CAPITULO 55. EL ACCIDENTE


1ª Parte


Después de estar el resto del día y empatando la noche en la cama, solo levantándose para comer algo, y tomar un par de ibuprofenos, al día siguiente Bella se levantó bastante presentable.

No había querido darle excesivas vueltas a la conversación con los Cullen, pero su mente le jugaba malas pasadas, rememorando una y otra vez, cada palabra, cada gesto y sentimiento que se profesó en aquel salón.

Sobre todo las últimas palabras con Emmet en el coche. Eran las que más le dolían, las que retumbaban en sus oídos, haciéndola estremecer.

Su osote, tan divertido, despreocupado y feliz de la vida… Ahora estaba triste y deprimido por su culpa. Por qué no era capaz de dejarse ni rozar por ellos.

A la mañana siguiente, llegó al hospital, después de un ligero trabajo de chapa y pintura en su rostro. Aunque no se encontraba demasiado mal, las ojeras le delataban una noche... "complicada".

Nada más llegar las enfermeras, sus "nuevas amigas", la asaltaron empezando a hacerle mil preguntas a la vez sobre como acabó la noche con aquel chico.

- Chicas… - La voz condescendiente de Carlisle, calmó a la jauría de chicas ansiosas por saber. - ¿Qué tal si comenzamos el turno? Ya tendrán tiempo de cotillear en el descanso. – Les dijo sonriendo levemente, ante el rubor de las chicas.

- Nos vamos, Bella… Luego hablamos. – Se despidieron con un gesto de la mano, y cada una se fue a su planta y a sus labores.

La hora del café llegaba y Bella estaba casi agonizando. No quería darles explicaciones a las chicas, y mucho menos el decir que Edward llegó justo a tiempo para salvarla, ya que, ¿cómo iba a explicar que él apareciera en ese preciso instante?

La cabeza comenzaba a dolerle de darle vueltas a un millón de excusas, que acababan sonando patéticas.

- No le des tantas vueltas. – Le comentó Carlisle acercándose a ella, cuando se dirigía a la cafetería. – Nadie vio a Edward. Así que no tienes que explicarles nada de él. Sin su mención, te será más fácil inventarte una coartada más creíble. – Bella se le quedó mirando asombrada.

- ¿Tú también lees mentes? – Le preguntó curiosa en un susurro. Carlisle, ante la cara de espionaje de Bella y su pregunta con ese tono envuelto en la más pura inocencia, no pudo otra cosa que estallar en carcajadas.

Acción que a Bella no le gustó demasiado, así que de forma airosa, comenzó a andar otra vez por el pasillo.

- Bella… Bella, espera. Siento haberme reído - El doctor hacía grandes esfuerzos para no volver a reír por la ocurrencia de su chica. – No… No leo mentes – Rodó los ojos. – Pero conociéndote, no es difícil descifrar lo que rondaba tu cabecita, con el ceño tan marcado. – Le sonrió con dulzura – Puedes decir que bebisteis demasiado, y que el chico no era capaz de conducir, por lo que cada uno cogió un taxi a su correspondiente casa.

Bella iba sonriendo según la historia iba adquiriendo forma.

- Me parece genial… Es completamente creíble. Ellas me vieron beber… mucho – Detalló mordiéndose el labio, ante el hecho de reconocer las altas dosis de alcohol que consumió aquella noche. – Gracias, me has sido de gran ayuda. – Le dedicó una leve sonrisa, ante la respuesta de Carlisle, que le regaló el mismo gesto, pero sin tanto disimulo.

Nada más atravesar las puertas de la cafetería, el resto de las chicas la estaban esperando sentadas en una mesa, haciéndole gestos de que le habían guardado un sitio.

Ella se encaminó muy decidida y sonriente al encuentro de las "curiosas", dispuesta a dar su relato de los acontecimientos.

- Vamos, Bella… Cuéntanos. ¿Qué tal fue todo? – Le preguntó Lucy.

- Chicas… tranquilas. Dejar a Bella explicarse con calma… y que cuente lo que ella crea conveniente. No seáis chismosas – Las regaño Mary; ella siempre tan consecuente y cuidadosa.

Bella les relató la historia que le había brindado Carlisle; poniéndole sus palabras, sus gestos y sus énfasis. Hasta acabar riéndose del chico por no haber podido "cumplir" como un hombre.

- Bueno chicas… Si os soy sincera, creo que fue mejor que ocurriera así. – Comentó Bella, más seria. – No estoy preparada aun para acostarme con nadie. – Su mirada se tornó triste – Tenía demasiado alcohol en la sangre para penar con coherencia, y estoy segura de que al día siguiente me arrepentiría.

- Creo que todas nos desfasamos un poquito la otra noche – Comentó Lory algo ausente. – No debimos beber tanto.

Las chicas comenzaron a relatar sus peripecias del sábado de madrugada, apartando así la atención de Bella, la cual respiró más que agradecida. Su coartada había dado resultado, y al no tener nada interesante que contar, nadie le dio más vueltas.

Así pasó la semana. De forma sosegada. No hubo incidentes de consideración en el hospital, algún que otro accidente de circulación, ya que estos días la niebla se había hecho más aguosa de lo normal, dejando una capa de llovizna sobre la carretera.

Con los Cullen, aparte de Carlisle, solo se encontró con Jasper al cruzárselo por urgencias un par de veces, mediando un simple saludo educado.

A Alice y sobre todo a Edward, los evitaba como a la muerte. No quería encontrárselos por nada del mundo.

Por Edward, porque estaba enfadada por lo que había pasado la última vez que se vieron, pero sobre todo enfadada con ella misma por haberse dejado ir, llegando tan lejos.

Y con Alice, porque ella era la que en el fondo, más la conocía; sabía que con los demás podía disimular, pero ella le veía el plumero a la primera de cambio. Cosa aparte es que ella era su debilidad. Fuera humana, vampira o tuviese un tercer ojo, Alice, era su Alice.

El sábado, Bella acababa el turno y no tenía que volver al hospital hasta el lunes, por lo que

Mary, Lory y ella quedaron para ir hasta Port Ángeles después de salir de trabajar, para comer y de paso aprovechar a hacer algunas compras.

- ¿Así que otra salida de chicas? – Le preguntó Alice interceptándola a la salida del hospital. Bella se giró y se la quedó mirando alucinada.

- ¿Cómo sabes tú…? – No le dio tiempo a acabar la pregunta, ya que Alice se llevó su dedo índice a la frente. Acción que hizo a Bella abrir los ojos hasta salírsele de las órbitas. – ¿Me estás vigilando mentalmente? – La acuso.

- No… Las imágenes me vienen sin previo aviso… Y solo de acciones que ya estén decididas. – Le explicó. – Si la decisión cambia, la visión, también. – Lo único que "vigilo" – Apuntillo al aire – Es que no te pasa nada que yo pueda evitar.

A Bella estaba fascinándole la explicación de Alice, pero reaccionó rápidamente, poniendo cara petulante, y alzando una ceja, cortó a Alice.

- Vale, vale… No quiero saber más. No es necesario que me expliques nada. – Respiró – Y sí, te confirmo que sí hay salida de chicas. – Contestó de forma airada.

- Bueno, esta vez no veo problemas como el sábado pasado – Le contestó a la defensiva. – Pero las decisiones cambian… y la visión también. – Con las mismas se giró de malas maneras, dejando a Bella casi con la palabra en la boca.

Bella bufó pero guardándose el orgullo ofendido de que Alice se fuera de esas formas, sacudió su melena con arrogancia y optó por no darle más importancia al asunto.

La comida con las chicas fue tranquila y amena, cosa que a Bella le venía de fábula para salir de casa y distraerse, ya que esa semana había sido bastante agobiante.

Incluso se compró algún trapito, a modo de capricho, y realizó algunas compras de víveres.

Una vez en casa, Bella tenía la chimenea encendida y la cena lista y servida en la mesa.

Pero seguía tan enfadada y disgustada, tanto con Edward como con ella misma, que agarró la cena y la tiró a la basura.

Subió a ponerse el pijama y dejar las nuevas compras de armario en la habitación. Al cabo de unos 15 minutos bajó y para su sorpresa, la mesa estaba nuevamente puesta, con otra cena servida.

- ¡Nooo…! ¡Déjame vivir! ¡Déjame en paz! ¡Desaparece de mí vida de una puta vez! – Le grito encolerizada a la nada.

Estaba enfadada, mucho. Notaba como la sangre le hervía en las venas y la ira la consumía por segundos. Pero también notó como las lágrimas le mojaban las mejillas sin control.

No se había ni dado cuenta de cuando había comenzado a llorar. Eso no tenía sentido.

¿Por qué lloraba, si lo que estaba era tremendamente enfadada?

Respuesta: Porque le dolía. Demasiado.

El resto del fin de semana lo pasó atrincherada en casa. Se había abastecido de una buena despensa de chuches, y había descargado varias películas de internet, por lo que no tenía que salir absolutamente para nada.

Lo único malo era que seguía sintiendo a Edward por casa, pero sin ningún tipo de rastro físico de su presencia. ¿Y lo peor? Que se había hartado de llorar, igual que los primeros días tras la separación.

A mediados de la semana siguiente, justo cuando estaba acabando de cambiarse para marcharse a casa, le mandaron un busca que le hizo palpitar el corazón en la boca:

Tenía que subir a la 5ª planta. Ahí estaban los despachos, y más concretamente, el de Edward.

Subió con el pulso disparado; incluso notó como las manos le sudaban. No estaba nerviosa… Estaba, lo siguiente a nerviosa. Histérica.

Llegó al mostrador de la conocida administrativa y antes de llegar a decir nada, le dio la tan esperada noticia:

- El doctor Cullen… El doctor Edward Cullen, la espera en su despacho – Le aclaró. Bella asintió con un movimiento de la cabeza y una forzada sonrisa, ya que las palabras no le salían de la garganta.

Picó a la puerta, y antes de dar el segundo golpe con los nudillos, Edward le dio acceso.

Se aclaró la voz con una carraspera, y con la mano temblando, agarró el tirador y entró. Notando como la nuca se le humedecía de sudor ante el hecho de verse a solas con Edward.

- Hola, Bella… Pasa y siéntate, por favor – Ella seguía muda, por lo que asintió con la cabeza y tomo asiento frente a Edward. Él observó cada movimiento con deleite, y permaneció mirándola unos segundos más, una vez se hubo sentado.

Rodeó la mesa, haciendo a Bella ponerse tensa, pero él no llegó ni a acercársele; sino que saco agua de la maquina dispensadora que tenía en su despacho y le puso un vaso lleno encima de la mesa, frente a ella sin mediar ni una sola palabra.

- Gracias – Le dijo una vez se lo tomo todo, de un solo trago. Edward sonrió, tomó asiento y comenzó a hablar.

- Te he mandado el busca para comentarte que tu contrato acaba en poco más de dos semanas. – Bella abrió los ojos asombrada.

Ya había supuesto que él no hubiese usado su cargo para citarla a solas en su despacho con la excusa del busca, ya que sabía que rondaba por su casa todos los días. Lo sentía. Así que no necesitaba de absurdas artimañas para estar con ella a solas. Pero, no se imaginaba ni por lo más remoto que el tema a tratar fuese ese.

¿Ya habían pasado dos meses desde que había roto con Edward? – Pensó. Realmente parecía que hubiesen pasado dos años.

- Observo que te pilla desprevenida – Comentó Edward sacándola de su ensimismamiento.

- Bueno… un poco, la verdad. – Contestó en un susurro.

- Entonces, ¿de qué crees que quería hablarte? – Le preguntó expectante por su reacción. Bella lo miró fijamente unos segundos, y se inclinó de hombros. Él alzó las cejas y sonrió.

- Veamos… – Prosiguió él – Si recuerdas, cuando comenzaste en este puesto, la enfermera a la que sustituyes causó baja definitiva, por lo que el puesto quedó vacante. – Bella asintió. – Si lo quieres, es tuyo. – Le dijo de forma completamente profesional. Sin florituras ni "tonitos". – Te lo comento antes de hacer nada, porque no sé muy bien lo que quieres hacer. – Bella arrugó el ceño – Me refiero que a lo mejor quieres irte y optar a otra plaza, en otro hospital. – Bella se quedó pasmada. – Veo que te sorprende lo que te estoy comentando.

- Pues sí. – Contestó altanera. Edward se sorprendió ante el desaire de Bella, parpadeando seguido.

- ¿Te ha molestado algo? – Le preguntó con su interpretación de ingenuidad.

A Bella le ofendió la tranquilidad con la que Edward hablaba de la posibilidad de que ella se marchase.

El truco del desinterés a Edward le había salido a pedir de boca; Bella había caído en la trampa sin darse ni tan siquiera cuenta.

- No, para nada… ¿Qué se supone que debería haberme molestado? – Le contestó aguantando la respiración. Edward negó con la cabeza, siguiendo su aura de inocencia.

- No tienes que decidirlo ahora… Simplemente te he llamado para que lo vayas pensando. Con que me des una respuesta en… - No le dio tiempo a acabar la explicación.

- Me quedo. – Le contestó muy segura. – No necesito tiempo para nada, porque ya lo tengo pensando, así que puedes hacerme el nuevo contrato.- Edward no pudo evitarlo, y una radiante sonrisa asomó de sus labios – No malinterpretes los motivos, Edward – Lo miró de lado – Una oportunidad así, no se presenta todos los días. Soy una privilegiada; aunque ha habido cierta mano "Cullen" por el medio de esto, - alzó las cejas pícara – No voy a hacerme la digna rechazando una oportunidad así. Una plaza fija, de jefa, en el hospital donde vivo… Y además, con casa propia aquí. –Alzó las manos al cielo – ¡Sería de genero estúpido rechazar algo así! – Edward sonrió pillo.

Las razones de Bella, eran de peso; y nadie en su sano juicio rechazaría esa plaza, a tan solo unos meses de haber acabado la carrera. Pero Edward sabía que a Bella le faltaba un motivo. Y estaba casi seguro de apostar a que era el más importante:

Ellos estaban allí.

- No te lo tomes a mal… - Bella suspiro y lo miró desconfiada – pero… ya tengo los papeles de tu nuevo contrato hechos desde hace unos días. – Le sonrió inocentemente. Ella arrugó el ceño, sin entender. – Suponía que te quedarías… Pero… - Edward se levantó de la silla y se sentó al borde la mesa, quedando más cerca de ella. – No sabía cómo hacerte venir a mi despacho sin que montaras en cólera. – Ella abrió los ojos como platos ante sus palabras.

- Edward… no me vengas con monsergas. – Le soltó – Podías haberme llevado los papeles a casa cualquier noche – Soltó el aire pesadamente y se dejó caer en la silla.

- Llámame quisquilloso, pero esto prefería tratarlo aquí, en mi despacho. – Ella rodó los ojos. Y él, en respuesta soltó una breve carcajada.

- Pues si los tienes listos, dámelos, los firmo y los entregas cuando veas oportuno. – Le contestó haciendo caso omiso al estado de ánimo de Edward. No iba a entrarle al juego de echarse a reír ella también. No quería ese "bueno rollo" entre ellos.

Edward se levantó y le entregó los documentos, que sin pararse a leerlos, Bella firmo rápidamente.

Quería salir de allí ya. Sin más esperas, sin más preámbulos. El simple hecho de que Edward se hubiese acercado, escuchar su risa, olerlo, la habían afectado más de lo que le gustaría reconocer.

- Si está todo, me voy. Se ha hecho tarde, y encima la carretera no está demasiado bien hoy… - Comentó mientras se levantaba - Me sorprende no haber tenido más que un par de accidentes leves – Pestañeó sorprendida, hablando más para sí misma que para él.

Edward se tensó, se quedó durante unos segundos pensativo, y en un movimiento algo más rápido de lo normal, se acercó a Bella acorralándola contra la pared, poniéndole un brazo a cada lado de su cuerpo.

- Ahhh… - Jadeó, dejando salir el aire de sus pulmones, abrumada por su cercanía, y por ese arrebato tan masculino.

- No puedo dejarte marchar así… Tu simple presencia me vuelve loco – Él también jadeaba – Me desespera no poder tocarte, no poder ni siquiera acercarme a ti. – Le relato con el sufrimiento reflejado tanto en el rostro como en la voz. – ¿No entiendes que estoy completamente enamorado de ti? Tú lo eres todo para mí.

- Edward… - Suspiró en un jadeo.

Él acerco su rostro al suyo, con el único objetivo de conquistar sus labios, pero esta vez no iba a alargar el momento; no volvería a pasarle lo de la última vez en su casa. Ella no tendría opción a pensar y rechazarlo.

Y, efectivamente, sin darle tiempo a reaccionar, estampó sus labios en los de ella, moviéndolos con una danza enloquecedoramente sensual y erótica.

Bella, ni tiempo a pensar y, realmente sin querer hacerlo, le siguió el beso. Se dejó llevar por la pasión y el deseo de tanto tiempo acumulados.

Ella alzó los brazos y enredó sus manos entre el pelo de la nuca de Edward, mientras este, a su vez, la envolvía en un abrazo sensual y protector; sus cuerpos, anhelantes el uno del otro, se pegaron al extremo de no distinguir donde acababa uno, y comenzaba otro. Rozándose, frotándose con frenesí.

Bella tiró del pelo de Edward, haciéndolo gemir, mientras él apretaba las nalgas de ella con sus manos, haciendo a Bella suspirarle en la boca.

Cuando a ella le llegó la necesidad de respirar, Edward no apartó sus labios de su cuerpo, comenzando a besar y chupar su cuello, acto que hacía a Bella perder el sentido.

La temperatura de la habitación fue adquiriendo tal intensidad, que apenas había diferencia entre la piel de uno y de otro.

- Edward… - Intentó hablar ella. – Para… - Pero él no iba a dejarla escapar, no ahora que ella se estaba entregando.

Hasta que Bella lo empujó, y él sintiendo la fuerza que ella ejercía con sus manos sobre su pecho, la soltó y se apartó solo unos centímetros de su cuerpo.

- ¡Joder…! – Gruñó, recuperando el aliento – No puedes acorralarme así… Podría denunciarte por acoso. – Le espetó muy seria – En casa, todas las noches rondas a tus anchas, y ahora ¿en el trabajo? Esto no puede seguir así… ¡No puedo! ¿Qué parte de esa frase no entiendes? – Alzó la voz.

- ¿Me vas a decir que tu no lo deseabas? – Le preguntó molesto mirándola fijamente, con su innecesaria respiración entrecortada. Bella meneo la cabeza, confusa. La adrenalina aun le impedía razonar con coherencia. – O… ¿me vas a decir que te doy asco? – Le espetó él ya enfadado por la mudez de Bella.

- No… No es asco. Pero debes entender que me cuesta asimilar que alguien a quien no le late el corazón, este aquí de pie, mirándome y hablándome. – Le explicó – Para ti será lo más normal del mundo, pero para mí no. – Suspiró - No voy a negar la atracción entre nosotros… - Pestañeó e inhaló aire. – Pero esto no va a repetirse más. – Bella clavó sus ojos en Edward, mirándolo seria y con la convicción en su voz. – Se acabó Edward…

- Yo te quiero, Bella… ¿No puedes entender eso? ¿Tanto trabajo le cuesta a tu cerebro asimilar que estoy aquí y te quiero? – Gruñía él. – Que no asimilo un mundo sin ti.

- Pues vete asimilándolo. – Le espetó. – Imagino que antes o después, tendréis que iros. Por vuestra fachada… - él la miró perplejo ante su razonamiento – Entonces todos podremos rehacer nuestras vidas. A no ser que acabes obligándome a renunciar a mi puesto antes. – Sus palabras salían afiladas como cuchillas de entre sus labios.

Edward se quedó tan asombrado por la frialdad de Bella, que no era capaz a reaccionar, y Bella consciente de su estado, aprovecho para moverse dirección a la puerta.

Pero nada más que tocó la manilla, Edward despertó de su aletargamiento, sujetándola.

- ¡No…! No voy a dejar que esto se acabe sin pelear por ti. – Tiró de ella haciendo que sus rostros quedaron a escasos centímetros, pero los ojos de Bella destilaban rabia.

- Cuanto antes lo asumas, será mejor para todos. Y de paso, nos ahorraras más sufrimiento. Se acabó Edward… - Él negaba con la cabeza - ¡No te quiero! ¿Me oyes? – Gritó encolerizada. – Aléjate de mí… Se acabó… Lo que alguna vez hubo entre nosotros, terminó. – Edward la miraba sin poder creer las palabras de Bella.

Ella se soltó del agarre con un brusco meneo de su brazo, y salió disparada del despacho. Edward no movió ni un solo músculo. Estaba completamente anonadado.

Bella bajó como alma que lleva el diablo escaleras abajo. Los pulmones le ardían por la carrera contrarreloj que estaba marcándose, y gracias a la hora tardía que era, no se cruzó con nadie que detuviera su huida.

Miles de sentimientos rondaban su cabeza y hacían brincar su corazón; dañado de por vida, por las terribles y absurdas palabras que le acababa de escupir a Edward; ya que sabía que jamás, podría volver a amar a alguien, como lo amaba a él.

Agitada, sin respiración, con el corazón golpeándole las costillas y resbalándole las lágrimas por las mejillas, se montó en el coche. Con las manos temblorosas sacó las llaves y las introdujo en el contacto.

Unos minutos después de haber dejado su despacho, Edward seguía intentando recomponerse. La cabeza le daba vueltas rememorando las últimas palabras de Bella. Y como algo lejano, escuchaba el tono de llamada de su móvil, pero estaba completamente inerte, incapaz de realizar el más mínimo movimiento.

Imaginaba que sería Alice, que había visto su pelea y quería alentarlo diciéndole que ella mentía.

Eso ya lo sabía él más que de sobra.

Pero lo que más le dolía, era el darse cuenta de lo difícil que le estaba resultando a Bella comprender y aceptar su naturaleza. Y ahora estaba siendo consciente de lo mucho que su intolerancia, dificultaba un acercamiento, golpeándose mentalmente por no haber actuado de otro modo con ella.

El móvil no dejaba de sonar y sonar enloquecido. Edward fue despertando de su estado de "shock" y, por fin, contestó a la llamada. Como había supuesto, era Alice.

- ¡Edward… Por Dios! – Gritó Alice enloquecida. – Es Bella… Debes ir tras ella, debes correr… ¡Volar!

Después de unos 30 segundos a la escucha, Edward dejó caer el teléfono sobre la mesa y salió escopetado tras de Bella.

Después de varios intentos fallidos, Bella consiguió arrancar el coche y sin parar a serenarse ni un solo segundo, ya que tenía miedo a que Edward o Alice intentaran interceptarla, salió disparada. Mucho más rápido en lo normal para ella.

Dos minutos después, las puertas correderas del hospital se abrieron para dejar salir a un desencajado Edward, el cual después de localizar por donde se había ido Bella, volvió a echar a correr en su dirección.

Debía detenerla antes de que diera la primera curva de la carretera general de Forks. Tenía poco más de un minuto para llevar a cabo su misión. La premura era indispensable para salvar a su chica.

Corría. Corría como no recordaba haberlo hecho jamás. Nunca hasta ahora, había tenido un motivo tan importante como para correr de esas maneras tan poco humanas, sin el menor cuidado de que alguien pudiese verlo.

Corría. Seguía corriendo enloquecido. A lo lejos, divisó el coche de Bella, pero estaba demasiado lejos. Y el coche volvió a desaparecer de su campo visual, incorporándose a la carretera general.

Bella había tomado la curva.

Antes de terminar el pensamiento, y que sus músculos reaccionaran, un terrible estruendo se oyó a tan solo unos metros… El accidente, al final, había sido inevitable.

Corrió desesperado al lado de Bella, la cual descansaba inconsciente encima del airbag...

Continuara...

Oigo gritossssss? Ummm... Creo que sí

Jajajajaja

No me digais que no mola dejar el capi así?

Además, si alguna recuerda... Yo no dije que esta historia tuviese un final feliz...

O... quizás si...

Así que a Bella puede pasarle cualquier cosa...

En unos días, mas.

Besosssssssssssss!