CAPITULO 61. VUELVE


PV EDWARD

A bastantes metros de llegar a casa, después de la partida de caza que habíamos organizado para dejar solos a Carlisle y a Bella, sabía que ella no estaba. Una ligera fragancia bailaba en el aire; ella había salido de nuestra casa.

Alice comenzó a tener una visión, pero no era nítida y antes de que yo pudiese llegar a ver nada, ella la cortó.

Me giré en mitad de la carrera y ralentice la velocidad para ponerme a su lado.

- Se ha ido… - No era una pregunta, y aunque lo hubiese sido, su cara lo decía todo. Estaba desolada.

- Yo… no podía ver su reacción. Cuando está muy nerviosa me bloquea… - Inhaló profundamente – Pero tenía la esperanza de que no se fuera. –suspiró.

Salí disparado hacía casa, dejando al resto rezagados; aunque nadie apuró el paso. Todos se habían enterado ya de que Bella había decidido irse. Así que me dejaron llegar el primero, para afrontar esto a mí manera; sin agobios.

- ¡Carlisle! – Lo llamé. Justo en ese momento, salía del Mercedes, el cual había dejado aparcado en la entrada de la casa. Su rostro lo decía todo.

- Edward… - Susurró mi nombre apesadumbrado. – Se ha ido… - Estoy seguro que de poder… hubiese llorado en ese momento. Jamás había visto así a mi padre. – Y tengo serias dudas de que vuelva.

Se acercó a mí, colocando su mano en mi hombro y abrió su mente, dejándome ver la conversación que había tenido lugar hacía unas horas.

En ella, tal y como me había dicho mentalmente antes de dar comienzo la misma, le había explicado a Bella todo respecto a nosotros. Sobre nuestra naturaleza, sin pelos en la lengua.

- Yo… No sé si he hecho bien en relatárselo así… Yo… debería haber sido más cauto… - Mi padre divagaba, cosa extrañísima en él; en sus palabras se palpaba la disculpa hacía mí.

- No, Carlisle – Corté su sufrimiento. – Has hecho bien. No podíamos seguir ocultándole nuestra naturaleza a Bella. Debías decírselo todo, como has hecho. No te lamentes. – Esta vez fui yo el que apoyo mi mano en su hombro.

- Bella debía saber todos los detalles que conlleva el convertirse en vampira. – Agregó Alice acercándose a nosotros – No era justo ocultarle algo tan relevante.

- Si me disculpáis, ahora quiero estar solo – Me excusé, con toda la calma y buenos modos, y me preparé para salir disparado.

- ¡Edward! – Me llamó mi padre alzando la voz. – Le prometí, que no interferiríais en su momento de reflexión. – Su tono estaba cargado de advertencia y en cierta forma, de súplica. – Te lo pido por favor, hijo. No vayas… No me hagas romper otra promesa con Bella. - Asentí, y salí como un rayo.

- Irá… - Escuche a lo lejos a Alice – Pero no la molestara, solo necesita verla. – Informó al resto de la familia.

No haría a Carlisle romper su promesa, pero tal y como había dicho mi hermana, necesitaba verla tanto como alimentarme. Era una necesidad vital.

Cuando llegué estaba dormida. Vestida. Tenía las mejillas coloradas, pero el rostro pálido. Estaba completamente congestionada por las lágrimas.

Lo que había tenido que escuchar había sido demasiado para ella.

No quería verlo, intentaba convencerme a mí mismo de que podría con ello… Pero lo sabía. Sabía que Bella no estaba preparada para algo así.

El único consuelo que tenía era que había recapacitado y había llamado a Jacob Black para pasar unos días en la reserva.

Odiaba con todo mí ser que estuviese en tal cercanía con los lobos, pero algo me decía que no debía preocuparme, ya que los pensamientos del chico cuando recogió a Bella a la mañana siguiente, eran serenos y tranquilos. Cargados de dudas y de auténtica preocupación por ella.

Estaría bien. Estaba seguro.

Los seguí escondido por el bosque; tenía pensado acompañarlos hasta la divisoria, como una despedida en las sombras, pero Jacob alertó a Bella de mi presencia y ella contestó algo que mis oídos no estaban preparados para escuchar:

- Por favor, Jake… - Rogó con su voz tomada – Acelera… No quiero que nos vaya a parar… - Su suspiró fue tan alto que no tuve que esforzarme para oírlo. – Ahora mismo no podría encararlo… Por favor – estaba tan nerviosa, que no respiraba; jadeaba.

Eso me partió el corazón. Me dejó clavado en el sitio. Pasee mis manos por el pelo, y corrí en dirección contraria. Sabía que él notaria mi cambio de rumbo y así se lo haría saber a ella.

Mi única preocupación ahora, es que ella se relajara. Mientras no estuviese tranquila, no reflexionaría y pensaría las cosas con calma.

Durante días, anduve deambulando sin rumbo fijo. Iba a trabajar como un autómata, para no levantar ninguna clase de habladuría, ya que durante estos meses, bastantes corrillos habían hecho a nuestra costa; haciendo suposiciones, algunas bastante ofensivas, sobre nuestra ruptura.

Pero que su tranquilidad fuese lo que más me preocupase en esos momentos, eso no restaba a que yo estuviese más muerto aun.

No me relacionaba con nadie, lo justo y necesario en el trabajo y por casa solo pasaba casi a hurtadillas a cambiarme y cruzaba palabras medidas con mi familia. La cual me estaba dando espacio ya que comprendían mi estado de apatía y tristeza constantes.

Por las noches, me acercaba a la línea divisoria, la que pasaba por el bosque lindando con nuestro territorio, intentando "encontrarme" con Jacob.

Estaba casi seguro que no me diría nada concreto, pero entre alguna palabra que él tuviese la deferencia de decirme y pensamientos que pudiese yo robarle, me haría una idea de cómo estaba Bella.

Más de una semana tuve que esperar para tener noticias suyas; ya que había apagado el móvil cortando así cualquier comunicación.

Y ahora, al amigarse con el chico lobo, su misión de esconderse de nosotros le había salido a pedir de boca, ya que estando en la reserva, era terreno prohibido para nosotros y ella lo sabía.

- Jacob – Lo llamé cuando distinguí su olor.

El chico estaba haciendo la ronda de vigilancia que hacían cada noche por esa parte de la divisoria; iba acompañado de otro lobo, el cual gruñó al escucharme.

Ambos, en su aspecto lobuno, se pararon una vez estuve a su vista, a unos 15 metros.

Jacob desapareció unos instantes detrás de unos matorrales, y apareció en su apariencia humana.

- Tranquilo Embry… Aléjate, déjanos solos. – El lobo lo miró gesticulando; incluso estando en su condición animal, pude reconocerle perfectamente la cara de desconcierto ante la orden del Alfa. Jacob se acercó a mí, acortando unos metros la distancia. - ¿Qué quieres? – Me preguntó serio, pero no ofensivo.

- De antemano me disculpo por presentarme así, pero… estaba corriendo por el bosque cuando distinguí tu olor, y me acerqué. – No iba a decirle que llevaba ocho noches esperando a que apareciese. Aunque no me pareció que creyese mi versión – Quería… Necesito hablar contigo – Lo miré, dejándole ver mi alma dolorida. – Sé que le serás leal a Bella, y me alegro de ello… Pero, por favor. Como hombre te pido… ¡No!, te suplico, que me digas algo de ella. – Rogué.

Me daba exactamente igual rebajarme ante un lobo así; pero si no tenía noticias de Bella, acabaría por enloquecer.

Tal como había supuesto de antemano, él no entro en grandes detalles, pero algún pensamiento se le escapaba por muy bien que intentaba cerrar su mente a mí.

- Bueno… ella está triste. No te lo voy a negar. Pero estar con nosotros, a sabiendas que allí no podéis entrar, le está haciendo bien. – De primeras, su tono tenía un ligero deje de superioridad, el cual fue desapareciendo a medida que hablaba.

Me relató que había comenzado de nuevo la rehabilitación con una fisio de la reserva y que estaba avanzando bien y deprisa. Lo cual me alegro. Y que ya podía dar pequeños paseos por la playa.

– Ella te quiere. – Soltó de pronto después de unos segundos de silencio. Yo agaché la mirada – Te estoy siendo de lo más sincero… ¿Crees que me inventaría algo así si no estuviese segurísimo? – Él malinterpreto mi gesto de tristeza, por uno de duda, por lo que se explicó - Primero ella fue mi primer amor, y segundo está enamorada de mi enemigo acérrimo. Solo con eso, creo que deberías creerme. – Asentí en silencio. – Pero… por mucho que te ame, tu condición la supera. No es capaz de asimilar y aceptar que seas un vampiro. Un no vivo.

- Tenía la esperanza que su amor hacía mí fuese suficiente… Pero… no lo es. – Murmuré compungido.

- No es que no lo sea, Edward – Esa era la primera vez que el chico, que Jacob, se dirigía a mí por mi nombre. En ese momento estaba tratándome como a un igual. De hombre a hombre – Está locamente enamorada de ti. ¿Por qué crees que se ha alejado y atrincherado en la reserva? – Hizo un mohín; casi una sonrisa. – Pero el problema de todo esto, es que sabe que para continuar juntos, ella deberá cambiar. Que antes o después, tendrá que convertirse en lo que tú eres.

Como despedida, le mostré mi agradecimiento tanto porque me hubiese facilitado información de ella, por su opinión y lo más significativo, que se hubiese siquiera dignado a hablarme.

Le pedí que siguiera cuidándola y mimándola.

- Si no te importa… - comencé con tono meloso – en unos días… - no sabía realmente como entrarle, ya que no quería forzar la situación.

- Te mantendré informado. – Sonrió levemente – Aunque me fastidie… - Bufó – Entiendo por lo que estás pasando… y bueno, en cierta manera, no dejas de ser un hombre sufriendo por su enamorada. – Rodó los ojos por su declaración poética.

Ambos sonreímos y sin concretar ninguna fecha, de forma tácita quedamos en volver a vernos.

La conversación con el chico lobo le dio un poco de alivio a mi alma, ya que por lo menos ella estaba en cierta manera bien, y eso me era un consuelo.

Pero al cabo de un par de días, esa sensación de tranquilidad se esfumó.

Quería verla… Quería tocarla… Quería besarla… Necesitaba que volviera.

Vuelve…

Me repetía una y otra vez. Pero mi petición caía en saco roto. Y para más desesperación, cada noche rondaba la línea divisoria en busca de Jacob; pero él nunca aparecía. Siempre eran otros chicos los que hacían la ronda.

Hasta que al cabo de días, haciendo mi propia ronda, escuche algo que captó mi atención en los pensamientos de los lobos que patrullaban a pocos metros de mí.

- Con el cuento de que Jake no quiere dejar sola a Bella… Nos estamos comiendo sus guardias.

- Bueno… a mí también me molesta tener que hacer más turnos, pero entiendo que no la quiera dejar sola. ¿Has visto lo mucho que ha adelgazado en estos últimos días?

- Jake dice que es un virus estomacal… Pero… No sé… Me parece excesivo.

- No solo estará así por el virus… Ella está mal por el chupasangres del Cullen. Sigue loca por él.

- Ya, la verdad que entiendo que esté tan jodida, porque enamorarse de alguien que está muerto, pero camina… Es como un zombi. Tiene que ser repugnante.

Omití sus comentarios ofensivos hacía mí y mi familia, centrándome solo en que Bella se había puesto enferma y que seguía enamorada de mí.

Pero eso solo hacía más que complicar las cosas. Era muchísimo más frustrante. Porque si me dejara de querer, sería más llevadero; Dentro de la agonía que supondría ese hecho.

Dicen que el que la sigue la consigue, y por fin pude encontrarme con Jacob otra vez.

- Gracias al cielo que te encuentro – Le dije nada más acercarme – Sé que no te importará mucho, pero estaba desesperado al no encontrarte y no tener noticias de Bella. – Esta vez el chico estaba distinto. Estaba triste, y cerraba su mente con mucho más ahínco que la vez anterior.

- Sí, bueno… Bella ha estado algo enferma por un virus estomacal. ¡Aunque ya está recuperándose! – Su efusividad no me gustó, haciéndome sospechar de inmediato y por tanto, aplicándome más en intentar indagar en su mente.

- Ella… - suspiró – Ella no es capaz de aceptarte, Edward – Dijo con tono cauto, pero fue igual que un jarró de agua helada – Te quiere, y estoy convencido que jamás dejará de hacerlo… Pero, aunque pese a todo pronóstico y ante mi propia sorpresa, te he defendido diciéndole que te dé señales de vida. -Sonrió de lado – Pero ya la conoces, es terca como una mula – rodó los ojos, ante lo que yo sonreí – Cuando le insisto se queda callada, pone cara triste o cambia radicalmente de tema. No tiene valor para encararte.

Se hizo un silencio. Tenso. Jacob estaba sopesando como decirme algo. Algo grave. Y mientras, algún recuerdo se filtraba por su mente. Imágenes de ella. Y aunque me sentía en la gloría de contemplarla a través de su mente, me inquieté por la extrema delgadez que se le veía.

- Edward, ella está pensando en marcharse… Lejos – Me quedé completamente de piedra – Rehacer su vida, como dice ella… "como pueda" – imitó su voz – Empezar en otro sitio. Sabe que aquí, le sería imposible. – Yo seguía cual estatua – No es algo definitivo, por supuesto; pero es una idea que le ronda la cabeza.

Después de explicarme brevemente lo del virus y por eso su pérdida de peso, y que ya empezaba a recuperarse, nos despedimos.

Parecía que esta vez, incluso habíamos sido mucho más cordiales entre nosotros.

Si Bella nos viera hablar así, se alegría.

Cuando llegué a casa, después de un par de días desparecido, entre deambular y el trabajo; Alice me interceptó en nuestro rincón de las confesiones.

- El otro día, volviste a desaparecer de mis visiones – Susurró con cierto tono recriminatorio – Sé que te has visto con el chico lobo.

- Jacob – La corregí.

- Eso… con Jacob. – Canturreó con retintín – Le has ido a preguntar por Bella – No era una pregunta, por supuesto.

Le conté lo que Jacob me había explicado y estuvimos hablando durante un rato; más bien Alice fue la que parloteo. Ella estaba pasándolo casi tan mal como yo, y sabía que necesitaba desahogarse, concretamente conmigo.

- ¿Qué está pensando en irse… lejos? – gritó Alice. – Pero… - Se alzó, en una pose muy digna - Bueno, nunca la perderemos realmente. Siempre la tendremos vigilada – Su pose duró poco, ya que agachó rápidamente la cabeza – Aunque no será lo mismo… por supuesto – Farfulló. – Porque no podremos acercarnos… por lo menos al principio. A lo mejor en un tiempo… - La corté.

- Ahora sabe todo sobre nosotros. – La miré con intención. – Sabe cómo hacer para mantenernos lo más alejados de ella que pueda. – Alice arrugó el ceño – Se mudará a donde más sol halla. Es capaz de irse al desierto. – Mi hermana abrió los ojos y la boca, la comprensión había llegado.

- ¡Dios… Edward! – Jadeó. – La perderemos… - Ante su propia reflexión, se tapó la boca con las manos, en un gesto muy típico de llorar.

Al final, acabamos abrazados y Alice sollozando. Yo intenté mantenerme fuerte, pero en casi un siglo de existencia, esa, era la primera vez que hubiese dado lo que fuera por poder llorar.

Los días pasaban agónicos, desesperantes, y aunque hice ronda por la divisoria todas las noches, sabía que Jacob no aparecería hasta pasados muchos más días. Acción que me hacía contradecirme, ya que por un lado estaba aliviado porque Bella estaba bien cuidada y atendida, pero por otro, él era mi única conexión con ella.

Ya no solo por lo que me contaba, sino por poder verla a través de su mente; aunque en sus recuerdos la veía triste. Muy triste.

Y eso me mataba aún más.

Pedí unos días de baja en el trabajo ya que mi desesperación acabó convirtiéndose en mal humor constante y me daba cuenta de que nadie tenía porque pagar mis malos humos; sobre todo los pobres humanos que me rodeaban durante mis horas laborales.

Por su parte, la familia intentaba animarme, sin éxito, diciéndome que no desesperara. Que Bella era muy terca y que necesitaba tiempo. Que me amaba demasiado como para alejarse así de mí.

- Edward hijo… ya verás cómo reflexiona. – Esme usaba toda su dulzura, pero no me servía de nada – Solo hay que darle un poco de tiempo.

- Sigo diciendo que fui demasiado brusco… demasiado textual. Debería haber usado más tacto, y más, conociéndola. – Carlisle seguía lamentándose.

- El problema, es que ahora está con los lobos… - Rosalie fue la única que no usaba lamentaciones. Mentalmente, me trasmitía de vez en cuando sus verdaderos sentimientos de tristeza, pero se mantenía entera ante el resto – Y eso, no es bueno para nosotros. Seguramente que ellos la estarán poniendo en nuestra contra. – Bufó alterada.

- No lo creo – Contestó Jasper suavemente – Ellos son licántropos, no son humanos normales, y saben que como se las gasta Bella. Si sigue allí, es porque esta cómoda. No solo porque esté escondida y a salvo de nosotros. – Reflexionó durante unos segundos tocándose el mentón – Por un lado, nos viene bien que esté allí. Así verá que ser una "criatura" no es tan malo como ella piensa, aunque seamos de distintos géneros.

Mientras seguían hablando, calculando posibilidades… yo me fui suavemente y eché a correr bosque a través. Corrí, corrí sin dirección. Solo necesitaba desentumecer los músculos.

Al final, acabe en su casa. Acurrucado en su cama, en la de Bella; donde tantas y tantas noches nos habíamos amado, olfateando lo poco que quedaba de su olor allí.

No podía soportarlo más. Estaba al límite. Casi tres meses… Eternos llevaba sin verla; sin tocarla, sin sentirla.

No podía seguir en aquella casa vacía y solitaria; así que volví al bosque. Estaba a punto de amanecer, así que preferí salir del pueblo.

Corrí otra vez sin rumbo, y cuando quise darme cuenta estaba en la divisoria. Meneé la cabeza con una sonrisa sarcástica por la mala jugada de mi cerebro llevándome allí, cuando ya sabía que Jacob no estaba de guardia esa madrugada.

Cuando estaba a punto de volverme, capté las voces de los dos lobos, que ahora iban en su forma humana. Estaban cerca de la reserva y ya había amanecido, así que imaginé que podrían cambiar de forma; normas lobunas; supuse.

- Ha sido una guardia tranquila – Iban comentando, mientras se gastaban bromas entre ellos.

Estaba a punto de irme, cuando su conversación me interesó en gran medida.

- ¿Has visto a Bella estos días? – Preguntó uno de ellos, con tono sorprendido.

- ¡Sí! Es alucinante como se ha puesto en tan poco tiempo… - Contestó con el mismo tono. - ¿Cómo se lo tomara Nessy cuando se entere?

Eso me dejó trastocado.

- No es de Jake, Embry. – Lo riñó el otro chico.

- ¡Vamos! ¿De quién si no? – Le contestó con sorna – No creo que los vampiros puedan reproducirse.

¿Reproducirnos? ¿Qué significaba eso?

- Estos se han dejado llevar una noche de pasión y han dado en la diana. A ver, Jacob siempre estuvo piradísimo por Bella, ¿o no lo recuerdas? – El otro chico asintió, cabizbajo - La aparición de Nessy no fue más que una grandísima putada. Él la ama porque debe hacerlo, porque se imprimó y punto. Si no ahora Bella y él estarían casados y con niños.

- Si, pero si estás imprimado… la propia imprimación no te deja acostarte con otra… ¿No? Se supone que desde que te imprimas, no miras a otras chicas de esa forma – Le contestó dubitativo.

- Pues parece ser que no es así. Te repito, Jacob estaba enamorado de Bella, tanto que muchos creíamos que estaba imprimado de ella. Pero era amor natural; sin rollos lobunos de por medio. Y eso, tiene que dejar secuelas… Como así ha sido. Si no, ¿de quién crees que es el bebé que está esperando Bella? ¿Y por qué lo están escondiendo? ¡Venga Quill, no seas infantil!

- Bueno, hemos quedado ahora, después de la guardia con él. Quiere contarnos algo importante y secreto… ¿Será para decirnos esto?

- ¡Seguro! Venga vamos, ya debe estar esperando.

¿Qué? Bella… ¿embarazada?

Se había dejado llevar en una noche de debilidad… la pena, los momentos de acercamiento por el consuelo… habían dejado abrir viejas cicatrices y habían vuelto a acostarse.

Y otra vez, la había vuelto a dejar embarazada. Y ya se le notaba… así que esta vez, iba a tener el bebé.

Con esta noticia, me quedó clara una cosa:

Ahora que iba a ser madre, jamás volvería conmigo. Bella no criaría a su hijo entre vampiros. Seguramente, no dejaría ni que nos acercáramos a él… o ella. Y siendo de Jacob, menos aún.

Eso me hizo entender porque Jacob llevaba tanto tiempo sin hacer guardias. Sabía que yo estaría al acecho para encontrarme con él, como habíamos quedado, y tendría miedo a que algún recuerdo se le escapara.

La había perdido. Irrevocablemente.

Imágenes de Bella embarazada comenzaron a llegarme a la mente. Tan preciosa, con sus mejillas sonrojadas, y con esa luz que desprenden las mujeres cuando están encinta.

Veía su abultado vientre, mientras ella lo acariciaba con ternura…

Cuanto daría por ser yo el padre de ese bebé y ser yo quien le acariciara la tripa, uniendo nuestras manos sobre ella.

Pero sabía que eso no era posible. Jamás volvería a saber nada de ella. Estaba completamente fuera de su vida.

Quería morir. En ese preciso momento, que algo fuera capaz de matarme y dejar de sufrir…

Los Vulturis

Ellos harán el trabajo. Eran buenos gobernantes, buenos vampiros que hacían respetar el equilibrio de los vampiros entre los humanos, y por eso mismo, no dudarían de matarme si ponía en riesgo la seguridad de nuestra confidencialidad.

Si por las buenas no lo hacían, no sería difícil hacer cualquier acto público para que actuaran.

Era una opción de cobardes; pero era la única opción.

Bella había sido la elegida para ser mi compañera; mi mujer por la eternidad… Y la había perdido. Deambularía solo por los restos, y acabaría dañando a mí familia o incluso poniéndola en algún apuro serio.

Estaba decidido.

Fui a casa y escribí una carta de despedida para toda la familia. Y dos aparte, una para Alice ya que ella era mi cómplice, mi niña y merecía eso de mí. Sabía que de esta forma, podría superar mi ausencia de una forma más llevadera. Y la otra, para Carlisle. Agradeciéndole esta extraordinaria vida que me había regalado, y haciéndole entender que él no tenía culpa alguna, liberándolo así, de una existencia cargando con remordimientos infundados.

Era lo menos que podía hacer por ellos. Los quería, eran mi familia. Pero no podría vivir sin Bella.

Saqué los billetes pertinentes, y esa misma noche, comenzaría mi andanza hasta Volterra.

Mi último viaje.

Bella PV

A la mañana siguiente, en la casa Cullen…

- Parece que vuelve en sí – Escuché una voz a lo lejos.

- Le traeré un poco de agua…

- No… la vomitará. Créeme – Las voces comenzaban a acercarse y ser más claras.

- ¿Lo vomita todo?

- Prácticamente… Lleva mes y medio sin comer nada sólido. A excepción de la sopa de fideos… Debe ser que al bebé le gusta y lo tolera… - Risas. Hay gente riéndose a mi lado. – Por lo demás, se ha mantenido a base de ese suero y algún zumo.

- Es increíble que no le haya dado un fallo cardiaco. – Noto como arrugo la frente ante ese comentario.

Un tremendo suspiro sale de mi boca y mi bebé se mueve en la tripa, despacio.

- ¡Ya despierta! ¿Habéis visto como se le ha movido la tripa? ¡Es increíble! – Esa voz cantarina… Es Alice.

¡Alice!... ¡Edward!

Eso hace que abra los ojos de golpe, y me incorpore, siendo ayudada por unas grandes manos, que reconozco en seguida como las de Emmet.

- ¡Edward! – El grito salió de mi boca sin poder contenerlo.

- Tranquila Bella – Carlisle apoyó su mano en mi tripa con gran suavidad y ternura. – Despacio. – Me sonrió. – Quien iba a decirme hace un año, que acabarías haciéndome abuelo – Su sonrisa era auténtica a la par que amorosa, contagiándomela.

Me relataron entre todos, e intentando mantener la calma, supongo para no ponerme más nerviosa, lo que había pasado.

- ¿De un día para otro tomo esa decisión? - Pregunté extrañada.

- En la carta que dejó de despedida, solo mencionó que te había perdido para siempre. Que ya no le quedaban dudas de que tú jamás volverías a su lado, y que eso la había hecho perder todo aliciente por vivir. – Relató Carlisle. Mi mirada no se apartaba de la de Alice, al igual que la suya de la mía tampoco.

- Alice… - La llamé - ¿No dices nada? – Se inclinó de hombros y yo la miré alzándole una ceja. – Tú siempre tienes opinión para todo.

- Solo sé, porque se ha esforzado mucho en que no viese nada, de que algo tuvo que suceder para él decir que estaba tan seguro de haberte perdido. De algo se enteró, que no nos aclaró, que le dio esa seguridad respecto a vosotros.

- ¿Se enteraría de tú embarazo? – Me giré y vi que Jake estaba allí. No se había apartado de mí lado; al verlo, le mostré una gran sonrisa de agradecimiento y él me guiñó un ojo.

- ¡Eso es! Edward se enteró de tu embarazo de alguna forma, y dedujo que el bebé era tuyo – señaló Alice a Jake. – Ahora está todo claro.

- Tiene lógica, Alice hija. Mucha… - Meditó Carlisle.

- Aunque no es relevante… - intervino Jasper - ¿Cómo se enteraría?

El salón se sumió en un silencio reflexivo, hasta que Jacob lo cortó.

- Debió escuchar a alguno de los chicos. Él siempre andaba por la divisoria para intentar verme y que le contara como estaba Bella. - Jake se giró y se disculpó con la mirada - En estos últimos días, el embarazo de Bella era más que evidente – Rodó los ojos – Y era la comidilla de la reserva. Muchos de nuestros vecinos chismorreaban sobre si el bebé era mío, y sé que entre los chicos también comentaban eso, haciendo sus propias suposiciones.

- Alice – La llamé - ¿Qué ves? ¿Lo ves a él? – Pregunté nerviosa.

- Sí. Aún no ha llegado a Italia porque tuvo que embarcar en el vuelo de la mañana, ya que como no quiso esperar al que salía de Seattle lo ha cogido en Washington directamente. – Calculó – Tardará aún muchas horas en llegar. – Alice me miraba con un brillo especial en los ojos.

- Mira el primer vuelo a Italia que salga… desde donde sea, y como sea. – La apuré. – Me voy a Italia a por el amor de mi vida… A por el padre de mi hijo.

Bueno, bueno... como se ha puesto esto en un momento, ¿verdad?

Como solo le quedan dos capis al fic, quise regalaros un Edward PV de despedida, que a todas nos encanta.

EN el próximo, se desvelará si Bella llega a tiempo a Volterra a salvar al padre de su hijo.

Recordar, nunca dije que esto tuviera que acabar bien a la fuerza.

Solo lo dejo caer...

Besos grandessssssss! :-)