CAPITULO 54. RETROCESO
La claridad le molestó en los ojos, así que los fue abriendo poco a poco, frotándoselos para despertar. Durante más de dos minutos, no fue consciente de donde estaba.
Solo sabía que se encontraba cómoda como hacía tiempo no se sentía y degustó esa sensación sin prisa.
Hasta que de pronto, se tensó. Abrió los ojos como platos y fue plenamente consciente de donde estaba y pese algunas lagunas, su mente le brindó unos recuerdos bastante nítidos de lo ocurrido la pasada noche.
Justo en su fase de rememoración, notó que no estaba sola en la cama. Había alguien a su lado, y al mismo tiempo que su cerebro imaginaba de quien se trataba, su cuello se giró hacía su derecha, encontrándose con la cara de Edward a menos de medio metro.
- ¡Edward! – Exclamó dando un salto en la cama. – Pero…
- Buenos días – Le respondió con una sonrisa, la cual no le llegaba a los ojos. Expectante por la reacción de Bella. – Me alegro de que hallas dormido bien. – Su tono era suave y conciliador.
- ¿Dormido? – Preguntó extrañada - ¡Oh…! – Su cerebro esa mañana iba bastante más despacio de lo habitual, pero comprendió perfectamente el mensaje escondido de Edward: Él había pasado la noche con ella, acostado en la cama a su lado. – Tú… has estado aquí… Conmigo, ¿verdad? – aunque fue una pregunta, ella sabía perfectamente la respuesta.
- Sí, me he quedado porque tú me lo has pedido – Le contestó, siguiendo la línea suave en su tono, ya que imaginaba que la cabeza, aun después de la dosis de B12 que Carlisle le había suministrado, debía dolerle, o como poco, sentirla bastante pesada.
- Que yo… - Calló, ya que recordaba que él la había metido en su coche y la siguiente vez que abrió los ojos, estaba echada en la cama, mientras él le pasaba una esponja por la cara; así que no iba a ponerse terca en desmentir algo de lo que no estaba segura. – Bueno… Aunque te lo dijera… Estaba, bueno, yo… ayer… - Frunció el ceño, entre enfadada y avergonzada.
- No hace falta hablar de lo que pasó esta noche. – La cortó, más bien ayudándola a acabar la frase. – Fue un incidente; un susto. – La miró fijamente; y su tono cambio a uno más serio – Una advertencia. – Bella cogió aire, abriendo los ojos desmesuradamente, mostrando el terror de lo pasado.
Bella agachó la cabeza, avergonzada. Se sentía mal porque Edward había ido a rescatarla, ella misma lo había llamado, porque estaba tan borracha, que no era capaz de oponerse a acostarse con aquel chico.
Sus ojos comenzaron a picarle pensando en lo mal que debió de sentirse Edward al verla en aquel coche a escasos minutos de que aquel chico se la follara sin contemplaciones.
Ya que tenía el vago recuerdo de tener la falda del vestido subido hasta la mitad del muslo y que Anthony tenía la bragueta desabrochada.
- Edward yo… - No sabía qué decir. No recordaba haber pasado semejante bochorno en su vida.
Edward le alzó la cara, poniéndole su dedo índice en la barbilla. No sabía cómo sería recibido un contacto de él, ahora que ella estaba lúcida. Pero Bella no se apartó. Obedeciendo sumisamente a la orden del dedo de Edward sin decir ni una sola palabra.
- No escondas la cara, Bella. No hay nada de lo que avergonzarse – Su tono era sincero y volvió a tornarse cálido. – Te pido que no me castigues sin ver tu preciosa cara – Sus ojos se encontraron, y ahí se quedaron por un periodo indefinido de tiempo.
Hasta que la fuerza de sus miradas se volvió íntima, sensual, hasta el punto en que Bella no pudo aguantarla más y apartó la cara hacía un lado.
- Agradezco tus palabras, y más te agradezco que aparecieras ayer… Me salvaste de hacer algo que yo… que no… Bueno, bebí demasiado… Muchísimo y, cuando me quise dar cuenta… - La respiración de Bella volvió a agitarse.
- Te pido que no sigas… Ya está. – La volvió a cortar, con un gesto de dolor en su cara - Gracias a Dios, no hay nada que lamentar, ni de que arrepentirse. Solo tómatelo como una advertencia, para que otro día, tengas un poco más de cuidado. – Bella asintió, pero sin volver a mirarlo a la cara. – Solo, quisiera que me respondieras a una pregunta. – Bella se mordió el labio, pero asintió. - ¿Por qué bebiste así?
Bella se tomó un par de minutos para sopesar la respuesta. No quería mentirle, pero no sabía hasta qué punto sería prudente ser del todo sincera.
- La verdad, Bella – La miró alzando una ceja, a lo que ella sonrió haciendo un mohín.
Se removió en la cama, guardando más distancia con el vampiro.
- Para intentar sacarte de mi cabeza. – Volteó la cara y esta vez sí lo miró a los ojos. Él le sonrió con tristeza.
- Lo imaginaba, pero quería oírtelo decir. – Contestó pesaroso.
Edward se movió hacía ella, alargando una mano con intención de acariciarle la cara, pero ella se apartó. No podía dejarle que la tocara; y no por él, sino por ella misma. Porque si le permitía ese simple gesto, no sabría pararlo. Y lo peor, es que no sería capaz de pararse a sí misma.
El tenerlo allí, que ayer la salvara y encima él fuera quien la mirara con pesadumbre, con humildad, sin ápice de reproche por su comportamiento… Y verle ese fuego en lo más profundo de sus ojos, con el hambre con la que la contemplaba, que no era más, que el reflejo de su propio deseo y anhelo por él…
Sí, estaba completamente segura de que si lo dejaba acariciarla, la cosa no acabaría ahí. Pero mientras pensaba eso, se despistó los segundos suficientes para que Edward reaccionara.
Él aprovechó la debilidad de Bella, más bien su despiste, y en un movimiento vampírico, se acercó a ella y le acarició la cara como deseaba, tanto él como ella misma.
Deslizó sus dedos desde la sien a la mandíbula, mientras buscaba sus ojos y la obligaba a mirarlo, hasta que sus ojos quedaron enlazados en una mirada privada e íntima.
La respiración de Bella se agitó al instante de que sus terminaciones nerviosas recibieron el estímulo de la mano de Edward rozando su piel. Pero no se apartó; justo cuando su cerebro daba la orden de retirar la cara, sus orbes se encontraron, enlazándose, y haciéndola quedarse completamente inmóvil.
Tanto los ojos de uno y de otro, se dilataron. Era un signo físico de excitación. Ambos sentían su estimulo, reflejado en los signos del otro.
En un pestañeo, Edward se situó en frente de Bella, dejando sus caras a escasos centímetros. Ella se asustó un poco, más por el movimiento fugaz, que por su cercanía.
- Edward… - Gimoteó, notando como su boca ensalivaba al decir su nombre en voz alta.
- Bella… Mi Bella… - Susurró él; dejando salir su nombre envuelto en el más exquisito delirio.
Edward, capto en seguida la completa rendición de Bella, y forzó un poco más las cosas. Él no podía aceptar las "normas" que Alice les habían impuesto, de que no presionaran más a Bella.
Ahora era el momento. Ahora, en este instante, él sentía que debía de avanzar un poco más.
El resto de la familia, estaba atenta a lo que pasaba en la habitación de arriba.
Todos menos Alice, intentaban esconder su sonrisa, ya que preveían lo que estaba a punto de suceder entre los dos chicos.
Carlisle y Esme se miraron pícaros, e hicieron ademán de irse. Queriendo darles intimidad a la parejita.
- No hace falta que os vayáis… - Comentó Alice malhumorada – No va a pasar absolutamente nada. – Sentenció.
- ¡Pero vamos! Ella está cediendo. Puedo sentir su deseo desde aquí abajo – Comentó dichoso Emmet, con una sonrisa, por una vez no pícara, sino feliz, en su cara.
- Edward va a fastidiarlo todo… - Bufó Alice - ¿Qué parte no entendió cuando dije ayer que nada de presiones? – Preguntó enfadada.
- Cariño… Tu hermano está enamorado… y Bella también. Ponte en su lugar. – Le contestó Jasper, casi reprendiéndola.
- Lo sé… pero él tiene otros sentidos y aptitudes por su condición que Bella no posee para refrenarse y tener paciencia. – Lo miró fijo a los ojos – Sé que es difícil, pero solo le pedí un poco más de aguante. Solo unas semanas más. – Su voz se convirtió en una súplica.
Y tal y como dijo Alice… Así sucedió.
Edward, erróneamente confundido, quiso dar un paso más. Estaba prácticamente seguro de la aceptación y rendición de Bella. Así que se arriesgó.
Acercó su cara un poco más y rozó su nariz por la mejilla de ella, dejando exhalar su aliento cerca de su boca, para que lo sintiera, para que lo degustara. Ella se estremeció y soltó un débil gemido. Cerró los ojos, en un signo inequívoco de rendición, el cual Edward interpretó rápidamente; así que acercó su boca a la de ella, alargando el momento, disfrutándolo. Extasiándose por esos segundos previos al beso, que casi eran más excitantes que el propio beso en sí.
Pero Bella, al notar el frio aliento en su boca, y la mano de él en su cuello, fría; reaccionó. Su mente se activó como por obra y gracia, abrió los ojos y arrugó el ceño, perpleja de hasta donde se había dejado ir.
- ¡Para! ¡Aléjate! – Bramó enfadada e irritada, a la par que se levantaba de la cama airada.
- Pero Bella…
- ¡Pero nada! – Volvió a gritar – Has aprovechado un segundo de debilidad… Me importan una mierda tus súper poderes – Edward la miró perplejo por su expresión – No, no me mires así… Has intentando engatusarme de mala manera… ¿Eso también pertenece a tu naturaleza? – Le escupió con rencor.
- Pudiese ser… Pero contigo no necesito de artimañas. Tú solita te has dejado hacer… Y te has dejado simplemente porque lo estabas deseando – Bella iba a interrumpirlo pero Edward no la dejó, alzando una mano para que callase – Tú subconsciente, el que deberías dejar hablar y actuar más a menudo, ha tomado el camino correcto, el que deseas y el que anhelas. Pero eres tan orgullosa, que ahora no sabes cómo dar el brazo a torcer… Y no hay nada, nada que retroceder. Solo déjate ir, todo es…
- Más fácil de lo que creo… ¿Ibas a decir eso, verdad! – Edward asintió – Ya me se la frase de memoria. – Su tono irradiaba cinismo a borbotones. – Pero el problema aquí no es que yo sea orgullosa, terca, o no sepa retroceder… El único inconveniente es que tú no estás vivo. – Escupió mirándolo fijamente a los ojos con gran frialdad – Nada más.
Se puso la bata que descansaba sobre el fondo de la cama, se colocó las zapatillas y con paso firme y el corazón saliéndosele del pecho, abandonó la habitación dejando a Edward allí plantado.
Plantado y con su inerte corazón roto y despechado otra vez. Y otra vez maldijo con todo su ser la naturaleza de la que ahora, consideraba estaba condenado.
- ¿Veis como lo iba a estropear todo? – Alice meneó la cabeza mostrando tristeza y enfado – Si no hubiera forzado tanto, hubiésemos tenido la oportunidad de cruzar alguna palabra con Bella, y sobre todo, ella pasaría algo de tiempo aquí, en casa. Se embebería de nosotros y eso haría que pudiésemos colarnos de poco en poco, en la pequeñísima brecha que tiene en su corazón.
- Tenías toda la razón… Por desgracia. – Murmuró Emmet apenado.
- Está hecha una furia – Comentó Jasper, captando sus sentimientos – Pero también está triste, muy disgustada.
- Claro que lo está… Está peleando contra sí misma. Sus sentimientos y su razón. Corazón contra mente. – Agregó Rosalie, ante el asentimiento del resto.
Bella bajó las escaleras como un caballo desbocado. Sabía que el resto de la familia debía de estar cerca. Los conocía y… los sentía.
Así que se dirigió al salón.
Se asomó a la puerta, mirándolos uno a uno. Con el ceño completamente arrugado, posando su mirada en Emmet.
- Por favor… - Suplico. – Te lo pido exclusivamente a ti. – Lo miró con ojitos, aunque el enfado seguía presente en su rostro. – Sé que es ponerte en un entre dicho con tu hermano, y no quiero mal meter… pero…
- Te llevaré. Claro que te llevaré a casa. – Le dijo sin dudarlo un segundo. – Tu no malmetes nada, enana – Le sonrió, y ella le devolvió el gesto mirándolo directamente a los ojos.
- Deja que te lleve yo – Le pidió Alice, acercándose un poco a ella.
- No Alice… Contigo estoy tan enfadada y decepcionada, al mismo nivel de Edward. – Contestó mirándola con ojos cristalinos.
- ¿No me dirás que no nos echas de menos? – Le preguntó Rose, adelantándose unos pasos – A cada uno en su lugar, por supuesto. Sé que tenías mucho más vínculo con Alice que conmigo, pero pese que me costó integrarte en la familia, a estas alturas, te consideraba una más. – Le habló muy sincera.
- No os voy a mentir, porque creo, que sería absurdo… - Alzó los ojos al aire – Os echo mucho, muchísimo de menos… yo también me consideraba una más. Y varias veces he reconocido que me sentía más integrada entre vosotros que en mi propia familia, pero ya no es solo el hecho de que me mintierais… que hasta cierto punto, después de meditarlo mucho, puedo llegar a comprenderlo. El problema es lo que sois. – Abrió los ojos dándole énfasis a sus palabras. – Es superior a mis fuerzas – Exhaló, abatida.
- Bella, hemos trabajado juntos, codo con codo… Incluso tu misma te has visto en situaciones físicas delicadas…
- Carlisle se refiere a que ha habido sangre por el medio – Aclaró Jasper, mirando hacía Carlisle condescendiente. Bella, a su vez, resoplo y puso los ojos en blanco.
- No es eso, Carlisle. Sé que hemos trabajando juntos entre sangre. – Lo miró intensamente – Sin ir más lejos, hace solo unos días, cuando intentabas salvar la vida del niño atacado por el oso, metiste tus manos dentro de sus entrañas. ¡Le tocaste el corazón con ellas! – Exclamó maravillada. En ese momento, se pudo ver sobradamente, la devoción y admiración que Bella sentía por el vampiro patriarca.
- Pero… Aunque comprendo tus palabras… No llego a entenderte del todo. – Contestó Rose, confusa.
- ¡Joder! – Alzó la voz, abriendo los ojos perpleja de su salida de tono. – Sois… Estáis… ¡Dios! Alzó la cara al cielo, casi pidiendo claridad al Altísimo. – Lo oís todo, lo sentís todo, no hay intimidad posible entre vosotros.
- Te acabarías acostumbrando – Intervino Emmet. – Edward puede oír los pensamientos de todo el mundo… Excepto los tuyos – Sonrió y se alzó de hombros. – Cosa rara donde las haya, pero es así. Así que tú tienes una intimidad, que nosotros no.
Bella se quedó mirando hacía Emmet sopesando lo que acababa de decir. Y realmente sí que era un latazo y una falta de intimidad total.
Hasta que se dio cuenta de un detalle: Ella no sabía nada de eso sobre Edward.
- ¡¿Qué Edward qué?! – Preguntó alzando la voz otra vez.
- Leo las mentes… - Le contestó el nombrado haciendo acto de presencia en el salón. – Menos la tuya. No lo sabemos a ciencia cierta, pero Carlisle y yo hemos llegado a la conclusión de que tienes algún tipo de escudo – caminó hacía el nombrado y le apretó el hombro en un gesto cómplice – Es una protección, y muy fuerte, ya que siendo humana nos tienes bloqueados tanto a Alice con sus premoniciones como a mí con mis lecturas. – Edward se posición al lado de su hermana y acarició dulcemente su cara, la cual le brindó una tierna sonrisa.
Bella seguía consternada ante tal información, por lo que se mantuvo callada. Realmente no sabía qué decir. Lo único que sabía era que le apetecía matar a Edward.
- ¿Veis? – Preguntó después de un rato en silencio. - ¿Cómo creéis que podría adaptarme a algo así? – Los miró uno por uno. – Es imposible. ¿Qué más da que Edward no pueda leerme la mente? – Ahora fijó su mirada en Emmet. - Aunque considero que es una gran puta… bueno – Se disculpó mirando con pudor hacía Esme, a la cual sabía que no le gustaban ese tipo de palabrotas. – Pero… Ahora sabiéndolo, es todo. Todo son pegas.
- ¿Qué pegas, Bella? – volvió a la carga Rose, con tono cansino.
- Contarle un secreto a alguien en concreto… Estando cualquiera de vosotros a… ¿cuánto? ¿100 metros, 200? No lo quiero saber – Meneo la cabeza, rodando los ojos – Lo oiríais, no hay privacidad. El ir al baño, el simple hecho de tirarte un pedo… - La miró gesticulando con los ojos – Te parecerá una tontería, pero a los "humanos" – apuntilló la palabra – no nos gusta que nadie nos oiga, nos da vergüenza. Sudar… a un humano, no le huele, si es algo ligero, pero vosotros olfateáis el más mínimo olor. La regla… Y no lo digo por la sangre – Agregó alzando una mano para que no la cortaran – Sino también por el olor, es muy fuerte.
- Vamos Bella, eso son todo tonterías. – Reprochó Jasper.
- Nunca ganar en nada. Y no por el hecho de la victoria, si no el saberte útil en algo, sobresalir en alguna cosa. En todas las familias cada miembro tiene su virtud… - Su cara se puso triste – ¿Qué virtud sería la mía? Ser la indefensa humana de la que todos cuidáis porque es de cristal. – Afirmó con un deje de rabia en la voz.
- Ya te dije un día, que eso tiene fácil solución. – Contra atacó Emmet muy serio.
- La eternidad… - Murmuró y guardó silencio unos segundos. – Aunque parece una idea fascinante… Realmente, no sé si quiero vivir para siempre, Emmet. – La sala se sumió en un silencio sepulcral. – No me gusta la idea de envejecer… pero… ¿Siempre el mismo aspecto? ¿Congelada así por toda la eternidad? Son cosas en las que pensar muy, pero que muy detenidamente.
- Puedes hacer infinidad de cosas… No hay límites. – Expuso Carlisle animado por el rumbo de la conversación. – Somos médicos, abogados, economistas, historiadores, decoradores, arquitectos… A lo largo de nuestra vida, hemos estudiado infinidad de carreras. Hemos visitado gran parte del mundo, ciudades exóticas e impresionantes. Paisajes paradisiacos. Realizado hazañas lejos de estar en manos de un humano… Repito, no hay límites. – Carlisle gesticulaba emocionado, extraño en él, que era pausado y tranquilo para hablar y explicarse; pero el notar como Bella escuchaba por vez primera en más de un mes, lo exaltaba.
Bella se inclinó de hombros, con pesadez. Se tocó la cabeza y arrugó el entrecejo.
Quería dar a entender que estaba cansada y que le dolía la cabeza y aunque no era mentira, lo que quería esconder es que no sabía qué contestarle a Carlisle ante su afirmación.
No hay límites
Viéndolo desde su perspectiva, la idea parecía más que tentadora; suculenta. Pero… Todo eran peros.
- ¿Bella? – Le preguntó él.
- Me duele la cabeza. – Contestó ella casi poniendo pucheros.
- ¡Vaya, qué casualidad! – Replicó Rose.
- ¿Qué quieres que te conteste? – Preguntó alzando la voz.
- Lo que creo es que no tienes argumentos para rebatir. – La hermosa vampira se la quedó mirando con una ceja alzada, casi petulante.
- Hay un argumento que los rebate a todos – Le contestó, ante el gesto aun presuntuoso de Rosalie. – Estáis muertos – Le dijo mirándola fijamente, con ojos inertes y tono afilado.
Bella caminó los pasos que la separaban de ella, y le puso la mano en el pecho. Mientras se movía, la una no apartó la mirada de la otra. Con la otra mano, le cogió la suya y se la colocó en su propio pecho.
- ¿Notas la diferencia? – Ahora fue Bella quien la miró de forma vanidosa. Rose inhaló aire y pestañeó seguido, apartando los ojos de la fuerte mirada de la chica. – Vale… Pues queda todo dicho. – Sonrió con pesar.
Ambas chicas, apartaron las manos y Rose bajó la mirada, retrocediendo unos pasos. La comparativa la había afectado; sobre todo, porque era la que más anhelaba la esencia humana y más se aferraba a ella.
- Emmet… - Lo llamó, moviendo la cabeza hacía un lado.
- Claro Bella… Vamos.
- Te llevo yo. – Intervino Edward con tono autoritario, adelantándose unos pasos. Los cuales, Bella, retrocedió en respuesta.
- No – Acompañó su contestación negando con la cabeza. – ¡Ni lo sueñes! – Alzó las cejas y le lanzó una mirada envenenada.
- Creo que deberíamos hablar – Suavizó el tono.
- No… No tenemos nada de qué hablar. – Trago en seco - ¿Emmet? – Miró hacía el nombrado con la súplica reflejada en sus grises ojos.
Emmet dirigió una fugaz mirada hacía su hermano, el cual, en un gesto casi inexistente, le dio el beneplácito para que llevara a Bella a su casa.
- El BMW está fuera – Le informó Rose.
- ¿Vamos, Emmet? – Le dijo sonriendo más abiertamente, pero con el tono de voz contraído por los nervios y en cierta manera, por la rabia.
No sabía porque, pero con él, las cosas parecían mucho más simples. Aunque era espectacularmente hermoso, fornido y de aspecto fortísimo, Emmet era el que menos vampiro le parecía.
A parte de que por su carácter, era sumamente fácil entenderse con él.
Emmet echo un rápido vistazo a los miembros de su familia, y ante un casi inexistente afirmamiento de Edward, se movió hacía Bella.
- ¿No prefieres quedarte un poco más? – Todos en la sala se quedaron mirando hacía Emmet asombrados. No esperaban que él, que sentía adoración por Bella y que era el que se tomaba todo a broma, hiciera porque Bella permaneciera un poco más en casa.
Hasta Bella, la cual al escuchar a Emmet se quedó completamente pasmada, ya que esperaba que él la acara de allí sin reprocharle nada, y sin insistir a que se quedara.
- Emmet… - Susurro mirándolo con dolor. Se tomó unos segundos, y entonces su genio salió a relucir, dándole agallas para actuar. - ¡Vale, perfecto! – gruñó. – Pues me iré caminando, pero necesito… Quiero salir de aquí, ¡ya! – Elevó el tono en la última palabra.
- Bella, cariño… - Le imploró Esme, la cual no se había mencionado hasta ese momento; mirándola con amor infinito, y dolor. Mucho dolor en sus preciosos ojos dorados. – Por favor…
Bella comenzó a negar con la cabeza, casi desquiciadamente. Dando pasos hacia atrás, con un claro reflejo de dolor en su cara.
- No… no… - Murmuraba, con la mirada perdida.
Hasta que, como no podía ser de otra forma, se tropezó y trastabilló precipitándose hacia el suelo. Edward que vio la maniobra y previendo el desenlace, voló hasta ella, sujetándola de la cintura, ayudándola a recuperar el equilibrio.
- ¡Suéltame! – Le grito ella manoteando para soltarse del agarre. – No me toques más… No puedo soportarlo – Le escupió.
Hasta que una mano acabó en la cara de Edward, debido a su manoteo descontrolado, haciendo a Bella quedarse inmóvil y sumamente abochornada, a la par que arrepentida.
Pero otra sensación invadió su cuerpo y su mente: La mano le resquemaba igual que si hubiese dado contra una loza de mármol. Se agarró la mano con la otra, y miró a Edward, por vez primera con horror.
- Como no pude darme cuenta nunca… Como pude estar tan ciega… - Murmura asombrada de su propia ignorancia y falta de perspicacia. – Eres duro y frio como el mármol… - No salía de su asombro mientras le aguantaba la mirada.
- Soy ligeramente blando si me tocas, pero si me golpeas, es entonces cuando notas mi dureza. Y hasta ahora, eso no había sucedido jamás. – Le dijo disimulando una liviana sonrisa traviesa.
- De mano siento el tortazo, pero puedo suponer que no lo has ni notado, ¿verdad? – Ella seguía en su estado casi catatónico.
- Es lo que pasa cuando amas – Agregó Rose. – No se ven los defectos del otro.
- Eso no es un defecto, Rosalie… - Le contestó Bella, sin apartar la mirada de Edward; seguía completamente alucinada con lo que había pasado, y con su completa estupidez no dándose cuenta de la dureza de la piel de Edward.
- Necesito irme ya, o entrare en un colapso… - Su respiración se volvió errática y jadeante. Realmente estaba entrando en shock. – Por favor… por favor…
- Vamos, te llevaré. Esto ya es inhumano – Emmet se acercó a ella, y sin tocarla, movió la mano para indicarle que caminara hasta la puerta.
Ella se lanzó hacía la salida, como si estuviese ahogándose allí dentro. Y sin voltearse ni decir nada más, desapareció del campo visual de los seis vampiros entristecidos.
Emmet y ella se subieron en el coche en silencio, y así permanecieron durante los primeros momentos del trayecto; aunque el ambiente dentro del habitáculo era cómodo y acogedor.
Lo dicho, con Emmet todo era mucho más sencillo.
- Bella… - La llamó suavemente. Ella giró su cabeza con el rostro tranquilo. – Yo… sabes que no soy muy diestro en charlas y grandes explicaciones, pero… - Bella le sonrió con cariño - ¿Por qué nos tienes tanto asco? – Su tono de voz era igual que el de un niño cuando se siente mal por algo y no sabe explicar el por qué.
A Bella se le abrieron los ojos y la boca simultáneamente, quedándose por unos segundos en shock.
- Emmet… - Envolvió su nombre en un tono cargado de pesadumbre. – Yo… - Suspiró, y su rostro se descompuso en uno de tristeza. – Yo, no es que os tenga "asco" – puntualizo la palabra. Emmet enarcó una ceja y la miró de reojo. – Comprende que yo soy una mujer de ciencia; mi trabajo, y mi dedicación es salvar vidas. Yo solo comprendo un corazón latiendo… La vida. – Exclamó abriendo los ojos – No podéis pretender que asimile que alguien que está clínicamente muerto, esté físicamente vivo. – Meneo la cabeza confusa con sus propias palabras.
- Entiendo que sea difícil de entender… Pero… No dejas ni que te toquemos. Y nosotros no hemos cambiado en estas semanas. Creo que viendo como cuidamos de ti y como sufrimos por tu lejanía… Deberías de pensar y comprender lo realmente importante de esta situación. – Bella arqueó una ceja – El amor. Nosotros también tenemos sentimientos, al igual que tú. – Emmet dejo ver un fugaz destello de tristeza, para recomponerse rápidamente.
Fijó la mirada en la carretera y ninguno de los dos, volvió a decir una sola palabra.
- Llegamos – Anunció Emmet, ya que Bella se había sumido en sus pensamientos y no se había percatado de que estaban aparcados enfrente de su casa.
- ¡Oh! Vaya… - Comentó despistada. – Gracias por traerme – Le sonrió triste.
- No hay de que… - Le contestó serio; acción sumamente extraña en él. – Estabas al borde del colapso, y preferí que no hicieras un ridículo monumental delante de todos – Su tono ahora, era más bromista; volvía a ser él. Bella le sonrió en respuesta. – Espero verte pronto enana. – La sonrisa de la chica, ante la mención de su mote, se hizo mucho más sincera.
Cuando salía del coche, Emmet le habló. Fue poco más que un susurro, pero ella lo oyó más que de sobra.
- Me hubiese gustado que te quedaras un poco más en casa… - Bella paró su avance dos segundos, bajó la cabeza, y respiro profundo, encaminándose otra vez hacía su casa.
Se metió en el baño para ducharse. Aunque Edward la había aseado con la esponja, se sentía pegajosa; aparte de que necesitaba quitarse la sensación de las manos de Anthony por su cuerpo.
Preparó un baño de agua hirviendo, le añadió al agua un buen chorro de gel con olor a flores, y se metió dentro, notando como el agua caliente relajaba y descontracturaba todos sus músculos.
Un pensamiento rondaba su cabeza una y otra vez, sin ser capaz de quitárselo:
Aunque el hecho de que la mintieran, estaba perdonado, ya que entendía que era algo bastante complicado de decir y explicar… ¿Cómo iba a superar la repulsa que le ocasionaba el simple hecho de que la tocaran?
Optó por sumergir la cabeza dentro de la bañera, intentando "ahogar" sus pensamientos.
A ver... no os enfadeis!
Edward ha llegado a tiempo, no? Que es lo importante.
Que luego se han... ¿cómo decirlo? "molestado un "pelin" entre ellos"... jajajajajaja
Lo sé.. soy mala... jajajajaja!
Ahora hablando en serio... Yo no he dicho nunca que el fic fuese a acabar bien, verdad?
Os recuerdo el título?
En unos días, el siguiente capi.
Besossssssssss
*Las amenazas a muerte que reciba, no se tendran en cuenta... :-P jajajajaja
