Konota-chan: Mejor tarde que nunca!

Kagerou Project no le pertenece a Konota-chan, esta historia no está basada en algún otro fic y/o libro o alguna otra obra, cualquier similitud es mera coincidencia.

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–¡Jamás, Ayano! ¡Retrocede, te lo advierto!– Shintaro saltaba, corría y se escabullía por el minúsculo cuarto 3-E.

–¡Por favor, Shintaro! – Ella y su travieso Kidemónas lo perseguían bajo las carcajadas de la lucecilla azul que se postraba en las partes más altas de la habitación.

Aún Shintaro no entendía que rayos había pasado; él estaba tranquilo en su cuarto, viendo que es lo que haría primero con Tono y como era típico de él, estudiar sobre eso. ¡Pero, qué va! Esta noche no podría, su puerta fue prácticamente rota por la emoción de Ayano y…su pié.

¡Y por si fuera poco! ¡Tono se acababa se lanzar en su cara, lo inmovilizó y dejó su escuálido cuerpo a manos de esa castaña!

–Bien, Ayano, tranquila, cálmate…Resolvamos esto como personas civilizadas.

–¡Eso es lo que eh intentado todo este tiempo, tú eres el que ha escapado!

–¡¿Rompiendo mi puerta y persiguiéndome?!

–Ah…¿Tal vez?

–Muy bien, muy bien, basta de juegos Ayano. ¿Qué sucede?

La castaña sonrió, Egiro se puso a su lado después se pusieron erguidos y rectos con las manos detrás de la espalda con aire de euforia. De sus manos salió una pequeña gema azul según a la vista de Shintaro, no parecía nada muy extravagante como lo esperaba el muchacho. La observo y Ene se unió a él sentándose en su hombro, la curiosidad además de un poco de indiferencia (Por parte del chico, claro) presentes en todo momento.

–¿Y…?

–¡Nada de "Y"! Te presentó a la piedra Chaláro, la piedra especializada en la relajación.

–¿Una piedra azul opaco encargada de la relajación?

–¡Azul de Prusia!

–Perdón por no ser un avezado al arte y su teoría del color.

–¡Muy gracioso! Sostenla en tus manos.

El chico la tomo, no sintió nada, aún tenía el estrés que esta misma irritable chica le había causado. "Lampi" le pareció escuchar y al instante la gema brilló.

Su mente se quedó en blanco, estaba en su cama. O eso creía parecían plumas esparcidas sobre una nube en vez de su cama.

–Se te escurre la saliva, Shintaro.– Una risita muy familiar lo despertó de su sueño. Se encontraba en el mismo cuarto 3-E, con la carta de Tono encima de la mesa, Ene en el hombro de Ayano y esta con su Kidemónas al lado observándolo con una sonrisa pintada en los labios. –¿Cómo te sientes?

Observo sus manos, su cabeza parecía que volvía poco a poco a su cuerpo, todos sus sentidos les cayeron de golpe a su cuerpo. Miró sus manos, sin creer que estuviera allí y momentáneamente pensando en qué diablos había pasado.

–Yo…creo que funciono.

– ¡Wooh! ¡¿En serio?! ¡Tengo que contárselo a la maestra Lina mañana! Gracias, Shintaro. –La emoción era palpable en su cara, Shintaro no sabía que tanto funcionaba esa piedra, no es que se sintiera noqueado pero la idea de no recordar mucho de cómo estaba en su cama no era lo mejor del mundo.

~ Ω ~

1:18 A.M. marcaba el reloj digital encima de la mesita de noche al lado de la cama de Shintaro.

Miraba hacía el techo, en su antigua habitación tenía una ventana justo arriba en su cama, así vería las estrellas y la constelación de Orión formándose a la misma hora de manera invariable, como siempre.

Suspiro. Ene dormía en la cama improvisada que le había hecho su amo, hecha con algodón que había agarrado Shintaro de su botiquín médico, lo puso dentro de un guante perteneciente a un par que él tenía por allí, la Merrie se quejó pero como no tenía otra lugar para dormir accedió. Tono descansaba dentro de su carta justo al lado del reloj digital, el único despierto era él, solo.

En noches como esta, se preguntaba ¿Cómo estaría ella? ¿Se había convertido en la cantante famosa y prospera que ella había deseado por tanto tiempo? ¿Esa voz tan potente y melodiosa que podía abrir puertas inimaginables a lugares increíbles estaría ya en paz con su usuario? ¿Ya lo habría olvidado? Si lo hacía, estaba bien. Menos recordara de él, menos recordaría a mamá o a…papá. Todo estaba bien y bajo control ahora, ella no tenía necesidad de venir aquí, ella podía seguir feliz con su vida sin enterarse de Mekaku, de Merries, de Kidemónas, de chicas locas que se cuelan en sueños y te esclavizan, ella podía seguir viviendo feliz sin nada de esto.

Silencio.

Algo pasa.

No los escucha.

No ve nada.

Una explosión.

Gritos.

¿Ese es su compañero de 3-F golpeando la puerta y gritando su nombre?

–¡Kisaragi! ¡Kisaragi, despierta maldita sea! –Siguió retumbando, estaba en problemas, el olor a fuego le llegaba a la nariz y el humo lo veía sobre su cabeza, pero no se levantaba. ¿Qué demonios le sucedía?

– ¡Amo! ¡Amo, levántese! ¡Suelte la piedra!

¿Piedra? ¿Cuál piedra? Sus dedos se movieron y sintieron algo duro, uno que otro pico escabulléndose por sus dedos lo trajo a la realidad. La piedra de Ayano funcionaba monstruosamente bien.

–¡Apunten!– Gritó un muchacho de cabellos claros con un arco, detrás una línea de todas las clases de seres con arcos, ballestas, balistas y arbalestas apuntando a un monstruo tres veces más grande del que encontraron en la caza del tesoro.

–¡Disparen! –Los proyectiles salieron, los colores en el cielo y el humo invadieron toda la zona. Pero no funciono. Se multiplicaron, así, sus partes regados se hicieron más y por si fuera poco, una iba por él.

–¡Amo! ¡Haga algo!

–¡Eso intento! La…¡La telequinesis no funciona, no puedo hacer nada ahora!

–Shintaro-kun~– En el cielo, un enorme dragón violeta con el estómago hecho de rubís dando su magnífica imagen en el cielo, sus ojos con piedras brillantes penetrantes llamaron la atención de todas las personas en el lugar, su rugido cortó todo tipo de recelo y espanto. En su espalda, no tan lejos de su cabeza o cuello estaba Kano inclinado, su cabello y su uniforme meciéndose con la brisa una sonrisa pegada a su rostro, suponía Shintaro. Al lado suyo, parada con su arco apuntando a su dirección su uniforme perfectamente adherido a su cuerpo meciéndose como su verdoso cabello (recordándole a un poster que él tenía de una heroína que no recordaba) estaba Kido con su arco preparada que en ese instante dejo que su flecha fuera libre.

Shintaro corrió, gritando un "Gracias" en el camino. Tenía que buscar a Ayano, para devolverle su piedra la muy tonta no había recordado que él aún tenía su dichosa piedra pero…también tenía que saber si estaba bien.

~ Ω ~

Al caminar hacia el dormitorio de las mujeres, chocó contra alguien. Su cabello esponjoso se sacudió con el viento, su pijama con un poco de adornos y vuelos lo hicieron a par con su cabello. Junto a eso. Junto a esa maldita zarpa de gato.

–¿Ki…? ¿Kitamura-kun?

–Kisaragi, ah…–La pequeña esponjosa sonrió infantilmente.

–Mary, Kozakura Mary. Sé que no es el momento de presentarse pero un gusto. – Extendió la mano, ¿Qué podría decir él? ¿"Hola, me llamo Shintaro y pese a la desfavorable situación en la que nos encontramos quiero saber porque demonios me acosas en sueños"?

–Ki…– No sabía si continuar eso o no.

–Este de aquí se llama Kisaragi Shintaro y yo soy su Merrie, Ene-chan, ¡Un gusto! –Como siempre, Ene contesto por él y pinchó la mano de su amo para que la alzara y la estrechara.

–¡Cuidado! –Obligo a Shintaro a ponerse detrás de ella, saco hábilmente su arma y descuartizo la cabeza de otro de esos enemigos.

–Gra…Gracias…– No entendía ni quería saber cómo las cosas habían cambiado tanto.

–De nada, sigamos.

Corrieron por el pasillo, en vez de un ataque parecían más fuegos artificiales que no alcanzaron al cielo que explotaban sin adornar el cielo con sus luces llamativas, pudo seguir divisando al dragón de rubís en los que se encontraban Kano y Kido, para un pequeño alivio, Haruka junto con Seto llamaban la atención de ese monstruo seguramente por sus prácticas veganas y todo eso.

Después de tanto correr por los pasillos y habitaciones encontraron la habitación de Ayano…vacía. ¡Demonios!

–Creo que Ayano-chan no está por allá. – Shintaro iba corriendo hacia las escaleras para el piso anterior, paró y la observo unos segundos.

–¿Cómo lo sabes?

–Lo siento…

Guardaron silencio unos segundos, Shintaro no sabía que decir exactamente hasta que Ene le susurró algo como "Hágale caso amo, su aura me trae tranquilidad, ¡Vaya con ella amo!"

Corrieron en cambio para el siguiente piso, esto para Shintaro era la muerte en vida, no entendía como esta pequeña niña podía correr tan rápido pese a que su cara se encontraba tan roja que podía ser su farol por si se perdían.

Llegaron hasta el último piso, una terraza en la que había otro monstruo similar a una serpiente enorme salida del subterráneo dispuesto a comerse a la muchacha, que al abrir su boca diferentes capas de dientes se abrían preparados para tener otra víctima cruelmente devorada.

–¡Ayano!

El grito de Ayano resaltó en todo el lugar, el asombro en la cara de Mary junto con Ene fue memorable cuando Shintaro se lanzó sobre la joyera amateur para el recibir el golpe. Y ahí estaba, le mordió. El hombro de Shintaro muy bien había quedado destrozado. La sangre se deslizaba y caía sobre la cara de asombro y horror de Ayano, sus lágrimas se combinaron con ellas al caer al suelo no demoró mucho a que Shintaro se derrumbara sobre Ayano.

¡SHINTARO!

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Konota-chan: ¡Bueno! Termine el capítulo, ¿Qué les pareció? ¿Les dejo con ganas de más con esta última parte? ¿No? ¿Nadie?

Ni quería.

Espero que les haya gustado el capítulo y por lo menos les de curiosidad que pasara con Shintaro, los amodoro.