Vale, he aquí después de MUCHO tiempo el cuarto capítulo de "Darkness". Antes de que empieces a leer, quiero decirte que el FanFic tomará un trama algo más largo –para mí- ya que sucederán muchas cosas hasta el final y por ende, se tardarán un poco más las actualizaciones.
ADVERTENCIAS:
LOS PERSONAJES NO SON MÍOS, SOLO LOS USO PARA REDACTAR ESTE ESCRITO Y DARLES DIVERSIÓN SIN FINES DE LUCRO.
1.- Contenido oficialmente KorrAsami en este y futuros proyectos.
2.- Buena lectura.
● Darkness
Cuarta Luna: Sangre de Vampiro.
Elsa sintió como el cuerpo de Jack se relajaba cada vez más y más, estaba quedando inconsciente. Extendió sus manos sobre él y lo acogió sin despegarse de su cuello albino. Desde el momento que empezó a beber, una sed bestial se apoderó de ella, era simplemente un elixir. Cuando sintió que el muchacho era ya peso muerto, supo que debía parar de drenar a menos que quisiera dejarlo sin gota alguna de aquel vital líquido. Sacó sus colmillos de la piel, sintió como una gota traviesa se escurría por la abertura de su labio, pero no le importó, tenía cosas más importantes en que pensar, como por ejemplo: En la impecable piel de Jackson. Donde ella había mordido antes, ya no quedaba absolutamente nada, su piel no tenía marca alguna de dientes, lo único que delataba que la joven rubia había estado ahí, eran los hilos de sangre que escurrían por la tez del joven desmayado. ¿Cómo demonios se había curado tan rápidos? ¿Era uno de ellos? No. Imposible. Apestaba a humano. La rubia trató de hacer conjeturas mentales, sin duda alguna, la sangre de Jack era la más deliciosa que había probado en toda su extremadamente corta vida, pero aun así, tenía esencia humana y, algo más, que no sabía describir tal cual. Pero los pensamientos de la joven quedaron en segundo plano cuando sintió la presencia del espectro demoniaco a uno cuantos metros de ellos. Debía actuar. Tomó a Jackson de la chamarra azul que llevaba puesta y lo alzó frente al demonio que ya estaba a sus espaldas.
— ¡Esto es mío! ¡Lo demando como mi propiedad! ¡Dile a tu contratista que se vaya al demonio, pues este joven es mi lacayo! — Cantó la rubia con el ceño fruncido.
El demonio, no muy convencido, se acercó al joven pero, en ese instante, no sintió ya el olor que su contratista le había dado. No. Ese no era su presa, aquel era alguien más, o, mejor dicho, de alguien más.
— Ese ser no es el que busco, le diré a mi contratista que su objetivo está perdido. — Habló el fantasma con garraspara entonación.
La joven rubia contempló aliviada como el ser de ultratumba le daba la espalda y se retiraba desvaneciéndose en el ambiente volviéndose más incorpóreo conforme a su lejanía. Alzó a Jackson de nuevo poniéndolo a su altura, al aparecer era igual de débil que un simple mortal hijo del sol, como lo recordaba de su primer encuentro. Suspiró cansada, aquel trabajo la tenía muerta, pero a sus papilas gustativas regresó el sabor de la sangre de aquel joven y se relamió los labios con ahínco, aquel saber era exquisito. La Elsa que intentó ocultar al mundo había despertado con ese simple sabor y acción de alimentación tan directo. No sería la última vez que probaría esa sangre tan suculenta, lo sabía de antemano, y menos ahora que ya tenía prácticamente todo control sobre Jackson, pero eso sería cuando tuviese una sed voraz. Algo en ella se despertó, unos instintos que conocía a la perfección y que a pesar de que en un tiempo luchó para negarlos, ahora podía vivir con ellos. Sus instintos vampíricos más arraigados. Y su otra yo que pudo encerrar cuando una adolescente era. Jackson Overland Frost, un ser humano cualquiera que podía regenerarse tan velozmente como ella y cuya sangre era un manjar de los dioses, lo observó un poco más y trató de comprender como un cuerpo tan delgado y carente de musculatura podría cargar con semejante don. Su tío Eliot estaría más que contento de buscar aquellas respuestas que ella desconocía.
- o - o - o - o - o - o - o -
Una joven wicca de tez chocolate peleaba contra su semejante de piel lechosa, Korra se estaba fastidiando de tener que soportar los constates reproches de Asami, pues siempre le exigía que la bajase, ya que ella podía defenderse sola. Si por ella fuera, ¡la dejaba ahí! Pero no podía, Els le había dado órdenes explícitas de cargar con aquella joven hasta que el lugar fuera seguro. Algo frustrada, llegó donde su líder y notó que observaba con ojos penetrantes al probar humano que tenía cargado cual muñeca de trapo. Si mal lo recordaba, las únicas beses que su joven líder tenía aquella extraña mueca era cuando pensaba detenidamente algún plan que ponía en riesgo a cualquier miembro de su clan o cuando no comprendía algo. Se acercó a él y aquel gesto se esfumó, el joven era realmente extraño. Con la amabilidad que tenía hacía los suyos que, Els le pidió que llevara a casa a la joven que tenía cargada y le explicara, con su autorización y con las advertencias correspondientes, lo que había pasado en ese lugar, ella luego se encargaría de hacer lo correspondiente con Jackson. Y si no entendía, que se sintiese libre de borrarle la memoria e implantar recuerdos nuevos en su pequeña e ingenua mente de humana novata en esos temas. Korra se sintió más que feliz por el permiso otorgado, con una sonrisa de oreja a oreja, se encaminó con Asami aún sobre sus hombros hasta el satomovil con la esperanza de poder poner en práctica sus conjuros de liberación de memoria.
Elsa contempló a Korra irse con la amiga de Jackson sobre ella, le dijo a Bella que podía retirarse por esa noche y que podía valerse por su misma, que si surgía algo llamaría a Olaf para protegerse, la joven castaña -sin muchos ánimos- acató la orden de su líder y se esfumó adaptando su forma animal que se desvaneció a la distancia. Así, ya estado sola, Elsa se giró sobre sus talones y empezó a caminar con un Jack inconsciente en sus brazos, había tomado al chico en posición princesa, en todo el transcurso del camino mantuvo una mirada frívola y sin emoción alguna, su cabeza estaba sufriendo una constante masacre de ideas y cierto ente que era mejor no evocar. Pero era muy tarde, Jackson lo había logrado con su sangre. Llegó a la casa del joven castaño y optó por dejarlo en su cuarto; extendió sus hermosas alas y voló hasta la ventana, al parecer tuvo un golpe de suerte pues el cristal estaba abierto de par en par, sin mucho esfuerzo, aventó al joven que tenía entre sus brazos a su cama con tal precisión que hasta ella misma se quedó asombrada. Se sentía algo mal por tratarlo con tal nivel de brusquedad, pero no podía entrara aquella casa sin ser invitada previamente, después de todo, seguía siendo un vampiro y parte de sus limitaciones era el no poder entrar a una casa ajena sin ser invitados por el dueño o uno de los miembros que habitaban en ésta. Ser un vampiro apestaba a veces, y lo peor, es que no podía recurrir a su parte lobuna porque venía integrada a la vampírica.
- o - o - o - o - o - o - o - o - o - o
La morena llegó a una gran mansión junto con su compañera, la gran casa no le impresionó en lo más mínimo, donde ella vivía junto con Els y los demás miembros de los Copos Oscuros. Bajó del automóvil y, junto a Asami, se adentraron en la mansión Sato. Korra se sintió extrañada al ver que casi no había actividad en el gran caserón, ya estaba tan habituada a ver gente desplazarse de allí para allá en la central que el la calma absoluta le era desagradable. Miró a su anfitriona quien le ofreció un asiento en la gran sala, tenían un decorado moderno, pero sin perder el estilo burgués de una antigua Inglaterra. Los muebles eran grandes y robustos de un color rojo con detalles café claro, la textura era realmente suave pero firme a la vez dando como resultado un buen lugar para sentarse. Sin negarse mucho, la morena dejó caer su peso en el cómodo mueble. Vio que enfrente de ella, una mujer de avanzada edad le servía una taza de té, la ancianita se le hizo tan adorable que le regaló una sonrisa y unas palabras de agradecimiento, tomó el té y al sentir el buen sabor del líquido, le dio un cumplido que la mujer mayor agradeció de todo corazón. Cuando la viejecita se fue, Korra volvió a adoptar un semblante serio, ella no sabía que aquella muchacha que tenía enfrente era su semejante, una wicca.
— ¿Me vas a contar todo? — Preguntó Asami mirando a la joven a los ojos, aquella morena se le hacía demasiado familiar.
— Por supuesto. — Korra suspiró, era la primera vez que le decía a un "humano" sobre su mundo. — Mi nombre es Korra. Soy una wicca.
A la joven de ojos verdes se le cayó la quijada de la impresión. ¿Aquella chica, una wicca igual que ella? No. Debía ser imposible. La última wicca que quedaba era ella, no existían más, trató de buscar, pero siempre terminaba en la misma respuesta. Ella era la última bruja elemental.
— Sé que es difícil de aceptar, pero Els me dijo que intentara explicarte todo, así que eso haré. — Continuó Korra al ver la reacción de la chica.
— Es imposible que seas una wicca... — Habló Asami interrumpiendo a la chica de ojos azules haciéndola enojar.
— ¿Disculpa? Que no parezca una wicca de esas que ves en la televisión no quiere decir que no lo sea y... — Pero de nuevo, a la morena se le impidió concluir.
— Digo que es imposible porque yo soy la última wicca en el mundo.
Korra vio tanta seriedad en las palabras de la joven de ojos verdes que le fue imposible no reírse ante tal absurdo comentario. ¿Ella? ¿Una wicca? ¡Había conocido perros con niveles mágicos más grandes que los que tenía ella!
— Ya, ya, ¿tú, una princesita hija de papi, la última wicca? — Seguía carcajeando entre pausas, para ella era realmente divertido. — Claro, claro, y yo soy una humana cualquiera.
— ¡No te burles! ¡Es cierto! — Le reprendió Asami frunciendo el ceño, lo que había dicho era más que serio.
— Ya, ¿y cuál elemento dominas? ¿Aire, tierra, agua o fuego? — Cuestionó Korra secándose las lágrimas.
— Soy una bruja verde... dominó la naturaleza... — La morena paró de reírse en ese momento y comprendió la seriedad del asunto. Quizá ella no era la última wicca, pero si la última en dominar aquel arte tan puro. — Dejaste de reír, eso es bueno.
— ¿Me estás mintiendo? — Interrogó Korra con la mirada clavada en Asami.
— ¿Perdón?
— Escucha, princesa: En nuestro mundo hay dos tipos de brujas extintas; Las wicca a verde cuyo poder está basado en dominar a plenitud la naturaleza y aquellas que pueden dominar los cuatro elementos juntos. Las wiccas que domina la naturaleza están todas muertas. El legado acabó un año antes de que yo naciera. Es imposible que seas una wicca verde, jamás supimos algo de ti o de tu madre o abuela y eso que tenemos un control total sobre los natalicios y defunciones. Así que no hagas esta clase de bromas. Y en cuanto al otro clan, estás viendo a la última cuyo legado morirá conmigo. — Dijo la morena con el ceño fruncido, aquel tema era delicado para las wiccas.
— ¡No estoy mintiendo! Mi madre era una wicca, de ella herede sus poderes. — Expresó la ojiverde.
— ¿¡Cómo se llamaba tu madre!? — Gritó la chica de ojos azules.
— Yue, Yue Sato. — Contestó la muchacha de piel clara.
— ¿Tú abuela? — Siguió interrogando Korra.
— No lo sé, jamás la conocí.
— ¿Algún pariente de tu madre? ¿Un tío, tía, primo?
— No... Nada... — En ese instante Asami se dio cuenta de algo que jamás notó: No sabía nada de la su familia materna.
— ¡Demonios! ¡Esto no nos lleva a nada! — Se frustró Korra, si en serio aquella niña era una wicca verde, quizá cabía la pequeña posibilidad de que su clan volviera a estar equilibrado. — Como sea, Els no me mandó aquí para hacerle de *Avatar.
Tras respirar unas cuantas veces y contar hasta cien, la joven wicca morena ya estaba mentalmente tranquila para poder informarle a la nueva "wicca", si es que lo era, sobre todo lo que era el mundo de los seres nocturnos.
— Escucha atentamente princesa, que esto sólo te lo contaré una vez. — Amenazó Korra. — Este mundo está divido en dos grandes grupos: Los seres diurnos; que son los humanos y todos los animales que pueden vivir bajo el sol, ser heridos y morir con facilidad. Y los seres nocturnos: Quienes en su mayoría odian salir a la luz del sol, o simplemente son mitos para los humanos.
» Lo que viste hoy es algo que nosotros llamamos un "contratista", o, como le dicen los humanos, un "demonio". Un ser que es invocado directamente del infierno que recibe algo a cambio de sus servicios, en el caso de hoy, el de secuestrar a tu querido amigo para un grupo de vampiros psicópatas llamados "Los Última Noche".
— ¿Vampiros? ¿Demonios? — Repitió con incredulidad la pobre de Asami.
— Así es, niña rica.
— Me llamo Asami Sato, Korra. — Se presentó la joven, estaba harta que le dijera "princesa" o "niña rica".
— De acuerdo, Asami. Mi jefe, Els, es un híbrido entre una vampiresa y un Hombre Lobo, él se encarga de mantener la armonía entre todas las especies de seres nocturnos y de que se mantenga oculta nuestra verdadera identidad ante los humanos con ayuda de los otros tres grandes clanes: Las Brujas, Los Vampiros y Los Hombres Lobo. Sé que es muy difícil de creer, pero es la verdad. Hay más cosas en el mundo de lo que vemos, hay cosas que un humano...
—...No puede comprender. Eso es la magia, una forma de ciencia que los mortales se niegan a ver... — Citó Asami lo que su madre siempre le decía.
— ¡Exacto! Espera, ¿cómo sabes la filosofía de los seres nocturnos? — Interrogó Korra curiosa.
— Mi madre siempre me lo decía. Y antes de morir, me confesó que habían más cosas de las cuales jamás seré participe, cosas que mi padre se encargaría de negarme. Sinceramente, no sé porque dijo eso, papá me ha dado todo lo que he querido y no me ha prohibido nada. — Habló más para sí que para su interlocutora.
— Tu padre es Hiro Sato, Els ha tenido unos encuentros con él... — Rememoró la morena poniendo un dedo en su barbilla.
— ¿Conoces a mi padre?
— Soy la guardaespaldas oficial de Els y su hermana en los eventos formales donde hayan humanos. Si mi jefe llegase a defenderse de un pobre mortal, por más que disminuyera su poder, el pobre humano quedaría, sino muerto, herido de gran gravedad con casi cero posibilidades de vida. — Explicó con orgullo Korra al estar al servicio de un ser tan poderoso. — Pero de nuevo me desvías del tema. Tu amigo está en gran peligro, los Última Noche lo quieren en sus garras y es el deber de Els protegerlo, y por lo que veo, te has metido en todo esto por estar en el lugar equivocado en el momento erróneo. Te doy dos opciones: Callar y ayudarnos, o te borro la memoria y así todos estemos a salvo.
— ¿Hay otras wiccas? Quiero decir... ¿En serio no soy la única? ¿Qué pasará con Jack? ¿Con su hermana? ¿Con sus padres? — Se interesó Asami, de la respuesta que recibiera dependería su elección.
— Todo un clan. No sé, eso es cosa de Els, él se encargará de ello... Pero... — Y de nueva cuenta, la ojiverde irrumpió a la de ojos azules, eso se le haría hábito de seguro.
— Ayudaré.
— ¡Déjame terminar! Al estar con nosotros tú te vuelves una traidora ante el clan de las wiccas, así como yo, así como todos bajo el mandato de Els. Piénsalo bien.
— He dicho que ayudaré... Jack es mi mejor amigo y si hay algo que pueda hacer, lo haré. — Una sonrisa pícara se dibujó en los labios rojos de la muchacha. — Además, esto resulta más divertido que manejar acciones.
— De cuerdo, le diré a Els tu elección... Aun no entiendo cómo es que él permitió que te dijera todo... Quizá ya sabía que eras una wicca, no sé, con ese chico jamás puedo entender lo que pasa. — Se quejó la morena mientras se paraba. — Vendré mañana para informarte que ha decidido Els sobre ti, si darte custodia especial o llevarte al cuartel general.
Y sin más, aquella wicca se paró de su asiento acompañada por la chica de ojos verdes quien se encaminó dónde estaba Korra para acompañarla a la salida, en un mal movimiento, su pie se dobló a tal grado que provocó que perdiera el equilibrio y amenazara con caer al piso. La joven de bellos ojal azules, al notar el balanceo poco habitual de aquella muchacha, enseguida se puso atrás de ella y frenó su caída. Extendió sus brazos y, por un instante, sintió que tocaba la cosa más delicada del mundo. Los brazos de Asami le rodearon el cuello para logra tener algo de estabilidad, eran delgados y largos, pero fuertes, podía predecir que la piel de aquella chica era suave y tersa al sentir la fricción que tenía con su nuca; la ojiverde era más alta que ella por una cabeza, pero encajó perfectamente con su anatomía. Sus brazos la rodearon con el afán de no dejarla caer, sintió la delicada espalda de Asami por encima de la ropa que llevaba. Korra en ese instante sintió algo familiar, una sensación que desde hacía años no palpaba, la cercanía de otra wicca. En ese momento no dudó más, aquella joven que tenía sujeta entre sus brazos era su igual y no cualquiera, la última wicca verde que habitaba el mundo. Por eso es que Els le pidió que la acompañara, ahora entendía el trasfondo del asunto. Sin duda alguna, su líder era más astuto que el mismo diablo. La joven morena alzó la cabeza para ver si aquella chica estaba bien, pero lo que encontró le sorprendió y al mismo tiempo le dio curiosidad, Asami la veía sin pestañear y con un notable rubor en la cara, « ¿y a esta qué le pasa?», pensó Korra al instante conectando su mirada azul con una verde olivo.
Asami no podía creerlo, aquella joven tan bajita pudo con su peso sin siquiera quejarse, sin notarlo, había puesto sus brazos alrededor de la nuca de la morena, sintió con lujo de detalles la delicadeza de aquella piel achocolatada, el cabello de Korra se coló entre sus falanges y percibió la finura de las herdas de cabello de aquella joven. Sin quererlo, su pecho se rozó con el de ella y una corriente eléctrica le recorrió toda la columna. Dios, dios, dios, sus nervios le estaban haciendo una mala jugada. En ese instante, bajó la vista y la contempló sin que ella lo notase. Asami se fijó en lo bien trabajada que estaba corra, sus hombros eran fornidos, tenía músculos que solo en una mujer se verían atractivos, sus ojos azul mar le hechizaron y cuando sintió como las fuertes extremidades superiores de Korra le envolvieron la espalda, un potente deseo de querer estar así la invadió, pero solo duró unos segundos, pues, posteriormente, aquellos ojos zulúes que pudo contemplar sin ser descubierta, ahora la miraban con asombro y curiosidad. Los pómulos de la ojiverde se pusieron más que rojos sin razón aparente -para ella-, de un salto, se separó de la joven que la sostenía y la acompañó a la puerta. Sin intercambiar palabra, Korra salió dejando a una confundida Asami, pero la muchacha optó por ignorar sus dudas y concentrarse en lo importante: Habían más wicca a como ella y no solo eso, una comunidad a la que ella pertenecía. Había encontrado un sitio donde estar sin el temor de que pensaran que era rara.
- o - o - o - o - o - o -
Llegó a su hogar jadeando, tenía sed, una sed tremenda, agradecía que no hubiese nadie en casa. Subió hasta su alcoba y atacó su frigobar donde tenía más de veinte bolsas de sangre, arrasó con ellas en menos de diez minutos y el ardor en su garganta no paraba. ¿Qué demonios era Jackson? ¿Por qué las otras sangres no le estaban saciando? Cuando lo dejó en su habitación se encontraba en perfecto estado, pero a la mitad de su camino a casa esa incesante sed le atacó provocando que su garganta quemara y sus colmillos crecieran hasta su máxima longitud. Su mente estaba hecha un caos, imágenes de ella desangrando al castaño, haciéndolo suyo, proclamando cada parte de aquel chiquillo la invadían. No. Esto no era parte del trato de la marca. Esto no debía ser así. Se miró al espejo de su habitación donde sólo pudo ver la mitad de su ser y ambos glóbulos oculares: sus ojo izquierdo estaba encendido de un color rojizo y su iris extendido como el de un felino, mientras que el derecho brillaba con un tono amarillento similar al de un canino cuando se le alumbra con la luz de alguna lámpara. Retrocedió asustada, solo cuando sufrió sus primeras transformaciones tenía ese aspecto. ¿Qué le estaba pasando? ¿Qué le estaba provocando la sangre de Jackson? Debía saberlo, le pediría a su tío Eliot que le hiciera pruebas, tenía que averiguar qué demonios contenía la sangre de ese chiquillo castaño, aquel estado no era nada normal en ella.
Volvió la mirada al espejo y lo que vio la dejó sin aliento. Ya no podía ver su reflejo, cosa realmente extraña porque usualmente podía verse la mitad. Pero ese no era el problema, la cuestión que aterraba a la joven Elsa en ese momento era ver a una versión entera de ella misma mirándola a través del espejo con una sonrisa maligna. No. No. No. No podía ser ella, no de nuevo ella. La rubia platina dio unos pasos hacia atrás hasta toparse con la pared que impedía su andar. Aquel reflejo de ella era parte de la sangre vampírica que tenía, mejor dicho, aquella alucinación que la acosó gran parte de su adolescencia era la representación de sus instintos vampíricos más oscuros dentro de su ser. La había olvidado, enterrado, ocultado, desde que aprendió a controlar su sangre de nosferatu, ya no la había vuelto a ver. Hasta ese momento. El reflejo de ella misma se hizo de lado con una sonrisa en el rostro más amplia que con la que había aparecido y, detrás de ella estaba un indefenso Jack suplicando por ayuda, pero Elsa no se movió, sabía que aquello era lo que una parte de ella deseaba. Tenerlo para sí en esa forma. Aquella Elsa le empezó a hablar en el idioma antiguo que ella misma aprendió. Le decía las cosas que no quería escuchar: que era un monstruo, que no pertenecía a ningún bando entre los suyos, que era una mujer débil, no merecía el cargo que tenía en su clan, que aquel joven humano sería su primera víctima entre sus manos para drenarle la sangre y hacerse del legado de su sangre. Ser un asesino por placer propio como su abuelo, como sus ancestros, como los primeros vampiros.
La rubia no aguantaba más, tomó lo primero que sus manos sostuvieron y lo arrojó contra el cristal que la reflejaba. No lo podía soportar. En su cabeza escuchaba a aquella Elsa reírse de ella, en un vago intento para deshacerse del sonido se tapó los oídos, se agachó en ese lugar y cerró sus ojos con fuerza. La risa no paraba, el miedo volvía tras ella. No. No debía sentir miedo. Ella era un "hombre" ya, no una chiquilla que aparentaba ser un chico. Se paró con el ceño fruncido, basta de sentir temor, su tía, ni Shego y ni Kim le habían enseñado a sentirse así. Si seguía negado, o controlando, su ser, volvería a ese limbo. Alzó el rostro y permitió que la Elsa que tanto miedo le daba se apoderara del ella. No era una mujer débil. Ella era un hombre. Un vampiro. Un hombre lobo. Sintió una leve presión en el pecho y como su sangre ardía. Percibió como ambas partes de ella se fusionaban, al fin sentía como la parte que ella renegaba pero que más usaba se funcionaba con lo que era ella. Algo en Elsa se hizo más agresivo, más frío, más cínico pero sin perder su propia cordura o su filosofía de lo que era bueno o malo. Solamente había obtenido la habilidad de carecer de culpa alguna sobre lo que era socialmente aceptable y eso de cierta forma le asustó, pero sabía que así debía de ser, así era ella y no podía renegar más de la sangre que poseía. Se miró al espejo y solo veía la mitad de su ser, aun habían cosas que no tenían explicación científica, y una de ellas, era el porqué los vampiros no podían reflejarse al espejo. Pero ella solo veía una mitad de ella, en definitiva, tenía sangre de vampiro en sus venas y, al fin, lo aceptaba con todo y con lo que, según ella, le hacía un monstruo.
Era de mañana, Elsa estaba profundamente dormida en su cama con la ropa medio puesta. Su camisa estaba desabotonada al igual que sus pantalones, se encontraba tirada en su colchón cuan larga era y de su garganta salía uno que otro ronquido provocado por la mala posición de su faringe. La extraña experiencia de la noche anterior la habían agotado, no era fácil enfrentar a un ser que llevabas ocultado más de diez años. La joven rubia percibió un peso arriba de ella, suave, delicado, femenino y, por alguna extraña razón, en su mente se dibujó la silueta de un joven de cabellos castaño que en sueños le era irreconocible. Sonrío, aquel chico estaba sobre ella ahora, la parte más nueva de la rubia despertó y lo abrazó por la cintura. Pero algo no estaba bien, algo no cuadraba. Un par de objetos suaves se estrechaban contra ella y, hasta donde ella sabía, eso era anatómicamente imposible. Abrió los ojos con suavidad para encontrarse a una joven de cabello rojizo ocre mirándola con curiosidad. Su hermana. Elsa solo bufó al darse cuenta que no era ningún chico y que todo fue una mala jugada de sus ensoñaciones. Soltó a su hermana y se estiró mientras se sentaba en la cama a la par de Anna.
— Buenos días. — Saludó la menor a la mayor con una sonrisa en la cara.
— Buenos días, mi copo de nieve. — Le devolvió el saludo la mayor.
— Elsa, deja de llamarme así, ya tengo quince años de edad, no puedes llamarme como cuando tenía tres. — Le reprendió Anna con un puchero en la cara.
— Dale el placer esta vieja vampiresa y lobuna de llamarte como cuando éramos pequeñas. Anna, no sabes cuánto extrañé decirte así... — Confesó la mayor mientras acariciaba la cabeza de su hermanita.
— Está bien, está bien. Llámame como quieras... — Aceptó la menor. — Mientras me permitas estar a tu lado...
— ¿A qué te refieres? — Cuestionó la rubia parando la caricia fraterna.
— Extrañaba que me dijeras "copo de nieve"... De un día para el otro me llamaste por mi nombre, como si se te hubiese olvidado aquel sobrenombre que tanto me decías. Después, te fuiste de viaje con mamá y me dejaste sola aquí con papá... Me sentía tan sola... Elsa, eres mi hermana, la persona que más quiero en este mundo, y que te alejaras de mi me sentó mal. Tenía a papá, si, pero no era lo mismo... Te amo, hermana. — Elsa sonrió y solo abrazó a su pequeña hermanita.
— Anna, ¿siempre tenemos que acabar así todas las mañanas? — Interrogó la rubia con una leve sonrisa.
— Es que es como un sueño... Todo es tan irreal...
— Así es nuestro mundo, irreal... Ahora, vamos, debo enseñarte a tomar tu verdadera forma. — Apuró Elsa mientras se paraba de su cama.
— ¿Verdadera forma? — Inquirió Anna alzando una ceja.
— ¿Qué? ¿A caso pensabas que esta patética forma humana es la que tenemos? — Elsa casi se cubre la boca al escucharse decir aquello, al parecer había cambiado más de lo que ella pensaba.
— No lo sé, apenas llevo semanas en este mundo... Y mis recuerdos de la infancia no me ayudan mucho. — La rubia se sintió más que aliviada al notar que Anna no había percibido su cambio en el uso de las palabras.
— Dame cinco minutos, me pongo algo más decente y nos vemos abajo. El sol está aún arriba y eso no es bueno, así que haremos el ejercicio en el sótano. — Anna se quedó mirando un rato a su hermana mayor, tenía algo diferente... pero que a sus ojos le hacía parecer más natural, más ella.
— ¡De acuerdo! — Terminó accediendo, le dedicó una sonrisa a su hermana mayor y sin más dejó la habitación.
Elsa contempló la puerta cerrarse, suspiró alegre, Anna siempre la animaba sin ni siquiera hacer nada. Tomó un nuevo traje y se metió a duchar, al salir ya con su camisa blanca de botones puesta, decidió ver si tenía algún mensaje nuevo en su móvil. Cogió el aparato y lo hizo funcionar, vio que tenía algunos mensajes, en su mayoría tratando temas comerciales o de interés laboral humano, así que solo los ignoró, por algo su tía había contratado a una secretaria humana para atender esos mensajes y filtrarle a ella los más importantes. Siguió pasando nombres hasta toparse con uno de Korra, abrió el mensaje y lo que leyó en su contenido la impactó hasta cierto punto; que Asami fuese una wicca la tenía sin cuidado, ya sabía; pero lo que realmente le asombró saber fue que aquella muchacha fuese una wicca verde. Según tenía entendido, aquella variedad de brujas de la naturaleza estaban extintas, la última wicca verde desapareció en circunstancias desconocidas antes de que ella misma fuese concebida, así que tener conocimiento de que la hija de Sato perteneciese a tal grupo selecto le tenía más que impresionada. La hábil mente de Elsa empezó a trabajar de manera monumental: ¿Por qué Asami es una wicca verde? ¿Por qué ella misma no sabía que existían más seres como ella, según el mensaje de Korra? ¿Cómo es qué ella no circulaba en el censo de todos los seres nocturnos? Y sobre todo: ¿Cómo era posible que estuviese ajena a éste por tantos años? Sin tardar, le mandó una copia del menaje a su tía Renee con la petición de que averiguara todo lo posible sobre los Sato, sobre la madre de Asami principalmente, puesto que ella era la persona de la cual la joven pelinegra heredó sus poderes. Al terminar con eso, le contestó a Korra que lo mejor era que Asami pasase todo el tiempo posible con ella y con el clan, se convertiría en miembro custodio. En otras palabras: Estaría bajo el nombre de su clan sin jurarle lealtad a ella, solo sería protegida más no podría participar en peleas o decisiones grupales dentro de éste.
Al terminar de revisar su correo, la joven rubia decidió bajar al sótano donde le había indicado previamente a su hermana ir. Bajó por las escaleras que unían los dos pisos de su mansión, no era como su hogar en Italia, pero al menos tenía un aire familiar en ésta. Elsa no estaba mucho tiempo en casa, usualmente se la pasaba en la centra o fuera con su tía, así que solo llegaba a esa mansión a dormir o a hacer algunos deberes que tenía pendientes. «Algún día llevaré de regreso a Anna a nuestro hogar en Italia...», pensó vagamente la rubia sumergiéndose en la nostalgia al rememorar vagamente el lugar que la vio nacer a ella y su hermana pequeña. Pero el pensamiento fue efímero, así como vino se fue y Elsa regresó a su andar para ir a la parte baja del gran caserón, le debía se enseñarle a Anna como adquirir su verdadera forma. Los vampiros y hombres lobo tienes formas distintas, por lógica, los licántropos se vuelven lobos, más sin embargo, los vampiros tienen la gran ventaja de adquirir la forma que se les dé en gana. Los nosferatuns antiguos solían adquirir la forma de los murciélagos, cosa que se empezó a hacer una regla, así que con el tiempo los vampiros perdieron la habilidad de convertirse en otros seres animales, pero con aquella capacidad pueden emular la apariencia humana de cualquier mortal. Así que enseñarle a Anna aquella habilidad le podría ser muy útil, además de como los primeros seres que surgieron en una unión de una vampiresa y un hombre lobo, tiene por desgracia ciertas limitantes que más valía aclararle a su hermana pequeña antes de que aquel proceso viniera por sí solo. Que es mucho peor.
La rubia caminó hasta una puerta debajo de la escalera principal, al abrirla, descendió por unas escaleras que condiciona al sótano de la mansión donde se guardaban todas las cosas que le pertenecían a la familia. Al llegar, notó que su hermana ojeaba las páginas de un libro, sin más, se acercó con cautela por la espalda de la pelirroja ocre y, gracias a su diferencia de altura, observó que lo que miraba era un retrato de sus padres. Elsa sin pensar mucho, abrazó a su hermana pequeña. No habían hablado de ese tema desde que Anna recuperó sus recuerdos. La menor de las Arendelle Frozen sintió los brazos de su hermana mayor y le correspondió a la muestra de afecto, las largas extremidades de la rubia eran frías, sí, pero un frío que calentaba el corazón de Anna y, con eso, el dolor de recordar la trágica muerte de sus padres que siempre creyó había sido un accidente en vez de asesinato. Pasaron un rato así hasta que ma mayor decidió cortar el abrazo y mirar a su hermana pequeña, le dedicó una leve, pero pura, sonrisa y ésta, a cambio, le regresó un beso en la mejilla en forma de agradecimiento. «Anna, no has cambiado en nada...», pensó Elsa al sentir los labios de la pelirroja en sus pómulos. Cuando ambas eran niñas, la rubia después de complacer a la menor con un vuelo en su espalda le agradecía con esa ingenua muestra de afecto que, por lo que veía, hasta ese día lo seguía teniendo.
— ¿Lista para tus lecciones? — Preguntó Elsa alejándose un poco de Anna.
— ¡Por supuesto! — Contestó con esa energía tan suya la pelirroja mientras dejaba la foto de sus padres en una mesita que estaba cerca junto con otros objetos llenos de polvo.
— De acuerdo. Voy a iniciar yo para que veas que forma tenemos nosotros. — Explicó la mayor mientras se desabotonaba los primos botones de su camisa. — Observa con cuidado, créeme, tratar de convertirte en otra cosa es muy doloroso, lo sé porque en mis primeras transformaciones mi cuerpo trataba de tomar formas erróneas, ya que no sabía que forma tenía. Y siempre acababa con espasmo horribles...
Al terminar de hablar, Elsa se concentró e invocó en su mente la figura que quería poseer. Sus ojos brillaron de esa forma que solo ella tenía, uno rojo y el otro amarillo. Sus caninos empezaron a crecer y su dentadura a adquirir forma puntiaguda. Su cara se alargó de poco a poco adquiriendo una forma canina. El pelo empezó a crecerle de un tono gris, pero su cabello se mantuvo en ese tono rubio platino. Su espalda se encorvó dejándola a gatas, sus piernas y brazos se convirtieron en patas. De su ahora lomo, salieron un par de alas que Anna conocía perfectamente y una cola larga y esponjosa le brotó al final. La Elsa humana había desaparecido y, en su lugar, dejó un hermoso híbrido de vampiro y lobo, literalmente hablando. Lo que llamó la atención de Anna fueron los ojos de Elsa, ya que seguían siendo los de su hermana y no los de un animal junto con su cabello que se mantenía trenzado y le caía graciosamente por el hombro.
— ** ¡Wow, Elsa! Te vez... ¡diferente! — Parloteó la menor de las Arendelle al par que se agachaba a la altura de su hermana mayor.
— Gracias, tú te verás igual, pero creo que tu pelo será blanco y no gris como el mío. — Escuchó la pelirroja en su mente, Elsa estaba usando telepatía para comunicarse con ella.
— ¿¡Poseemos telepatía!? — Exclamó más que sorprendida Anna.
— En esta forma exclusivamente. — Explicó la mayor moviéndose de un extremo de la habitación al otro para darle espacio a la menor.
— Espera, estoy confundida... Si esta es nuestra "verdadera" forma... ¿qué era exactamente la manera en la que estabas cuando derrotaste a Drácula? — Quiso saber la pequeña aun con los ojos fijos en su hermana mayor.
— Oh, eso. Es la forma que adquirimos para luchar, donde todo nuestro poder se externa. Pero en esencia, así como los vampiros siguen siendo vampiros y los hombre lobo, lobos. Nosotros somos esto. — Explicó con suma paciencia Elsa. — Ahora, tu turno.
— Eh... No sé, Elsa... Tú eres genial, pasaste por todo ese proceso "natural", yo no... Apenas sé que es un vampiro, y eso solo por los recuerdos que tengo... No sé si podré...
— Si lo harás, sabes cuál es una de tus formas finales, así que tienes eso de ventaja. Solo debes imaginártelo y tu cuerpo lo hará en automático todo. — Le aseguró la mayor.
— De acuerdo... Si tú lo dices, confiaré en ti. — Accedió Anna no muy convencida de eso.
La muchacha de pelo rojo cerró los ojos con fuerza y se concentró lo más que pudo en la imagen mental que tenía acerca de la forma que debía tomar. Así como dijo Elsa, su cuerpo reaccionó automáticamente al pedido de su mente y, sin más, su anatomía comenzó a transformarse. En cuestión de segundos, ya no parecía una joven humana, ahora tenía la apariencia física de un animal semejante al de su hermana, pero con la diferencia de que ella poseía un pelo blanco tan pulcro que deslumbraría a cualquiera, sus trenzas usuales se mantuvieron fijas al igual que sus globos oculares. Unas alas enormes le crecieron al igual que los caninos. Aquel cambio monumental para ella se sintió como si hubiese ordenado a su mano alzarse, así de natural era. Al abrir los ojos y sentir todo de una manera tan distinta, Anna empezó a saltar de la emoción ladrando con suma alegría.
— ¡Elsa, Elsa, Elsa! ¡Mira, mira, mira! ¡Tengo alas igual que tú! ¡Tengo orejas igual que tú! ¡Ya no somos tan diferentes! ¡Ya somos iguales! ¡Que feliz soy! ¡Que feliz soy! — Canturreaba mentalmente la pelirroja chocando la frente con su hermana mayor.
— Anna, no me importó jamás que fuésemos distintas. Te quiero así como eres, mi copo de nieve. — Le mencionó la rubia con una sonrisa lobuna. — Ahora, es tiempo de regresar a nuestra forma humana. Ve por tu ropa. — Ordenó la mayor al mismo tiempo que se dirigía donde yacía sus prendas.
— ¿Ropa? — Interrogó Anna ladeando la cabeza.
— ¿Qué? ¿Creías que al volver a ser humanos volveríamos con ropa y todo? Lamento decepcionarte, pero la respuesta es no. — Respondió entre risitas Elsa.
— De acuerdo, de acuerdo.
Ambas hermanas buscaron sus prendas y, sin tardar, regresaron a la forma humana que tenían. Elsa, mientras se abrochaba los botones de su saco, pensó en Jackson y como lo había dejado tirado en su habitación, la imagen de un inconsciente chico de pelo castaño que había sido introducido a la fuerza en un mundo de oscuridad le taladraba la mente, una responsabilidad nueva se le había forjado cuando decidió marcarlo. «Debo decirle, ahora está bajo mi custodia personal... mejor dicho, es mi lacayo personal...» Su garganta empezó a escocer, pero bastó con beber un poco de la sangre que guardaban en el refrigerador para saciarla, había aceptado su parte vampírica que en todos esos años desde que dejó su hogar pretendía controlar, lo cual le daba ahora le daba una ventaja. Ya vestida, se despidió de su hermana diciéndole que tenía unos asuntos pendientes y que la vería en la central, de paso, le mandó un mensaje a Korra donde le pedía llevar a Asami al edifico de los Copos Oscuros para preséntale a todos. Antes de salir de su hogar, su hermana menor la detuvo de la mano, le dedicó una sonrisa infantil y la despidió desde el umbral de la casa. Elsa le contestó al gesto y siguió su camino, buscó la ruta que había seguido en plena noche y encaminó sus pasos a éste, sabía a donde vivía su presa, era cuestión de tiempo que llegase al hogar del joven Jack. La rubia suspiró, sería la primera vez que hablaría con un humano para decirle que es ella y de dónde provenía. Su sangre de vampiro le decía que eso no era posible, que un humano no era capaz de asimilar tales noticias, pero ella misma iba contra esa idea, podía haber aceptado una parte de ella, podía mirar a los humanos como inferiores a ella ahora, pero eso solo ayudaba a la joven a creer más en su filosofía de cuidar y proteger a todos y eso, para ella, era un pequeño triunfo personal.
- o - o - o - o - o - o - o - o - o - o -
Ahí estaba él con aquel chico que conoció el día que lo habían asaltado y aquel rubio fue a su rescate, jamás había contemplado a un joven moverse tan rápido como él. Su trenza flotaba por el aire y sus puños daban en el blanco justo, una imagen muy heroica y exótica para el joven Jackson. Pero todo eso acabó en segundos. Ahora tenía al mismo joven sobre él, en sus labios se podía ver una sonrisa dibujarse, su lengua acariciando su blanco cuello y, en cuestión de segundos, un dolor punzante en su blanda piel le acompañó. Els lo había mordido. Pero aquel acto no tardó mucho, pues los filosos caninos del rubio fueron reemplazados por su lengua, y a su vez, su lengua por sus labios, labios que empezaron a subir por el cuello del castaño a su quijada, y de ésta se encaminaron a sus finos labios uniendo ambas pieles en un erótico beso sabor hierro. Las lenguas de ambos empezaron a juguetear buscando dominarse mutuamente, pero Jack no era tan fuerte como Els, así que terminó cediendo ante el rubio. Las manos del mayor de ambos empezaron a recorrer su cuerpo, las caricias iniciaban a subir de tono junto con el calor de ambos cuerpos. El momento iba a pasar al siguiente nivel cuando, de la nada, un sonido familiar alarmó a Jack.
*Rin, Rin, Rin*
Su despertador.
Jackson se despertó agitado, sudando, de inmediato tomó su cuello y sus labios, tenía un dolor de cabeza tremendo y unas nauseas abismales. Miró a su alrededor y se percató que estaba en su habitación y no en la de la casa de Asami, ¿qué demonios había pasado? Invocó en su mente los recuerdos de la noche pasada y, con horror, rememoró la imagen de aquel monstruo terrorífico que lo trataba como si de un muñeco de trapo de trazase. Gritos. Gritos de su amiga Asami. Ordenes, ordenes provenientes de una hermosa voz que exigía a una chica llamada Korra puntería. Todo se volvía más nítido con el paso del tiempo y el despertar de su cerebro. Ahí, entre sus memorias, estaba Els de nuevo salvándole la vida por segunda ocasión junto con dos chicas. Después, si hilo de pensamientos cambió junto con el escenario, ahora estaba acorralado debajo de un árbol con Els como el protagonista, se acercaba a él y, en segundos, sus dientes estaban contra su cuello igual que en su sueño, solo que esta vez no había ni beso ni caricias, aquel joven lo quería dejar sin sangre prácticamente, un dolor placentero se extendió por su cuerpo otra vez como en aquella ocasión, Jackson al reconocer esto cortó su recuerdo en el acto. Ya había rememorado lo que tenía que recordar, además de suponer que Els lo había dejado tirado en su cama. «Esto pinta mal... ¿quizá todo fue un sueño? Sí, eso, quizá solo estaba soñando y aquella mordida y todo eso fue solo una pesadilla. De seguro me dormí en el carro de Asami y ella me trajo hasta aquí y no Els, además, ¿cómo sabría él donde vivo? Si, ha de ser eso», se trataba de convencer Jack mentalmente mientras se paraba e iba a su baño. Tenía vacaciones y pensaba pasárselo con su mejor amiga, Asami.
Se paró de su cama y se dirigió a su baño para darse una merecida ducha, al quitarse la chaqueta azul que llevaba desde ayer, se dio cuenta de algo que le heló la sangre. El cuello estaba manchado de sangre. Sus ojos se abrieron tanto que se podía apreciar perfectamente su pupila, su agarré se incrementó a tal punto que por cuestión de algunos kilogramos de fuerza no rompió su prenda. Aquella evidencia había echado a bajo la gran mentira que se estaba tratando de creer. Tenía que salir, no podía estar ni un minuto más en su hogar, encontraría a Els y le haría algunas preguntas. Se duchó lo más rápido que pudo, se puso una camisa, pantalón y botines negros junto con una muñequera del mismo color, se "peinó" un poco y bajó donde sus padrinos. Desayunó un un ***pan tostado con mantequilla y azúcar, se despidió de sus padrinos con la excusa de que iría a ver a Asami de nuevo, y salió de su hogar sin esperar las preguntas de quienes lo cuidaban. Al cerrar la puerta de su vivienda con llave, giró sobre sus talones y caminó hasta la calle y, ahí lo vio, apoyado en un poste con las manos dentro de las bolsas de su pantalón, su trenza le caía graciosamente y parecía ocupado viendo algo en el suelo hasta que se percató del joven. Unos hermosos ojos azules lo miraron y Jack sintió una extraña combinación de nervios y temor. Els lo contemplaba con una seriedad abismal y eso, a Jackson, no le gustaba para nada.
Elsa había llegado a la casa de Jackson en un santiamén, su olor aún estaba fresco y con la ayuda de la luz del sol, pudo encontrarla fácilmente. Se acercó al umbral de la entrada del pequeño hogar y, al instante, sintió como tenía total derecho de penetrar aquella morada. Sus sentidos se agitaron y su mente viajó hasta la de su lacayo, observó cual sombra los sueños del castaño, se podía ver a ella misma con un cuerpo masculino tomar posesión no solo de la sangre de Jack, sino también de su cuerpo carnal. Un calor infernal se extendió desde el abdomen de la rubia hasta una parte de su anatomía que simplemente había quedado en el olvido a excepción de cuando debía realizar alguna función fisiológica o ducharse, sus colmillos crecieron y, por un segundo, quiso ser ella quien estaba en ese lugar en vez de una figura creada por el subconsciente del castaño. Cuando iba a ir por todo, Jackson se despertó de golpe gracias a un ruido irritante provocando que Elsa saliera precipitadamente de la mete de su sirviente. Aquel acto que contempló la dejó muy alterada, normal en ella, pues era un vampiro después de todo y los deseos carnales le iban y venían cada vez que observa a un joven más que atractivo. Se tomó la cabeza y vio a duras penas un poste de luz cerca, se dirigió como pudo y, de una de las bolsas de su pantalón, sacó un pequeño frasco con pastillas rojas en el. Sangre en caso de emergencia. Tomó más de cinco de un jalón y su mente se logró serenar como de costumbre. Aquel invento era de su tío, era como morfina vampírica. Su mente se dispersó y pensó con claridad además de recordar que la había llevado ahí. Seguía pensado las palabras adecuadas para dirigirse a Jackson cuando sintió su presencia, al instante posó sus ojos en él. Sus nervios empezaron a florecer, era el momento de la verdad. De decirle la verdad.
— Hola, Jackson. — Saludó la rubia sin separarse del poste.
— ¿Qué demonios haces aquí, Els? — Escuchó preguntar a Jackson con un tono bastante irritable, y Elsa acababa de adquirir poca paciencia para con los humanos.
— Gracias, Jackson, a la próxima que un demonio te quiera comer dejaré que lo haga. — El castaño se quedó mudo ante la respuesta de Els, el muchacho que él había conocido no era así de frío. — Ahora, acompáñame. — Ordenó la rubia dándole la espalda a Jack.
— ¿Y si me niego? — Contestó el muchacho, él podía jugar ese juego también.
— Te he dicho que le acompañes, es una orden. — Gruñó Elsa mientras miraba a Frost fijamente con el ceño fruncido, su humor había empeorado bastante desde que aceptó su parte vampírica. Pero bueno, algún día debía aceparla y ser libre de demostrar sus raíces.
Jack iba a protestar con un "a mí no me das órdenes", pero de su boca no salieron palabras, es más, su lengua se trataba cuando intentaba contradecir al rubio, su cuerpo tomó vida propia y siguió al joven que ya había empezado a caminar. El castaño se extrañó al ver como su cuerpo reaccionaba, él intentaba dejar de caminar, moverse o hablar para negarse a ir. Pero era inútil. Su cuerpo no lo obedecía. Elsa miró de reojo por un momento a Jackson para ver si la seguía, y, al verlo andar tan mecánicamente, supo que el que estaba andando a su par era solo sus propias órdenes controlando la anatomía del castaño y no él mismo. Aún tenía mucho que aprender sobre tener un sirviente.
Llegaron a un café cercano, era un puesto relativamente grande con una sección al aire libre, el olor a café inundaba las fosas nasales de ambos. El interior del local era muy acogedor, el color dominante era el café, unas mesitas de hierro negro bien soldadas eran el mobiliario de la pequeña sucursal junto con unos muebles color crema que estaban empotrados cerca de las ventanas. Elsa y Jack tomaron asiento en uno de los muebles que estaban fusionados con la pared color crema, ambos sentados paralelamente, sus miradas se encontraban de vez en cuando para solo tratar de saber que pesaba el otro. Después de ordenar una taza de té para la rubia y un vaso de agua para el castaño, era tiempo de empezar a dialogar con respecto a lo que había ocurrido la noche anterior. Elsa tomó un sorbo de su té negro y trató de analizar lo que iba a decir, debía ser cautelosa, quien sabe si algún miembro de los Templarios estaba por ahí.
— De acuerdo... — Habló Elsa con un tono casi inaudible. — Tenemos que hablar, Jackson.
— ¡No me digas! — Bufó el castaño mientras se cruzaba de brazos.
— Te suplico hablar con suma discreción, el tema que vamos a tratar es más que delicado y algo costoso de entender. Además de peligroso. — Advirtió Els mirándolo fijamente denotando la seriedad del tema.
— De acuerdo. Habla. — Acató Jackson poniendo un poco de su parte.
— ¿Qué recuerdas acerca de la noche pasada? — Cuestionó la rubia mientras bebía un poco más de té.
— ¿A parte de qué un monstruo me tratase como una muñeca de trapo y tú me dejaras casi sin sangre? No mucho. — Respondió Frost jugueteando con su vaso de agua.
— De acuerdo. Lo recuerdas todo. — Acató Elsa dejando su lado su taza de té. — ¿Sabes quién soy?
— Tu eres Els, el chico que me ha salvado la vida dos veces, el empresario que tiene un convenio con mi mejor amiga y el soltero más codiciado. — « ¿Pero qué demonios dije?», se reprimió Jackson al darse cuenta de lo que había dicho de último.
— ¿Y crees que soy humano? — Interrogó la rubia apretando sus puños.
— ¿Estás demente? Claro que sí. De acuerdo, quizá me hayas mordido y casi drenado la sangre, pero al menos sigo vivo y creo que lo último lo estoy exagerando. Mira, hay múltiples enfermedades que provocan que el ser humano desee... — Jack iba a continuar con su explicación "lógica", cuando la rubia lo interrumpió en el acto.
— Tonterías. — Susurró con tono venenoso.
— ¿Perdón? — Dijo el castaño sintiéndose ofendido.
— Déjame adivinar, humano. Vas a empezar a hablar sobre que hay otros como tú que beben sangre, y cosas así, ¿no? Permíteme decirte una cosa: No soy como tú. — En ese instante, lo ojos de Elsa brillaron de diferente tonalidad, como era digno en ella y sintió el temor de Jackson en ella.
— ¿Q-Qué eres? — Tartamudeó el castaño tratando de controlar su temor y curiosidad, no era nada fan de lo sobrenatural, pero eso le había provocado un sentimiento nuevo y extraño.
— Soy un híbrido, el producto de la unión de una vampiresa y un hombre lobo de elite. — Sentenció la rubia con mirada seria. — Y tú, Jackson Overland Frost, ahora eres mi lacayo. Te he marcado como mío y puedo hacer que hagas lo que se me dé en gana, como cuando te obligué a acompañarme hasta aquí.
— ¿Sabes qué? Estás loco. Literalmente, ¿vampiros? ¿Hombres lobo? Por favor, ese truco de los ojos de seguro lo hiciste con ayuda de unas lentillas, ¿creíste que me diste miedo? ¡Pues no! ¡Y ahora, me retiro! — Chilló Jackson al mismo tiempo que se ponía de pie.
— Quédate, es una orden. — Y de inmediato, Frost volvió a sentir como su cuerpo le dejaba de hacer caso y obedecía a Els de antemano. — ¿Me vas a dejar proseguir? ¿O me veré forzado a obligarte?
Jackson no dijo nada, se quedó sentadito en su silla y dejó seguir a Elsa. La chica le explicó a grandes rasgos el mundo de los seres nocturnos junto con su jerarquía. Le habló también sobre el caso de su amiga, Asami, y que ahora debía estar en custodia de ella por ser única. El castaño no procesaba tanta información que su cerebro recibía, en cuestión de minutos el mundo que él creía conocer se desmoronó y, cada vez que se negaba a creer algún dato, la rubia conseguía el medio necesario para demostrar su punto en base al método científico de los humanos. Después de casi media hora, al fin Elsa acabó con su breve resumen de todo, incluyendo la explicación de que eran los Ultima Noche y la razón por la cual ella creía que iban tras Jackson.
— Y, por ende, te debo custodiar. — Terminó Els sorbiendo su tercer té negro.
— Vale, déjame asimilar: Hay algo extraño en mi sangre y por eso estos chupa sangre quieren poseerme, pero tú me "marcaste" como tuyo lo que me hace algo inmune a ellos. — Resumió el castaño.
— Básicamente. — Aceptó la rubia.
— De acuerdo... Ahora lo segundo... — Jackson miró fijamente a Elsa. — Así que... Eres un vampiro, ¿no?
— No. Como te dije en un principio: Soy un híbrido entre una vampiresa y un Hombre Lobo. — Volvió a explicar la muchacha con poca paciencia al notar que el joven la picaba con una cuchara de plata. — ¿Qué demonios haces, Jackson?
— Si eres en parte Hombre Lobo, eso te hace susceptible a la plata. — « ¡Dios mío! ¡Denle un premio a la inteligencia!», pensó la rubia mientras rodaba los ojos.
— Eso sólo le pasa a los Hombres Lobos de sangre pura, mis genes vampíricos me permiten ser inmune a ella. — Estaba a punto de perder la paciencia.
— Eso significa que puedes salir al sol, ¿no? — La joven líder de los Copos Oscuros respiró hondo y se recordó que estaba ahí para aclarar sus dudas y explicarle un poco sobre su mundo, cosa que ya había hecho.
— Así es, aunque no es muy recomendable que exponga mis alas a éste, pues las puedo quemar o, inclusive, perder. Tampoco es una gran idea salir en mi verdadera forma, ya que puedo acabar hecha cenizas. Si eso es lo que querías oír. — El castaño la miró con una ceja alzada.
— ¿Y tu hermana? ¿Ella es igual que tú? — «Estoy a nada de ahorcarlo... ¿Es qué no me prestó atención?»
— Anna tiene más genes vampíricos que yo, pero igual puede salir al sol, sólo que en menos medida. Tienes más posibilidades de acabar siendo polvo que yo, en otras palabras. — Vio al joven cruzarse de brazos y hacer un ademán de pensar su próxima interrogante.
— ¿Pero no se supone que al ser mitad una cosa, mitad otra, tienes el doble de debilidad?
— No, eso sólo pasa con los semidioses. Mi caso es muy distinto. — Explicó Elsa con algo que él pudiera entender.
— ¿¡También exciten semidioses!?
— Jackson, deja de leer a ****Peter Jasón y los dioses del Olimpo... Y si los hubiese, ustedes estarían más que muertos. — Contestó sarcásticamente la rubia.
— De acuerdo.
— ¿Alguna otra pregunta?
— No. Creo que sería todo.
— De acuerdo. — La joven Arendelle hizo un ademán para que le llevaran la cuenta y así poder irse del sitio, tenía cosas pendientes.
— Bueno... quizá una... — Se aventuró a decir Jack. — ¿Mi hermana menor igual está en peligro?
— No, ella es totalmente humana. — Respondió rápidamente la muchacha mientras pagaba la cuenta de ambos.
— ¿Qué haré a partir de ahora?
— Irás todos los días al cuartel general de mi clan, donde podré vigilarte y solo te retirarás cuando sea de noche y necesites dormir. Yo te escoltaré personalmente hasta tu hogar y te daré indicaciones de cómo evitar invitar a un vampiro. Algunos son muy astutos y en sueños pueden lograr convéncete de permitirles el paso. Pero eso será a partir de mañana. Hoy mandaré a uno de mis guardias a vigilar tu morada, así que no tienes de que preocuparte. — La joven rubia se paró y se encaminó a la salida sin esperar a Jackson siquiera.
— ¡Oye! ¿Me vas a dejar aquí? — Gritó el castaño irguiéndose y siguiendo a la muchacha.
— Ya no te necesito, haz lo que quieras, tengo cosas más importantes que hacer... — Y sin más, se retiró dejando al pobre castaño en un lugar que desconocía.
- o - o - o - o - o - o - o -
Elsa llegó a la central más liviana que nunca, al parecer apenas aceptó por completo todo su ser, toda la presión que sentía con referencia a sí misma desapareció. Al adentrarse en las instalaciones notó algo que no le gustaba, silencio total. Los pasillos de su central estaban totalmente vacíos, sentía a todos sus miembros -o los pocos que le quedaban-, pero estaban agrupados en una sola habitación; estaba a punto de ir en dirección a ellos cuando se percató de dos presencias agendas a las que ella detectaba como miembros de su clan. Una era la de una humana con sangre nocturna y el otro un Hombre Lobo poderoso, ambos trataban de ocultar su aura por lo poco que podía sentir Elsa, pero ella era tan sensible que los detecto con tan solo unos cuantos segundos de analizar las presencias que sus sentidos captaban. Algo no estaba para nada bien si Esmeralda y su tío venían a verla, pero aún más importante que eso: Habían traspasado su territorio sin pedirle previamente acceso a ella o a sus sombras, quienes se encontraban ausentes. Habían esperado el momento idóneo para colarse y amenazar a los suyos. Si algo tienen los vampiros y Hombres Lobo era que odiaban, repito, ¡odiaban! Que se meterían a su territorio sin permiso.
La rubia chasqueó la lengua y metió sus manos en las bolsas de su pantalón, trató de bajar su furia y se encaminó hacia su oficina donde se encontraban los peculiares visitantes. Cuando llegó al cuarto, Esmeralda estaba sentada en una de las sillas que se encontraban frente al escritorio de Elsa, usaba una blusa blanca de botones y una falda pegada a su cuerpo color morado, su cadera estaba adornada con un cinturón que poseía monedas atadas a éste con los símbolos característicos de una bruja, su mirada era severa, algo melancólica y expedía preocupación a más no poder. Por otra parte, su tío estaba erguido alado de la otra silla, tenía aferrado el mueble con ambas manos, sus ojos verdes transmitían furia y frustración. Si antes Elsa tenía un mal presentimiento, ahora el estado en el cual loa líderes de dos de los grades clases se lo confirmaba. Hizo notar su presencia tosiendo falsamente, ambos mayores estaban tan asentados en sus pensamientos que solo hasta que Elsa hizo aquel sonido para llamar su atención logró sacar a ambos de su trance mental.
— Buenas tardes, líderes, ¿se puede saber qué hacen en mi territorio? — Cuestionó la rubia mientas se sentaba en su silla.
— Sé que no te gusta que invadamos tu propiedad, Els. — Aceptó el líder de los Hombres Lobo.
— En efecto, no me gusta. — Comentó Elsa mirando severamente a su tío.
— Pero no es tiempo para cosas tan triviales. — El hombre de ojos verdes miró con atención a la muchacha que tenía enfrente. — Ha paso algo muy severo, Els. Esto puede causar un desequilibrio de la paz que mi primo y tu madre lograron forjar, es un desbastador hecho que...
— ¡Han asesinado a Simbad! — Gritó Esmeralda exasperada.
— ¿Qué...? — Fue lo único que atinó a decir Elsa ante tan impactante noticia.
El rey de los vampiros, el líder intocable, había sido asesinado.
Continuará….
NOTAS DE LA AUTORA:
Primer *: Si, referencias a su serie natal.
Segundo**: Y más referencias a los programas originales:'D.
Tercer***: Eso estaba comiendo cuando lo escribí lol.
Cuarto****: Sí, es Peter Jackson...
NOTAS Y ANUNCIOS DE LA AUTORA:
Primero que nada, los comentarios los empezaré a contestar personalmente a excepción de los que los manden de manera anónima (por obvias razones), y si éstos quieren que les conteste de manera inmediata, más abajo les dejaré los enlaces de mis cuentas donde pueden mandar sus interrogantes o comentarios para ser contestados tan rápido como pueda.
Segundo: El FanFic tendrá un trama algo más complejo (como mencioné al inicio), así que se tardará aún más en subir, ya que es tengo que trabajar en el guion y aparte, redactarlo, checarlo y más cosas que toman tiempo, y a todo esto agregando el factor "universidad", da como resultado que el proceso de redacción sea más lento.
Y ya, supongo que sería todo, como ya saben, comenten, pues me ayuda a no dejar esto en el olvido.
Muchas gracias por leer.
LINKS Y CUETAS PARA CONTACTARSE CON LA AUTORA:
PM de FanFiction (el más obvio LOL)]
Facebook: Zakuro Renee Hatsune Liddell.
Twitter: H_Zakuro.
Wattpad: Renee Liddell
Tumblr: .com y .com
