Zafiros y esmeraldas
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 26 Reconciliación
Mi amor sabe cómo transportarme a otra galaxia, ha convertido este salón en un paraíso romántico, la música que sus dedos hacen brotar de las teclas del piano me hacen temblar como si en vez del instrumento estuviera tocando mi propio cuerpo y entonces... comienzo a escuchar su voz, se me altera cada vello, cada poro aumenta su tamaño.
Terry: Perdóname todo si es que te ofendí
perdóname todo si es que te fallé
es que no contaba con tu corazón
andaba de prisa y no pensaba en ti
Cuando está tan cerca la felicidad
los ojos del alma no saben mirar
y a veces de pronto vemos escapar
aquello que siempre debimos amar
Hay sentimiento en su voz, en cada letra de esa canción y su significado me hace llorar a mí. Y es que en el fondo, yo no tengo nada que perdonarle, especialmente ahora que conozco sus más oscuros temores, el sufrimiento de aquél niñito de ojos azules que anhelaba a su mami y tan pequeñito tuvo que resignarse a no tenerla. Llevo sus fotografías de niño grabadas en mi memoria, tan hermoso, tan comible y me muero por tener algún día un niño así de hermoso como él.
Terry: Y es que necesito tu perdón ahora
si no estás aquí me mata la demora
sólo sabe perdonar quien ha querido con el corazón
si tú me perdonas yo no voy a irme
voy a darte todo, voy a decidirme
no te quedes en la sombra, ya retorna
yo preciso amarte, perdóname hoy
En la última frase vi un par de lágrimas caer de sus ojos hermosos y me acerqué, le di un beso en los labios en la pausa que se tomó antes de la siguiente estrofa, me siento en la parte de arriba del piano, como alguna vez lo había soñado, él me mira profundamente y sigue tocando, vuelve a entonar, a llevarme al cielo con su voz.
Terry: Si tú no regresas no hay felicidad
sólo la tristeza en mí se quedará
esta vida mía no da para más
si no me iluminas con tu libertad
Y es que necesito tu perdón ahora
si no estás aquí me mata la demora
sólo sabe perdonar quien ha querido con el corazón
si tú me perdonas yo no voy a irme
voy a darte todo, voy a decidirme
no te quedes en la sombra, ya retorna
yo preciso amarte, perdóname hoy
Sé que está arrepentido, su llanto inevitable me lo dice, ha luchado por no llorar, porque es orgulloso, pero no ha podido contra el dolor y al parecer no sabe, no se imagina que yo me arrepiento tanto como él por haberlo dejado, me refugié en mi dolor cuando él me necesitó más, cuando necesitó que yo lo guiara y le diera confianza para sobrellevar su temor. Mi niño parece fuerte, pero realmente es frágil, muy, muy frágil.
Terry: Nada mejor que tenerte cerca
no hay alegría que me convenza
teniendo tu amor ya no habrá fronteras
tengo que encontrarte hoy
Y es que necesito tu perdón ahora...
No lo dejé cantar más, no quise que me siguiera suplicando por un amor que siempre ha sido suyo, quiero que sepa que toda yo soy suya y que siempre lo seré. Me arrastro hacia él y tomo posesión de sus labios, sorprendiéndolo, haciendo que se vuelva loco, que se arrebate y me tome en sus brazos y tome el control de mi boca.
—Candy, perdóname, por favor. Me porté como un...
—Ya pasó, mi amor. Si no te hubiera perdonado, no estuviera aquí contigo...— Sigo besándolo mientras le hablo y llevo sus manos a mi cuerpo, necesito su calor, sus manos, quiero su arrolladora posesión haciendo suyo mi cuerpo, aquí, ahora, sobre éste piano.
—Es que tuve mucho miedo, Candy y aún tengo miedo, pero, yo te juro que... lo intentaré y que si tú...— Sus besos me emvenenan, sus caricias, sus dedos se marcan en mis muslos cuando los aprieta fuerte y me voy sintiendo tan ajena a mí misma y tan suya.
—Yo te ayudaré a superar ese miedo, mi amor, sólo confía en mí.— Aprieto fuerte su pelo cuando me está besando el cuello y me hago un poco hacia atrás, está de pie, pegado a mí y situado entre mis piernas, sus manos mantienen las mías quietas y firmes sobre la parte superior del piano, me inmoviliza, como siempre, dominándome.
—No voy a desconfiar de ti, ya nunca más. Ahora... sólo quiero hacerte el amor, ¿puedo?— ¿Cómo se atreve a preguntarme si quiera? ¡Por supuesto que puede! Lo mataría si no me lo hace justo ahora.
—Por favor, Terry, llevo días deseándote, por favor...— Le pido casi llorando de deseo y lujuria, mucho más que mojada.
—Voy a demostrarte cuánto lo siento, cuánto te amo...— Me levanta...
—¡No!
—¿No qué?— Pregunta desconcertado.
—Hazme el amor aquí.
—¿En el piano?— Asiento mordiéndome los labios y a punto de comenzar a tocarme yo misma si él no toma acción rápido. Me mira con su mirada arrogante y su sonrisa de lado.
—Aquí será.— Sin decir nada más, volvió a mis labios mientras me sentó nuevamente sobre el piano, mis piernas enroscadas en su cintura y su mano luchaba contra el botón de mi short y la cremallera, cumplida la misión, su mano se introdujo en el interior de mis bragas y siento la gloria llegar entre sus dedos traviesos y sus besos ardientes. Lo atraigo más hacia mí, extrañaba sentirlo duro, su boca me besa, una mano juega con mi clítoris, la otra tortura mis pechos y las mías buscan desabrochar su pantalón, liberar el objeto de mis deseos. Lo hago, dejo que su jean se vaya deslizando, luego lo dibero del bóxer y él saca de ellos su piernas sin abandonar ninguna de las acciones placenteras que me está proporcionando. Le exijo la camisa, porque yo estoy totalmente desnuda de la cintura para arriba y pongo mis manos en ese pecho duro, pero eso no me conforma, tengo que tocar y sentir su verga, como la extrañaba, tan dura, grande y poderosa, la acaricio suave, esa gotita de placer cristalina siempre me recibe.
—¿Lo quieres?— Me pregunta gimiendo.
—Sí, ahora.
—Te lo daré ahora.— Me va bajando el short mientras me recuesta.
—Así no. Lo quiero así.— Me vuelvo a inclinar y me lo llevo a la boca, su cara de éxtasis vale un millón, me siento orgullosa de mí. Lo comienzo a chupar con cuidado y precisión como él me enseñó y trato de que me quepa completo en la boca, gime, presiona mi cabeza y sujeta mi pelo, siempre posesivo, siempre dominante, me vuelve loca, su dominio me libera.
—Candy... ahh...— Lo acaricio y lo sigo chupando, también acaricio sus testículos, no se lo esperaba, pero le está gustando, eso creo...
—¿Voy bien, Terry?— Sólo asiente, no fue capaz de hablar y me gozo la forma en que sus ojos se van en blanco, sus gruñidos.
—Mi amor, me voy a correr...— Tan pronto terminó la frase, se derramó en mi boca, fue tanto que acaparó parte de mi cara y mis pechos, fue increíble, fue divino y delicioso por el simple hecho de que es el hombre que yo amo.
—Lo siento, Candy, no me dio tiempo a...
—Terry, yo quiero todo lo que venga de ti, soy tuya.— Le sonrío, lo adoro, lo amo.
—¿No te dio asco?— Me pregunta aún no muy convencido.
—¿Desde cuándo es asqueroso el amor?— Me sonríe porque sabe que fue lo mismo que él me dijo cuando mi sangre virginal manchó de rojo su cuerpo.
—Te amo.
—Yo te adoro... ahora, creo que me debes algo...
—A eso voy, cariño.— Me saca mi short de un tirón junto con mis bragas, me recuesta del piano, me abre las piernas salvajemente y su boca se hunde en mí. Yo estoy tan excitada, tan mojada, tan ansiosa de sentirlo que el más mínimo roce de su lengua me provoca explosiones.
—Ahh... Terry... por favor no pares... por favor... ahh...— Siento tu sonrisa arrogante sobre mi intimidad.
—No pienso parar, princesa, no hasta sentirte correrte en mí.— Abro mis piernas aún más, mantengo su cabeza firme en mi interior y grito, gimo, jadeo, no puedo más.
—Terry, ya...— Murmuro sin fuerzas, me estoy corriendo violentamente, no puedo controlarme, no puedo... me libero por completo y él me sigue lamiendo, siento que moriré.
—Aún no hemos terminado, cielo.— Me dio un par de besos mientras mis fuerzas se regeneraban, luego me posicionó en cuatro sobre el mismo piano, sobresaliendo mi trasero por una de las esquinas y antes de saberlo, Terry me estaba embistiendo fuerte.
—Ohh. Por favor, sí...— Suplico con mi voz ya lujuriosa y promiscua, él obedece, me da más fuerte, con todo y mientras más fuerte, yo más grito.
—Mi amor, gritando así harás que me venga en seguida.— Me moldeó el traero y me lo apretó, luego me dio una mordida y salió de mí para impulsarse hacia adentro más fuerte, sacándome un grito que tronó por todo el edificio.
—Terry, no puedo resistir otro, por favor...— Me estoy corriendo por segunda vez, estoy tan débil, exhausta, extasiada.
—No te muevas, cielo, quédate así... ohh...— Me apretó tan fuerte las nalgas cuando se vino que apuesto a que sus huellas digitales se quedaron impresas en ellas.
...
Maravillosa entrega, maravillosa cena, ahora luego de un duchazo, en el que mi amado me hizo suya otra vez, está sobre mí en la cama, nos miramos y yo reparto besos por todo su apuesto rostro.
—Fue increíble todo, chaparra.
—Ya no me digas así, Terry.— Le hago un puchero.
—¿Por qué no?
—Porque... yo ya sé que soy pequeña y tú no dejas que lo olvide.
—Pero si eres preciosa así. Me gustas así chaparrita, y con estas curvas en su sitio...— Va besando mis caderas, muslos, vientre y pechos, luego me aprieta el trasero.
—¡Ya! Jajajaja. Te extrañé.— Digo de pronto y le beso la frente, juego con un mechón de su pelo.
—Candy...
—Dime, mi amor.— Le dejo otro besito en los labios, no puedo evitarlo.
—Yo sí quiero ser el papá de tus bebés, sólo que... no ahora, ¿entiendes?
—Entiendo perfectamente, yo tampoco quiero ahora. Pero en un futuro... sí voy a querer y más ahora que te he visto de bebé.
—¿A mí? ¿Cuándo?
—Leia me enseñó tus álbumes. Eras precioso, Terry. Me gustó la foto en que tenías unos seis meses, estabas vestido de de beibolista... eras una ternurita, hermoso.— Le dejo otro beso, quiero consentirlo a morir.
—¿Y ya no lo soy?
—Claro que sí. Bueno, a veces no, pero... casi siempre sí.
—¿Y viste que desde bebé ya estaba muy guapo y... dotado?
—¡Terry! Tu arrogancia no tiene límites. Y sí, eras el bebé más guapo que he visto y quisiera... nada, olvídalo.— Me arrepiento de lo que iba a decirle y acaricio su mejilla.
—Di lo que ibas a decir.
—Nada importante, déjalo.
—Es importante para mí.— Suspiro y me decido a decirle lo que pienso.
—Pues, en un futuro, quisiera un bebé así, así mismo como tú.
—Yo también, un niño.
—Bueno, igual podría ser una niña, pero...
—No. Una niña no, un niño.
—¿Y por qué no puede ser una niña?— Le pregunto ciertamente indignada aunque también deseo que sea un niño.
—Porque... son un dolor de cabeza, son fastidiosas, te convencen de hacer cualquier cosa y...
—Pues tú eres un dolor de cabeza bastante fastidioso y aún así todas nosotras te amamos, yo, tu madre, las niñas, hasta Karen.— Me molesté y le estoy alzando la voz, trato de apartarlo de encima de mí.
—Candy, cálmate. Yo no he dicho que no fuera a quererla si es una niña. Es sólo que... tengo dos hermanas, una prima, a ti, a Leia y bueno... creo que no está de más otro niño en la familia, ¿no crees?
—Bueno... es verdad, pero... ¿estás seguro que es sólo eso?—Evita el contacto con mi mirada y me sonrío burlonamente, me imagino qué es realmente lo que no me quiere decir.
—Bueno, es que... sé que una niña contigo será muy linda y... si es como tú... va a tener muchos pretendientes y... ella será mi nena, mía y no sé si soporte que la miren los chicos o que intenten... ¡bah! Mejor que sea un niño.
—Jajajajaja.
—¡No te rías!— Me reclama molesto, pero no puedo evitar seguirme riendo.
—¡Pobre niña! Con un papá como tú, ni enamorarse podrá la pobre.
—¡Ah, claro! Es que sólo en eso piensan ustedes, ¿no? En enamorarse, en chicos...
—Jajajajaja.
—¡No te rías!— Me grita y de pronto se está frotando la mano, yo también, me arde mucho. La "J" es lo que más me arde.
—Terry, ya no nos peleemos, me duele mucho.
—Pero no estábamos peleando, sólo...— No termina de hablar y se queda mirándose la palma de su mano con asombro.
—¿Qué pasa, cielo?— Me muestra su mano. Nos quedamos mirándonos sorprendidos. Una "J" también se formó en su palma y resplandece tanto como la mía.
—No entiendo ésto, Candy.
—No hay nada que entender, mi amor. Nuestro amor es así.— Beso su palma luego de que él hiciera lo mismo con la mía.
—Te amo, pecosa. No me dejes nunca más.— Se acomoda para dormir, yo lo acaricié hasta que Morfeo vino también por mí.
...
—Mi amor, date prisa, tengo una reunión con el señor Marlowe luego de que te deje en la escuela.
—Ya voy, Terry, es que... éste pelo no se quiere desenredar, grrrr.— Digo con rabia y forcejando con mi melena y el peine.— ¿Y cómo que una reunión? Se supone que ya no te vas a volar las clases, en enero comenzarías la universidad, ¿lo recuerdas?
—No se me ha olvidado, Candy. Ya hablé con los maestros y además, he estado estudiando, han convenido darme un examen completo de todas las materias, me están recopilando todo lo que se ha dado en las clases, no te preocupes.
—Pues sí, pero...
—Pero nada, preocúpate tú que faltaste varios días por no querer verme. Y por favor, cielo, apúrate ya con ese pelo, ¿no?— Me dice mirando su reloj y yo quiero matarlo.
—¿Crees que es tan fácil? Yo no tengo esas mechas lacias que tienes tú y además, no te quejes, bastante disfrutaste enredándomelo anoche.
—¿Ves? Por eso no quiero una niña, entre las dos me retrazarían el doble del tiempo.— Lo veo rascarse la palma cuando dice eso, la mía también arde, bueno, la "J".
—En cambio yo estaría dispuesta a soportar a dos arrogantes insufribles y no me estoy quejando... ¡oye! Aún no termino, ¡Terry!
—Terminas en el auto, ahora, nos vamos.— Cargada y pataleando me montó en el auto.
—Grrrr. Eres un...
—Lo siento, Pecas, te tardas demasiado.
—No te preocupes, me raparé para que así avancemos más.
—¡Ni se te ocurra! Me entero que te cortas el pelo y ya verás.— Me amenaza mientras arranca el auto y sale apresurado.
Entre discusiones, finalmente llegamos a la escuela.
—No tienes que acompañarme hasta adentro, vete a tu reunión.— No puedo negar que estoy verde del coraje.
—Te dejaré justo en la puerta de tu salón. No quiero que nadie te vea llegar sola.
—Eso es ridículo, no soy una niña, lárgate a tu reunión y...
—Si no quieres que se repita la misma escena y te lleve al hombro hasta el salón, estate mansita, mi amor.— Me amenaza otra vez y me toma de la mano.
...
—No quiero nada de ti. Vete con Susana, a fin de cuentas, te encanta revolcarte con ella.
—¡Eso ya pasó! Fue un error, tú sabes que a quien quiero es a ti...
—Sí, como no, no soy tu muñeca, Michael. Y por favor, déjame en paz...
—¡No! Tú eres mía y si piensas que puedes dejarme porque a ti te da la gana, estás muy equivocada, Eliza, ¿has entendido?— La empuja contra los casilleros, el área está desierta porque voy un poco tarde y ya casi todos están en el salón, Terry va conmigo y observa también la escena.
—¡Suéltame!— Le grita ella y lo manotea, él le retiene las manos y la empuja más fuerte contra los casilleros, haciendo que se golpee la espalda.
—¡Déjala! ¿Qué te pasa?— Terry se lo quita de encima jalándolo y mirándolo con esa mirada que te advierte del peligro.
—¿O sí no qué, Grandchester? Te fascina colectar mujeres que ya han pasado por mí, ¿no?— En un segundo, el puño de Terry se estampó en la cara de Michael y lo tumbó al suelo. Yo me llevé las manos a la boca con asombro, la misma Eliza se ha quedado pegada a los casilleros como una calcomanía, igual de asombrada.
—¿Eso es todo lo que tienes?— Se levanta Michael del suelo y se le va encima a Terry, pero lo que consiguió fue otro derechazo que casi lo aturde.
—¿Qué pasa aquí?— Se apareció el director. Se formó un silencio incómodo, yo me asusto, no quiero que Terry sea suspendido ahora que está por terminar el semestre escolar.
—¡Pregunté qué pasa!
—Nada, señor Smith. Es que, Michael intentó golpearme y Terry... me defendió.— Dijo Eliza sollozando y Terry y yo la miramos en shock.
—Ya lo decía yo, le gusta hacerse el bravucón, ¿no, Michael? Hasta aquí llegan sus días en este colegio.— El director lo llevaba a rastras a su oficina.
—Gracias, Terry. Gracias.— Eliza se lanzó a los brazos de Terry, se quedó abrazándolo por eternos segundos... Mi palma comienza arder... recuerdo lo que me contó mi padre y mi suegro... Eliza Leagan, los familiares repudiados, su trampa a nuestros bisabuelos... mi palma sigue ardiendo...
Continuará...
¡Hola!
Ya regresé! Chicas, disculpen si no actualizo tan seguido, es que también estoy escribiendo una novela para un concurso y si tengo suerte, la publicarán en formato digital y tal vez, impreso. Claro que para eso yo tendría que ganar primero, como sabrán, me estaré esforzando porque de verdad quiero ganar, si no lo consigo, será un placer entonces poder adaptarla a Candy-Terry.
Otra cosilla, como bien advertí, prepárense que ahora vienen las lágrimas y no es chiste, jajajaja.
Bueno, gracias por comentar:
Laura Grandchester, WISAL, norma Rodriguez, yami, Maria De Jesus L H, Jesby White, Luisa, Zafiro Azul Cielo 1313, Kazy Tailea, zucastillo, Candice. w. andrydeg, karlapaola. vargas. 9, Rose Grandchester, dulce lu
Jesby White: No he leído el libro que me mencionaste aún, amiga, pero suena interesante :-)
LizCarter: ¿En dónde andas? Esta historia fue sugerencia tuya, sería el colmo que te desaparezcas!
Comoaguaparachocolate: ¿Por qué tanto silencio? Miss u!
*La canción de Terry fue: "Perdóname todo" De: Amaury Gutiérrez
Hasta pronto, bellezas
Wendy
