TERNURA
Encuentras a Merope durmiendo en el sofá cuando vuelves. Sonríes al pensar que te ha estado esperando despierta y la coges suavemente. Pese a que ha cogido peso en el tiempo que lleváis casados, te resulta liviana, casi como una pluma.
Te entristece pensar la vida que ha llevado en aquella casa de locos y te alegras de haber logrado sacarla de allí. Ella solía llamarte su príncipe.
La acuestas sobre la cama, la arropas y te quedas a su lado acariciando su pelo. Murmura en sueños algo inteligible y una pequeña risita sale de tus labios. Amabas verla dormir porque era como ver dormir a un bebé.
Acaricias su rostro, suavemente, con cuidado de no despertarla. Era tan bella. No por fuera, no era ciego, pero tenía una belleza interior y una bondad que él amaba por encima de todo.
Depositas un beso sobre su rostro y, tras desvestirte, te acuestas a su lado.
