Zafiros y esmeraldas
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 18 Sentimientos ocultos
Este fin de semana ha sido el más maravilloso de mi vida. Tres días intensos, vividos al máximo. Hace a penas un mes, tal vez un poco más, había llegado a un nuevo colegio deprimida, con ganas de morir, hasta que conocí a Terry y sus besos, sus caricias y todas las virtudes y defectos que lo componen. Hasta que se metió en mi alma y en mi ser sin aviso, regalándome emociones, un fulgor en mi mano, una inicial, posesión, caricias soñadas y una entrega de ensueño, un afán de desvivirse por mí.
—¡Terry! Jajajaja. ¡Basta! Ya la luz está verde...
—¿Y? No hay nadie detrás.— Me sigue besando, enloqueciéndome y yo necesito estar en mis cinco sentidos para llegar a la escuela y enfrentarme a lo que venga.
—Llegaremos tarde...
—Pues tienes suerte de que al menos lleguemos, porque si fuera por mí... me estacionaría en el primer lugar que encuentre y te...— ¡Piiiiii! Sonó la bocina desesperada de un carro detrás de nosotros que llegó de la nada. El sujeto que manejaba rebasó a Terry por el lado y le sacó el dedo del medio.
—¿Ves lo que provocas, señorita Pecas?
—¿Yo?
—Sí, tú. Mira como me has llevado todo el camino y no te has apiadado de mí.— Me lleva la mano hasta su entrepierna y mis mejillas se encienden, todo mi rubor se enfurece y mi pulso se acelera. ¡Dios! ¿Es que su energía no tiene frenos? Me muerdo los labios deseando de pronto no tener que ir a la escuela y apiadarme de Terry aunque con el incendio que sea formando dentro de mí no sé quién tendrá que apiadarse de quién.
—Terry...— Pronuncio su nombre titubeando y vuelvo a morderme el labio por nervios y por deseo.
—Dime, linda.— Me contesta, pero no me mira porque está pendiente a la oportunidad de cambiarse de carril. Me gusta la gracia con que conduce, sus movimientos, la forma en que toma el volante, todo...
—¿Te acuerdas el lugar donde me llevaste que casi lo hacíamos?— Dije todo muy rápido, con las mejillas ardiendo, aún me queda pudor, aún...
—Claro que me acuerdo. ¿Qué pasa con eso?— Pregunta distraído y cediéndole el paso a unas personas que cruzaban la calle.
—¿Podemos volver?
—Cuando quieras, mi amor.
—¿Ahora?— Pestañea varias veces como si no diera crédito a lo que escucha y mi rubor se enciende cada vez más. Me mira con los ojazos que me matan y hasta puedo sentir cómo se ha acelerado su respiración. Traga grueso.
—¿Ahora, Candy?— En sus ojos baila la duda y el recelo, pero a la vez un diabólico y lujurioso destello.
—Sí...
—Candy... si en la escuela notan tu ausencia, llamarán a tus padres para pedirles cuentas y...
—Está bien... sólo fue una idea disparatada, lo siento...— Siento tanta vergüenza en ese momento, casi a punto de llorar.
—Bueno, tampoco es para que te sientas así. Tu idea es fabulosa, pero... ¡al diablo!— Aprovecha la carretera despejada y hace un giro casi mortal para dirigirse a nuestro lugar de ensueño.
Es un área solitaria, no hay ni una sola persona o auto en la carretera y hasta miedo me da de que nos estrellemos porque voy a horcajadas sobre el regazo de Terry. Con una mano controla el volante y con la otra... con la otra a mí. Lo beso, haciendo que en momentos pierda el control y el auto de ciertos zig zags. Mi blusa ya está totalmente abierta, mis pechos liberados y la mano de Terry los aprisiona. Es lo más atrevido, indecente, erótico y lujurioso que he hecho en la vida. Me apodero del cuello y oreja de Terry, le dejo mi marca como ha hecho él conmigo. Se estaciona debajo de un puente creado por las ramas de los árboles. Me mueve un momento para abrir el cierre a su pantalón y bajárselo lo necesario. Mi falda se sube hasta casi mis pechos y en un segundo Terry me clava en él y estoy tan mojada y preparada. Mientras me penetra rápido y fuerte, sus manos y dientes no tienen piedad alguna de mis pechos.
—Candy... te amo... y te deseo a cada segundo. Eres mía.— Sin dejarme de embestir, sujetó con fuera mi rostro con ambas manos para que lo viera a los ojos y entonces me besó con furia y salvajismo. Mientras me muevo a su ritmo le regalo gemidos lastimeros, me siento como una loba y estoy disfrutando mi momento como nunca.
—Soy tuya, Terry. Todita tuya... ¡Ah! ¡Ohh!— Su ritmo acelera, sus embites se hacen más fuertes y violentos y aunque grito de placer incontrolado, recuerdo que aún me duele... deliciosamente me duele. Sus manos firmes en mis nalgas, pellizcándolas y no para, no para y me va llevando a la locura, por momentos siento que no puedo más.
—¿Te lastimo?— Me pregunta con un hilo de voz, pero sin detenerse.
—Un poco, pero por favor... no te detengas...— Suplico, me arrodillaría de ser necesario.
—Oh no pienso hacerlo, Candy. Ahora voy a cogerte de otra forma.— Se sale de mí y me acomoda nuevamente en mi asiento, me pone a gatas, haciendo que la novedad me haga sentir nerviosa, pero no tengo tiempo siquiera para asustarme porque está dentro de mí otra vez. Acaricia mis nalgas, sale de mí y luego entra con una estocada violenta... gloriosa y dolorosa que me hace gritar, gemir y hasta sollozar. Quisiera que esto fuera eterno.
—¡Terry! ¡ahhhhahhh!— Me dijo ir sin más, es demasiado para mí. Sigo temblando segundos después, mi cuerpo no se recupera y entonces...
—No hemos terminado. Yo aún no me corro.— Abro mis ojos enorme porque no sé si me queden fuerzas para continuar. Terry me acuesta boca arriba sobre el asiento, levanta y separa mis piernas, las cuelga a su cintura y me clava fuerte, muy, muy fuerte. Vuelvo a gritar, no paro de hacerlo, descubro que mi cuerpo se ha vuelvo insaciable de él y estoy tan sensible que vuelvo a correrme torpemente en cuestión de minutos.
—Ohh...— Escucho a Terry gemir mientras sujeta fuerte mis piernas, cierra los ojos y se hace un poco hacia atrás y se viene en mí, abundantemente, no para de correrse. Puedo sentir en mi interior las sacudidas de su verga expulsándolo todo y luego que termina, tan débil, sudado y exhausto como yo, me abraza por atrás y me arrastra hasta sentarme en su regazo. Nuestras respiraciones agitadas se unen.
—Te amo. Soy capaz de todo por ti. No lo olvides.— Me dice y coloca su cabeza en el hueco de mi hombro. En esos momentos lo siento tan tierno y vulnerable como un niño al que yo quisiera proteger del mundo, de todo, cuidarlo y darle mucho amor.
—Yo pienso que te amo más.
—¿Ah sí? ¿Eso piensas?
—Sí. Con toda mi vida y mi ser. Te seguiría hasta el fin del mundo.
—Y yo muchísimo más allá, hasta donde ya no haya vida, ni aire ni nada. Yo te amo más, así que no pierdas el tiempo discutiéndolo.
—¡Te amo!— Nos dijimos al unísono.
Voy recuperando mi normalidad poco a poco mientras estamos abrazados, la alarma en mi celular rompió el encanto.
—¿Para qué es?
—Para que no olvide mi píldora.— En ese momento saco el paquetito de aluminio redondo que contiene dos filas de diminutas pastillitas formando un círculo en espiral y tomo la que me corresponde. Tomo la botella de agua que siempre tiene Terry en su auto y me meto la pastillita a la boca, luego doy un buen sorbo de agua. Terry mira todo con curiosidad y toma el paquetito de pastillas en sus manos.
—¿Siempre son tan pequeñas?
—Sí...
—¿Estás segura que funcionan bien?
—En un noventa y nueve por ciento.
—¿Y por qué las del medio son diferentes y son menos?
—Porque son para cuando tengo mi periodo. No hacen efecto, son sólo para que no pierda la costumbre.
—Ah... ¿tiene que ser diariamente?
—Sí. Todos los días a la misma hora.— Me pregunto por qué Terry está tan preguntón como un niño.
—¿Y qué pasa si te pasa la hora?
—Para eso tengo la alarma.
—Sí, ¿pero si por casualidad dejas tu celular y la olvidas?
—Si la diferencia no es mucha, me la tomo de todas formas. Si ya llevas bastante tiempo tomándola es raro que, bueno... que pase algo y si la olvidara por completo, al día siguiente me tomo dos.
—¿Y se te ha olvidado alguna vez?
—No, Terry. ¿A dónde quieres llegar?— Sin querer voy molestándome mientras él sigue preguntándome con el paquetito en las manos todavía.
—Yo... sólo curiosidad. No te puedes quedar embarazada.— Dice de pronto muy serio y con el rostro sombrío, luego me extiende las pastillas y las guardo.
—Llevo un año y poco más tomándolas, mucho antes de pensar en perder mi virginidad, pero si tanto te preocupa, cómprate una caja de condones, así vas doblemente asegurado.
—No ha sido mi intención molestarte. Sólo que no quiero que te embaraces, es todo.
—¿Y piensas que yo sí quiero? Puedes dormir tranquilo porque no tengo intención alguna de embarazarme de ti.— En ese momento salgo del auto con tanta rabia, aunque no comprendo la razón. Aprovecho el pequeño arroyo para asearme un poco y comenzar a vestirme. Terry salió detrás de mí, pero me dediqué a ignorarlo.
—¿Qué quisiste decirme con eso?— Se me acerca abruptamente y me toma por las muñecas. Su mirada furiosa e intensa.
—No sé de qué hablas.— Respondo con indiferencia.
—No te interesa embarazarte de mí, lo dijiste de forma despectiva. ¿Sí deseas estarlo de otro?— Me ladra con los ojos en llamas y sin soltarme. Respiro profundo para no matarlo.
—Terrence, voy hacer de cuentas que no he escuchado la estupidez que acabas de decir.— Comienzo arreglarme el uniforme y me pregunto como es que podemos amarnos tanto, pasar momentos increíbles y siempre, siempre terminar peleándonos.
—¿Para ti es una estupidez que me preocupe por no embarazarte?
—Es una estupidez que pienses que deseo estarlo de otro. Es lo más estúpido que me han dicho en mis diecisiete años y seamos honestos, Terry, porque no soy tonta.— La furia en él sigue latiendo, pero veo que ahora está desconcertado.
—Todo el tiempo he sido honesto.
—No ahora. El problema no es que me embarace... tú problema es que estarías más preocupado por ti que por mí en realidad. No deseas un bebé en este momento ni en ningún otro, eso lo sé y lo he aceptado. Si tu miedo es que yo te juege sucio y me embarace por capricho, bájate de esa nube, muñeco. No estoy preparada tampoco para un bebé y puedes jurar que no está en mis planes, sobre todo, si sé que el padre en cuestión no lo querrá.— Su rostro se desencaja, un dolor desde adentro, como si le hubiera dado un golpe bajo.
—¡Tú qué sabes de lo que yo quiero!
—Tal vez, pero sí sé de lo que no quieres... y lo gracioso de todo es que no sabías que yo tomaba la píldora cuando te corriste en mí dos veces y nadie te obligó. Los hombres siempre lanzan la piedra y esconden la mano.— Su furia vuelve a dirigirse hacia mí, haciendo su agarre más fuerte, sin embargo, sus ojos se comienzan aguar y se me va rompiendo el alma poco a poco.
—En esos momentos, todo era mágico y no me importaba nada, sólo el hecho de que eras mía. Es cierto que no quiero tener hijos... pero si... ocurriera el caso...
—No ocurrirá ni ahora ni nunca. Vámonos ya, por favor.
—¡Maldición!— Da un puñetazo en la cajuela de su auto y yo doy un salto del susto.
—Por qué... ¿por qué haces todo tan difícil, Candy...? ¿Por qué tuviste que llegar a enredarlo todo...? Y por qué... ¿por qué te amo así?— Toma mi cintura y une su frente a la mía, su voz me acaricia el rostro, su aliento y de pronto lo veo llorar. No puedo con esto, es demasiado. ¿Por qué llora?
—Terry...
—Mi mamá murió segundos después que yo naciera, Candy. Mi papá no me soporta por eso. Y yo... me siento muy amado por ti, muy querido y quiero seguir siendo así, amado y querido y no quiero que un bebé te aparte de mi lado. No quiero bebés, Candy. No quiero ningún niño que te pueda matar como yo hice con mi madre.— Me quedo sin palabras y me doy cuenta de que Terry necesita mucha ayuda para superar ese trauma... necesita ayuda psicológica, su daño emocional es muy grande y se me rompe el corazón por no poder ayudarlo.
—Terry, ven aquí. Vamos hablar.— Lo arrastro hasta que se sienta bajo un árbol y yo me siento frente a él, abro mis piernas y las engancho a su cintura, así estamos totalmente cerca. Acerco su rostro y acaricio su pelo mientras le reparto un par de besos. Otra vez está vulnerable, frágil como un niño y se le agrandan los ojos.
—Mi amor, tú no mataste a tu mamá, Dios quiso llevársela y nadie tiene la culpa de eso. Yo sé que el rechazo y la dureza con que te trata tu padre debe ser dura de afrontar, sobre todo cuando eras un bebé o un niño pequeño, pero... déjame ayudarte a que lo superes. No puedes pensar que todas las mujeres que se embarazan morirán... es absurdo. Mira a Leia, has disfrutado de ella por quince años y te ha dado dos hermanitas hermosas.
—Al principio no las quería. Y no quería tampoco a Leia cuando se embarazó.
—¿No querías a tus hermanas?
—Mientras estaban en su panza no. Pensé que me quitarían también a Leia.
—Y has visto que no fue así. Tienes tres mujeres que te adoran. Cuatro conmigo.— Le sonrío y lo beso, él me devuelve una sonrisa débil, pero hermosa.
—¿En serio me quieres tanto?
—No. Te amo. Y también amo tus metas, tus sueños, incluso tus miedos. Quiero una vida contigo, un futuro y no hay por qué apresurar las cosas. Me gustaría tener hijos, sí, pero no ahora, es una locura, es algo que ni siquiera me he planteado. Pero en unos años, cuando termine mi carrera de psicología... y tú hayas cumplido tu sueño... me encantaría tener una familia, contigo.— Nos besamos muy dulcemente en ese momento. Terry sólo necesita un poco de amor para que vaya soltando sus miedos, poco a poco.
—También podríamos adoptar... ¡es broma! Yo... haré todo lo posible por superar esto y si tú quieres una familia... bebés llorones y latosos... pues entonces... supongo que así será.
—No descarto adoptar. Hay muchos niños necesitando unos padres que los amen... pero también quisiera tener mi propio bebé. Uno así arrogantito y hermoso como tú.— Lo vuelvo a besar y él corresponde con tanta dulzura.
—Te pareces mucho a Leia.— Me suelta de pronto.
—¿Ah sí?
—Es psicóloga, aunque no lo ejerce ahora. Y me quiso desde el primer día. Antes mi papá no quería que le dijera mamá.
—¿Y eso?
—Leia me adoraba. Serán celos.
—Ya veo... lo llevan en la sangre.
—Creo que sin ella... me habría pegado un tiro ya.
—¡Terry! No digas eso. Además, ¿quién no te habría querido? Apuesto a que eras un niño hermoso. Yo te habría querido y consentido mucho.
—¿Y ahora de grande ya no?
—No, porque ya no eres adorable.— Me cruzo de brazos y hago pucheros.
—Pues cuidado con lo que dices... puede que me anime y decida hacerte un niño muy adorable.
—Pues aguante esos ánimos por unos cuantos años porque eso no sucederá todavía.
—Estás a salvo, señorita pecas. Hasta que tú digas.— Respira profundo, sé que hace un esfuerzo por mí, pero sé que le da pavor la idea y lo comprendo. Mi pobre niño dañado.
—Terry... vas muy rápido...— Me asusta la forma en que Terry está conduciendo, no puedo evitarlo, me recuerda a Anthony... hacía mucho que no pensaba en él...
—Tranquila, amor, no chocaremos. Ya vamos quince minutos tarte y no quiero que tengas problemas.— Volando bajito llegamos al colegio y fue toda una letanía que el guardia nos dejara entrar. Vamos juntos, de la mano, radiantes y todos nos miran.
—¡Terry! No puedo creer que todo este tiempo hayas estado con esta cualquiera mientras yo estaba muerta de la preocupación. ¿Es que no te importa tu hijo?— Todo iba bien hasta que llegó la peste reencarnada en Susana.
—Jajajajajajaja.— Se escucha la risa sarcástica de Karen y más adelante la nuestra.
—¿Mi hijo, Susana? ¿O el de Michael? ¿No se te hace incómodo revolcarte en el diminuto cuarto de limpieza?— La cara de Susana se desfigura por la sorpresa de saberse descubierta y todos gritan y la abuchean, pero lo más interesante fue...
—¿Michael? ¡Susana! ¿Te acostaste con mi novio?— Le reclama Eliza horrorizada y con los ojos llenos de lágrimas.
Continuará...
¡Hola!
Ya estoy de vuelta, sorry por la tardanza, pero esta ha sido una semana difícil y desgastante, tenía muchos asuntos pendientes. Bueno, yéndome al capítulo, espero que lo hayan disfrutado, que hayan gozado de cada etapa de la relación de ésta pareja, sus momentos mágicos y sus conflictos y pues, como les he dicho, aún queda bastante tela para cortar.
En cuanto a los sapitos, antes de que me pregunten, comenzaré a trabajar en eso mañana, pues antes quería organizar algunos sucesos para acomodar bien esa historia y discutirlos con mi "Terry", ya saben que dos cabezas trabajan mejor que una.
Resplandor de la Luna: Te extraño mucho, espero que todo esté bien, escríbeme.
Gracias por comentar:
Carolay White, norma Rodriguez, dulce lu, Mazy Vampire, TerribleAle, Resplandor de la Luna, Mirna, Amy C.L, Laura Grandchester, Alizzzz G, Candice W. AndrydeG, MILADY21, CARITA FELIZ, Fanny JHG, eri, Kazy Tailea, dulce maria, LizCarter, WISAL
He visto chicas nuevas, bienvenidas, muñecas.
Hasta pronto,
Wendy
