CAPITULO 57. EN CASA


Aunque ya tiene el alta hospitalaria, Bella sigue estando aún convaleciente y eso le sirve de excusa para permanecer en su habitación, atrincherada, sin ser molestada.

Finge dolores y malestares varios, poniendo así a Esme de su parte; asegurándole que el resto de la familia no suba a hacerle excesivas visitas e increparla para que deje su "reposo".

Así los primeros días, goza de tranquilidad; sobre todo porque así, mantiene a Edward alejado.

Esme es la que le sube las comidas y Carlisle es el encargado en exclusiva de sus curas.

El resto de los chicos le hacen una breve visita al día, por turnos. Incluido Edward que sube por las noches y dirigiéndose las palabras justas, se sienta en el butacón al lado de su cama y le lee durante un rato.

Pero su excusa se ve tirada por tierra, porque por muy poco ruido que haga, no es consciente del alcance auditivo de los siete ocupantes de la casa; que después de cuatro días, la oyen trastear por la habitación.

- Bueno Bella… - Le comenta Carlisle al sexto día, cuando sube a hacerle su cura matinal, después del aseo al que la ayuda Esme. – Creo que es hora de que comiences a moverte más – Bella abre los ojos con horror. – Aunque aún lleves la escayola, debes moverte; si no el cuerpo se acabará agarrotando y la rehabilitación será mucho más dolorosa. - Le explica con calma. – Porque el ejercicio que haces aquí, es demasiado poco. – Ella pestañea, sin entender. Mientras Carlisle sonríe como un niño travieso. Alza la cabeza y la mira directo a los ojos – Bella, nena… Te sentimos andar por la habitación a la pata coja, por muy despacio que lo hagas – Bella abre los ojos pillada en su travesura, mientras a Carlisle se le escapa la risa – Te llevamos sintiendo desde hace un par de días, pero hemos querido darte un poco de espacio. – Su semblante ahora es plácido y dulce.

- Oh, vaya… - su pecho sube y baja, nervioso. Se siente avergonzada y en cierta forma abrumada.

- Esta tarde, cualquiera de nosotros podemos bajarte hasta el salón. Así pasaras un rato acompañada por los chicos. Ellos están deseando que te unas a ellos. – Sonríe paternal. – Y aunque notes cierto dolor, debes obligar al cuerpo a esforzarse. – belle asiente, mordiéndose los labios.

- Vale… bajare, pero solo un rato – Lo mira con severa advertencia.

Al minuto de dejarla Carlisle, un torbellino de pelo corto e hiperactivo, entra en la habitación haciendo a Bella esforzarse por no sonreír.

- ¡Vamos! No hagas esos mohines, que estoy viéndote la cara – La reprende – Ya he oído… rectifico, - rodó los ojos – hemos oído que ya tienes la libertad condicional para abandonar tu encarcelamiento – se mofa, mientras Bella resopla – ¿Te apetece que te baje un rato al jardín? La mañana está bonita, dentro de las posibilidades de Forks. – Se inclina de hombros, haciendo muecas con la boca.

- La verdad es que ahora mismo no me apetece mucho… - Comienza a excusarse, mientras a Alice se le va descomponiendo la cara en una de pena y desilusión - ¡Vamos Alice! No me pongas esa cara. Quiero leer un rato, ya lo tengo todo preparado; Esme me ayudó para acomodarme en el butacón. – Bella se muestra algo fría e indiferente, casi no mirando a Alice a la cara. – Tal vez más tarde. – Y con las mismas, coge su libro y comienza a abrirlo.

- Bueno… pediré refuerzos, - Alice intenta hacer esfuerzos por parecer indiferente a la frialdad de la chica – viendo que por mi misma ya no consigo convencerte.

- Ese mérito, lo perdiste tu solita – Le contesta con la voz afilada, sin levantar la vista del libro.

Alice se queda completamente trastocada ante el comentario. Sabe que Bella está dolida, pero no imaginaba que tanto, como para hablarse así.

- Esta bien… Te dejo sola. – Bella no contesta, sigue con la cara metida entre las hojas del libro.

Nada más abandonar la vampira la habitación, Bella deja caer el libro al suelo. Las manos le tiemblan y nota como dos lágrimas traicioneras le resbalan por las mejillas.

Siente en lo más hondo de su corazón hablarle así; pero el daño que le han hecho ella y su hermano, en particular; y la familia en general, ha sido demasiado.

Después de inhalar aire durante unos minutos, decide agacharse a por el libro. Mantener la mente ocupada es lo mejor en estos casos.

Pero cuando se inclina, ya rozando el libro con los dedos, hace un último estiramiento consiguiendo caerse del butacón armando un tremendo estruendo; a parte de llevarse un fuerte golpe en el costado donde tiene las costillas aun curándose.

- ¡Auuuu! – Gime espatarrada en el suelo.

En tres segundos tiene a Carlisle, Esme, Rose y a Alice en la habitación mirándola con horror por si se hubiese lesionado de forma grave. El resto está en sus respectivos trabajos.

-¡Bella! – Carlisle es el primero en acercarse. – Pero… ¿Qué ha pasado? – Le pregunta confuso mirando hacía el libro.

- Se me cayó, e intenté recogerlo… Creí, creí que llegaría, pero perdí el equilibrio y bueno… Este es el resultado – Le explica con gesto dolorido.

- ¿Por qué no nos has llamado? – Le pregunta Esme – Sabes que no estás sola en casa, que estamos para ayudarte. – Bella iba a interrumpirla, pero continuó sin darle opción a réplica – Para intentar ser autosuficiente, te podías haber ahorrado el esfuerzo que te supone estar aquí – Las duras palabras de la vampira dejan no solo a Bella atónita, sino al resto de los allí presentes – Sé que estás convaleciente, que lo has pasado mal y que estás muy enfadada y dolida con nosotros… Pero… ¿hasta cuándo nos vas a hacer pagar nuestro error? – La voz de Esme se pierde entre gimoteos. Le dedica una mirada apenada a Bella y sale de la habitación, completamente compungida.

En el cuarto, reina un silencio sepulcral. Nadie sabe qué decir, ya que las palabras que Esme le ha regalado a Bella han sido duras. Pero muy sinceras y siendo sinceros, lo que todos piensan pero que nadie se atreve a decir en voz alta.

Bella no es casi ni capaz a respirar; el esófago parece habérsele cerrado y no le entra ni el aire. Pero siente la congoja y la veracidad de las palabras de Esme.

Carlisle la recoge del suelo, atrapándola entre sus brazos y la deposita de nuevo en el butacón.

- ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño en algún sitio? – Le pregunta.

- Solo un poco en las costillas… Pero nada grave. Gracias – murmuro aún acongojada.

- Bien… bueno… Si necesitas algo, por favor, no vayas de valiente y llámanos, ¿entendido? – Bella asiente mordiéndose el labio con los dientes y arrugando el ceño.

Alice y Rose ya se han marchado también del dormitorio, y Carlisle le echa una última mirada de lástima antes de salir.

En cuanto cruza la puerta, Bella intenta reprimir todo lo que puede las lágrimas, pero solo consigue aguantarlas durante apenas un minuto, comenzando a llorar desconsoladamente.

Procura hacer el menor ruido posible, pero algún gemido sale descontrolado de sus labios.

Las palabras de Esme le han llegado muy adentro. Pero…

¿Realmente será capaz de perdonarlos alguna vez?

- Bueno… el día parece haber comenzado bien – comenta Rose, con su habitual estilo despreocupado – Esme gimoteando en el jardín y Bella llorando en su habitación. – Rueda los ojos, dándole la espalda a Carlisle y Alice, dirigiéndose a su dormitorio. Las palabras de su madre, por mucho que rabie en admitirlo, también le han calado.

Jamás había visto a Esme hablar así; y menos a Bella, que era su niñita mimada.

Carlisle y Alice se quedan mirándose unos instantes para acabar yéndose cada uno por su lado.

Bella, por supuesto no ha bajado a nada en todo el día y nadie ha subido a hacerle visitas. Solo Esme y de una forma tremendamente distante, le ha subido las comidas oportunas.

- Esme… Háblame por favor – Le suplica.

- Estoy dolida, igual que tú. – Le replica, y sin mediar más palabras, se va.

Por la noche, Bella espera ansiosa la hora de la lectura de Edward. Ha estado sola todo el día y esta tremendamente aburrida; aparte de que es consciente de que la familia está sometiéndola a un castigo sin visitas, matándola de aburrimiento.

El tiempo pasa y Edward no sube, pero su orgullo le impide llamarlo. Y él, está haciéndola sufrir; se está haciendo de rogar.

Pero sus ansias de verla, de olerla, de pasar con ella ese brevísimo lapso de tiempo que ella le da, dejan de lado cualquier castigo y cualquier orgullo, así que una hora más tarde de lo habitual, Edward sube con el libro en la mano.

- Pensé que ya no subirías – El entusiasmo de ella es más que palpable.

- Bueno, me he retraso un poco… No creí que notarás la tardanza – Le contesta haciéndose el desentendido. Ella frunce la boca. – Habla Bella.

- Bueno… - resopla – Sabes que me gusta que subas a leerme… No te hagas ahora el tonto – Le gruñe. Él se queda mirándola, esperando a que continúe – ¡Y ya, Edward! Es un cumplido, y es más de lo que puedo darte – Su respiración se agita y sus mejillas se tiñen ligeramente.

- Esta bien; acepto tu cumplido. – Le sonríe de esa forma arrebatadora que deja a Bella sin aliento.

Cuando acaba de leer los dos capítulos de todas las noches, y procede a levantarse para irse, Bella lo detiene.

- Espera… ¿Tienes algo qué hacer ahora? – Edward se queda perplejo por sus palabras.

- No, la verdad es que no.

- Dormir, sé que no duermes, así que no te estoy robando horas de sueño – frunce la nariz, divertida - ¿Te importa quedarte un rato más? – Edward abre los ojos felizmente asombrado por su petición.

- Claro que no me importa, en absoluto. ¿Quieres que continúe leyendo? – Bella niega con la cabeza – Entonces… Dime lo que quieres, y lo tendrás – su comentario lleva implícito mucho más, y ambos lo saben.

Se mantienen en silencio durante unos instantes; Edward no aparta su vista de Bella y ella revolotea los ojos sin posarlos de forma fija en los de él. Le aguanta la mirada a propósito ya que sabe que ella es incapaz de resistirla.

- Cuéntame del hospital… ¿Cómo van las cosas? ¿Te preguntan por mí? ¿Hay nuevos casos de psiquiatría? ¿Qué has hecho hoy? – Bella va animándose, y se incorpora en la cama. Los ojos le brillan y sus mejillas vuelven a tener ese color rosado, vivo, tan suyo.

Edward, que se había levantado, vuelve sobre sus pasos para sentarse de nuevo en el sillón, pero ella, se arrastra en la cama, dejándole sitio. Lo mira intencionadamente, para luego mirar el hueco que ahora queda libre.

Él sonríe, agradecido por el efecto que el "castigo" ha tenido en ella.

Se sienta al borde de la cama, dejando un margen considerable de distancia entre ellos, y comienza a hablarle sobre el hospital, tal y como ella le ha pedido.

Pero el gesto distante de él, no ha pasado desapercibido en Bella la cual se queda sorprendida.

¿Edward está cansándose de sus evasivas? ¿Prefiere mantener distancia con ella?

Por un segundo, esas preguntas la atormentan, pero pronto recupera el tono y muestra desinterés ante el gesto esquivo del vampiro.

Y así, Edward se pasa más de dos horas hablándole. Al principio solo parlotea él, pero al cabo de un rato, más bien corto, Bella comienza a intervenir, convirtiendo su monólogo en algo parecido a una conversación.

Al cabo de ese tiempo, ella comienza a dormirse; hace tremendos esfuerzos para mantenerse despierta, pero el día ha sido largo e intenso y la madrugada, todo junto, hacen mella en ella; y al final, acaba sucumbiendo al sueño.

Sin darse cuenta, se ha ido arrimando a Edward, hasta quedar plácidamente dormida apoyada en su hombro. Acurrucada como un gatito.

- Mi dulce Bella – Susurra él, mirándola, acariciándole la cara con una ternura infinita. Sus ojos chispean mostrando su total enamoramiento por la chica que ahora duerme segura apoyada en él; como hasta hace un par de meses.

En el piso de abajo, seis vampiros respiran más tranquilos. Hoy ha sido un día duro para todos. Ya que aunque el castigo ha sido impartido por unanimidad y con alevosía, eso no quiere decir que no les haya dolido el llevarlo a cabo.

Pero necesitaban llevar al límite a Bella, intentar que reaccionará de alguna manera.

- Pues al final, después de tantas tácticas, la mejor de todas ha sido la indiferencia – Rose es la primera en decidirse a hablar.

- No quiero sonar arrogante… - Murmuró Alice alzando la cabeza – pero creo que ya os lo había avisado. – El salón se sumió en el silencio – Voy a interpretar esto, como que me dais la razón. – Los miró a todos, con una ligera sonrisita.

- Si, otra vez tenías razón – Concedió Carlisle con gesto preocupado.

- Esta vez, tú si has seguido mis indicaciones… Pero el resto… - Meneó la cabeza con fastidio – Bella necesitaba espacio y tiempo para asumir; y no se lo habéis dado.

- Pero… si le dábamos demasiado tiempo, podíamos perderla – Gimoteó Emmet.

- ¿Piensas que para mí no ha sido difícil no poder acercarme? – Lo fulminó con la mirada - ¿Lo crees en serio? – Volvió a preguntar, ahora con la voz más controlada.

- No… No lo creo… pero… Yo creía que sería más conveniente que ella viese lo mucho que la queríamos. Que la necesitamos, y que la echamos de menos. – Contestó compungido.

- No. Estás equivocado. – Lo corrigió. – De mano, estaba ofendida por el engaño… Su mejor amigo, su prometido, el padre de su hijo – Alzó las cejas, recordándoles ese "incidente" – La había tenido engañada, la había estado mintiendo por años. Nos conoce a nosotros, se abre, con lo difícil que es para ella hacer algo así… Entra en nuestra vida y nosotros en la de ella, y la guinda… Le abre su corazón a Edward. Sin condiciones, sin miedos; se abrió como creo que jamás había hecho con Jacob. Y de pronto, y de una manera grotesca, descubre ambos secretos. – Alice abre los ojos, perpleja de sus propias palabras. – Eso es algo que a cualquiera le costaría asumir.

Los allí presentes, todos los Cullen, a excepción de Edward, asienten enmudecidos.

- ¿Y no va a perdonarnos nunca? – Pregunta Emmet, ante las miradas ansiosas de los presentes.

- Ella ya nos ha perdonado, o casi, el engaño – Edward entra en la sala, ganándose la mirada de toda la familia, incluida la sonrisa triste y conmovida de Alice. – El problema, y no es cuestión de perdón, es que no es capaz de asumir lo que somos. – Sentencia tajante.

- Esa misma teoría, la llevo barajando yo desde hace tiempo – Apoya Carlisle. – Su forma de ir acercándose a nosotros en el hospital… Se veía que su enojo por la traición, comenzaba a mitigarse… Pero había algo más. Algo mucho más profundo en su manera de relacionarse, de mirarnos… Y otro detalle que me ha llamado la atención, es que no se ha vuelto a relacionar con Jacob, que yo sepa. Lo ha expulsado de su vida de un plumazo. – Puntualizó.

- Cualquier roce, cualquier acercamiento… Incluso yo, que la he visto nada en estas semanas, me di cuenta en seguida. – Detalló Rose, acercándose a su marido y acariciándole la mejilla con ternura.

- No, Carlisle; puedo confirmarte que no se ha visto con él… Desde que paso lo del bosque, Bella no ha vuelto a desaparecer en mis visiones, y eso quiere decir que no se ha vuelto a ver con ninguno de los lobos. De vez en cuando aparece borrosa, pero eso es porque Jacob anda deambulando cerca de ella.

- ¿En serio? – Preguntó Rose sorprendida. Alice negó - ¿Ni siquiera le ha dejado que le diera una explicación? ¿Nada? – Abrió los ojos completamente pasmada.

- No… Nada. Y eso que él, le pidió cuentas respecto al bebé… Por no sé qué tradición lobuna, respecto al primogénito – alzo la mano, desentendiéndose del tema – Pero eso son otros asuntos.

- Pero… Entonces, ¿Qué debemos hacer? – Preguntó desconcertada Esme, la cual estaba bajo la protección de los brazos amorosos de Carlisle, que la tenían abrazada por los hombros.

- No lo sé – Sinceró Edward. – Realmente no lo sé. Estoy completamente perdido.

Edward se pasó la mano por el pelo en un claro gesto de desesperación.

- Yo, en lo único que os puedo ayudar – Intervino Jasper, el cual había permanecido callado durante toda la conversación – es que capto sentimientos contradictorios. Por un lado, miedo, angustia y rabia. Ella está asustada por nuestra condición y enfadada por la misma causa.

- ¿Ella está enfadada porque seamos vampiros? – Preguntó Rose extrañada.

- Tiene toda la lógica, Rose – Contestó Carlisle – Piénsalo, si no fuésemos lo que somos, no habría ningún impedimento en que todo fuese como siempre. Nadia habría enturbiado la felicidad y paz que teníamos. – Su explicación quedó clarísima; no solo para Rose, sino para el resto.

- Pero… - Jasper volvió a intervenir. Todos miraron hacía él – También siento amor. Hacia nosotros. – Aclaró. – Hay momentos en que sus sentimientos cantan alto y claro – Sonrió por su explicación – Cuando está cerca de Edward, siento amor y rabia por partes iguales. Son sentimientos poderosos y por los cuales, debe hacer grandísimos esfuerzos para no dejar entrever ninguno de ellos.

- Bueno, la rabia, no la esconde tanto – Bromeo Edward, restándole un poco de importancia al tema.

- Y cuando Alice aparece… Es exactamente lo mismo. – Sonrió tiernamente hacía su esposa. – La única diferencia es que el sentimiento de amor tiene matices distintos, como podéis suponer. Pero ambos, son todo poderosos. Al igual que cuando Esme la que se le acerca, sus sentimientos de amor, son maternales… Con todos está enfadada, pero a todos nos quiere con adoración en nuestro papel: Pareja, hermanos, padres…

Y así, el salón, volvió a sumirse en un silencio. Pero esta vez, fue cómodo. Apacible y de meditación.

- El castigo que le hemos impuesto hoy, - Alice rompió el embrujo - ha servido para hacerle mella… Pero, no podemos tenerla castigada eternamente; además, en cuestión de un par de semanas, estará recuperada de sobra para volver a su casa. – Se quedó pensativa durante unos instantes.

La sala contuvo la respiración a expensas de que Alice dijese algo. Algo que los ayudara a encontrar el camino que los llevara hasta Bella; para que ella olvidara su repulsa hacía ellos.

- Solo puedo deciros – La vampira arrugo la boca en un mohín de preocupación – Es que algo está por pasar… Pero no puedo ver el qué. Es una sensación. Son fogonazos de visiones de un par de segundos, y ella aparece en todas… No sé cómo explicarlo. Jamás me había pasado algo así. – Jasper masajeo los hombros de su esposa, intentando reconfortarla.

- Imagino, y no es por ser egocéntrico, que tiene que ver conmigo – Murmuró Edward cabizbajo.

- Tú eres el protagonista de ese "algo" – Alzó la cabeza, con el rostro envuelto en una seriedad apabullante – Pero toda la familia se verá involucrada.

Un – Oh – general se hizo eco en el salón.

Todos se quedaron preocupados y meditabundos; intentando pensar e imaginar que podría pasar para verse involucrada toda la familia.

- Alguno de nosotros… - Emmet fue el primero en romper el hielo, y decir en voz alta, lo que todos estaban pensando – la… a Bella… - Se aclaró la voz, nervioso. No sabía cómo continuar con su alegato.

- Emmet quiere decir, - Edward se giró hacía su hermana – que si voy a morder a Bella. Sin su consentimiento, por supuesto. – Su voz era fría y afilada como el hielo.

Alice se acercó a Edward y le acarició el brazo. Su mirada estaba tensa y cristalina. Pero aun así, clavo sus ojos en los de él.

- No puedo asegurarlo… Porque no sé qué es lo que va a pasar. Pero… podría ser. – Edward apretó la mandíbula.

- ¿Desde cuando tienes esa sospecha? – No era una pregunta recriminatoria; más bien era de lástima por sí mismo.

- Había pensado en que pudiera ser el que su vida corriera peligro extremo y la transformásemos sin permiso explícito, esa fue la teoría que más me convenció, pero algo no me acababa de encajar. – Confesó – Pero… - Alice, al igual que Emmet, no sabía cómo continuar.

- ¿Pero…? - La instó Edward a seguir. – Continua Alice, por favor.

- El día en que Bella salió con sus amigas, y pasó aquel percance con aquel tipo, tuvisteis un episodio un tanto desagradable en la habitación, cuando ella despertó. Te enfadaste muchísimo con Bella. No recuerdo haberte visto así de encolerizado y alterado jamás. – Alice desvió su mirada, vagando semanas atrás – En cuanto ella se fue, tú fuiste detrás. – Edward abrió los ojos, descompuesto.

No había supuesto que su hermana hubiese avistado aquello, ya que nunca le refirió nada al respecto. Y realmente había olvidado aquel día. Aquel impulso. Y ahora se sentía avergonzado, solo por el hecho de haber pensado en tan siquiera la idea de cometer algo tan descabellado.

- Puedes decirlo en voz alta – Ellos estaban hablándose a su manera, pero Edward quiso que toda la familia fuese partícipe de aquel suceso.

- Edward se fue, repito, completamente enajenado a casa de Bella. – Todos los presentes arrugaron el ceño no queriendo suponer lo que iban a escuchar. – Su plan, originado por el disgusto, ya que Bella lo había rechazado de muy malas formas; casi despechándolo, era ir a su casa y seducirla de la forma más tramposa y miserable… Usando todos sus trucos vampíricos… Y sí eso no funcionaba, forzarla. Incluso morderla.

Y otra vez un - ¡Oh! – general sonó al unísono en la sala.

- Pero no lo hiciste… - Esme no pregunto; lo dio por hecho.

- No, Esme… Me quedé agazapado en un árbol observando como ella lloraba. – Edward agachó la cabeza completamente entristecido.

- Exacto, no lo hiciste porque los sentimientos por ella fueron más poderosos que tu ira, o tu despecho. – Aclaró, dedicándole una mirada amorosa a su hermano. – Pero aquel suceso, me hizo ver mi teoría inicial desde otra perspectiva, sobre todo cuando las visiones te ponían a ti, como principal causante de "eso que está por pasar". Entonces, empecé a pensar que pudiese ocurrir, que en un momento de debilidad de Bella, ella te dejara acercarte demasiado, y en el último momento te despachara, como aquel día… Y tú… perdieras los papeles por un momento y…

- La mordiera. – Concluyó ella la frase.

- Edward, hijo… - Carlisle se acercó y le tocó el hombro – Crees en serio, ¿qué serias capaz de hacer algo así? – Preguntó con cautela, mirando fijamente a su hijo.

- Me gustaría decirte que no… pero, esa mujer me supera, padre. – Le respondió sincero. – Ha sido la única persona que ha conseguido hacer a mi voluntad fallar en todos los sentidos.

- Con esa respuesta… - Esme se agarró del otro brazo de Edward – No creo que seas capaz de hacerle daño. – Le sonrió maternalmente, como solo Esme sabía hacerlo – La amas demasiado como para que tu voluntad flaquee hasta ese punto.

- No a propósito… Pero en un momento de debilidad, - comentó Jasper – Y Bella es experta en hacerte llegar a extremos, en jugar con tu voluntad, como tú mismo acabas de reconocer. – Edward miró hacía Jasper, temblando interiormente ante sus palabras.

Sabía, estaba completamente seguro, que intencionadamente no sería capaz de tocarle ni un solo pelo a Bella. Incluso su sangre, nunca había sido un problema entre ellos. Era suficientemente fuerte y bien entrenado para obviar sus instintos primitivos de vampiro ante la tentación.

Pero… como bien había dicho Jasper, Bella era una auténtica experta en sacarlo de quicio. Solo ella tenía el don de llevarlo al límite en todas las circunstancias.

Si en uno de esos límites, él… Perdiera tan solo por un segundo las formas… Un segundo que podía ser fatídico.

Al día siguiente, el castigo de Bella siguió tal y como estaba planeado. La llevarían un poco más al límite, al aburrimiento y exclusión extrema, a ver si así, conseguían que dejara su encierro voluntario y comenzaba a comunicarse con la familia.

Esa era la única forma de que Bella, comenzara a ir dejando de lado su repulsa.

Al día siguiente, Esme le subió las respectivas comidas del día a Bella. Su cara notaba aun una ligera tensión, pero se mostró algo más agradable que el día anterior; Aunque no mucho más.

- Buenos días – la saludó – Como te sentí despertar, te he subido ya el desayuno – Bella asintió algo cortada – Te lo dejo en la mesita, ¿verdad?

Sin mediar más palabras, Esme se disponía a abandonar la habitación, y justo en la puerta se giró, con una gran máscara en su pétreo rostro, mostrando una naturalidad apabullante.

- Supongo que hoy no necesitas ducharte… - Bella se la quedó mirando pasmada – Lo digo porque como no vas a salir de la habitación, el pijama está limpio y tú estás duchada… Si mañana te sientes sucia, cualquiera de nosotras te ayudará en tu aseo; a no ser que creas que puedes tú sola. – Le espetó.

Le dedicó una sonrisa tan adorable, que se veía a kilómetros la falsedad del gesto. Y con las mismas, salió de la habitación.

Nadie subió más hasta la hora de comer, que Esme, otra vez, volvió a subirle la comida y así recoger la bandeja del desayuno.

- Luego subiré a recoger la bandeja de la comida – Le anunció Esme. – Si por un casual, necesitas algo, Emmet está en casa a tu cuidado. Los demás están trabajando y Rose y yo nos vamos a Port Ángeles a hacer unos recados. – Bella asintió sin abrir la boca.

Por un lado, al quedarse Emmet solo, Bella tuvo la esperanza que él no fuera tan rígido como los demás, y subiera a pasar un rato durante la tarde con ella.

Él era único para entretenerte y hacer que las horas volaran. Pero… por su habitación no paso ni el aire.

La tarde pasaba, pasaba agónica, lenta, tediosa… El pulso de Bella, a media tarde estaba disparado. Por la rabia, por la indignación.

Yo soy la que está enfadada. Yo soy la víctima de todo esto… Y me castigan a mí, porque no acepto su condición. ¡Esto es increíble!

Pensaba enrabietada y completamente enfadada.

Ya no sabía qué hacer. La cama parecía que la absorbía a cada minuto que pasaba. Pensó varias veces en levantarse, pero tuvo miedo a caer. La distancia hasta la sillón parecía corta, pero después de más de dos semanas de reposo absoluto y con la pierna completamente escayolada, la mano aún convaleciente y las costillas doloridas, no le pareció buena idea.

Y la opción de llamar a Emmet, no lo sopeso en ningún momento; ya que una vez pasado el momento de furia incontenible, llegó a la determinación de que si él no subía, sabiendo de su carácter despreocupado, es que el enfado que tenían todos con ella, era de considerable cuantía.

Al final, la tarde pasó y la noche comenzó a hacerse notar, mostrando su oscuridad tras el ventanal de su dormitorio.

Entonces, comenzó a escuchar ruidos por la casa; voces. La familia iba llegando al hogar. Percibía los sonidos típicos de cualquier hogar, donde sus miembros llegan después de sus quehaceres diarios.

Son una familia normal… ¡No! Error. Son mejores que cualquier familia. Eso lo sabía de primera mano. Eran excepcionales. Su familiaridad, su conexión, su amor incondicional los unos por los otros… Los humanos deberían aprender de ellos.

Mientras pensaba en ello, Esme apareció en la habitación.

-Hola – La saludo. Su saludo, esta vez, era mucho más natural. – Emmet me ha dicho que no lo has necesitado en toda la tarde. Bella apoyo su versión negando - ¿No has merendado?

¡La merienda! Había estado tan sumamente enfadada, que no se había dado cuenta ni de la merienda.

- ¿Emmet no ha subido a recogerte la bandeja de la comida? – Le preguntó la vampira extrañada. Ella volvió a negar. – Ummm… Pensé que subiría… Bueno… - Esme hizo un mohín con la boca, mostrando un leve disgusto ante su descubrimiento; el cual no pasó desapercibido para Bella. – En un momento te subo la cena. – Le anuncio, y acto seguido, salió por la puerta.

Durante el tiempo que tardó Esme en volver, no recibió la visita de nadie. Sabía que todos estaban en casa, los oía perfectamente hablar. Incluso Edward, que lo había sentido reírse de algo que Alice le había comentado, tampoco subió.

- Hola, buenas noches – Carlisle entró en la habitación, con la bandeja de la cena. – Aprovecho a subírtela yo y así de paso te hecho un ojo, ¿te parece? – Le preguntó sonriente. Bella asintió con un destello de entusiasmo.

Carlisle le miró la herida de la frente y palpó sus costillas y la mano.

- En pocos días te quitaré la escayola, y comenzaremos con la rehabilitación. La mano y las costillas están curadas. Es normal que aun sientas alguna molestia, ya que el golpe fue fuerte. – Le explicaba. _ Pero en un par de semanas estarás como nueva. Y creo que en una semana más, podrías estar lista, si quieres para comenzar a trabajar. El hueso se ha colocado perfectamente en su sitio, ahora hay que ver cómo responde al ejercicio.

- Carlisle – Lo llamó, el vampiro se giró para encararla. - ¿Cuánto va a durar este castigo? – Le susurro, con la cara envuelta en pena. El nombrado se sentó al borde de la cama.

- Hasta que tú quieras, Bella. – Le respondió serio, pero amoroso.

- Es difícil… Me es muy difícil – Suspiro, frunciendo el ceño mostrando el dolor que sus propias palabras le ocasionaban.

- Lo sé… Pero cuanto más pretendas alejarte de nosotros, más dificultoso te será… Inténtalo, y si no puedes, entonces… bueno, no hará falta que sigas atormentándote. – Le contestó con dolor.

Carlisle se levantó con pesadez de su cama, y después de regalarle una dulce caricia en la mejilla, la cual Bella aceptó de buen agrado, salió del dormitorio.

Al cabo de una hora, Edward subió, al fin a ver a Bella.

- Hola, ¿cómo va la convaleciente? – La saludó simpático. Bella rodó los ojos, chistosa. - ¿Seguimos con el libro? – Bella asintió con excesivo entusiasmo. Edward no se inmutó, pero vio de sobra el cambio en ella, mostrando tal emoción.

Después de una hora, Edward acabó el último capítulo de esa noche, cerrando el libro y depositándolo encima de la mesita de noche, levantándose con intención de irse.

Bella abrió los ojos desmesuradamente, incorporándose alarmada en la cama.

- ¿Te vas? – Las palabras escaparon de sus labios sin consentimiento. Pero no se retractó ni de ellas, ni del tono desesperado con las que las había pronunciado.

- Si… Lo siento. Hoy no puedo quedarme más tiempo. – La miró con disculpa.

- ¿Por qué? ¿Tú también me vas a castigar? – Le preguntó enfurruñada.

Edward se acercó a la cama y se inclinó un poco hacía ella; Bella dejó salir el aire, inconsciente, formando un leve jadeo ante su aproximación.

- Nena… Yo no puedo cumplirlo… Sigues sin entender que no puedo estar alejado por demasiado tiempo de ti. – Le confesó. Ella abrió la boca, pero no llegó a pronunciar ni una sola palabra. – Aunque estoy molesto, igual que ellos… - Alzó una ceja, alejándose y volviendo a su posición – Pero lo dicho… necesito verte, aunque sean unos instantes.

- Pero… te vas… - Le puso morritos. Él soltó una pequeña carcajada.

- Tengo que irme, no porque quiera… Si no porque debo. Yo también me alimento, ¿sabes? – Ella abrió los ojos, mostrando así, como la comprensión llegaba a su cerebro.

Claro… ellos también comen… O beben.

Edward volvió a acercarse a ella, dejando sus caras un poco más cerca que la anterior vez. Bella echó el cuerpo hacía atrás, pero levemente. Poco a poco, y sin ser consciente de ello, su cercanía ya no la inquietaba tanto como al principio.

Edward pasó por alto su retirada, quedándose donde estaba, reclinado hacía ella.

- ¿Ves el color de mis ojeras? Está más amoratado. Y mis ojos, están más oscuros – Bella se fijó, posando la mirada dónde él le había señalado; asintiendo – Cuanto más oscuros están, más sed tengo. -Bella frunció las arrugas de la frente y se mordió el labio. – Pregunta, Bella… - La instó en tono condescendiente.

- Y… - volvió a morderse el labio - ¿Cuánto tiempo puedes… sin…? – Suspiro, no sabiendo como concluir la frase.

- ¿Cuánto tiempo puedo estar sin alimentarme? – Ella asintió.

- Estirándolo mucho… un mes. –Meneo la cabeza calculando.

- Y ahora, ¿cuánto llevas sin alimentarte?

- Desde que tuviste el accidente… Bueno, antes llevaba casi dos semanas sin ir a cazar… Y el día que despertaste, por no aguantar la insistencia de Alice, fui al bosque en una carrera y cacé lo primero que pillé. Y desde ese día, no he vuelto a alimentarme. – Le contestó tranquilamente. Bella absorbía toda la información, procesándola.

Se hizo un silencio entre ellos; no incómodo. Ella estaba eso, procesando y él le daba espacio porque sabía que su cerebro necesitaba asimilar.

- ¿Algo más? – Le animo él a seguir.

- No… Bueno… - Volvió a morderse el labio - ¿Qué vas a cazar hoy? – Su pregunta lo pilló desprevenido, ya que no creía que ella se atreviese aún a preguntar algo así. Pero reaccionó rápido, y le sonrió mientras respondía.

- No lo sé, pero tengo en mente un oso. – Ella abrió los ojos perpleja – En la reserva de Woodard Bay ha habido un aumento de osos considerable esta primavera, así que Emmet, Jasper y yo, iremos hasta allí. – Sonrió igual que un niño que está a punto de hacer una travesura. – Les ayudaremos con su problema. – Bella, al final y por mucho que lo intentaba, no pudo contenerse, y acabó riéndose con él.

- Mañana seguiremos leyendo, ¿de acuerdo? – Ella asintió con entusiasmo.

Edward ya había llegado hasta el final de la cama, dispuesto a irse, pero no puedo contenerse, y más aún, viendo lo receptiva que estaba Bella hoy; así que se paró. Se quedó quieto unos segundos, y a una velocidad vampírica, se posicionó al lado de ella, apoyando una mano a cada lado de su cuerpo, reclinado encima de Bella, pero sin llegar a tocarla. Ella dio un bote de la impresión, dándole un manotazo a Edward en el hombro.

- ¡Me has asustado, tonto! – Pero aunque intentó mostrarse molesta, no lo consiguió; ya que unas arruguitas en los ojos, delataban su mal disimulada sonrisa.

- No iba a marcharse sin darte un beso – La miró fijamente a los ojos, con gran intensidad; casi intimidándola.

- Edward… - Su tono fue de advertencia, pero no se apartó. A lo que él le sonrió levemente de lado.

Después de unos segundos, mirándose el uno al otro, y que el pulso de Bella aumentase de ritmo, Edward se movió con lentitud y depositó un casto beso en su frente.

Justo cuando salía por la puerta, Bella lo hizo detenerse otra vez, con una forma de despedirse que lo pilló con la guardia baja.

- Espero que tengáis buena caza… Y que encontréis esos osos. – Edward pestañeó sorprendido. – Ya me contarás mañana qué tal, ¿ok? – Edward, que seguía aún perplejo, asintió. – Y… deséales suerte a Emmet y a Jasper también. – Pidió con una connotación de tristeza en la voz.

- Gracias… Es muy amable por tu parte. Y ellos, han oído perfectamente tus buenos deseos de caza.- Le mostró una gran sonrisa.

Y de pronto, un fuerte oído hizo girar a Bella hacía el ventanal, y a Edward rodar los ojos. Emmet y Jasper estaban encaramados a la barandilla de la terraza.

- Gracias Bella… Te dedicaremos nuestra caza, ¿de acuerdo? – Le gritaron ambos vampiros entre risas. – Vamos Edward, o entraremos a por ti.

- Ve antes de que tiren la casa a bajo… - Suspiró.

Entonces Edward quiso darle otra muestra de naturalidad a Bella. Después de guiñarle un ojo, salió por el ventanal, cayendo al vacío de la noche. Bella se irguió en la cama, atenta, hasta que escucho la risa y los murmullos de los tres chicos. De los tres, vampiros.

Holaaaaa...

Mil perdones por la tardanza... De verdad que siento que tengáis que esperar tanto por cada capítulo.

Pero no siempre se tiene el tiempo deseado para los fic's, ¿verdad?

Bueno, en compensación, os doy un capi larguito. Para que estéis entretenidas un buen rato.

Quiero aprovechar para contestar a una pregunta que me hizo "Elii":

Edward no es estéril. Bella toma pastillas anticonceptivas. Lo comenté hace varios capítulos. Creo que cuando ellos se van a vivir juntos, más o menos. Solo que a lo mejor pasó desapercibido, ya que no hice gran mención sobre ello.

Bueno, queda claro, ¿ok?

Espero poder actualizar pronto. Un besazooooooooo