Zafiros y esmeraldas
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 8 Una Mirada al pasado
—Candice White Andrew, señor...— Le contesto sonriendo, pero a la vez terriblemente desconcertada por la sorpresa en el rostro del señor Grandchester. Terry, su madre y hermanas también lo miran asombradas por su reacción.
—¡Dios! ¿Será posible?
—Papá... ¿qué pasa? Parece que nunca has visto a una chica.— Se enfada Terry y su padre parpadea, como saliendo de un trance. Terry aprieta mi mano porque inexplicablemente empieza arder e incluso puedo sentir la suya en llamas.
—Candice White Andrew... ¿tienes otro familiar con ese nombre?— Me pregunta con los ojos bien abiertos, los mismos ojos de Terry.
—Terrence, cariño... creo que estás poniendo a la chica nerviosa.— Se levanta Leia y trata de alejar a su marido sonriendo apretadamente.
—Sí, señor. Mi bisabuela era Candice White Andrew I y mi tía es la II. Yo soy Candice W. Andrew III... Pero... ¿usted conoció a mi familia?— Pregunto y Terry se queda mirando a su padre esperando una respuesta.
—No. Yo no conocí a tu familia, pero... ¡Dios!
—Papá, ¿podrías decirnos ya qué es lo que pasa?
—¡Terry! Cálmate.— Le doy un codazo por desesperado y malcriado.
—Acompáñenme, por favor...— Nos guía hasta un despacho y todos vamos curiosos, expectativos. Abre un elegante armario y va sacando un cuadro. Lo voltea y y nos muestra. Me quedo mirándolo sorprendida porque es el mismo cuadro que hay en el despacho de mis bisabuelos. Terry mira la imagen más que sorprendido.
—Eh, sí... es la bisabuela Candy... pero... ¿cómo es que usted tiene su cuadro?
—Porque mi abuelo lo pintó.
—¿Su abuelo?
—Sí. Terrence Graham Grandchester I.— En ese momento comprendo las iniciales que siempre habían despertado mi curiosidad.
—¿El abuelo? ¿Qué no era actor?
—Sí, hijo. Pero... la dama del cuadro, fue el gran amor de tu bisabuelo. Un amor que perdió de una forma muy trágica.— Mis ojos se ponen gigantes y la expresión de Terry y los demás vale un millón.
—¿La perdió cómo? Mi abuela se casó con William A. Andrew I y ellos... eran felices...— Digo porque no quiero creer que mi bisabuela haya amado a otro, aunque no conozco esa historia que menciona el señor.
—Es una historia larga y triste, señorita. Me alegra que su bisabuela haya sido feliz. El abuelo Terrence nunca lo fue. Nunca se recuperó de ella.— Lo expresó con un profundo dolor y hasta me sentí culpable. Mi palma comenzó arder con intensidad. Busqué refugio en la palma de Terry porque no soportaba el dolor.
—Lo siento mucho, señor... no nocozco la historia. Yo no llegué a conocer a la bisabuela... murió al momento en que mi madre se encontraba embarazada de mí...
—También murió el abuelo Terrence en cuanto nos enteramos que esperábamos a Terry...— Los ojos del señor Grandchester se nublaron de dolor, también los de Leia y los de Terry se volvieron sombríos. Seguro recordó la muerte de su primera y joven esposa y mi mano arde al sentir el dolor de Terry, su culpa por vivir a costa de la muerte de su madre. Le regalo una mirada, la más dulce de la que soy capaz y él planta un suave beso en cada uno de mis ojos que mojaron sus labios con un par de lágrimas que se me escaparon sin querer.
—¿Tiene alguna fotografía de su abuelo...?— Pregunto con ansias, quiero conocer a ese hombre que tanto amó a la bisabuela. Me urge una gran necesidad por conocer esa historia.
—Claro.— Abre una gaveta del escritorio y saca una caja cuadrada, ancha y elegante, se la extiende a Terry y tomamos asiento. Leia se va con las gemelas a otra parte.
—¡Dios mío! Es igual a ti, Terry... a ustedes...— Miro también al señor porque son dos réplicas exactas, pero Terry... Terry tiene algo más que no puedo describir.
—¡Una foto de la bisabuela!— Exclamo y mi mano arde. Me veo exactamente igual a ella. La ropa que tiene ella y la que tiene el bisabuelo de Terry es la misma ropa que llevábamos en nuestro sueño... Miro a Terry de pronto porque no he hablado con él de ese sueño...
—Terry... esta ropa...
—¿Tú también lo soñaste?— Su voz es alta y sus ojos se agrandan.
—Sí...
—Si yo no creyera en esas chorradas, diría que ustedes son la reencarnación.
—¡Arrr!— Nuestras palmas recibieron un fuerte shock de fuego y las unimos desesperados ante la mirada atónita del señor Grandchester. Luego el ardor se fue y al contemplar nuestras palmas, vimos brillar tenuemente nuestras respectivas "T" y "C".
Seguimos viendo fotografías y encontré una que me dejó de piedra. Estaban ambos. Era un fotografía muy antigua, en blanco y negro. Pero estaban ellos juntos y sonreían... felices...
—Al parecer eran buenos amigos...
—De hecho, no, señorita. Eran novios. Esa fotografía se la tomaron la última tarde que compartieron juntos... antes de que... se separaran en la noche del estreno de su mejor obra.— Se lastimó mi mano violentamente al escuchar eso. Me embargó una gran tristeza, sentí que se me encogió el alma. Miro a Terry y se me acerca, su palma acude a la mía para aliviarla.
—Pero... si se amaban tanto... ¿por qué...?
—El destino hizo de todo para que no estuvieran juntos. Es una historia demasiado triste, señorita. Tal vez en otro momento...
—Entiendo, señor, no se preocupe.
—La vida está llena de sorpresas. Un siglo después... se conocen ustedes, precisamente ustedes... espero... que con ustedes sea diferente. Si se aman... espero que sea diferente.— Vi los ojos del señor Grandchester llenarse de agua y nos sonrió débilmente. Se fue y Terry y yo seguimos sacando fotos y recortes de periódicos del cajón.
—Mira, Pecosa. Aquí hay también cartas...— Terry toma varios sobres y me extiende uno. Notamos que todos los remitentes pertenecen a mi bisabuela... no puedo aguantarme y saco la carta para leerla.
Noviembre 22 de 1912
Chicago
Para: Terrence G. Grandchester
De: Candice W. Andrew
Terry, primero que nada, debes dirigir tu carta con mi verdadero nombre.
Me llamo Candice, Candice, no pecosa, ni señorita pecas, ni tarzán.
Bueno, olvidando eso, me alegra que estés bien y que tengas éxito en el teatro.
Estoy muy orgullosa de ti y de que hayas conseguido el papel de Romeo.
Me gustaría tanto estar contigo para celebrarlo, pero...
tengo tanto trabajo y muchas veces no damos a basto y menos ahora con esto de la guerra.
Te comento y espero no te moleste, Albert, nuestro amigo...
también se vio afectado por la guerra y fue a parar al hospital donde trabajo...
perdió la memoria, ni siquiera recuerda su nombre y no tiene a nadie...
yo estoy cuidándolo. Rentamos un pequeño apartamento
y hemos dicho que somos hermanos para evitar las habladurías.
Espero que de verdad no te moleste, es que el pobre no tenía a nadie y no puedo darle la espalda.
Te extraño mucho, Terry.
No sabes cuánto deseo poder verte en el estreno de la obra.
Si no lo consigo, te deseo toda la suerte del mundo
porque mi corazón siempre estará contigo.
Te quiere,
Candice W. Andrew
P.S. Tu pecosa
—Se querían... él también le ponía sobrenombres...— Terry me sonríe de lado, pero de pronto se pone muy serio.
—¿Y no es ese tal Albert con el que se casó finalmente tu bisabuela?
—Sí, pero...
—¿Qué no eran amigos él y el bisabuelo?
—Al parecer sí, pero algo pasó que...
—Que terminaron enamorándose y tu bisabuela mandó a mi bisabuelo al diablo.
—¿Qué? ¡Terry! No digas así. ¡Tú qué sabes!— Le respondo agitada mientras él me mira con furia. Separamos nuestras palmas ardientes con orgullo aunque nos esté lastimando fieramente.
—Que no soy tonto, Candice. Ella y el amigo comenzaron a vivir juntos, un hombre y una mujer viviendo juntos y solos... ¿qué podrías esperar?
—¡Eso no te consta!
—Lo que sí me consta es que con amigos como el tal Albert, ¿para qué querrías enemigos?
—Tú no conoces la historia. No sabes qué fue lo que pasó, así que cállate.— Le grito con mis ojos inyectados de coraje y dolor. Terry cuando quería ser insoportable e intransigente no había quién le ganara.
—Sólo hay que sumar dos más dos, Candice. Vivían en dos ciudades diferentes, a penas se veían mientras que el gran amigo estaba ahí, cerquita, viviendo con ella... consolándola y ta ta tan... Ya puede besar a la novia, ¿no?
—Estás hablando sin saber, Terrence.
—Lo que yo sé es que sobre mi cadáver, escucha bien, Candice, sobre mi cadáver vas a vivir tú sola con otro hombre que no sea yo, ¿has entendido?— Me toma fuerte de la cintura, y en sus ojos hay dolor y furia, mi palma y la suya arden. Su mirada también me quema.
—Hey, hey... ¿qué es lo que pasa? Sus gritos se escuchan hasta el salón.— Entra Leia y espera una explicación. Terry me mantiene sujeta y me sigue mirando con intensidad.
—Su hijo, señora. Su hijo es insoportable y...
—Y tú una niñata malcriada que no quiere aceptar la verdad.
—¿Cuál verdad? ¿La que tú asumes?
—Lo que asumo no, lo que es obvio.
—Bueno, bueno... ¿pueden explicarme el motivo de la discusión?
—Que Terry insinúa que mi bisabuela abandonó a su bisabuelo dizque porque...
—Porque se enamoró del amigo de ambos y mandó al bisabuelo a moler piedras con las nalgas.— Terminó Terry interrumpiéndome.
—Jajajajaja. Jajajajajaja.
—¿Qué es tan gracioso, mamá?
—¿Qué? Más bien quiénes. Pues ustedes dos, par de tontos. Están discutiendo por los motivos de la separación de sus bisabuelos hace un siglo atrás, asunto que no les concierne y del cual no tienen conocimiento.— Ambos miramos a Leia de pronto rojos de vergüenza por lo absurdo de la discusión.
—Terry empezó.
—Yo sólo di mi opinión y tú te pusiste como loca...
—Claro que no, tú te molestaste y...
—Porque tú dijiste que...
—Eso lo dijiste tú y además...
—¡Basta!— Nos reprendió Leia y yo me alejé de Terry furiosa con el cajón de fotografías y ella sonriendo se fue. Terry seguía conmigo, pero manteniendo la distancia y con el ceño fruncido.
—¿Podrías leer en voz alta?— Me exige cuando me dispongo a leer otra carta en silencio.
—¿Para que te pongas como el diablo otra vez?— Puso los ojos en blanco y me arrebató la carta molesto y comenzó a leerla él.
7 de Diciembre de 1912
Chicago
Para: Terrence G. Grandchester
De: Candice W. Andrew
¡Terry! Deja de bromear así.
Llegué a creerme que de verdad te molestaba el hecho de que viviera con Albert. ¡Tonto!
Gracias por el boleto. Ya me había resignado a no poder ir a verte actuar,
pero tú siempre me sorprendes. Me haces muy feliz Terry y te extraño mucho.
Me enviaste sólo el boleto de ida y al principio no entendí, pero ahora...
ahora lo veo todo claro. ¡Y sí! ¡Claro que sí! Me quedo contigo.
Me encantaría una vida junto a ti y ansío que ese día llegue ya, no soporto más tu ausencia.
Quiero estar ahí contigo, siempre en primera fila, apoyándote.
Llegar a casa y que me estés esperando... cuidarte y consentirte mucho.
Esta vez nada me alejará de ti, espérame, esta vez no te dejaré ir, no sin mí.
Tuya,
Candice W. Andrew
P.S. Muy pronto, Candice W. Andrew de Grandchester
—Al parecer, tu bisabuela no cumplió su promesa.
—Terry, ya basta de buscar culpables. No ganamos nada con eso, no pudo ser y es lamentable, pero ese no es nuestro asunto. Ellos lo decidieron y marcaron su destino... ¡ay!— Mi mano ardió tanto que emití un grito. Terry fue hacia mí y me la besó con mucha dulzura. Se quedó así por un momento largo, sus ojos cerrados.
—Yo nunca permitiré que me abandones, Candy. Nunca.
—No tengo intención alguna de irme, Terry. Es así como siempre quiero estar. Aunque sea peleándonos.
—Tú eres la que peleas.
—¿Yo? Tú eres al que no se le puede llevar la contraria porque...
—¿Ves? Yo estoy muy calmado y ya me estás gritando.
—¡Grrrr! Te odio.
—¿Ah sí?
—Sabes que no.— Se acerca a mí y me rodea con sus brazos. Anhelo ese beso como a nada en este mundo. Su boca en mi boca, su lengua y la mía. El sabor de Terry ahogándome, extasiándome. Me levanta un poco, no toco el suelo. Me cargó para besarme, mis brazos acorralan su cuello mientras me sostengo de él y seguimos besándonos sin más, sin noción del tiempo... yo simplemente me dejo amar.
—Ejem... chicos... los estamos esperando en el jardín para merendar.— Me separo abruptamente de los brazos de Terry cuando su madre entra y me pongo roja de vergüenza.
—Mamá, ¿no podrías tocar primero?
—Toqué varias veces y no respondieron.— Nos miró con malicia y yo enrojecí aún más.
—No te preocupes, aún no serás abuela.
—¡Terry!— Nunca en mi vida había sentido tanta vergüenza mientras que Terry era todo carcajadas.
—Más les vale que no. Vamos.— Somos arrastrados por ella como niños chiquitos hasta el jardín enorme y hermoso. Era idílico.
—¡Candy! ¿Quieres limonada?
—Claro, Gia.
—Nosotras la hicimos.
—Pues espero que no nos envenenemos.
—Terry, deja de molestarlas. Al menos se interesan por la cocina. Tú no sabes hacerte ni un huevo.— Le dice su padre y todas reímos.
—Pues te has perdido bastante de mí. Tu esposa, hace años que me enseñó a cocinar.
—Ya, por favor. Vamos a disfrutar de este hermoso día en armonía. Y para que conste, cariño, Terry hace las mejores barbacoas de la zona.— Sonrío y me alegro por la forma en que Leia saca cara por Terry y a la vez me duele la competencia y la tensión que los ronda a él y a su padre, sin embargo, tienen la misma actitud, tal vez por eso chocan tanto.
—También hay pastelitos de queso y guayaba, ¿quieres, Candy?
—Por supuesto que sí.— En seguida las gemelas me extienden sus manos con varios pastelitos y me pregunto si me cabrán todos.
—¡Terry! No son para ti.— Se molesta una de ellas al ver que Terry me quitó uno y se lo comió.
—Pensé que el cumpleañero era yo.— Contesta y choca su nariz con la mía. Sus padres nos miran con adoración, especialmente Leia, siento que su mirada a veces me idolatra.
—Y bien, ya que piensas hacer esos cursos avanzados, entrar a la universidad... ¿decidiste lo que vas a estudiar?— Pregunta el señor Grandchester de pronto y la tensión envuelve el ambiente.
—Estaba pensando estudiar mecánica de aviación... o ingeniería industrial... creo me decidiré por la primera y sería fácil entrar al Army...—Su madre se atraganta con un pastelito y su padre al parecer no puede creer lo que está escuchando.
—¿Al Army? ¿Qué necesidad tienes tú de entrar al Army?
—Pagaría mi carrera, no dependería de ti y nadie más podría decirme que soy un vago que no aporta nada a esta nación.
—No tienes que convertirte en propiedad de Estados Unidos para ser alguien. Tú ya eres alguien. Y por supuesto que no apoyo esa chorrada.— El señor se altera y todos nos ponemos tensos. La mandíbula de Terry se aprieta.
—Precisamente por eso pienso entrar al ejército. Ellos pagarían mi carrera, así que no necesito tu dinero, ni tu apoyo.— Me pongo incómoda, presiento que se avecina un gran desastre.
—Mira, Terrence. Hemos tenido esta conversación varias veces. Primero era la basura esa de la banda y ahora...
—Todo lo que a mi me gusta es basura para ti. Todo lo que hago. Odias todo lo que soy. ¿Por qué? Ella también cantaba. Le gustaba la música y tú la amabas. ¿Por qué no puedes amarme a mí?
—Terry, por favor, cielo, cálmate. Terrence, por favor, déjalo en paz. Déjalo ser lo que quiera ser.— Interviene Leia acercándose y las gemelas se ponen a llorar consternadas mientras yo me siento en medio de todo eso sin poder hacer nada.
—Tú eres la culpable de todo esto, Leia. Tú has apoyado todas sus estupideces desde un principio.— Le reclama a la pobre mujer y la veo encogerse y achicarse, como me sucede a mí cuando Terry se pone fuera de sí.
—Tal vez porque ella no me odia. Ella al menos me ha querido y ha sido mi madre. Pero tú me odias y aborreces todo lo que soy. ¿Por qué no te deshiciste de mí en cuanto nací? ¿Por qué no me diste en adopción? No, era mejor tenerme cerca para poder siempre señalar a un culpable... siempre estás culpando a alguien por todas las mierdas que te pasan y...
—Tú no sabes de lo que estás hablando, imbécil.
—¡Terrence!—Grita su esposa aterrada.
—¡No! No, por favor, no le pegue.— Me muevo como un rayo y rodeo a Terry con mi cuerpo y estuve a un escaso segundo de recibir en la cara la bofetada que iría dirigida a él. Su madre y las gemelas nos miraban con horror.
—No lo lastime más, por favor...—Suplico con la voz quebrada por el llanto y el señor se detiene en seco, mirándome como si fuera una criatura exótica. Veo su mandíbula temblar y su mano estendinda bajar lentamente. Luego sigue caminando y desaparece.
—¿Por qué hiciste eso?— Me reclama safándose de mi agarre y me deja desconcertada porque parece molesto conmigo.
—Porque iba a pegarte y...
—No tenías que interpornerte. Llevo veinte años manejándolo.
—Pero...
—No lo vuelvas hacer. Nunca, Candice.— Me advierte y lo miro con una mezcla de dolor y rabia.
—¿Por qué no te dejas ayudar?— Le reclamo.
—Porque pudiste haber salido lastimada. ¿Sabes lo que duele la bofetada de un hombre?— Me ladra con furia y rencor.
—No...
—Y espero que nunca lo sepas, Candy. Nunca.— Acaricia mi rostro mientras siento el nudo en su voz, a punto de quebrarse, peleando con el llanto.
—Terry, Candy... ¿están bien?
—Si mamá. Estamos bien. Y estaremos mejor cuando nos larguemos de aquí. Ven, Candice.
—No, Terry, no se vayan...— Suplican las gemelas y cada una elige a uno de nosotros para aferrarse. Terry carga a una de ellas.
—Tengo que llevar a Candy a su casa. Les traeré un regalo la próxima vez.
—¡Sí!—Exclaman contentas y yo vuelvo a llorar de emoción. Terry adora a sus hermanas y ellas a él.
—¿Y traerás a Candy?— Terry titubea y luego se tensa. Puedo ver nuevamente el nudo formarse en su garganta.
—No lo creo. Pero... puede que para la próxima las lleve de paseo junto con Candy.
—¡Sí!—Se conforman y luego de que yo recuperara mis cosas nos vamos.
—Lo siento mucho, Candy.
—No tienes que disculparte. Yo soy la que lo siente...
—Te llevé a casa porque se suponía que él no iba a estar...
—Tarde o temprano iba a conocerlo, Terry...
—Pero a penas estamos comenzando. No quería que fuera esta la primera impresión que te llevaras.
—Las cosas claras desde un principio son mejores. Sé lo que hay, lo que puedo esperar, sin secretos, sin decepciones. Y así sabrás que estoy contigo y acepto lo que eres y lo que tienes.— Se queda mirándome fijo por un rato.
—¿Quieres irte a casa ya o te gustaría ir a otro lugar?
—Creo que necesitamos un lugar donde podamos estar solos. Necesitamos hablar.
—Bien. Te llevaré a un lugar secreto.
—Sonrío porque por fin él sonríe. Con su travesura de siempre. Llenando mi mundo.
—¿Dónde estamos, Terry?
—En mi mundo, Candy. Te invito a perderte en él.
Continuará...
¡Hola!
Espero que les haya gustado este capi. Ya estamos entrando en los demás personajes, viendo lo que hay en sus mundos. Bueno, les comento que las actualizaciones serán de Lunes a Viernes para los dos fics y el que participo como co-autora. Tengo dos fics, tal vez no actualice los dos a la vez, pero cada uno tendrá su actualización entre lunes a viernes.
Puede que las fechas en las cartas de Candy y Terry no sean muy precisas, me disculpan si fue así.
LizCarter: El fic que te mencioné, me gustaría que le dieras un vistazo a los últimos capítulos, tal vez ahora cambie tu opinión. Sólo dale un último vistazo.
Eri: Los dejá vus y las sensaciones extrañas que a veces rodean a Candy y Terry sí continuarán porque de eso se trata. Son flachazos de sus vidas pasadas.
Gracias por comentar:
Nerckka, TerribleAle, kary klais, Eri, norma Rodriguez, Ingrid quintulen, Maria De Jesus L H, LizCarter, Amy C.L, Kazy Tailea, WISAL, dulce lu, Iris Adriana, Laura GrandChester, dulce maria
Hasta pronto,
Wendy
