CAPITULO 56. EL ACCIDENTE
2ª Parte
Corrió desesperado al lado de Bella, la cual descansaba inconsciente encima del airbag.
- ¡Bella! – Gritó. – ¡No, por favor! – Imploraba a la nada.
- Ummm – Gimió ella. - ¿Edward? – Preguntó mientras intentaba incorporarse. – La puerta… - imploró.
- Tranquila cariño… No te muevas. Puedes tener algo roto, o alguna lesión. Espera. – Le pidió intentando, sin mucho éxito, contener los nervios en su voz.
Agarro la puerta del piloto y la abrió sin esfuerzo, pese a que estaba bloqueada debido al impacto, dejando a Bella a su acceso, y acercándose a ella. La cual lo miró atónica.
- ¿Ves cómo ser vampiro tiene su lado bueno? – Le preguntó sonriendo más tranquilo. – No ha hecho falta llamar a los bomberos – Alzó las cejas, mostrando cara de inocencia fingida. Ella en respuesta, acabó sonriendo mientras meneaba la cabeza a modo de regaño.
Edward se acercó a ella con cuidado y le palpó el cuello y la nuca buscando posibles lesiones.
- Estoy cubierta de sangre… Edward… - Lamentó mientras lo miraba con ojos culpables y él seguía sin inmutarse en su escrutinio.
- Bella, ¿cuándo comprenderás que no hay nada en este mundo que pudiese separarme de ti? Y un poco de sangre, es el menor de los motivos, créeme. – Su sonrisa se volvió dulce, y su mirada irradiaba amor por doquier. – No capto ninguna lesión, pero por si acaso no muevas demasiado la cabeza, ¿de acuerdo? – Bella asintió tímidamente.
- Edward – Lo llamó Carlisle – Déjame ver a nuestra herida – El nombrado se apartó y Bella se lo quedó mirando sorprendida. – Alice vio el accidente y vio como Edward no llegaba a tiempo, así que… Aquí estoy. – Le explico, mientras ella fruncía el ceño.
Carlisle también le palpó el cuello y arrimó su cabeza al cuerpo de Bella, la cual se quedó completamente inmóvil frunciendo el ceño, sin saber muy bien que es lo que hacía.
- Estoy escuchando tu corazón, y como suenan tus pulmones… Posibles lesiones internas. – Le informó. – No escucho nada raro. – Dijo alzándose tranquilo pero serio. No había pasado por alto la incomodidad de Bella mientras la auscultaba a "ojo". – La ambulancia está de camino, así que nosotros debemos irnos ya. Edward tú vuelve al hospital, nadie te ha visto salir. Y yo, llegaré en coche en unos minutos – En ese momento el sonido de un vehículo deteniéndose a escasos metros los hizo girar a todos. – Ahí está Alice, ella me llevara. – Sonrió paternal – Le dije que esperara, pero ya imaginaba que no iba a quedarse sin venir a verte. – Le dijo a Bella, la cual intentaba ocultar su emoción al verse tan protegida.
Alice salió del coche despavorida, corriendo a una velocidad muy poco humana hacía Bella.
- ¿Cómo estás? – Le preguntó con la cara desencajada de preocupación. - ¡Oh, mi pobre niña! – Lamentaba.
- He estado mejor, la verdad – Le contestó con la cara contraída por el dolor. – Pero estoy viva… No hace falta ninguna "intervención" extra – Contestó rodando los ojos, casi hasta divertida.
- Veo que no has perdido el buen humor… - Bufó - Y la verdad, es que no es momento para chistes – Protestó Alice ante las caras sonrientes de Edward y Carlisle – Lo dicho… Pasas demasiado tiempo con Emmet. – Rodó los ojos.
- Pasaba… - Murmuro ella, de forma melancólica. El resto de los presentes oyó de sobra su susurro, pero nadie contestó nada.
Intentó moverse y puntos de dolor inaguantable comenzaron a golpearla, haciéndola quejarse aullando a gritos. Ahora que habían pasado unos minutos, y estaba algo más despejada, se movía y el dolor iba llegándole de modo agonizante.
- Tranquila… Tienes alguna costilla rota – Diagnostico Carlisle, poniéndole una mano en el hombro, dándole ligeros apretones.
- Y… ¿todo eso lo has diagnosticado solo con apoyar tu oído en mi pecho? – Le preguntó aguantando casi la respiración por el dolor. Carlisle asintió. - ¡Joder! – Exclamó contrayendo la cara – Podríamos ahorrarnos un montón de dinero e irradiación en escáneres. – Sonrió mordiéndose el labio, aguantando los gritos por el dolor.
- Debemos irnos… Siento llegar la ambulancia. – Informó Edward. Se acercó a ella y le acarició la cara con dulzura – Te veré en unos minutos en el hospital.
Todos desaparecieron fulminantes. Calcularon el tiempo justo para que Bella permaneciera el mínimo tiempo sola.
Los técnicos de la ambulancia bajaron y rápidamente se pusieron a atenderla en situ, mientras hablaban con ella, manteniéndola despierta.
Una vez comprobadas las primeras lesiones, le pusieron un collarín y con sumo cuidado la sacaron del coche y la colocaron en la camilla.
- Bella, tranquila. No parece que tengas nada grave. Todo está controlado, ¿de acuerdo? – La tranquilizó su compañero. Pero creo que vas a estar un tiempo como paciente. – Le informó, a modo jocoso. – Espero que tengas paciencia – Sonrió. – Por ahora, vamos a dormirla. Tiene, a simple vista, dos costillas y el fémur derecho fracturados, y eso duele; mucho. – Le informó el médico al ats.
Le inyectó en el suero un calmante y comenzó a prepararla para el traslado. Acomodaron a Bella en la parte de atrás de la ambulancia y justo cuando comenzaban a moverse, Bella ya dormitaba debido a los calmantes.
- Va a tener suerte, al ser la jefa de enfermeras y ser tan querida por todos, la dejaran recuperarse en el hospital – Comentó el enfermero al médico, ante el asentimiento de este último – Porque lo normal en estos casos, es un par de semanas ingresada y acabar la convalecencia en casa… Pero… Ahora está sola. ¿Quién se ocupará de ella? Aunque sigue siendo la niña mimada de Carlisle. – Sonrió.
- Antes tenía a los Cullen, pero ahora… ¿Qué pasaría entre ellos? Parecían una pareja perfecta, y de la noche a la mañana… ¡Zas! Bueno, Edward parece algo rarito, la verdad. No sé, me parece que son muy distintos.
- Si, la verdad que él parece de hielo. Tan serio, tan callado… Pero, ¿no has visto como la mira? Jamás había visto mirar a alguien con tal devoción… Ella parece ser la única capaz de derretirlo, jeje – Rieron pícaros entre ellos.
Bella oía a lo lejos la conversación hasta que los analgésicos hicieron su efecto pleno y la llevaron a los brazos de la inconsciencia.
Unas luces blancas y fuertes, la deslumbraron cuando intentó abrir los ojos, así que permaneció con ellos cerrados, pero los oídos le funcionaban; oía con lejanía, pero era lo suficientemente consciente para escuchar.
- ¿Doctor Cullen? – Oyó que preguntaban. – Pero… ¿Cómo se ha enterado?
- Déjame ver… - oyó la voz de Carlisle. – Edward, Bella ha sufrido un accidente de tráfico, pero parece estar bien. Alguna rotura, pero nada de gravedad.
- Tranquila, sé que estás despierta, pero no abras los ojos. Relájate. Ya estás en el hospital… Y yo estoy aquí contigo – Le habló Edward al oído. Notó como se le acercó, podía oler su perfume y sentir su cercanía. – Estarás bien, Bella. Todos te cuidaremos… Siento no haber llegado a tiempo. Lo siento muchísimo. – Lamentaba mientras le acariciaba la cara con sumo cuidado.
La inconsciencia volvió a llevársela, y dejó de escuchar. Para cuando volvió a despertar, ahora mucho más despejada, abrió los ojos despacio; con pesadez, mientras murmuraba algo ininteligible.
- Tranquila Bella, no te muevas cariño – La voz de Edward la reconfortó, mientras su mano, apoyada con cuidado sobre su pecho, no la dejaba incorporarse. – No puedes levantarte, tienes dos costillas fracturadas.
Bella fue abriendo poco a poco los ojos, mientras se pasaba la lengua por los labios, y fruncía el ceño al notar puntos de dolor por todo su cuerpo, ahogando gemidos por el sufrimiento.
- ¿Te duele mucho? – Le preguntó él preocupado, ante el asentimiento de ella. – Llamaré para que te inyecten más analgésicos. No tienes por qué sufrir molestia alguna.
Al cabo de unos minutos, Edward volvía con un vaso de agua y una pajita en sus manos, de la que le dio de beber; cosa que Bella agradeció y que la hizo espabilar un poco más.
- Tienes dos costillas y el fémur derecho fracturados. En la muñeca izquierda un esguince, una ceja rota y la cara amoratada debido al impacto del airg bag. – Le informó sobre su historial médico. – Tienes para más de dos semanas aquí. – La miró con prudencia, ya que sabía que a Bella no le haría ninguna gracia.
- Bueno… Imagino que serán más de dos semanas, porque en ese tiempo el fémur no curara lo suficiente para valerme sola. – Contestó frustrada. Recordando vagamente la conversación de sus compañeros en la ambulancia.
- Ya hablaremos de eso más adelante, ¿de acuerdo? – Edward no iba a decir ni una palabra más, lo sabía por la determinación en su cara. Pero sabía que él estaba guardándose algo.
La enfermera de planta entró, y después de conversar con Bella durante un rato, le administró los calmantes y se fue, dejando a la pareja sola.
- No hace falta que te quedes aquí, velándome – Le soltó a Edward – Las enfermeras me atenderán bien. Además, me pasaré el tiempo durmiendo, ya que los primeros días me tendrán sedada.
- Me gusta verte dormir, ya lo sabes – Le replicó. – Además, no encuentro tarea más importante que estar aquí a tu lado, y hacerte compañía en tus momentos de lucidez.
- No tienes obligación…
- Pero quiero. – La cortó - No hay más que decir. – Bella no quiso ni pudo contestar. Las drogas empezaban a hacerle efecto otra vez, haciéndola perder cualquier recodo de raciocinio.
Mientras, en la casa Cullen, todos, a excepción de Edward que no se movía del lado de Bella absolutamente para nada, hablaron los pasos a seguir una vez Bella consiguiera el alta hospitalaria. Ya que en casa, sola, no podría valerse por sí misma.
Sabían que ella protestaría, pero era lo que había. No iba a tener opción a discutir.
- Va a montar en cólera – Comentó Emmet con cara de circunstancia; ante el asentimiento del resto de la familia.
- Sí, pero si es un poco lista, que lo es – Comentó Rose – aceptará sin demasiadas trabas. En casa, sola, no podrá estar.
- Lo que debemos hacer es no agobiarla. Que se sienta lo más cómoda posible y que recuerde lo bien que se encontraba aquí. – Hablaba Esme – Debe volver a sentir esta casa como suya, como antes. – Miró hacía todos con advertencia.
En los pocos momentos de lucidez, Bella fue consciente, más o menos, de la compañía imperturbable de Edward y de haber sentido las voces de Carlisle, de Alice y de Jasper; pero estaba demasiado atontada como para abrir los ojos y poder llegar a decir ni una sola palabra.
Después de un tiempo que no sabía calcular, Bella abrió los ojos; con cuidado ya que cada vez que era ligeramente consciente, el dolor la abrasaba sin piedad. Pero esta vez parecía que era mucho más soportable.
- Buenos días, Bella durmiente – La saludó una dulce voz femenina. Abrió completamente los ojos, y se sorprendió al ver de quien procedía.
Rose.
- Hola… - La saludó algo tímida. Rose le sonrió.
- ¿No me esperabas a mí, verdad? – Su hermosa sonrisa se hizo más notoria. Bella negó con la cabeza, la cual estaba libre, ya sin collarín.
- Te lo han quitado ayer. Después de hacerte el scaner, vieron que no había lesión y solo te lo mantuvieron durante un par de días, por si acaso. – Le informó.
- ¿Un par de días? Pero… ¿Cuánto llevo aquí, dormida? – Preguntó aturdida.
- Pues llevas durmiendo seis días – Le volvió a sonreír. Bella abrió los ojos perpleja. – Te han tenido sedada por orden expresa de Carlisle. Lo normal es que la sedación durara dos, tres días a lo sumo, pero… - se acercó con aire misterioso a su cama – tienes un gran enchufe – Rió, dejando salir una carcajada. Bella puso morritos, pero al final acabó sonriendo también. – Edward ha estado aquí, día y noche – La miró alzando una ceja – y Alice casi tanto como él. Ellos se han ocupado de asearte, cambiarte el camisón, lavarte el pelo… No dejaban a nadie que te tocara, tenían a las enfermeras atemorizadas, jajaja – Bella escuchaba atenta a Rose – Emmet ha tenido que sacarlos de aquí a rastras, para que fueran a… alimentarse – Rose miró con cuidado a Bella mientras comentaba esto – Llevaban demasiados días sin cazar y aquí hay riesgos con la sangre. – Bella asintió en silencio. – Verás cuando lleguen y vean que se han perdido tu despertar… ¡Uf, cualquiera los aguantará protestar!
Rose hablaba, animada mientras Bella, aunque algo escueta, le iba contestando. Le agradaba tener a Rose allí, con ella. Hacía tiempo que no la veía, y por mucha rabia que le diese, debía reconocer que la echaba de menos. A ella y a todos.
Al cabo de un rato, picaron en la puerta y un precioso ramo de flores apareció. Detrás de este, Esme entró acercándose a Bella.
- Hola cariño… ¡Qué bien que ya estés despierta! – Le habló mientras se acercaba despacio a su cama. Rose se levantó y puso las flores en agua, acompañando el resto de ramos que adornaban la habitación. – Hemos estado preocupadísimos por ti. Aunque Carlisle nos tranquilizaba dándonos tú parte diario… Pero… Verte así, tan quieta, tan dormida… - Su rostro se descompuso en la más pura tristeza. Se sentó a su lado en la cama y con cautela, le cogió la mano, la cual comenzó a acariciar. – Nos llevamos un susto tremendo cuando Alice gritó al ver tu accidente… Eres tan valiosa para nosotros. Tan… tan… - Suspiro.
Bella miraba embelesada a Esme, mientras esta hablaba reconfortándola; su dulce y maternal voz, parecían ayudarla a encontrar paz y sosiego.
Esme, captando esa sensación en Bella, continuo hablándole incorporándose en la conversación de tanto en tanto Rose.
Al cabo de un rato, mientras Esme ayudaba a Bella a tomar su merienda, tocaron en la puerta y tras ella, aparecieron Jasper y Alice.
- ¡Holaaa! ¿Qué bien que estés despierta? – Exclamó emocionada. - ¡Qué ganas tenía de que salieras de ese estado catatónico! – Suspiró profundamente.
- Me alegro de verte, Bella. Tienes muchísimo mejor aspecto. – Le sonrió Jasper realmente emocionado.
- Gracias, me siento mucho mejor, la verdad. Lo que antes eran dolores agonizantes, ahora son dolores tolerables. – Sonrió con el cansancio reflejado en su rostro.
- Bella está cansada, - anunció Rose – Lleva tiempo ya sentada y no creo que sea conveniente que abuse.
- No, no lo es. – Apoyó Jasper. – Espera, te bajaré la cama para que estés en una postura más horizontal y tus costillas no se resientan.
Esme y Rose se despidieron hasta el día siguiente, y se fueron, ya que eran muchos en la habitación y Bella iba mostrando por momentos su fatiga.
De lo que Bella no se enteró, es que Alice avisó de que Edward y Emmet venían de camino, y que había que ir despejando la habitación.
Ya que la enfermera había puesto mala cara al ver tanta gente en la habitación, pero solo le retiró la bandeja a Bella y se fue mascullando algo.
- Cuando el Dr. Cullen venga, yo no quiero saber nada… - Y con las mismas se fue.
Edward y Emmet entraron en la habitación y los ojos de la pareja se encontraron. Fueron unos segundos, pero irradió un sentimiento puro, y la habitación quedó invadida de un silencio cómodo y romántico; haciendo al resto de presentes sentirse algo incómodos; como si molestasen.
- ¡Estás despierta! – Edward miró hacía Alice alzando una ceja, y hacía Emmet mostrando su enfado.
- Edward… No empieces a retahilar, tenías que alimentarte. – Se excusó antes de que su hermano comenzara a despotricar. – Siento que te perdieses el momento de despertar, pero, has estado en todos los demás… - Se acercó con una gran sonrisa hacía la convaleciente.
- Hola enana, me alegro de que estés de vuelta. – Le acarició una mano con cuidado, temiendo el rechazó, el cual no llegó. Bella estaba tranquila y agradeció el gesto.
La puerta volvió a abrirse y Carlisle entró por ella poniendo mala cara de inmediato.
- ¿Y toda esta gente? – Preguntó – Ya os dije que no os quería a todos juntos aquí. Bella no está ni de lejos recuperada, necesita paz y descanso. Así que, ya sabéis... – Los miró con intención.
- Venga Alice, nosotros somos los que más tiempo llevamos aquí. – Alice mostró su desacuerdo poniendo unos tremendos pucheros.
- No pongas pucheros, Alice. Tú, junto con Edward no os habéis separado de su cama en toda la semana.
Emmet se quedó allí, al lado de la cama de Bella, mientras le hablaba de mil cosas; Bella aunque estaba cansada, le sonreía ante sus ocurrencias, mostrándole agradecimiento por su forma de entretenerla.
Hasta que ella, inconscientemente, hizo un gesto de dolor.
Estaba aguantando por él; ya que sabía que Carlisle lo echaría con viento fresco.
- Emmet… tu turno para irte. – El nombrado bufó. – Me da igual, Emmet. Voy a reconocerla y ver que tratamiento a seguir. Mañana podrás volver un ratito a verla.
- No te vayas a mover de aquí, ¿eh? – Le dijo a modo de chiste. Bella meneo la cabeza y le sonrió.
- No, tranquilo, de aquí no me iré – Y le sacó la lengua.
- Ahora que estamos más tranquilos… me toca ponerme en plan "doctor", como tú me dices – Carlisle la miró con cariño y comenzó a mirar los niveles del suero y los medicamentos que tenía inyectados.
Edward a su vez, mantenía una distancia prudencial, observando atentamente todo lo que Carlisle hacía. A su vez, Bella no le quitaba el ojo de encima a él, mirándolo a hurtadillas.
Carlisle cambió el tratamiento de Bella, decidiendo que no debía seguir inconsciente, ya que el nivel de dolor había disminuido considerablemente, por lo que con un analgésico más suave, valdría para paliar las molestias que aun sufriría durante unos días.
Tras administrarle el nuevo medicamento, Carlisle se despidió y al fin, Edward y Bella pudieron quedarse solos.
Después de unos minutos de silencio, Bella fue la que rompió el hielo:
- Gracias – Edward la miró extrañado – Por haber permanecido a mi lado todos estos días. Ya sé que fuiste tú el que estuviste atento a mis necesidades… Aunque bueno, creo que ha sido excesivo…
- No, no ha sido excesivo para nada. Necesitabas de alguien constantemente contigo. Ya que algunas veces de las que despertabas eras consiente, pero otras no. Y tu cuerpo seguía realizando sus funciones vitales. – Bella arrugó el ceño sin entender del todo - No iba a dejar que te pusieran pañales, que te tuviesen días sin lavar, o que sintieses el más mínimo dolor… Y yo en casa. – Rodó los ojos, mostrando una arrebatadora sonrisa – Te recuerdo que no duermo. – Bella sonrió en respuesta, resoplando de dolor, por el meneo al reírse. – Recuéstate y descansa. Estos analgésicos son mucho más suaves, así que no te dormirán en el acto como los otros.
Edward le bajó más la cama y le colocó las sábanas, arropándola.
Cuando estuvieron así de cerca, su propia corriente eléctrica de atracción se puso en funcionamiento de forma automática, dejándolos a ambos sin habla y completamente quietos.
Hasta que Edward notó un poco de incomodidad por parte de Bella, y después de rozarle levemente la cara con sus dedos, en una caricia cargada de ternura, pero también de sensualidad, se sentó en el sillón.
Bella se acomodó en la cama y cerró los ojos rezando por quedarse dormida pronto. Ahora que estaba consiente, el saber de la presencia de él allí, con ella, la ponía nerviosa.
Edward por su parte, se puso a leer. Intentando de ese modo darle privacidad a Bella.
- No puedo dormir – Refunfuñó ella al cabo de unos minutos. Edward sonrió.
- Tardaste en protestar, ¿eh? – Su sonrisa se hizo más notoria, ante el bufido de ella. – ¿Quieres que te lea? – Le propuso. Bella lo medito unos segundos, hasta aceptar la propuesta con una sonrisa de resignación.
Edward acercó el sillón hasta quedar rozando con la cama, y comenzó a leer en tono suave.
Su voz, aterciopelada, envolvió el ambiente cargándolo de una atmósfera apacible y acogedora. En menos de una hora de lectura, a Bella comenzaron a cerrársele los ojos.
Y así, pasaron la primera noche, la cual fue convertida en una rutina. Edward le leía todas las noches, hasta que su dulce enamorada caía rendida en el sopor del sueño.
A los cinco días, por fin, acabaron el libro. Y coincidiendo con ello, Carlisle llegó en la mañana del sexto día con una carta en la mano:
Su alta hospitalaria.
Edward entró tras su padre, intentando esconder una sonrisa. Bella los miró alzando una ceja, suspicaz.
- ¿Qué os traéis entre manos? – Les preguntó, a sabiendas de que fuese lo que fuere no le iba a gustar.
- Traigo tu alta. – Le comunicó Carlisle mostrándole la carta – Llevas tres días de más aquí, y ya no es necesario que sigas encerrada en el hospital. – Bella sonrió, pero pronto su gesto se convirtió en uno de agobio.
¿Qué iba a hacer ella sola en casa? No podía moverse, no podía valerse sola…
Entonces entendió el gesto de Edward. Abrió los ojos y miró hacía ellos, arrugando la boca dispuesta a comenzar a oponerse.
- Chica lista – Murmuró Edward, lo suficientemente alto para que ella lo escuchara.
- No te va a servir de nada protestar. – Le indicó Carlisle – Podrías seguir aquí una semana más, tal vez diez días. O incluso hasta que te quitasen la escayola… Pero… ¿Realmente quieres estar aquí encerrada un mes? – Bella aguantó el aire en los pulmones, y malhumorada le contestó negando con la cabeza. – Bien, lo suponía. Porque aunque volvieras a casa sin escayola, ¿cómo te las arreglarías tú sola los primeros días? – Le preguntó con una sonrisa de suficiencia. – Bella continuaba con el ceño y la boca fruncidos. Sabía que ella perdía y ellos ganaban.
- Iré recogiendo las flores y demás – Se ofreció Edward.
- No… Yo recogeré e iré bajando hacía el coche. Ayúdala tú a vestirse, creo que se sentirá más cómoda. – Y con lo dicho, Carlisle salió de la habitación, dejándolos solos.
Ambos se quedaron durante unos minutos un tanto… avergonzados. Sin saber muy bien qué decir o qué hacer. Incluso Edward, con su dominio de las situaciones, se encontraba un tanto perdido.
- Carlisle tiene razón… - Comenzó a hablar Bella – No podría valerme sola en casa y estar más tiempo en el hospital, aparte de abusar, sería monstruoso – Gesticulo divertida con la cara – Pero… Estaré lo justo y necesario; y… Edward… - lo llamó condescendiente – No quiero malos movimientos ni estratagemas, ¿entendido? – Usó un tono de advertencia, mientras el vampiro asentía haciéndose el desentendido.
Ni ella se creía lo que estaba preguntándole a Edward y él asentía sin entrar en polémicas.
Ambos sabían que antes o después, se ocasionarían encontronazos en la estancia de Bella en la casa Cullen.
- Bueno… - suspiró ella - ¿Me ayudas a vestirme, o vas a ponerte vergonzoso a estas alturas? – Bella quiso usar un tono divertido, para mitigar así su propia vergüenza. Sabía que el momento que estaba a punto de darse entre ellos, era más que intenso.
Edward se acercó a ella, y de forma más bien rápida, le quitó el camisón. Lo que él no contaba, es que Bella estaría solo con la braguita puesta.
Al verle los pechos libres, observando la desnudez de su cuerpo, no lo pudo evitar y se quedó mirando embobado, mostrando unos ojos libidinosos, resoplando inconscientemente.
Bella sintió un leve sentimiento de vergüenza el cual duró el breve tiempo que tardó en darse cuenta de cómo él la estaba mirando; más bien, devorando.
- Edward… - lo llamó en un susurro. Pero su inconsciente le jugó una mala pasada, haciéndola envolver su nombre en una sensualidad arrolladora.
Él clavó su mirada en sus ojos chocolates, con las pupilas dilatadas y oscurecidas. Hasta que ella no pudo aguantarle más la mirada y apartó la vista hacía el suelo.
Edward se acercó a ella, con suavidad; al sentirlo, se envaró y justo cuando iba a protestar, observó su sujetador descansando entre las manos de él.
- Gírate – Le pidió – Siento mi reacción, pero no esperaba que estuvieras tan escasa de ropa – Bella asintió, creyendo sus disculpas, mientras él, aguantaba la risa a sus espaldas.
Era verdad que no lo esperaba, y el verla así, lo hizo tensarse; pero no quería que ella se sintieses mal incluso antes de salir del hospital. No había puesto ninguna pega a irse con ellos a casa, pese a lo esperado. Pero fue inteligente dándose cuenta de que no sería capaz de valerse por sí sola.
Esta era su última oportunidad de reconquistar a Bella. Alice se lo había dicho, y también que la aprovechara bien, porque no habría otra ocasión así.
Capitulo 56. El accidente, 2ª parte Página 8
