Una sorpresitaaaaa! Me ha llegado la inspiración y me he currado el capi en dos días.
Si es que cuando tengo tiempo... soy un crak, jajaja!
De mano, os dejo el final del capi anterior, porque he echo algun cambio, y así de paso, se os hará mas ameno el comenzar el nuevo capitulo.
Espero que os guste...
Esto comienza a llegar a su fin.
Durante casi dos horas seguidas, dejé a Carlisle relatarme sin interrumpirlo. Estaba anonadada. Notaba como mi pulso se había acelerado casi desde que había comenzado a hablar, y tras dos horas, seguía igual de acelerado.
- ¿Quieres hacer una pausa? – Me preguntó en un par de ocasiones. A lo que yo me negué.
Después de ese tiempo. Él paró. Mantuvimos un silencio durante unos minutos y comencé la ronda de preguntas; y tal y como me había avisado Edward, no escatimó en detalles.
Sus posibilidades. Sus dones. Sus sentidos. La forma en que cada uno se transformó. A quien convirtió él, como aparecieron Alice y Jasper. La antigüedad de cada uno. Sus hábitos alimenticios.
Todo
Cuatro horas seguidas estuvimos hablando. Sin para a nada. No podía dejar de escucharlo. Y más, cuando yo comencé a preguntar. Todo me quedó claro. Clarísimo.
Pero, era demasiado. Tanta información de golpe me sobrepasaba.
- Y para concluir… Solo me queda dejarte muy clara una idea – Su rostro y su tono, se volvieron cansados. – Sé que amas a Edward, y también sé lo muchísimo que amas la humanidad. – Suspiró – Pero para continuar vuestra relación deberás transformarte – Agachó la cabeza apesadumbrado. – Para mí, es muy difícil inculcarte esta idea. Estás sana, con toda la vida por delante… Y me parece una auténtica aberración segarte la vida; Pero, para que podáis seguir juntos, debes hacer el cambio. – Estaba aguantando la respiración por la intensidad del momento. – No tiene que ser ahora mismo, por supuesto. Eres joven y bella, la diferencia de edad no se notará hasta pasados unos años… dos, tres… incluso podríamos alargarlo hasta cinco; pero antes o después…
- Lo sé. – Contesté casi como un autómata. – Le he dado mil y una vueltas. – Inhalé una gran bocanada de aire.
Permanecimos en silencio durante unos minutos. Carlisle, paciente hasta el infinito, no hizo ningún movimiento de impaciencia. Dejó que mi cerebro asimilara.
- Necesito pasar un tiempo a solas… - Le pedí. Fue un segundo, pero estaba tan atenta a su reacción, que no me pasó desapercibida; cerró los ojos, arrugó la frente en un gesto de auténtico dolor – En mí casa. – Apuntillé. – Aquí, no estaría sola, y lo sabes. – Sonreí, pero no me llegó el gesto a los ojos. Él asintió sin decir ni una sola palabra.
Sin intentar hacerme cambiar de parecer… Me llevó a mi casa en completo silencio. Pero no había reproche. Él necesitaba también su tiempo para asimilar mi decisión de alejarme.
- Aun no estás demasiado recuperada… Pero entiendo que necesites tranquilidad para reflexionar sobre todo lo que te he contado. Cuando quieras volver… Si es que eso ocurre, solo tienes que llamar. ¿Lo sabes, verdad? – Me dijo con tono gentil y mirada dulce. Asentí. No era capaz de hablar, ya que un nudo enorme en mi garganta se había apoderado de mi capacidad del habla. – Nadie te molestará… o por lo menos, esa orden les daré.
Me ayudó a entrar en mí casa, hablamos unos instantes y me dejó allí. En la tranquilidad y soledad de mí casa.
Estaba agotada, así que sin desvestirme si quiera, me fui hasta mi dormitorio y me eche en la cama. Necesitaba dormir; descansar y desconectar.
Cuando despertara, pondría mis ideas más en orden… pero ahora me era imposible. Estaba agotada.
CAPITULO 60. NO PUEDO
Tal y como me aseguro Carlisle, nadie me molestó. Tuve un mensaje en el móvil de Edward y otro de Alice, dándome apoyo y ánimos de que todos entendían que necesitara un poco de tiempo para reflexionar y asimilar. Que no se me reprochaba nada y que volviese cuando me encontrara preparada.
Necesitaba estar sola; sola sin ellos. Pero no podía aun valerme por mi misma. La muñeca estaba recuperada pero débil y no podía apoyar bien la pierna, aparte de que no era conveniente para que no quedase mal curada y cogiese mal pisada.
Eso eran mis limitaciones físicas, caso aparte eran las sentimentales. En las escasas 24 horas que había pasado en mi casa, no había hecho otra cosa más que llorar y llorar.
Estaba triste. Estaba confundida. Estaba… agotada de esta situación.
Así que me acorde de alguien que sabía siempre estaría ahí para mí:
Jacob
Desde que lo llamé, hasta que vino a buscarme, no me dio tiempo a acabar la maleta, la cual me ayudó él a terminar.
- Me alegro de que hayas recapacitado, y dejes esa actitud de autosuficiente – Lo miré con ojos cristalinos por las horas de llanto – Además, ahora no es bueno que estés sola. Solo te harás daño en el corazón. – Me miró con ojos tristes y profundos. – Estoy aquí, nena. Lo sabes – Me abracé a él y me acurró entre sus fuertes brazos, pasándome la mano por el pelo, dejándome llorar. – Llora cariño, pero no lo hagas sola.
Jake esperó pacientemente a que me serenara, y emprendió camino a la Push. Al cabo de unos minutos, y sin apartar la vista de la carretera, me habló en susurros, con un tono cauto.
- Llevamos escolta. – Me informó, haciéndome que lo mirara con el ceño fruncido sin entender. – Edward está cerca. – Al oír su nombre, el corazón me dio un vuelco – Va a nuestra par, por el bosque.
- Por favor, Jake… - Rogué con la voz tomada – Acelera… No quiero que nos vaya a parar… - suspiré entre jadeos – Ahora mismo no podría encararlo… Por favor – estaba tan nerviosa, que no respiraba; jadeaba.
Al cabo de un minuto, Jake se mordió el labio y me miró de reojo.
- Ya no nos sigue… - Hizo una mueca con la boca - Te ha oído, y ha desaparecido. Ha cambiado de rumbo – Me informó.
Aunque eso me hizo sentirme mal, por otro lado, noté cierto alivio.
Nada más llegar a casa de Jake, Billy salió a recibirnos con cara consternada.
- Mi pobre y dulce Bella… - Me acarició la cara, mientras Jake me cargaba en sus brazos. – Tienes la cara desencajada por el sufrimiento – Su voz transmitía una gran preocupación y pesar. – Llévala dentro y que descanse.
- No papá… - Le contestó él – Sé lo que le hará bien a Bella ahora mismo, y no es encerrarse en casa.
Jacob sacó mi abrigo y una vez puesto, volvió a cargarme en brazos saliendo casi al trote hasta la playa. Nuestro sitio preferido.
Me abrigó bien, y nos sentamos en la playa, como hacíamos hace años, con mi espalda apoyada en su pecho, mirando el mar.
- Puedes estar tranquila… Aquí, ellos no pueden entrar. Lo tienen prohibido por el tratado.
Y con esa vista tan preciosa y relajante, y con la seguridad de sus palabras, por fin conseguí que mi cerebro se desconectara durante un rato; lo que me dio descanso y alivio.
Y lloré… Lloré acompañada, sintiéndome arropada por una mano amiga.
Los días fueron pasando.
Lentos… Agónicos… Mortales…
Pero allí, me sentía bien. Me sentía protegida.
Por suerte, una de las chicas de la reserva prima de Quill, era fisioterapeuta, y una vez comencé a controlar mis llantinas, retomé la rehabilitación.
Tuve suerte, y aunque por un lado me sentía un poco mal, Nessy no vino durante días ya que tenía exámenes, así podía tener a Jake solo para mí, y comportarme de forma más natural sin miedo a ofender a la chica si hubiese estado aquí.
Lo que ayudó a mis ataques de llanto.
Me hubiese encantado poder decir que en poco tiempo ya no lloraba, pero no fue así. Al cabo de una semana, ya no estallaba en llanto sin más, simplemente que ya los iba controlando y por el día intentaba mantenerme entera, aunque a Jake no lo engañaba; y esperaba a la privacidad de mi habitación durante la noche y allí me dejaba ir; las primeras noches, Jake durmió conmigo. Me dejaba llorar durante un rato a solas y luego aparecía en mi dormitorio. Me acurrucaba a él, y me acariciaba el pelo con mucho mimo; y así, acababa durmiéndome.
Jake y yo pasábamos muchas horas en la playa; la gran mayoría en silencio. Mis lágrimas caían sin control, y él se limitaba a abrazarme y darme caricias reconfortantes. Y lo poco que hablaba eran frases cortas y de temas triviales y Jake se dedicaba a hablarme de cualquier cosa.
Él sabía que evitaba el tema "Cullen" y no hacía nada por sacarlo. Esperaba a que yo estuviese preparada para hablar. Y eso ocurrió a los quince días de llegar.
- ¿Sabes algo de los Cullen? – Le espeté de repente, mientras mirábamos al mar, rompiendo así nuestro habitual silencio.
Jake tardó unos segundos en reaccionar.
- Sí. Cuando hemos hecho las rondas de seguridad por los límites donde acaba el tratado, los hemos visto rondando… - Por su forma de hablar, sabía que se estaba callando algo.
- ¿Y…? Todo, Jake… - Lo increpé.
- Hace unos días, cuando hacía mi turno por la noche, me encontré con Edward. – El cuerpo se me respigo solo con la mención de su nombre – Bueno… creo que no fue un encuentro casual; estoy seguro que estaba esperando encontrarme. A mí. – Suspiró y se calló.
- Continua – Le pedí en tono inerte.
- Me preguntó por ti, como estabas… Le dejé leer en mis recuerdos y… - Me removí en mi sitio, en nuestra posición habitual, pero sin llegar a encararlo – Si no lo hubiese visto con mis propios ojos, jamás habría creído que un vampiro pudiese llegar a mostrar tanto sufrimiento. – Jadee y las lágrimas rodaron por mis mejillas – No me preguntó nada, he de reconocer que fue un caballero en ese sentido. Solo me dijo una cosa: Cuídala. Ella te necesita.
Me levanté casi de un salto, haciendo a Jake posicionarse a mí lado de inmediato por si perdía el equilibrio, el cual había recuperado, pero tampoco para hacer grandes movimientos.
- Necesito estar a solas, Jake – Le pedí.
- No… Eso es lo que menos necesitas. – Me espetó agarrándome de los hombros y girándome para que lo encarará. – ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué lo evitas? ¿Por qué no quieres convertirte? – Yo lo miré pestañeando seguido, confusa por sus preguntas. – Sé que todo esto es por transformarte. –Lo miré con pánico en los ojos. – Sí… lo sé desde el principio. Cuando hablamos esto el día que hicimos las paces, te lo vi en la mirada. Sabía que le habías dado vueltas, pero estabas confundida y asustada. – Agaché la cabeza – Y supuse que hablarías con Carlisle, que le pedirías que te lo explicara todo. Y… siéndote sincero, intuí que eso es lo que necesitabas para acabar de convencerte para transformarte.
- Jacob… - susurré mirándolo a los ojos.
- Por mucho que me horrorice la idea, sé que estás completamente enamorada de él, y creí ciegamente que finalmente serías una de ellos. Pero… lo que no esperaba era esto. – Me señaló con la mano de arriba abajo. – No lo entiendo… Explícamelo porque en serio que no lo entiendo – Me habló con desesperación.
- Tengo miedo Jake… - me solté del agarré al que todavía me tenía sujeta – Mi mente no puede entender el concepto de eternidad. – Mi pulso comenzaba a agitarse – Amo a Edward, tanto que me duele. Me duelen las entrañas de quererlo – Grité – Pero… ¿y dentro de unos años? ¿Nos seguiremos amando igual? ¿Me cansaré de seguir viva? ¿No llegará un momento en que desee morir? –Estaba casi enloquecida. Jacob me miraba con infinita tristeza en los ojos – Solo tengo dos opciones… y ambas son sin retorno – Jake frunció el ceño sin entenderme – Puedo tragarme el miedo y arriesgarme a convertirme, y que sea lo que Dios quiera. – Llené de aire los pulmones – O… desaparecer; intentar reanudar mi vida en otro sitio, haciéndome a la idea de vivir mi vida humana sin él… Sin ellos. Y obligarme de alguna manera a olvidar – Agaché la mirada y las lágrimas volvieron a aparecer.
- Bella… yo… no puedo ayudarte en esa decisión – Me contestó apesadumbrado.
- Jake… unos días antes de marcharme, Edward y yo hicimos el amor. – Él me miró algo asombrado por el tema que estaba tocando, pero no me interrumpió – Fue la primera vez que nos acostamos desde que yo sabía lo que él era – Jadee – Estaba tan cegada por el deseo, por su atracción, por el morbo… por el amor hacía él, que no era completamente consciente de lo que estaba haciendo... Yo… - No sabía cómo decirlo, así que lo solté de golpe – Le dejé que me probará – Jake abrió los ojos alucinado – Que probara mi sangre… En el momento, me dio mucho morbo… Pero cuando acabamos, y rememoré nuestro encuentro, me sentí completamente extraña. Cohibida, rara, y… - Callé.
- ¿Y?… - Me preguntó no con curiosidad morbosa, sino con preocupación.
- Me dio… grima. – Lo miré con dolor – No era asco, no me malinterpretes… pero me sentí muy, muy rara. Los siguientes días, hasta mi marcha, lo evitaba. No quería encontrarme con él a solas en ningún sitio. Y sé, que él lo notó más que de sobra. Pero solo en pensar que me volviera a tocar… me ponía los pelos de punta. Sabía que a él le había encantado beber mi sangre, y tenía miedo a que si volvía a tocarme de esa forma, quisiera volver a beber de mí… – El cuerpo me tembló por un escalofrío – y sin embargo ahora, sigo sintiendo lo mismo… pero, me gustaría tenerlo aquí y que me abrazase. Percibir la sensación que me produce su cercanía – Noté el cansancio en mi mirada. Notaba como si hubiese envejecido 20 años de golpe. Pero a su vez, me sentí liberada de haber dicho eso en voz alta. – Lo quiero, más que a nada… pero le tengo repulsa a lo que él es. – Confesé.
Después de nuestra conversación, de haberme redimido diciendo todo aquello en voz alta, parecía que la paz comenzaba a acordarse de mí, haciéndome estar más animada y relajada.
La rehabilitación estaba dando grandes resultados y cada día me encontraba más ágil, pero notaba una extraña falta de fuerza; no le di mayor importancia ya que tanto llorar y tanta tristeza pasaba factura al estado anímico.
Cuando llevaba en la Reserva un mes, durante una cena les comuniqué a Jake y a Billy que era hora de ir pensando en volverme a casa.
- Pero Bella… - Protestó Billy – Solo llevas unos días apoyando bien la pierna. ¿Estás segura de que quieres irte? Aquí no molestas para nada, ya lo sabes. – Su tono era paternal – Además, nos encanta que estés aquí – Miró hacía Jake el cual asentía con una sonrisa.
- Si, pero es hora de retomar mi vida. De volver a la normalidad y comenzar a trabajar lo antes posible. Echo de menos el hospital… – Mi mirada calló al suelo, porque sabía lo que significaba volver allí.
- ¿Y crees que estás preparada para eso? – Me preguntó Jake – Hace tan solo unos días que comienzas a parecer tú. Creo que sería mejor que estuvieses aquí durante un par de semanas más. – Me miró con intención.
- Estoy cansada de esconderme… - Suspiré. Pero Jake tenía razón, no estaba preparada.
Después de una larga conversación, acordamos que me quedaría durante un par de semanas más. Aunque sabía que una vez llegado el tiempo, esta conversación volvería a repetirse.
Un par de días después, comencé a encontrarme mal. Estaba revuelta, mareada y sentía el estómago cerrado. Como si hubiese contraído un virus.
No cené, ya que el estómago nada me admitía.
Al día siguiente más de lo mismo; y al siguiente, y sucesivos.
El cuerpo me obligaba a vomitar casi toda la comida que ingería, y día a día, me iba encontrando más débil.
- Pues no tienes fiebre – Dedujo Jake después de poner la mano sobre mi frente; no pude evitarlo y le rodé los ojos.
- Eso ya lo sé, Jacob… ¿Te recuerdo que soy enfermera? – Y le saqué la lengua. – Esto en un virus gástrico. En unos días estaré como nueva – Sentencié confiada. Sobre todo para tranquilizarlo a él.
Pero cuál fue mi propia sorpresa, que no. Después de esos dos días, estaba incluso peor: Mareada, cansada y lo más alarmante, es que cada vez aguantaba menos alimentos en el cuerpo.
En menos de una semana, mi bajada de peso era más que evidente y eso comenzó a preocupar no solo a Jacob y a Billy, si no a mí misma.
Una mañana, Jacob entró en mi habitación y sacó mi chándal de la cómoda. Yo lo miraba con el ceño fruncido, sorprendida de lo que estaba haciendo.
- No me mires así, señorita. Hora de ir al médico – Yo abrí los ojos de alarma. – Tranquila, vamos a la consulta de aquí, de la reserva. – Eso me hizo soltar el aire que había aguantado en los pulmones. – Que te mire, o que te saque sangre, o algo… pero llevas más de una semana así. Estas quedándote en los huesos. – Preferí callar porque Jake llevaba muchísima razón.
Así que él me ayudó a vestirme y nos fuimos a la consulta del doctor que tenían en la propia reserva.
Llegué y le expliqué los síntomas al médico, el cual de mano, dictaminó como un posible virus. Me sacó sangre y me mandó volver a por los resultados unas horas después, como así hicimos.
Cuando me dio los resultados, recibí la noticia que menos hubiese esperado y que jamás creí poder llegar a escuchar. La cual me aterro más que si me hubiese diagnosticado un cáncer terminal:
- Señorita Swan… está usted embarazada. Enhorabuena – Me dijo sonriente y casi, hasta emocionado.
Yo me quedé en estado de shock.
El doctor comenzó a retafilar un montón de posibilidades ante mi inanición, y me recetó unas vitaminas y un suero. Le di las gracias de forma autómata y salí de la consulta.
Jake al ver mi cara, se le desencajó de golpe la suya, viniendo a agarrarme por los brazos con gran preocupación.
- Bella, cariño… ¿Qué pasa? ¿Qué te ha dicho?
- Jake… No te lo vas a creer… - Gimotee al borde de las lágrimas. Él me miraba aterrado. – Estoy… embarazada… de Edward – Aclaré, mirándole a los ojos.
Jake pestañeo pesada y lentamente. Estaba atónico, pálido como un vampiro; y el síntoma que más claro me dejaba su estado de shock: Se había quedado mudo.
Después de un rato en silencio, nos dirigimos a nuestro sitio privado; el cual comenzaba a tener más visitantes debido al inicio del buen tiempo, y por consecuencia, del ascenso de las temperaturas: La playa de la Push.
- ¿Qué piensas hacer? – Preguntó después de un buen rato callados.
- No lo sé… - Contesté sincera. – Lo que sí sé, es que quiero mantenerlo en secreto. Estoy solo de 5 semanas, así que eso me da margen de tiempo para pensar y que nadie sospeche nada.
- Me refiero a si has decidido tener al bebé… - Desvió la mirada de mi cara – Bueno… creo que no hace falta preguntarlo – Me mordí el labio, en una señal de aflicción; me sentí mal por los recuerdos que este momento le traerían, pero esta vez era totalmente distinta.
- Sí, lo voy a tener… Y como bien dices, no da lugar a dudas. – Le respondí mirándolo fijamente, pero con suavidad en los ojos.
- Y… ¿A él también se lo vas a ocultar? – Sus palabras no llevaban rencor, pero si un doble rasero.
- Lo siento… Pero a él, al que más. – Jake suspiró, dejando salir el aire sonoramente a modo de desaprobación ante mi decisión.
El plan hubiese salido bien en un embarazo normal, pero no cuando el padre es un vampiro. Ya que al cabo de poco más de una semana, mi tripa tenía unas dimensiones poco normales para estar de siete semanas, la cual se marcaba más, debido a mi extrema delgadez.
- Bella… Deberías ir al hospital – Retahilaba Billy varias veces al día, todos los días – Sé que no quieres encontrarte con nadie allí, pero… - Meneaba la cabeza con pesadez – Sigues igual… ¡No! Cada día estás más débil porque no comes nada. Te mantienes con ese suero, pero te falta comer sólido.
Jacob y yo nos inventamos que había contraído un virus y que requería reposo y paciencia ya que me había infectado la flora intestinal y por eso no podía comer.
Billy no había desconfiado, pero no le parecía demasiado normal.
- Ya pero… hace ya días que has ido al médico y bueno… Es un médico de familia. Pese a mis desprecios, creo que deberías ir a que te mirara Carlisle – Mi cara cambio de golpe.
- Papá… Bella es enfermera y sabe lo debe hacer. – Me miró cómplice.
Nuestra suerte fue, que Billy tuvo que irse durante unos días a Seattle a un congreso de ponente sobre cultura india, lo cual fue un descanso para mis oídos y mis remordimientos por mentirle. Así, Jake y yo podíamos hablar y actuar más normal al no estar delante su padre.
- Bella… ¿Te estás dando cuenta de cómo te nota ya? – Jake me miraba la tripa mientras me ayudaba a vestirme con preocupación. – Estás de poco más de 8 semanas y parece que estuvieses de cuatro meses. Esto no es normal. Y yo no tengo ni idea de cómo va un embarazo cuando el padre es un vampiro. Además, tienes una pinta horrible. Jamás había visto a nadie con una cara tan enfermiza. – Su mirada trasmitía la misma preocupación que sus palabras, y yo suspiraba sin saber qué decir. – Deberías decírselo a Edward. – Cerré los ojos y menee la cabeza en señal negativa. - ¡Qué terca eres! Esto acabará contigo… - Alzó la voz desesperado – No sé cuánto durará este embarazo, pero por lógica va a ser más corto que uno normal… No podrás seguir así mucho tiempo más. Debes nutrirte… No puedes seguir sin comer. Además, no sabes realmente lo que tienes ahí dentro – Por vez primera, capte en Jacob una mirada de cierta repulsa. Y yo en reacción protectora, me acariciaba el vientre.
Acariciaba a mi lindo bebito.
Yo hacía oídos sordos y él por no disgustarme no me avasallaba con el tema; pero veía como me miraba. Con miedo, con preocupación; con incertidumbre.
Un par de semanas después, mi embarazo era más que notorio, ya que estaba de diez semanas, pero parecía que estuviese de unos seis meses. Nadie decía nada, pero sabía que era la comidilla de la reserva. Realmente eso no me importaba, mi preocupación era que la noticia llegara a los finísimos oídos de Edward.
Ya que Jacob me informó de un par de veces que él hizo por encontrarse con mi amigo en su ronda de vigilancia.
- Esta preocupadísimo por ti, Bella. – Me decía. Incluso parecía que se hubiese sensibilizado con su enemigo. – Me ha dicho que te ha estado llamando y mandándote mensajes al móvil, y que lo tienes apagado.
- Sí, lo sé. Pero… no los he leído. – Le contesté algo avergonzada por mí actitud. Él meneo la cabeza con desaprobación.
– Le he intentado esconder mis pensamientos todo lo posible, pero es muy bueno con su don y sé que ha visto más de lo que yo quería dejarle ver – Mis ojos mostraron alarma – No, tranquila. No ha visto el embarazo, estoy seguro, porque si no ahora mismo estaría aquí, saltándose el tratado sin miramientos. – Suspiró – Pero está triste… y aunque no debería importarme, ahora mismo solo veo a un hombre sufriendo tremendamente por amor.
Sus palabras me calaron hondo… Haciéndome llorar desconsolada, lo cual me altero, como es lógico, produciéndome una tremenda y alarmante arritmia cardíaca.
- ¡Bella! ¡Por Dios bendito! – Jake estaba asustado, y he de confesar que yo también.
El bebé comenzó a removerse inquieto en mi vientre, produciéndome tremendos dolores.
- ¡Dios, Jake! – Gemí – El bebé está nervioso y me está matando con sus patadas.
Jacob puso sus manos en mi tripa y acercó la cara para hablarle.
- Shu, tranquilo. Deja de moverte así… Estas haciéndole daño a mamá – Ante su acción, sus palabras y su tono dulce, yo me quedé quieta. Muy sorprendida.
Y lo que fue más sorprendente, es que el bebé dejó de moverse y yo pude recobrar el aliento y un pulso normal.
Ambos nos quedamos mirando de forma tierna, con sonrisas bobas en la cara.
- Debes llamarlo Bella… no es justo que esté perdiéndose esto. – Agaché la cabeza, suspirando hondamente.
- Si… tienes razón. – Admití.
- Además ellos podrán ayudarte. Seguro que saben qué hacer, o por lo menos tendrán alguna idea de cómo ayudarte, porque no sé cuánto más durara este embarazo, pero tú no resistirás mucho más tiempo.
- Por favor… - Apreté los ojos – No tengo fuerzas para encararlo.
- ¿Y te importa decirme cual es el plan a seguir? – Me incliné de hombros – No tengo ni idea de cómo va a ser tu parto, Bella… No podré ayudarte. No me hagas ser cómplice de tu muerte, por favor… - Me suplico con lágrimas en los ojos.
Prometí meditarlo, pero le pedí que me diera unos días para aclararme. Había dejado pasar demasiado tiempo. Debí hablar con Edward cuando me enteré. Unos días de asimilación, hubiesen pasado; pero ahora el tema se me había ido de las manos y no sabía cómo enfrentar a Edward.
Al día siguiente, Jake entró en mi habitación como un torbellino y con la cara emocionada y feliz como hacía tiempo no se la veía. Era tal su entusiasmo, que sin saber que había pasado, yo también comencé a sonreír.
- De mano, te pido disculpas. – Arrugué el ceño. – Pero le he comentado esto al viejo Quill. –Fruncí la boca – Toda la reserva sabe que estás embarazada, Bella – Me puso cara de circunstancia, rodando los ojos – Así que he ido a pedirle consejo. Y ya sé el porqué de que no admitas comida. – Lo miré apurándolo a continuar – La comida no es compatible con él. En la alimentación se parece más a papá, que a mamá. – Me miró alzando ambas cejas.
- ¡Claro! – Exclamé – Necesita sangre. Está consumiendo la mía, y la está repartiendo para los dos. Pero él necesita más cantidad cada día. Por eso yo estoy tan débil. – Mis ojos brillaron ante la solución – Debemos conseguir sangre… humana. – Hablé casi febril - Yo podría conseguirla en el hospital, hay un banco de sangre para emergencias que está lleno de bolsas y que no se lleva contada… pero si entro en el hospital sé que mi olor no pasara desapercibido para ningún Cullen… y si me encuentro con algún compañero, Edward se enterará de mi estado. Es demasiado notorio… - me mordí el labio pensando en cómo hacer.
- ¿Es fácil llegar a esa sala? – Me preguntó Jake.
- Sí, realmente sí. No hay control ninguno y está apartada. En el sótano uno, donde las neveras… En la morgue. Se puede entrar por la puerta del subterráneo, pero para llegar allí tengo que acercarme demasiado. Mi olor no pasara desapercibido – relataba emocionada, maquinando cómo hacer.
- Yo la cogeré. – Se ofreció sin dudar.
- ¿Qué? – Pregunté conmocionada. – No, de eso nada. Si te pillan podrían acusarte de robo. No dejaré que te expongas.
- Y yo no dejaré que mueras. Así de simple. Soy un lobo Bella, ¿recuerdas? No seré tan sigiloso como ellos, pero no me va nada mal.
Después de pasarse no sé cuánto tiempo intentando convencerme, acabó por amenazarme de que se lo diría a Edward, y hablaba muy en serio.
Planeamos el robo al detalle. Nada podría salir mal. Nada. Además, llevaba refuerzos. Quill y Embri sus hermanos de armas, se habían apuntado a la aventura, una vez Jake les contó en la más estricta confidencia lo que pasaba.
Esa noche sería el gran golpe. Y yo, a cada minuto que pasaba, estaba más y más aterrada, pensando en que al día siguiente tendría que bajar a comisaría a pagar su fianza.
Entretenida en eso, oí ruidos en la ventana.
Me levanté con cuidado de la cama y me asomé, como ya estaba comenzando a amanecer, pude distinguir a Quil y a Embri.
- Bella… Vístete y sal. – Me pidieron en susurros. Me pareció rara su actitud, pero en completo silencio hice lo que me mandaron.
- ¿Qué es lo que pasa? ¿Y Jake? – Pregunté comenzando a alarmarme.
- Shu… Vamos, te está esperando fuera de la reserva.
Embri me cargó en brazos y salimos disparados hacía donde nos esperaba Jake. Pasamos la reserva y seguimos avanzando adentrándonos en el bosque. Y a cada paso que dábamos yo me sentía más angustiada.
- ¿Dónde vamos? Estamos muy lejos de la reserva… - Susurré. Estaba tan nerviosa que no era capaz a hablar más alto.
Llegamos a la orilla del rio Calawah; el amanecer estaba sobre nosotros y los primeros rayos de luz lo bañaban todo dándole unos tonos preciosos. Mirando todo a mí alrededor, me fije que Jacob estaba a unos pocos pasos con la bolsa de deporte que había cogido de su casa.
Embri me bajó, pero me sujetó para que caminara hasta él, el cual se acercó acortando la distancia.
- Lo he traído todo. – Me informó con una gran sonrisa – La verdad es que hay un descontrol alucinante – Bufó con su habitual sorna – He podido traer todas las bolsas de sangre que me has pedido y el material intravenoso para inyectártelo. Nadie me ha visto, tranquila. No tengo al FBI siguiéndome la pista, jaja – Rió despreocupado.
Nuestros ojos se encontraron, y él los apartó quitándome la mirada; pero me dio tiempo a darme cuenta de que algo pasaba; Jake estaba tenso. Lo notaba.
- Venga – Sacó el material y la nevera hospitalaria para que la sangre no se coagulara. – A ver qué tan buena enfermera eres poniéndote una vía tu solita. – Su tono era risueño, pero sabía que pasaba algo.
- ¿Aquí? – Pregunté extrañada. Los tres asintieron con fervor.
En ese momento preferí hacer lo que me decía e inyectarme la sangre de una vez, rezando porque eso resolviese el asunto de mi inanición y mi estado al borde de una parada cardiaca. Introduje en mi vena la vía y Jake me pasó una de las bolsas de sangre, calentándola antes entre sus manos, según mis indicaciones.
Abrí el gotero y la sangre comenzó a entrar en mi organismo. Tanto ellos como yo, estábamos tensos y expectantes esperando cualquier reacción por mi parte.
Cuando llevaba "tragada" la mitad de la bolsa, noté como mis constantes parecían normalizarse y sentí una ligera sensación de fuerza.
- ¡Bella! – Me llamó Jake sujetándome la cara con ambas manos – Tus mejillas… Están sonrojándose – Sonrió. - ¡Está funcionando!
- ¡Sí, funciona! –Hablé alto y claro – Me encuentro mejor. No para ponerme a correr, pero sí que me noto más animada y al cuerpo más receptivo.
Rodé el cuello, estirándome, y moví los brazos y los dedos. Todo parecía estar volviendo a funcionar de forma natural.
La bolsa se acabó y decidí ponerme otra. Quería que el bebé se alimentase bien y yo, recuperar mi propia sangre y estar fuerte para el momento del alumbramiento, porque algo me decía que no tardaría en llegar.
- ¡Oh… qué bien! Me encuentro mejor por momentos – Sonreí. Me acaricié la tripa con mimo – Come mi vida… Que hambre has debido pasar… - Le hablé con tono materno.
- Eso no tendría que haber sido así – Habló una voz a nuestro lado haciéndome sobresaltar.
Jacob se apartó, cabizbajo, dejándome ver de quien provenía la voz. Eso era lo que escondía… Que teníamos visita.
- ¡Carlisle! – Exclamé nerviosa.
- Cielo… - Esme me miraba la tripa conteniendo la emoción.
Rose se adelantó unos pasos al resto y me contemplaba maravillada.
- ¡Jesús! Era cierto… Estás… Estás embarazada. De uno de nosotros… - En su voz se captaba el deleite absoluto – Me vas a hacer tía – Sonrió ampliamente.
Toda la familia estaba allí. Todos menos Edward.
Carlisle avanzó y se agachó a mi lado. Me pidió permiso para tocarme, a lo que yo asentí con la cabeza. Aún estaba algo conmocionada por la visita.
Lo primero que hizo fue comprobar que la vía estuviese bien colocada. Después me tomo el pulso, la temperatura y me palpó el vientre, para acabar poniendo su cara en mi tripa escuchando.
Al cabo de un minuto, eterno, alzó la cara y me miró con una sonrisa de completa felicidad.
- Su corazón late… Está, vivo… o viva. – Igual que Rose, su voz expresó sin lugar a dudas, su deleite y en cierta forma, asombro. – Aunque beba sangre, - levantó la cabeza para mirar a su familia – Tiene una fuerte parte humana. – Volvió su mirada a mí. – Estas engendrando un bebé mitad vampiro, mitad humano… Y… Tú, sigues viva. – Pestañeo fuertemente, incrédulo. Yo fruncí el ceño, confundida por sus palabras. - Es la primera vez que veo esto – Añadió.
- Y yo… - Agregó Jasper, que después de la charla con Carlisle, me enteré que era poco menos antiguo que él. – ¡Jamás! Había oído hablar de algún caso… pero la madre moría a las pocas semanas. – Me estremecí. – Y el bebé también. – Aclaró.
- Estos bebés, necesitan sangre para vivir, por lo menos dentro del vientre materno – Aclaró Carlisle – Pero a las pocas semanas, su ansia de sobrevivir los hace beberse a su madre, matándola. – Meneó la cabeza – Es increíble que él – tocó mi tripa – haya sido lo suficientemente inteligente como para controlarse y repartir… Lo justo para poder sobrevivir ambos.
- Llamarme ñoña… pero aparte de inteligentísimo, su amor por su madre lo ha hecho ser piadoso y no matarla – Esme se acercó y también me acarició la tripa.
- Sabía que haría lo posible por seguir con vida por él. – Puse mi mano sobre la de Esme. – Todos los hijos son un milagro… Pero este lo es por partida doble. – Sonreí, feliz.
Estaba completamente alucinada con lo que estaba pasando, pero tener a mi familia vampira… y ahora, estaba dándome cuenta de lo real del término "familia", me hacía estar mejor. Ellos eran el punto que faltaba para sentirme feliz completamente; ya que con Jake, aunque me había tratado y cuidado de forma irreprochable, no me sentía bien demostrándole lo feliz que me encontraba con mi estado de buena esperanza. Me parecía ser cruel.
- ¿No estáis… enfadados? – Pregunté tímidamente. Todos me miraron, y me sonrieron, pero su gesto no llegó a sus ojos.
- No, cielo – Contestó Esme después de mirar a su familia, para acabar contemplándome a mí.
- Deberíamos, sinceramente… - Añadió Rose – Dejarnos al margen de eso, me parece cruel.
- Pero… hemos hablado y todos entendemos lo sucedido. Ha sido muy difícil para ti, y bueno… Ahora estamos aquí. – Carlisle me acarició la cara con ternura. – Sé que nuestra charla fue muy dura para ti. – Me miró compungido.
- Las cosas ahora son distintas, Carlisle. Dentro de mi vientre llevó a un bebé el cual la mitad de su código genético es vampiro… Y no me importa. Ni lo más mínimo. – Sonreí feliz.
Pero aún faltaba el punto más importante de todos:
Edward
Alcé la cabeza y mis ojos se encontraron justo con los que buscaba, los cuales también estaban observándome. La conocía bien, y solo por su forma de mirar, sabía que estaba esperando el momento para decir algo.
Justo cuando iba a preguntar por él, Alice se me adelanto.
- No está aquí – Me contestó a mi pregunta muda. – No está en Forks. – Fruncí el ceño, angustiada.
Todos los Cullen nos miraban de hito en hito entre ella y yo. La tensión que vaticiné hacía unos instantes, ahora era más que palpable.
- ¿Se enteró de esto… - señalé mi vientre – y se ha ido? – Pregunté en un hilo de voz.
- No… nosotros nos hemos enterado hace unas horas. Me encontré con Jake… bueno, lo olfatee y lo seguí – Aclaró Carlisle – Y al final, después de increparlo un poco – Sonrió hacía Jacob, con culpa – nos contó lo que pasaba.
- Realmente crees que si Edward se hubiese enterado de tu embarazo, ¿hubiera huido? – Me preguntó Rose en tono cortante. – Me parece insultante que creas eso, con lo muchísimo que él te ama… - Suspiró. Emmet la agarró por los brazos, acariciándoselo.
- Vamos Rose… Tranquila. – Le susurró tiernamente.
Me fijé en las caras de los Cullen, y mostraban una gran tristeza. Algo había pasado; algo muy grave, para tenerlos así de afligidos y tensos; y algo me decía que no solo era por lo sucedido con mi embarazo.
Entonces, un nombre vino a mi mente de inmediato…
- ¿Dónde está Edward? – Me levanté casi de un salto. – Jacob y Embry me sujetaron para que no perdiese el equilibrio. - ¿Qué es lo que ha pasado? – Alcé la voz temblorosa.
- No podía soportar esta situación… Estaba completamente seguro de que no volverías. Nuestra condición era superior a tus fuerzas… a tu amor por él, y lo sabía. – Las palabras de Alice eran duras y su tono agitado por la emoción que emanaba de ella. – A sí que ha decidido hacer algo extremo para solucionar vuestros males mutuos. – Abrí los ojos, a la par que fruncía el ceño.
Notaba como la tensión arterial se me subía a las nubes, palpitándome contra mis arterias.
- Alice… - La llamé con advertencia, mirándola de reojo.
- Se ha ido con los Vulturis… - La mire sin comprender. – A morir.
Lo último que escuche antes de desplomarme, fue un – Oh – de varias voces al unísono, en los brazos de Jacob.
