente agradecido.
Sakura no estaba segura de que había querido decir con eso, pero antes de poder preguntárselo, él le cubrió la boca con otro beso. El calor regresó a su piel y, sin darse cuenta ya la había penetrado de nuevo. Esta vez todo fue más fácil para Sakura. Jamás habría imaginado lo delicioso que era hacer el amor.
Pasara lo que pasase a la mañana siguiente, sabía que nunca lo lamentaría.
Hola pido disculpas por que deje la historia por un tiempo, la facultad me absorbe por completo U.U
Este capitulo estuvo un poco subido de tono O.O
Dejen su opinión por favor me gusta saber que alguien lee mi historia :)
Tratare de actualizar pronto. Cariños :D
