Zafiros y esmeraldas
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 24 Debut
Primero escucho a Terry grabar la canción. La escribió para mí y me siento más que orgullosa. Estar aquí es un sueño, estoy en su mundo, en su pequeño universo y va a debutar con la canción que escribió para mí. ¡Él es mío! Y no habrá Gusana que me lo quite.
—¡Excelente! Todo va excelente. Tienes una voz prodigiosa, muchacho.— El señor Marlowe palmea su espalda luego de que la canción está total y perfectamente grabada.
—Felicidades, mi amor.— Voy hacia a él y me lanzo a sus brazos, lo abrazo muy fuerte y por constumbre, él me levanta unos cuantos centímetros del suelo. Me besa levemente, no solemos dar espectáculos en público, pero fue suficiente para ver a la Nicky retorcerse.
—Ejem. Chicos, aún falta hacer el video. Quiero que tu canción se escuche en todas las estaciones de radio de Nueva York y todo el país, quiero verla encabezando los top ten y por supuesto, quiero llenar los ratings del Music Channel cuando lancemos tu video por primera vez.
—¡Genial! ¿Haremos el video ahora?— Pregunta Nicky muy entusiasmada, como una niña y toma la mano de Terry en medio de su emoción. Quisiera partirle el brazo por esa osadía. Pero esperen... ¿haremos? ¿es que a caso...? ¡Gusana parte II saldrá en el video!
—Me temo que no, Nicky. Primero debemos planificar bien lo que queremos, encontrar a los coreógrafos adecuados y actores que recreen la historia de la canción.— El señor Marlowe la baja de la nube de inmediato, Terry me sigue abrazando desde atrás mientras estamos atentos a todo lo que se está hablando.
—Pero yo misma podría encargarme de la coreografía, papá...
—Nicky, quiero dejar ésto en manos de los profesionales. Puede que puedas aparecer en el video, pero no te prometo nada...— El señor Marlowe da la espalda y la Nicky indignada lo va siguiendo mientras camina, como una chiquilla que persiste en un capricho.
—Señor Marlowe... ¿podemos irnos ya?— Pregunta Terry por fin y veo la gloria, de verdad que Nicky y yo no cabemos en una misma ciudad y mucho menos en un espacio cerrado.
—Claro. Te avisaré cuando esté todo listo para hacer el video. Ah... muy pronto escucharás tu canción al aire.— Le guiñó un ojo y siguió su camino. Terry y yo nos vamos.
...
—Cantaste precioso, bebé.— Lo lleno de besitos en la salida y le alboroto el pelo. Me encanta hacerle eso.
—¿Bebé?— Me pregunta levantando su ceja arrogante.
—Sí. ¿Te molesta que te llame así?— Lo miro a los ojos mientras sus manos están en mi cintura.
—¿Te parece que soy un bebé?— Me besa repetidas veces, besos de piquito.
—Me parece que sí. Eres mi bebé, mi niño consentido.— Estamos tan cursis, pero no nos importa.
—Pues últimamente no me has consentido mucho...
—¿Ah no?— Niega con la cabeza, como un niño engreído y lo amo.
—No. Para nada me has consentido.— Aprieta mi trasero disimuladamente y me muerdo los labios de deseo.
—Mmm... lo siento. Prometo consentirte mucho más. Eh... Terry, tengo hambre.
—Yo también. ¿Dónde quieres comer?
—Vamos a Denny's. Lo tenemos justo en frente.— Me alza y me lleva sobre su espalda hacia la calle de en frente donde está el restaurant en el que comeremos.
—¿Qué vas a pedir, mi amor?
—¡Todo!— Digo mirando el menú. Él roza mi mano y me sonríe.
—¿Todo?
—Bueno... quiero ésta hamburguesa, la quiero con papas y también aros de cebolla... ah... y en vez de refresco... que sea una malteada de fresa, que me le pongan nata, por favor...
—Candy, de espacio. Dale tiempo a ella para que lo anote.— Me envolví tanto pidiendo que la pobre mesera a penas anotó la mitad de mi pedido.
—Lo siento. Estoy muy hambrienta.
—Ya veo...
—¿Y usted, joven?
—A mí traígame lo mismo, pero que la bebida sea un frappé de mango.— La mesera se retira.
—Amor... ¿de verdad te comerás todo eso?
—Pero por supuesto... ja, ¡faltaba más!
—Es una exageración, cielo.— Ya me comienzo a sentir avergonzada por mi apetito.
—Pero... de verdad tengo hambre, Terry. Siempre tengo hambre, todo el tiempo.
—Me he dado cuenta. Pero últimamente... has roto récord.
—Bueno, pero al menos no engordo. Espera... ¿me veo gorda?— Le pregunto aterrada y siento que hasta el apetito se me va. Él parpadea confundido.
—No, Candy... es sólo que...
—¡Dime la verdad!— Le exijo alzando la voz y apuntándole con el tenedor.
—¡Candy! Baja ese tenedor y por favor, cálmate.— Hago lo que me dice, pero no logro calmarme.
—Si me ves gorda, dímelo y yo...
—Candy, no estás nada gorda, ya deja de decir tonterías. Es sólo que a veces me desconcierta ese apetito desenfrenado que tienes de momento. Sólo recuerdo haber visto así a Leia cuando estaba...— Hace un pausa de golpe y me mira por un largo instante sin poder pronunciar una palabra, buscando en mi cara algo que no entiendo.
—Con permiso, disculpen...— Una joven mujer pasó por nuestro lado con un bebé y Terry recogió sus piernas para que la carriola del bebé pudiera pasar bien. Mi palma comienza arder con intensidad, más bien la "J" es lo que me arde, fieramente. Nos quedamos en un silencio incómodo, ninguno de lo dos terminó su comida y en silencio caminamos hasta su auto.
—Terry... ¿pasa algo?
—No.— Me responde secamente.
—¿A dónde vamos?
—Al apartamento de Leia. Prometiste consentirme, ¿lo recuerdas?— Asiento y aunque me sonrió, no me quedo tranquila, su rostro está preocupado y lo pillo mirándome disimuladamente varias veces.
—Al fin solos...— Me susurra y me abraza por la cintura, me comienza a besar dulcemente, besos suaves van llenando mis labios y mi piel. Mi blusa adorna el suelo del salón y Terry no despega los ojos de mi lencería. Nos seguimos besando, lo toco, lo araño suavemente con mis uñas y él me va poco a poco acostando en el sofá, se coloca sobre mí y continúa con los besos que me llenan de vida, de luz, de pasión y sólo puedo entregarme y gemir. Pero hay algo que no está bien... Terry me está tocando, me acaricia y me besa, yo estoy caliente, pero él... no he podido sentir su erección en ningún momento. Se retira de mí y se sienta un momento frustrado llevándose las manos al pelo. Yo estoy desconcertada, ni siquiera puedo hablar, me siento mal.
—Terry... ¿qué es lo que te pasa?— Mis ojos están aguados y él me mira.
—¿Te has tomado tus píldoras como corresponde?
—¿Qué? ¿Por qué me preguntas eso?
—Contesta, Candy... ¡Sí o no!— Me alza la voz y ya mis lágrimas caen. No sé a qué viene todo ésto.
—¡Sí! Todos los días a la misma maldita hora... ¿por qué me lo preguntas? Ahh... claro, ya sé. ¡No confías en mí!— Grito y me levanto buscando mi blusa.
—No es eso, Candy...
—¿No? ¿Y qué es?
—Que... estás comiendo mucho, más que antes y... te ves diferente.
—¿Diferente? ¿Se puede saber de qué mierda hablas? No te entiendo nada.
—Te ves muy linda, Candy. Te ves... diferente y hasta tienes ese brillo en los ojos que...— Me ha vuelto un ocho, si me veo linda, diferente, pero linda, tengo un brillo... ¿entonces cuál es su maldito problema?
—Sigo sin entenderte, Terry... tal vez soy tonta, pero si no me explicas con manzanitas si es posible lo que me quieres decir, no entenderé.— Se pone de pie y se me acerca. No dice nada, sólo me mira, no sé qué es lo que busca en mis ojos y entonces se pone a mirar mi vientre. Lo comienza a tocar, a palpar.
—Sabes que no es el momento, ¿verdad? No estamos preparados y a penas estoy comenzando a cantar...— Ahora lo comprendo todo.
—¿De eso se trata, Terry? ¿Piensas que estoy embarazada?— Estoy totalmente indignada, una furia extraña se apodera de mí, lloro de rabia, mi palma arde otra vez. Mi "J" especificamente.
—Es que... ¿nunca has olvidado tu píldora?
—¿Sabes qué? Ya ha sido suficiente. Ya estoy cansada de todo ésto. Estoy cansada de que no confíes en mí...
—Candy, lo siento, es que...
—¡No! No lo sientas. ¿De verdad piensas que yo jugaría contigo de esa manera? ¿Con qué fin? Yo también tengo metas, Terry. Yo también quiero estudiar, quiero vivir, disfrutar y cuando sea el momento, quiero una familia, como es natural, pero estoy harta de tu desconfianza, estoy harta de tus miedos y...
—Candy... me asusté, perdóname...
—¡No me toques!— Le grito y le rehuyo, no lo quiero cerca, siento que lo odio en estos momentos. No aguanto el ardor de mi palma.
—Candy, por favor... escúchame...
—¡No! Yo ya no te escucho más y te digo algo, busca ayuda. Resuelve tu problema con el asunto de los embarazos y los hijos. Yo ya me cansé.— Finalmente me pongo mi blusa y me dirijo a la puerta.
—¿A dónde vas?— Me alcanza como un felino y me retiene por un brazo.
—Voy a casa. No quiero verte, no quiero ver tu odiosa cara.—Resopla, se lleva las manos al pelo y se lo jala fuerte, pienso que se lo arrancará.
—Candy, primero deja que... bueno, ya me he disculpado. Ya te dije que lo siento, estaba asustado y...
—¡Y una mierda! No es la primera vez que pasa esto y ya me cansé. Si no puedes confiar en mí, no tiene caso que sigamos juntos.
—¿Qué? ¿De qué hablas?— Su rostro es de puro horror.
—Tienes que resolver tus mierdas, Terry. Yo no puedo ya con ésto, hasta me pongo ansiosa, me da miedo. He sido muy cuidadosa... pero si un día, por alguna razón se diera el caso y quedara embarazada, sé que no contaré contigo y sobre todo, sé que volcarás toda la culpa en mí, así son ustedes los hombres, se lavan las manos de todo.
—Candy, no digas eso, por favor...
—Necesito sentirme segura, Terry. Tú me tienes colgando de un hilo en estos momentos.
—Candy... ¿de qué forma te digo que lo siento?— Sus ojos azules están aguados, me acorrala en la puerta, pero en este preciso momento, yo no lo quiero cerca, no quiero que me toque, no quiero sus abrazos, no quiero verlo.
—No hay bebé, Terry. Te lo juro por mi propia vida. No te he engañado, no he hecho trampas y... para que te sientas más seguro, no habrán bebés nunca.
—¿Por qué dices eso?
—Tú no serás el padre de mis hijos. Quédate tranquilo. Y suerte, que te vaya bien.— Me giro dándole la espalda, dispuesta a irme.
—¿Me estás dejando?— Me gira hacia él bruscamente y me sostiene firme por los hombros.
—No puedo seguir con alguien que no confía en mí, con alguien que me hace el amor con tanta pasión, pero que no está dispuesto a decir presente si hay consecuencias. Con alguien que siente tanta aberración por un niño, aunque fuera suyo.—Traga hondo y entonces se pone a llorar, me voy partiendo en dos, pero... quiero irme, que se consuele como pueda.
—Candy... yo te amo. Eres lo que más amo en éste mundo, pero...
—Terry, me quiero ir, por favor... necesito estar sola.— Asiente apesadumbrado.
—Te llevo.
—No. Págame un taxi, por favor...
—¿Qué? ¡De ninguna manera!— Se indigna y toma las llaves de su carro.
—Terry, te lo estoy pidiendo por favor. No quiero verte, no quiero estar cerca de ti, llámame un taxi.— Se lo dije con la voz muy suave y débil, mis fuerzas se fueron al suelo y mi palma se siente en carne viva, también la suya, se la está frotando como un loco. Me llamó el taxi y me acompañó hasta que me monté en él y le pagó al taxista.
...
—¡Candy! ¿Qué pasó?— Mi madre me pregunta alarmada, por fortuna mi padre no está en casa.
—Nada, mamá, ya se me pasará.
—Estás hecha un desastre, mira tu cara... no creo que sea cosa de nada... ¿te hizo algo Terry?
—No.
—¿Y entonces?
—Es sólo un imbécil como todos los chicos.— Le digo mientras voy subiendo la escalera para encerrarme en mi cuarto.
—Candy...
—Si llama, o se aparece por aquí, dile que no estoy. No quiero verlo.— Mi madre no insiste más y yo me interno en mi cuarto. Lanzo de mi cama el Scooby Doo que ganó para mí en la feria. Lo veo caer al suelo sin remordimientos. Me desvisto y voy de cabeza a la ducha. Me quedo un rato bajo el chorro y luego me restriego violentamente con jabón, queriendo borrar todos sus besos y sus caricias. Pero me basta con cerrar los ojos y veo pasar todos los momentos que pasamos juntos. No puedo librarme de seguir viendo su cara en todo.
Ya han pasado dos días desde que dejé a Terry, eso ha hecho estragos tanto en mi humor como en mi apetito.
—Lo siento, Terrence... Candy no quiere verte, ven mañana...— Me escondo cerca de la escalera y veo cómo por segunda vez viene a verme y yo no lo recibo.
—Está bien, señora Andrew, pero podría por favor darle ésto.— Le entrega a mi madre un hermoso ramo de rosas rojas y algo cuadrado que de lejos no pude apreciar bien. Lo veo partir derrotado.
—Candy, el pobre está desesperado. Sea lo que sea, por favor, escúchalo, no sea que luego te arrepientas y...
—¡No quiero verlo! ¡Nunca!—Grito y lloro a la vez.
—Bien. De todas formas, te entrego ésto.— Me deja las flores y entonces la cosa cuadrada es el estuche de un CD. Cuando mi madre se va, me pongo a oler las rosas y lloro. Entonces pongo el CD en mi stereo. Lloro otra vez. Es Terry cantando... todas las canciones que me ha cantado o me ha dedicado me las grabó en ese CD con su propia voz. Cinco canciones sólo para mí. Lloro ferozmente y recojo del suelo al abandonado Scooby Doo, sigo llorando con las flores y mi peluche contra mi pecho.
...
Extraño a Terry a morir, hace dos días que tampoco voy a la escuela y en total, cinco que no veo a Terry. Tengo una menstruación horrible, la peor de todas y eso me da más rabia con Terry al recordar su insinuación sobre mi supuesto embarazo. Enciendo mi Stereo para relajarme. Voy cambiando de estación tras estación y... ¡Terry! Están pasando su canción. ¡Tan rápido! Subo el volumen al máximo, pero ya la canción se está acabando y comienza hablar el locutor.
—Buenas tardes, Nueva York, les saluda Robert Hathaway y ese que escuchaban es Terry Grandchester con su sencillo "Just the way you are" la más reciente producción de NY Music dirigida por Steven Marlowe. Sé que muchos se estarán preguntando quién es el autor de éste éxito musical que ha sido solicitado fervientemente por la audiencia durante las escasas cuarenta y ocho horas que lleva al aire, pero ya no tienen que esperar más, porque aquí está con nosotros Terry Grandchester, señores.
No puedo creerlo... Terry está en un programa de radio. Aguso mi oído.
—Terry, bienvenido.
—Muchas gracias, Robert, es honor haber sido invitado a tu programa.—Oh, su voz... extrañaba tanto su voz.
—El placer es todo mío. Bueno, platícanos, Terry, Nueva York merece saber quién eres y qué nos ofreces.— Se escucha la risa de Terry, como extraño esa risa.
—Verás, cantar era un hobby hasta hace unos meses, pero entonces llegó una chica especial y lo convirtió en mi sueño...
—Oh... entonces hay una chica... ¿ya tan pronto vas a desilusionar a tu fanaticada femenina?
—Bueno, es que la señorita en cuestión me ha hipotecado por toda la eternidad.
—Tengo entendido que "Just the way you are" es una canción de tu autoría.
—Así es.
—¿Y fue un tema que surgió de pronto, o fue inspirada por la misma chica que convirtió la música en tu sueño?
—Fue un tema que compuse para ella.— Mis lágrimas caen al escucharlo decir eso y de pronto quisiera romper todo mi orgullo y correr a sus brazos.
—Ya lo oyeron, féminas, el corazón de Terry tiene dueña, lo siento chicas. Ahora queda preguntar... esa chica, tu musa, ¿es tu novia? ¿O es tu amor platónico?
—Ella lo es todo, es mi vida entera y... no sé si me esté escuchando en este momento, pero si es así, quiero decirte, chaparra, que te amo y te extraño con todo mi corazón y que mi música siempre será para ti.— Sonrío en medio de mis lágrimas y le digo, aunque no sirve de nada porque no me puede escuchar, le digo que yo también lo amo, no importa que no pueda oirme.
—Bien, no estén con el corazón roto, chicas, como premio de consolación, se abre el espacio que a ustedes les gusta, en vivo con Robert comienza desde ya. Tomen sus teléfonos y llamen al 1800-622-2534 libre de cargos para que hablen con nada más y nada menos que con Terry. ¿Estás listo para responder las llamadas de tus fans, Terry?
—Absolutamente.
—Bien, tenemos la primera llamada. ¡Hola! ¿Con quién hablamos?
—Con Karla.
—Hola, Karla, ¿cómo te encuentras?— Es Terry quien le responde.
—Estoy muy bien. ¡No puedo creerlo! ¿De verdad eres el que canta "Just the way you are"?
—El mismo, corazón.— Me da celos que la llame así, aunque supongo que debo acostumbrame, sobre todo ahora que lo he mandado a volar.
—Sólo quería decirte que tu canción está buenísima y te deseo mucho éxito.
—Muchas gracias, corazón.— Otra vez la vuelve a llamar así. Grrr. ¡qué rabia!
—Gracias, Karla por tu llamada, a ver... ¿a quién tenemos en la número dos?
—Maridení.
—Hola, Maridení, es un placer escucharte.
—Oh... el placer es mío, tienes una voz maravillosa, está preciosa tu canción.
—Muchas gracias, cariño.
—Así es, muchas gracias, Maridení. Y ahora... ¿a quién tenemos en la número tres?
—Señorita Pecas.
—Hola, señorita Pe... ¿Candy?
Continurará...
¡Hola, niñas preciosas!
Pues como ya les había advertido, hay capítulos agridulces, aún no han visto nada. Espero que les haya gustado, de todo corazón.
Bueno, sé que han leído unos cuantos minifics que he estado publicando en honor a mis lectoras y quiero darles las gracias a todas por el respaldo, a mis niñas por aportar las ideas que mi cabeza loca convierte en historias. Esos minifics son premios entregados a mis niñas que me siguen en facebook y participan en mi grupo.
Para las que aún no lo saben, los minifics son:
1."¿Eres Terrytana de corazón?"
2. "La historia más bonita del mundo"
3. "Boleto de ida"
4. "Conquistando al profe"
Se las recomiendo con toda honestidad, son historias cortas y amenas para entretenerlas un ratito. Estén pendientes porque vendrán más minifics.
Gracias por sus comentarios:
yami, WISAL, michiru, princesa julieta, bebeserena, dulce lu, LizCarter, eri, Zafiro Azul Cielo 1313, norma Rodriguez, Laura Grandchester, Guest, Kazy Tailea, elisablue85, Candice. w. andrydeg, Rose Grandchester, Mako, zucastillo
bebeserena: no te pude encontrar en facebook. (Yo aparezco como Leena Grandchester)
princesa julieta: Me alegro que te animaras a escribirme, bienvenida.
Mako: Gracias por tus palabras y apoyo, un beso grande para Argentina y pues ya mencioné como aparezco en facebook, espero podamos mantenernos en contacto.
Un beso, hermosas.
Wendy
*Recuerden que "Just the way you are" es una canción de Bruno Mars, Terry la tomó prestada para este fic jejejeje.
