CAPITULO 52. NOCHE… LOCA


Los días se sucedieron sin más complicaciones. No hubo más contacto que el estrictamente necesario, y era con Carlisle, el cual mantenía las distancias para no agobiarme.

Estaba desayunando en la cafetería, o sea, mi café con leche habitual, cuando las enfermeras se me acercaron animadas.

- Bella… Vamos a ir a cenar esta noche a Port Ángeles, ¿por qué no te apuntas? – Me invitó Mary.

- Si, vente… Creo que te vendrá bien airearte un poco – Me sonrió con cierta tristeza. Se inclinó para hablarme más íntimamente – Todo el hospital sabe que Edward y tu no estáis en vuestro mejor momento – Hizo un mohín con los labios. Sus palabras me dejaron estupefactada.

- ¿Cómo sabéis eso? – Pregunté en un murmullo.

- Es el tema de actualidad en el hospital. Además, no hace falta ser muy listo, solo con ver la tensión que hay entre tú y el Dr. Cullen… Ya se sabe que algo pasa.

- Y… el otro día alguien oyó salir gritos del despacho de Edward. Como si estuvierais discutiendo. – Me informó Lory, otra compañera con la que también me llevaba bastante bien.

- Bueno si, ha habido ciertos problemas entre nosotros… Y bueno, intentamos que la relación laboral no sufra, pero en fin…

- Y… ¿No hay posibilidad de reconciliación?

- No lo sé… Es muy complicado… - Agaché la cabeza.

¿Realmente llegaría el día en que todo se arreglara?

- Yo creo que dejando enfriar un poco lo que haya pasado entre vosotros… Os arreglaréis. – Sonrió Mary – Solo hay que mirarte a la cara y ver como aun siguen brillándote los ojos con tan solo la mención del nombre de… Edward. – Su sonrisa se dulcificó aun más.

- Venga… ¡Anímate! – Empezaron a increparme el resto de compañeras.

- Está bien. Iré con vosotras – Y después de más de un mes, - sonreí. – Me vendrá bien una salida de chicas.

- ¡Claro…! Cenaremos en un sitio muy coqueto y luego nos iremos a bailar. Unos chupitos, unas copitas… Nos sentarán de fábula – Animó Lory. – Ponte guapa, habrá chicos – Me guiñó un ojo de forma traviesa.

Concretamos la hora y nos fuimos a nuestras respectivas tareas.

Una salida así, lejos de vampiros, lejos de problemas… y lejos de todo, me haría bien.

Llegué a casa, y pasé de la chimenea, la cual estaba encendida, de la cena y de la rosa. La cogí y la puse en el jarrón donde descansaban el resto de rosas diarias; me metí en el baño y me dispuse a arreglarme. Me apetecía salir, sí. Definitivamente me vendría bien.

Me duché, me apliqué cremas, me hice unos tirabuzones en las puntas de la melena y me maquillé como hacía tiempo no hacía. El resultado del espejo era más que satisfactorio.

Abrí el armario y empecé a rebuscar por las perchas donde tenía los vestidos de salir. Había varios, de mi época de "mamoneo" en la facultad; de esos que sueles ponerte cuando no tienes pareja. Cuando ya tenía el modelito prácticamente elegido, una brisa a mi espalda me puso los pelos de punta.

Me giré sobresaltada, pero allí no había nadie. Desvié mi mirada hacía la ventana, pero seguía cerrada, tal y como yo la había dejado.

Edward no estaba, pero si un paquete grande, envuelto de regalo con un gran lazo rojo, descansaba sobre mi cama.

Pestañee seguido varias veces; no me lo podía creer.

¿Cómo había entrado y salido sin que lo hubiera visto?

Me acerqué a la puerta y la moví violentamente, salí al recibidor mirando en ambas direcciones y caminé hasta la barandilla de las escaleras asomándome al piso de abajo. Nada. Allí no había nadie; o por lo menos, yo no lo veía.

Sacudí mi melena recién peinada, y decidí pasar de todo.

Sabía que Edward estaba en casa. Lo intuía, lo sentía de una manera que no era capaz a describir con palabras. Era una sensación.

Me había fijado que cuando estaba cerca, en plan acosador, los pelos de la nuca se me ponían de punta y una sensación extraña me recorría la columna vertebral. Pero en ese momento no me iba a parar a darle vueltas a la cabeza, ni llegué a la conclusión de que esa misma sensación ya la había experimentado en otras ocasiones. Una de ellas hacía ya muchos años en el bosque detrás de mi casa.

Volví a entrar en la habitación, iba decidida a hacer caso omiso al paquete, pero en el último momento, un brote de curiosidad me ganó.

Lo abrí, y de entre papel de seda donde se leían las iníciales "CH" (Carolina Herrera), saqué un vestido. Lo estiré y cuando lo vi me quedé sin habla:

Era negro, de seda salvaje. Con cuello y mangas camiseras. Una línea de finos botones forrados de la misma tela bajaba hasta debajo del pecho, donde un cinturón hacía el frunce, para que la tela callera suelta hasta los tobillos. El escote era a tener en cuenta, pero no se sobrepasaba; No tanto como la abertura lateral que llegaba al medio muslo.

¡Espectacular!

Al menear el vestido, de entre su tela calló una notita:

Estarás aun más preciosa con él puesto. Lo único que siento es que no pueda ser yo quien te lo quite al llegar a casa.

Edward

La mano que sujetaba la nota, me temblaba y mi respiración era casi jadeante. Mis ojos no paraban de pestañear y tenía la boca abierta.

No entendí muy bien esa reacción de mi cuerpo.

Si era por el mensaje "subliminal" de la nota, por el obsequio, porque él me hubiese regalado un vestido así… O tal vez fuese un poco de todo.

Me quedé con el vestido en la mano durante un tiempo; diciendo si ponérmelo o no. Aunque era finísimo y podía hacerme una ligera idea de lo que le habría costado siendo de tan exquisita firma, era un vestido muy ponible para una salida como la de esa noche.

En mitad de mis cavilaciones sobre estrenarlo o no, sentí la ya familiar sensación en la nuca:

Edward estaba cerca.

Eso me dio el impulso a decidirme que me faltaba. Sí, me lo pondría antes de que él entrara en la habitación y me convenciese de alguna forma.

Y lo que menos quería ahora mismo, era topármelo de cara, yendo yo ataviada simplemente con una toalla que tapaba lo justo y necesario.

Escogí un conjunto de lencería negro, regalo también de Edward. Lo cogí y me encerré en el baño para ponérmelo. Ya no me encontraba cómoda para estar desnuda ni en mi propia casa.

Salí con solo la lencería puesta y me coloqué el vestido, el cual se ajustaba a mi cuerpo como una segunda piel. Me perfumé, también regalo de él y fui a escoger unos zapatos, cuando de pronto…

¡Ta chan!

A los pies de la cama, otra cajita de regalo. Podía imaginar lo que había dentro:

Unos botines tobilleros, de piel, con plataforma y un tacón finísimo, adornados con tres hebillas, descansaban dentro de la susodicha caja.

Me los puse y eran un guante para los pies. Por supuesto la firma, exclusiva, Jimmy Choo.

Cogí una americana y un bolso de mano. Comprobé que lo llevaba todo y bajé a la planta de abajo. Me puse la chaqueta y me pinté los labios. Al cabo de un par de minutos, Mary me llamó haciendo sonar el claxon del coche.

Justo cuando salía por la puerta, no pude resistirme y le hablé a la nada. Le hablé a él.

- Gracias Edward – Cerré la puerta y bloquee cualquier pensamiento.

Esa noche era de chicas e íbamos a pasárnoslo en grande.

Una noche de chicas… Igual que cuando salíamos Alice, Rose y yo, pensé con pesadumbre.

Por mucho que lo quería evitar, cualquier cosa, me recordaba a ellos.

Salí de casa con la sensación de sentirme observada; pero no era algo nuevo, por supuesto. La sentía a todas horas y en todos lados.

Me subí al coche y Lara, Lory y las otras dos compañeras me saludaron efusivas, alabando mi vestido.

- Guauuu Bella… ¡Vaya vestido! Es una autentica pasada – Lory babeaba descontroladamente.

- Estás preciosa – Me miró Lara alucinada con el vestido.

- ¿A que es un regalo de Edward? – Me preguntó otra de las chicas. Su comentario me dejó un tanto trastocada.

- Tranquila, no me comas… - Rió, por la forma en que la miré – Te lo digo porque me lo supongo. Es algo que solo alguien como Edward te regalaría.

- Sí, la verdad que tiene un gusto exquisito – Felicitó la otra.

- Solo viendo a quien había escogido de novia, queda todo dicho – Mary me miro y sonrió a través del espejo retrovisor.

- Chicas… Si no os importa… Preferiría no hablar de Edward – Casi supliqué. Todas asintieron con caras de culpables, y el "tema" no volvió a tocarse más.

Llegamos a Port Ángeles, y nos dirigimos al restaurante. Solo llevaba unos meses abierto, pero era lo más de lo más en aquel momento.

Súper moderno, llamativo, y exquisito en su conjunto.

Un metre nos dio paso a nuestra mesa, una vez identificada la reserva, con unos modales y un trato dignos de un mayordomo inglés.

Nos ayudó a todas a sentarnos, moviéndonos la silla. Y cuando acabó conmigo, que era la última, me lanzó una sonrisa, espectacular no… Lo siguiente.

La verdad que me quedé sin habla, y lo único que supe hacer fue devolverle el gesto de forma tímida.

- Vaya Bella… acabas de llegar y ya triunfas, jajaja – Rió Lory. – Sé que te puede costar, o parecer difícil, pero lo mejor que haces es distraerte. No con eso quiero decir que tengas que hacer nada extremista… A no ser que te encuentres preparada… Pero evádete, es lo mejor - Me sonrió lanzándome un apoyo mudo.

Sus palabras me dejaron gratamente sorprendida, ya que pensé que Lory era un poco desairada. Pero por su forma de hablar, dejaba entrever que algo le había sucedido con algún chico en el pasado que la había dañado.

Cenamos espectacularmente. La comida era delicatesen en estado puro. Cada una pidió un plato distinto y luego compartimos entre todas.

Ellas ya habían ido alguna vez y siempre que tenían ocasión de reunirse, iban a ese restaurante concreto. Ya que la variedad de la carta era más que amplia.

Bebimos un vino finísimo, pero que poco a poco, acababa atontándote ligeramente. Y en los postres, que eran un majar, les dio por pedir champán.

- Para celebrar tú primera salida de chicas – Brindó Lara. Todas levantamos las copas.

Estuvimos hablando de mil cosas, pero el tema "Edward" no volvió a salir a mención; cosa que agradecí, por supuesto.

Una de las otras chicas, Lucy, estaba casada. Pero cada cierto tiempo hacía esta salida con las chicas. La otra, Cris, tenía novio, y se unía más de vez en cuando.

Las solteras éramos Lara, Lory, Mary, que hacía unos meses que había roto con su chico… y ahora, yo.

Como obsequio de la casa, nos regalaron unos licores especiales que preparaban ellos mismos. Estaba riquísimo, pero era fuerte. Muy fuerte.

Noté como el líquido me quemaba la garganta al bajar, igual que un desinfectante.

Llegamos al primer bar, y Lory pidió unos chupitos. Tequila tostada.

A mí siempre me había gustado el tequila, pero hacía muchísimo que no lo bebía; realmente hacía muchísimo que no bebía nada.

Hicimos la parafernalia propia del tequila, y nos lo bebimos del trago. Estaba suave… Una palabra vino a mi mente al instante:

Traicionera… Así es la bebida que te parece suave al tragar.

Nos tomamos otro y, cuando íbamos a pedir el tercero, yo me negué.

- No, no… olvidarlo chicas. Yo no estoy acostumbrada a beber y me noto ya mareadísima… ¡Buf‼- me quejé. Notaba como ya necesitaba cierto apoyo extra para mantenerme derecha.

- Pues entonces cambiemos de sitio, que Bella se nos cae por las esquinas, ¡jajaja! – Rió Lucy, que ya comenzaba a ir un poco afectada también.

Lo dicho, cambiamos de bar, y nos fuimos a uno donde la música ya se oía a cientos de kilómetros antes de entrar. Vamos, a uno de los que me gustaban a mí.

La música me encantó, ya que iban combinando los estilos, pero todo bailable. Desde una bachata, hasta un tema rock, para pasar a un dance o un tecno… Estaba maravillada.

- ¡Este sitio me encanta! – Grité por encima de la música, totalmente extasiada. Tanto fue mi entusiasmo que me olvidé del mareo que ya llevaba y me decidí por una copa. Un buen Gyn Tonic; y ya puestos, con una ginebra de las caras.

Todas, que íbamos ya tocaditas, nos adentramos en el tumulto a bailar enloquecidas. La música era mejor a cada canción, y nos sincronizábamos bien para bailar y bromear.

Esa "copita" fue el no va a más. Hizo que se me quitasen las penas de golpe, y que la sensación de libertad fuese total; y no digamos la desinhibición que me regaló.

Ellas que ya estaban acostumbradas a estas salidas, fueron marcando el ritmo y yo lo iba siguiendo encantada.

Y justo, cuando la cabeza más desatada estaba, llegaba el momento del tonteo con la fauna masculina.

La música había cambiado ligeramente y el Dj comenzó a soltar un repertorio con connotaciones más sensuales. Canciones que invitaban a moverse de otra forma, y a rozarse con el vecino de pista.

Y eso hicimos; comenzamos a movernos de forma más sugerente. En cuestión de un par de canciones, un grupo de chicos, a cual más guapo, ya se nos había acercado en plan "acechadores".

A raíz de eso, las chicas y yo tuvimos motivo para desternillarnos de risa.

- Qué previsibles son… jajaja. – Rió Lucy

- Ya te digo… hacía ya rato que no nos quitaban el ojo de encima… Era cuestión de tiempo, jajaja – Matizó Lory.

- ¡Estoy desentrenada! – Exclamé divertida – La de tiempo que no hacía esto… - Agregué riéndome.

Desde que había acabado la carrera, no había vuelto a salir así; de marcha, de ligoteo… de mamoneo. Ya que me había centrado en las prácticas y después ya pasó lo de mi padre y… Edward. La invitación de las chicas no podía haber venido en mejor momento.

Los chicos se habían acercado mucho más; estaban tan pegados a nosotras, que parecía que fueran parte de nuestro grupo.

Muy correctos, y con las sutilezas típicas de los chicos, fueron invitándonos a bailar a todas.

Ahora la noche estaba completa.

Después de una gran velada de solo chicas, tocaba el turno del tonteo masculino.

- ¿Sabes que eres preciosa? – Me adulo mi "pareja" - ¿Cómo te llamas? Yo soy Anthony – Se presentó.

- Bella… Gracias por el piropo, tú tampoco estas nada mal. – Le sonreí muy sensual.

- Y a parte de preciosa… encantadora sonrisa. Me tienes deslumbrado. – Confesó – Llevo rato sin quitarte el ojo de encima, esperando a que tu novio a pareciese… Pero, después de esperar un tiempo prudente, he visto que no ha aparecido nadie, y… que no aparecerá, ¿estoy en lo correcto? – Preguntó.

- Aciertas. Nadie aparecerá. – Contesté muy pagada de mí misma. El chico sonrió complacido por la respuesta.

- ¿Te apetece tomarte una copa?

- Si tú te tomas otra – Le guiñé un ojo.

Nos fuimos, acompañados por Mary y su ligue. Cuando estábamos en la barra, me enteré de que ella y el susodicho, ya habían quedado alguna que otra vez. Vamos, cuando se encontraban… acababan la noche juntos.

A ninguno de los dos les apetecía nada serio, aun, y se lo pasaban genial juntos, haciendo las cosas de esa manera.

- ¿Me dejas a mí escoger? – Preguntó dulcemente. – Uno de los camareros es conocido mío, y prepara unos cocteles mortales – Enfatizó alzando las cejas ilusionado. Yo asentí emocionada.

Nos tomamos el coctel, mientras Anthony y yo íbamos hablando. Dándonos los datos de rigor:

Donde vives. A que te dedicas. Cuáles son tus hobbies…

- ¿Te apetece que bailemos? – Me preguntó, con una sonrisa que podría parar un tren de mercancías.

- ¡Claro! Llevaba un rato esperando a que me lo pidieras – Le devolví la sonrisa, pero la mía fue algo más que encantadora, acercándose más a la definición de Sexy.

Comenzamos a bailar, y la música que sonaba era sensual, tipo bachatas, que llamaban a juntarte y restregarte con tu acompañante.

Si ya me encontraba desinhibida antes, después del coctel propuesto por Anthony, era otra persona. La vergüenza se había esfumado de mi cerebro, quedando agazapada en algún rincón, completamente aterrorizada por mi comportamiento.

El alcohol que pululaba por mi sistema nervioso, había tomado el control absoluto de mi misma, y hacía conmigo lo que le venía en gana.

Sé que es una excusa muy mísera, pero era la más pura verdad.

La noche fue siguiendo su curso, y Anthony era lo más. Encantador, dulce, y con una sensualidad arrolladora, y encima bailaba genial. Y… ya se sabe:

Chico que baila bien… Chico que en la cama, bien también.

El ligue perfecto de sábado noche.

Mary se despidió de nosotras al cabo de un rato. Su noche en un plano más "íntimo", daba comienzo. Lucy y Cris también se despidieron, ya que sus chicos las esperaban en casa. Y Lory y Lara también estaban disfrutando de sus ligues.

Después de un rato, donde Anthony no me había dado tregua bailando, fuimos a por otro coctel. El alcohol que ya corría por mi sistema nervioso, más el movimiento del baile y el calor del local, llamaba a hacer una paradita para refrescar. Pero ese último cóctel, fue mi final.

Lo bebimos bastante rápido, ya que ambos teníamos sed por el baile. Y entre que ya llevaba demasiado bebido, y que encima lo engullí como un animal sediento, me afecto mucho más. Y en mi pobre percepción de la realidad, pude comprobar que él iba también bastante afectado.

- Volvemos a la carga, preciosa – Me incitó llevándome a la pista de baile.

- ¡Claro! – Contesté animadísima, cogida de su mano. La cual noté caliente, incluso algo sudorosa. Me la quedé mirando atontada.

- ¿Pasa algo? – Me preguntó algo cortado, aunque sonriente por el efecto del alcohol.

- No, para nada… Tienes la mano caliente… - Sonreí dulce – Y… me encanta – Le guiñé un ojo. Eso basto para quitarle el corte, ya que supondría que me había molestado el sudor de su palma.

Lo que me llamó la atención fue su contacto. Caliente. Humano.

Pero lo que en un momento normal, me hubiese entristecido, con tanto alcohol mezclado en vena, lo que provocó fue un estallido de furia en mi sistema nervioso.

Nos plantamos en medio de la pista y volvimos a bailar. Pero esta vez ambos ya teníamos confianza y nos tocamos y nos restregamos de forma más íntima y provocadora. A parte de que mi furia, estaba jugándome una mala pasada.

- Nena… Estas poniéndome a mil – Me susurró al oído. – No sabes las ganas que tengo de probar esa boquita tan incitadora que tienes. – Yo sonreía como una tonta ante sus palabras, mientras él me apretaba más contra él, y yo contoneaba las caderas contra su más que notoria erección.

- Ummm – Le susurré al notar el bulto contra mi cadera.

- Así está por ti. Toda, entera por y para ti. Quiero tenerte esta noche en mi cama, nena. Me tienes loco. – Susurraba con sensualidad.

En ese momento, debió de ver la aceptación en mi cara, que de forma muy sensual acerco sus labios a los míos. Fue un beso lento, cargado de erotismo.

Le devolví el beso gustosa, siguiendo su tormentoso ritmo lento. Pero justo cuando el beso se empezaba a alargar, yo hice el ademán de separarme.

Por un instante me sentí culpable. Como si estuviese engañando a Edward de alguna manera.

Pero en ese preciso momento, él exhaló su aliento en el interior de mi boca, ahogando así un gemido de placer.

Y su aliento era cálido; caliente. Humano. Y otra vez esa sensación de rabia, de odio, de ira.

Él si es humano. Es cálido, noto su calor. Esta es la manera de sacar a Edward de mi pensamiento.

Así que en vez de separarme, profundice el beso un poco más. Su lengua "humana" calentaba la mía, moviéndola, mientras suspiraba dentro de mi boca con deseo.

Sus manos, cautas, acariciaban mi cara con sumo tacto; calentándome allí donde rozaban.

Cuando se sintió seguro de que estaba metida en el beso, una de sus manos viajó hasta mi brazo, bajando por mis costillas, y acariciando mi espalda hasta llegar allí donde esta pierde su nombre, y apretándome contra él, para mostrarme su gloriosa erección.

Estaba caliente. Caliente, borracha y llena de rencor y de amargura.

Pretendía cambiar a Edward por este chico, el cual estaba más que entregado a la causa, pero él no era Edward. Él no era mi vampiro; el cual solo con mirarme podía conseguir que rozara el orgasmo.

Acabamos el beso, y él me miraba con las pupilas dilatadas y brillantes. Estaba sobradamente excitado.

- Vaya nena… ¡Menuda manera de besar! Es espectacular… - Sonrió pícaro – Un poco más, y me hubieses dejado al borde de correrme. – Murmuró divertido. Yo solo pude sonreír de forma traviesa.

- Gracias… tu beso también ha sido espectacular. – Le contesté acercándome tentadora.

- Creo que deberíamos irnos a un sitio más íntimo, como por ejemplo mi casa, ¿no te parece? – Propuso.

- No estaría mal, no. – Ahí, ya no tenía noción de lo que hacía ni decía. – Creo que deberíamos irnos ya… - Murmuré con la lengua trabada.

No hizo falta más. Volvió a cogerme de la mano y salimos del pub.

CASA CULLEN


Todos, en la mansión Cullen, sabían de la salida de esa noche de Bella. Por supuesto, todos estaban preocupados.

Bella, por muy responsable que fuese, no dejaba de ser humana, de ser muy joven y lo más preocupante, de estar muy herida.

Sumando todo eso, los 7 vampiros estaban inquietos, temiendo que Bella fuese hacer cualquier tontería. Pero para eso tenían a Alice. La cual no quitaba ojo al futuro inmediato de la chica.

- Por mucho que me agobiéis no veré más… - Se quejaba, ante las miradas inquisitorias de la familia. – Está cerrada en banda… ¡Cómo siempre! – Gruñía.

- En cuanto beba algo, bajará la guardia y podrás ver más. – Afirmó Emmet. Edward abrió los ojos alarmado.

- ¡Vamos hermano! ¿No pensarías que siendo una salida de chicas… No va a haber alcohol…? - Dejó la pregunta en el aire. – Además, te lo estoy afirmando, no preguntando. Para que quede claro. – Lo miró alzando una ceja.

- ¿Por qué crees que Alice está tan atenta a su futuro? – Agregó Jasper.

- No me deja ver ni siquiera el restaurante donde van a cenar… Es increíble, que siendo humana, pueda bloquearme de esa manera. – Se quejaba. Jasper se situó a su lado, acariciándole los brazos, alentándola. – Habrá que esperar…

Al cabo de un par de horas, a Bella el alcohol ya empezaba a afectarle y la guardia, tal y como había previsto Emmet, comenzó a hacerle efecto.

- ¡Ya veo algo! – Anunció Alice animada. – Me ha dejado ver el restaurante donde ha cenado… y ahora el bar donde van a tomar… ¿tequilas? – Preguntó asombrada. A Edward se le salían los ojos de las órbitas.

- Bella… ¿bebe? – Preguntó Carlisle alarmado.

- ¡Venga…! tiene 22 años… ¿Que esperabais? – Exclamó Rose – Es lo propio de los humanos de su edad. Nosotros hemos visto su faceta más adulta, más responsable. Lo extraño era que fuera así, tan comedida.

Una hora más tarde, Bella era un libro abierto para Alice.

- Veo más… mucho más… - La última frase fue un mínimo susurro, mirando hacía Edward, el cual tenía la cara tensa al límite. – Han cambiado de garito. Ahora se van a un pub, lo conozco. Es un sitio muy de moda en Port Ángeles. – Volvió a mirar hacía su hermano – Esta bebiendo… mucho.

- Vaya con nuestra Bella… - Murmuró casi divertido Emmet, el cual recibió de Edward una mirada envenenada.

- Huelo problemas… - Siseo el susodicho. – Bella está demasiado afectada… Lo justo para hacer cualquier tontería. Todos asintieron.

- Es normal en los humanos beber para olvidar las penas – Comentó Rose. – Los inhibe y los alenta.

- Veo chicos, acechando su grupo, y todas van bastante tocaditas – Seguía retahilando Alice, concentrada en la visión – Uno de los chicos, no le quita ojo a Bella, la invita a una copa, están hablando, bailan. La está cortejando, pero ella está manteniendo las formas. La… - Alice corta la visión a propósito.

- ¡Sigue! ¡No me bloquees…! - Bramó Edward. Alice suspira y vuelve a la visión.

- La coge de la mano, Bella se queda mirando, algo en su mano le ha llamado la atención… - Edward aprieta los ojos fuertemente, en un gesto lleno de dolor.

- Lo que le ha llamado la atención es que tiene la mano caliente… Eso es lo que le ha sorprendido. Estaba tan acostumbrada a nuestro tacto frío que… - Aprieta la mandíbula tan fuerte, que si fuera humano, se hubiese roto todos los dientes.

- ¡Oh… vaya! – Lamenta Esme, ante la cara de tristeza de toda la familia.

- El chico le está proponiendo pasar la noche juntos, y Bella… - Alice coge una bocanada de innecesario aire.

- Y Bella ha aceptado – Concluye Edward, inerte con la cara completamente tensa.

Todos se quedan estáticos, con la sorpresa y el temor reflejado en sus rostros de mármol.

- Está borracha… No sabe lo que hace – Reprocha Rose mirando hacía Edward. - ¿No piensas hacer nada? – Le recrimina.

Edward niega, y agacha la cabeza, negando tímidamente.

- Alice, sigue oteando por si le pasa algo. – Concluye mirando hacía su hermana, la cual muestra un gesto sorprendido y abatido. – Mientras, me voy. Lejos. No quiero ver nada más… - Murmura con dolor y rabia.

Justo cuando acababa de salir, corriendo embravecido, Alice grita llamándolo.

- ¡Edward! – Alza la voz alarmada, haciendo a toda la familia rodearla en menos de una fracción de segundo. Poco más tardó Edward en ponerse frente a ella, con los ojos saliéndosele de las orbitas.

- ¿Qué pasa Alice? – Le pregunta Jasper, acariciándole los brazos; reconfortándola.

Alice mira directo hacia Edward, clavándole la mirada, con el horror reflejado en su rostro.

- Edward… - Murmura consternada.

- ¿Qué es lo que pasa? – Pregunta Carlisle alarmado por el gesto de horror, ahora no solo en Alice, sino en Edward.

El cual sale disparado hacía el garaje. Destino: Port Ángeles.

- Es Bella… Está tan pasada de copas, que no es ni un ápice consciente de lo que está haciendo. Ha estado siguiéndole el juego a ese chico, el cual también va tocado… Además, aparte de beber, ha consumido drogas. – Alice pestañea, aun temblando – Bella va a negarse, y él la obliga… Solo que ella no es consciente de lo que pasa… Hasta ahí he visto. – Aun no necesitándolo, la vampira inhala aire jadeante.

Al cabo de unos minutos, vuelve a hablar. La visión, ha cambiado por la intervención de Edward.

– Edward la traerá a casa. – A todos se les ilumina la cara ante tal acontecimiento. – Calma, no os hagáis ideas falsas. – Los apacigua – De mañana solo puedo ver que ella se levantara sumamente avergonzada, pero bastante a la defensiva.

- ¿Este no es el acontecimiento que comentaste hace tiempo que estaba por pasar? – Preguntó Carlisle. – Lo que haría un acercamiento.

- No. Estoy segura de que esto no es. No puedo ver lo que sucederá… Pero no tardará en ocurrir. Algo que la obligará a estar con nosotros. Aquí en casa… y a raíz de eso, se producirá ese acercamiento.

- Siempre y cuando, no intervengamos y no lo cambiemos, ¿verdad? – Preguntó, casi afirmando Jasper. El cual ya era un experto en leer entre líneas, en las visiones de su esposa.

- Efectivamente. Todo tiene que seguir su rumbo. – Su tono era de advertencia total.

- Bueno, hay que estar preparados para cuando llegue – Se pronunció Esme. – Si ha bebido tanto, habrá que esperarse cualquier reacción por su parte.

Todos asintieron. A excepción de Emmet, que ya estaba tronchado de risa, imaginándose a Bella borracha.

Holaaaaaa mis chicas!

Esta vez no os he dejado esperar tanto, eh?

Espero que el capi os haya gustado. Algo distinto!

Pero que suele ser corriente en los "humanos"... beber para olvidar penas de amores.

Menos mal que todo quedara en un susto... Bueno, si Edward llega a tiempo, claro...!

Veremos a ver que pasa...

Besosssssssssss!