PREOCUPACIÓN
Merope llevaba unos días rara y no conseguías averiguar qué le pasaba. Sus ojos estaban más apagados que de costumbre y, cuando te miraba y creía que no le veías, la sombra de la duda acudía a sus ojos, velados también por el miedo.
No podías entender por qué ella te miraba así y, por más que intentabas averiguarlo, ella te esquivaba y te regalaba falsas sonrisas, intentando tranquilizarte. Pero no lo lograba.
Habías llegado a conocerla a la perfección durante aquellos meses en los que habíais convivido, sabías cuándo algo no estaba bien. Y algo iba tremendamente mal en ese momento.
Merope apenas comía o dormía. Se pasaba el tiempo encerrada en la habitación y a veces, cuando salía, la veías con los ojos rojos tras haber llorado. Y a ti se te partía el corazón cada vez que la veías así.
No sabías qué hacer, solo podías esperar a que ella decidiera contártelo.
