CAPITULO 51. TODO SIGUE


Cada día, al llegar a casa, siempre era lo mismo. Chimenea encendida, comida o cena (según el turno) servida y una rosa roja de tallo largo descansaba encima de mi cama.

Y así los días iban sucediéndose: En el hospital manteníamos las distancias lo máximo posible, pero era un centro relativamente pequeño y por una razón u otra, teníamos que tener algún contacto profesional. Lo malo de eso, es que los compañeros ya se estaban dando cuenta más que de sobra de que algo pasaba entre los Cullen y yo.

El distanciamiento era sobradamente notorio y no tardarían en preguntarme directamente que era lo que sucedía.

Y en casa, era rutinario, así que me dedicaba a intentar pillar a Edward en algún renuncio; el poder verlo y gritarle:

- ¡Te pille!

Pero me resultaba imposible. Aunque lo notaba; era algo muy difícil de explicar, pero lo sentía. Cuando estaba en casa, lo percibía. Una sensación extraña me recorría el cuerpo y los pelos de la nuca se me erizaban.

Incluso alguna vez tengo salido antes para intentar pillarlo, pero de alguna manera, él siempre se adelantaba a mis movimientos.

Uno de esos días que llegué antes, sabía que estaba en casa. Lo sentía.

Eso era lo más cerca de "pillarlo in fragantti" que había estado: Llegar y que él estubiese en casa aun.

Subí directamente a mi habitación, como si no supiera que él estaba en casa. Me apresuré a ponerme el pijama intentando hacer el mínimo ruido. Abrí el grifo de la bañera, para darle a entender que me iba a dar un baño y salí con sumo cuidado a las escaleras.

Al bajar al piso inferior, sentí un chasquido proveniente del salón: La chimenea acababa de encenderse. Mordisqueándome el labio, salí disparada hacía la cocina.

La cena estaba en el microondas, calentándose.

Gesticule con los ojos, completamente alucinada.

Y de pronto, una brisa me hizo poner los pelos de la nuca de punta. Me giré sobresaltada y pude comprobar que Edward acababa de irse en cuestión de unos segundos, ya que la cortina de la ventana aun se estaba moviendo, y la ventana estaba abierta.

- ¡Grrrr‼! – Gruñí frustrada.

Y una sonrisa boba se instaló en mi cara. Me sacudí la cabeza al oír pitar el microondas y borré el gesto de mi cara.

¿Por qué todo tenía que ser tan complicado?

El tiempo fue pasando, las jornadas en el hospital se sucedieron sin complicaciones; lentas, tediosas, agónicas. Estaba en alerta constante, por si me encontraba con alguno de mis ex familiares. A excepción de Carlisle, con el que me veía todos los días, ya que era mi superior directo.

Pero aun teniendo que trabajar codo con codo, él hacía lo posible por vernos lo estrictamente necesario.

A Alice la veía de pasada y a penas cruzábamos un brevísimo: "Buenos días". Y de Jasper y Edward no tuve noticia alguna, ya que no había motivos laborales para encontrarnos.

Ellos estaban cumpliendo a raja tabla mi exigencia de distanciamiento, y lo agradecía. Aunque si dejaba a mis sentimientos hablar, en el fondo me dolía el no tener alguna excusa para poder pasar un rato juntos. Pero esos sentimientos los sacaba de mi mente rápidamente de un manotazo.

Ya que mi fachada estaba bien armada en el trabajo, en casa me dejaba ir, llorando e incluso gritando más de una vez de pura frustración; pero en el hospital mi semblante se mostraba sereno y calmado.

Nunca hasta ahora iba maquillada a trabajar, simplemente la crema hidratante de la mañana. Pero esos días, me aplicaba una leve capa de maquillaje acompañada con un buen antiojeras, para así esconder los resultados de dormirme llorando.

No podía arriesgarme a que ellos viesen que no llevaba bien la separación, ya que era mostrarles una grieta por donde podrían atacarme; y sabía que en el fondo era débil. Frágil ante su cercanía.

Después de nuestra charla de hacía unos días en el coche, pensé que Edward intentaría acercarse más a mí; ya que él notó más que de sobra que ya no estaba tan cabreada y distante. Que ya era un poquito más accesible.

Pero no. Él respeto mi petición de distancia, y no se dejó llevar por el ímpetu de cogerme el brazo al haberle dado yo un poco de confianza en el coche.

Caso aparte era los lastimeros aullidos que oía de madrugada no muy lejos de mi ventana. Jacob también andaba cerca velándome.

Del cual recibía algún que otro mensaje vía móvil, a los que por supuesto, no respondía. Pero tampoco se dejaba ver en persona. Respetando así mi petición. También echaba de menos a mi amigo… Pero no quería verlo ni reconocerlo.

Paré a desayunar, sola. Ese día había salido más tarde que de costumbre, así que mis compañeros ya habían hecho su descanso.

Estaba leyendo una noticia en la revista de medicina, cuando sentí a alguien a mi lado, sensación que me hizo girarme. Carlisle estaba a mi lado.

- ¿Puedo sentarme un minuto? – Me pidió. Asentí y tomo asiento. – Bella, no he querido agobiarte respecto a lo que te sucedió el otro día. – Me miró con intención, y yo me mordí el labio – Pero no he notado ninguna mejoría en estos días. Acabarás enfermando en serio; entraras en anemia, en una descompensación de glucosa, alteraciones en la tensión… O incluso principios de anorexia – Comenzó a enumerar. – Rodé los ojos mostrando lo exagerado de su diatriba.

- Intentaré comer algo más... – Contesté cansina - Aunque creo haber dejado de ser una preocupación para ti. – Le contesté algo a la defensiva.

- Tú siempre serás una preocupación para mí por muy lejos que estés. Siempre estarás en mi pensamiento, de forma incondicional. Por mucho distanciamiento que trates de imponer entre nosotros, sé que tampoco te somos indiferentes. – Sus palabras me dejaron muda. – Edward está que trina – Su tono era de advertencia.

- Edward ya me ha visto así, viene todos los días a mi casa. – Fruncí la boca en un claro gesto de molestia – Se cuela por la ventana de mi habitación… - Protesté haciendo pucheros.

Me sonrió y se levantó de la silla. Se inclinó un poco y me susurró cerca de la oreja:

- Lo sé… Pero quería verte la cara mientras me lo contabas. – Alzó las cejas pícaro, dejándome con cara de circunstancia y sin palabras. – Y la verdad, Bella… No creo que te moleste tanto como intentas mostrar – Volvió a sonreír. – Esme está muy preocupada al respecto. Ella es quien te prepara la comida que Edward te lleva. – Me informó.

- Vuelvo a repetirte que he dejado de ser motivo de preocupación para ti y tú… familia – Protesté como una niña caprichosa.

Algo me iba a replicar pero no le di opción. Me levanté de la silla de forma airada y me marché dejándolo prácticamente con la palabra en la boca.

Unos días después, un caso nos obligo a Jasper y a mí a trabajar durante unos días codo con codo. Era un paciente con una enfermedad mental realmente extraña; con unos síntomas de lo más confusos.

- Es espectacular – Comenté revisando una vez el historial del paciente – Con tan solo 20 años y que tenga estos problemas mentales – Lamente.

- Pues sí, es desconcertante. Aunque yo ya he visto algún caso como este. – Comentó. – Debemos dejarlo internado durante un tiempo. Esta clase de enfermos, con esta rama de esquizofrenia necesitan reposo y mucha calma.

Su comentario hizo que un escalofrío me recorriera la columna vertebral, porque imaginaba lo que eso iba a requerir:

Otra visita al despacho de Edward.

- Tengo los papeles preparados – Me informó – Si ahora no estás muy ocupada, podríamos subírselos a Edward para que comience a pelearse con la junta directiva respecto al ingreso de larga duración.

- Jasper… En serio, creo que puedes perfectamente subírselos tu solo. Yo te los firmo y listo. – Le dije con tono cortante. Él me miró serio y observante.

- Si no quieres subir… ¡perfecto! – contestó despreocupado. Eso me dejó trastocada, ya que suponía que iba a insistirme de alguna manera – Ya eres lo suficientemente mayorcita para saber cuál es tu trabajo y tus responsabilidades. – Me soltó. Eso me dolió en mi orgullo laboral.

Fruncí los labios en un gesto inequívoco de soberana molestia.

- Subiré – Decidí enfadada – No quiero que se diga que no soy una buena profesional. Pero te aviso – Le dije acercándome casi hasta desafiante – No quiero ningún jueguecito, ¿entendido? – Él levantó las manos a modo de defensa con cara de exagerada inocencia.

Así hicimos… ambos, en el más absoluto de los silencios nos dirigimos al despacho de Edward. Ya en el ascensor, Jasper volvió a hablarme.

- Veo que tu corazón sigue estando sano – Comentó despreocupado – No como el resto de tu apariencia. – Cerré fuertemente los ojos.

- He bajado algo de peso, no creo que sea como para salir en los libros de medicina. – Respondí molesta.

- No, para eso no; por supuesto. Pero si me permites la puntualización, pareces más una vampira tu que Alice, Rose o Esme. – Me giré con malos humos, encarándolo, con los ojos saliéndome de las órbitas.

- No voy a contestarte a eso, en serio que no merece la pena.

- Sigue así, y volverás a protagonizar otra escenita como la del otro día… Hasta que te pongas mala en serio. – Chiste la lengua molesta, y él hizo caso omiso.

Llegamos y la auxiliar nos dio acceso, como siempre.

- Pasar – Nos respondió Edward justo cuando iba a picar a la puerta.

- Intentaré recordar para la próxima vez que no hace falta que pique. – Le dije sarcástica mientras cruzaba el umbral.

- Tú no necesitas picar nunca… Mi puerta siempre está abierta para ti. – Me respondió él con una sonrisa tristona.

- Bueno, vamos al tema. Tengo muchas cosas que hacer en urgencias. – Respondí intentando cambiar rápidamente de tema.

Estuvimos hablando del caso durante un rato, hasta que todo quedó solucionado y firmado. Aunque hubo tensión en todo momento, por unos instantes éramos tres colegas hablando sobre su paciente. El espíritu médico que tanto me gustaba; sobre todo con ellos.

- Bueno, yo me voy ya… No tengo ganas de echarme otra siestecita como la del otro día. – Volví a usar el sarcasmo.

- ¿Sabes Bella? Estoy empezando a replantearme el si sería mejor que fuera yo por tu casa en vez de Edward – Eso me hizo girar y mirar a Jasper con el ceño fruncido. – Estoy seguro de que dormirías mucho mejor. O… tal vez alguna noche de esas que milagrosamente has dormido mejor, es porque era yo quien iba a verte por las noches.

Eso me molestó. Fue un subidón de adrenalina cargada de rabia. Acorté la distancia que había andado en dirección a los dos vampiros y los encaré completamente enfadada inclinándome apoyando las manos sobre la mesa.

- No quiero que nadie, absolutamente nadie – miré hacía Edward – vuelva a entrar en mi casa. ¿Me habéis entendido bien? – Les pregunté alzando la voz. – Ya estoy cansada de estos juegos. - Volví a clavar la mirada fijamente sobre la de Edward, que me observaba despreocupado. – He dejado que hicieras tus tonterías, creyendo que de algún modo te sentías mejor y así en el hospital no me molestabas. ¡Pero se acabó! ¿Entiendes? Deja de llevarme flores, comida o cualquier otra cosa. No quiero que deambules por mi casa. Si entras es por la puerta y porque yo te he dado acceso previamente.

Recuperé una posición corporal menos ofensiva y los miré, esperando a que dijeran algo. Ellos se miraron entre si durante unos segundos, hasta que Edward tomó la palabra.

- Puedes ponerte como quieras. – Me respondió. – Iré a tu casa siempre que crea oportuno, y hasta el día de hoy lo he creído así todas las noches. Simplemente no te dejaré muestras de mi paso por tu casa, pero sé que eres lista y te darás cuenta. – Su respuesta me hizo abrir los ojos como órbitas.

Justo cuando iba a replicarle, alguien picó en la puerta. Cuando me volteé a mirar, el corazón se me puso en la boca. Esme y Emmet acababan de entrar y me miraban igual que si hubieran visto la mismísima imagen de Dios.

- Bella – Me llamó Esme con tono dulce y cariñoso. – Mi niña… Mi niña preciosa. Pero que delgada estás, cielo. – Sus ojos estaban cristalinos, igual que justo antes de llorar. Pero no lloraba.

- Enana – Me saludó Emmet con la emoción reflejada en su pétrea piel, caminando decidido hacía mí.

- No, Emmet… No, por favor. – Le pedí alzando las manos al frente. – Veo por dónde vas y… no, no puedo.

- ¿No me vas a dejar que te abrace? ¿Después de un mes sin vernos? – Su desilusión era más que patente, y yo sentí un "crick" dentro de mi pecho. Mi corazón se rompía, un poco más, al ver su tristeza ante mi rechazo.

- Bella, querida… - Lamentó Esme. Sus ojos seguían cristalinos y su rostro reflejaba las ganas de llorar.

Agaché la mirada, atormentada. Atormentada por no dejarme tocar por ellos; por rechazarlos de esa forma tan fría y falta de escrúpulos. Pero era superior a mis fuerzas.

-¿Ves? – Alcé la voz, mientras levantaba la cabeza y recuperaba la compostura. – Veo en tus ojos tus ganas de llorar… Pero… ¡no lloras! –Alcé los brazos y la voz, exasperada. Esme agachó la cara, compungida – De tus ojos no caen lágrimas, maldita sea… - Cogí aire, llevándome las manos a la cabeza. – Tenía que haberme dado cuenta de que no erais normales. No podíais ser tan perfectos… Fui una completa tonta pensando que había tenido tantísima suerte de dar con una familia así. No existen humanos como vosotros, eso es lo que os hace tan irreales, tan perfectos… - Edward me interrumpió.

- ¿Qué estas intentando decir, Bella? ¿Qué tu no mereces una familia así? – Me preguntó Edward molestamente sorprendido. Me giré a mirarlo, pero desvié la cabeza. No quería ver su cara de reproche.

- Bella - habló Emmet – Tu te mereces una familia como la nuestra y más.

- Lo que no acabas de entender, es que tú has hecho posible esta perfección. – Intervino Jasper – Tú nos has hecho más cariñosos, más abiertos entre nosotros, más… humanos.

- Eres la pieza del puzle que nos faltaba para encajar – Añadió Esme.

- Me parece perfecto… Todas vuestras palabras me parecen geniales. Pero en mi humana vida, no tienen cabida siete vampiros. Estáis a otro nivel, muy superior al de cualquier humano; al mío propio. Estoy en completa desventaja respecto a vosotros. – Retahilé. – A parte claro está que mi cerebro sigue sin asimilarlo.

- Bueno Bella… Que estés en desventaja tiene fácil solución – Respondió Emmet, sonriéndome pícaro.

- ¿Ah, sí? - Preguntas con sarcasmo.

Según la pregunta salió de mi boca, me di cuenta de por dónde iba Emmet.

- No hace falta que respondas… - Contesté atropelladamente, mostrando claramente cierto temor. Ante la idea, retrocedí hacía atrás, chocando contra la mesa de Edward en mis piernas.

Él me toco el hombro desde atrás, haciéndome dar un brinco y un pequeño grito.

- Perdona… - Se disculpó con dolor en los ojos – No pretendía asustarte, sino todo lo contrario. -

Jadee ante la sensación de su contacto, y él lo entendió como muestra de miedo – Jamás, óyeme bien, jamás nadie te haría tal cosa sin tu consentimiento previo. – Me miró directo a los ojos, transmitiéndome la sinceridad de sus palabras.

Lo que él no entendió fue que el jadeo no era realmente porque su contacto me diera miedo, simplemente no lo esperaba y me sobresaltó. Pero mi cuerpo estaba tan anhelante de su tacto, que reaccionó ante la pequeña dosis de su leve roce en mi hombro.

Claro que sabía que ninguno me haría algo así sin hablarlo… Pero… ¿Qué estaba pensando? No tenía ni idea sobre lo que realmente eran, como para tan siquiera plantearme ser como ellos.

Saqué esa idea absurda de mi cabeza rápidamente.

- Lo sé. – Le contesté devolviéndole la mirada. Aun algo confundida por el rumbo que había tomado mi mente. Suspire – Tengo que irme. No hay nada más que hablar.

Se oyó un suspiro general, pero nadie hizo nada por detenerme, acto que agradecí, ya que mis nervios estaban más que a flor de piel y cualquier cosa podría hacerme saltar y contestar de malas formas.

Una vez abajo, me encontré con Carlisle, que venía con una tímida sonrisa en los labios.

- Hola – Me saludo cordial – Ya me he enterado que has visto a Esme y a Emmet.

- Si… - Contesté de forma cansada – Pero me suena a que no ha sido algo casual, ¿me equivoco? – Le pregunté mirándolo desafiante. Él no mostro ninguna emoción en su cara.

- No tengo conocimiento de que hayan hecho ningún complot en tu contra. Simplemente sé que ambos estaban deseoso de verte. – Informó con total normalidad.

- ¡Ya basta, por favor! – Exclamé airada. – Hoy ha sido un día agotador… Vosotros me agotáis sobre manera. Mantengamos las distancias como hasta hoy, ¿de acuerdo? – Y sin más me di la vuelta y me fui.

Acabé mi última ronda y me fui a casa. Lo que le había dicho a Carlisle era verdad. Estaba agotada, ellos consumían las pocas fuerzas que conseguía cargar por la noche.

Llegué a casa y otra vez lo mismo: Chimenea encendida, cena lista y ya imaginaba la hermosa flor que descansaría en mi cama.

Pero esta vez había una diferencia. La ventana estaba cerrada.

Eso me hizo sacar una sonrisa, debía reconocer que me hacían gracia sus truquitos, pero NO. No podía doblegar. No estaba lista para un contacto más directo con ellos.

Cómo iba a ser capaz de un acercamiento si no podía aceptar el simple acto de un roce…

Bueno... Va cediendo... poquito, muy poquito, pero algo es algo.

Se ha visto con Emmet y Esme, y no le ha sido indiferente.

Y ya va reconociendo que le duele el que no se acerquen; que

respeten su petición de distancia.

Pero esta Bella mía, es muy terca; muy suya. Así que veremos a ver como acaba

tanto distanciamiento... :-P

Besitossssssssss!