Capítulo 2: El reflejo.

La noche acabó finalmente y la mañana se abrió paso entre tanta oscuridad. Los diferentes animales salvajes que en el bosque vivían empezaron a realizar sus actividades matutinas. Los pájaros cantaban sus melodías mientras las personas que vivían en Gravity Falls empezaban a despertar para comenzar otro día de trabajo.

Pero había una persona que no había dormido en lo más mínimo: Stan Pines. A pesar de haberlo intentado muchas veces no fue capaz de conciliar en sueño durante la noche. Y la razón era muy sencilla: estaba demasiado preocupado por su sobrino como para dormir, algo que a los demás no les pasaba. Durante la noche había estado acostado en su cama tratando vanamente de dormir, daba vueltas en la cama y cada cinco minutos soltaba un suspiro que denotaba evidente enfado. Cuando ya eran más de las dos de la madrugada se levantan una y otra vez, iba hasta la entrada de la Cabaña del misterio y miraba hacia el bosque, el cual lo cubría una tenebrosa oscuridad. Había estado repitiendo esta acción durante el resto de la noche.

Cuando se dio cuenta de que el amanecer estaba cada vez mas cerca decidió salir, agarró una manta y se sentó en los escalones de la entrada a esperar a su sobrino, junto con su café de la mañana, por supuesto. Había estado mirando al bosque sin apartar la vista ningún instante. El día anterior cuando observó a Dipper alejarse lentamente hacia el bosque había notado algo extraño en él, no era el mismo de siempre, se veía más... sombrío... enfadado o algo así. En su interior se atribuía el hecho de que Dipper no hubiese llegado anoche, se decía internamente de que pudo haber hecho algo más que verle alejarse. Había visto en sus ojos un brillo que nunca antes le había notado a aquel chico, y aquello le tenía preocupado.

Agarró la taza que había dejado a su lado y se dio cuenta de que estaba sumamente fría y vacía. Consultó su reloj de pulsera y vio la hora: eran las ocho de la mañana, lo que significaba que llevaba dos horas y media ahí sentado, estupendo... Un leve frío se hacía presente, suerte para él que tenía aquella vieja aunque confiable manta. Mientras seguía esperando vio a lo lejos que su fiel empleado Soos llegaba a la hora que siempre lo hacía. Volvió a consultar su reloj: las ocho y media y contando...

Soos se le acercó rápidamente con su típica sonrisa.

-Buenos días Señor Pines -saludó su empleado.

-Buenos días, Soos -respondió este serio sin desviar la vista del bosque que se erguía a su frente.

-¿Sucede algo Señor Pines? -preguntó Soos mientras se sentaba a su lado. Stan dudó durante unos segundo si contarlo o no lo que pasaba, decidió hacerlo.

-Sí, Soos, si sucede algo-dijo y soltó un largo suspiro-. Se trata de Dipper, no ha vuelto desde que se fue ayer.

-¿Se refiere a cuando le vimos marcharse hacia el bosque? -preguntó con evidente preocupación.

-Así es. Eso me tiene muy preocupado. No he podido dormir en toda la noche, y estoy desde hacer más de dos horas aquí sentado.

-No tenías idea Señor Pines...

-Tranquilo Soos-dijo Stan mientras le colocaba su mano en su hombro-. Si para las nueve y media no ha regresado iré a buscarle.

-¿Tiene alguna idea de dónde puede estar? -preguntó Soos con evidente interés.

-Ni la más mínima idea. Pero peor es quedarse aquí sin hacer nada. Ese bosque puede llegar a ser un lugar muy terrorífico.

-¿Puedo acompañarle Señor Pines? -preguntó Soos con entusiasmo.

-Está bien Soos. Pero por ahora ve a tabajar. Hay mucho que hacer -Soos contestó con un animado ''Sí, señor''. Stan se levantó de donde estaba sentado y se dirigió a su habitación para cambiarse.

Las nueve de la mañana marcaba el reloj que Stan tenía en su oficina. Wendy había llegado tan solo cinco minutos antes y Soos se había encargado de contarle todo a la pelirroja, quien al igual que Soos había sido invadida por una preocupación por Dipper pero luego se animó al escuchar que dentro de media hora partirían en busca de él. Ahora seríamos tresl los que iríamos a buscarle, perfecto, fue lo que pensó Stan al enterarse de la intención de Wendy de participar en la búsqueda.

Unos minutos después Mabel apareció por las escaleras con su típica sonrisa. Había avanzado hasta la caja registradora donde Wendy estaba, esta estaba mirando hacia el bosque con expresión ausente, antes de que Mabel se acercara y la sorprendiera esta soltó un largo suspiro. Dio un pequeño salto en su asiento cuando la joven Pines la sorprendió.

-¿Por qué la cara larga? -preguntó Mabel mientras se colocaba a su lado.

-Se trata de tu hermano, Mabel -dijo esta sin muchos ánimos.

-¿De Dipper? ¿Qué sucede con él?

Wendy se encargó de contarle todo lo que Soos le había contado momentos antes. Mabel no daba crédito a lo que estaba escuchando. A medida que oía el relato que la pelirroja soltaba sus ojos a la vez que su boca se iban abriendo cada vez más. Una vez que Wendy terminó de contarle a Mabel toda la historia esta se dirigió a toda velocidad hacia la cocina donde estaba su tío Stan. Entró a toda velocidad en la cocina haciendo que su tío se sobresaltara y casi dejase caer la taza que sostenía.

-¡Tío Stan! -exclamó Mabel una vez que entró a la cocina.

-¿Qué sucede niña? -preguntó sorprendido por lo anterior.

-¡¿Cómo es eso de que Dipper desapareció ayer y que no ha regresado?! ¡¿Está bien?! ¡¿Le pasó algo?! -soltaba cada pregunta a una velocidad increíble, al viejo Stan no le daba tiempo de responder ninguna de ellas, este se acercó y le puso sus manos en los hombros de ella.

-Tranquílizate, ¿de acuerdo? -dijo y condujo a Mabel hasta la mesa que había en la cocina. Los dos se sentaron y Stan prosiguió-: Es verdad que tu hermano no ha vuelto. Por eso vamos a ir a buscarle dentro de unos minutos. Aunque no creo que le haya pasado nada, así que no te preocupes.

-Es...-dijo Mabel casi murmurando-. Es mi culpa... Yo soy la responsable de esto...

-¿Tú? ¿Por qué? -preguntó Stan confundido.

-Ayer... Ayer Dipper vino para contarme que había descubierto algo nuevo del diario, no lo sé, no le presté atención. Creo que eso le ofendió y justo después de eso salió de la habitación sin decirme nada. ¿No lo ves tío Stan? Si yo no le hubiera ignorado de esa manera él... Él... -intentaba hablar pero las palabras simplemente no le salían. Stan le rodeó los hombros con su brazo y esta se acurrucó en su pecho y empezó a sollozar en él, gracias a esto el sonido de ella llorando era ahogado por el voluminoso pecho de Stan.

-Tranquila. Todo va a estar bien-detestaba verla así, y él sentirse tan inútil. Decidió no perder más el tiempo, se levantó de su asiento-. Ven Mabel, vamos a buscar a tu hermano -dijo y le tendió su mano, esta se la agarró y se levantó detrás de él.

Ambos se levantaron de la mesa y se dirigieron hacia donde estaban los otros dos empleados de la Cabaña del misterio, quienes al parecer habían estado esperando la señal de su líder desde hacía un bueno tiempo. Wendy y Soos se colocaron uno junto al otro para hacer un pasillo para que Stan pasara, detrás de él venía Mabel que después de eso se colocó al lado de Wendy, esta pasó su brazo por sus hombros. Stán se posicionó justo delante de los tres empleados y cuando estuvo a punto de empezar a darles instrucciones a cada uno la puerta principal de la Cabaña del misterio se abrió bruscamente dando paso a un Dipper casi irreconocible.

Todos se giraron casi instantáneamente al escuchar el fuerte sonido que la puerta había hecho al abrirse de esa manera. Su sorpresa fue aún mayor cuando se dieron cuenta de que la persona responsable de esto era nada mas y nada menos la persona que estaban a punto de ir a buscar a través del bosque. Su aspecto era horrible: toda su ropa estaba sumamente maltratada y sucia, sus mangas eran un desastre, le faltaban trozos a cada una. La parte encargada de cubrir el cuerpo estaba igual o peor incluso ya que dejaba a la vista gran parte del vientre del chico. Si se miraba atentamente se podían notar múltiples rasguños que estaban presentes en sus brazos, piernas y gran parte de cara. La gorra que había estado usando desde hacía dos años no estaba, dejando a la vista una desordenada y sucia cabellera castaña. Lo peor de todo aquel espectáculo (por llamarlo de alguna forma) eran sus ojos: sus característico brillo emprendedor y cuiroso que siempre habían tenido no estaba presente, ahora solo habían dos grandes vacíos en su lugar, eran un pozo sin fondo que estaba probablemente lleno de ira. Unas enormes ojeras relucían debajos de los ya mencionados órganos visuales, su color eran de casi negro total, con algunos razgos grisáceos y estaban sumamente hinchados. Los cuatro trabajadores de la Cabaña del misterio no podían creer que aquel ser era el mismo joven que tan solo unas horas antes se había marchado de su casa. La respiración de Dipper era lenta y pesada, aspiraba cada cierto tiempo, de manera mecanizada y soltaba el aire pasados unos segundos. Sus ojos estaban mirando al vacío, como si estuvieran viendo todo y a la vez a la nada. Ninguno de los allí presentes se atrevía a hablar, ni siquiera Mabel, quien se había llevado sus manos a la boca cuando vio a su hermano.

Dipper miró alrededor y posó su vista sobre las escaleras, dio el primer paso y empezó a caminar lentamente hacia estas. Sus brazos yacían inertes a sus lados, si no fuera porque están unidos al cuerpo los habría dejado caer seguramente. Empezó a subir lentamente las escaleras mientras se dirigía a su habitación, cada paso que daba resonaba a su alrededor, era una sinfonía aterradora. Cuanado iba a mitad del recorrido Stan reaccionó finalmente y se dirigió hacia donde estaba Dipper.

-¡Dipper! -exclamó desde abajo. Dipper se quedó estático en el lugar que estaba, si mirar hacia atrás y así permaneció durante unos segundos. Luego empezó a girarse lentamente hacia donde estaba su tío Stan.

-¿Qué? -fue lo único que respondió.

-¿Cómo que ''qué'' muchacho?-exclamó-. ¡¿Dónde rayos has estado?! ¡¿Qué se supone que has estado haciendo durante toda la noche?! ¡¿Y por qué tienes ese aspecto?! ¿Te atacó un animal o algo? -terminó de preguntar. Mabel se situó justo detrás de él y empezó a mirar a su hermano.

-No es nada de tu incumbencia, Stanford Pines-dijo al fin Dipper después de un largo silencio. Todos en la Cabaña del misterio se quedaron boquiabiertos con la respuesta del joven Pines, sobretodo por cómo había llamado a su tío. Después de haber respondido a la pregunta de Stan, Dipper soltó una fuerte carcajada cargada de diversión-. Perdón, perdón. Se supone que no debo llamarte así, ¿verdad?-dijo y bajó a toda velocidad las escaleras y rodeó con su brazo los hombros de Stan-. Tranquilo, tranquilo. Nada malo ha sucedido TÍO Stan-resaltó la palabra ''tío'' con un tono burlón-. O bueno, al menos nada malo para mí. De hecho, me siento como otra persona, si sabes a qué me refiero-dijo y le guiñó su ojo derecho a Stan, este aún seguía en un estado de shock por todo lo que sucedía frente a él-. Bueno, ahora me iré a mi habitación, os agradecería enormemente si no me molestárais. Así que, ¡Hasta la vista! -dijo esto último en español y mientras volvía a subir soltó de nuevo aquella risa juguetona que momentos antes había soltado.

-¿Pero qué demonios...? -murmuró Stan, quien no podía creer lo que había pasado justo al frente de él.

...

Dipper cerró la puerta con sumo cuidado una vez que se alejó de todos los empleados de la Cabaña del misterio. Avanzó lentamente a través de su habitación y miró a su alrededor. Procuró que nadie fuera capaz de escucharle y una vez que se aseguró de esto empezó a reír estruendosamente otra vez, pero ahora la risa estaba aún mas cargada de gozo.

-¡Increíble! ¡Increíble! ¡Sumamente increíble! Oye, Dipper, ¿has visto eso? ¿Viste cómo se quedaron? ¿No lo viste? ¡Por supuesto que tuviste que haberlo visto! Por un momento pensé que Stan me había descubierto, fue un error llamarle por su nombre-dijo y avanzó hasta el centro de la habitación y cogió una de sus almohadas y empezó a agitarla en el aire-. ¡Fue una buena idea el haberme dejado el control a mí para esto! A ti te habrían descubierto seguramente. Ahora te dejaré a ti, si me dejas por mas tiempo seguramente haga añguna estupidez -exclamó y dio un par de vueltas más con la almohada en sus manos mientras reía descontraladamente.

De repente se quedó quieto, como si de una estatua se tratase. Miró hacia el suelo, su sonrisa seguía presente, luego cerró sus ojos durante unos segundos, su sonrisa se borró casi al instante. Volvió a abrir los ojos y cuando lo hizo miró alrededor para asegurarse de que se encontraba en su habitación.

-Idiota...-murmuró mientras miraba la almohada que tenía en sus manos-. Has hecho mucho escándalo. ¿Qué tal si se hubieran dado cuenta? ¿Y qué fue eso de hablar en español? ¡Yo no sé español! Si te dejé a ti el encargarte de eso fue para que no sospecharan y ahora seguro que todos lo hacen -hubiera seguido discutiendo de no ser porque alguien empezó a llamar a su puerta. Se dirigió hasta esta y la abrió lentamente y asomó su cabeza por una pequeña abertura.

-H-Hola Dipper...-dijo Mabel un tanto nerviosa.

-¿Qué pasa? -contestó este sin mucho interés.

-Me preguntaba si todo iba bien... Y vine a ver cómo te encontrabas y eso...

-Estoy bien. No te preocupes.

-S-Si me necesitas para algo, ya sabes que estoy aquí -dijo intentado convencer a su hermano.

Vaya vaya. Mira quién quiere ayudarte ahora, Dipper -dijo con tono burlón.

-Cállate-murmuró. Se dio cuenta de que Mabel le miraba extrañado-. N-No te preocupes...-dijo y su hermana se empezó a retirar con semblante triste-. Mabel-le llamó, ésta se giró casi al instante de haber escuchado su nombre-. Bueno, quería pedirte un favor. ¿Puedes ver si hay algua caliente? Como te habrás dado cuenta estoy hecho un desastre y bueno...

-¡Está bien!-contestó alegre de que su hermano le pidiera ayuda-. Iré a revisar, ahora vuelvo. Mientras tanto deberías preparte -dijo y se retiró.

Tú hermana es un poco hipócrita, ¿no crees? -volvió a decir con aquel maldito tono de burla.

-Me gusta pensar de que simplemente es tonta, sólo eso -dijo y empezó a quitarse la ropa. Cubrió la parte baja de su cuerpo con una toalla blanca.

Mabel regresó unos momentos después y le avisó de que el baño estaba listo. Este le agradeció y se dirigió a este. Una vez dentro sentía cómo el agua caliente golpeaba su cuerpo. Necesitaba aquell. Sentía que todo lo malo que le había pasado la noche anterior se iba por el desagüe y que ya no volvería, aunque aquello era una tontería y él lo sabía, eso lo sabía. Sentía que las heridas que tenía le empezaban a arder gracias al jabón pero era un dolor soporable.

Salió de la ducha y empezó a mirar su reflejo en el espejo, ya no se veía tan mal que cuando entró pero aún así las ojeras estaban todavía presente. Y los diversos rasguños también. Empezó a tocarse las mejillas y podía sentir el ligero relieve de las heridas cuando empiezan a curar.

-Vamos, vamos. ¿Hasta cuándo vas a tocarte la cara? -dijo. Dipper miró al espejo y se dio cuenta de que su reflejo le sonreía.

-¿Quieres dejarme en paz? Sólo estaba revisando mi cara, que tengo así gracias a ti para que sepas -dijo y el reflejo empezó a reír otra vez.

-¡Venga ya! No es mi culpa de que seas una gallina. Y peor aún, de que me aceptaste sólo cuando ya no tenías escapatoria.

-Yo no te acepté Tyrone-dijo Dipper y miró severamente al espejo-. Simplemente te estoy usando, eso es todo. Que no se te olvide.

-¡Qué miedo!-exclamó sarcásticamente. A continuación rodeó a Dipper con sus brazos en un cariñoso abrazo-. Acabarás aceptándome eventualmente y lo sabes. Si quieres llevar a cabo lo que queremos, ¿no es así? -dijo casi murmurándole al oído.

-Sabes que odio eso-dijo y agitó su brazo-. No sé de qué estás hablando. Pero sólo espero que eso funcione. Nos estamos jugando la vida y lo sabes. No tendremos una segunda oportunidad.

-¡Por supuesto que lo sé!-dijo y dejó de abrazar al joven Pines-. ¿Te crees que arriesgaría mi vida si fuera en vano? ¡Por Dios! Que soy tú -dijo y empezó a reír.

-Y bien-dijo Dipper y volvió a mirar al espejo-. ¿Cómo propones que empecemos?

-Por hoy nos abstendremos de toda acción. Creo que mi actuación de hoy fue demasiado sospechosa. Así por ahora nos quedaremos quietos. Tranquilo, yo te avisaré cuando sea el momento adecuado para actuar. Por ahora sólo dedícate a estar con todos ellos, ¿De acuerdo? -dijo y volvió a reír. Dipper comezó a mirar al suelo otra vez y cerró los ojos, cuando los volvió a abrir estaba de nuevo solo en el baño.

Alguien tocó a la puerta del baño.

-Dipper-dijo Mabel desde el otro lado de la puerta-. El tío Stan te ha preparado el desayuno. Si tienes hambre puedes bajar a comer.

-De acuerdo, ahora voy-dijo y escuchó cómo Mabel se iba alejando rápidamente. Volvió a mirar al espejo que estaba empañado gracias al vapor del agua-. Imbécil -dijo antes de salir del baño e ir a prepararse para desayunar.

Hola de nuevo. Aquí está el segundo capítulo de este fic, espero que sea de vuestro agrado. ¡Nos vemos!