Capítulo 3: Lo haremos de todas formas.

Después de todo lo que había ocurrido Dipper se hallaba en su habitación, se estaba vistiendo. Se había puesto su típica camiseta roja con sus pantalones cortos, pero esta vez sin el chaleco que siempre usaba. Lo vio entre su ropa y apunto estuvo de ponérselo pero en el último momento desistió de hacerlo. Otro elemento crucial en él que faltaba era su gorra, la había perdido la noche anterior cuando él decidió hacerse presente. Se sintió un poco mal al principio ya que aquella gorra se había convertidoen algo así como su sello de indentidad y ahora faltaba, pero no tardó mucho en superar la pérdida.

Después de terminar de alistarse abrió la puerta y justo antes de salir de su habitación se quedó quieto en la entrada y cerró sus ojos y trató de concertrarse lo mas que pudo.

-Mas te vale controlarte ahora. No queremos pasar un mal momento por tu culpa -dijo Dipper mientras miraba directamente al suelo. Fue capaz de escuchar una risa juguetona, era la respuesta, soltó una exclamación de fastidio y comenzó a caminar otra vez.

Bajó lentamente las escaleras, Wendy se encontraba en la caja registradora y al percatarse de que Dipper estaba bajando empezó a verle fijamente. Mientras bajaba las escaleras se dio cuenta de que la pelirroja le estaba mirando, éste no le prestó atención y pasó de largo sin dirigirle la palabra. Tenía una mirada aburrida en su rostro. Entró a la cocina y se dio cuenta de que su tío estaba esperándolo en la mesa. Su hermana no estaba allí. Se sentó y miró fijamente al desayuno que Stan había preparado hace poco. El desayuno eran unos huevos revueltos con bacon y zumo de naranja, nada especial. Dipper dio el primer bocado y empezó a masticar lentamente el desayuno. Stan tenía una mirada de quien está a punto de hablar pero no se atreve. Finalmente decidió arriesgarse.

-Y bien... Dipper...-decía un tanto inseguro Stan-. ¿Por qué no llegaste anoche a casa?

-¿Por qué no llegué anoche...?-repitió Dipper lentamente-. Pasaron un par de cosas...

-¿Qué cosas? -volvió a preguntar Stan.

-Bueno. Cuando me decidí a regresar me atacó una bestia de lo más de espantosa, después me vi forzado a escapar de ella y luego me caí y quedé inconsciente. Y ya está -concluyó el joven Pines.

-¿Y-Y ya... dices? Dipper, es horrible. Me alegra que estés a salvo -dijo Stan con alivio.

-Gracias tío Stan.

Dipper terminó su desayuno y procedió a lavar los platos. Cuando finalizó la tarea se disponía a salir de la cocina, justo en ese momento Stan volvió a hablarle.

-Dipper, sé que es pronto pero necesito que hagas un par de cosas-dijo mientras preparaba otro café-. Afuera hay unos cuantos leños que necesito que cortes.

Dipper miró a su tío con evidente enfado durante unos segundos, después soltó un largo suspiro y aceptó el trabajo. Stan se dio por satisfecho y volvió a enfocarse en su café. Dipper caminó a través de la Cabaña del misterio lentamente y con la misma expresión aburrida de antes. Wendy le observaba discretamente mientras fingía leer una revista. Dipper pasó de largo sin decirle nada.

Salió al exterior y pudo escuchar a Soos, quien estaba lidiando con el carro de golf, se había vuelto a averiar. Miró alrededor y ubicó al ya mencionado empleado de la cabaña, siguió observando y notó que su hermana estaba acompañada por sus otras dos amigas las cuales no podía recordar sus nombres. No le dio mas importancia y se dirigió al lugar donde estaba la madera que requería ser cortada. Caminó lentamente hasta aquel lugar. Mabel, al notar que su hermano había vuelto a salir le miró fijamente por si acaso huía al bosque de nuevo, esta vez le detendría. Sus amigas miraron a Mabel con evidente confusión, que ella dejase de hablar así de repente no era normal, siguieron la vista de Mabel y se dieron cuenta de que estaba mirando a Dipper, decidieron estar pendientes de los movimientos de él también.

Dipper se posó justo al frente del hacha y cuando estuvo a punto de agarrarla se quedó paralizado. Se dio cuenta de lo que estaba pasando, suspiró enojado y empezó a mirar el suelo, solo que sus ojos estaban cerrados. Soos y Mabel notaron aquel comportamiento extraño en Dipper, pero cuando estaban por decirle algo este reaccionó.

El joven Pines agarró el mango del hacha y con una sonrisa de satisfacción murmuró para sí mismo:

-Gracias por dejarme esto a mi, pequeño Dipper.

Colocó en la posición correcta el leño y levantó lentamente el hacha. Puso la fuerza necesaria y la dejó caer, un corte limpio, las dos mitades del leño cayeron a ambos lados. Colocó otro leño y ¡ZAS! Vovió a dividirlo en dos mitades. De repente, una enorme emoción invadió el cuerpo de Dipper, se sentía sumamente motivado, enérgico, capaz de hacer cualquier cosa en el mundo. Abrió sus ojos todo lo que pudo y su sonrisa se ensanchó aún más, su respiración se aceleró. Miró los leños que le quedaban por cortar y sintió una alegría que nunca había experimentado hasta ese momento. Volvió a colocar otro leño, pero esta vez mucho más rápido y lo cortó incluso más veloz.

-¡Tres!-exclamó eufórico, todos en las cercanías se asustaron al escuchar a Dipper gritar de esa forma. Volvió a colocar otro leño-. ¡Cuatro!-volvió a gritar. Repitió el procedimiento otra vez-. ¡Cinco!-gritó de nuevo, todos observaban el extraño comportamiento de Dipper. Wendy y Stan, quienes estaban dentro de la cabaña salieron en cuanto escucharon los gritos-. ¡Seis!-repitió de nuevo-. ¡Siete!... ¡Ocho!... ¡Nueve!... ¡Diez!-cuando cortó el décimo soltó una prolongada carcajada mientras agitaba el hacha en el aire. Nadie daba crédito a lo que estaba viendo-. ¡Once!... ¡Doce!... ¡Trece!... ¡Catorce! ¡Estamos a punto de terminar amigos!-colocó el último leño-. ¡Y finalmente! ¡Quince! -exclamó lo más alto que pudo y volvió a reír frenéticamente.

De repente Dipper dejó de reír. Se giró a toda velocidad y vio que todos le estaban mirando horrorizados, en especial Mabel. Dipper esbozó una sonrisa que en vez de ser tierna era más bien terrorífica, parecía como si hubiera cometido algún crimen y estuviera contento con los resultados. Clavó su mirada en Stan y de repente dijo:

-¡Tío Stan! ¡Aquí estás!-caminó a toda velocidad y se situó frente a él, Wendy retrocedió un par de pasos cuando Dipper se acercó-. Dime, ¿qué tengo que hacer ahora?

-D-Dipper-dijo Stan un tanto inseguro-. ¿Te sientes bien?

-¿Que si me siento bien? ¡Me siento mejor que nunca! ¡Como nuevo!-dijo y saltó un par de veces, huelga decir que aún tenía el hacha en sus manos-. ¡Vamos, dime! ¿Qué tengo que hacer ahora?

-Está bien, está bien-dijo Stan y le quitó el hacha a Dipper, este no opuso resistencia-. ¿Por qué no pasas la escoba por dentro de la cabaña? Está un poco sucia después de todo.

-¡A la orden, Señor! -dijo e hizo una pose de estilo militar. Después entró a la cabaña a toda velocidad.

Después de que Dipper entró en la cabaña los demás empleados que estaban alrededor se acercaron a Stan, todos traían expresiones de temor y angustia. Mabel fue la primera en hablar:

-Tío Stan, ¿qué rayos fue eso? ¿Por qué Dipper estaba actuando así? -el miedo era evidente en su voz. Stan realmente no tenía la mas mínima idea de qué le había pasado a su sobrino para que actuara de esa manera.

-No lo sé Mabel... -respondió con un hilo de voz.

-Señor Pines-dijo Soos-. ¿Cree que Dipper esté bien?

-Eso tampoco lo sé Soos...

Un silencio incómodo se hizo presente. Nadie sabía exactamente qué decir. Las amigas de Mabel le habían tomado de sus manos en señal de apoyo, esta les dedicó una sonrisa. De repente la puerta se abrió lentamente dejando paso a un Dipper con una expresión seria, como la que siempre tenía. Todos los que estaban allí presentes se sintieron aliviados al ver la cara del joven Pines.

-¿Por qué estáis todos aquí afuera?-preguntó en su tono usual-. ¿Sucede algo?

Automáticamente todos los empleados reaccionaron y se dispusieron a entrar a la cabaña. Cuando Dipper se disponía a entrar sintió que alguien estaba tomando su mano, se giró y se dio cuenta de que era su hermana la responsable de eso. Tenía una expresión de profunda tristeza.

Sin saber por qué, Dipper posó su mano sobre la cabeza de su hermana y se la acarició lentamente. Mabel miró a su hermano sorprendida ante tal acción, ya que hacía mucho tiempo que no lo hacía. A continuación le dedicó una cariñosa sonrisa.

-Venga Mabel, tenemos trabajo que hacer -dijo sin soltar el agarre de ella.

-Eres tú, ¿verdad? -murmuró Mabel, pero para mala suerte de ella su hermano fue capaz de escucharla.

-¿Qué dijiste Mabel? -preguntó fingiendo que no la había oído.

-¡Nada, nada!-exclamó un tanto nerviosa-. Vamos, tenemos que irnos -dijo y entró en la cabaña del misterio.

Dipper se quedó solo en la puerta de entrada mientras observaba a su hermana alejarse. Una expresión de sorpresa se había hecho presente en su rostro.

-''¡Lo sabe! ¡Lo sabe maldición! ¡Te dije que te controlaras! Pero no, nunca me obedeces. ¡Ahora mira lo que has hecho!'' -pensó con rabia, había comenzado a apretar sus puños.

De repente, múltiples pensamientos empezaron a atravesar su cabeza, como si de balas se tratase. La ira se había esfumado de su ser, ahora solo había tranquilidad. Ya no estaba apretando sus puños. Sus ojos se cerraron levemente y murmuró para sí mismo:

-Es verdad... No podemos seguir esperando... Así es... Empezaremos esta noche -dijo y procedió a entrar en la cabaña del misterio.

...

Todos dormían tranquilamente en la Cabaña del misterio. La oscuridad era total y el silencio reinaba en todo su esplendor. Después de haberse asegurado de que todos estaban durmiendo, el joven Pines se levantó lentamente de la cama, miró a un lado y vio cómo Mabel estaba profundamente dormida mientras abrazaba a su almohada y murmuraba unas palabras que a Dipper le eran imposible reconocer. Se colocó sus zapatos y con extremo cuidado abrió la puerta y salió de su habitación. Empezó a caminar con delicadeza para evitar que sus pisadas provocaran ruido en la vieja madera de la cabaña. Llegó al primer piso y con el mismo cuidado de antes volvió a abrir la puerta. Antes de salir de la cabaña le echó un último vistazo al interior de esta, si salía por esa puerta en ese momento las cosas no volverían a ser como habían sido hasta ese momento, Dipper lo sabía muy bien, él lo sabía aún más, pero si querían hacer lo que planeaban era un riesgo que debían correr. Decidió dejar de pensar en eso y salió finalmente de la Cabaña del misterio. Todo daba comienzo...

Bajaba lentamente los escalones con una expresión seria, miró a un lado y vio el hacha apoyada en las escaleras, el tío Stan la había vuelto a colocar allí. Dipper la agarró y la apoyó en su hombro. Sería de mucha ayuda esa noche, cabe destacar que también llevaba una cuerda, solo en casos de emergencia. Comenzó a caminar otra vez y se internó en el oscuro bosque, otra vez, pero esta vez, no sería él el que estaría aterrado...

Dipper, en un arrebato de rabia, había decidido poner en marcha su plan. Pero a pesar de eso, no tenía ni la más remota idea de cómo empezar. Su compañero al parecer sí que tenía una idea de qué hacer esa noche pero hasta ese momento se había mostrado reacio a decírsela, cosa que había molestado al joven Pines. Mientras caminaba a través del bosque con el hacha aún apoyada en su hombro llegó hasta un claro en medio de aquél mar de árboles. Curiosamente, aquel sitio era donde él había aparecido por primera vez, un escalofrío recorrió su espalda y decidió seguir caminando.

Cuando llevaba un par de minutos de caminata se detuvo en seco, ya no aguantaba mas la sensación de no saber qué hacer, él odiaba el sentirse ignorante. Miró alrededor y dijo:

-Oye, ¿quieres salir de una vez y contarme de una vez lo que vamos a hacer? Estoy aquí en medio de este sitio y no sé qué hacer ahora.

De repente se sintió como si estuviera en medio de una piscina vacía y que esta empezara a ser llenada. Se dio cuenta de que él iba a aparecer, por fin, fue lo primero que pensó.

-Por dios Dipper, ¿siempre eres tan impaciente?-dijo y soltó una risita infantil-. Tranquilo, sino te he contado mi plan de esta noche es porque esperaba el momento adecuado-dijo y se colocó en posición de bateador y cogió el hacha como si fuera un bate de béisbol-. A lo largo de los años has ido descubriendo a diversas criaturas en este bosque, ¿verdad?-dijo y agitó el hacha en el aire haciendo un swing perfecto-. ¿Nunca se te ha ocurrido que esas criaturas podrían saber más de lo que aparentan?-escucho un ''tal vez''-. Pues eso es lo que vamos a averiguar esta noche pequeño Dipper. Ver si este bosque es más de lo que se ve a simple vista, aunque creo que eso ya lo sabes -dijo y empezó a reír otra vez.

-¿Por qué presiento que esto va a acabar mal...?-dijo Dipper, y razón no le faltaba-. Y bien, ¿adónde vamos a ir primero?-dijo y escuchó la respuesta-. ¿En serio? ¿No crees que es muy peligroso? Entiendo... Está bien. Vayamos -dijo y se puso en marcha.

Se encontraba frente a la entrada de una tenebrosa cueva, el olor a humedad y el frío que salían de allí tampoco ayudaban. Tragó saliva un tanto nervioso y se dispuso a entrar. Mientras iba caminando a través de aquél lugar miraba en todas direcciones tratando de ver lo que estaba buscando. Escuchó un leve ruido y se puso en alerta, esperando a que algo saliese de la oscuridad, nada salió. Cogió una linterna que siempre llevaba encima e iluminó hacia el frente y allí, mas adelante, vio lo que estaba buscando.

Se acercó lentamente mientras caminaba con la punta de sus pies. Llegó hasta la bestia que yacía dormida en el suelo, sacó la cuerda lentamente y procedió a atar a la criatura. Muchas veces, durante la empresa, la criatura dio señales de estar a punto de despertar, cosa que Dipper no quería ya que si lo hacía estaría en desventaja, pero aquel momento nunca llegó. Una vez que Dipper amarró con firmeza las extremidades de aquella criatura tocó su rostro con el hacha, el frío metal obligó a la bestia a reaccionar.

Cuando la criatura despertó finalmente intentó moverse pero se dio cuenta de que le era imposible mover sus extremidades, se dio cuenta de que algo iba mal.

-¿Pero qué demonios...? -dijo la bestia mientras intentaba moverse. De repente sintió que un objeto afilado y sumamente frío se había colocado en su garganta.

-Contesta a mi preguntas y no te pasará nada -dijo Dipper.

-¡¿Quién es?! -exclamó enfadada.

-No necesitas saberlo. Lo único que necesitas hacer es contestarme cuando te haga una pregunta-dijo Dipper-. ¿Entiendes?-la criatura no respondió. El joven Pines presionó el hacha aún mas contra su garganta-. He dicho, ¿entiendes?-preguntó mientras empezaba a perder la paciencia, la criatura asintió por fin, el miedo se había hecho presa de él-. Así me gusta... De acuerdo, primera pregunta, ¿qué sabes acerca de Bill Cipher? -preguntó Dipper.

-¿Bill Cipher...? ¿Quién rayos es él? -contestó la criatura confundida.

-No juegues conmigo Multi-oso -dijo Dipper con tono de enfado.

-¡T-Te juro que no lo hago! -contestó nervioso.

Aquello había sido solo para distraer...

-De acuerdo-dijo Dipper y a continuación se agachó y el Multi-oso pudo reconocerle, no creía que era él, aún le recordba de cuando tenía doce años y le perdonó la vida-. Dime, ¿Qué sabes de esto? -dijo mientras iluminaba lo que había dibujado en la arena.

Al Multi-oso le tomó unos segundos reconocer aquello. Eso, que consigo traía a otra cosa aún peor no estaba al alcance de los humanos.

-¡E-Eso es...! -exclamó y antes de que terminara la oración Dipper cubrió su boca.

-Sólo dime lo que sepas, ¿De acuerdo? -dijo y la criatura asintió, el joven Pines retiró la mano de su boca.

-¡D-De acuerdo!-dijo con aún más miedo. Estaba entregando el mundo a un niño-. No sé mucho acerca de eso, ¿de acuerdo?-dijo, Dipper soltó un suspiro de enfado y el Multi-oso lo percibió-. ¡Espera! ¡Espera! Tal vez no sepa nada de cómo proceder, activarlo o algo por el estilo. Pero sé de alguien que sí que sabe de él.

-¿A si...? -dijo Dipper con tono dubitativo y arqueando una de sus cejas.

-Así es.

-¿Y me dirás de quien se trata? -preguntó Dipper.

-Es un viejo que solía investigar mucho por esta zona. Siempre estaba tratando de encontrar todos los secretos del universo. En lo personal pensé que estaba loco.

-¿Y cómo es que le conoces? -volvió a preguntar.

-Me descubrió un par de veces mientas buscaba comida por el bosque. Después de un tiempo de encuentros casuales empezamos a entrablar comunicación. Tú y él son los únicos humanos con los que he entablado comuniación.

-Y dime, ¿por qué crees que él sabe algo de esto?

-¡No te lo puedo asegurar al cien por ciento! Pero vamos hombre, aquel hombre investigó este bosque durante años y años. Tuvo que haber llegado a ese secreto en algún punto. Y te aseguro que si lo hizo tuvo que haber desistido, eso que tú quieres es algo que un humano no debería tratar de conseguir.

-No te he preguntado por consejos-dijo Dipper con voz fría e imperturbable-. De acuerdo, aceptaré lo que dices. Ahora dime, ¿de quién estamos hablando?

-Acércate -dijo la criatura.

-Más te vale no planear algo -sentenció Dipper mientras movía el hacha.

-T-Te prometo que no haré nada...

Dipper acercó su oreja derecha a la boca de la criatura. No necesitó mas de dos segundos, pronunció su nombre lentamente tratando de decirlo lo mas claro posible. Dipper no podía creer lo que estaba escuchando, de todas las personas en el mundo él era la única que sabía acerca de eso en todo Gravity Falls. Sus rostro mostraba evidente sorpresa, no se esperaba aquello. Se separó lentamente y cuando volvió a su posición inicial empezó a reír.

-¡No puedo creerlo! ¡Él! ¿Es esto acaso una broma del destino o qué? -exclamó Dipper.

El joven Pines probablemente no lo sabía, pero mientras el Multi-oso le contaba todo aquello este había aprovechado para soltar sus amarres. Tenía la intención de detenerle allí mismo, después de haberle contado todo aquello no podía dejarle ir. Pero en el momento en que se disponía a saltar hacia el joven Pines la expresión facial de este se ensombreció a una velocidad alarmante y de repente murmuró:

-Hazlo tú...

Súbitamente su rostro volvió a cambiar pero esta vez era una sonrisa siniestra lo que había aparecido. Dipper parecía una persona completamente distinta. Levantó el hacha que tenía con claras intenciones por delante.

-¡Espera Dipp...- antes de que el Multi-oso pudiera terminar la frase el hacha descendió a toda velocidad y cercenó la cabeza de la criatura igual de rápido.

De repente la sonrisa de Dipper se ensanchó aún más, unas cuantas gotas de sangre habían salpicado sus mejillas. Volvió a levantar el hacha y empezó a cortar las otras cabezas de la criatura que hace unos instantes le había ayudado. Una, dos, tres, cuatro, todas las cabezas de la criatura iban cayendo una por una y rodaban hasta quedar apartadas del cuerpo principal. Una vez que terminó la laboriosa tarea Dipper soltó un suspiro de alivio, ya no eran unas cuantas gotas las que se habían impregnado en sus mejilas, ahora estas estaban casi por completo rojas. Caminó hasta la entrada de la cueva y le echó un último vistazo al cuerpo del Multi-oso, o bueno, lo que quedaba de él.

-¡Uff! Eso se sintió aún mejor que cortar la madera... -murmuró mientras veía el horizonte- . En verdad no me esperaba que él estuviera implicado en todo esto. ¿Qué hacemos Dipper? ¿Proseguimos o qué?-dijo y esperó por una respuesta-. Sabía que dirías eso...

Volvió a mirar directamente al suelo y procedió a cerrar los ojos. Cuando los volvió a abrir Dipper estaba de regreso. Puso su mano en una de sus mejillas y soltó una exclamación de fastidio al darse cuenta del desastre que habían hecho.

-Simplemente no puedes controlarte ¿verdad...?-dijo y desvió su mirada al cielo-. Vamos a por ti... McGucket... -dijo y lanzó una risita juguetona antes de dirigirse a su casa otra vez.