Capítulo 5: Día libre.

Dipper dormía plácidamente en su cama, se sentía de maravilla. La noche anterior le había dejado un buen sabor de boca, habían conseguido información valiosa para su investigación. El trabajo había sido rápido, limpio y sin testigos, inmejorable, desde su punto de vista personal. Había regresado ya avanzada la noche, entró sin que nadie se diera cuenta, todos ya estaban durmiendo. Entró en su habitación y comprobó que Mabel seguía durmiendo con una sonrisa tonta y un fino hilo de baba salía de su boca. Dipper entró lentamente cuidando cada uno de sus pasos, se quitó los zapatos y su chaleco y se acostó y procedió a dormir. Ahora, cuando intentó girarse para poder sentirse más a gusto sintió que algo le impedía hacer tal cosa, algo lo retenía apresado. Abrió los ojos para ver que Mabel, probablemente sonámbula, se había infiltrado en su cama y ahora estaba aferrada a su brazo. Dipper soltó un suspiro y vio por su ventana, era ya de día. A continuación, y con sumo cuidado, empezó a safarse del agarre de su hermana, para evitar despertarla. Una vez hecho esto decidió ir abajo y saludar a los demás.

Mabel despertó casi al mismo tiempo que cuando Dipper se soltó de ella, sintió como si le hubieran arrancado una parte vital de ella y abrió los ojos para ver de qué se trataba. Vio a su hermano al otro lado de la habitación dispuesto a salir. Esta empezó a ver alrededor suyo y se dio cuenta de que estaba en la cama de su hermano, y no en la suya. ¿Cuándo se había cambiado de cama? No lo sabía. De repente, un ligero sonrojo se hizo presente en el rostro de la joven Pines. Espero a que su hermano salió de la habitación, no le dio ninguna señal de que estuviera despierta, y se puso boca abajo en la soledad de aquella habitación. Inhaló profundamente captando el aroma de la cama de su hermano.

-Huele a él... -murmuró para sí misma con una sonrisa tonta en su rostro.

Dipper bajó las escaleras rápidamente y vio a su tío Stan hablando con una persona que él no había visto nunca. Su tío le vio y le dedicó un saludo, Dipper le devolvió el gesto. Una vez en la cocina Dipper intentó lo más que pudo escuchar la conversación que se estaba llevando a cabo mas adelante. Mientras espiaba se dio cuenta de que Wendy no estaba en la caja registradora, vio el reloj que había en la cocina y pudo ver la razón: aún faltaba media hora para que su turno empezara. Observó que su tío se despedía de aquella persona y que se disponía a venir a la cocina. Intentó disimular lo mas que pudo y empezó a explorar la cocina para buscar algo de comer.

Stan entró a la cocina con una expresión seria, triste, se dio cuenta de que su sobrino estaba en la cocina y trató de disimular su estado de ánimo lo mas que pudo. Fue hasta la cafetera y puso a preparar el café de la mañana. Una vez que estuvo listo procedió a sentarse al lado de Dipper, quien estaba comiendo un tazón de cereal.

-¿Quién era esa persona tío Stan? -preguntó Dipper mientras masticaba.

-Es sólo uno que vive aquí en el pueblo-dijo Stan-. Sólo vino a decirme que...

-¿A decirte qué tío Stan? -preguntó curioso. Stan al principio pareció dudar pero luego soltó un largo suspiro, ocultarlo era irrelevante.

-Esta mañana... Han encontrado al viejo McGucket muerto en su casa -dijo con una expresión triste.

-¡¿M-Muerto?! -dijo Dipper fingiendo sorpresa.

-Así es.

-¿Y-Y qué pasó...? ¿Cómo murió...?

-Al parecer sufrió de un paro cardíaco. Ese hombre llevaba una vida demasiado despreocupada, esto eventualmente pasaría. Y además, al parecer estaba medio borracho, porque según lo que me dijeron encontraron varias botellas vacías de alcohol por todo el lugar...

Dipper escuchaba pacientemente. Unos largos segundos de silencio se hicieron presentes entre ellos dos.

-Es horrible... -dijo al fin Dipper.

-Así es muchacho. Uno nunca sabe cuando su vida va a acabar -dijo y se levantó de la mesa y salió de la cocina.

Dipper se quedó sentado sin hacer ningún ruido ni movimiento en la cocina. Después de haber escuchado la historia del tío Stan se había puesto a pensar. Su brazo izquierdo empezó a temblar levemente y una sonrisa de satisfacción se había dibujado en su rostro. Con un suave movimiento agarró firmemente su brazo izquierdo con su mano derecha para tratar que este parara de temblar.

-Cálmate...-se decía a sí mismo-. No debes reírte. Si lo haces levantarás sospechas...

Dipper no aguantó más y llevó su antebrazo derecho a su boca para reprimir las risas, que salían en torrente. Empezó a sufrir de espasmos provocados por la exhuberante risa, unas pequeñas lágrimas empezaban a hacerse presente en las órbitas de sus ojos. Por fin la risa cesó y pudo calmarse, miró alrededor para asegurarse de que estaba solo, aquella sonrisa seguía presente en él.

-''¡Un paro cardíaco! ¡Un paro cardíaco!''-pensaba con extrema felicidad-. ''¿Cómo pueden ser todos tan tontos? Seguro que ni siquiera han revisado el cadáver en busca de alguna marca. Aunque, no encontrarán nada, escogí una zona especial para inyectarle'' -de nuevo una risita se escapó de él-. ''Tienes mucha razón tío Stan, uno nunca sabe cuando se va a terminar la vida. En especial si yo me meto en el medio'' -pensó y procedió a levantarse.

Dipper caminaba con una radiante sonrisa en su rostro. Wendy, quien ya había llegado, se sorprendió al ver al gemelo Pines con aquella sonrisa, hacía mucho que no le veía sonreír de ese modo. Stan entró en la cabaña y le dijo a Dipper que se preparara para ayudar en las tareas del hogar. El joven Pines asintió con una hermosa sonrisa que desconcertó a su tío. Procedió a subir las escaleras. Mientras subía se imaginaba a sí mismo con el libro que aquel viejo decrépito le había mencionado, casi podía sentir la cubierta de cuero (según su imaginación), abriendo aquel antiguo libro y leyendo todo su contenido. Su sonrisa se expandió aún mas. Mientras subía escuchó una voz dentro de su cabeza, era él.

-La próxima vez déjame a mi hacer algo... Es muy aburrido el solo observar -Dipper soltó una pequeña risita infantil al escuchar eso.

Llegó hasta la puerta de su habitación y procedió a abrirla. Pero justo cuando fue a abrirla escuchó una voz del otro lado de la puerta. La voz se oía extraña, como si la persona estuviera haciendo ejercicio. Agudizó aún mas su oído y pudo percatarse de que se trataba de su hermana, estaba despierta. Abrió lentamente la puerta, pero solamente un poco, lo suficiente como para ver a través de una línea y ahí la vio: a su querida hermana menor masturbándose en su cama mientras repetía una y otra vez su nombre. Dipper no salía de su asombro, ¿era aquella realmente su hermana? Quien siempre de pequeños le pedía ayudar y la protegía contra los ''monstruos'' que vivían debajo de su cama. Dipper volvió a cerrar la puerta con el mismo cuidado de antes y se apoyó al otro lado del pasillo con las manos cubriéndole la cabeza.

Empezó a respirar apresudoramente mientas se sentaba en medio del pasillo.

-''¿Pero qué demonios...?'' -pensaba mientras contenía dentro de sí unas inmensas ganas de gritar. Se encongió en sí mismo y ceró sus ojos. Sin que se lo esperara fue capaz de escuchar de nuevo otro ''Dipper'' por parte de su hermana, el joven Pines dedujo que su hermana estaba en la recta final. Sintió náuseas por expresarlo de aquel modo.

Se levantó y procedió a sacudirse el polvo. Caminó hasta la puerta y espero unos segundos, después, como quien no ha visto nada procedió a tocar varias veces la puerta. Esperó por una respuesta. Se escucharon unos movimientos, después, su hermana dijo:

-¿Si...? -preguntó no muy segura.

-Mabel-dijo Dipper tratando de actuar normal-. Soy yo. Me preguntaba si podía pasar.

-¡P-Por supuesto!-respondió un tanto nerviosa-. Entra, entra.

Dipper abrió la puerta lentamente y vio a su hermana sentada sobre sus rodillas en su cama. En su rostro era visible un ligero sonrojo, se notaba que estaba nerviosa. De repente el joven amante de los misterios sintió unas enormes ganas de vomitar al ver a su hermana, cosa que no pasó desapercibida por esta.

-¿Te sucede algo Dipper? -preguntó Mabel con evidente preocupación.

-N-No es nada, tranquila... -dijo y cogió su chaleco y sus zapatos y se los puso. Una vez terminado caminó hacia la salida-. Tenemos trabajo que hacer, te espero abajo -dijo y se marchó.

-''¿Cuánto tiempo llevará haciendo eso...?'' -pensó Dipper mientras bajaba las escaleras.

Una vez abajo Dipper se dispuso a realizar todas las tareas que le habían sido asignadas, entre ellas, cortar la madera. Cuando el menor de los hermanos se preparaba para empezar a cortar se dio cuenta de que todos los habitantes de la cabaña le miraban fijamente, aún no habían olvidado el incidente del otro día. Maldijo por lo bajo a Tyrone, quien era el responsable de aquello. Para alivio de todos Dipper cortó la madera de manera normal, sin empezar a gritar ni contar como si fuera un loco.

Así pasó la mayor parte de la tarde y Dipper acabó con todas las tareas que tenía pendiente. Fue hasta donde su tío Stan y le dijo que saldría por un rato. Que volvería mas tarde, este le dio el visto bueno. El joven Pines salió de la cabaña a toda velocidad con un objetivo en la cabeza: la biblioteca. MIentras caminaba escuchó unos pasos detrás de él, se giró a toda velocidad y se dio cuenta de que su hermana venía detrás de él.

-¿Adónde vas? -preguntó Dipper mirando fijamente a Mabel.

-Voy contigo-dijo y adoptó una expresión culpable-. ¿N-No puedo...?

El joven Pines soltó un suspiro, no podía decirle que no a su hermana.

-Yo no he dicho eso tonta-dijo-. Ven, vamos -dijo y le extendió la mano. Su hermana se la agarró con una radiante sonrisa.

Caminaron a través del pueblo, era un precioso día, la temperatura era la ideal, ni muy caliente ni muy frío. Pasaron al lado de la casa del viejo McGucket, Mabel adoptó una expresión triste, se había enterado momentos antes por parte de su tío Stan. Dipper, al contrario, no pudo mas que disimular su felicidad, quería reír y saltar por todos lados, pero sabía que eso no estaba bien. Siguieron de largo y llegaron hasta el edificio de la biblioteca. Subieron lentamente los escalones para dar con un letrero que colgaba de la puerta principal, el letrero rezaba de la siguiente manera: ''Por motivos de reformas la biblioteca permanecerá cerrada hasta el próximo sábado. Lamentamos las molestias causadas''. Dipper adoptó una expresión tenebrosa, siniestra. Le molestaba enormemente que las cosas no fueran como a él le gustaban, Mabel notó el cambio repentino en su hermano y le agarró la mano. Este se percató de eso y se giró para ver a su hermana, se había dejado llevar por sus emociones durante un segundo y como resultado había asustado a su hermana.

Caminaban de regreso a la cabaña, Dipper llevaba una expresión neutral, aunque en el fondo se lamentaba de que la biblioteca estuviera cerrada, ahora tenía que esperar una semana para poder tomar el libro. El joven Pines desvió su mirada y vio a lo lejos una vieja heladeria, vio a su hermana quien no se había dado cuenta de aquello. Decidió ir allí, un capricho no venía mal de vez en cuando.

-Ven Mabel -dijo mientras se dirigía a la heladería.

-¿Adónde vamos? -preguntó esta confundida.

-Allí-dijo mientras apuntaba con su dedo al lugar-. Me apetece algo frío, ¿a ti no?

-¡Yo siempre quiero helado! -dijo mientras se disponía a seguir a su hermano.

Se sentaron en una mesa que estaba fuera del establecimiento, pidieron los helados, el de Dipper era uno simple de chocolate, en cambio, el de Mabel era uno que desafiaba las leyes de la física. El menor de los hermanos lo vio y sintió algo raro en su estómago, para él sería imposible comerse algo así, pero era Mabel de la que estábamos hablando. Momentos después Wendy, quien había terminado su turno por ese día, se encontró con los dos hermanos y decidió unírseles. Curiosamente, se sentó al lado de Dipper, y de vez en cuando le dedica una mirada pícara. A pesar de todo eso el joven Pines tenía su atención en otro lado. Al final de la calle se podía ver cómo la biblioteca se levantaba imponente entre los demás edificios. Soltó un suspiro de fastidio al recordar el fallido plan de hoy.

-''Hasta el próximo sábado será...'' -pensó resignado.

-''¿Sabes lo que se me viene a la cabeza al ver a tu hermana y a esa sexy pelirroja juntas?''

-Realmente no puedes mantenerte callado, ¿verdad? -dijo con evidente irritación ante tal broma de mal gusto. Fue capaz de escuchar una risita burlona.

-¿Dijiste algo Dipper? -preguntó Wendy.

-No, nada-dijo mientras hacía su típica sonrisa-. No he dicho nada -dijo y le dio una probada a su helado.