Zafiros y esmeraldas

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 23 Arpías en acción


—Cochero, por favor, apúrese.— Le exijo porque quiero ver a Terry actuar, voy retrazada y tuve que encomendarme a todos los santos de los milagros para poder finalmente ver a mi amado demostrar su sueño realizado.

—Es lo más rápido que puedo ir, señorita.— El camino se me hizo eterno, puede que sea por mis nervios, la emoción, el saber que volveré a verlo luego de tanto tiempo. Me pregunto si le gustará mi vestido, mi pelo suelto... sé que debe recordarme en coletas. Llego por fin, estoy apresurada entre la multitud que espera por entrar.

—¿Candy? ¿Se puede saber qué estás haciendo aquí?

—Sí, ¿quién te invitó? Porque dudo mucho que el sueldo de enfermera te haya alcanzado para el boleto.— ¿Por qué tuve que detenerme a comprar éstas flores? Gracias a esa demora, me he topado con los Leagan.

—Les agradezco que se preocupen por mi situación económica, pero estén tranquilos, tengo mi boleto.— Con orgullo lo saco de mi bolso y se los muestro. No sólo es un boleto, es de primera fila.

—Pues mira, ahora no lo tienes.

—¡No!— Neil me arrebató el boleto y lo hizo pedazos. Cada pedacito que volaba al viento, fue un pedazo de mi alma, de mi sueño de volver a verlo, mis ilusiones. Al romperme ese boleto fue como si me hubieran roto el corazón mismo.

Llega el momento de entrar, todos están desesperados por entrar, muestran sus boletos y yo... del mío no queda ni la mitad. Gruesas lágrimas ruedan por mis mejillas.

—¡Candy! ¡Por aquí!

—¡Stear, Archie!

—Ven a sentarte con nosotros. Los Andrew tenemos palcos reservados.— Esa proposición me supo a gloria. Podré ver actuar a mi amor después de todo.

—¿Qué hace ella aquí?— La tía-abuela terminó de barrer con mis ilusiones. Tanto es su aberración hacia mí.

—Pero tía-abuela, Candy también es de la familia...— Intenta defenderme Archie, pero la verdad es que yo ya estoy harta de que me odien si razón, de defenderme o que me defiendan. Me retiro sin decir nada más. Seguí caminando, mi voluntad es grande y de verdad quiero ver a Terry actuar. Llego a un área apartada, no hay nadie más que yo, pero podré ver a Terry.

Lleva la actuación en la sangre. Se mueve con gracia, se vive su papel, nadie en el público habla, ni murmura, es un silencio casi palpable, todos están enajenados en su actuación al igual que yo. Lloro de emoción e ilusamente quisiera que de pronto sus ojos se encontraran con los míos. Su actuación es magistral, su voz, el tono y volumen perfectamente entonados, su voz es más varonil que en los tiempos de colegio. Me doy cuenta que mi amor cada vez se va viendo más como un hombre y no como el chiquillo malcriado y arrogante. Se me va el aliento.

Termina la obra y yo seco mis lágrimas de emoción y alegría, mi corazón palpita como nunca. Estamos afuera y la multitud acapara a los actores, en especial a Terry. Quiero llegar a él, pero no puedo, la gente me empuja, me da codazos, me manotea. Alzo la voz para gritar su nombre con todas mis fuerzas, pero es inútil, hay tanta algarabía que mis gritos son a penas un débil eco. Entonces veo a Terry finalmente despedirse y subir al coche junto a otra joven actriz rubia y el resto del grupo. No pude verlo, ni acercarme, no pude hablarle, pero al menos logré verlo actuar.

A pesar de todo lo que está en mi contra, no puedo darme por vencida y estoy convencida de hablar con él, cara a cara, quiero volverme a perder en esos ojos que tanto he extrañado. Averigüé el hotel en que se está hospedando, apresurada llego hasta allí.

—Disculpe, ¿podría procurar a Terrence Grandchester?— Pregunto a la recepcionista llena de esperanzas.

—¿Qué haces aquí? ¿A quién buscas?— La compañera de Terry aparece de pronto, Susana Marlowe, interrumpiendo y me siento acosada.

—Soy amiga de Terrence. ¿Podrías decirle por favor que lo busca Candice?

—Terry no está aquí. Tienes que irte.— Prácticamente me echó del lugar. Con un montón de sueños rotos, me resigno a no verlo. Ya es muy tarde, estoy sola y he perdido un zapato. No me queda más que regresar al hospital.

—¿Quién estuvo aquí hace un rato?— Le pregunto a la recepcionista. No sé si estoy loco, pero me pareció haber escuchado la voz de Candy.

—Terry... ¿dónde estabas? Me había preocupado.

—¡Dios! Susana, no soy un niño ni soy tu perro para que te empeñes en tenerme pegado a tu falda.— Esa chica no me deja ni respirar desde el primer día que la conocí.

—Vino a buscarlo un señorita, joven.— Dice la recepcionista y olvido el asunto con Susana, la veo palidecer, pero no comprendo la razón.

—¿Una señorita? ¿Dijo su nombre?

—No lo recuerdo...

—¿Cómo era ella?—Le pregunto casi gritando, desesperado.

—Rubia, riza, un poco baja, pero linda, tenía pecas...

—¡Candy!

—Sí, así mismo dijo que se llamaba.

—¿Y por qué no me avisó?— Le reclamo más que molesto.

—Disculpe, es que... la señorita Marlowe...— Veo que los ojos de la recepcionista se dirigen a Susana con temor.

—¡Tú! ¿Tú le negaste mi presencia?— Sujeto con fuerza el flacucho brazo de Susana y la miro con tanta rabia, quisiera estrangularla. Veo el pánico brillar en sus ojos.

—Lo siento, es que yo pensé que era alguna fanática alocada que...

—Que sea la última vez, escúchame bien, la última vez que ella venga a buscarme y a ti se te ocurra echarla, ¿me entendiste?— La sujeto con tanta fuerza que ella tiembla, hasta la recepcionista tiembla.

—Lo siento, Terry, no volverá a pasar...— Un par de lágrimas caen por su rostro, pero por alguna razón no las compro.

—¿Lo sientes? ¿Sabes cuánto tiempo he esperado para volver a verla? ¡Bah! ¿Qué vas a saber tú? Apártate de mi vista.— De mala forma suelto su brazo y casi se cae, la vi tambalear varias veces, pero no hice ni el más mínimo esfuerzo por zocorrerla.

Por fin entro a mi habitación luego de una jornada de trabajo. Encuentro en el suelo una nota de Terry. ¡Dios mío! Otra vez la encuentro tarde. Salgo despavorida sin importarme que Mary Jane me regañe. Casi vuelo, quiero encontrarme con Terry antes de que su tren salga. Hice todo mi esfuerzo, pero no llegué a tiempo, su tren había arrancado. Sin embargo, pude verlo aunque el tren estuviera en movimiento.

—¡Terry! ¡Terry!— Grito con todas mis fuerzas y extiendo mi mano. ¡Él me vio! ¡Me vio!— Me saluda también con su mano, me sonríe y luego se sujeta con ambas manos en la puerta del tren. Pienso que va a saltar, pero no... me dio la impresión, pero no fue así. Sigo sonriéndole, llamándolo y extendiendo mi mano hasta que lo pierdo de vista. Tengo una alegría agridulce porque al menos sé que me vio.

Y después de tanto esperar, de tanto luchar... ahora estoy cediéndole mi amor a ella... a ella porque le salvó la vida, a ella que tantas veces se interpuso entre los dos. Regreso a casa con el corazón roto en cien mil pedazos, con los sueños rotos, todo mi ser está roto... a Terry también lo rompí. Lo dejé con todos nuestros sueños frustrados, con el dolor y los remordimientos.

...

—¡Chicos! ¡Chicos! Siempre pasa lo mismo con ustedes dos.— Terry y yo despertamos de pronto con nuestras palmas ardiendo. Nuestros padres nos miran preocupados.

—Lo siento, papá. Es que... pude ver todo eso... lo de Susana...

—¿Tú también lo viviste?— Me mira Terry asombrado.

—Ujum... es tan horrible, tan desesperante.— Digo aún conmocionda y con rastros de llanto.

—Es tan raro todo eso... sus visiones, los sueños, esos desmayos, no sé, me preocupa eso.

—No es nada de qué preocuparse, papá. Ya estamos acostumbrados. Nuestro amor es así.— Le responde Terry a su padre, mientras que nuestras madres, más delicadas, están sentadas con nosotros y nos acarician el cabello, nos hacen tomar un té.

—Bueno, ya es tarde. Creo que es mejor que nos vayamos. Vamos, Candy. Despídete.— Dice mi papá y me pongo triste.

—Pero no quiero, papá... me quiero quedar con Terry...— Protesto como una niña, pero fue en vano.

—Candy, cariño, ya es tarde, ven.— Me llama mi mamá y resignada me levanto luego de darle un besito a Terry.

—Te veré mañana, princesa. Luego de los ensayos.

—¿Ensayos? ¿Ya?

—Sí. Haremos un primer video con la canción que yo escribí, ese será sólo el comienzo.

—¿Y podré verte ensayar?

—No lo sé, pero lo haré lo posible. Te llamaré.

—¡Candice!

—Ya, ya voy.— Le doy otro beso a Terry y por fin me voy con mis padres.

...

—¡Traidores! Terry gana un contrato y yo soy la última en enterarme.

—Lo siento, Karen, pensé que Terry te lo había dicho.

—Pues ya ves que no. Pero de él puedo esperarlo, pero de ti... ¡Vaya amiga!

—Vale, vale, lo siento Karen. No fui una buena amiga al no informarte corriendo. ¿Me perdonas?— La abrazo y le doy un beso, exagerando mi arrepentimiento.

—¡Ya, ya! Está bien. Bueno, ¿dónde queda la dichosa disquera?— Convencí a Karen de que me llevara a ver a Terry ensayar y me siento tan emocionada. Esta próxima navidad pienso pedirle un auto a mis padres, ya no puedo seguir dependiendo de mi amiga.

—¡Wow! ¿Es aquí?

—Sí.

—Bueno, Candy, no podré acompañarte porque tengo un compromiso, supongo que podrías regresar con Terry, ¿no?

—Seguro que sí... espera... ¿compromiso? ¿tú?

—Sííí... yoooo. Bueno, bájate ya antes que me arrepienta.

—Vale, vale, adiós.— Me bajo y llego apresurada hacia la puerta de NY Universal, toco el timbre y me asomo al cristal, pero no logro ver nada hacia adentro. Un guardia de seguridad me abre y me guía hasta la recepción.

—Buenas tardes señorita, ¿cómo la ayudamos?— Una joven amable y hermosa, imposiblemente hermosa me atiende, no pasa de veinticinco años.

—Es que... vengo a ver a Terrence, él me dijo que podía...

—Buenas tardes, ¿quién eres?—Escucho una voz detrás de mí y en seguida mi palma comienza arder. Volteo y no puedo creerlo.

—¿Susana?

—Llámame Nicky, por favor. ¿A quién buscas?— Estoy tan conmocionada que en un principio las palabras no me salen.

—Busco a Terrence. Soy su novia.— Le digo a la supuesta gemela de Susana. Me fijo en ella, es idéntica a su hermana, sólo que con un estilo de vestimenta más sobrio y lleva una coleta alta y elegante, jean, botas y su blusa con un discreto escote. Mi palma arde cada vez más.

—¿Su novia?— Pregunta y me mira de arriba abajo con desdén, con desprecio desde su altura, bastante privilegiada comparada conmigo.

—Sí, su novia, ¿puedo verlo?

—No, lo siento. No se permite a nadie en el área de grabación.

—Pero Terry me dijo que...

—Terry no manda aquí, querida. Regresa en un par de horas cuando haya terminado. Ryan, por favor escolta a la señorita a la salida.

No puedo creerlo... fui echada del lugar como un perro sarnoso. Mi palma arde hasta la rabia. Lloro de rabia y me quedo a fuera. Karen ya se fue, así que tendré que pedir un taxi para regresar. Quisiera marcarle a Terry, pero no quiero interrumpir su momento. Mi celular suena de pronto, es él.

—Hola.

—Hola, preciosa. No he comenzado porque te estoy esperando. ¿Dónde estás?

—Hace rato que llegué, pero no me dejaron...

—Entra, yo mismo te encontraré en recepción.

—Okay.— Me despido y nuevamente toco al timbre, quiero ver la cara de la odiosa Nicky cuando Terry me reciba.

—¡Terry! ¡qué emoción! ¿cómo te fue?— No más entro, veo como la tal Nicky se lanza a Terry y lo abraza así sin más. Mi palma arde y tengo la tentación de aliviarla estampándola en la mejilla de esa infeliz.

—Terry, lamento interrumpirte, me voy.— Alzo la voz y doy la espalda, me dirijo a la puerta.

—¡Candy!— Me llama y se deshace de Nicky de un tirón. Me sigue hasta la salida.

—¿Qué quieres, Terry?

—¿Qué quiero? Querías verme ensayar y convencí al señor Marlowe que te permitiera entrar, me costó bastante, llegas tarde y ahora resulta que te vas.

—Tu amiguita Nicky me dijo que no podia entrar y me echó. Además, por lo que veo se llevan de maravillas, ¿no?

—¿Ella te echó?

—Ah, ¿tampoco me crees?— Respira profundo y del brazo entra conmigo nuevamente, arrastrándome y estamos de pie frente a Nicky.

—¡Terrence! ¿Qué diablos te crees? ¿Podemos por favor comenzar a ensayar?— El señor Marlowe estaba furioso y tengo temor, temor de arruinar los avances de Terry por mi culpa.

—Disculpe, señor Marlowe, pero hay algo que me gustaría aclarar antes de comenzar. No tomará mucho tiempo.

—Eso espero, adelante, habla.— La Nicky tiene cara de no rompo un plato mientras se pega a su papi, en mi rostro bulle la rabia.

—Ella es Candice White, mi novia. Usted me dio el permiso para que estuviera en los ensayos, ¿no?

—Así es, ¿cuál es el problema?

—Habríamos estado ensayando hace rato si su hija no la hubiera echado de aquí como a un vagabundo.

—¡Nicole!— Veo que el señor se dirige a su hija y su gesto no es nada amigable, veo a la chica encogerse como un gusano.

—Sólo quiero aclarar, por si las dudas, que agradezco mucho la oportunidad brindada, incluso las libertades, pero quiero que tengan claro que ningún contrato ni promesa por parte de nadie vale más que mi novia. No quiero imponer reglas, pero a mi novia, quiero que la traten con respeto, sólo eso.— Me siento en la luna por el orgullo con que Terry me defiende. Sin embargo, no me siento del todo feliz, no quiero interferir con su sueño.

—Tienes razón, Terrence, disculpa los inconvenientes, no volverá a pasar.— En ese momento jala a su hija a parte y auque trataron de hablar bajo, yo escuché parte de la conversación.

—¿Qué coño crees que haces, Nicole?

—Lo siento, papi, es que yo...

—Sé muy bien lo que estás haciendo. Te gustó Terrence desde que lo viste y no, no pongas esa cara porque no soy idiota. Te advierto algo, el chico tampoco es tonto, así que mídete.

—Pero, papi, yo sólo...

—No interfieras, Nicole. Sabes muy bien que estamos a punto de quiebra. Nuestra escalera de salvación es ese chico, aún no ha firmado el contrato y si se arrepiente por tu culpa... puedes olvidar que tienes padre.

...

A diferencia del sueño horrible que tuve en que no pude ver a Terry actuar, en esta vida, sí lo veré cantar, lo veré ensayar. Ya estoy en el área de grabación. Me encanta verlo con los audífonos, los ojos cerrados, entregando sus cuerdas bucales en cada palabra, cada tono. Yo vivo su música tanto como él. Nicky me mira desde una distancia prudente, si las miradas mataran, mis huesos ya se habrían vuelto polvo.

Continuará...


¡Hola!

Pues, ya ven, ya empezamos con los problemas, ésto es sólo el principio. Bueno chicas, las que ya han leído mis dos minifics, "La historia más bonita del mundo" fue lo prometido a una lectora que participó en mi grupo de Facebook, pronto habrá otro minific de otra de mis lectoras que también participó en mi grupo, así que como ven, cumplo mis promesas. Espero que mis dos minifics les haya gustado. Como saben, está prohibido en fanfiction hacer concursos, por eso los llevo a cabo en Facebook, las interesadas y que aún no me han agregado, háganlo, ya que pienso continuar con eso, es divertido para mí y espero que también para ustedes. Ahora aparezco en fb como "Leena Grandchester".

Tengan presente que los concursos son en FACEBOOK. En el minific "¿Eres Terrytana de corazón?" Como regalo, honraré la mejor respuesta con un minific, es un regalo, no concurso, (está prohibido).


LizCarter: No importa si las respuestas hayan sido similares, no puedo tener control de eso, de todas formas, el regalo es en el minific y no aquí, por tanto las respuestas deben ser en el minific y no aquí, pero tampoco puedo invalidar aquella respuesta, tomaré todas en cuenta y aún hay mucho tiempo antes de que yo elija la mejor.


Gracias por comentar:

Kazy Tailea, bebeserena, elisablue85, Fanny JHG, norma Rodriguez, VERO, Eri, Zafiro Azul Cielo 1313, dulce lu, Guest, LUISA, LizCarter, Laura GrandChester, Candice. w. andrydeg


Guest: No me dejaste tu nombre, amiga.

Eri: Mi nombre no es Wendy's jajajajaja. Eso es un fast food. Yo soy Wendy, sin apóstrofo ni "S". (Mucha gente lo escribe así también)

Fanny JHG: Las escenas sexuales son una mezcla de mi imaginación y mi experiencia y sí, pienso terminar la historia, nunca he dejado ninguna inconclusa, espero no hacerlo. Gracias por seguirme, amiga.


Hasta pronto niñas, estén pendientes a los minifics y recuerden que son ideas de mis lectoras, yo sólo las escribo.

Wendy