Zafiros y esmeraldas
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 22 Enemigos
Luego de visitar a la mamá de Terry, por fin llegamos a su casa. Desde que estuve ahí con él, escuchando sus sentimientos expresados a la madre que no tuvo la dicha de disfrutar, una sensación extraña no me ha abandonado. No es mala, sólo es extraña y mi palma, aunque poco y soportable, arde justo donde se formó la "J".
—Mamá, papá, ya estamos aquí.
—¡Terry! ¡Terry! ¿Por qué tardaron tanto? ¿Qué hacían?— Las gemelas abarcaron a mi amor tan pronto como entramos.
—Niñas, niñas, tranquilas. Ya están aquí.— Leia abrazó y besó a Terry en ambas mejillas como siempre, no importara cuánto él se quejaba.
—Buenas noches, Leia, señor Grandchester...
—Terrence, Candy, me puedes llamar Terrence.— Me dice el padre de Terry y me sonríe. Realmente es un encanto cuando no se enfrenta con su hijo. Son iguales, ambos guapísimos, sonrisa matadora y mirada fulminante. Leia siempre lo mira enamorada hasta los huesos y yo me pregunto si... detrás de esa indiferencia que él muestra habrá también la pasión y calidez que tiene Terry.
—Disculpe... es que... decirles Terrence a los dos es como raro...—Me explico y sonrío.
—Bueno, a él lo llamamos "Terry", no habrá confusión. Además yo soy más guapo.— La reacción de Terry fue poner sus ojos en blanco, Leia le dio un codazo a su esposo y yo sólo me reí. El señor Grandchester hizo una broma, está de buen humor y no lo aprecian.
—Es más guapo Terry.— Dijo Gia y abrazó a su hermano.
—Y más joven.— Expresó Mia y con su hermana se debatió por los brazos de Terry.
—Vaya, gracias, pequeñas malagradecidas.
—Ya papá, sólo son sinceras.— Yo le di el codazo a Terry esta vez. Reconozco que hay momentos en los que... parecen llevarse bien, es que hay muchas cosas que tienen en común, sin embargo, siempre chocan.
—¿Cuándo vamos a comer?— Se queja una de las gemelas.
—Cuando lleguen los padres de Candy.— Contesta Leia y nos sentamos en la sala de estar.
—¿Mis padres?
—Sí. Los invitamos. Ustedes ya llevan dos meses y aún no nos hemos presentado.
—Oh, es verdad...— El celular de Leia de pronto suena y todos nos quedamos en silencio, el papá de Terry se queda pendiente de ella y ella se ve nerviosa.
—Hola. ¿Cómo estás Steven?— Dice Leia al teléfono y veo que Terrence padre aprieta la mandíbula y sus ojos azules, iguales a los de mi amor, la fulminan, están encedidos en llamas, conozco bien esa mirada, la he visto muchas veces en mi niño.
—¿Mañana? ¿A qué hora? Sí, sé donde es. Estaré ahí. Gracias, cuídate.— Se despidió Leia. Noté que mientras estaba hablando por teléfono recorría la sala, yo también tengo esa constumbre de hacer turismo por la casa mientras estoy al teléfono. Volvió a sentarse junto a su esposo mientras que las gemelas nos acaparan a Terry y a mí y nos atosigan a preguntas, cada uno tiene una gemela en su regazo.
—¿Qué quería tu enamorado esta vez?— Le pregunta el señor Grandchester a Leia y de pronto toda nuestra atención se centra en ellos. Terry y yo nos miramos un momento y luego volvemos a mirarlos a ellos.
—Terrence... él no es mi enamorado. Estudiamos juntos en la universidad y me está ofreciendo...
—Entonces que te llame a una hora razonable. Estoy harto de que te llame a todas horas y te pongas a recorrer la casa al teléfono como una adolescente enamorada.— Ella se queda boquiabierta y de hecho, yo también. ¡Dios! Me parece estar escuchando al mismo Terry. ¡Son iguales!
—Son las siete de la noche, Terrence. Además está llamando con relación a...
—¡A fastidiar!
—¡No! Para un trabajo. Ya te había dicho que volveré a mi profesión.
—No te quiero cerca de él.— A Terry y a mí sólo nos hacen falta las palomitas. Me parece estar viendo una película de los dos, veinte años después.
—Jajajajaja.— No pude evitar reirme, ellos de pronto me miran, también Terry me mira.
—No nos hagas caso, Candy. Es típico de los Grandchester.— Comenta Leia sonriendo, pero el señor sigue mirándola con los ojos encendidos en rabia.
—Lo sé. Son iguales. Terry me hace las mismas escenas.
—¿Escenas? ¿Es que debemos morir de risa cada vez que ustedes coquetean descaradamente con sus pretendientes?— Me giro para encarar a Terry y es mi rostro el que se prende en furia ante la idiotez que acaba de decir.
—No seas ridículo, Terry. Tienes esa manía de pensar que todos los chicos que se nos acercan están interesados en...
—Y tienes mucha razón, hijo. Tienes mucha razón. Ellas nunca se dan cuenta de nada, son las más inocentes, ah pero que fuera al revés. Nosotros no podemos sonreirle a la secretaria, ni a ninguna compañera porque eso es seguro que nos estamos acostando con ellas...
—¡Terrence! Eso no es así. Si no hay motivos, no tenemos por qué tener celos aburdos...
—¿Celos absurdos? ¿Ahora tengo que soportar que los hombres te llamen?— Sin darnos cuenta, los cuatro nos enfrascamos en una discusión tonta que se iba acalorando, las niñas no encontraban qué hacer. Mi celular decide sonar y es Terry el que me mira mientras yo me quedo paralizada mirando el nombre identificado en la pantalla. Son sus ojos los que me fulminan ahora, decido contestar.
—Archie... ¿cómo estás?— Terry tiene la mandíbula apretada y cuando me fui a poner de pie, me retuvo y me hizo sentarme nuevamente.
—Sí, sé que los he tenido abandonados, pero es que... ahora estoy en Nueva York, nueva escuela y ya sabes... no me hace mucho bien estar en Chicago... Sí. Mándale un beso a Stear y a las chicas, por favor...— Cuelgo y le brindo a Terry una sonrisa inocente, pero él no la compra.
—Y bien... ¿quién es ese "Archie?
—Archie es... es uno de mis mejores amigos, bueno así digo, pero realmente es...
—¡Algún ex!
—¡No! Somos primos. Sólo que a mis primos yo los considero mejores amigos, eso es todo. Pero bueno... ¿qué les pasa a ustedes dos?— Me desespero y poniéndome de pie, miro a padre e hijo con rabia.
—Candy, querida, no pierdas tu tiempo, no les hagas caso.— Me dice Leia ahora muy tranquila, pues al parecer ella y su esposo olvidaron su pelea y se centraron en la nuestra. Estaban ahora muy pegados y ella acariciaba el pelo de su esposo como muchas veces yo hago con Terry.
—Trato de no hacerle caso, pero es que... de verdad... ¿todos los hombres Grandchester son así de insufribles?
—¿Somos insufribles? ¿Y quién fue la que sufrió un ataque de celos hace un rato?— Me recalcó Terry y esa vez sí quise matarlo, lo deseé con todas mis ganas.
—¡Mis celos estaban justificados!
—¡También los míos!
—¿Ah sí? ¡No me digas!
—Es cierto. Las mujeres querían igualdad, pues ahí la tienen. Tenemos derecho a sentir celos y fin del caso.— Deseé también matar a mi suegro por haber dicho eso. La furia resalta en mi cara, sin embargo, Terry tiene su sonrisa ladeada, de triunfo, vuelvo a mirar a su padre, ambos están sonriendo de la misma manera.
—Vamos, Pecas, siéntate por favor.— Lo miro aún queriendo matarlo, entonces pone un gesto inocente, sus ojitos suplicantes y me sonríe muy dulce. Me desarma y entonces me molesto conmigo misma por caer en su juego y voy como una tonta a su lado.
—Awww... ¡beso! ¡beso!— Gritan las gemelas y me pongo roja como tomate.
—Señores, los Andrew ya llegaron.— Me salvó la campana, le debo una a María y a mis padres, por supuesto.
—¡Mamá! ¡Papá!— Los beso y abrazo a ambos, de verdad los extrañé demasiado. Terry le da un beso a mi madre en la mejilla y estrecha la mano de mi padre.
—Es un placer conocerlos al fin, señores. Yo soy Terrence Grandchester, mi esposa Leia y mis hijas Mia y Gia.— Todos estrechan la mano, pero... mi suegro y mi padre se quedan mirándose fijo, impresionados. Mi madre le da un codazo a mi padre para que salga de su estupor.
—Lo siento, es que ustedes... se parecen tanto...
—No se preocupe. Estamos acostumbrados a esa impresión. Y me va a disculpar, pero usted también es igual a...
—A mi padre y mi abuelo, lo sé.
—Bueno, permítanos el honor de pasar al comedor.— Dice Leia y nos sentamos a la mesa. María y otra empleada disponen la cena y los utencilios.
—Quería expresarles que estoy muy contento de que mi hijo haya encontrado a una señorita tan especial como su hija. Lo ha transformado.— Dice Leia con una sonrisa orgullosa, mirando a Terry siempre con tanto amor.
—Somos nosotros los agradecidos. Su hijo ha hecho que mi niña volviera a brillar.— Mi madre me mira con ese amor y orgullo con el que sólo una madre puede mirarte.
—Yo sólo quiero ver a mi hija feliz y debo reconocer que su hijo ha hecho un buen trabajo. Sólo exijo que la haga feliz.— Añade mi padre y naturalmente me pongo media nerviosa, es decir, no paran de hablar de nosotros y me da penita.
—Yo amo a su hija, señor. Haría lo que sea por verla siempre feliz.— Aprieta mi mano y nuestras miradas se cruzan. ¡Dios! Estoy tan enamorada, lo amo, simplemente.
—En eso puede estar tranquilo, William. Los Grandchester cuando nos enamoramos, lo hacemos de verdad.— Esto vino de mi suegro y pude ser testigo de como padre e hijo se sonrieron. Luego los dos bajaron la vista y no dijeron nada más, pero las palabras no hicieron falta. Sólo esa tenue muestra de afecto y apoyo por parte de su padre hizo que el mundo de Terry brillara, aunque sé que él no lo admitirá jamás.
—Bueno, acompáñenos al salón.— Ofrece Leia y ahí vamos. Estamos pasándola muy bien, ambas familias unidas, sin peleas ni pretenciones, me siento feliz.
—Amor... ¿no les dirás de contrato musical?— Le pregunto a Terry en un susurro y él respira profundo.
—No quiero que alguna estupidez de mi padre nos arruine la velada, Candy...
—Creo que sería el mejor momento.— Le sonrío y le doy un casto besito en los labios.
—Yo quería decirles algo...— Habla por fin Terry y todos los ojos se posan en él.
—Lo primero que quiero es agradecerle a mi novia por... creer en mí y haberme empujado hacia mi sueño. Tengo un contrato musical.— Lo suelta y por un momento hay un silencio sepulcral.
—¿De verdad? ¡Felicidades! Yo sabía que lo lograrías, mi amor.— Leia es la primera en acercarse a él y lo abrazó emocionada, sus ojos llenos de lágrimas.
—Felicidades, Terry. Te deseamos mucho éxito.— Dice mi padre y mi madre que es más reservada sólo se limita a sonreirle.
—¡Wow! Terry va a cantar...— Expresa Mia.
—¡Sí! Saldrá en televisión... y hará videos. ¿Nos llevarás a tus conciertos?
—Claro, Gia. Y las colaré a mi camerino.— Terry besa a ambas niñas en sus mejillas y me enamoro de este mágico momento, pero... sigo esperando la reacción de su padre y rezo porque no arda Troya.
—Lo conseguiste finalmente. Te felicito. Sólo no dejes de ser tú y por favor... no olvides hacerte de una carrera, nunca está de más.— Esas palabras salieron del señor Grandchester, palmeó el hombro de su hijo y se dieron algo parecido a un abrazo. Los ojos de Terrence padre estaban aguados.
—Gracias. Cuenta con eso, ya se lo había prometido a Candy.
—Quería darte algo...
—Papá... de dinero estoy bien todavía...
—No, no es eso. No tiene precio lo que voy a darte.— Veo a Terry tensarse. Todos estamos en silencio, no queremos interrumpir ni adulterar un momento como ese.
—Toma.— Mi suegro le entrega un sombre grande blanco.
—¿Qué es?
—Canciones que escribió tu madre. Algunas para mí, pero la mayoría son para ti.— Automáticamente un par de lágrimas cayeron de los ojos de mi amor, su padre estuvo a punto de llorar también, pero pudo darle la batalla al llanto.
—Hay que brindar por eso. María, por favor, las copas y el champagne.— Me fascina el entusiasmo de Leia. Brindamos por el éxito de Terry y seguimos compartiendo en armonía.
—Y bien... ¿qué disquera te contrató?— Me pregunta mi padre y me pongo algo tenso al recordar quién es el dueño.
—NY Universal.
—He escuchado de ellos. Buenos artistas han salido de ahí... ¿Y quién es tu manager?
—Frederick Marlowe...
—¿Marlowe?
—Sí. El padre de Susana...
—¿Susana? ¿Susana Marlowe?— Sí, papá, ¿la conoces?
—No... pero el abuelo... mencionó a una tal Susana Marlowe que fue la que... bueno según él, por ella fue que al final no pudo ser feliz con... Candice White.— Mi palma comienza arder tanto en ese momento. Se me oprime el pecho y siento dolor, miro a Candy, busco su mano para aliviar juntos nuestro dolor.
—¿Usted también conoce la historia?— Se aventura a preguntar mi suegro.
—Sí. El abuelo me la contó muchas veces. Candice White, su gran y único amor.
—Según el diario de mi abuela...quien los separó primero fue Eliza Leagan.— Añade nuevamente el señor Andrew y Candy y yo de pronto nos quedamos mirándonos.
—¿Eliza Leagan?— Pregunta frotándose su palma, debe sentir el mismo dolor y ardor agudo que estoy sintiendo yo.
—Sí, Candy. Eliza Leagan era una prima lejana o sobrina del abuelo, no sé mucho de esa familia porque al final el abuelo los repudió y los desheredó...— No pude escuchar más. Mis ojos se cerraron sin poderlo evitar.
...
—Terry... ¿dónde estás?
—Shhh. Estoy aquí, Candy. ¿Para qué nos citaste aquí?— Le pregunto alumbrándola con una lámpara a la vez que acaricio al caballo en el establo del colegio. Es de noche, nos abraza el silencio y una quietud acogedora.
—¿Yo? Pero si fuiste tú quien me dejó una nota diciendo que...
—Yo no te dejé ninguna nota, fuiste tú que... bueno, olvídalo... ven.— Le digo que se siente junto a mí en el pajar y por un momento no nos decimos nada.
—Creo que deberíamos irnos, Terry. Si nosotros no escribimos esas notas... es porque seguro...
—Tranquila, pecosa. Sé que viniste por un beso...
—¿Qué? ¡Por supuesto que no!— Se indigna. Es hermoso ver su carita exhaltada, enojada. Tan niña, tan hermosa.
—No mientas, Candy. No me cuesta nada darte otro beso. Prometo esta vez no devolverte la cachetada.— Me voy acercando peligrosamente a su boquita, la veo nerviosa y sus ojazos verdes se ponen gigantes. A penas llegué a rozar sus labios cuando...
—Se lo dije, hermana. Se encuentran aquí todas las noches.— Fuimos sorprendidos por la hermana Grey y entonces comprendo todo. Fue una trampa. Y caímos redonditos.
—No, hermana Grey, por favor, escúcheme, nosotros no...
—Fue una trampa, hermana. Una trampa tendida por ésta infeliz...— Señalo con furia a Eliza, pero Candy y yo fuimos arrastrados hacia adentro. Cada uno en un cuarto de castigo.
...
—Papá, no te lo pediría si no fuera importante para mí, por favor, sólo esta vez, ayuda a Candice...
—¿Que la ayude? ¿Me estás pidiendo ayuda para una chica deshonrada?— El Duque no se ablanda con nada, me arrepiento de haber acudido a él, pero me estoy jugando todas mis cartas.
—Eso no es cierto papá, ya te dije que fue una trampa...
—Terrence, trampa o no, fueron sorprendidos ahí de noche y solos y no importa si es cierto o no, ya la chica está deshonrada.
—¿Entonces no me ayudarás?
—No.
—Gracias por nada, entonces.— Me marcho con el alma partida en mil pedazos. Justo cuando me había acostumbrado a ella, a su risa, a su ternura, justo cuando me había enamorado... tengo que dejarla, para no dejarle el estigma de la deshonra. Camino hasta el cuarto de castigo en el que se encuentra recluida, junto a la puerta, saco mi armónica y entono nuestra melodía.
—Terry...— La escucho decir mi nombre, pero sigo tocando mientras mis lágrimas caen sin poderlo evitar. No tengo corazón para despedirme de ella.
...
Me duele cada hueso de mi cuerpo. Sigo recluida en el cuarto de castigo, al despertar me estrujo los ojos y encuentro una nota de Terry...
Candice:
Perdóname por causarte tantas molestias,
debí hacerte caso cuando dijiste que debíamos irnos...
mi necedad provocó todo esto y no me lo perdonaré jamás...
Sigue adelante, sé que nos encontraremos alguna vez.
Te quiere,
Terrence G. Grandchester
No... Terry... Logré escaparme y lamento no haberlo logrado antes. Terry se fue sin preguntarme, sin decirme nada. Abandono el colegio y salgo en su busca. Llego tarde... su barco acaba de zarpar... grito su nombre sintiéndome llena de impotencia, de dolor. Se fue... sin mí...
Continuará...
¡Hola!
Chicas, tengo la intención de dedicarme de lleno a esta historia, espero poder terminarla en lo que queda de mes. De ahora en adelante, las acompañarán las emociones intensas... Get ready!
Sobre el minific que hice "¿Eres Terrytana de corazón?" Tuve que hacerlo de esa manera, pues está prohibido por FF hacer concursos y hay que seguir las reglas ya que las consecuencias de no hacerlo podría resultar en la cancelación de mi cuenta y no me puedo arriesgar así. Espero que el minific les haya gustado y como dije, la que mejor me exprese por qué Candy y Terry eran el uno para el otro, será honrada con un minific de su propia idea creado por mí, recuerden que la pregunta es por qué ellos eran el uno para el otro y no por qué son Terrytanas.
No es competencia ni concurso ya, recuerden que está prohibido, así que no incluyan esas palabras en los reviews. Sólo quiero que me expresen su sentir de por qué ellos son el uno para el otro y como regalo, haré un minific en honor a la mejor respuesta. Ya lo hice en mi grupo de facebook, así que pronto verán otro minific de la chica que ganó en mi grupo de facebook.
LizCarter: Me encantó el poema, el del primer comentario que dejaste, gracias.
Y por supuesto, gracias por comentar:
marina seguame, Amy C.L, , Angie08, Kazy Tailea, Azukarita, dulce maria, dulce lu, Rose Grandchester, norma Rodriguez, LUISA, LizCarter
Hasta pronto!
Wendy
