Después del café Tony volvió a casa solo para ir directamente a su taller.

– ¿Jarvis?

–Buen día señor, ¿en qué puedo ayudarlo?

–Necesito saber algunas cosas sobre cierta persona, seguro lo conoces.

– ¿De quién se trata señor?

–Rogers, Steve Rogers. Quiero todo de él. –sonrió mientras comenzaban a aparecer algunas fotos del rubio frente a él.

Steve estaba tratando de adaptarse a este "nuevo mundo", la verdad es que había cosas muy sencillas y geniales, y había unas que se le complicaban bastante como la tecnología. Pero no se rendía de hecho recientemente se había comprado un celular para comenzar a adaptarse mejor.

Caminaba distraído mirando la caja y revisando algunas de las especificaciones que venían fuera, parecían bastante interesantes aunque tendría que investigar más para entender algunas de ellas.

–Pudiste conseguir un mejor modelo, sabes.

Esa voz. Levanto la mirada y se encontró al millonario frente a él bebiendo un café frío o eso parecía.

–Si me hubieras llamado yo podría haberte ayudado a conseguir algo definitivamente mejor pero hasta ahora voy cayendo en cuenta de mi error, no tenías teléfono celular.

El rubio puso los ojos en blanco y simplemente decidió ignorarlo.

–Pero bueno, ahora ya tienes un teléfono celular, no hay razón por la que no vayas a llamarme… mhhh a menos que no sepas usarlo. En todo caso yo podría ayudarte.

Steve gruño y siguió ignorándolo, era molesto definitivamente.

–De hecho, si quieres yo podría instalarle algunas aplicaciones muy buenas a tu celular, cosas que te servirían como: Peinados de los 40's, Vintage, oldies but goldies, ese tipo de cosas. ¿Qué me dices?

Finalmente el capitán se detuvo y volteo a mirar al hombre de hierro.

– ¿Qué es lo que quiere?

–Tener una conversación casual. –respondió con una sonrisa "inocente".

– ¿Una conversación casual? ¿Es en serio?

–Pudimos haberla tenido antes pero no me llamaste aunque ahora sé que fue porque no tenías teléfono así que no tienes que disculparte.

– ¿Disculparme? ¿Por qué habría de hacerlo?

–Porque no me llamaste

–No tenía planeado llamarte… De hecho ni siquiera guarde tu número.

Aquello lo impresiono un poco pero continúo como si nada.

–Oh vamos, sé que eso no es cierto y tú también lo sabes.

– ¿Qué es lo que quiere? En todo caso, ¿por qué me está siguiendo? Deje de acosarme pervertido.

–Hey, yo no soy un pervertido y no te estoy siguiendo esto solo fue un… encuentro casual.

El rubio rodo los ojos.

–Da igual, ya déjeme en paz.

– ¿Por qué te es tan difícil admitir que has estado pensando en mí?

Aquella pregunta fue muy directa y Steve no supo cómo reaccionar de manera inmediata, ¿qué le diría? ¿La verdad? No podía hacer eso, no quería hacerlo.

–No he pensado en usted en ningún momento, no hay razones para ello.

–No has dejado de pensar en ese baile y en que deseabas que pasara algo más, ¿por qué te cuesta tanto admitirlo? Si lo admites podría darte lo que quieres.

–No pienso seguir esta conversación.

– ¿Entonces vas a huir de nuevo? ¿Cuántas veces más debo de buscarte para que admitas que quieres algo más?

–A mí me parece que es usted el que desea algo más, el único que insiste en ello es usted pero sabe algo no va a pasar ni ahora ni nunc…

Y sin más fue callado. El castaño lo tomo por la nuca y lo acerco a él a la fuerza para besarlo silenciando cada palabra que saliera de sus labios. Steve, reaccionando por instinto, coloco sus manos en los hombros de Tony, los apretó con suavidad y sin esperar un momento más le soltó un rodillazo en la entrepierna logrando así que el millonario cayera al suelo agarrándose la zona donde había recibido el golpe.

–Antes de que diga nada escuche y escúcheme muy bien… –Le dijo el rubio bastante agitado. –NO VUELVA A HACER ESO O JURO QUE NO CONTENDRÉ MI FUERZA LA PROXIMA VEZ. Si cree que todos queremos acostarnos con usted está muy equivocado. Déjeme decirle que he conocido mucho patanes en la vida pero usted se lleva el premio. DÉJEME EN PAZ.

Y dicho esto se alejó dejando al hombre de hierro hecho un ovillo en el suelo.

Ese momento rondaba por su mente una y otra vez, ¿cómo es que se había atrevido a besarlo? Ese había sido su primer beso desde que había quedado congelado y, sinceramente, había sido su primer beso con un hombre. Era un estúpido, un gran estúpido. Maldecía a Tony Stark y lo haría por siempre o eso podría aparentar porque pos mucho que lo negará, por mucho que no quisiera admitirlo ese beso se había sentido bien y es que era de esos besos robados que se recuerdan con rabia pero que hacen poco más que causar sueños húmedos.