CAPITULO 63. JUNTOS PARA SIEMPRE


Como me negué a tomarme nada para dormir, y una tila de poco me sirvió, al final, Jasper se acurrucó a mí lado.

Sabía que él se sentía algo incómodo estando abrazado a mí lado en la cama; pero al cabo de unos minutos, cuando mis latidos se acompasaron debido a su don, yo también pude percibir que él iba encontrándose más cómodo.

- Sé que te sientes algo… incómodo – Le susurré – Pero no sabes hasta qué punto te agradezco que hagas esto por mí. – Mis palabras eran sinceras.

- Tranquila… Sé que ahora mismo me necesitas, y para eso está la familia. – Suspiró – Solo que bueno, me resulta un tanto extraño estar abrazado a una chica, humana, - enfatizó la palabra – en la cama, que no sea Alice. No había estado así con otra mujer que no fuera ella, desde que la conozco… y de eso hace muchas décadas – Lo sentí sonreír – Pero tú no eres una mujer… Entiende a lo que me refiero – Le sonreí – Tú eres mi hermana… mi cuñada… La madre de mi sobrino, o sobrina. Y tu bien estar es lo primero para mí y para toda la familia.

Una lágrima traicionera resbaló por mi mejilla. Pero esta no era de tristeza como las de los últimos meses, si no de alegría. Alegría por sentirme arropada en una familia, en un grupo; y que velaran por mí de esa forma. Que me demostraran su amor y preocupación.

Cuando abrí los ojos, la luz de un día soleado traspasaba sutilmente a través del cortinaje que cubría el gran ventanal. Me desperecé con el cuerpo descansado y me estiré con calma, hasta que recordé donde y para que estaba allí.

Edward

Me levanté y me fui al baño a lavarme la cara; no iba a perder tiempo ni en ducharme; necesitaba noticias ya.

- Bella… vuelve a entrar en ese baño y dúchate. Luego te ayudaremos a arreglarte para que estés decente – Me ordenó Rose, ante una ceja alzada proveniente de la cara arrogante de Alice.

No me dieron ni la más mínima opción de protestar, así que volví sobre mis pasos y me metí en la ducha. He de reconocer que el agua caliente deslizándose sobre mis músculos me ayudó bastante.

Cuando salí, entre las dos, ya me habían escogido un conjunto premamá precioso, el cual no supe de donde había salido, y me arreglaron el pelo y me maquillaron muy sutil.

El resultado fue fabuloso.

Sobre todo después de mucho tiempo sin arreglarme lo más mínimo.

- ¡Vale! – Las encaré – Os he dejado que jugaseis a las muñecas conmigo. Ahora quiero información… O ni Jasper usando toda la fuerza de su don, podrá calmarme. – Las advertí plantándome frente a ellas, con los brazos en jarras.

Ambas se miraron sorprendidas por mis palabras y mis formas, para a continuación, mirarme a mí y acercarse con aire conciliador.

- No te alteres… No es bueno para el bebé – Comenzó Rose, acercándose y acariciándome la tripa con mimo.

- Todo está controlado, Bella. Justo en estos momentos – Miró su reloj de muñeca – Han interceptado a Edward en su intento de exposición. – Mil pulsaciones iban en aumento – La guardia Vulturi lo ha apresado y lo traen al castillo – Ya casi no respiraba.

- Lo… han, apresado… - Jadeé – Ayer Aro comentó que si liaba algo, tendrían que castigarlo… - Suspiré.

- Sí, pero gracias a Alice, que ha visto el sitio exacto donde se iba a exponer, nadie vio nada. Así que no hay motivos para represalias.

- ¿Ya estás más tranquila? – Preguntó Alice. Asentí, meneando la cabeza enérgicamente arriba y abajo – Pues me alegro mucho… - Rodó los ojos – Porque es hora de bajar al gran salón. – La miré interrogativa - ¿Quieres perderte la entrada de Edward en el salón? – Alzó los ojos sorprendida. Negué, cabizbaja.

- ¿Qué te pasa, Bella? – Intervino Rose. – ¿No quieres ver a Edward? – Asentí.

- Pero… es que… tengo miedo de su reacción. ¿Y si me rechaza? – Pregunté con el horror de mis palabras reflejado en el rostro.

- Al principio todo será algo caótico. Y Edward se quedará descolocado al verte allí… y más, al ver tu barriga – Sonrió, mirando hacia esa parte de mi anatomía – Pero en cuanto se le explique todo, los ánimos se irán calmando. – Suspiró – Jasper ya está prevenido para que vaya ejerciendo su don cuando la ocasión lo demande. Tu preocúpate por estar lo más tranquila posible, ¿de acuerdo? – Volví a asentir no muy convencida.

Bajamos al gran salón donde nos reunimos con los Vulturis la pasada noche. Los tres reyes ya estaban allí, conversando con Carlisle y Esme, la cual se disculpó y se nos acercó nada más vernos entrar.

Gran parte de la guardia estaba allí, como me informó Alice. No hizo falta que agregara, que los que faltaban estaban trayendo a Edward.

Alice, Rose, y otra chica de la guardia, nos acomodamos en el aparte del salón, donde ayer me sentaron cuando me sentí indispuesta.

Era un pequeño círculo en un lateral del gran salón, con cuatro butacones y un par de mesitas y una decoración relajante y luminosa; lejos de la que reinaba en el resto de la sala, que era arcaica, oscura, casi como un museo antiguo.

De pronto, Alice se envaró y me miró significativamente. No me hicieron falta palabras para entender lo que su mirada quería trasmitirme.

Edward estaba llegando

- Perdonar – Alzó la voz, obligando a los presentes a prestarle atención. – En tres minutos, Edward y la guardia, harán acto de presencia. Están a punto de entrar en el castillo. – Anuncio, bastante solemne.

- Estupendo Alice, gracias – La aduló Aro. – Adquiramos nuestras posiciones.

Los tres Vulturis, se pusieron en frente de la puerta, al fondo. En el altar donde estaban sus sillas majestuosas y detrás de estás, sus mesas de despacho.

Los Cullen, a excepción de Alice y Rose que se quedaron conmigo, ocuparon una formación lineal a la derecha del gran altar.

- Un minuto – Anunció Alice.

Mi pulso retumbaba como un tren de mercancías. Reinaba tal silencio en aquella enorme sala, que podía escuchar cada latido con precisión.

- Bella… - Me llamó Aro. – Tranquilízate o tu corazón te saldrá disparado del pecho. – Sonrió; y le lanzó una mirada a Jasper.

El cual, comenzó a mirarme fijamente, y transcurridos unos segundos, me sentí mucho más tranquila. Le devolví una sonrisa tímida y agradecida.

Y de pronto, tres golpes se escucharon tras la puerta, y mi corazón se paró de golpe.

- Adelante – Respondió Aro.

La gran puerta de madera ornamentada se abrió dando acceso a un chico enorme. Tras él… Edward hizo acto de presencia, seguido por un chico y una chica, la misma que nos había recibido ayer en la puerta cuando llegamos al castillo.

Tuve que pestañear varias veces porque no daba crédito a lo que mis ojos veían:

Edward estaba demacrado. Cosa casi imposible en un vampiro.

Tu tez estaba blanquecina, sus ojos completamente negros bordeados por unas enormes ojeras violáceas, y reflejaba una mezcla de sentimientos, entre resignado y enfadado. Llevaba los vaqueros sobados, rayando lo sucio y su camisa desmangada, tenía marcas de manchas.

Dos lágrimas gordas y calientes, resbalaron inconscientemente por mis mejillas.

Alice y Rose apretaron mis hombros, mandándome apoyo y calma. Agradecí el gesto, pero realmente no servía para nada.

Estaba anonadada. Consternada.

El sufrimiento que Edward transmitía… ¿Era causado por mí? ¿Tantísimo me amaba? Y… ¿Tanto daño le había hecho?

La pareja de vampiros acompañaron a Edward hasta dejarlo justo enfrente de los tres escalones que daban acceso a los tronos de los Reyes, los cuales estaban de pie, muy solemnes al borde de la pequeña escalinata.

Los dos guardianes se retiraron quedando en un aparte, pendientes de los acontecimientos.

- Aún no había hecho nada – Habló Edward con tono desfachatado – Cuando vuestra guardia vino a por mí, ni siquiera había salido el sol – Alzó una ceja, con el mismo tono cínico.

- Lo sé… - Respondió Aro serio.

- Lo que me intriga es cómo sabías dónde tenía pensado hacerlo

- Tuvimos una gran ayuda para dar con el sitio y hora exactos. – Contestó, dirigiendo su vista hacía un lado.

Alice había abandonado su posición a mi lado, para acercarse a la escalinata, pasando al lado de la guardia Vulturi, los cuales suponía, estaban al tanto de algún mal movimiento por parte de Edward.

Edward se giró siguiendo la mirada de Aro, encontrándose de frente, a tan solo tres pasos de Alice. Su expresión cambió, cargándose de sorpresa y a continuación de disgusto.

- ¿Qué haces aquí? – Su voz sonó entrecortada, imagino que por la emoción y los nervios.

- ¿Pensabas que no lo vería? – Le preguntó con ironía. – Lo camuflaste bastante bien, he de reconocerte – Soltó una risita cínica – Pero, mi don no se esquiva tan fácilmente. – Le alzó una ceja, con superioridad. – Me parece indignante que realmente creyeras, que no haría lo que fuese por detenerte… - Meneó la cabeza, esta vez mostrando los sentimientos de tristeza que realmente sentía.

Edward agachó la cabeza, con aire avergonzado. Pero la volvió a levantar para hacerle frente a su hermana.

- Me siento reconfortado de que intentes detenerme… - Cogió aire – Pero, Alice… Es una decisión mía. Solo mía. – Fue rotundo. – No harás ni dirás nada que haga que cambie de idea. Está decidido. – Alice meneó la cabeza negado, dejando a Edward trastocado.

- No… No está tan decidido, porque mi visión ha cambiado. La primera visión era tú exponiéndote al sol, y armando un espectáculo… Eso tendría lugar en unos minutos. Pero el futuro ha cambiado, y justo en ese momento, estarás haciendo otra cosa. - Edward frunció el ceño.

- Me da igual lo que digas… Si no es así, haré otra cosa por conseguir la muerte… Hay más maneras.

- ¡Edward! – Lo llamó Carlisle, muy serio. El nombrado giró la cabeza quedándose pasmado al ver a casi toda su familia allí. – Entiendo que estas deprimido, que estás dolido… Pero hijo… Buscar la muerte… - Murmuró apesadumbrado.

- Antes de llegar a esto, deberías haber agotado cualquier posibilidad. – Intervino Esme.

- ¿Qué haríais si perdieseis al amor de vuestra vida? – Les preguntó y a mí, se me encogió el corazón. – Cuándo sabes que ella te ama, pero repudia con toda su alma lo que eres, que le da asco el simple hecho de que te acerques a ella… - Su tono de voz fue muriendo, como muerta estaba su alma. Esme y Carlisle se miraron y bajaron su mirada al suelo.

Jasper miraba a hurtadillas hacía mí, mandándome oleadas de tranquilidad, pero cada vez debía hacer más fuerza, ya que mis nervios estaban a flor de piel.

Y más aún, después de oírle decir esas palabras, las cuales transmitían pureza, dolor y un gran amor.

-¿Y si no fuese así? – Preguntó Aro rompiendo el silencio que se había instaurado en la sala. - ¿Qué pasaría si ella, cambiase de opinión? – Lo miró de lado, con una sonrisita en los labios.

Edward lo miró con el ceño completamente fruncido.

- Eso no es posible… - Agachó la cabeza un momento, meneándola – Y menos aún ahora…

- Pues yo no estoy tan seguro de eso. – Alzó una ceja, de forma misteriosa.

- No intentes engatusarme con cuentos Aro… Ella… - Cogió aire como si le doliera – Bella, está embarazada de un licántropo. Lo has visto tú mismo en mis recuerdos. Jamás se acercaría a mí con un hijo de él. Aunque Jacob siga imprimado con su prometida, el bebé que Bella lleva en su vientre, es su primogénito. El que heredará el legado y el título de su padre… ¡Jamás se acercara a un vampiro! – Retahiló con un claro nerviosismo. – Él… ha aprovechado el momento de debilidad de ella para seducirla. – Su tono fue adquiriendo rabia – Bella siempre ha sido y será la gran debilidad de ese lobo… - Escupió como veneno. – Hasta que no consiguió arrebatármela de la manera más sagrada que existe, no paró. Ella jamás volverá ni tan siquiera a mirarme… - Su tono bajó intensidad hasta volverse un lamento.

No habíamos hablado nada sobre cuándo haría acto de presencia, de cuando se le desvelaría a Edward que estaba allí, pero en aquel momento no pude más. La tensión que mi cuerpo creaba fue superior a cualquier cosa y más aún al escuchar su profunda convicción sobre que nuestro bebé era de Jacob. Así que al final no pude evitar intervenir.

- ¡No! – Grité levantándome de la silla, rompiendo el silencio que se había instaurado en la sala.

Todos los presentes se giraron hacía mí, incluido Edward, por supuesto, el cual se quedó estupefactado al verme.

- Bella… - Susurró mirándome con los ojos desorbitados.

Al cabo de dos segundos, pestañeó varias veces y entonces enfocó su vista en mí más que abultado vientre, transformándose el gesto a uno de dolor.

- ¿Ves como no quería engatusarte? – Le preguntó Aro con tono condescendiente y una gran sonrisa en los labios.

- ¿Qué… qué haces tú aquí? – Dio un tímido paso en mí dirección, pero se detuvo.

Rose se acercó a mí, y me cogió por los hombros. Nos miramos y ella me hizo un gesto de que fuese yo la que me acercase. Asentí, inhalando una gran bocanada de aire.

Nos distanciaban unos diez pasos, y cuando no llevaba recorridos más que tres, Edward dio uno hacía atrás, reculando y alzando las manos hacía adelante, protegiéndose… de mí.

- No, por favor… No me lo hagas más difícil. – Suspiró y miró hacía el suelo – Bastante bochornoso es que sepas el motivo por el cual estoy aquí… Y peor es que tú estés aquí, cuando repudias todo esto. – Clavó su cristalina y oscurecida mirada en mí. Yo en ese momento me había quedado sin habla – Aunque son vampiros que respetan la discreción y en cierta forma, la raza humana… Ellos sí se alimentan de personas, no como nosotros. – Me explicó con tono abatido.

- Lo sé. – Le contesté firme. – Pero no iba a permitir que el padre de mi hijo muriese.

Estaba tan disgustada por la distancia que Edward había puesto entre nosotros, que mi tono al darle la noticia, no fue demasiado "maternal" de mi parte.

Edward pestañeó seguido hasta que sus ojos volvieron a abrirse desmesuradamente.

- ¿Cómo? – Preguntó fuera de sí.

- Lo que has oído. – Le contesté muy tranquila y con el tono algo serio. Cualidad que no sabía de donde había salido. Imagino que Jasper estaría haciendo un grandísimo trabajo.

- Pero… pero eso es imposible… - Meneó la cabeza negando. – Y tú vientre… No tiene el tamaño de un embarazo de… ¿dos meses? – Preguntó indeciso.

- Trece semanas… tres meses y medio. Hecha las cuentas, Edward. – él frunció el ceño – Esa vez… Esa última vez. Desde que nos habíamos separado no había vuelto a tomar la píldora, así que… - Ladee la cabeza y sonreí inocente y levemente.

- Mi querido e inexperto Edward – Intervino Aro – Los embarazos entre humanos y vampiros, son posibles… Lo que es casi un milagro, es que llegue a término. – Edward mostró miedo en su rostro – El bebé se alimenta de la madre; necesita sangre para sobrevivir. – Lo miró con intención – Pero parece ser que vuestro hijo, o hija, es bastante inteligente como para no secar a su madre y repartir para la subsistencia de ambos.

- Además, Bella lleva un par de días alimentándose de sangre. – Se unió Carlisle, Edward miraba a su padre y a mí de hito en hito, más que asombrado – Gracias a eso, Bella se encuentra muchísimo mejor, y más fuerte – Me miró y me sonrió paternalmente.

- Por supuesto, la fortaleza de la madre ha sido primordial para que llegara hasta este punto. – Por vez primera, Marco habló. – Las ganas porque esté niño viviera han sido formidables. Tiene toda mi admiración por ello.

- Pero… - Edward tenía la frente llena de arruguitas – dices que lo raro es que llegue a término… ¿Qué significa eso? – Preguntó mirando muy serio a Aro.

- Pues que en el momento del parto, el bebé nota que le llega la hora de salir, y… sale. Se abre paso a través del canal del parto como lo hace un humano normal. Pero la diferencia es la masacre que se origina en el alumbramiento. No espera por las contracciones que pueda tener su madre, sino que él mismo se abre paso, arrasando para salir. – Explicó.

Estos detalles ya nos los había comentado la noche anterior, cuando hablamos sobre cómo proceder llegado el momento de ponerme de parto, ya que Carlisle nunca había asistido a uno así, y no quería arriesgarse a llegar tarde en mi trasformación y correr el riesgo a que muriera.

Yo seguía la conversación como una mera observadora, realmente se hacía extraño estar escuchando como hablaban de mí, y en particular de mí muerte, como si yo no estuviese presente.

- Entonces… - Edward me miró de reojo – ¿Bella morirá al dar a luz? Eso es lo que estás intentando decirme? – Alzó la voz nervioso.

- Eso sería lo que pasase si estuviera sola, cosa que no va a ocurrir. Ya lo hemos hablado, y Bella se quedará aquí hasta que llegue el momento del alumbramiento para que esté perfectamente cuidada y mimada. – Me miró y sonrió - Bueno, realmente toda tu familia se quedara, ya que se ha decidido que sea Carlisle el que la convierta llegado el momento, así será una Cullen legítima… - A Edward volvieron a desorbitársele los ojos.

- ¿Cómo qué… el momento de su transformación? – Hizo un giró vampírico y me miró fijamente.

- Hijo, como bien has dicho antes, si no la transformamos, Bella moriría en mitad del parto. El bebé la destrozará para salir. Moriría desangrada en cuestión de un par de minutos. – Explicó Carlisle.

- Todos nos quedaremos aquí hasta que dé a luz. – Reveló Esme – Bueno… nosotros. A no ser que tus planes de suicidio – Le alzó una ceja molesta – hayan cambiado.

Edward meneó la cabeza, supongo que para serenarse de toda la información que estaba recibiendo en cuestión de minutos.

- Pero tú… - Se dirigió por vez primera a mí directamente – Tú aborrecías la sola idea de ser como nosotros…

- Ahora tengo un motivo de mucho más peso, que mis reticencias hacía vuestra naturaleza. Yo llevo un semi vampiro en mi vientre. – Le expuse mientras me acariciaba el vientre con ternura - ¿Cómo repudiar a mí propio hijo? – Lo miré sonriente – Además, es la única manera de permanecer junto a él… o ella. Esto ha sido una excusa más que importante para cambiar de opinión sobre transformarme y ser como tú. Para pasar la eternidad juntos… - Agaché la cabeza. – Eso si tú sigues amándome y queriéndome en tú vida… - Murmuré tímida y aún algo molesta.

En movimiento vampírico, tenía a Edward a mí lado. Me agarró la cara con ambas manos y clavó sus brillantes orbes en los míos.

- ¿Cómo puedes ni tan siquiera pensar en que mis sentimientos hacía ti pudiesen haber cambiado? Si antes te amaba… ahora, ahora no hay palabras en el mundo que se acerquen a lo que siento por ti.

Se acercó, lentamente… Agónicamente más bien, y me besó. Apoyó sus labios sobre los míos, con una suavidad y una ternura más allá de lo infinito.

Agarré sus pétreos brazos entre mis manos, con un gesto de no quererlo dejar marchar nunca más, y me entregué a su beso.

Nos separamos, y apoyó sus manos en mi gran tripa, mirándola con idolatría, para a continuación, mirarme a mí.

- Nuestro hijo – Susurró con adoración. – Un sueño hecho realidad… Realmente, dos sueños. – Sonrió – No puedo pedir nada más… Ser padre contigo y que de manera voluntaria y gustosa, llegues a ser como yo, y no tener que preocuparme de que nada te separe de mí jamás.

- Te amo Edward… Nunca deje de hacerlo. – Le confesé.

- Lo sé… y por eso dolía tanto.

Me acarició la tripa, y el bebé, que debía estar dormido, despertó y comenzó a removerse. Coloqué mis manos por encima de las suyas, y sonreí.

- ¡Te reconoce! – Exclamé – Está moviéndose como nunca lo había hecho. – Alcé la cabeza para mirar a nuestra familia.

- Está saludando, por fin, a su papá – Rose se acercó a nosotros y nos puso una mano en cada hombro.

- ¡Esto es un milagro! – Alabó Esme emocionada.

- Familia… biológica – Alice no cabía en sí de gozo. – Esto es… indescriptible.

- Tío… ¿No es una pasada? – Emmet también se veía emocionado.

- Bueno, creo que mamá, está más tranquila – Me quiñó un ojo Jasper – Así que puedo descansar un poco.

Después de abrazarnos y besarnos hasta lo indecible, Edward decidió subir a asearse un poco, ya que decía no estar presentable para "su" familia. Mientras, yo aproveché a alimentarnos al pequeño a mí misma, acompañada de las chicas.

El resto, se quedó en el salón charlando.

Pero antes de marcharse, Edward se acercó a mí para susurrarme.

- Siento haber hecho antes ese gesto tan feo con las manos, parándote para que no te acercases… Pero el verte ahí, tan hermosa con tu barriguita de mamá… Pensando que ese bebé era de otro hombre – Suspiro. – Era superior a mí.

- Lo sé, Edward. No tenías porque disculparte – Le contesté, siendo sincera a medias; ya que agradecía que hubiese tenido el detalle de haberlo hecho.

- Ya, pero quería que lo supieras… y que recibieras mis más sentidas disculpas. Sé que te sentó mal. Sigues siendo muy expresiva – Sonrió. Me dio un fugaz beso en los labios y desapareció para adecentarse.

Se respiraba un ambiente relajado y así nos mostrábamos todos. Habían sido horas de terrible sufrimiento y dudas; pero ahora eran recuerdos que se difuminaban en brumas.

No quería pensar en el miedo que había pasado horas atrás.

¿Cómo podía haber llegado a pesar que Edward me repudiaría?

Ahora lo pensaba y se me escapaba la sonrisa. El recuerdo de ver la cara de Edward al saberse padre biológico del bebé que crecía en mí interior y posteriormente mi aceptación voluntaria y gustosa, como él había dicho, a transformarme… me parecía la imagen más bonita que mantener viva en mis recuerdos.

Hola mis chicas...

Por fin, hemos llegado al fin. Y como debía ser, ha sido un final feliz.

En los próximos días, os pondré un epílogo, ok?

Un besazooooooo!