Zafiros y esmeraldas
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 27 Presagios de tormenta
—Eh... Eliza, por favor... no es para tanto.— Terry no es muy dado a que terceras personas ajenas a su familia se muestren afectuosas con él y trata de safarse del abrazo de Eliza, pero ella sigue pegada a él como un pulpo y aunque Terry no se percata, ella me mira con burla y triunfo, conciente de que me está hirviendo la sangre.
—Lo siento, Terry... es que de verdad, fue maravilloso lo que hiciste por mí, no sé de qué manera...
—No fue nada, Eliza, hubiera hecho lo mismo con cualquiera. Adiós.— Le dice y ni siquiera voltea a mirarla, no le dio oportunidad ni a devolver la despedida y vuelve hacia mí, mis ojos le dedican la mirada más furiosa jamás.
—Pensé que te quedarías abrazándola por siempre.
—Más bien se aprovechó de mi nobleza. Ven, amor, a tu...
—Y a ti que te molesta tanto, ¿no?— Le reclamo negándome a tomar su mano para que me dirija a mi salón.
—¿De qué hablas? Ah... ya sé... ¡Estás celosa!
—¿Yo? ¿Celosa de Eliza? ¡Por favor!— Me mira arrogante, su sonrisa de lado, esos ojos traviesos y me debato entre matarlo o comérmelo a besos.
—¿De modo que no estás celosa?
—¡No!
—¿Y entonces por qué estás rojita de coraje y tienes la naricita alzada?
—Terry, tengo que entrar a mi salón, que tengas suerte con tu reunión...
—Dame un beso.
—Se me hace tarde, Terry...
—Candice, me endiabla que yo pida un beso y me lo nieguen.— Ahora sí parece estar furioso, estoy a la entrada de mi salón y me echo hacia un lado para que la maestra no me vea y mucho menos vea el espectáculo que estoy segura que Terry formará.
—Y a mí me endiabla que te dejes abrazar de aquella y encima te hagas el gracioso y además de eso, te atreves a indignarte porque no quiero darte un beso...
—¡Ella me abrazó a mí! Además... no estás celosa, ¿recuerdas?
—Terry, en verdad estoy tarde, ¿podemos hablar de eso después?— Veo como sus pupilas arden, son dos flamas azules que amenazan con consumirme.
—Claro que podemos hablar después. Después de ésto.— Me pega bruscamente a la pared, detrás de la puerta del salón, me levanta los brazos y me los aprisiona contra la pared, entonces recibo su beso bruto y salvaje, su lengua guerrera despedazando la mía, haciendo que se rinda y lo acompañe. Intento destrozarle los labios en un acto de orgullo y rebeldía, pero él manda aquí, es implacable y me devuelve la agresión, dejándome lastimada, volviéndome ardiente y en medio de mi coraje, él consigue que me moje...
—Ésto jamás se lo haría a Eliza, ni a ninguna otra.— Libera mis labios y mis brazos y acaricia con ternura mis mejillas, sus ojos son dos piedras preciosas y sinceras, pasa de lo violento a lo tierno en un segundo y vice versa. Entro a mi salón mareada por su beso y sus palabras, con la promesa de que volverá pronto luego de su reunión.
—¡Candy! ¿No pensabas entrar nunca?— Me pregunta Karen muy bajito en el salón.
—Después te cuento...— Le contesto y veo como la maestra me mira mal desde el pizarrón.
Mi mano no ha dejado de arder. Tengo un mal presentimiento acompañándome desde que llegué y nos topamos con Eliza. No dejo de pensar en la forma en que abrazó a Terry, la mirada maquiavélica que me dedicó y no pretendo ser paranóica, pero...
—¡Habla! Cuéntame todo, con lujo de detalles.
—No creo que quieras conocer los detalles, Karen.
—Oh... olvidé que ustedes son un par de depravados adictos al sexo.— Le lanzo una almohadilla a la cara, aunque me río porque no está muy lejos de la realidad.
—Porque de seguro tú sí eres muy santa, ¿no?
—Yo... ¡por supuesto! Bueno, ya no tanto...— Murmura con malicia y rueda los ojitos con picardía.
—Osea, que tú y Tom ya...
—¡No! Todavía no, pero... ayer casi sí...— Me encanta cómo sonríe y se muerde el labio inferior con travesura, me encanta mi amistad con ella.
—Pues al parecer no quería soltarlo y yo tuve que luchar para no matarla...
—Pues vaya paciencia que le tuviste. Yo la habría degollado, luego la hubiera picado en pedacitos y los esparcería por...
—¡Karen!
—¡Ah sí! Dime...
—El caso es que tengo un mal presentimiento...
—Tonterías, Candy. Con mantener a esa perra a raya, es suficiente. Además, con eso de la música, Terry a penas viene al colegio.
—Eso mismo pensé yo, pero... es un pensamiento que no deja de darme vueltas en la cabezota, además... Resulta que los Leagan son unos parientes repudiados de los Andrew...
—¡Qué! ¿Estás emparentada con esa cocodrila? ¡Deshonor! Deshonor sobre toda tu familia. ¡Deshonrrada tú! ¡Deshonrrado tu perro!
—¡Karen! Ésto es en serio.
—Lo siento, no pude evitar recordar esa escena de Mulan.
—Nuestros bisabuelos se separaron por una trampa que les tendió la bisabuela de esa arpía.
—¿Qué no fue por la que perdió la pata por salvarlo?
—Esa fue la del adiós definitivo, pero fue la trampa de esa infeliz la que selló el triste destino y para colmo... Susana es bisnieta de ella, son los famosos Marlowe.
—¡Joder! Hay que hacerles un despojo a ustedes. ¡Vaya suerte!
—Ni en tantas generaciones nos deshacemos de la maldición.
—Bueno, Candy, pero no estarás pensando que un siglo después sus bisnietas quieran venganza. Se feliz y olvídate de todo lo demás, ahora ustedes sean felices en nombre de sus bisabuelos y agradece.
—¿Agradecer?
—Piensa, Candy. Si el amor de sus bisabuelos se hubiera realizado, ustedes no estarían juntos, serían... hermanos, tal vez...
—¡Uf! No.— Expreso con horror, jamás podría ser hermana suya, no cuando su beso sigue ardiendo en mi boca y mi cuerpo húmedo lo pide con ansias.
...
Se hizo de noche, ya son casi las diez y Terry no regresó de su reunión, tampoco contestó mis llamadas. Decido por fin irme a la cama triste y decepcionada, entonces tocan a mi puerta y mi rostro se ilumina porque... sé muy bien quién podría ser.
—Terry...
—Shhh... a penas pude esconderme de la ronda, están en el otro pasillo.— Me murmura cerrando la puerta y asegurándola, luego se acerca a mí y me abraza, me regala dulces besos.
—¿Por qué llegaste tan tarde? Te estuve llamando...
—Lo siento, mi amor. Es que al señor Marlowe se le antojó que grabáramos el video hoy...
—¡Ya tienen el video!
—Sí.
—Felicidades, mi amor.— Me cuelgo de él llena de emoción y él me sostiene, nos besamos y sus manos traviesas comienzan su recorrido, comenzando por mi trasero, mi espalda y pechos.
—¿Me extrañaste mucho?
—Muchísimo, Terry. Me hiciste tanta falta...
—¿Ah sí?
—Sí...
—Pues me costó algo grabar el video, ¿sabes?
—¿Por qué...?
—Me pasé todo el día tratando de disimular ésto...— Oh me lleva la mano a su verga dura y mi pasión quiere estallar, la humedad llega al instante junto a mis ganas y el deseo eterno de él.
—Y yo no he dejado de pensar en ésto en todo el día, no me concentré nada.
—Mmm. He creado un mounstruo.— Me quita la fina franela de mi pijama y en seguida chupa mis pezones, me mojo y me excito hasta el dolor.
—Terry... yo te necesito ya...
—¿Tanto así?— Mete sus manos en mis bragas, sus dedos resbalan sobre mi clítoris, estoy tan húmeda...
—Por favor...— Le pido y me baja el short, me deshago de él en segundos mientras veo lo desesperado que él se saca el pantalón y me muerdo los labios esperando el momento de tenerlo al fin dentro de mí.
—Me dices si te lastimo, mi amor.— Me colgó a su cintura nuevamente y contra la pared me está haciendo suya como nunca, mis labios están destrozados por lo mucho que he reprimido mis gritos al recordar que estamos en el colegio.
—Me duele un poco, Terry.— Me quejo aunque no dejo de jadear, el dolor no elimina el placer, hasta creo que lo vuelve más intenso.
—¿Quieres que nos vayamos a la cama?
—Mmm... sí...— Murmuro entre el dolor y el placer y él me acuesta en seguida sobre el colchón. Arrodillado entre mis piernas y agarrándolas fuerte con sus manos volvemos a retomar lo que habíamos iniciado y ahora que no me duele, lo estoy disfrutando al máximo.
—Te amo. Yo también te extrañé mucho.— Acaricia mi rostro mientras descansa sobre mí luego de que ambos hayamos terminado nuestra entrega.
—Terry...
—Dime, preciosa.
—Sé que te va sonar tonto, pero... Tengo un mal presentimiento.
—¿Sobre qué?— Me pregunta acomodando su cabeza en mis pechos, como si fuera a dormirse y por unos segundos acaricio su pelo.
—Nosotros.— Levanta la cabeza de inmediato y nuestras miradas se enfrentan.
—¿Qué pasa con nostros?
—Es que... desde que Eliza...
—¡Dios! Candy, pensé que ya habíamos dejado ese asunto claro.
—No estoy molesta por eso ya, Terry.
—¿Entonces?
—Nada, olvídalo.— Me resigno, pero mis ojos siguen reflejando angustia.
—Candy, a mí no me gusta nada Eliza, lo que hice por ella, lo habría hecho por cualquier otra chica. Y para serte sincero, también me desconcertó mucho su abrazo, no me sentí cómodo, pero no es nada sobre lo que debamos preocuparnos. Yo no tengo ninguna relación con ella, ni siquiera cuando andaba con Susana...
—Es que no es eso, Terry... tú no entiendes...
—¿Y qué es lo que no entiendo? Explícame.
—Desde ese momento, ella... te vio diferente, incluso a mí me vio diferente...
—Candy, mi amor, no pienses en eso. Estás siendo paranóica.
—Tienes razón. Bueno, creo que es mejor que te vayas, ¿no?— Trato de no sonar molesta, pero no me fue posible.
—Lo siento, es que... a ver, Candy, creo que te estás ahogando en un vaso de agua.
—Terry, es tarde y necesito dormir, vete a tu cuarto, por favor.
—¡Bien!— Se levanta de encima de mí y se viste furioso, luego se va sin despedirse. Esa noche, me dormí llorando, aunque no comprendí muy bien la razón.
...
—¿Se pelearon otra vez? ¡Joder! ¿Pero qué les pasa a ustedes?
—No nos peleamos, Karen. Bueno, eso creo...
—Pienso que Terry tiene razón, Candy. Estás dándole demasiada importancia a la estúpida de Eliza. Terry sólo tiene ojos para ti, ¿puedes aceptar eso y dejarte de tonterías?— Me dice un tanto brusca mientras asegura su casillero.
—Tienes razón. No debo prestarle más atención a esa resbalosa.
—¡Así se habla! Y por cierto... ahí está por quién llorabas.— Volteo y ahí está mi amor, sonriendo como si nada, alegrándome la mañana.
—Buenos días, princesa. ¿Desayunamos?
—Terry...— Le doy un casto besito y asiento luego de asegurar mi casillero.
—¡Terry! Buenos días. ¿Ya desayunaste?— Eliza llega de pronto y con toda la confianza le planta un beso en la mejilla. Ni siquiera nos mira a mí y a Karen, como si no existiéramos y ella y yo nos miramos, compartiendo el mismo deseo de barrer todo el piso del colegio con un trapeador pelirojo.
—Eh... mira, niña, no sé qué te crees, pero Terry no está vacunado contra víboras, por favor, no vuelvas a besarlo.— Se aventura Karen mientras yo aprieto fuerte mis puños y Terry me mira, sabiendo que se encuentra en un gran aprieto.
—Para empezar, aquí la niña eres tú, mocosa. Y por si no lo sabías, Terry y yo somos amigos...
—¿A quién llamaste mocosa?— Karen se le iba encima.
—Hey, hey, ¡basta las dos!— Terry las separa, en especial a Karen que está dispuesta a jalarle las greñas a Eliza, yo me he quedado como paralizada en el suelo, mi palma duele demasiado.
—Ya dejen las tonterías. Y para que quede claro, Eliza, tú y yo no somos amigos, yo sólo fui amable contigo, sólo eso. Te agredezco la atención, pero no es necesario que me devuelvas el favor. Candy, ven, vamos a desayunar.— Me llama y me extiende la mano, pero no soy capaz de moverme.
—Pero Terry, yo pensé que luego de lo de ayer... ya habíamos limado asperezas y...
—A ver, Eliza, no tenía ni tengo nada en contra tuyo, pero tampoco me interesa ser tu amigo. No hagas ésto más grande de lo que es, ¡Dios! Sólo fue un acto de cortesía.— Dijo Terry con fastidio y me tomó la mano, jalándome consigo y al fin fuimos a desayunar, dejando a Eliza atrás, furiosa e indignada.
—Bien, ¿podrían cambiar esa cara ustedes dos?— Nos reclama Terry a mí y a Karen mientras comemos.
—Sabes, primo, al principio también pensé que Candy exageraba, pero... creo que ella tiene razón. Deben cuidarse de la caimana.
—¡Joder! ¿Tú también, Karen? ¿De qué forma les explico que no me intersa nada esa tipa?
—Eso lo sabemos, pero tú a ella sí y conocemos muy bien esos juegos...
—Bien, bien, me cuidaré de ella. ¿Ahora podríamos terminar de desayunar en paz?
—Yo no tengo hambre, permiso.— Me pongo de pie y me retiro. La verdad es que me siento mal. Estoy mareada de tanta tensión en el ambiente y decido irme a mi cuarto.
...
No entiendo a las mujeres. Candy está molesta conmigo sin ningura razón, bueno, entiendo que esté molesta con Eliza, pero... ¿por qué conmigo? Me hizo prometerle no volarme las clases mientras que ella lo hace deliberadamente. No ha querido contestarme el celular ni siquiera.
—Terry...
—Eliza, ¿qué quieres ahora?— Esta chica es una ladilla, parece que Susana la entrenó bien, se fue del colegio y le pasó su legado a la colorada.
—Quería aclarar unas cosas contigo. Quiero hacerlo ahora que no está tu prima ni tu... novia...
—Creo haber dejado todo bastante claro, Eliza.
—Pero a mí ni siquiera me has dado la oportunidad de expresarme.
—Bien, se breve por favor, tengo cosas que hacer.— Respiro profundo, pero decido escucharla, cuánto antes me libere de ella, mejor será.
—Sé que nunca hemos sido amigos y que yo recuerde, creo que nunca nos dirigimos la palabra, pero aún así yo quiero que sepas que lo que hiciste ayer por mí significa mucho para mí...
—Eso ya me lo habías dicho.— La interrumpo adrede, tratando de desalentar su discurso y conseguir que me deje en paz.
—Para tí tal vez sea algo tonto, algo que hubieras hecho por cualquiera, pero para mí, no es algo que cualquiera hubiera hecho por mí y es por eso que... que ahora te veo diferente, especial.— Me sonríe y su mirada de cierta forma me hace sentir nevioso.
—Gracias por el cumplido, ahora, si me disculpas...
—No es un cumplido, Terry. Es la verdad. Eres un chico muy especial y es por eso que quisiera que... empezáramos de cero. De verdad me gustaría tener tu amistad...— Se me acerca más cada vez, siento que no tengo espacio personal y su perfume cargado me está provocando dolor de cabeza.
—Eliza, escúchame bien lo que te voy a decir porque no voy a repetirlo más. Fui amable contigo, hice lo que haría cualquier hombre en mi lugar...
—No cualquiera...—¡Dios! Estoy al borde de estragularla si sigue insistiendo.
—Lo que quiero que entiendas es que eso para mí no fue nada, no entiendo por qué le das tanta importancia, pero necesito que lo dejes ya. No es nada personal, pero honestamente, no estoy interesado en ser tu amigo.
—¿Por qué? ¡Qué te he hecho!— Me grita histérica, mi paciencia se está yendo al diablo.
—¡Nada! No me has hecho nada, sólo que no quiero ser amigo tuyo... ¡Qué parte no entiendes!—Grito ya sin poderme contener y atraigo las miradas curiosas de algunos compañeros que pasaban por ahí. Eliza se espanta y se echa hacia atrás, pero un destello furioso brilla en sus ojos.
—Eres un imbécil, Terry. A mí no me humilla nadie. ¡Nadie!
Continuará...
¡Hola!
Disculpen la larga ausencia, tuve una semana demasiado activa y una lluvia de problemas personales,pero estoy de vuelta y decidida a meterme de lleno con ésta historia. Gracias a las que siguen leyéndola y apoyándola. Les digo chicas que a partir del próximo capítulo, van a llorar, cebollitas.
*Vi que hay otro fic sobre reencarnación que algunas me habían mencionado, no lo he leído, pero veo que está actualizado, tiene fecha de 2009, yo descubrí fanfiction en el 2013, así que cualquier semejanza entre ésta historia y ese fic es pura coincidencia.
Como había mencionado, estoy participando en una promoción para ver si se me publica una novela, estoy escribiendo una nueva, pero para avanzar con el asunto, decidí participar con una de mis historias, la cual ya no está disponible en mi lista de fics, las que ya la leyeron, me alegra que la hayan encontrado a tiempo, pero ya no está disponible en fanfiction ni en ninguna otra página, si a la compañía a la cual la envié le interesa, entonces estará disponible para venta en formato digital, será cuestión de suerte. (Por supuesto que cambié los nombres de los personajes y las descripciones, pues sé que no me pertenecen, pero la historia sí, así que siendo una de mis favoritas, le di la oportunidad).
Gracias por comentar:
Eri, WISAL, blank luz, yami, Laura Granchester, Candice Graham, LizCarter, Zafiro Azul Cielo 1313, Rose Grandchester, norma Rodriguez, Luisa, Odette. e. arriagada, dulce lu, Eunice97, Candice. w. andrydeg
blank luz: No podemos olvidar que Candy y Terry son una pareja adolescente o joven, ya que él tiene 20 y ella 17 y que son una reencarnación, por eso sus "peleas infantiles" son parte de ésta historia y de la escencia real de ellos según el animé, gracias por comentar ;-)
LizCarter: Lamento mucho lo de tu perrita, espero que ya te encuentres bien y espero verte por aquí. Por cierto, el fic sobre reencarnación que me habías mencionado una vez apareció actualizado, así que corre, amiga. (Yo no lo he leído) Vi que tiene fecha de 2009, nunca me había topado con él, cualquier parecido es pura coincidencia.
Un beso,
Wendy
