Zafiros y esmeraldas
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 21 Inexplicable
—Quiero que seas mía y de nadie más.— Demanda mirándome fijo con esos ojos que son mi vida. Mi niño perdido es tan bello, hermoso en tantos aspectos, es como si antes yo no hubiera amado, como si todo el significado del verbo amar se encerrara en esas pupilas azules que me miran y me desnudan con tanta intensidad.
—Soy completamente tuya, mi amor. Hasta el final, hasta que ya no respire.— Lo abrazo fuerte y lo retengo... mi palma arde por un momento y la suya también mientras estamos abrazados. Presiento algo... algo no muy bueno, pero tengo miedo de expresarlo, deben ser ideas mías.
—Candy...—Murmura mientras busca unir su palma a la mía.
—Dime, cielo.
—¿Estás sintiendo lo mismo que yo?— Desentierro mi cabeza de su pecho y por unos segundos deshago el abrazo.
—¿Como un presentimiento...?— Pregunto y él asiente, veo un gran temor en sus ojos, incluso en los míos que se reflejan en los suyos lo puedo percibir.
—Es algo extraño, chaparra... lo sentí cuando estaba en la disquera. Una sensación opresiva y... tal vez sea ridículo, pero...
—Sentí lo mismo. Y no te sientas ridículo, no quiero que tengas miedo de mostrarme tus sentimientos, tus temores.
—No quisiera perderte nunca, Candy. Eres algo muy especial, no puedo vivir sin ti. De hoy en adelante te cuidaré muchísimo más y lo siento por ti... pero mientras pueda no te dejaré ni a sol ni a sombra.
—No me vas a perder. Nada me va a separar de ti. Soy tuya...— Le susurro en el oído y le sonrío. Me deslumbro y me conmuevo con la sonrisa triste que él me devuelve, una que no esconde el miedo que ambos sentimos y siento que... hay algo más, algo que no me ha dicho, lo puedo leer en su rostro.
—¿Qué me ves?— Me pregunta con arrogancia y en ese momento suena su celular. Yo recuerdo que llevamos tiempo estacionados en la carretera y nos hemos olvidado por completo de que en su casa nos están esperando.
—¿Quién era, amor?
—Leia. Dice que lleguemos para la cena, así que entonces podríamos dar un paseo por ahí, solitos... ¿te parece?
—Cualquier cosa junto a ti me parece. Terry...— Recuerdo nuevamente la duda que está bailando en mi mente hace rato...
—Dime.— Me acomoda en su pecho y besa mi coronilla mientras juega con uno de mis rizos.
—¿Hay algo que no me has dicho?— Lo siento tensarse, su corazón late más acelerado.
—No... no que yo recuerde...— Rehuye mi mirada. No sabe mentir.
—A mí tampoco me gusta que me mientan, Terry.— Mi tono fue autoritario y levanté la cabeza para encararlo. Él se puso muy serio, el temor volvió a brillar en su expresión y mi palma comenzó arder nuevamente.
—Te diré, pero por favor... ¿me prometes no enojarte?— Respiro profundo, me torno muy seria aunque no quiero.
—No puedo prometerse eso, Terry. Si trataste de ocultarlo... debe ser algo... que no me gustará.
—Candy... el dueño de la disquera que me contrató...
—Ajá...— Digo porque hizo una pausa eterna.
—Es el papá de Susana...— Me incorporo de golpe. Mi corazón se desboca, algo muy parecido a taquicardia. Mi palma arde hasta lastimarme.
—¡Susana! Ahora tengo que seguir soportando a esa tipa... y... y tú pretendías que no me enterara.— Terry está sacado de onda, yo nunca había sacado mi furia con él de esa manera.
—¡No tenía idea! Te lo juro... fue una sorpresa cuando llegué allí y...
—¿Trabajarás junto a ella?
—No...
—¡No me mientas!— Le grito con los ojos aguados. Tengo rabia, pero también... celos. No lo quiero cerca de ella y me siento entre la espada y la pared... tampoco quiero que renuncie a su sueño, mismo que yo alenté.
—¡No te miento! No trabajaré con ella. Es que... no sabía que tenía una gemela... y cuando llegué...— Me contó todo con detalles y me quedo en un estado de shock. No puede haber en el mundo una Susana... no... tienen que ser dos... ¡y gemelas!
—De todas formas... no te quiero cerca de ella... quien sabe si se pongan de acuerdo para...
—No tengas miedo, mi amor. Y deja ya esa imaginación tan volátil que tienes. Ella es la hija del dueño y también audicionó, no sé cómo le habrá ido... pero tenemos que estar abiertos a las posibilidades de que puede que me codee con ella de vez en cuando...— Bajo la vista resignada, sé que tiene razón, pero es que algo en mí... algo que no comprendo me advierte de algo. Terry me abraza, pero no saca de mí la preocupación.
—Yo tampoco quiero perderte, Terry. No soporto saber que anda otra Susana rondándote, lo siento...
—Mmmm... ¿Celosa?— Me pregunta y aunque no veo su rostro, sé que tiene marcada su sonrisita cínica y quisiera golpearlo.
—¡No te burles!
—No lo hago. Te ves linda, muy linda... y... ¡celosa!
—¡Bueno, sí! ¿Y qué? Tú estás celoso todo el tiempo y no me he quejado así que yo también tengo derecho a estar celosa porque...— No pude seguir gritándole porque sus labios invadieron los míos, su lengua me ahoga en un beso intenso que me silencia por completo, pero no calla la pasión que comienza a crecer dentro de mí.
—Me encantas así celosa. Y claro que tienes todo el derecho de estarlo porque eres mía...— Su voz es tan suave... como una caricia seductora mientras no para de besarme.
—Y tú eres mío.— Le digo y dejo que me arrastre hasta su asiento, quedo a horcajadas sobre él y nos seguimos besando.
—Tuyo. Desde el primer momento en que te vi.— Pasea sus manos temblorosas por la piel desnuda de mi barriga y sutilmente toca mis pechos. Gimo y jadeo entre sus besos, separo bien mis piernas. Tener falda fue una buena elección. Me resfriego contra su verga dura. Él desata el nudo de mi blusa estilo vaquera y sé que se propone dejarme una marca en el cuello. Sus labios succionándolo y el roce de sus dientes... la humedad de su saliba me está volviendo loca.
—Terry... hazme el amor...— Le pido sin ningún tipo de vergüenza ni pudor. Estoy demasiado excitada, sedienta de él, de sentirlo mío.
—Cuando quieras y donde quieras, mi amor.— Enciende el auto y se adentra un poco más hacia el área llena de árboles, saliéndose de la carretera y de la vista de cualquier inoportuno. Yo estoy ardiendo, desesperada. Le bajé la cremallera yo misma y le quité el botón. Él se alzó un poco para que yo le bajara los calzoncillos lo suficiente. Cuando me acomodé sobre él, dispuesta a que me hiciera suya ya, deslizó mis bragas por mis piernas y las guardó en la gaveta de su auto.
—Por favor, mi amor...— Volví a suplicarle y sin más, me sembró en él y fue como conseguir un alivio inmediato a la fiebre que tengo por él. Me lo está haciendo muy suave, lamiendo mis pechos y cuello, disfrutándome como a un dulce irresistible. Adoro la forma en que él me hace sentir. Amada, deseada, salvaje, atrevida... Terry trajo la adrenalina a mi vida. Lamo su oreja, la acaricio por dentro con mi lengua y lo veo estremecerse, todos sus vellos se enchinan, gime... un sonido sensual, ronco y varonil. Deslizo mi lengua por su garganta, sintiendo su manzana de Adán mientras desciendo a su cuello. Le dejo una marca.
—Oh...— Fue lo único que pudo articular y enterró su mano en mi pelo, por la nuca, una señal para que no dejara de besar su cuello. Le sigo besando ahí, rozando con mis labios y tomo su cuello con ambas manos, mientras sigo besándoselo y marcándolo con discretos chupones, lo acaricio con mis uñas.
—Ohh... Me tienes loco, Candy...— Se comienza a mover en mí con fiereza. Me alza la blusa y besa, lame y muerde uno de mis pechos y ahora soy yo la que grita y gime.
—Terry... te amo, Terry. ¡Ah!— ¡Dios! Estoy perdiendo el control. Terry me enloquece, me hace sentir de todo.
—Cariño... lo siento... pero... voy a correrme...— Se le ahoga la voz y creo que nisiquiera percibió que yo ya empezaba a correrme desde hace unos segundos atrás.
—Mmm... Terry... Ahh...— Me dejo ir y fue tan delicioso... no cabe otra palabra. Todo mi interior está inundado del placer de ambos.
—Jamás, Candy... jamás podría cambiarte por nada ni nadie en este mundo. Te amo.— Me dice agitado, yo aún sobre él, clavada en él, tratando de regular mi respiración. Él me deja así, abrazada. Enciende el auto y el aire acondicionado por un momento, necesitamos refrescarnos.
—Tu celular, cielo.— Me avisa, pero estoy tan deliciosamente exhausta sobre él que no quiero moverme ni para tomar mi celular.
—Es la alarma de mi píldora. ¿Tienes agua?— Busca a tientas y casi por arte de magia una botella de agua que siempre tiene. Me salgo de él y apago la alarma de mi celular. Busco las píldoras en mi bolso y me la tomo. Terry nunca pierde detalle de eso. Me bajo un momento del auto y con el resto del agua que quedó me aseo un poco.
—Mi amor, hace una brisa riquísima aquí... bájate un rato.— Lo invito. Ya estamos en octubre y se siente la frescura del otoño. El área boscosa en que nos encontramos está llena de árboles con las hojas en tonos terrestres, otoñales. Es idílico. Heredé de mi papá, bueno de mi bisabuelo Albert el gusto por la naturaleza.
—Me gustaría quedármelas... pero no me siento cómodo con que lleves el trasero al aire...— Al bajar del auto, el mismo Terry me pone las bragas que me había confiscado. Nos sentamos sobre la cajuela de su auto.
—Gracias por cada momento vivido a tu lado, Terry...
—Soy yo quien te da las gracias. Soy otro, Candy. Totalmente nuevo por ti...
—Pienso que eres el mismo. Yo me enamoré de ti siendo como eres... me atrapaste desde el principio. Y amo todo de ti.— Lo miro a los ojos y peino sus cejas. Toco con mi dedo el piercing de la ceja derecha.
—¿Te dolió?
—Un poquito no más. Ya no lo recuerdo bien, fue hace dos años.— Me sonríe y besa la mano con que acaricié su ceja.
—¿Y ésta?— Toco el piercing de su oreja.
—Como un piquete de mosquito. ¿Te dolieron a ti?— Me pregunta jalando suave mis orejas.
—No lo sé. Las tengo desde chiquita.
—¿Y es que has crecido mucho desde entonces?
—¡Terry!— Le doy un codazo.
—¿A quién saliste chaparra?— Roza mi nariz con la suya, es tan tierno... así como furioso e irracional a veces, también está lleno de ternura.
—Yo... es que yo soy igual a la bisabuela... ella era bajita.
—O a lo mejor tu mamá diluía las pastillas de chikitolina en tu leche...
—¡Terry!
—Ya... lo siento. Sólo tenía curiosidad... eres hermosa así. No te hace falta nada.— Me da un ligero beso y me mata con su sonrisa de niño travieso.
—Tú sí que eres alto... tanto como mi papá... todos son altos en mi familia, menos yo.
—Y por eso eres la más linda. Eres como un perfume francés.
—¿Un perfume francés?
—Sí. Pequeña, deliciosa, valiosa... y no cualquiera podría tenerte.
—Te amo.— No me queda más remedio que repetírselo hasta el cansancio.
—Yo te amo mucho más. Has cambiado mi vida, Candy. Es como si de pronto hubiera dejado de ser un niño... sólo tengo ganas de salir adelante, de triunfar... hasta de casarme... bueno... ya en un futuro... ¿no?
—Todo lo que tú quieras, mi amor. Quiero verte feliz, verte triunfar como dices, en todos los aspectos. Tú también me has vuelto madura... me siento muy diferente a las otras chicas...
—Porque eres diferente. Eres única y te amo.— Lo dice y me lo demuestra con un beso apasionado.
—¡Ay!
—¿Qué pasa, linda?
—Me duele mucho aquí.— Le muestro mi palma que me arde y una parte de ella brilla, un pequeño fulgor.
—Me pregunto si nos acostumbraremos algún día a todo esto...— Toma mi palma y la besa, un besito suave y deja de dolerme. Entonces la contemplo. Al lado de la "T" apareció una "J".
—¿Ves esto, Terry?
—Sí... ¿Te duele?
—No... ya no. Pero... no entiendo...
—Ni yo... no te preocupes por entender, mi amor. Estoy comenzando a fascinarme por este amor sobrenatural.— Vuelve a besar mi mano y olvidamos el asunto. Nos montamos en el auto y arrancamos.
—¿Flores?— Le pregunto al ver que de pronto se detuvo en un pequeño puesto y compró unas preciosas rosas blancas.
—Sí. Quiero que me acompañes a un lugar.— Sonrió, pero sentí algo de tristeza en él. Hizo el resto del trayecto en silencio, no quise hablar tampoco, no quise invadirle ese espacio... Nos detuvimos en el cementerio y de pronto entendí todo. Bajamos del auto y de la mano me guió hasta la tumba de su madre. Se me aguaron los ojos inmediatamente. Sentí su dolor... recordé a Anthony... hace meses que no le llevo flores, desde que estoy en Nueva York. Leo la lápida.
Jennifer Alice Grandchester
Amada esposa y madre
1968-1988
Era tan joven la madre de Terry. Puedo imaginar el dolor que sintió su padre al perderla. Una pareja joven, enamorados hasta los huesos, esperando su primer bebé con ilusión. Inevitablemente ruedan un par de lágrimas por mi cara. Mi niño creció sin su madre, tal vez se fue antes de que siquiera pudiera darle un beso al nacer, cuando asomó sus ojitos al mundo por primera vez. Se me clava en el alma un dolor profundo. La angustia de Terry, su sentimiendo de culpa. Su pánico por embarazarme alguna vez.
—Hola mami. Te he tenido abandonada, lo sé, lo siento. Espero que te gusten las rosas... no sé cuáles sean tus favoritas, pero éstas siempre me han parecido perfectas. Reflejan pureza e inocencia... me recuerda a tu sonrisa, la que sólo he visto en fotos y yo... me pregunto si estás sonriendo en el cielo... si te sientes orgullosa de mí...— Terry está arrodillado ante su tumba y habla con lágrimas y todo mi mundo se está cayendo de ternura y dolor. Aprieto fuerte su mano.
—Te traje también a mi novia, mamá. Es dulce, como tú y piensa que yo soy bueno, que soy lo mejor que le ha pasado. Seguro me ve con los ojos del alma igual que tú... ¿sabes que a ella le gusta escucharme cantar? Como a papá le gustaba escucharte a ti... ella se parece a ti y a Leia... pero no estés celosa de Leia, no la quiero más que a ti, pero ella me ha amado mucho y me deja que yo le diga mamá... Te extraño mami... nunca pude conocerte, pero te extraño desde el primer día que tuve memoria...— Se disuelve en llanto y ya no puedo más. Me arrodillo con él y lo abrazo. Lloro con él y comparto su dolor, su abandono y daría mi vida por cambiar todo eso.
De pronto una luz muy intensa nos ciega y yo me asusto, Terry se pone de pie y me aferro a él. Mi mano comienza arder fieramente.
—Me arde mucho, Terry...— Nos quedamos mirando mi palma ofuscados... la "J" ahora se ve en todo su esplendor y brilla, dejó de doler y sólo resplandece.
—"J".— Dice Terry y roza esa inicial.
—¿Pero por qué una "J", Terry?
—No lo sé, mi amor. Será "Jennifer"... le agradas a mamá...
Continuará...
¡Hola!
Damos inicio a la 3ra etapa de la historia... la reveladora y la más fuerte y cebollera... ay chicas... hasta cosita me da... es que de verdad no exagero... vienen tantas cosas para esta pareja...
Bueno, gracias por comentar:
Cleo Saranghae, Kazy Tailea, LUZ RICO, CandyAndryGranch, Ingrid quintulen, LizCarter, Betk Grandchester, dulce lu, Zafiro Azul Cielo 1313, Nerckka, Iris Adriana, Amy C.L, Luisa, zucastillo, comoaguaparachoc, norma Rodriguez, Azukrita, Laura GrandChester, Rose Grandchester, Dali
LizCarter: Para la canción de la boda tengo otros planes... una más romántica y clásica que me encanta. (Esta historia está concluída en mi mente) Todo ya está fríamente calculado jajaja.
Comoaguaparachocolate: Un gusto verte por aquí otra vez, no desaparezcas, chama!
Un beso,
Wendy
