Zafiros y esmeraldas

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 11 Corazón rebelde


—Que te amo, Candy. Te amo...—Me lo dice desesperado mientras busca algo en mi mirada... busca mi reacción, busca que mi ojos hablen, pero yo sigo conmocionada. Me siento feliz, esas dos palabras me hicieron inmensamente feliz y quiero... quiero responderle que yo también lo amo, pero las palabras se entorpecen en mis labios y no salen. No puedo asegurar que lo amo... o tal vez tengo miedo de reconocer que lo amo porque además... sé que está siendo totalmente sincero. Sus ojos me dicen que me aman y mi palma arde, mi "T" resplandece y quema esperando una contestación. Le hago una señal a Dorothy para que se retire. Lo hace no muy convencida y cierra la puerta.

—Terry... yo... quisiera decirte que...

—No me lo digas, Candy. No necesitas decirme nada por ahora. Yo sé que es muy pronto para ti, que aún no superas a... Anthony... y yo no pretendo borrártelo con un par de besos, pero necesito que que sepas lo que siento. Te amo desde ya. Desde el primer momento.— Me hace llorar con su declaración, se acomoda y toma mi rostro en sus manos, mis lágrimas mojan las yemas de sus dedos mientras sus dos zafiros me van hipnotizando.

—Quiero amarte, Terry. Y... si un par de besos no pudieron arrancarme a Anthony, lo harán otros tantos besos más... mis ganas infinitas de ti. Me siento a horcajadas sobre él y me entrego nuevamente a sus caricias y besos.

—No hay nada que desee más, Candy. ...que arrancártelo para siempre del corazón. Quiero tenerte entera... no quiero a nadie entre tú y yo. Te necesito mía... que no pienses en nadie más que yo.— Su boca me castiga ardientemente con besos intensos, muerde mis labios, succiona mi lengua, frota mis senos, me muevo contra su erección y gimo con tantas ganas de pertenecerle. Es imposible pensar en nadie más estando con él, bajo él, sobre él. Hace tiempo que mis pensamientos dejaron de encontrarse con Anthony...

—Terry, te necesito... te necesito tanto. Necesito de ti, por favor... borrálo todo... hazme de nuevo.— Le suplico entre jadeos, presa de un deseo abrasador, embriagada y desbalanceada por sus besos y roces.

—Yo te necesito más. Te necesito todo el tiempo. Perdóname si te estoy absorviendo, pero necesito cada instante de ti. Te amo.— Otra vez lo dijo y su beso selló las palabras que mi boca se negaba a pronunciar, tal vez evitándome la pena de no sentirme capaz de hacerlo aunque estuvieran gritando atrapadas en las paredes de mi corazón. Sujeta mi trasero en medio del ardor de sus besos, moldea mis nalgas, mi cintura y yo me froto más fuerte de su dureza. Un deseo feroz me posee. Algo casi primitivo. Llevo sus manos a mis pechos y al apretármelos fuerte y a la vez delicado, se altera cada vello de mi piel. Mi centro femenino palpita y duele mientras se derrite. Terry me saca la playera... como lo hizo unas horas atrás cuando estaba perdida en su mundo. Mi sostén se desabrocha por la parte de al frente y él no perdió tiempo en liberar mis pechos. Sus manos los acariciaban gloriosamente. Se llevó uno de mis pechos a su boca y ahogué un gemido en el hueco de su hombro. El otro pecho era vícitma de los roces de su pulgar... mi sexo está a punto de erupción y la campanita que está en el centro palpita y titila el deseo de él.

—Terry...—Suelto su nombre con dificultad y son incapaz de dejar de besarlo, de rozarme de él.

—Dime... ¿quieres que me detenga?—Me pregunta con la voz atropellada sin dejar de besarme ni tocarme y siento que moriré... la muerte me sabe a gloria en este momento.

—No. Quiero que termines lo que iniciaste hace un rato.— Empujé su cabeza para que siguiera disfrutando mis pechos y comencé a bajar la cremallera de su pantalón. Estoy dispuesta a ser suya... él me necesita y quiero darle todo... quiero que sepa que soy suya aunque no pueda decírselo con palabras.

—Candy...

—Por favor... hazme el amor...

—Candy... no puedo... ahora no.—Está batallando contra su deseo sin mucho éxito y reconozco que no estoy cooperando. Estoy incitándolo a continuar. No deja de temblar mientras me toca y me baja mi short. Sólo somos mis bragas y yo a horcajadas sobre él.

—Seré tuya. Eso es lo que pides, tuya seré.

—Candy... detente, por favor. No nos hagas esto. No aquí, ahora...

Se va separando de mí poco a poco, recuperando algo de voluntad y me siento vacía y rechazada.

—¿Por qué?— Pregunto alterada y en cierto modo, lastimada, pero no puedo acusar sus ojos ni al amor que hay en ellos.

—Por muchas razones, Candy. La primera... estamos en el despacho de tus padres... que están por llegar... La segunda... estoy demasiado excitado y con muy poco tiempo disponible... eso me haría enterrarme en ti sin miramientos, sin delicadeza y lastimarte. Y tercero... quiero hacerte el amor. No prentendo echarte un polvo de diez minutos contra el muro de este despacho.

—Pero...

—Esto lo hago por ti, Candy... me está costando mucho, por favor, no insistas.— Me da un beso suave y conozco a este hombre tan bien que reconozco lo autoritario en ese beso. No hay más que discutir. Con delicadeza, me aparta de su regazo y recoge mi ropa. Me ayuda a vestirme y no puedo evitar que mis lágrimas caigan.

—No llores. No quiero que te frustres... esto me está costanto más a mí que a ti, créeme. Te deseo como no tienes idea y cuenta, Candy, cuenta y escríbelo que te haré mía, muy pronto. Pero no aquí.—Ya me ha vestido por completo y se subió la cremallera, pero su erección permanecía implacable, tanto como mi deseo por sentirla en mí, dentro de mí.

—Lo siento. Me he vuelto impulsiva... pero es que... quería entregarte todo de mí...

—Y lo harás. Voy a tomar todo de ti. Pero quiero... quiero hacerlo por largas horas, disfrutarte entera... que sea inolvidable para ti... quiero que despiertes, luego de que te haya hecho el amor, sintiéndome aún sobre tu piel... dentro de ti... cada vez que camines, cierres los ojos... puedas sentirme... sentir que has sido mía.— Mientras me besa, pienso en la profundidad de sus palabras y veo mucho más. No ando con un niño de veinte años, las expresiones de Terry son profundas, vienen de un hombre que ha vivido lo suficiente como para saber de pronto lo que quiere en la vida, el valor de todo.

—Tengo muchos planes, Candy. Tengo muchos sueños que espero alcanzar a tu lado.

—Háblame de ellos, Terry. Compárteme tus sueños.— Me recuesto en su pecho mientras sus brazos fuertes me acunan y espero ansiosa escucharlo.

—Quiero superarme. Que mi madre se sienta orgullosa de mí, las dos y sobre todo... tú. Por eso... quiero estudiar y prepararme para poder lograrlo y darte la vida que te mereces... necesito que veas en mí a un hombre... por eso no puedo contar con el apoyo de mi padre, que de todas formas no lo tengo.

—Por eso piensas entrar al ejército...

—Es un sacrificio, pero... es una forma segura de lograrlo... los beneficios me permiten lograr mis metas sin la ayuda de mi padre y podré sacar una carrera.

—Pero no te vería por mucho tiempo...—De sólo pensarlo me dio un dolor profundo. No quiero imaginar lo que sería estar lejos de él.

—Sólo serían seis meses por el entrenamiento. Pienso quedarme en la reserva mientras estudio. No me iría activo hasta estar preparado académicamente.

—Ya me siento orgullosa de ti... y sé que tu mamá también... pero sabes...

—Dime.— Me alienta a continuar con un beso en mi pelo y yo respiro profundo antes de expresarme, siento que tocaré un punto delicado.

—Pensé que tu sueño era la música. Cantar...—Me volteo y veo como se nubla y se tensa su expresión, cómo suspira y se pierden sus ojos en una gran melancolía.

—Lo era. Amo la música, cantar... pero... no sé si pueda vivir de eso y tengo que trazarme metas más tangibles, sobre todo... si quiero un futuro seguro que ofrecerte.— Se me enchina la piel al saber que soy parte de su futuro, pero me duele mucho ver cómo se rinde tan fácil ante la perspectiva de lograr su verdadero sueño.

—Pero somos tan jóvenes, Terry... puedes lograr hacer lo que más quieres. Si te lo propones... puedes cantar, si es tu pasión...

—Para eso necesitas apoyo y dinero, mucho dinero y... mi padre no invertiría ni un solo centavo en una carrera musical... y yo prefiero no deberle nada, así que sigo en pie con mis planes. Entraré al ejército.—Dijo rotundo. Se había rendido. Así de fácil.

—Terry... ¿y si te ayudo?—Voltea hacia mí bruscamente y me mira directo. Sin un sólo rastro de sonrisa en su rostro.

—¿Ayudarme cómo?—Me pregunta con voz fuerte, como advirtiéndome que obtendré de él una respuesta totalmente negativa.

—Pues... dices que se necesita dinero y que tu padre no te apoya... mi padre en eso es mucho más flexible y tal vez...

—No. Ni se te ocurra volver a insinuar semejante disparate, ¿me oíste?—Se pone de pie y me alza la voz. Me paralizo y me encojo como una tortuguita asustada. No me esperaba su reacción tan visceral.

—Terry... yo sólo quería...

—¡Dije que no! Y se acabó el tema.

—¡Por qué eres así!— Le grito con mis ojos llameantes de coraje mientras me traicionaban un par de lágrimas. Me pongo de pie frente a él y no dejo que su imponente estatura me amedrente. Le hago frente y lo reto, él me mira duro y serio, su mandíbula apretada y latiente, pero eso no me detiene.

—Porque me tratas como a un desvalido. ¡Me tienes lástima!—Me grita nuevamente y yo vuelvo a encogerme. No, mi carácter no puede competir con el suyo. Me alza la voz, me achico aunque sigo desafiándolo.

—El que se autocompadece eres tú. Yo sólo quería ayudarte. Dices que me quieres en tu vida, pero cuando de verdad intento entrar en ella, me apartas.

—Tú tampoco me has dejado entrar en la tuya. Todo lo tuyo es Anthony, Anthony y Anthony...

—¿Qué tiene que ver Anthony en ésto?—Grito furiosa ante su incoherencia y él de momento se queda sin argumento, como si de pronto comprendiera la idiotez que acaba de decir.

—¡Todo! Tiene todo que ver. Quieres convertirme en él.

—¿Qué? ¿Te das cuenta de la estupidez que estás diciendo?

—Señorita Candy, disculpe, pero sus padres ya llegaron. Le aviso antes de que sepan que están aquí solos...

—No te preocupes, Dorothy. Terry ya se iba.— Con los ojos llenos de lágrimas lo miro, él me mira perplejo, no pudiendo creer que lo estoy echando.

—Candy...

—Estoy cansada, Terry. Nos vemos el Lunes en la escuela.— Llega hasta la puerta de dos grandes zancadas, me miró con una furia latente que me hirió en lo más hondo y mi mano comenzó arder hasta el borde de lastimarme, pero no la uniría a la suya.

—Princesa, ¿está todo bien?— Nos pregunta mi padre y a pesar de que sonríe, sé que ha notado nuestra tensión.

—Todo está perfectamente, papá. Terry ya se va.

—Deben estar cansados. Fue un placer conocerlo, joven. ¿Vendrá mañana para almorzar?— Nos tensamos todavía más, no me esperaba esa intervención con invitación de mi madre.

—Mañana les diré. Buenas noches.— Sonrió forzadamente y su frialdad me dolió tanto que se me escaparon un par de lágrimas sin poderlo evitar, pero lo peor fue... el ardor de mi mano. Era insoportable.

—¡Ay!— Sacudí mi mano y me la froté buscando alivio. Mis padres me miran con cierta preocupación y luego miran a Terry.

—¿Candy?—Mi papá me llama con autoridad.

—Me lastimé abriendo una gaveta de los archivos...—Miento y le muestro la curita, pero no consigo engañar a Terry. Se vuelve hacia mí aunque sus ojos son como dos piedras por lo duro que aún me miran. Toma mi mano y planta en ella un beso que me dejó más ganas de llorar, pero alivió por completo el dolor de mi palma. Luego se fue sin decir nada más.

Me siento abandonada, resquebrajada por el simple hecho de haberme peleado con él. No lo entiendo... siento que lo odio en estos momentos, pero... lo extraño tanto... lo adoro y no entiendo por qué tenemos que pelearnos tanto. Sigo llorando en silencio ahora que estoy bajo la ducha. El agua y el jabón no pueden borrar sus besos y caricias de mi piel ni la sensación húmeda de su boca explorándome. Lloro amargamente bajo el agua. Hay tanta calidez entre sus brazos y ahora siento que ha caído el invierno para mí. Salgo de la ducha y me pongo mi pijama, al menos el baño fue relajante. Miro en mi cama a mi enorme Scooby Doo, lo miro con cierto reproche al principio, luego dejo de lado todo mi orgullo y abrazo el peluche. Me pregunto cómo puedo adorarlo tanto, odiarlo y luego extrañarlo a morir. Que el chico tierno que estuvo a punto de hacerme el amor en dos ocaciones sea el mismo que se marchó con esa mirada tan fría. Scooby Doo se está quedando con mis lágrimas en su piel de felpa.

—Candy...

—¡Mamá! ¿Por qué no tocaste antes?— Apresurada me dedico a limpiarme las lágrimas con el dorso de las manos, pero sé que para su instinto de madre es demasiado tarde.

—Toqué un par de veces, pero no respondiste. Ahora, sí, ¿qué es lo que pasa realmente con Terry?— Se sienta a mi lado en la cama y sus ojos castaños me miran apacibles, llenos de amor y comprensión.

—Es que... Terry es un tarado, mamá. ¡Un cavernícola!—El gesto de ella sigue siendo suave y hasta se dibuja un atisbo de sonrisa.

—¿Y se puede saber qué le hizo el cavernícola a mi niña?

—No se deja ayudar. Quiere siempre todo como él diga y...

—Y te enamoraste de él a pesar de todo eso.— Y no me está preguntando, es una afirmación.

—Sí... pero...

—Cariño, las peleas entre novios son muy frecuentes, especial esas que son iniciadas por tonterías. Los que más se quieren pelean por todo. No te desanimes por eso, es muy pronto aún, a penas se están conociendo...— Ella dijo "novios". Yo no lo he dicho que somos novios, pero ella es mi madre, las madres siempre saben.

—Es un necio, mamá. ¿Sabes lo que me dijo?

—No, pero supongo que me dirás.

—Dice que sólo pienso en Anthony. Que quiero convertirlo en él.— No pude ocultar el dolor en mi voz al recordar la discusión.

—¿Y tiene razón?

—¡Por supuesto que no! Yo... a penas he pensado en Anthony desde que lo conocí. Terry es muy diferente a Anthony, en todo...

—¿No lo has comparado con él?

—¡No! La discusión ni siquiera tenía que ver con él. No tenía nada que ver con Anthony y no sé por qué lo trajo a colación.

—Porque es un hombre, cariño. Seguro no encontró nada mejor que responder y te saltó con eso.

—¡Pues es un imbécil!—Grito impulsiva y mi palma arde, pero tengo tanta rabia que no me importó, aún así, abrazo fuerte mi Scooby Doo.

—Un imbécil por el que te mueres porque esté aquí.

—¡Mamá! ¿de qué parte estás?

—De la de ninguno de los dos. En problemas de parejas, los terceros sobran. Duerme tranquila, mi reina. Él está pensando en ti. Está tan mortificado como tú.

—No lo creo...— Digo y gruesas lágrimas se precipitan por mis mejillas.

—No te engañes, muñeca. Ahora descansa. Sé que pronto estarán bien.— Mi madre es la mejor. Me dio un beso y me cobijó, luego se fue y yo me quedé llorando sobre mi Scooby Doo.

Al día siguiente, Terry no vino almorzar. Tampoco me llamó ni yo a él y estoy tratando de sobrevivir a ese dolor. Ya es lunes y me esperan mis clases. Camino como zombie por los pasillos, en mi mundo, hasta que un tropezón me devolvió a la realidad, tumbando mis pensamientos al igual que el libro que llevaba en las manos. Cuando miro la persona con la que tropecé, me doy cuenta que no fue por accidente, que me está provocando.

—Susana, con el permiso, voy tarde.

—Tú y yo tenemos que hablar, maldita.

—No tengo nada que hablar contigo y te agradezco que no me toques.— Retiro con desprecio su mano de mi hombro y ella me mira con prepotencia desde su privilegiada altura comparada con la mía.

—Lo mal quitado no luce bien, ¿lo sabías?

—No sé de qué hablas, pero seguramente no me interesa, así que si me disculpas...

—¡Óyeme bien!— Me acorrarla y retiene contra la pared.— Sé de tus intenciones desde que llegaste, pero si crees que te dejaré a Terry y me quitaré del medio así de fácil, te equivocas.

—Ay, Sussy... ojalá Terry pudiera corresponderte de esa manera... pero... tienes que bajarte de esa nubecita, bombón. Tu carnaval ya pasó. ¡Y que sea la última vez que me toques!— La empujo con tal brusquedad que por poco cae de bruces en el suelo y fui directo a mi clase de historia.

—¡Señorita Andrew!— Me grita la maestra y yo vuelvo al mundo real.

—Eh... dígame...

—Le preguntaba si sabía qué es el "Boston tea party".

—Eh... ¿un evento de té que se lleva a cabo ahí?

—Jajajajajajaja. Jajajajaja.— Las risas de Susana y sus secuaces no se hicieron esperar. La maestra me mira con gesto severo a través de sus lentes con exagerado aumento.

—Si su mente está en otra parte y no le interesa mi clase, adelante, la puerta es ancha.— La maestra acaba de darme un boleto hacia mi libertad. Me lavanto y emprendo la retirada sin miramientos.

—Disculpe, profe...

—Karen Klaise, a menos que quiera hacerle compañía a la señorita Andrew, espero que lo que tenga que decir tenga que ver con la clase.

—Me temo que le haré compañía a la señorita Andrew.— Y entonces esa alumna con la que nunca había cruzado ni media palabra, es más, no recuerdo haberla visto nunca, me acompañó fuera del aula. Fui un poco mal educada y no le dirigí la palabra. Mis pensamientos sólo están en Terry... que no lo he visto y estoy nadando en mis propias lágrimas.

—¡Hey!— Karen me detiene agitada al darme alcance.

—¿Tú eres la Candy de Terry?— Me pregunta y se gana de pronto todo mi interés. La miro con recelo y me fijo en lo guapa que es. Tiene el pelo castaño en tono medio rojizo, largo y lizo, es muy guapa, esbelta y más alta que yo. En apariencia, parecería una de las amigas de Susana, pero algo me dice que no. Y baila en mi mente la frase la Candy de Terry...

—Soy Candice White Andrew...

—¡Exacto! La Candy de Terry... ¿o no?

—Conozco a Terry...

—¡Claro! Por algo son novios. Soy Karen Klaise Grandchester. Su prima.— Me sonríe y me da la mano. Algo me dice que esta chica es todo un personaje.

—Mucho gusto, Karen.— Me veo forzada a sonreirle.

—El gusto es mío. Mi primo tenía razón. Eres bajita. Y tienes muchas pecas.— Me quedo mirándola y no sé si enojarme o reirme. A penas se introduce y parece que Terry le ha contado mi vida.

—Todo un bocazas tu primo.

—Es que llegué nueva hoy. Él me trajo. Me habló mucho de ti, sabes.

—¿Ah sí?

—Sí. Bueno, Pecas, me voy.— Se fue como un rayo sin mirar atrás. "Pecas". ¡Vaya confianza! Tuve la tentación de ir al patio y encontrarme por casualidad a Terry... pero decido que no. Me debe una disculpa. Él tiene que buscarme y no yo. Decido meterme a mi habitación para poder llorar en paz.

Cuando entro, siento mi mano arder. Lo puedo oler, siento su presencia, pero él no está. En cambio... hay una pareja de peluches en mi cama, pegados. Dos perritos. El macho va vestido de diablito, con sus cuernitos, cola y tridente, es marrón. La hembra es color crema y está vestida de ángel, túnica blanca, alitas y aureola. Comienzo a llorar tan pronto lo veo. Beso esos peluches como si mi vida dependiera de eso y lloro desconsolada. Terry... mi chico malo. Me ha dejado una rosa roja y una carta. Me siento con mis peluches en brazos y me pongo a leer.

Candy:

No te digo pecosa, porque luego te enojas más.

No soy bueno con las palabras cuando se trata de disculparme... así que perdóname si no lo hago directo.

Siento haberte gritado, prometí no hacerlo.

Sí, ya sé que te fallé... es que llevo veinte años siendo así...

Pero será otra cosa que sacrificaré por ti.

Se me cae el mundo cuando te veo arrinconarte asustada.

Veo miedo en tus ojos y eso es como un puñal para mí.

Sé que soy malo para ti...

que tú eres toda dulzura, toda inocencia y yo...

yo sólo te traigo lágrimas y problemas...

He querido no arrastrarte a mi mundo. Un ángel tan hermoso

no merece ser arrastrado a mi oscuridad...

pero es que...

necesito de tu luz... y aunque sé que no soy lo que te conviene...

quiero ganarte, merecerte.

Y yo necesito que me ames cuando menos me lo merezca

porque será cuando más te necesite.

Sí, es una frase muy trillada, y no, no me pertenece,

pero se ajusta perfecto a lo que siento por ti.

Te amo, Candy. Y quiero darte todo, nada menos...

por eso... no puedo dejar que te sacrifiques por mí,

entiende que, yo necesito cuidarte y no al revés

y cuando te ofreciste a "ayudarme" me sentí miserable, poca cosa,

aunque no haya sido tu intención.

Sé lo que estás pensando. Además de arrogante, celoso y mandón...

soy también algo machista. Lo siento.

Me enseñaron que las chicas son princesas y que

están para consentirlas y hacerlas felices...

por eso no puedo ser yo quien dependa de ti

Cuando me despedí de ti... a penas di la espalda...

quise volverme y correr hacia ti otra vez...

no tuve el valor... tenía mucho coraje y pensé

que sería peor acercarme... pues tú me echaste,

indirectamente y eso lastimó mucho mi orgullo, sí, soy un necio.

Un necio orgulloso. No me volví por no enfrentar tu rechazo.

No he dejado de pensar en ti ni un rato...

Te extraño, ángel. Si quieres darme un par de cachetadas,

que las tengo muy bien merecidas... hazlo.

pero por favor... perdóname. Puedes infligirme un castigo.

Hacer todas las tareas, pintarte las uñas de los pies,

contar tus pecas. Está bien, lo siento,

no bromearé con tus pecas, aunque puedo lustrártelas...

ya, ya está bien. Sólo quiero que me perdones.

Que vuelvas a mí con tus besos...

quiero a mi pecosa de vuelta... a esa que me pidió

con tantas ansias que le hiciera el amor.

Te hago lo que tú quieras, mi amor.

Ya no te molesto más, preciosa, sólo quiero una sola cosa.

Mira detrás de ti...

Siento un escalofrío a leer esa última línea y me volteo para mirar detrás de mí.

—¡Terry! ¿Qué haces aquí? Sabes que nos pueden...

—Shhh. Necesitaba verte. Necesito tus besos.

Continuará...


¡Volví!

Estos días han sido un poco desgastantes para mí, pero ya estoy aquí. Espero que les haya gustado el capítuo. Estamos entrando en una nueva transición. Se están conociendo y librando sus propias batallas y pues... ya comienzan los conflictos.

Gracias por comentar:

Odette. escobar. a, Laura GrandChester, Mirna, WISAL, Candice. w. andrydeg, Eri, Kazy Tailea, Amy C.L, BERENICE BLAACK, Iris Adriana, norma Rodriguez, Ingrid quintulen, LizCarter, LUISA, Zafiro Azul Cielo 1313, comoaguaparachoc, dulce lu, Rose Grandchester, Nerckka, Lady Supernova


Eri: Cariño, no entendí bien la sugerencia... en cuánto si Terry y Candy sabrán que son la reencarnación, es algo muy prematuro por el momento y aún no he decidido si a medida que desarrollo esta trama lo crea pertinente, veremos a dónde nos lleva. La idea que me diste del Nuevo fic, no sé si la capté bien... ¿que Terry rehaga su vida y que no sea con Candy precisamente? No sé si fue eso lo que quisiste decir... bueno, yo no puedo ver a ninguno de los dos con otra pareja que no sea ellos mismos... es el único punto en que soy inflexible. Gracias por tus palabras, amiga.


BERENICE BLAACK: Bienvenida, el ser fan de Albert y que le des una oportunidad a mi fic es un honor, ya que yo sólo leo y escribo Terryfics. No te preocupes, no dejo historias inconclusas, esta es mi octava y espero que la disfrutes o que mientras, leas mis otros fics. Gracias, amiga.


Comoaguaparachocolate: Amiga, me alegra que estés de vuelta y ya todo aclarado, no me queda ningún resentimiento. Espero seguir viéndote por aquí, me da tristeza todo lo que están pasando en Venezuela y espero que se resuelva pronto. Me di cuenta que algo no andaba bien contigo, sé que eres sincera y que lo expresas como una debilidad lo de ser muy sincera, a veces es una virtud, dices lo que sientes. El que me consideres tu única amiga aquí es en sí un honor para mí, te considero igual y te agradezco la confianza. Yo soy más cerrada a decir lo que siento, tiendo a disfrazarlo para no herir o para que no entren demasiado en mí, a mi pequeño mundo y eso a veces me trae problemas de "comunicacion". Tengo muchos defectos, pero reconozco una virtud, de las pocas que tengo, porque realmente son pocas, y es que soy una buena amiga, no por opinión propia, sino porque me lo han expresado así y son buena para escuchar... aunque no tanto cuando se trata de hablar de mí, prefiero escribir, es más fácil para mí de esa manera, este es mi idioma. Espero saber pronto de ti.


Rose Grandchester: Me leí todo tu fic y te dejé mis reviews, espero que los leas porque llevo tiempo tratando de procurarte y además por unos consejitos que me gustaría darte, el principal, que continúes el fic, tus seguidoras te están esperando.


Un beso, chicas

Wendy