Capitulo 13

El día de la boda amaneció ventoso y frío. Nubarrones grises cubrían un mundo desapacible y húmedo, y del sol no había ni rastro. En la terraza del jardín de Forest Glen, en uno de los extremos, se había dispuesto un arco adornado con una guirnalda de flores, frente al que había sillas de anea pintadas de blanco que aguardaban a los pocos invitados en la ceremonia.

Ya se iban congregando, las damas con sus vestidos de seda de talle alto, los hombres con sus levitas, chalecos y corbatines. Desde la ventana de la habitación de invitados que le habían asignado, en la primera planta, Sakura veía que los asistentes empezaban a tomar asiento.

Con su vestido de seda azul celeste, los rizos en cascada salpicados de capullos de rosa, se disponía a asumir las consecuencias de sus actos. Los acontecimientos del pasado se arremolinaban en su mente, su padrastro con Tomoyo, el robo del collar, su desaparición de Londres, su encuentro con Shaoran. Su enamoramiento. La trampa que le había tendido para obligarlo a casarse con Tomoyo.

Ella era la responsable de gran parte de lo sucedido y, sin embargo, sentía que casi todo había escapado de su control, como si el destino le he hubiera trazado un camino hasta esa ventana desde la que ahora contemplaba el jardín, y deseaba con todas sus fuerzas encontrarse en cualquier otra parte.

Alguien llamó a la puerta con suavidad y entró. Era lady Aimes.

-¿Estás lista?

Sakura asintió, aunque nunca iba estar lista para ver que Shaoran se casaba con otra mujer, aunque fuera Tomoyo.

-Estás preciosa – añadió Meiling.

Sakura tragó saliva.

-Gracias.

La prima de Shaoran era más alta que ella, delgada y de pelo negro, y llevaba un vestido de seda rosa con diminutas flores bordadas bajo el escote y sobre el dobladillo. Sus facciones transmitían dulzura y serenidad, el brillo de una felicidad interior que Sakura le envidiaba.

-Me gustaría ver a mi hermana para asegurarme de que se encuentra bien.

-Lo siento pero me temo que Tomoyo ya ha bajado.

Debería haber salido antes de sus aposentos, lo sabía, pero la embargaba una modorra infinita y se veía incapaz de sacudírsela de encima.

-Están esperando. Te acompaño.

Lady Aimes le tendió el ramillete de rosas blancas salpicadas de unas delicadas florecillas del mismo color, atado con cintas azules y envuelto en un tapete blanco de encaje belga.

-¿Son para Tomoyo?

-No, ella tiene su propio ramo. Éstas son para ti.

Sakura las aceptó pensando en lo hermosas que eran, y se las acercó al rostro para aspirar su fragancia.

Cuando se dirigía hacia la puerta que lady Aimes ya había abierto, notó que estaba temblando. Intento esbozar una sonrisa, pero no logró curvar las comisuras de los labios. La vizcondesa la siguió, caminó del vestíbulo.

La mayoría de los invitados habían tomado asiento en la terraza. A través de los ventanales del salón se oía el suave murmullo de sus conversaciones.

El pequeño Teddy se encontraba junto a la entrada, esperando a su madre, y parecía una reproducción en miniatura de su padre, vestido con la misma levita azul marino, el mismo chaleco blanco y los mismos pantalones gris marengo.

Cuando Sakura alcanzó el último peldaño, el pequeño alzó la vista y le sonrió.

-Estás muy guapa – le dijo.

Ahora sí se le escapó una sonrisa.

-Gracias. ¿Cómo esta tu cachorrillo?

Se llama Rex. Y no para de crecer.

-Sí, claro, me lo imagino.

Jonathan Randall se acercó a ellos.

-Mi hijo tiene razón. Está usted preciosa.

Para su sorpresa se inclinó y le plantó un beso delicado en la mejilla.

-Es usted muy amable.

El vizconde dedicó una tierna sonrisa a su esposa.

-Las dos estáis muy bonitas. –Rodeo la cintura de Meiling con el brazo-. Vamos mi amor- añadió, cogiendo a Teddy de la mano. Será mejor que vayamos a sentarnos.

Lady Aimes sonrió a Sakura, y ella le pareció que lo hacía con un atisbo de compresión.

-Es un buen hombre. Tomoyo estará bien.

Se le formó un nudo en la garganta y se volvió para buscar a su hermana, pero fue el conde Brant quien salió a su paso. Se le veía tan imponente, tan increíblemente apuesto. Llevaba una levita marrón con cuello de terciopelo y unos pantalones en un tono más claro. El corbatín blanco remataba un chaleco jaspeado en dorado, a juego con sus ojos. Por un instante se olvidó lo que estaba a punto de suceder y se entregó a la contemplación de aquel hombre.

En ese momento, uno de los criados atravesó el vestíbulo a toda prisa con una bandeja de plata llena de copas de cristal, y Sakura regresó a la realidad. El conde se detuvo enfrente de ella, que se obligó a mirarle a la cara.

-Lo siento- balbució -. Sé que una disculpa no basta, pero desearía que todo esto no hubiera sucedido. – Shaoran no dijo nada-.

Imagino que, a estas alturas, mis disculpas no deben interesarte lo más mínimo.

-En este momento, no.

Sakura apartó la mirada, incapaz de resistir por más tiempo el reproche que leía en sus ojos. Miró al otro lado del vestíbulo.

-¿Dónde está Tomoyo?

Shaoran esbozó un extraño gesto de secreto triunfo.

-Me temo que tu hermana ya no se encuentra en Forest Glen.

Ha partido con lord Eriol Chezwick. Se han escapado a Gretna Green.

Sakura se quedó petrificada y supo que el corazón iba a parársele. Notó que la sangre abandonaba su rostro.

-¿De… de qué estás hablando?

Shaoran la tomó del brazo y la llevó hasta una salita contigua.

-No es que tu hermana no vaya a casarse, lo que sucede es que ha cambiado de novio.

A Sakura le temblaban las piernas. Shaoran le indicó que se sentara en una silla.

-Entonces permíteme que te lo aclare. Como dedujiste correctamente, a tu hermana le hacía falta un esposo que la rescatara de las garras de Harwood. Y a mí me pareció que lord Eriol era el más adecuado para representar ese papel. Estoy seguro que serán muy felices.

-No puedo creerlo. –La cabeza le daba vueltas.

-Pues, es cierto, aunque todavía queda un detalle por contar.

-¿Cuál?

-Como me he quedado sin novia, habrás de ser tú la que haga el papel.

-¿Qué? – exclamó, levantándose de la silla.

-Lo que oyes, encantadora y futura novia mía. Por decirlo con palabras tal vez entiendas mejor, me he comido a tu peón y tú misma, mi reina, corres peligro si pretendes llevarme de nuevo la contraria.

La mente de Sakura era un mar de confusión.

-No puedes… no puedes decidirlo así, sin más… ¿Y el escándalo? Primero ibas a casarte conmigo luego con Tomoyo. Los asistentes habrán recibido unas invitaciones. No puedes… no puedes cambiar de novia así como así.

Shaoran esbozó una sonrisa taimada. Se metió la mano en el bolsillo del chaleco, sacó una invitación impresa con letras doradas y se la entregó.

Sakura la leyó. El nombre escrito era el de ella no era el de Tomoyo, sino el suyo.

-Pero si fue lady Aimes quien envió las invitaciones… - balbució perpleja -. ¿Estaba ella… de acuerdo con ese plan?

-Le expresé la situación a mi prima y se ofreció a colaborar. Ella aprueba el matrimonio de lord Eriol y tu hermana. Y, al parecer, tampoco le parece mal el nuestro.

Sakura tragó saliva, cada vez más confusa. En sus días de ama de casa había visto a Eriol Chezwick en varias ocasiones, en casa del conde. Parecía tímido reservado, apuesto a pesar de su juventud. Tomoyo había llegado a hablarle de él en un par de ocasiones.

¿Qué era lo que le había comentado? No lograba recordarlo.

Le vinieron a la mente las palabras de la vizcondesa: "Es un buen hombre. Tomoyo estará bien" No se refería a Shaoran, sino a Eriol Chezwick. Ojalá aquellas palabras resultarán ciertas.

-Estás pálida. Tal vez el regalo que te he traído para celebrar este momento te anime un poco.

Dicho esto, se sacó del chaleco un estuche de terciopelo azul y levantó la tapa. Un collar de exquisitas perlas y diamantes brillaba sobre un lecho de raso blanco. Sakura se quedó sin habla. Era el hermosísimo collar que ella misma había robado, el collar que en otro tiempo había pertenecido a la novia de lord Fallon.

Tragó saliva, incapaz de apartar la mirada de aquella joya resplandeciente, como sumida en un trance hipnótico. Los diamantes brillaban para ella, como viejos amigos. Las sedosas perlas parecían pedirle a gritos que los tocara.

-El Collar de la Novia – susurró con los ojos como platos.

-Sí, así se llama, se trata de un nombre de lo más adecuado.

Separándolo del estuche, se lo puso y abrochó el cierre de diamantes. Sintió el roce de las perlas frías contra su piel, aunque en su mente, acusadoras, ardían y le quemaban. Ella había robado aquella antigua joya, y ahora ésta rodeaba su cuello como recordatorio de su acción.

Un escalofrío recorrió todo su ser. Sintió deseos de arrancárselo y salir corriendo de aquella casa. Sin embargo, nada le gustaba más que el precioso yugo con que Shaoran acababa de uncirla.

-¿Y… mi padrastro? Cuando lo vea…

-Hardwood ha recibido una compensación más que generosa por su pérdida, aunque supongo que cuando te vea llevarlo se pondrá verde avaricia.

-Es tan… hermoso… - Se preguntaba si Shaoran conocía su leyenda, si tal vez le había regalado aquel collar con la esperanza de que éste le compensara de todos los problemas que ella le había traído.

El conde la contemplo con gesto satisfecho.

-La partida ha terminado, querida mía. Jaque mate. Tu padrastro espera en el vestíbulo, tan furioso que apenas encuentra las palabras. Me parece que lo único que puedes hacer es cogerle del brozo y permitir que te conduzca hasta el altar, donde aguarda el obispo.

Sakura tragó saliva. Con mano temblorosa acarició las perlas que adornaban su cuello y que, curiosamente, parecían abrigarla. Era cierto, la partida había terminado y Shaoran era el vencedor. ¿Qué premio obtendría por su victoria?

Lord Brant la tomó de la cintura con firmeza.

-¿Preparada? – Ella permaneció inmóvil, perdida, incapaz de moverse, y él volvió a hablarle, esta vez con más ternura. Vas a estar a salvo, Sakura, y tu hermana también.

Tal vez fuera así en el caso de Tomoyo, pero no en el suyo. En realidad el conde suponía para ella una amenaza mayor que la que representaba el barón: el hombre que estaba a punto de convertirse en su esposo deseaba casarse con otra mujer.


La boda transcurrió como en un sueño. Por suerte, entre los invitados se encontraba Grace. Al parecer, el conde había sabido de su amistad; sus fuentes de información parecían inagotables. Una vez Grace qué estaba sucediendo, aceptó sin vacilar el papel de dama de honor, y verla allí proporcionó a Sakura la dosis de valor que tanta falta le hacía.

La ceremonia se hizo eterna y, al mismo tiempo, terminó en un abrir y cerrar de ojos. Cuando el obispo los declaró marido y mujer, Shaoran la besó en los labios. Después, en el extremo opuesto de la terraza, se sirvió el banquete. A su lado, de pie, el conde agradecía las felicitaciones de los invitados, mientras ella debía hacer esfuerzos por concentrarse en asentir y sonreír.

-No tardaremos en irnos – le comunicó Shaoran-. Riverwoods no está lejos. Nos esperan. Allí pasaremos nuestra noche de bodas.

"Noche de bodas". Las palabras formaban un nudo en su estómago. Shaoran desearía consumar el matrimonio, aunque en realidad ya lo había hecho en el camarote. Ahora eran oficialmente marido y mujer. Shaoran desempeñaba bien su papel, pero bajo su apariencia sosegada, ella sabía que estaba enfadado. Se había casado con ella obligadamente.

-¿Riverwoods? ¿Es tu finca en el campo?

El conde asintió.

-Tenemos otra en Sussex.

Y habría poseído más tierras de haberse desposado con una heredera, tal como tenía previsto. Sakura se concentró en la bandeja repleta de exquisiteces que su esposo había plantado frente a ella, sobre la mesa cubierta con un mantel de hilo. Faisán con zanahorias caramelizadas, ostras con salsa de anchoas, tarta de Perigord con trufas. Sus tripas empezaron a emitir ruiditos.

Grace estaba sentada a su derecha, junto al duque de Sheffield. Pensó que formaban buena pareja. Sheffield era alto y moreno, y su amiga llevaba su cabellera pelirroja recogida en un moño y tenía las mejillas sonrosadas. Pero el interés de Grace por el duque se limitaba a la mera amistad y los sentimientos de él parecían coincidir con los de ella. Jonathan y Meiling Randall se habían sentado a la izquierda de Shaoran. El pequeño Teddy, acompañado de su niñera, había subido a las estancias de la planta superior a echar una cabezadita.

Grace se acercó más a ella.

-¿Qué se siente al estar casada?

Sakura arqueó una ceja.

-¿Estoy casada? Nadie me había dicho nada.

Grace soltó una carcajada.

-Seguro mañana por la mañana ya te habrás enterado.

Nunca había visto a un hombre mirar a una mujer como el conde te mira a ti.

Los ojos de Sakura se clavaron en el rostro de su esposo, que se encontraba enzarzado en una conversación con el vizconde.

-Él no quería casarse conmigo – dijo al fin con voz grave -. Pensaba hacerlo con una heredera.

Shaoran se rió con alguna ocurrencia de Jonathan Randall, y Grace observó su elegante perfil.

-En ocasiones los planes cambian. Lo que siente por ti es obvio. Y supongo que te lo demostrará esta noche, cuando acuda a tu lecho.

-¡Grace!

Su amiga volvió a reírse. Siempre había sido algo irreverente, y ése era uno de sus rasgos más interesantes.

-Es la verdad. La reputación del conde en ese sentido es notoria. Se dice que no es poca su destreza en el tálamo. No sé qué sucederá en vuestro matrimonio, pero imagino que aprenderás bastante del placer.

Sakura se ruborizó.

-Grace, por favor…

Su amiga frunció el ceño y la miró en los ojos.

-¡Dios mío, como he podido ser tan tonta! ¡Ya te ha hecho el amor!

-¡Grace! ¡Te van oír! – Apartó la vista, avergonzada de que su amiga lo hubiera adivinado-. ¡Por el amor de Dios! Espero que no se me note.

-No seas tonta, cómo se te va a notar. Bueno, eso los demás no lo notan sólo yo.

Grace miró de reojo al conde, que devolvió una mirada radiante. Saura sintió que se quedaba sin respiración.

-Debes de estar muy enamorada de él – susurró Grace – para haber consentido que se tomará esas libertades contigo.

Sakura bajó la cabeza.

-No sé cómo sucedió. Intenté evitarlo, ya que yo no era lo que él quería. Pero nada de lo que hice logró detenerlo.

Grace le agarró de la mano, más fría que la suya.

-No debes de sentirte culpable. Una vez que empiece a conocerte mejor. No le quedará más remedio que enamorarse de ti.

Pero Sakura no estaba tan convencida de ello. El conde era un hombre lujurioso. Había querido convertirla en su amante, sí, pero no en su esposa. Pero también se trataba de una persona de honor. Jamás habría hecho el amor con ella si le hubiera confesado que era hija de un noble. No sabía si algún día la perdonaría por ello.


Shaoran bebió más de la cuenta. Por suerte había un carruaje tirado por cuatro caballos aguardando para llevarlos a Riverwoods. Sakura se sentó frente a él y se dedicó a observar, nerviosa, todos sus movimientos. Ella estaba muy hermosa, tan femenina, tan encantadora con su aire inseguro. Se excitaba con sólo mirarla.

Shaoran se planteó la posibilidad de tumbarla allí mismo (el trayecto duraba dos horas) y poseerla en el carruaje. Tenía todo el derecho, y además estaba enfadado. Se había casado con una mujer inadecuada para sus planes, y la culpa era de Sakura. Pensó en Constance Fairchild,la rica heredera con quien había pensado contraer matrimonio. Era rubio hermosa, joven y dócil. Ella habría servido bien a su propósito, no como la mujer con quien se había casado, la mujer que lo había engañado y dejado en ridículo en más de una ocasión.

Una vez en Riverwoods siguió bebiendo, aunque no parecía embriagarse nunca. Lo que hacía era caminar por el salón como una fiera enjaulada, pensando en Sakura. Era su esposa y le esperaba en la estancia contigua. Lo pasado, pasado estaba; ahora ella le pertenecía, y la deseaba, así que decidió hacerla suya sin más dilataciones.

Dejó la copa de coñac sobre el velador Hepplewhite y se dirigió a la escalera. Se metió en el dormitorio contiguo al suyo, y se despojó de su levita, el chaleco y el corbatín, y se dejó puestos los pantalones y la camisa. Luego abrió la puerta que comunicaba las dos estancias y entró.

Sakura estaba sentada ante el espejo del tocador. Llevaba una bata ligera de raso azul, el regalo de bodas de Meiling. En el reflejo Shaoran se fijó en que el corpiño era de encaje belga, que realzaba la redondez de sus pechos y permitían entrever las aureolas oscuras que los coronaban. Ella se volvió para mirarlo y, al hacerlo, le enseñó fugazmente los muslos y los pies.

-Es que no… no podía desabrochármelo.

Refulgía a la luz de las velas del candelabro de plata que descansaba en el tocador. Shaoran, de pronto, la imagino desnuda, ataviada sólo con aquella joya. La bragueta de sus pantalones, ya hinchada, dio una sacudida.

-Sé que estás enfadado –musitó ella-. Si pudiera cambiar las cosas lo haría.

-Ya es demasiado tarde para eso. Ven aquí, Sakura.

Ella permaneció inmóvil, temblorosa, antes de inspirar hondo y avanzar hacia él. Llevaba el pelo suelto sobre los hombros, brillante a la trémula luz de las velas. La bata se deslizaba sobre sus pechos a cada paso que daba, le rozaba con suavidad los pezones. La sangre galopaba por las venas del conde.

Se detuvo frente a él y lo miró a la cara. Shaoran le agarró unos mechones de pelo, la inclinó hacía atrás y la besó en los labios con ardor. No fue un beso tierno, sino fiero, salvaje, un beso imperioso que transmitía lujuría y pasión desbocada. Sakura se puso tensa, pero él siguió besándola , tomando lo que deseaba, sobándole los pechos con las manos. Ella hizo un ademán de detenerle, pero acabó rindiéndose.

Shaoran la trajo más y le agarró de las nalgas, acercándola a su sexo, anunciándole que deseaba poseerla. Sentía que ella temblaba y, obnubilado, él se regocijó, dispuesto a pagarle de ese modo brutal por sus mentiras, por el futuro de riquezas que ella había truncado.

-Quítate esa bata – le ordenó -. Quiero tomarte y que lleves puesto solo el collar.

Ella dio un paso atrás, sin apartar los ojos de su rostro. En él había sombras, y su pecho se tensaba por momentos.

Se bajó los tirantes de la bata, que se deslizó por su cuerpo hasta caer a sus pies. Permaneció en esa posición, desnuda, gloriosa, tan regia como la reina de marfil en la que, secretamente, se había convertido para él.

-Siento que hayas tenido que casarte conmigo – insistió-. De haber sabido que esto sucedería,no te habría pedido que me hicieras el amor aquella noche en la goleta.

-¿Y por qué lo hiciste?

-No lo sé. Tal vez me daba miedo el futuro. Quería saber qué sentiría estando con un hombre que deseaba. No sabía si algún día volvería a tener la posibilidad.

Shaoran hacía esfuerzos por disimular su cólera, pero no lo logró del todo.

-Eres mi esposa. Te tomaré cada vez que me plazca.

-Sí, lo sé.

Él esbozó una sonrisa fugaz.

-Pero ya no será como antes. Eso es lo que estas pensando, verdad?

Ella seguía en su sitio desafiante y encantadora, joven y dulce, más mujer que ninguna otra con la que él hubiera estado.

-No será como antes… - aventuró – a menos que tú lo quieras. Aquellas palabras reverberaron en la cabeza del conde. ¿Qué era lo que él quería? Quería que todo fuera como había sido aquella noche en el barco, anhelaba que ella le devolviera los besos con la misma entrega lujuriosa, que respondiera con ansia a todas sus caricias. Deseaba que susurrara su nombre, que sus cuerpos se acoplaran hasta el delirio, que la hiciera gemir de placer.

Alargó la mano y le acarició la mejilla.

-Te deseo Sakura. Y deseo que esta noche sea como la primera vez.

Sakura echó la cabeza para atrás para mirar los ojos de su esposo. El tono dulce con que había pronunciado esas palabras le iluminó el corazón con rayo de esperanza. Recordó cómo la había mirado aquella noche, en la goleta, la necesidad que había leído en su rostro. Ahora volvía a descifrarla, llegaba hasta ella como la primera vez.

Shaoran le besó de nuevo los labios, esta vez como ella quería, con una ternura que suavizaba la pasión. Sakura le devolvió el beso titubeante al principio. Pero entonces entre ellos apareció prenderse entre ellos una llama irrefrenable. Sus besos se hicieron lascivos y ávidos. Ella le rodeo el cuello con los brazos, se apretó contra su cuerpo y le acarició la nuca.

Sosteniéndola en andas, él la tendió en el lecho. Apoyado en los codos y sin dejar de besarla, se echó sobre ella. Le rozó el lóbulo de la oreja con los labios, le besó el cuello y trazó un sendero húmedo y caliente a lo largo de sus hombros.

Y entonces Shaoran las descubrió.

Sakura había rogado que no se fijara en ellas , que pasaran desapercibidas en la penumbra.

Él alargó la mano, vacilante, y paso un dedo por las tenues cicatrices que casi ya había desaparecido de su espalda.

Harwood… - murmuró con voz grave -. ¿Harwood te hizo esto?

-Eso pertenece al pasado. Ahora ya no tiene ningún poder sobre mí.

-lo mataré. – Su voz sonó peligrosamente suave. Lo retaré a un duelo.

Hizo un ademán de incorporarse, tan furioso que las manos le temblaban.

Sakura lo agarró del brazo.

-¡No, Shaoran te lo suplico! El barón es un tirador experto. Practica casi todos los días. Se enorgullece de su destreza con la pistola y espada.

Él esbozó una leve sonrisa.

-¿Acaso dudas de mis cualidades con las armas?

-¿No quiero que te haga daño!

El conde se levantó de la cama, pero Sakura no le soltó el brazo.

-Piensa en el escándalo. Tienes una familia en la que pensar. Y yo tengo la mía. Además ahora soy tu esposa, estoy a salvo. Harwood ya no puede hacerme daño.

Shaoran apretó los dientes.

-No – insistió en aquel falsamente sosegado-. Ya no volverá a hacerte daño.

-Te pido Shaoran, te lo suplico que no te batas con él. Sólo me causarías más dolor.

En el fondo, sabía que Sakura tenía razón. Ella vio que sus ojos apuntaban un destello de resignación. El escándalo sería mayúsculo. Ahora era el cabeza de la familia. Debía pensar en los demás.

-A partir de hoy, declaro a Harwood mi enemigo. No olvidaré lo que te ha hecho.

-Si ahora te duelen podemos dejarlo para otra noche…

-Hace tiempo que dejaron de dolerme. Y esta no es una noche cualquiera: es nuestra noche de bodas.

El deseo regresó a sus ojos dorados, que refulgieron. La besó apasionadamente. Ella quería que fuera esa noche, deseaba sentir de nuevo aquel maravilloso placer. Shaoran le acarició los pechos, se inclinó de nuevo sobre ella y los tomó con la boca. Sakura emitió un leve suspiró de placer. Él le lamió un pezón, se lo chupo, saboreándolo, y para ella fue como si un relámpago le sacudiese el cuerpo. Shaoran proseguía con su tierno asalto, ocupándose de sus senos, de su piel cada vez más húmeda, más caliente.

Ella casi había olvidado lo bien que se sentía con sus caricias, aquel deseo ardiente que se apoderaba de ella. Él se aproximaba a su vientre por un sendero de besos, descendía, le esperaba las piernas, plantaba la boca en su punto más sensible.

Sakura arqueó la espalda y hundió los dedos en el pelo de Shaoran. Se mordió el labio inferior para no gritar. Una dulce sensación envolvía todo su ser. Él le pasó las manos debajo de las caderas, la levantó para llegar mejor donde quería, y poco a poco fue venciendo sus resistencias. No se detuvo hasta que ella se entregó del todo, repitiendo su nombre mientras se abandonaba al placer.

Shaoran se volvió a tenderse sobre ella, besándola primero con besos tiernos, después profundos. Ella sintió la dureza del miembro que penetraba lentamente.

Avivando de nuevo su deseo, la embistió hasta lo más profundo, y ella clavó los dedos en los musculosos hombros. El placer la desgarraba, tan dulce, tan ardiente, que empezó a temblar. Su cuerpo se tensó, aferrada a él, hasta que se perdió en la tormenta del clímax.

Después, permanecieron un buen rato entrelazados. Él tenía los ojos cerrados. Ella sentía deseos de incorporarse y acariciarle; y se preguntaba si con el tiempo llegaría a amarla como ella le amaba a él.

-Es una preciosidad – susurró.

Shaoran se apoyo en un codo.

-Sí, sin duda. – pero la miraba e ella, no al collar.

Sakura sonrió cuando él toco el collar y luego le paso un dedo por los pechos.

-¿Conoces la leyenda? – le preguntó

Shaoran la miró y arqueó una ceja.

-¿Existe una leyenda relacionada con este collar?

Sakura lo sostuvo entre los dedos, sopesándolo, sintiendo su suavidad.

-Data de ochocientos años atrás, cuando lord Fallon lo mandó confeccionar. Era un regalo para la que iba a ser su esposa, Ariana de Merrick.

-El Collar de la Novia – murmuró el conde., al recordar el nombre que ella había mencionado unas horas antes.

-Así es. Se decía que la pareja se amaba con locura. Lord Fallon le envió el collar a Ariana con una nota en la que le profesaba su devoción, y ella quedó cautivada con el regalo. El día de la boda estaba próximo, pero a lord Fallon lo asaltaron unos ladrones cuando se dirigía al castillo. El conde y todos sus hombres murieron durante la refriega.

Shaoran observó con detalle la ristra de perlas.

-Nada bueno para la novia.

La desesperación de Ariana fue tal que se subio al torreón del castillo y se arrojó al vacío. Al parecer, se encontraba encinta de varios meses. Cuando hallaron su cuerpo, llevaba puesto el collar. Estuvieron a punto de enterrarla con él, pero era tan valioso que optaron por venderlo.

Shaoran resopló.

-Por suerte no sabía nada de todo esto cuando compré el dichoso collar.

Sakura sonrió.

-Se cree que el collar puede bendecir a su poseedor con una inmensa fortuna o llevarlo a una terrible tragedia. Depende de la pureza de su corazón.

Shaoran se acercó a ella y sostuvo el collar, fijándose en los destellos que los diamantes emitían a la luz de las velas, pasando los dedos una y otra vez por las sedosas perlas.

-Cuando lo ví me pareció la joya más exquicita del mundo.

-Estás seguro que no lo compraste para castigarme por todas las molestias que te he causado?

Shaoran se acercó más y la miró a los ojos.

-Tal vez en su momento sí. Pero ahora lo que me gusta es verlo en tu precioso cuello.

Para demostrárselo, lo besó y fue subiendo hasta la oreja, antes de pasar a los labios. Sakura advirtió que el vigor había vuelto a aquel miembro insaciable, y su cuerpo también despertó del letargo y se exitó en el acto. Intentaron avanzar despacio, pero la pasión prendió de nuevo y perdieron el control. Llegaron juntos al climax, y juntos se sumieron en el sueño.

Antes del amanecer hieron el amir una vez más. Cuando Sakura despertó, Shaoran ya no estaba. Al levantarse de la cama, su mente era un mar de confusión. ¿Qué clase de matrimonio iba a vivir ella con un hombre que no la amaba, que sólo quería poseerla? ¿Qué futuro le aguardaba?

Y, por el amor del cielo, ¿Qué le estaría sucediendo a Tomoyo?


Holaaa! Perdón por borrarme tanto tiempo

Les pido compresión y que no me abandonen. Tratare de actualizar lo más antes posible

Realmente me gustaria que me dejen reviews, me haría muy feliz leerlos

y desde ya gracias por la espera :)