Zafiros y esmeraldas
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 14 El dolor de tu ausencia
—Karen...— La llamo porque al abrir mis ojos del extraño sueño lo primero que veo es el rostro dulce y preocupado de mi amiga.
—Hasta que despierta la bella durmiente.— Sonríe mientras acaricia mi mejilla y su contacto me hizo recordar a Terry... su infinita ternura tras la coraza de chico rebelde. Estoy disfrutando del instinto protector y maternal de Karen y poco a poco me voy sentando.
—Tuve un sueño un poco raro...
—Me gusta descifrar sueños. ¡Cuéntame!—Su entusiasmo me contagia aunque mi palma duele y mi "T " titila cada vez más débil.
—Desde que Terry y yo nos conocimos... cosas raras comenzaban a pasar...
—¿Cosas raras?— Se sienta frente a mí en la cama con las piernas recogidas y los ojos enormes puestos en mí y una expresión de estar viendo su película favorita.
—La primera vez que nos estrechamos las manos... nos dio un corrientazo.
—¡Oh Dios! ¡Qué envidida! Están tan conectados...—Suspira y abraza un almohadilla felpuda y pone sus ojos en modo soñador.
—Al principio nos asustábamos y luego fuimos comprendiendo y aceptando nuestra conexión. Cuando discutimos... o estamos separados nuestras palmas, la derecha específicamente arden hasta el punto de lastimarnos...
—Y... ¿cómo hacen para lidiar con eso?
—Pues... unir ambas palmas resulta, pero a veces el fulgor es tan fuerte que eso no basta...
—¿Y qué hacen?
—Terry besa mi palma y se alivia en seguida. Y mira esto...—Le muestro mi palma y ella puede ver, aunque ahora reluce muy débil, mi letra "T".
—¡Dios mío! Entonces es cierto... Terry tiene una "C". Se la he visto. ¡Candy! Ustedes tienen que estar juntos.— Se pone algo eufórica y yo pensando en sus palabras no hay nada que desee más... pero estoy tan atada...
—Hace unas semanas atrás estuve en casa de Terry y su padre casi se desmaya cuando me ve...
—¿Y eso?
—El bisabuelo de ustedes... fue el gran amor de mi bisabuela. No sé si has visto el cuadro que está en...
—¡Oh Dios! ¡Claro! Eres... ¡eres la del cuadro!— Toma mi rostro y lo examina. Karen está loca, pero la quiero mucho desde ya.
—No soy la del cuadro, la del cuadro es mi bisabuela.
—¡Vaya! Ustedes son la reencarnación perfecta. Creo que todos los somos.
—¿A qué te refieres?
—Yo me llamo Karen igual que mi bisabuela y... soy idéntica a ella. Siempre hubo buena amistad entre los Grandchester y los Klaise desde la pasión del bisabuelo Terrence y la de Karen por el teatro...
—Bueno, Karen, volviendo al tema...
—Ah sí, claro... sigue desembuchando.
—Encontramos cartas... pertenencias de ellos y entonces descubrimos que tuvieron una trágica y penosa ruptura... un amor que no se realizó... y al encontrar pertenencias y cartas de ambos nos dimos cuenta de cuánto sufrieron porque a pesar de no haber podido estar juntos... se amaron hasta el final y fue tan triste...
—¿Y cómo lo sabes?
—Vivimos su separación en carne propia...
—Candy, no sé si ando media tarada, pero... no lo pillo.
—Te dije que cosas raras nos pasaban. Hemos sido transportados al pasado muchas veces... en desmayos y sueños. Vimos exactamente cómo terminaron.— Se me aguan los ojos y lloro sin poderlo evitar.
—Candy...— Me acerca a ella y me abraza.
—Y no quiero perderlo yo también, Karen... es que yo lo amo... como si hubiera nacido amándolo... y ahora... ahora está ella y van a tener un hijo...
—Eso aún no les consta. Seguro que la Gusana esa se lo inventó. Por favor, Candy... no te rindas ahora. Terry te adora... él está perdido por ti...
—Eso me dijo la bisabuela...
—¿Eh?
—El sueño que no te he contado. Viví la separación de ellos... y también había una tal Susana... idéntica a ella... y mi abuela me dijo que...
—¿Qué? ¿Qué te dijo? ¡Habla por Dios!
—Que luchara. Que no dejara que ella me lo quite...
—¡Eso es!
—¿Qué?
—Que muevas el culo y salgas a luchar por el hombre que amas.
—¡Terry! Terry, cariño, ¿qué tienes?
—Candy, mamá... Candy me dejó...— Me deshago en los brazos de Leia que me sostienen totalmente desconcertada. Me descargo en ella porque no puedo más con el dolor.
—¿Cómo que te dejó? ¿Qué pasó?— Me acomoda en el sofá a su lado y me acuesto. Me vuelvo un ovillo como un niño a pesar de que mi largo casi no cabe en el sofá. Mi cabeza descansa en su regazo y ella acaricia mi pelo como cuando yo era un niño y ella me defendía de mi papá.
—La perdí, mamá. Para siempre.
—Pero... ¿por qué lo dices? ¿Qué le hiciste?
—Ser un imbécil.
—No te entiendo, Terry.
—¿Recuerdas a Susana...?
—Ay la tipita esa que no puedo tragar...
—Esa misma.
—¿Qué hay con ella?
—La embaracé.— Leia espantada se pone de pie de golpe y yo casi me caigo.
—¿Cómo?
—¿De verdad quieres saber cómo?
—¡No seas idiota! ¿Estuviste jugando con las dos?
—No, mamá. Claro que no. Yo ya había terminado con Susana...
—¡Dios! Terry... yo siempre te he aconsejado que te cuides... eres tan joven...— Vuelve al sofá y son sus ojos los que están aguados mientras yo vuelvo a disfrutar de sus caricias, me gusta sentir sus uñitas largas en mi cuero cabelludo.
—Me cuidé. Me cuidé siempre, mamá. Sólo estuve con ella un par de veces y me cuidé... ¡lo juro!— Mi voz se rompe de impotencia, de rabia. Que Dios me perdone... pero no puedo soportar la idea de tener un hijo con Susana.
—Terry...
—Jumm...
—¿Tienes evidencia del supuesto embarazo?
—Ella dijo que se hizo una prueba...
—¡Ay cariño! Algo me dice que todo eso es mentira. ¿Cómo se tomó la ruptura?
—Mal. Ha estado amenazando a Candy...
—Creo que se han precipitado. Primero tienes que averiguar que sea cierto lo del embarazo...
—Intenté decírselo a Candy, pero ella... ella no me dejaba hablar. No me dejó buscar ninguna solución.
—Es una reacción normal. Debe estar conmocionada, dolida...
—Lo está. Hubieras visto su carita, mamá. Sus ojos me miraron como si yo fuera la peor basura. Estaba llorando... estaba llorando por mi culpa.
—Lo siento tanto, cielo.— Besa mi mejilla y me quedo añoñado en su regazo mientras siento que me debilito cada vez más.
—Espero que no sea más que una vil mentira... oye... ¿tienes idea si han habido otros en la vida de Susana? Ya sabes...
—Al menos la mitad masculina de la escuela. Por eso siempre me cuidé...— Un frío inmenso me va recorriendo haciendo contraste con el ardor de mi palma. Mi "C" es a penas una sombra sin vida.
—Aún si estuviera embarazada... habría que confirmar tu paternidad.
—Yo no quiero tener hijos, mamá. Con ella no...
—Lo sé, mi amor, pero... ¡Terry! ¿Terry? ¡Dios mío!
—¿Qué pasa?
—Terrence... Terry se puso mal...
—¿Qué? ¿Qué tiene?— Veo por primera vez a mi esposo realmente preocupado por su hijo. Hay horror en su cara. Miedo.
—Está ardiendo...
—¡Terrence! ¿Puedes oirme?— Su padre está desesperado mientras Terry delira y tiembla.
—Candy...— Murmuraba en su temblor. Terrence tomó a su hijo en brazos, tan alto y pesado como él y fue directamente hacia el auto.
—María, hágase cargo de las niñas, por favor.
—Claro...
—Candy... ¿no te gustaría quedarte en mi casa?— Me ofrece Karen y yo lo pienso por unos segundos.
—Supongo que sí... nuestra mentira se ha hecho realidad... al final me quedo contigo y no con Terry... ¡Terry!— Grito de pronto alarmando a Karen. Me debilito y caigo de rodillas, llevo mi palma ardiendo a mi pecho y siento algo tan terrible, un dolor agudo.
—¿Candy?
—Terry...
—¿Qué pasa con Terry?— Me pregunta levantándome del suelo.
—No lo sé... tengo un mal presentimiento...
—¡Ay no! ¿También son parte de su conexión?
—No lo sé... le ha pasado algo. Lo presiento. ¡Quiero verlo!
—Cálmate, Candy. Vamos a llamarlo.— Con el corazón en un hilo espero a que Karen le marque, mis latidos disminuyen por cada vez que ella remarca sin recibir contestación.
—Me muero si le pasa algo, Karen. ¡Me muero!
—Candy... no creo que le haya pasado nada. Tranquila... si quiere le marco a mis tíos, puede que se haya ido a casa...— Mi celular suena en ese momento.
—Hola...
—¿Candy? Soy Leia.
—Leia... ¿cómo estás?
—Yo estoy bien. Es Terry...
—¿Qué le pasó?— Dejo caer mi celular y Karen se alarma.
—¡Candy! ¿Qué pasó?
—¡Tengo que ir al hospital!
—¿Al hospital? Pero...
—¡No preguntes! ¡Llévame!— Arrastro a Karen hacia la salida de la escuela. Siento que me voy a desamayar de angustia... Me duele perderlo, pero que le pase algo o que me deje como Anthony... sería mucho más de lo que puedo soportar.
—¡Más rápido, Karen!
—Voy lo más rápido que puedo, pero quiero que lleguemos vivas.
—Si se muere y no alcanzo a verlo será tu culpa.
—¡Candy! No digas eso.
Todo es oscuro y sombrío. Estoy en un bar antiguo... me siento mareado y ahogado en alcohol. Tirado en el suelo y estoy llorando...
—¿Ya te has rendido?— Me pregunta una voz y abro mis pesados párpados enrojecidos... deben ser efecto del alcohol porque me estoy viendo a mí mismo. El que me habla es igual a mí y tenemos la misma ropa... tenemos un ridículo disfraz.
—¿Quién es usted? ¡Déjeme emborracharme en paz!
—¿Quién soy? Soy tú. Y tú eres yo... cuando lo perdí todo por ella...
—Ella... ella me dejó. No me eligió. No me dio oportunidad...— Digo llorando con la lengua pesada y las palabras atropelladas.
—No la dejes ir... no otra vez...
—Pero es ella la que no quiere quedarse...
—Tienes que librarte de la otra... no dejes que te manipule... no dejes que te desvíe de tu amor...
—Lo intenté, pero...
—Lucha por ella. ¡Lucha!—Insiste y se va desvaneciendo.
—¡Espera!
—¡Candy!— Me grita Leia y voy corriendo hacia ella y nos fundimos en un abrazo.
—¿Qué pasó?— Pregunto con un temor profundo.
—No lo sabemos... sólo tiene una fiebre muy alta... le han hecho análisis y no encuentran nada... sólo tiene fiebre y está delirando.
—¿Dónde lo tienen? ¡Quiero verlo!
—No nos permiten verlo en este momento... están intentando bajarle la fiebre...
—¿En qué habitación está?— Insisto furiosa y ella retrocede mientras que el señor Grandchester se pone de pie y camina hacia mí.
—Está en la tres cero seis.— Tomo el ascensor en seguida mientras Karen se queda con sus padres.
—Señorita, no puede estar aquí...
—¡Soy su novia! ¡Quiero verlo!— Empujo a la enfermera y veo a Terry en la camilla... desnudo a excepción del calzoncillo. Tiene un suero, sus labios están enrojecidos y quebrados por la fiebre y su pelo tiene un aspecto húmedo debido a las compresas en su frente.
—Terry... mi amor. Estoy aquí. Estoy aquí contigo.—Mis lágrimas caen sobre su piel desnuda y él no se mueve... no abre los ojos... y yo me estoy muriendo por ver sus ojos nuevamente... planto un beso en sus párpados cerrados, pero mi amor no reacciona.
—Estoy aquí, mi cielo. No te voy a dejar...— Lo abrazo sin importar la presencia de la enfermera y tomo su mano. La uno a la mía y un fuego cálido va consumiendo nuestras palmas, puedo ver el fulgor... veo como nuestras iniciales resplandecen y Terry tiene una reacción. Aprieta fuerte mi mano y comienza poco a poco a sudar, está sudando la fiebre.
—Candy...— Murmura sin abrir los ojos, pero se revuelve en la camilla.
—Estoy aquí...—Le digo y me acerco a sus labios. Lo beso dulcemente y en su inconciencia él corresponde.
—¿Qué hace?—Me regaña la enfermera de cuya presencia me había olvidado por completo. Me separo poco a poco de los labios de Terry y entonces... abre sus ojos...
—Candy...
—Estoy aquí. Siempre estaré, mi amor.
—¡Candy!— Exclama con más ánimo y levanta mis manos para tocar mi rostro.
—Estoy aquí, mi amor.
—No te vayas...
—No me voy. Me quedaré a cuidarte.— Le sonrío entre lágrimas y veo como todo su mundo brilla y entonces... perderlo me dio un miedo atroz. No quiero perderlo. No voy a perderlo.
La enfermera toma su temperatura nuevamente y ya no tiene fiebre. De hecho, Terry tiene un nuevo brío.
—Sería bueno que tome un baño y se vista. El doctor pasará a verlo y también sería bueno que coma...
—Gracias...— Murmura Terry percatándose de pronto de su desnudez.
—Si necesita ayuda con el aseo, una enfermera podría...
—¡No gracias!— Contesta rotundo y se me escapa una risita. Mi chico está de vuelta.
—Es sólo en caso de que pueda sentirse mareado o...
—Mi novia me ayudará, gracias.— La enfermera se retira y yo estoy roja como un tomate.
—Terry... voy a visarle a tus padres y a Karen que...
—No hasta después de mi baño...
—Pero... ellos están preocupados y... bueno, esperaré a fuera...— Me retiene de la mano y niega con la cabeza. Trago grueso.
—Tienes que ayudarme con mi baño... ¿o prefieres que llame a la enfermera?
—¡No!— Respondo enérgica y entonces él se pone de pie... sólo tiene su calzoncillo y...
—Él también despertó conmigo— Me dice porque no puedo apartar la vista de su erección.
—Eh... bien, ¿dónde están tus cosas?
—No lo sé... recién me despierto...— Me acerca a él y todo al rededor desaparece cuando me tiene en sus brazos. Me besa ardientemente... con rabia y furia y yo me dejo ir. Estoy tan pegada a él y su erección roza mi vientre mientras su boca me debora. En un arrebato quiero seguir frotándome, pero no en el vientre. Terry me levanta para alcanzar los centímetros que me faltan y colgada a a su cintura nuestras ingles pueden unirse y entonces lo siento justo donde quiero. Me lleva así hasta el baño y me besa con desesperación, pero luego me suelta y mis pies vuelven a tocar el suelo. Sus manos sujetan mis caderas y él me mira fijo, dulce y triste a la vez.
—Te amo, Candy. Yo... no puedo estar sin ti... No me dejes, por favor...—Me suplica y mi mundo de pronto se desbalancea.
—Yo también te amo, Terry. Sabes que soy tuya y que... aunque no estemos juntos... no pienso separarme nunca de ti...
—Pero no quiero eso, Candy. No quiero que no estemos juntos... tú eres mi novia... has dicho que eres mía... entonces... puedo hacer lo que yo quiera contigo... porque eres mía y me perteneces... así que no dejaré que te vayas...— Sonrío débilmente y él vuelve a besarme.
—Terry... sabes que eso no puede ser así. Al menos... vamos asegurarnos que... que no vas a tener ningún bebé...
—No voy a dejarte aunque haya bebé y espero que no. ¡No quiero a ese bebé!
—Terry... no es justo lo que estás diciendo...
—Lo que no es justo es que me dejes y eso es culpa de ese niño.
—¡Terry!
—Lo siento... es que... por favor...
—Te amo, Terry. Te amo con o sin bebé porque eso fue antes de mí, pero... entiéndeme...
—Está bien. Pero... no te alejes de mí, por favor... al menos... al menos sé mi amiga y quédate cerca porque... te necesito... te necesito mucho, Candy.
—Yo también. Estaré siempre cerca.
—Y no quiero que estés con nadie. No quiero que salgas con nadie porque lo mataré... mataré a todos los pretendientes que tengas...
—Terry...
—Shhh. Ya no digas nada más. Aceptaré tu amistad... y por favor... vete porque sino... a la que estoy seguro de que le haré un bebé aquí mismo es a ti...— Salgo del baño colorada y al abrir la puerta...
—¡Candy!— Me grita Leia... los padres de Terry y Karen están en la habitación y casi me desmayo de vergüenza.
—¿Y Terry?— Pregunta Karen con una sonrisa diabólica.
—En el baño... Lo ayudé a entrar porque...
—No se preocupe, señorita.— El señor Grandchester me saca del apuro.
—¿Ya te vas?— Me pregunta Leia sorprendida.
—Sí... Tengo que hacerlo, Leia...— Ella asiente y me pregunto si sabrá algo.
—¿Pasó algo con ustedes?— Inquiere el señor Grandchester.
—Es un tema delicado,Terrence. Ya hablaremos en casa.
Es viernes nuevamente y de mí sólo queda una sombra. Desde que no estoy con Terry nada tiene sentido. La amistad con Karen ha ayudado mucho y no he perdido contacto con Terry... hablamos por teléfono y me fue a visitar en la casa de Karen, pero... la sombra de Susana y su embarazo nos persigue. Terry no quiso venir a la escuela. Dice que no soporta verme y no poder besarme, tenerme y yo... yo estoy igual. Tengo unas ganas tan grande de mandar todo al diablo y quedarme con él aunque... Susana fuera a tener un hijo suyo. Un hijo suyo... me da tanta rabia, tantos celos... yo debería ser la madre de su hijo y no ella... Me había jurado que la historia no se repetiría. Que al final Terry y yo llegaríamos al altar viendo realizado nuestro amor... y que vendría con un hijo de los dos en mi vientre luego de una grandiosa luna de miel... la ilusión de nuestro primer bebé y Susana... Susana me ha quitado eso.
—Candy... ¿no vienes almorzar?
—No, Karen. No tengo hambre. Y... me gustaría estar sola.
—Claro, entiendo...— Ella se retira y yo vago por los alrededores de la escuela y paso cerca por el cuarto de limpieza que queda en un pasillo apartado buscando el lugar más solitario para poder pensar y porque no tengo el valor de ir al patio... ya sin él.
—Ahhh... ohhh... ¡sí! Ummm...
—Ohh... ¿Y qué harás cuando sepa que lo has engañado?
—Pues divertirme mientras dure. Hubieras visto la cara de la mosquita muerta de su novia. ¡Oh!
—Pero correrá por ella cuando se entere que no estás embarazada.
—Lo que cuenta es que me estoy vengando de él... ¡que sufra! Nadie lo manda a cambiarme por esa idiota.
—Sussy... eres malvada... y por eso me prendes...
—¡Ohh! Oye... no he terminado...
—Pero yo sí, muñeca. Con culitos como el tuyo no duro ni dos minutos.
¡Malnacida! No puedo creer que haya jugado con Terry de esa manera. Si no fuera porque estaba con ese chico... haciendo aquello... la habría arrastrado y golpeado hasta matarla. Tengo tanta rabia. Tanta...
—¡Candy! ¿Viste a un fantasma?
—Peor que eso, Karen. ¡Maldita infeliz!
—¿De qué hablas?— Le cuento todo lo que vi y escuché a detalle...
—¡Lo sabía! Esa perra maldita... ¡Grrrr!
—¿Dónde está Terry?— Pregunto desesperada.
—Está en el departamento de soltera de Leia, pero...
—¿Sabes donde es?
—Sí, pero...
—Voy a recoger mis cosas. Llévame allá, por favor.
—Candy...— Terry me abre la puerta sin poder creer lo que ve...
—Terry... te amo...— Es todo lo que puedo decirle y me lanzo a sus brazos y me recibe con unos reflejos extraordinarios.
—Te extraño mucho, Candy...— Me besa con su habitual desesperación y cierra la puerta conmigo colgada a su cintura.
Continuará...
¡Hola! Espero que les haya gustado el capítulo. ¿Qué vendrá después? Jajajajaja ¡Ay chicas! ¿Y si les digo que esto a penas comienza? Bueno, ya lo irán viendo más adelante... El próximo capítulo será delirante...
Gracias por comentar:
Guest, eri, Laura Grandchester, WISAL, Amy, dulce lu, Eunice97, Luisa, Zafiro Azul Cielo 1313, Rose Grandchester, bettysuazo, Olga
Luisa: Sigo deseando que te mejores pronto, amiga.
LizCarter, Comoaguaparachocolate, Resplandor de la Luna, se les extraña por aquí.
Hasta pronto,
Wendy
