Zafiros y esmeraldas

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 19 Compenetrados


—¿Te acostaste con mi novio? ¡Habla Susana!— Grita Eliza histérica sujetando a la rubia por el brazo. Todos nuestros compañeros lanzan bufidos e incitan al pleito. Terry me toma de la mano y disfrutamos también del espectáculo.

—¡Suéltame idiota! Y sí, sí me acosté con él, pero no te preocupes, tu novio no dura ni dos minutos.— Le dijo a la traicionada peliroja que tenía sus ojos ambarinos inyectados de veneno y furia.

—Voy a matarte, maldita infeliz...—Eliza empujó a Susana, cayendo ésta en el suelo, yo la verdad estoy muerta de la risa mientras Terry me está abrazando desde atrás, regalándome su risa muy cerca de mi oído por tener su cabeza acomodada en el hueco de mi hombro como es su costumbre.

—¡Perra!—Eliza se araña la cara a Susana y está sobre ella en el suelo, parece una lucha libre de mujeres y para completar, decide aparecerse la manzanita de la discordia, el gran Michael.

—Pero... ¿qué pasa? Eliza...—Michael agarra a Eliza, quitándosela de encima a Susana, la peliroja está tambaleando y mira con rabia a su novio.

—Suéltame. Ya puedes seguir revolcándote con esta perra. Al menos tiene razón en algo, no duras ni dos minutos.

—¡Buuuuuu!— Todos los alumnos lo comienzan abuchear, Michael se desencaja en vergüenza y humillación.

—Eliza... vamos hablar, lo que pasó con Susa fue... ¡Plaf!— Eliza le estampó una bofetada que le dejó el rostro bailando y cuando se disponía a irse...

—Eliza Leagan, Susana Marlowe, a mi oficina, por favor.— Apareció la rectora y junto con dos guardias se disponían a llevarse a las bravuconas.

—Pero, señora Spencer... fue ella la que me golpeó.— Susana puso una cara de mosca muerta que quien no la conociera la compraba.

—Ahórrese las explicaciones para cuando lleguen sus padres, señorita Marlowe.— Y arrastradas ambas fueron conducidas a la oficina.

—¡Qué cosas!— Digo cuando ya todo ha pasado y Terry y yo nos quedamos solos en el corredor ahora desierto.

—Doy gracias a Dios de haberme librado de esa asquerosa.— Me recuesta de mi casillero y se pega a mí totalmente, acortándome el espacio y la respiración y me besa, sostiene mi cara con ambas manos y su tacto es tan suave, sus manos con cálidas y me siento en las nubes cuando acunan mi rostro mientras sus labios alimentan los míos.

—Te amo, Terry. Yo nunca te traicionaría, nunca.— Lo miro a los ojos deteniendo el beso por un instante y sus ojos también me miran, siempre arrogantes, inquisitivos, intensos, desnudándome.

—Nunca lo hagas, Candy. Nunca...— Puede sonar como una amenaza, pero es una súplica y se me mueve cada pedacito de alma en esos momentos en que muestra su fragilidad, mi niño roto y con tanta necesidad de amor, siempre.

—No podría, mi amor. Soy tuya... ¿no me lo acabas de demostrar hace un rato?— Me muerdo los labios al recordar y sus pupilas se oscurecen y brillan.

—Y quisiera hacértelo ahora...— Su dedo índice roza deliberadamente mis pechos y luego lo rueda hacia abajo, hasta mi ombligo y yo suspiro profundo y trago grueso.

—Mi amor... es que... tengo un examen en la próxima clase y no estudié nada y...

—Sshhh. Ya más tarde te lo hago. Vete a estudiar... que yo te busco al rato.— Me da un beso y luego me lleva la mano hacia su verga dura mientras me guiña un ojo y me sonríe de lado. ¡Dios!

—¿Qué fue lo que hiciste ésta vez, Sussy?— Pregunta él sonriendo ladino mientras que Susana pone los ojos en blanco, echando ropa en una pequeña maleta.

—Nada que sea de tu incumbencia. ¿Por qué no vino mi madre?

—Porque tu mami no sabe hacer otra cosa más que emborracharse como una miserable, creo que aún debe estar dormida sobre la alfombra del salón.

—Y tú viniste a jugar bien tu papel de padre del año, ¿no?— Le dice al hombre guapo, de aspecto charlatán y despreocupado que a duras penas podría decirse que tiene no más de treinta años.

—Pero no soy tu papá, nena... ¿verdad que no?— Introduce su mano bajo su falda y Susana gime.

—Estoy segura que reprobé, Karen. ¡Segurísima!— Voy caminando con Karen hacia el comedor.

—Pero si anunciaron el examen con casi un mes de anticipación, Candy.

—Sí, pero yo... no estudié nada, no tuve cabeza para nada desde que...

—Oh... entiendo. Y durante el fin de semana "en mi casa"... ¿no abriste nunca tu mochila?— Karen y Terry comparten el mismo carácter sarcástico, sólo que Karen parace no enojarse nunca con nada. Yo estaba más ocupada abriendo las piernas.

—Fueron los tres días más hermosos de mi vida, Karen.

—Estoy segura que también lo fueron para Terry. Mi primo... tiene mucho para dar, Candy, mucho... sólo que le falta confianza en sí mismo, motivación...

—Lo sé. Terry tiene tanto talento... sé todo lo que es capaz de dar, pero... es tan terco, tan insufrible a veces...

—¿Y otras veces?— Me pregunta sonriendo con malicia y levanta una ceja con pircardía, definitivamente es prima de Terry.

—Otras veces... muchas veces es tierno, adorable, Terry es apasionado, hasta abierto en ocaciones. Puede desnudarte su alma en un minuto o puede cerrarse en banda y no dar un paso como un chiquillo caprichoso.

—¿Lo amas?— Su pregunta me tomó desprevenida de pronto y sus ojos castaños y expectantes se clavaron en mí esperando una respuesta.

—Terry es mi vida entera, Karen. Soy suya.

—¡Joder! Ojalá a mi alguien me quisiera así.— Pone una expresión soñadora y en ese momento yo carraspeo, ya casi terminamos nuestro almuerzo mientras hablábamos. Ella sigue embobada y yo vuelvo a carraspear para que note la presencia de su visitante.

—Hola...— Se aperece Tom, con su voz profunda e increíble, pero cierto, las mejillas de Karen adquieren un colorete natural.

—Tom... ¡Hola!— Dice tratando de fingir su efusividad de siempre, pero la veo tan temblorosa como una gelatina. Terry se divertiría mucho a su costa si la viera. Y por cierto... ¿por qué no ha venido Terry a almorzar?

—Candy... ¿me permites robarme a tu amiga un momento?

—Oh por mí no se detengan, vayan, vayan.— A propósito, empujo a Karen hasta los brazos de Tom y aumento su nerviosismo.

Gracias al escándalo entre Susana y Eliza tenemos dos horas de receso dado la reunión repentina que decidieron hacer los maestros, al parecer no es la primera vez que la Sussy forma tales escándalos.

Camino hacia mi cuarto mientras le marco al celular a Terry y no me contesta para nada, me pregunto si tal vez está en el salón de ensayo y no escucha su teléfono. Lo extraño tanto... Vacilo con la idea de ir hasta los ensayos para verlo tocar y cantar y perderme en ese mundo, su mundo. De pronto se me ocurre una fantasía pervertida... me gustaría que Terry me hiciera el amor mientras toca el piano... yo sentada a horcajadas sobre él, moviéndome suave mientras él toca y... me voy mojando... ¡Dios!

—Espero que esa cara de éxtasis sea por mí...— Abro los ojos de golpe, saliendo de mi ensoñación y me topo con su sonrisa ladeada, sus ojos traviesos, pero hay una alegría genuina en él.

—¡Terry! ¿Dónde estabas?— Me pongo de pie y me lanzo a él, colgándome de su cuerpo y él cierra la puerta con cerrojo.

—Cumpliendo lo que me pediste, linda.— Cargada, me besa y acaricia mis nalgas y con lo caliente que yo ya estaba... el más mínimo roce puede hacerme estallar.

—¿Y qué fue lo que cumpliste?— Logro decir con torpes balbuceos mientras me toca y continúa con sus besos, poco a poco me lleva a la cama.

—Fui a una casa disquera y...— Ya me tiene acostada en la cama y besándome el cuello va desabotonando mi blusa.

—Y... ¿cómo te fue? ¡Oh!— Me desabrocha el sostén por al frente y me besa los pechos.

—Se quedaron con mi demo y... me dijeron que regrese éste viernes para... hacerme unas pruebas.

—¿En serio? Me alegro mi amor, yo sabía que...

—Shhh. No cantes victoria todavía nena.

—Pero...

—Ahora lo que quiero es hacerte el amor, ya hablaremos más tarde.

Se hunde en mis pechos... Terry pasa ratos largos tomando de ellos. Yo empuño fuerte su cabello y gimo. Él está sobre mí, reduciéndome con su peso y separo mis piernas para abrazar con ellas su cintura. Mi falda se levanta y me encanta la forma en que puedo sentir su erección rozarme, voy perdiendo las fuerzas.

—Eres una adicción, Candy... Desde que te conozco... me tienes así...— Se abre la cremallera, se libera de todo impedimento, me levanta más la falda, me corre las bragas a un lado y entra en mí. Oh cuánto lo extrañaba. Esa sensación tan plena, en que su verga me llena por completo, no queda ni un solo espacio entre los dos cuando nos hacemos uno. Gimo lo más sueve que puedo, me muerdo los labios y aferro mis manos a la sábana mientras Terry me penetra duro y se mueve con un dios, como si hubiera nacido para hacerme ésto.

—Te amo, Terry, te amo... ¡ah!

—¿Me amas mi amor? ¿qué tanto?— Oh es tan perverso mi niño, quiero responder, pero me está dando tan duro que no puedo hablar... a duras penas respiro.

—Más que... más que a mi vida...— Y elevé un gemido tan fuerte que casi me muerdo la lengua por la estocada fuerte que me dio, tan fuerte que... comienzo a sentir la desquiciante sensación de un orgasmo en camino.

—Te amo mucho más que eso, Candy...— Su voz es grave, pesada y sé que está por correrse, lo sé por sus movimientos, su expresión y porque yo... ya estoy a las puertas de mi delirio. Oh... es tan divino, mis ojos se convierten en dos bolas blancas que ruedan de arriba hacia abajo mientras me vengo y al tiempo, Terry nutre todo mi interior con su escencia derramada en mí como un torrente de vida. Amo pertenecerle así... cuando me lo da todo y lo deja en mí. Lo amo, así de simple.

—Terry... déjame acompañarte, por favor...—Me suplica ella con sus ojitos esmeraldas clavados en mi alma y en mi ser. Los días pasan tan rápido... ya es viernes y... tengo mi prueba en la casa disquera, los nervios me matan.

—No, mi amor, necesito hacer ésto sólo.— Le doy un beso para tranquilizarla, lo cierto es que si no logro pasar la prueba, si fracazo... no quiero que ella esté ahí viéndome... fallándole.

—Pero... es que quiero estar contigo para apoyarte y...

—Me has apoyado desde el principio, mi amor, ahora por favor... déjame ésto a mí, ¿sí?

—Bueno...— Se resigna haciendo un puchero y tengo la tentación de comérmela a besos ahí mismo, pero de verdad tengo que irme.

—Hasta pronto, preciosa. Vengo por ti cuando... termine...

Llegó el momento... respiro hondo... estoy ante la puerta... es mi último intento como cantante y lo hago por ella... sólo ruego no fallarle... sólo eso...

Continuará...


¡Sorpresa!

Aquí estoy otra vez, disculpen el abandono, bellezas, yo me encontraba haciendo maratones para 100 Sapos que ya pronto se termina, y pues como saben, ahora manejo dos grupos interactivos que debo manter siempre en novedad y actividad... y soy co-autora de dos fics... ya tengo las dos primicias de "En busca del amor" y "Una decisión para la felicidad" sólo falta editarlos y añadir mi participación, bueno escribirlas, jejeje. Ya mañana nos ponemos en guardia otra vez.

Gracias por comentar:

norma Rodriguez-CandyAndryGranch-mariana suguame- Fanny JHG- elisablue85, Resplandor de la luna, WISAL, Fiorella, dulce lu, Eri, Amy C.L, Laura Grandchester, Luisa, zucastillo, Kazy Tailea, Candice. w. andrydeg, LizCarter, Carolay White

Hasta pronto!

Wendy