CAPITULO 58. RECUPERACIÓN


Hola chicas...

Siento la tardanza, pero aquí estoy.

Y este capi, viene cargadito.

Reflexiones intensas, y muy importantes de Bella.

Y "recuperaciones" que van poco a poco haciéndose en su vida.

Mil gracias a todas las que me seguís... y tenéis la paciencia de esperar por las actus.

Y más gracias aun, por las que me dejais un coment. Que es la gasolina de todas las escritoras.

Espero que lo disfruteis... Mil besossssssss!

¡Hasta las narices!

Así estaba después de una semana encerrada en aquella habitación. Cierto era, que no me faltaba absolutamente nada. Tenía todas las comodidades habidas y por haber:

Tv de plasma, DVD, home cinema, portátil, Tablet…

Pero me faltaba lo más importante:

Gente. La compañía que los aparatos electrónicos no dan.

Ya que los Cullen seguían manteniendo su castigo de visitas. Pero y aunque me fastidia bastante reconocerlo, gracias a ese castigo, me estaba dando cuenta de muchas cosas. Y la más importante era que los echaba de menos.

Pero…

Siempre con el pero…

Ellos no dejaban de ser vampiros, y en estos días de soledad, había tenido muchísimo tiempo para reflexionar. Y después de agotarme mentalmente, llegué a otra deducción:

Por mucho que yo pudiese pasar el hecho de que fuesen vampiros… Antes o después, más bien antes, yo tendría que convertirme como ellos. Ya que dentro de 10 años, a lo sumo 15, yo parecería la madre de Edward, más que su pareja.

Pero pese a que intenté no darle excesivas vueltas, ya que primero tendría que ponerme a mí misma a prueba respecto a aceptar su condición, la idea de llegar a ser una vampira no dejaba de tronarme la cabeza.

Además, estaba llena de dudas.

¿Cómo se hacía? ¿Dolía? Si era por un mordisco… ¿Por qué al morder a una persona, esta se transforma? ¿Cuánto dura el tiempo de cambio?...

En esos momentos de titubeos, me maldecía a mí misma por no haber querido escucharlos en su día. Pero algo me decía, el corazón concretamente, que ellos estarían encantados de explicarme y aclararme cualquier duda.

- Buenos días – Me saludó Esme, la cual había recuperado, casi, su sonrisa auténtica. – Te traigo el desayuno. – Anunció sacándome de mis reflexiones.

- Espera – la detuve – Coloca la bandeja en la mesa de te – la miré reflejando mi ilusión. Ella abrió los ojos asombrada.

- ¿Te vas a levantar? – Me preguntó aún sorprendida. Yo asentí con la cabeza, sin dejar de sonreír.

Depositó la bandeja donde le indiqué y se acercó a la cama. Yo retiré las mantas y ella se posicionó para ayudarme a levantar. Sin poder evitarlo, alcé una ceja al darme cuenta de que ella misma era la que iba a levantarme.

- Lo siento – Me disculpé - Entiende que se me haga raro que tú, teniendo una complexión tan frágil, puedas levantarme… - Mi mirada acompañaba a mis ojos suplicantes.

- Lo sé… Y cosas como estas no me molestan. Las entiendo. – Me contesto.

Dicho lo cual, me alzó de la cama en brazos. Yo no puede más que jadear por el meneo. Una vez en sus brazos, la miré y me eché a reír. Ella me acompañó en el acto.

- No se lo digas… - me miró con ojos juguetones – pero yo, tengo un poquito más de fuerza que Carlisle – Me sacó la lengua, divertida para seguir riéndonos.

Imagino que debido a mi buena conducta de levantarme de la cama, ella se quedó un ratito allí conmigo mientras desayunaba, acto que agradecí enormemente.

Me contó por alto los planes para hoy. Pero uno en concreto llamó mi atención.

- ¿Hoy me quitará la escayola? – Repetí como pregunta lo que ella acababa de decirme como afirmación.

- Sí, así es. Te llevará dentro de un rato al hospital y allí te la quitará y te hará una radiografía. – Puso cara de póquer y se mordió el labio – Podríamos hacerlo aquí mismo, pero… sería un poquito raro que aquí, en casa, tuviésemos material adecuado para ello. – Asentí conforme con su explicación.

Alice pasó a saludarme brevemente, recogiendo la bandeja de mi desayuno y ayudándome a ducharme, ya que llevaba dos días sin hacerlo.

A penas cruzamos unas pocas palabras; creo que ninguna, incluso siendo impensable en Alice, sabíamos exactamente qué decirnos.

- Te he sacado este conjunto – Me informó haciéndome mirar hacía el galán. - Es un chándal – Se inclinó de hombros. Por supuesto de las mejores marcas – Necesitas algo cómodo para que pase la escayola por la pernera.

- Está bien, Alice. Gracias – Sonrió, de forma tímida. Pero nuestras miradas a penas se sostuvieron un par de segundos.

Nos volvimos a sumergir en el silencio, algo incómodo. Y así llevábamos varios días. Ambas teníamos, realmente, mil cosas qué decirnos; pero ninguna acababa de decidirse a dar el paso.

Siguiendo con el estado de pocas palabras, me ayudó a vestirme y cuando estaba lista, se me quedó mirando, con duda en los ojos.

Sinceramente creí que iba a hablar... De algo, de cualquier cosa. Lo que fuese... Pero ese mutismo en Alice me estaba desgarrando.

-¿Te bajo yo... o prefieres que suba alguno de los chicos? - Preguntó en una mezcla entre seria y dudosa. Yo abrí los ojos desconcertada por su pregunta. - Lo digo por si te sientes rara de que te cargue yo - Me miró, expectante.

- Voy dándome cuenta de que en vuestra naturaleza, no existe gran diferencia de fuerza entre hombres y mujeres – Le contesté en tono neutro. Ella inclinó los hombros, asintiendo con la cabeza.

- Así que... puedes bajarme tu, si quieres – Notaba mi mirada avergonzada. Sí, estaba avergonzada con Alice.

Con Alice.

Me agarró entre sus brazos, como si fuera sentada en una silla, y sin la más mínima dificultad, comenzó a andar, mientras yo, intentaba disimular mi asombro.

- Va a haber sorpresas – Murmuró, lo suficientemente alto para que pudiese oírla. Pero en ese momento seguía alucinada por como Alice, siendo más bajita y delgada que yo, me cargaba con tantísima facilidad; así que no le di mayor importancia a su comentario.

Nada más recorrer unos pasos por el pasillo, pude distinguir voces procedentes de abajo, pero no las distinguía, ya que estaban mezcladas unas con otras. Miré hacía Alice, pero ella mostraba un rostro impasible e inexpresivo. Giramos y comenzamos a bajar el primer tramo de escaleras. Ahí ya comencé a distinguir con mayor claridad las voces procedentes del piso inferior.

La que más destacaba era la de Edward, que mostraba un tono ronco y enfadado; encolerizado se acercaría más. También distinguí la voz de Emmet, la de Rosalie y Esme; y en menor intervención, la de Carlisle.

Pero había una, que sobresalía por encima de la de ellos. Un tono de voz muy distinto; más grave y menos musical.

Esa voz...

Era Jacob.

Justo cuando la reconocí, dimos otro giro, para enfrentar el último tramo de escaleras, que nos daba visión del amplísimo hall de entrada.

Y como sabía no me había equivocado... Allí estaba él. Completamente encolerizado, encarado directamente con Edward, mientras el resto estaba dispuesto a sus lados.

En cuanto entramos en el descansillo de las escaleras, igual que ellos quedaron a nuestra vista; nosotras de igual manera, quedamos a la suya. Así que se hizo el silencio. Completo. Solo se escuchaba la respiración agitada de Jacob.

Y en ese momento, todas las miradas se giraron hacía arriba. Hacía nosotras... Rectifico: Hacía mí.

- Bella... - Me llamó él casi en un murmullo.

- ¿Qué haces aquí? - Le pregunté con indignación saliéndome de los ojos.

- Yo también me alegro de verte – Contestó socarrón, muy al estilo Jake.

- No he dicho tal cosa. - Le rectifiqué mordaz. - La prohibición de que te acercases a mí, también incluía esta casa. Aunque imaginé que no hacía falta comentarlo... Ya que no imaginé que tuvieses la cara de presentarte aquí... - Rodé los ojos – Aunque bueno... Tratándose de ti... - Volví a rodar los ojos, esta vez como más desdén.

- No te pongas ofensiva... - Contestó petulante – Quería saber cómo estabas – Me miró girando la cabeza con media sonrisa. - Aunque no quieras, sigues importándome. Mucho. - Recalcó, mirándome fijamente. Yo aparté la cara. - Puedes ponerte todo lo digna que quieras. Aquí estoy, y después de que el Dr. Cullen me ha comentado cómo estabas, quiero hablar contigo. Ya han pasado más de dos meses... Te he dado tiempo más que de sobra para que te des de cabezazos, te lamentes, llores, y te sientas de un millón de estados distintos. - Miré de reojo, y los Cullen miraban a Jacob con sorpresa por su forma de hablarme. - No me miréis así – Les dijo, meneando la mano en el aire – Vuestro problema es que la tenéis demasiado mimada... Yo la trato como requiere en cada caso. La conozco bien para saber que ahora es momento de dejar las niñerías y hablar en serio y con cierta rudeza. - Ante eso, la que abrió los ojos asombrada, fui yo misma.

- Tu... - Apreté los dientes de pura indignación – Tú y yo, no tenemos nada, absolutamente nada de lo que hablar... y perdona, pero no me conoces nada. Absolutamente nada. – Bufé.

- Bella, te conozco perfectamente… Y te repito que no te pongas digna. ¡Ya basta de niñerías! No podía revelarte mi secreto, y lo sabes. – Respiró, serenándose

- Puedes sentir todo lo que quieras… Me da exactamente lo mismo – Le contesté mordaz. – Y te repito, no tenemos nada de lo que hablar. – Él meneo la cabeza, negando.

- Bella… llevabas a mi hijo dentro… Habías engendrado a mi primogénito. – Me contestó emocionado por sus propias palabras yo me quedé helada, notando como un rubor se extendía por mis mejillas. Pero reaccioné rápido.

- Jacob… Una humana, no puede parir lobos… - Le contesté alzando una ceja, de lo más petulante – No soy un animal… soy una humana. Yo doy a luz bebés, "humanos" – recalqué con toda la malicia.

- Bellaaa… - Me llamó condescendiente y aguantando el tono. – No te imaginas la repercusión que tiene eso… Ese bebé era mí primogénito; estaba destinado a liderar algún día la manada.

Estaba en shock. No me creía lo que me estaba diciendo. Realmente mi cerebro no lo procesaba; se escapa de mi comprensión.

- Pero… ¿qué es lo que me estás contando? – Mi pulso y mi respiración se agitaron al instante. – No entiendo – Meneé la cabeza disgustada, con los ojos ya aguados. – Ni siquiera tengo pensado ser madre… fue un embarazo a traición – Contesté agobiada.

- Ese… "bebé" casi le cuesta la vida, chucho – Le escupió Edward, con el tono tenso y la mandíbula apretada.

- Tú cállate, chupasangres. – Le contestó. - Tú ni siquiera puedes concebir hijos. Estás muerto… Estas seco por dentro.

- Lamentablemente… - Murmuró, pero lo suficientemente alto para que lo oyese. Su cara era de suma tristeza, pero sin poder evitarlo, mi mirada se fue directamente hacía Rose, la cual apretó los ojos, y Emmet le pasó un brazo por los hombros, reconfortándola.

Esa imagen, caló hondo en mí interior. Mucho más de lo que pudiese imaginar. Ver a la fuerte, presuntuosa y prepotente Rosalie, mostrar debilidad era algo incomprensible; y junto la mirada abatida de Edward, me hizo replantearme muchas cosas. Aunque en ese momento, tenía el cerebro a dos mil revoluciones, no pudiendo pensar detenidamente en nada concreto.

- ¡Basta Jacob! No puedes venir aquí, a su casa, e insultarlos. ¿Tú qué sabes de sus anhelos para soltar lo que acabas de decir? Ellos tienen sentimientos, ¿sabes? No tendrán la posibilidad de engendrar hijos, pero no porque a lo mejor nos los deseen. – Le contesté molesta – Pero no puedes llegar aquí y hacer esos comentarios odiosos y ofensivos, y menos, delante de mí - Toda la familia se me quedó mirando con una expresión de… ¿alivio? Estaban reconfortados porque había saltado a su defensa. Incluso yo estaba algo asombrada de mí misma.

- Esta bien… - Jacob inhaló profundamente, tranquilizándose – Mis disculpas, si alguien se ha dado por ofendido. – Murmuró entre dientes. – Pero no he venido a ofender a nadie, ni buscando peleas ni conflictos… Vengo a hablar contigo… - Su expresión volvió a cambiar, suavizándose. – Siento haberte mentido y ocultado cosas, pero ahora todas te van encajando, ¿verdad? – Yo abrí la boca, pero con las mismas, volví a cerrarla. Realmente no tenía nada que responderle; tenía razón, y odiaba dársela. Él me miró, sonriendo satisfecho. – Venga, baja… Debemos hablar. Ya te perdí una vez, y no voy a volver a consentir que se repita. – Su sonrisa y su mirada me heló el alma.

No porque hubiese amor romántico. Si no por el amor incondicional que transmitían.

Jake notó que me había ablandado y comenzó a subir las escaleras hacía mí; Alice también captó mi rendición y me bajó de sus brazos.

Jacob llegó a mi lado y sin mediar más palabras, me estrechó entre sus brazos, hundiéndome entre su pecho; transmitiéndome un sinfín de sentimientos.

Metió su cabeza en mi cuello, rozándome la cara a modo de caricia, y afianzó más el abrazo. Y yo, me rendí, pasando mis brazos por su espalda y apoyando la frente en su hombro.

- Te he echado de menos, nena – Me susurró.

- Yo también… Aunque sigo muy disgustada, Jacob.

- Lo sé… Y sabes como soy. Así que puedes imaginarte lo mal que lo pasé por tener que ocultártelo. Pero ahora ya lo sabes, ahora todo será mucho mejor. – Noté como sonreía ante su propia afirmación.

Alcé la mirada por encima de su hombro y mis ojos se encontraron directamente con los de Alice; la cual me miraba con ojos tristes. Muy tristes. Aunque había un trasfondo de alegría en ellos.

Me separé de Jacob, aunque él no dejó de sujetarme en ningún momento, ya que mi equilibrio, ya de por si escaso, ahora lo era más debido a la escayola.

- Ahora me tengo que ir… Carlisle me va a llevar al hospital para quitarme esto – Miré hacía mi pierna. – Si quieres… podemos vernos en otro momento. – Toda la sala se sumió en un silencio sepulcral. Pero Jake omitió esa incomodidad y sonrió.

- ¡Claro… ¡ Mañana paso a buscarte y te llevo a comer por ahí, ¿te parece? – Me invitó. A lo que yo acepté gustosa.

Me alzó en cuello, y me bajo hasta la puerta de entrada, donde me posó en el suelo, junto a Carlisle.

Todos nos miraban tensos. Y sin falta de ser excesivamente sensitiva, noté un sentimiento de desilusión entre los Cullen; y sabía perfectamente a qué se debía.

Jacob se despidió hasta el día siguiente y se dispuso a irse, pero justo al acercarse a la puerta, tropezó con Edward más que intencionadamente; a lo que el vampiro reaccionó rápidamente.

-¡No te pases ni un pelo chucho! – le soltó con un tono ronco que erizaba los pelos.

- Si estás jodido porque tu chica no tolera tener como pareja a un no vivo, no es mi culpa, chupasangre – Le escupió con el mismo tono envenenado, con ese deje de chulería muy propio de Jake.

- Te dejamos entrar en nuestra casa, siendo más que hospitalarios contigo, mucho más de lo que mereces… ¿y todavía tienes la desfachatez de ser así de prepotente y desagradecido? Maldito chucho… - Volvió a contestar Edward.

No me hizo falta ser ningún ser mitológico para darme cuenta que una frase más y se enzarzarían en una pelea, así que intervine. No podía permitir que mi mejor amigo y el hombre (vampiro o no) que amo, se pelearan… Realmente no quería comprobar cómo sería una trifulca entre ellos.

- ¡Basta! – Les grité, haciéndolos retroceder a cada uno un paso. – No quiero peleas aquí… Y Esme, como señora de la casa, estoy segura de que menos aun. Así que mostrar modales. – Les ordené sin el más mínimo titubeo.

Me giré ayudada por Carlisle, hacía Jake.

- Mañana pasa a recogerme a las 12, y ahora puedes irte. No caldees más el ambiente.

Me giré en sentido contrario, hacía Edward.

- Ya está… todos tranquilos, ¿de acuerdo? Gracias por defenderme – le dediqué una leve sonrisa – pero tú eres mucho – rodé los ojos – mayor que él… Así que deberías guardar las formas. – Le reñí con tacto. – Bueno… - Me oriente para mirar a Carlisle – Creo que aquí, la cosa está controlada – Sonreí de forma traviesa – Podemos irnos a quitarme esta infernal cosa de mi pierna.

Al cabo de más de tres horas, regresamos a casa. A parte de saludar a muchos compañeros, que fue lo más nos hizo demorarnos, las pruebas, el quitar la escayola y toda la parafernalia, nos llevó bastante más tiempo del pensado, ya que un compañero se ofreció muy gentilmente a quitármela.

Si lo hubiese hecho Carlisle no habría llevado más de uno, o dos minutos a lo sumo.

En el coche, mantuvimos silencio para ir. Carlisle no es de los que te agobian o bombardean a preguntas. Él es prudente y espera el momento que más oportuno considera.

Y el viaje de regreso, fue el que escogió. Ya que iba más tranquila y animada.

- Me alegro de que hallas hecho las paces con Jacob. – Comenzó. Yo me giré, para míralo de frente, ya que sabía que eso era el comienzo de una conversación; la cual esperaba, la verdad.

- Bueno… Yo no he dicho que lo haya perdonado – Le contesté algo altanera. Él me miró alzando una ceja.

- Un abrazo como el que os distéis, no significa nada más que eso. Que una reconciliación. – Sonrió – Y me alegro. Ese chico te adora. Debió ser muy difícil para él, cuando se vio obligado a imprimarse de esa otra chica… - Yo fruncí el ceño, pensativa – Me hubiese gustado haber podido ser testigo de cómo te miraba antes de que todo comenzase. – Su cara mostraba meditación.

Ambos nos sumimos en un silencio agradable. El cual duró solo unos instantes.

- Me miraba muchísimo más intenso que lo que has visto hoy. – Contesté mirando hacia la carretera; concentrada en el pasado. – Hasta yo misma era consciente de cuanto amor me profesaba, y no solo por su forma de mirarme… Si no por todo. – Mi sonrisa era melancólica, aunque genuina. Debía reconocer que fueron muy buenos tiempos. De los mejores en mi vida.

Cuando volví de mi viaje al pasado, Carlisle estaba mirándome, con dudas en los ojos.

- Pero… - La fuerza de lo que iba a decir, me obligó a agachar la cabeza – La intensidad en la forma de mirarme de Edward, es muchísimo mayor. – Suspiré. – Y de la forma en la que yo lo miro a él… No le hace sombra, a como miraba a Jake. No tiene comparación alguna.

Carlisle abrió los ojos mostrando varios sentimientos. Sorpresa, era el que más destacaba.

- Pero… - frunció el ceño, dubitativo – Si te das cuenta de eso… ¿Por qué tu actitud esquiva?

- Claro que me doy cuenta… A excepción de los primeros días, que la expresión "estar enfadada" se quedaba muy, muy corta, nunca he dejado de tener claros mis sentimientos hacía él… Ni los suyos por mí. – Le expliqué muy tranquila – Lo que parece que no os acaba de entrar en la cabeza, es que el motivo de mi distanciamiento, es… y siento ser tan sincera, lo que sois. – Nos miramos fijamente unos segundos, ya que él seguía conduciendo – Soy una mujer de ciencias. Me es dificilísimo asimilar que estáis… Muertos; pero estáis vivos. – Rodé los ojos y meneé la cabeza – Es… Es imposible de asimilar.

- Pero… Estás aquí. – Contestó breve y directo, muy al estilo Carlisle.

- Sí… Estoy aquí porque os quiero. – Sonrió.

- Aunque adoro oírtelo decir… Realmente no hacía falta que lo dijeses en voz alta para que lo supiéramos. – Casi rió de su propio comentario. Yo hice un mohín, fingiendo enfado.

- Estoy intentándolo, Carlisle… Estoy en fase de recuperación.