CAPITULO 62. NO ME IMPORTA LO QUE SEAS
Bueno nenas... Después de una tremenda espera, aquí os dejo, por fin, el capi.
Habéis de perdonarme, pero las navidades son matadoras,
y tantas fiestas, niño de vacaciones y trabajo...
Dejan poco tiempo para escribir.
Os dejo la primera parte del capi, espero que os guste.
Intentaré por todos los medios, publicaros la segunda a la mayor brevedad
Mil besitosssssss
Carlisle movió contactos y conseguimos un avión privado para toda la familia, sin escalas. Eso nos haría recuperar la ventaja que Edward nos llevaba.
Todo se hizo en cuestión de minutos. Realmente habían pasado algunas horas, pero para mí toda pasaba a cámara rápida.
Mi familia vampira se movía y reaccionaba a su velocidad propia y yo miraba como una espectadora.
Estaba tan nerviosa, tan superada y tan conmocionada, que no era capaz ni de hablar.
- Llegaremos a Volterra solo un par de horas después que Edward. – Predijo Alice.
- Pero… ¿Cuál será la contestación de los Vulturi a su petición de muerte? – Preguntó con voz agónica Esme.
- Le van a decir que no. Por supuesto. – Contestó tajante Alice. – A Aro le parecerá casi hasta insultante, que un vampiro con un don tan valioso como el de Edward, quiera morir irrevocablemente.
- Eso es bueno… Nos dará más tiempo antes de que se le ocurra hacer una estupidez – Resopló Rose; la cual intentaba ocultar su más que visible nerviosismo.
- No os preocupéis por eso… Aro va a entretenerlo, intentando convencerlo de que se una a su guardia. Aun así, hasta el día siguiente, cuando vuelva a salir el sol, Edward no hará nada.
- ¿Hasta que vuelva a salir el sol? – Preguntó Emmet.
- Sí. Edward tiene bastante claro que Aro no querrá matarlo; así que ya tiene pensado un plan alternativo; que no es otro que mostrarse en público a la luz del sol. – Resolvió la duda.
- Por eso el motivo de que lo retenga – Agregó Carlisle, ante el asentimiento de Alice – Él sabe que nada más que lo deje marchar, hará algo para que la guardia tenga que intervenir.
- Es una estrategia propia de un buen soldado – Comentó Jasper.
El cual se acercó a mí y posó su mano en mi tripa, no antes de pedirme permiso de forma muda. Su contacto hizo que el bebé y yo nos relajásemos. Cosa que necesitábamos ambos.
- Tranquila Bella… Todo saldrá bien. – Me animo con una de sus dulces sonrisas.
Aumento progresivamente la fuerza de su don sobre mí, hasta que consiguió que me durmiese. El viaje sería largo y realmente necesitaba descansar y recuperar fuerzas, ya que el día siguiente sería muy ajetreado y cargado de emociones.
De vez en cuando, notaba la mano de Jasper sobre mi vientre y la somnolencia volvía a mí, durmiéndome otra vez.
Cuando al fin abrí los ojos, el sol entraba por las ventanillas del avión.
- ¿Dónde estamos? ¿Qué hora es? – Pregunté algo desorientada.
- Tranquila cariño – Carlisle se acercó a mí y pasó su brazo por mis hombros amorosamente – Estamos cerca de Italia. En una hora más o menos aterrizaremos. Un coche está esperándonos en el aeropuerto para llevarnos a Volterra.
- Vamos bien de tiempo, Bella. No te agobies. – Respondió Jasper.
- Está a punto de entrar en el palacio de los Vulturis. Aro ya está esperándolo. – Informó Alice. – Llevo toda la noche sin quitarle los ojos de encima.
Tal y como me informó Carlisle, al llegar al aeropuerto italiano, un monovolumen nos estaba esperando para llevarnos directos a Volterra.
El viaje duró poco más de una hora, pero a cada minuto que pasaba, mi pulso iba disparándose en mi organismo llegando al punto de pensar, que el corazón me saldría disparado del pecho.
Tenía miedo… Ya no miedo a llegar tarde, porque Alice se había pasado todo el viaje repitiéndome que llegaríamos más que de sobra para detenerlo en su locura.
Mi miedo provenía de sentimientos más internos…
Y si… No quería escucharme.
Y si… No quería perdonarme.
Y si… No quería saber más de mí.
Y si…
Y si…
Todo era conjeturas, suposiciones y muchos, "Y si…"
- Bella – Alice me sacó de mi ensimismamiento – Ya estamos en Volterra. Esa torre que ves allí al fondo, es parte del castillo Vulturi – Me señaló; a lo que yo asentí, mirando por la ventanilla tintada del monovolumen.
Cuando quise darme cuenta, estábamos delante de la gran puerta ornamentada del castillo y alguien a mi lado habló:
- Bienvenidos… Estábamos esperándoos.
Edward PV
El viaje hasta Volterra se había hecho eterno, y esa sensación para un vampiro es harta difícil, ya que nuestra percepción del tiempo es muy relativa; lenta, sería la palabra más adecuada.
Pero después de horas y horas de viaje, por fin había entrado en aquella ancestral y románica ciudad. Hacía muchísimos años que no la pisaba, pero nada había cambiado.
Aunque emocionalmente no había realizado el viaje solo. La presencia de Bella y de mi familia me había acompañado durante las interminables horas.
Fui recopilando imágenes, situaciones, vivencias… incluso detalles que ya tenía olvidados de nuestro tiempo juntos.
Con Bella habían sido unos brevísimos meses, pero los más intensos e importantes de mi vida.
Cuando quise darme cuenta, estaba delante de la impresionante puerta del castillo Vulturi, donde Jane y Alec me estaban esperando para recibirme.
- Bienvenido Edward – Me saludó Jane con su voz dulce pero perversa. – Aro te espera.
- Me lo imaginaba – Respondí sin emoción en mi voz.
Me dejé guiar por los pasadizos del castillo por los hermanos, los cuales eran predilectos para Aro por sus dones.
No tenía ningún temor. Aro, Callo y Marco eran nuestros "reyes", por así decirlo; Eran gobernantes justos, reflexivos y en cierta forma hasta bondadosos… La mayoría de las veces, ya que su extremada exigencia en que nos comportáramos correctamente en el mundo de los hombres, los llevaban a tomar decisiones un tanto desmesuradas en sus castigos.
Por eso tenía mis dudas en que quisieran ayudarme… O incluso que una vez Aro viese el motivo de mi sufrimiento y a raíz de él, mi petición de muerte, no quisiera dármela; si no que intentase consolarme, ayudarme o hacerme cambiar de idea.
Hacía mucho tiempo que sabía de su deseo de que me uniese a su guardia. De que llegase a ser uno de sus predilectos, dotándome de su confianza.
Pero yo no me veía tomando decisiones sobre castigos a otros de mi especie por algún comportamiento inadecuado; no quería tal cargo. Yo estaba feliz formando parte de una familia; de una como la que Carlisle había conseguido forjar. Unir con lealtad sincera. No estar dentro de un gobierno.
Jane picó a la gran puerta tallada de madera robusta y ornamentada, para de seguido abrirla, dándome paso.
- Los tres están dentro. Esperándote. – Me anunció. Y con las mismas, ella y su hermano se retiraron por un acceso lateral.
- Pasa, Edward – Se escuchó la voz de Aro profunda y segura, desde el fondo del gran salón.
Caminé hacía él, despacio pero seguro. Pude distinguir que no había nadie más que ellos tres y yo en la habitación. Aro siempre había sabido de mis buenos propósitos, no teniendo que temer por mi actitud ante él o sus hermanos.
- Edward, Edward… - Me llamó condescendiente; me recordó a Carlisle – Acércate, llevamos horas esperándote. – Le alcé una ceja, a lo que él rió – Tenemos una nueva incorporación entre nosotros que predice visitas – sonrió – No es lo mismo que lo que Alice puede llegar a ver, pero nos vale para estar prevenidos.
Aro ansiaba a mi hermana incluso más que a mí mismo. Pero jamás había intentado convencerla o coaccionarla; eso iba en contra de todo su respeto por el pueblo que cuidaba. O sea, nosotros los vampiros.
En las dos ocasiones que habíamos estado allí, se lo había propuesto, pero sin ningún éxito.
- Permíteme ver qué es lo que te trae aquí, si no te importa – Me solicitó antes de llegar a hacer ningún ademán de tocarme.
Aro tenía un poder similar al mío, solo que con un par de diferencias.
Él necesitaba del contacto físico para poder ver tus pensamientos y recuerdos, pero era capaz de ver cualquiera de ellos que hubieses tenido en tu vida. Su don no tenía limitaciones en ese sentido.
Me agarró de la mano y cerró los ojos, concentrándose.
Iba moviendo los párpados según iba "viendo". Hasta que al cabo de un par de minutos, los abrió y me miró con horror.
- ¿Morir? – Asentí – ¡Eso es una aberración! – Exclamó horrorizado – No puedes dejar al mundo sin alguien como tú, Edward. – Agaché la cabeza – Veo lo muchísimo que amas a esa humana… Pero, ella morirá dentro de unas décadas – murmuró con cuidado – Y tú podrás seguir con tu eterna vida. Puedes quedarte aquí con nosotros el tiempo que quieras. Sabes que cuando vieses oportuno marcharte, no habría problemas…
- Lo sé Aro… - Lo corté.
- Y sí… Y yo también sé que lo tienes completamente decidido. – Su voz sonaba cansada. – Por qué no lo piensas bien. – Negué leventemente con la cabeza – Te rogaría que no llevaras a término tu plan "B"… No te expongas, obligándonos a actuar. – Advirtió.
- Solo quiero la muerte, Aro. Dejar de sufrir así… Como has visto en mis recuerdos, es agónico lo que estoy pasando. – Supliqué.
- No. – Fue rotundo – No voy a arrebatarte la vida, Edward. Y siento que tengas tan claro tu opción para encontrar la muerte… Pero no voy a matarte así de fácil. Sabes que nosotros no actuamos así… No matamos sin más. Y te pido que no hagas nada descabellado. Podemos ser caritativos y consentidores hasta un punto… - Volvió a usar tono de advertencia, a la vez que alzaba su ceja izquierda.
Los tres dialogaron durante unos breves instantes, hasta que Marco, se dirigió a mí.
- ¿Y no hay forma de que tu humana cambie de opinión? – Preguntó. Negué con la cabeza.
- Si la trajeras aquí… A lo mejor podríamos hacerla cambiar de parecer – Insinuó.
Yo abrí los ojos con horror.
- ¡Nooo! – Grité. Ellos me miraron sorprendidos. – Ella no admitiría estar aquí. Nunca… No me lo imagino aquí… ¡Jamás! – Meneé la cabeza solo por la imagen de tener a Bella aquí. Ella ya tiene repulsa sobre nuestra naturaleza y eso que sabe que somos vampiros vegetarianos… En el momento en que supiera que vosotros seguís una dieta normal, a base de sangre humana… - Rodé los ojos – Ella… - suspiré – No quiero ni imaginarme su cara.
Conversamos durante unos minutos más, hasta que me dejaron marchar.
- Recuérdalo Edward… Si haces algo exagerado, y nos obligas a actuar… Después no habrá vuelta atrás. – Asentí mientras salía por la gran puerta del salón.
Cuando salí, ya estaba anocheciendo, así que no tuve que tener cuidado con el sol. Era un día algo nublado y el sol estaba encapotado tras las nubes.
Así que mi plan "B" de exponerme al sol delante de los humanos, tendría que ser pospuesto hasta el día siguiente.
Deambulé por las calles de la antiquísima y hermosa Volterra, sin rumbo fijo. No iba a hospedarme en ningún hotel; me iría a las afueras para poder tener mis últimos momentos de vida en paz.
Además, quería tranquilidad para poder regodearme en mis recuerdos con Bella, y haciéndome más daño… Imaginándola con su tripa de embarazada, con lo hermosa, más aun, que estaría con algún kilo de más… Y dejando ir la imaginación, llegando a lo imposible, suponiendo que ese bebé que ella engendraba en su vientre, fuese mío.
Ese sería el mayor de los regalos que podría darme la vida. Un hijo; un hijo biológico con el amor de mí existencia.
BELLA PV
La chica rubia que nos habló en la entrada del castillo, junto con un chico que se le parecía bastante, nos guiaron a través de la hermosa fortificación, hasta un subterráneo, donde delante de una gran puerta ornamentada permanecía cerrada.
- Pasad. Los señores están esperándoos. – Anuncio.
Entramos, y tres vampiros que parecían antiquísimos nos esperaban, tal y como anuncio la chica, Jane, me pareció entender.
Los tres se me quedaron mirando con curiosidad, pero con cierta dulzura; incluso a través de sus rojizos ojos, que daban casi pavor, podían llegar a mostrar tal sentimiento.
- ¡Vaya…! Así que esta hermosura, es la causa de todo este lio. – Sonrió uno de ellos adelantándose, y mirando hacía mi abultado vientre con curiosidad.
- Sí, así es. Es la pareja de Edward. – Contestó Carlisle.
- ¡Oh! mi viejo y gran amigo. ¡Cuánto te he echado de menos! Desde que te fuiste, ya no tengo con quien parlamentar durante horas sobre todo – Sus ojos ahora mostraban añoranza. – Pero querías ver mundo, y sobre todo, constituir una familia… Cómo has hecho. – Sonrió complacido.
- Yo también he echado de menos nuestras narrativas, Aro. – Contestó Carlisle, fundiéndose en un abrazo con el vampiro.
Durante unos minutos hablaron entre ellos, hasta que los otros dos se nos unieron y saludaron al resto de la familia Cullen. A mí me dejaron para último lugar.
- Bueno, jovencita… ¿Cuál es el problema? – me preguntó con sonrisa pícara. – ¿Me permites leer de ti?
Carlisle ya me había puesto al corriente sobre los Vulturis, sus dones y manías, así que sin ninguna duda estire mi mano, para que la acogiese entre las suyas.
Me la sostuvo durante unos instantes, gesticulando cada poco; hasta que la soltó, abrió los ojos sorprendido y me miró directo a mis orbes.
- ¡Vaya…! Pues sí que nos tenías repulsa – Arrugó la boca. – Pero puedo comprobar que tu opinión ha cambiado – Su vista se dirigió a mi vientre. – Sabía de algún caso como el vuestro… Pero jamás había llegado a ver el embarazo. Estoy conmocionado – Abrió los ojos completamente perplejo.
- ¿Tú sabías que esto era posible? – Preguntó Carlisle – Yo había oído rumores… Pero jamás nada fiable.
- Sí… Lo sabía. Pocos casos, siendo sincero. Y que la madre saliese viva, solo un caso. Ya que el bebé necesita sangre para alimentarse, y al final acaba segando la vida de su madre, o al parirlo, muere por lo dramático del parto… Pero este no va a ser tu caso. Tienes al mejor médico del mundo, que te asistirá en el alumbramiento… Pero… - Miró para Carlisle con cuidado, y después volvió su vista hacía mí – Sabes que después de parir… Tú…
- Sí, sé que tendré que convertirme, porque no saldré con vida. Mi familia me lo ha explicado.
- Bien.
Me preguntaron por mi aberración a convertirme en vampira, entendiendo a medias mis explicaciones. Ellos se veía a leguas que estaban sobradamente orgullosos de ser lo que eran, y les costaba entender cómo alguien a quien se le brindaba la oportunidad no la aprovechaba.
- Bueno, os diré que Edward ha estado aquí. – El pulso se me disparó en las venas de golpe – Se fue poco más de una hora antes de llegar vosotros. Sabemos que tu táctica es exponerse al sol – Meneo la cabeza – Lo malo es que no sabemos ni cuándo ni dónde lo hará… - Arrugó la boca, poniendo un gesto triste.
- Yo si lo sé – Sentenció Alice.
- ¡Por supuesto! – Aro se acercó a ella. En sus ojos había adoración al mirar a mi hermana/cuñada. – Mí tan preciada Alice… Mi oferta sigue en pie. – Propuso sonriente.
- Y mi negativa también Aro… Estoy fabulosamente bien con mi familia. Sobre todo ahora que voy a ser tía. – Sonrió ampliamente, mirándome.
Alice explicó el lugar exacto donde Edward llevaría a cabo su locura, y entre todos se organizaron para detenerlo antes de que llegara a cometerla.
- Lo detendremos antes de que suceda. – Sentenció Aro – Pero no se le dirá nada de que estáis aquí. Y mucho menos de Bella. – La sonrisa pícara de antes, volvió a su rostro. – Además, he de informaros de que él cree que el bebé que ella espera, es del chico lobo.
Abrí los ojos como platos, y un mareo me vino por sorpresa obligándome a sujetarme a Emmet, el cual estaba a mi derecha.
- ¡Bella! – Gritó, alzándome en brazos. – Nena, ¿qué te ocurre?
- Ha sido un día extremadamente largo para una embarazada tan avanzada. – Expuso Esme acercándose a nosotros.
- Lo que ha sido, es lo que acaba de decir Aro. – Comentó Jasper.
- Me lo imaginaba… - Agregué – Pero oírlo así, tan seguro, tan tajante… Me ha… - Un nudo me agarrotó la capacidad del habla y ya no pude seguir; escondiendo mi cabeza entre el cuello de Emmet.
Mientras ellos maquinaban sobre como detener a Edward en su suicidio, Esme, Rose y un par de vampiras de la guardia de Aro me llevaron a un aparte dentro del gran salón para sentarme y darme algo de comer.
Las chicas vampiras de Aro, me miraban con curiosidad hasta que se decidieron a preguntarme sobre el embarazo, y de esta forma, contándoles "batallitas" sobre este, los nervios se me fueron amainando y me distraje del problema principal.
Los tres Vulturis se negaron en rotundo a que nos alojásemos en un hotel y nos acomodaron en un ala del castillo, el cual poseía todos los lujos y comodidades de un hotel de cinco estrellas.
Mientras me daba una confortable ducha, no pude evitar que el pensamiento de que en unas horas tendría a Edward delante de mí, me invadiera la mente.
¿Qué pensaría al verme? Me repudiaría al creer que el bebé era de Jake? ¿No querría ni siquiera escucharme?
Esas preguntas me hicieron tener un ataque de terror en toda regla, haciéndome sudar en frío. Hasta que "milagrosamente" Alice entró en mi habitación y me rescató de mi postura acuclillada dentro de la grandiosa ducha.
- Bella… mi niña… - Me agarró en volandas y me sacó del chorro del agua. – Tranquila cielo, todo irá bien. No te atormentes.
Yo solo pude agarrarme fuertemente a su cuello y llorar. Llorar toda la tensión acumulada de esas últimas 24 horas.
