CAPITULO 49. REENCUENTROS
Entre risas, abrazos y bienvenidas, la hora de comenzar el turno llegaba. Y sabía lo que llegaría con ella… Carlisle.
- Buenos días chicos… - Saludó – Buenos días Bella, bienvenida. – Intentó mostrarse natural, pero un brillo especial en sus ojos lo delataban sin piedad. Estaba más que contento con verme allí, otra vez.
- Buenos días Dr. Cullen – lo saludé muy formal – Gracias.
Nuestro equipo de urgencias, con los que trabajábamos codo con codo, se nos quedó mirando un tanto sorprendidos.
Ellos estaban acostumbrados a otro tipo de trato entre nosotros; uno más familiar, mucho más.
- ¿Dr. Cullen? Bella… ¿Desde cuándo lo llamas así entre nosotros, sin haber pacientes delante? Joder, si es tu suegro… jajaja! – Rió despreocupadamente uno de los auxiliarles.
El pulso me latía a dos mil revoluciones por minuto, y más observando cómo los compañeros estaban esperando otro tipo de bienvenida.
- Bella… - Me increpó una enfermera. – ¿Quieres saludar ya al doctor para que empecemos de una vez? – Rodó los ojos con pesadez.
Tragué saliva y me acerqué a Carlisle, y sin apenas rozarlo, le di un liviano beso en la mejilla.
- Ya está, ¿vale así? – Pregunté mirando hacía mi equipo con cierto fastidio. – Él ha sabido de mi durante todos estos días… - Dije resuelta.
- Ya lo sabemos… Has estado en su casa – Respondió otra de las auxiliares – Con cuidados extra de varios médicos… Sobre todo de uno, ¿eh? – Me picó dándome un codazo. Yo alcé la mirada hacía Carlisle que se mostraba de lo más natural y sonriente. Mientras a mi, se me salía el corazón por la boca.
La intervención de Carlisle me salvó de quedar en cierta evidencia, echándome una mano.
- Venga chicos… La enfermera Swan ha vuelto y el ritmo lentito de estos días se acabó – Se mostró serio, pero guiñó un ojo para dar a entender que estaba bromeando. – Y viene con las pilas cargadas, así que ya sabéis. – Sonrió - ¿Enfermera Swan?
- Dr. Cullen… – Era nuestro forma de costumbre para indicar que el turno había empezado.
Por un momento me dejé llevar y sonreí. Era algo nuestro, una seña, una gracia. Una forma de decirnos: ¡Al tajo!
Él me devolvió gustoso la sonrisa, y nos aguantamos durante unos segundos la mirada… Pero de pronto, una imagen me vino a la mente:
Él sobre un ciervo tendido en el suelo, con su boca metida en el cuello del animal, y posteriormente levantando la cabeza con sus labios bañados en sangre…
Eso me hizo poner un gesto de terror, obligándome a bajar la cabeza. Él me miró aturdido, frunciendo el ceño sin entender el cambio en mi mirada.
Salí delante de él, y me dirigí como siempre al mostrador de urgencias para recoger los historiales.
El resto del equipo se fue a recoger el carrito y comprobar que estuviera equipado para las curas, las medicaciones y comprobaciones pertinentes.
Carlisle también vino y se puso a firmar documentos pendientes, mientras yo leía los mencionados historiales.
Seguíamos la rutina. Simplemente que sin volver a mirarnos para nada. Y como había prometido, no me increpó ni me agobio.
- Algo que comentar, ¿Enfermera Swan? – Me preguntó formal y tranquilo.
- No, todo normal. No hay nada destacable. Podemos comenzar – Respondí algo tímida.
Comenzamos la ronda sin ningún percance.
No había ningún paciente destacable o grave en consideración, así que concluimos la ronda de primera hora enseguida.
Cuando regresamos al mostrador, la administrativa vino con el primer inconveniente del día.
- Bella, hay un problema con un paciente de la noche – Me informó. – Ya lo han subido a psiquiatría. Viene trasladado desde Port Ángeles… Ya sabes, rutinario.
Desde que Jasper había llegado a Forks, el ala de psiquiatría se había hecho conocida, y había mejorado considerablemente, por lo que varios hospitales de la zona trasladaban sus pacientes de esa especialidad allí.
- El Dr. Hall tiene el historial. – Aguanté el aire en los pulmones. – Acaba de llamar hace un rato, está esperándote en su despacho para que hagáis las gestiones oportunas… Repito… rutina – Sonrió rodando los ojos.
- Ok, la ronda ha sido tranquila, así que puedo subir ya. Si hay algún problema, ya sabes… Me mandas un busca – Nos despedimos y me dirigí, aun con el aire retenido en los pulmones, hacía el ascensor.
Mientras subía, iba concentrándome en respirar, pero el estar a solas en un despacho con Jasper me incomodaba sobremanera. No por ser él en concreto, sino por la privacidad que nos brindaba la sala.
Cuando estaba en la puerta de su despacho, inhalé aire un par de veces y justo cuando iba a llamar, Jasper me dio acceso desde el interior.
- Pasa Bella – Invitó.
Joder… ¿Pero cómo sabe…?
Entré mordiéndome el labio, mirándolo de soslayo. Me acerqué hasta la silla enfrente de su mesa y él me invitó a sentarme con un movimiento de cabeza.
- Vengo por lo del paciente de esta noche, del ingreso desde Port Ángeles – le informé. Intentando mantener mis nervios a raya. Él me miró pensativo. Volví a morderme el labio esperando alguna reacción por su parte.
- Bueno… habrá que buscarnos otro "sobrenombre" – Dijo de pronto, sin más. Lo miré extrañada. – Si, por que imagino que lo de "cuñada", ya no te hará mucha gracia escucharlo, ¿verdad? – Mis ojos se abrieron como platos, y solté todo el aire de mis pulmones de golpe. Pude vislumbrar una leve sonrisa en su cara. – Ya lo pensaremos, ¿eh? – Y ahora su sonrisa se hizo algo más notoria.
Nos pusimos a mirar el historial del paciente, y no era nada raro. Un caso de lo más normal. Por lo que nos llevó poco tiempo.
Y cuando creía que ya habíamos acabado, dijo la frase que más temía.
- La verdad que no sé para que nos mandan este tipo de casos aquí. – Refunfuñó – No tiene nada de particular, es una depresión con brote de ansiedad. – Gesticuló fastidiado - Hay que subir los papeles del ingreso para que lo autorice Edward, - el corazón se me paró de golpe, y Jasper me miró de reojo, como si hubiese sentido el cambio en mi pulso, pero siguió hablando como si nada - ya que realmente el ingreso no era necesario… Pero ahora no hay otra opción que quedarnos con él, lo dejaremos en planta dos días. Subiré a hablar con él luego, para descartar que tenga algún tipo de brote suicida, que lo dudo. – Jasper hablaba de lo más normal, como si no pasará nada. La única diferencia era que no nos tocábamos, ni tan siquiera nos acercamos, y el trato familiar también había desaparecido. Tal y como yo les exigí.
- Es que en Port Ángeles se están acostumbrando a deshacerse de este tipo de casos muy rápidamente… Pero eso, ahora que está aquí… ¿no lo vamos a echar? – Apoyé su versión, intentando mostrar un tono de voz lo más normal posible.
- Bueno… tal y como están las cosas, subiré a acompañarte, no te haré la mala jugada de que subas tu sola… No te vaya a comer – Alzó las cejas y rió, aguantando la carcajada. Yo lo miré frunciendo el ceño y poniéndole mala cara.
Me levanté ligera de la silla; vamos… con malos humos y acercándome un poco a la mesa lo encaré.
- No os tengo miedo… No equivoques los términos – Lo miré directa a los ojos.
- No, es verdad… Nos tienes asco – Me contestó mirándome de igual forma.
Su respuesta me dejó helada; sin palabras. Pero… ¿realmente llegaba a ser "asco"?
En respuesta mi cara se torno en un gesto de disgusto, ya que sus palabras me habían herido en lo más profundo; pero eso di yo a entender aquel día. Asco por ellos, por su naturaleza.
Simplemente sentía una repulsa, y sobre todo por el hecho de haberme acostado con uno de ellos… Me parecía surrealista total. Mi cerebro no alcanzaba a comprender.
- ¿Vamos? – Me preguntó mientras me abría la puerta del despacho para dejarme pasar. Asentí con la cabeza.
Entramos en el ascensor y subimos hasta la 5ª planta en el más de los estrictos silencios. Solo se oía el motor de la máquina mientras ascendíamos, y mi corazón, que retumbaba como un tren de mercancías.
Las puertas se abrieron, y como siempre, la "agradable" de la administrativa nos saludó. Aunque desde hacía un tiempo, su humor había mejorado. No en demasía, pero si lo suficiente para que se notara.
- Buenos días, Dr. Hale, enfermera Swan – Incluso su tono era un poquito más melodioso.
- Buenos días – Le devolvimos el saludo. – El Dr. Edward Cullen nos espera – La informó Jasper. Ella asintió y siguió con sus cosas.
- ¿Preparada? – Me preguntó Jasper con una sonrisa traviesa. Yo rodé los ojos con fastidio y con gran dignidad y cierta soberbia, pasé delante de él.
Aunque imaginaba que Jasper era conocedor de los nervios que me abrasaban las entrañas. Después de dos semanas, por fin íbamos a vernos cara a cara. Aunque lo único bueno, si se podía definir como bueno, era que no tenía que enfrentarme a Edward sola.
Justo cuando iba a picar, Jasper me sujeto muy ligeramente del brazo. Yo me sorprendí ante su contacto, ya que no lo esperaba, y abrí desmesuradamente los ojos. Él me soltó de inmediato.
- Quería decirte… ¿Quieres que te ayude a templar los nervios ahí dentro? – Su sugerencia me dejó trastocada – Te lo digo porque tu corazón se oye tronar desde la planta baja. – Sonrió dulcemente.
- Yo… no… - Retrocedí un paso, temerosa de cómo él podría relajarme.
- No te asustes… Sé que habías notado que estando a mi lado te sentías siempre mucho más relajada… ¿verdad? – Me alzó una ceja, yo pestañee – Y creo recordar que jamás te toqué o te hice algo que realmente te resultara extraño, ¿no? – Negué con la cabeza.
Pasó delante de mí, y picó a la puerta del despacho. Edward nos dio acceso en menos de un segundo.
Jasper abrió la puerta y caballeroso como siempre, me dio acceso a mi primero.
Entré con la cabeza agachada cual avestruz.
Con la simple idea de que nuestros ojos se encontrasen, parecía que me faltaba el aire en los pulmones.
- Buenos días Edward – Lo saludó Jasper. – Venimos por el ingreso del paciente de la 302, el de la depresión.
- Sí… El que Port Ángeles nos ha enjaretado de mala manera. – Refunfuñó. Hizo una leve pausa y sentí su mirada sobre mí, pero continué con la cabeza baja. - Esto hay que gestionarlo de otra forma, Jasper. Los superiores ya se han quejado y con razón. Temas de presupuestos sanitarios, ya sabes.
- Bella – Me llamó Jasper – Bueno… en privado no hace falta que te llame formalmente… ¿no, enfermera Swan? – su tono era burlón.
- No – Alcé la voz y al fin levanté la vista mirándolo desafiante – Dr. Hale.
- Bueno, al fin has sacado la cabeza de la tierra… Pensé que iba a tener que bajar a la 4ª planta para poder hablar contigo – Se mofó.
- Hoy te noto con un sentido del humor de lo más agudo, Jasper. – Le contesté sarcástica.
- Vaya… ahora soy Jasper… ¡jajaja!
- Jasper, deja a Bella anda… ya está bastante nerviosa como para que la irrites más. – Intervino Edward.
Y por fin… Después de dos semanas, nos miramos. Y en ese preciso instante, maldije con todas mis fuerzas su naturaleza.
Que era el inconveniente de que no pudiésemos estar juntos. Que no pudiera saltar a sus brazos, tocarnos, besarnos… Como ambos deseábamos hacer en ese preciso instante.
Acto seguido, un nudo abrasador se me formó en la garganta y los ojos comenzaron a picarme. Tenía ganas de llorar… De gritar.
Observé como Edward desvió un microsegundo la mirada hacía Jasper. Pero ahora, que estaba pendiente de cualquier movimiento, si lo vi. No pasó desapercibido como lo haría hasta hace algo más de 15 días.
- ¿Qué pasa? – Pregunté mirándolos a los dos.
- ¡Vaya! Ahora no se te escapa nada, ¿eh? – Preguntó burlón Jasper. – Ambos hemos notado el cambio en tus latidos – Abrí los ojos como platos – Va a salírsete el corazón del pecho – Su sonrisa volvió a mostrarse dulce.
Miré de reojo a Edward y él me miraba apenado. Imaginaba lo que estaría pensando…
En otro momento, con que él se me hubiese acercado y abrazado, cualquier malestar se habría evaporado como el humo.
Nuestro amor era tan mágico, tan intenso… Amor… Era…
Noté una sacudida en el pecho, un dolor punzante que me obligó a cerrar un segundo los ojos.
Mi corazón se quejaba de la lejanía con Edward.
Él no contemplaba diferencias de naturalezas… Simplemente amaba. La única que las veía era mi linda cabecita.
Al momento, comencé a sentir una agradable sensación de confort. Me encontraba relajada, cómoda… pero unos segundos después, la sensación cambio y una leve somnolencia comenzó a invadirme.
- Jasper… ¡ya! Vas a acabar durmiéndola. – Oí decir a Edward, mientras notaba como me pesaban más y más los párpados.
Me giré encarando a Jasper, pestañeando pesado, intentando hacer frente a ese sopor extraño.
- ¿Qué me estás haciendo? ¿Por qué me siento adormilada? – Le pregunté en un susurro, pero con tono imperativo.
- Tengo el don de sentir los estados de ánimo y de poder influir en ellos. – Me explicó. – Y ahora, te estoy relajando… pero al ser una humana, eres más débil que yo, así que aplicando un poco más de fuerza de la normal, el efecto es mayor.
- Déja… me… - tartamudee… y no recuerdo más.
Cuando abrí los ojos otra vez, estaba en los brazos de Edward, medio tumbada.
- Joder Jasper, la has dormido… Verás ahora cuando despierte. Se pondrá echa una furia – Fue lo primero que oí justo antes de abrir los ojos.
Cuando la comprensión llegó a mi cerebro, me removí enloquecida entre sus brazos, intentando deshacerme de su contacto. Edward me puso de pie y se alejó rápidamente de mí; muy, muy rápidamente.
Gesto que me sobresaltó.
- Lo siento… - Se disculpó bajando la mirada.
- ¿Qué me has hecho? – Acorté la distancia que me separaba de Jasper y lo toqué en el hombro, desafiante. Él se quedó sorprendido, pero simpático.
- ¡Vaya! Me tocas… Ten cuidado no vaya a ser que seamos contagiosos… ¡jajaja! Ya te lo he dicho… Tengo la virtud, o don, de interferir en los estados de ánimo… Te he relajado hasta el punto de que perdieras la consciencia. Solo has estado así unos segundos. – Me informó hablándome más natural.
- No vuelvas a hacer eso… ¡Jamás! – Bramé. – De ahora en adelante, le diré a Carlisle que suba él estos dichosos informes… No quiero volver a estar a solas con vosotros… - Retahilé con la respiración agitada.
- Vamos Bella, cálmate… Era una broma, solo que se le ha ido un poquito de las manos… - Lo disculpó Edward también nervioso.
- Bella, - me llamó Jasper – Solo quería que vieras algo más de nuestra naturaleza. Que vieras que no pasa nada. Antes las veías a todas horas, solo que no observabas con atención – Sonrió – Las cosas no han cambiado, en todo caso a mejor porque ahora ya sabes nuestro secreto y podríamos estar más tranquilos. Pero… - suspiro.
- Te lo has tomado mucho peor de lo suponíamos – Agregó Edward compungido.
- ¿Qué? – Pregunté alucinada - ¿Y cómo se supone que debería habérmelo tomado, según tú? – Estaba tan enfadada que no esta vez no tuve ningún reparo en mirar a Edward directamente a los ojos.
- Chicos… - Una dulce y femenina voz, que reconocí al momento, hizo acto de presencia, cortando así la discusión que comenzaba a iniciarse – Mantengamos la calma, ¿de acuerdo? – Me giré y el pulso se me paró de golpe. Fue una sensación parecidísima a la de ver a Edward.
Alice para mí, había sido siempre sumamente especial. Habíamos encajado desde el principio, con una confianza y una conexión impactantes.
Más tratándose de mí, que solía ser bastante cerrada e introvertida con la gente.
- Hola Bella – Me saludó pasando entre los chicos, con su dulce y cálida voz. En aquel momento necesitaba que me abrazara como hasta hacía un par de semanas; sentirme segura en el refugio de sus brazos. Pero ella… Ella era igual que ellos. – No le hagas caso a Jasper, simplemente se siente agobiado por lo que ha pasado contigo, - sonrió a su chico con ternura, y un cierto deje de reproche – e intenta demostrarte como somos, y que así éramos antes, solo que no te percatabas de nada – Sonrió. Y mientras tanto, siguió avanzando en mi dirección, con claras intenciones de venir a abrazarme; y aunque lo estaba deseando, aunque lo necesitaba tanto o más que el respirar… No podía.
- No te acerques más, Alice… Veo por dónde vas. Distingo tus intenciones a una legua. – Le repliqué alzando una mano a modo de detenerla.
- No iba a tocarte, Bella… Pero como ha dicho antes Jasper, no somos contagiosos – Me contestó con tono ofendido. Yo no pude más que agachar la cabeza, compungida.
- Me voy… - Rellené los pulmones de aire, intentando buscar un poco de sosiego – Esto está empezando a superarme… Además, tengo trabajo abajo en urgencias. – Me disculpé pasando entre ellos en dirección a la puerta.
- Bella – Me llamó Jasper – Siento haberte dormido, en serio… - Me giré y vi la disculpa sincera en sus ojos. – No volverá a pasar, en serio.
- Eso me parece genial… Solo espero que lo cumplas. – Le advertí.
- Ten por seguro que si estuvieses en algún peligro, cualquiera de nosotros haría lo que fuera por ayudarte… De la forma que sea – Me dijo Edward mirándome a los ojos; acción que solo aguante unos segundos.
Por muy enfadada que estuviese con él, la intensidad de su mirada seguía afectándome enloquecidamente; jamás podría llegar a ser inmune a su efecto. Ni por enfadada, decepcionada, molesta… O por mucho tiempo que pasase. Él siempre sería… Él.
Asentí a sus palabras con un movimiento de la cabeza, pero no dije nada. Realmente no sabía que decir. Mi imaginación se puso a funcionar a mil revoluciones por segundo, y rápidamente comprendí por donde iban sus palabras; cual era el mensaje escondido en ellas:
Sabía que llegado el caso, no dudarían en llegar a "mayores" para salvar mi vida. O sea, convertirme en su igual.
- Puedo suponer por donde vas, ¿no? – Pregunté mirándolo de reojo.
- Si, supones bien – contestó él de forma seria.
Inhalé sonoramente aire, me giré y me dirigí apesadumbrada hacía la puerta sin mirarles. Fui cual zombi al ascensor y repitiéndome mentalmente cual mantra : "No voy a llorar... Voy a ser fuerte" , piqué a la planta 3ª para llevar la autorización de ingreso para el paciente.
Una vez allí, me distraje con las compañeras, saludándonos y poniéndome al día en algún cotilleo. Todas se alegraron sinceramente de mi regreso.
Y eso me hizo plantearme otra vez, si simplemente el hecho de que mi ex familia fueran vampiros, sería suficiente excusa para dejar atrás todo esto. Este era mi sitio, mi mundo, mi vida... Pero tener que relacionarme con ellos, manteniendo las distancias...
¿Sería capaz de aguantarlo?
Cuando volví a bajar a urgencias, habían pasado más de dos horas, pero las cosas seguían tranquilas.
Me tope con Carlisle y le expliqué que lo del ingreso estaba solucionado.
- Ya me han contado lo que ha pasado con Jasper – comento compungido – Espero que no nos lo tengas en cuenta.
- Tranquilo, una cosa más o menos... Ya no importa – Contesté con un desdén desmedido, del cual me arrepentí en el acto al ver la cara de disgusto de Carlisle. – Lo siento... yo... no pretendía ser grosera – Le dije sintiendo una punzada de dolor en el pecho.
- Da igual... supongo que tienes motivos más que de sobra... – Contestó serio. Pero sabía que estaba tremendamente disgustado.
- Carlisle, entiéndeme... – le supliqué.
- Quiero entenderte, de verdad... Y sé que ha sido un shock para tí; pero ni tan siquiera te has molestado en dejar que nos expliquemos. – Suspiré vencida– Solo una hora. En casa... o donde tu quieras.
- Dame tiempo, por favor... acabo de llegar y me siento perdida, angustiada... Por favor... – Y mi mirada cambió. Ya no salía rabia de ellos, si no la más sincera de las súplicas. Él asintió ante mi petición.
El primer día pasó sin ningún tipo de altercado, de ningún tipo. No volví a tropezarme con ninguno de ellos; aunque sabía que estaban haciendo lo posible por evitarme y así no hacerme sentir atosigada.
Cuando la jornada acabó, salí fuera del hospital y respire. Era una sensación igual a como si hubiese aguantado el aire en los pulmones durante las 8 horas que duraba mi turno y ahora pudiese respirar.
Me metí en el coche y desee estar ya al refugio de mi casa con un único objetivo: Llorar.
Llorar y soltar toda la adrenalina aguantada durante la interminable mañana.
Y al llegar a casa, me encontré con una agradable, muy a mi pesar, sorpresa:
La chimenea estaba encendida y la cena lista y servida en la mesa del salón. Y en mí cama, otra rosa roja de tallo largo y por supuesto, la ventana abierta.
