Zafiros y esmeraldas
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 28 Bajo la tomenta
—Pecas... por favor, ábreme.— Llevo un buen rato rogando ante su puerta mientras me cuido de que no me vea el rector ni ningún maestro. En varias ocaciones tuve que ocultarme detrás de algún muro.
—Candy, por favor, vamos hablar. No me queda mucho tiempo...— Es una guerra hablarle tras la puerta, tengo que alzar la voz y el miedo de que me pille algún maestro o algún chismoso me da grima.
—Pasa...— Finalmente la pecosa me abre, noto su voz totalmente apagada. Sus ojos están algo rojos y cansados, se ve enferma y hasta más delgada y pequeña la encuentro. Cierro la puerta y la aseguro y me quedo viéndola por un instante, no pudiendo creer lo que veo.
—Candy... ¿te sientes bien? Estás...
—Soy un asco...— Emprende un llanto de pronto y se me lanza a los brazos como una niña, me recuerda a mis hermanas cuando acuden a mí si han sido regañadas o castigadas.
—No, mi amor... ¿ya fuiste a enfermería? ¿Quieres que llame a tus padres?
—No. No quiero que nadie me vea así.
—Pero... ¿qué tienes? ¿qué sientes?
—Me cayó mal el desayuno y... tengo gastritis y... ¡es culpa de Eliza!— Grita al final y se separa de mi, se sienta en su cama con las piernas cruzaditas, sigue llorando y no comprendo la razón.
—Cariño... ¿tienes el periodo otra vez?— ¡Y cómo me costó haber preguntado eso!
—¡El periodo! ¿Qué no pueden ustedes preguntar otra cosa? Las mujeres tenemos problemas que no siempre están ligados al periodo. Sabes qué... ¡Vete de mi cuarto!— Me lanza su almohadilla de mariposa que me da en la cabeza. Honestamente, no he perdido mi paciencia con ella, tal vez en otras circunstacinas sí, pero viéndola así, llorando, con las piernitas recogiditas y con su gesto de niña malcriada y caprichosa... decido acercarme a ella con precaución.
—Lo siento. Soy un hombre muy tonto que no sabe nada de mujeres.— Me siento a su lado con las debidas precauciones mientras ella solloza.— Pero si me explicas con manzanitas, como si yo fuera un niño de cinco años, tal vez te pueda entender. ¿Qué tiene mi pecosa?—
—¡Ya te dije que tengo gastritis! Y fue gracias a ti a Eliza.
—¿Y no tomas algo para que se te alivie? ¿No deberías ver a un médico?
—No... pronto se me pasará. ¿Me alcanzas mi agua?— De la mesita de noche junto a su cama, vierto un poco de agua de la jarra en el vaso y se lo extiendo. Ella, como un ritual, saca su píldora y se la toma vaciando por completo el vaso, luego apaga la alarma en su celular.
—Eres hermosa de todas formas, mi amor.— Pellizco con delicadeza una de sus mejillas que está más rosada por su llanto y me voy acercando cada vez más a ella.
—Mentira, me veo horrible.— Llora y hace pucheros mientras se limpia las lágrimas con sus manos y se sorbe la nariz. La adoro, así aniñada e incomprensible.
—Pues aún así despeinada y llorona eres mil veces más linda que Eliza Leagan o cualquier otra. Ven aquí.— Me palmeo el regazo para que ella se siente, pero se queda en el mismo sitio, desafiante.
—No quiero estar cerca de ti.— Patalea un poco cuando la siento de todas formas en mi regazo y la aprisiono por la cintura. Le reparto besos por el hombro y el cuello.
—Si sigues así de caprichosa, le marcaré a tus padres para que vengan por ti y te lleven al hospital.
—Estoy bien.— Se defiende y por fin se queda quieta, recuesta su cabeza de mi pecho y le acaricio suave su pelo enmarañado y hermoso.
—Ya no quiero que sigas molesta conmigo, no hay razón.
—Sí que la hay. El hecho de que tú ignores las señales no quiere decir que yo también lo haga.
—¿Las señales?— Pregunto con desconcierto y le impido levantar la cabeza, obligándola a permanecer recostada de mi pecho.
—Que Eliza nos traerá problemas. Está encaprichada contigo y tú piensas que... que estoy loca.
—¡Jamás dije eso!
—No, pero lo has pensado, lo cual viene siendo lo mismo para mí.
—No lo he pensado, sólo he encontrado un poco exagerada tu reacción, pero... ya la he puesto en su sitio.
—No te creo.
—Pues créeme. Quedó tan furiosa que me gritó y me amenazó como una histérica.
—¿Volviste hablar con ella?— Esa vez sí alzó la cabeza y me enfrentó, había desafío en su mirada.
—Me acaparó cuando estaba buscándote. Quería que fuéramos amigos...
—Tú que te haces amigo de ella y nunca más, escúchame bien, nunca más me volverás a ver.
—Eh, eh, tranquila. Baja tus revoluciones. El menos interasado en su amistad soy yo, no me tienes que amenazar para eso. Precisamente por eso se quedó hecha una furia y me amenazó con que me arrepentiría.
—Terry...— Su voz fue ahora más dulce y se volvió a recostar de mi pecho.
—Dime.
—Cuídate de ella. No sabes la amargura que son estos presentimientos, tal vez no sean nada, pero... es mejor estar prevenidos, por favor... no quiero que nadie me separe de ti, no quiero que se repita la historia, por favor...— Su voz fue suplicante y emprendió el llanto nuevamente. Se me ha movido toda el alma y la abracé fuerte contra mí. Ahora me estoy tomando en serio todo lo que ha dicho, no tengo miedo, pero por ella y para que esté tranquila, haré cualquier cosa que me pida.
—Me cuidaré de ella, pero tú también debes cuidarte. Deberías lavarte la carita y darte un baño y... te has volado todas las clases de la mañana, no te dejaré que te vueles las de la tarde.
—Pero... es que no me siento bien...— Hace un puchero, en su carita se refleja la angustia mientras se aferra a mí.
—Entonces repórtate a enfermería para que no te acusen por desertora escolar.
—¿Te vas?— Me pregunta con un gesto tan trágico que hace que me remuerda la conciencia antes de contestarle.
—Cariño, sabes que tengo compromisos con el señor Marlowe, además, sabes que si pudiera, te pediría que me acompañaras siempre.
—¡Pues voy contigo!— Se apresura a decir.
—No puedes ir porque te faltan algunas clases, además no te sientes bien, ¿lo recuerdas?
—Sí, pero... ¡buah!— Le da un ataque de náuseas y corre al baño a devolver todo. Yo la sigo hasta allá.
—Candice, insisto en que vayas a enfermería o llamo a tus padres ahora mismo.— Le digo con autoridad una vez se ha enjuagado la boca y cepillado los dientes.
—Está bien... pero tú prométeme que te vas a cuidar y no sólo de Eliza, si no tambien de Gusana parte II. No te quiero cerca de ninguna de ellas... ¡Buah!— Otro ataque de náuseas.
—Bien, pero tú, irás ahora mismo a enfermería.— La arrastro sin contemplaciones hacia enfermería y se la encargo a la señorita Hamilton.
—Estaré pendiente por si me llamas, por favor, me dices lo que te diga la enfermera. Cuídate mucho.
—Quiero que te quedes aquí conmigo...
—No puedo, mi amor... pero te prometo que iré a tu cuarto por la noche...— Le susurré al oído y ella me regaló una hermosa sonrisa.— Ahora sí me voy.— Le di un beso y finalmente me fui.
...
—Buenas tardes, señor Marlowe, usted dirá para qué soy bueno.
—Lo primero que quiero hacer es felicitarte, eres todo un astro.— Me dice con ese entusiasmo ensayado que tienen todos los tiburones de los negocios, esos que tiene en los ojos signos de dinero en lugar de pupilas.
—Bueno, creo que exagera, señor...
—¿Exagerar? Tu canción la pasan cada quince minutos en todas las estaciones de radio y tu video lleva más de un millón de vistas en Youtube y hasta está sonando en los ringtones de los celulares.
—Así es, Terrence. ¡Felicidades!— Entra Nicky como un torbellino y me deja un beso meloso en la mejilla que me dio escalofríos, sobre todo la misteriosa mirada que nos dedicó el señor Marlowe.
—Gracias... y bueno, ¿por qué estoy aquí?
—Bueno, en dos semanas es el festival de nuevos talentos musicales en el teatro Giant Stars y... tendrás tu primera presentación ante un público.— Me siento en mis aguas al escuchar eso. Mi primera presentación... todo se está dando tan rápido que a veces me asusta, pero no puedo negar que estoy entusiasmado.
—Vaya, no tengo palabras para agradecer el trabajo que usted ha hecho conmigo, señor...
—Oh, no me agradezcas, es tu talento lo que te está llevando lejos, sin talento no obtendrías nada. Ah y por cierto, pasado mañana tienes una entrevista en el show de Christie Belle.
—¿Una entrevista?
—Así es. No te preocupes, Nicky y yo estaremos contigo en todo momento. Ahora, necesito que escojamos los nueve temas que necesitas para ir trabajando en tu disco...
...
—¡El show de Christie Belle! ¡Wow!
—No es para tanto, Karen.
—¿Que no es para tanto? Dios, Terry, sólo tú dirías semejante cosa. El show de Christie Belle es el que más raiting tiene en todo el país.
—Claro, la gente siempre va detrás del chisme.
—Bueno, chisme o no, mi limoncito va a salir en televisión.— Mi pecosa me abraza y me añoña antes de irme con el señor Marlowe hacia el estudio donde se produce el dichoso programa.
—En ese caso, espero que tu limoncito recuerde ser dulce y amable con el público.
—¿Acaso dudas de mi encanto, querida prima?— Le respondo con la arrogancia que Candy dice que tengo, sin soltarla de mi abrazo.
—Para nada, no tengo la menor duda, sólo procura mostrarte así de encantador con Christie Belle.
—Seguro que mi limón será todo un encanto. Deja de molestarlo, Karen.— Candy me defiende como si yo fuera un niño y le saco la lengua a Karen en señal de triunfo.
—¡Candy! ¡Candy!— Veo a dos chicos y una chica que llaman a mi pecosa desde el pasillo.
—¡Stear! ¡Archie!— Grita ella soltándose de mi abrazo y dejándome de lado para correr hacia el trío de extraños.
—Hola, Candy.— Veo un chico de lentes abrazarla y volarla por los aires, yo deseo hacerlo volar a él de un par de puñetazos.
—Candy, estás hermosa.— El otro de pelo largo y castaño la besó en la mejilla y le dio un abrazo tan prolongado que me hizo desear pasarle por encima con mi coche.
—Gracias. Tú estás guapísimo como siempre. ¡Patty!— Corrió hacia una chica llenita, también con lentes y se abrazaron. Esa vez no me molestó, a menos, claro, que la gordita fuera lesbiana, lo cual no creo que sea el caso, porque luego la vi de la mano con el nerd de los lentes.
—¿Y qué hacen aquí?— Pregunta con emoción, Karen y yo seguimos esperando que Candy nos recuerde en algún momento.
—Pues vinimos a visitarte, ingrata. Tú ni nos llamas.—Reclama el bonitillo de pelo planchado.
—Lo siento, chicos... es que he estado tan ocupada que...
—Vale, entendemos. Bueno, lo cierto es que vinimos acompañar a Patty, se va a matricular en éste colegio para el próximo semestre.
—¿En serio? ¡Sí!— La gordita y ella se vuelven abrazar. Miro a Karen, está con la boca abierta, está bajo amenaza de perder a su amiga y yo... a punto de perder una novia porque aún quiero matar al pelito lindo que tiene una mano en su cintura.
—¿Y Annie...?— Pelito lindo la soltó y su expresión se volvió sombría antes de contestar.
—Annie... no asistirá a éste colegio. Sus padres están en banca rota... y ella está muy mal...
—Vaya... cuánto lo siento. Pero... ¿no le ofrecieron ninguna ayuda? Tenemos tanto dinero que al menos podríamos...
—Lo ofrecimos, pero los Britter son realmente orgullosos.
—Ejem.— Carraspeo para que Candy se acuerde de que existo.
—Oh, lo siento. Chicos, él es mi novio, Terrence Grandchester y...
—¿El cantante?— Me pregunta emocionado Pelito planchado.
—Sí, el mismo.— Responde Candy con una risita y su mirada llena de orgullo hacia mí y consiguió ablandarme.
—Mucho gusto, hermano. Está genial tu canción. Se la dediqué a mi novia.— El elegante me estrechó la mano y me sonrió, tuve que corresponder.
—Son mis primos, Stear y Archie y ella es Patty, novia de Stear.
—Mucho gusto, Terrence. Si quieres saber lo último para grabar y amplificar tu voz, he creado un programa genial que...
—Después le hablas de eso, Stear. Terrence se ve apresurado.— La gordita me rescata de lo que fuera que el nerd estuviera tramando.
—Y ella es Karen, prima de Terrence y mi nueva mejor amiga.
—Mucho gusto, chicos.
—Bueno, fue un placer conocerlos a todos, ahora me tengo que ir.— Me voy despidiendo tan pronto como recibo un mensaje de texto por parte del señor Marlowe indicándome que me está esperando afuera.
—¿Saldrás en el show de Christie Belle? ¡Vaya! Bueno, respira profundo, cuenta hasta tres y mira hacia un punto fijo, así no te intimidas ante la multitud, si te hacen preguntas incómodas, sólo...
—¡Stear! Déjalo que se vaya.
—Eh, sí. Lo siento. Suerte, Terrence.
—Gracias.— Digo y salgo corriendo de allí. Vaya primitos que se gasta la Pecas.
...
—¡Buenas noches, Nueva York!— Se escuchan los aplausos del público cuando aparece la elegante Christie Belle con su sexy y llamativo atuendo, su abundante y larga cabellera rubia, un tono casi blanco y esa sonrisa producto de un trabajo de ortodoncia magnífico. Camina con gracia hacia el público encaramada en sus tacones que resaltan sus piernas esbeltas.
—Silencio, chicas, silencio.— Las mando a callar a todas. Estamos en casa de Terry, Leia, las gemelas, Karen, Patty y yo estamos sentadas sobre la alfombra comiéndonos las uñas frente al televisor. La entrevista sería en vivo.
—Y bien, como lo prometido es deuda, aquí está nuestro invitado sorpresa. Vamos a recibir con un fuerte aplauso a Terry Grandchester, el intérprete de "Just the way you are".— Los aplausos y gritos de las chicas del público comenzaron a llover, sentí una punzada de celos, mientras mi amado va caminando hacia la silla en que lo espera Christie Belle.
—Buenas noches, Terry, ¿cómo te encuentras?
—Muy bien, gracias, Christie. Es un honor que me invitaras a tu show.
—¡Awww! ¿ No es un encanto, chicas?— Las chicas del público vuelven a gritar y aclamar el nombre de Terry.
—Había escuchado que eras guapo, pero creo que todas las descripciones se quedaron cortas, ¿o no, chicas?— Christie vuelve a sonsacar a las féminas y nuevamente se escuchan sus gritos y algarabía. Terry corresponde con una sonrisa hermosa, mi sonrisa, ¡mía!
—Bueno, Terry, ahora, vamos a lo que vinimos.— El doble sentido de esa expresión hizo que el público se volviera alborotar, luego del silencio, Christie Belle continuó.
—Cuéntanos tu historia. ¿Cómo fuiste descubierto?
—Bueno, no fui descubierto exactamente. Ya me había presentado en distintas casas disqueras, pero no tuve éxito. Por insistencia de una personita muy especial para mí, fui a parar a NY Music, audicioné y... el resto es historia.
—Y vaya que tienes talento. La música en definitivo es lo tuyo, muchacho. Me dicen que tu canción debut, Just the way you are fue un tema que compusiste para tu novia...
—Así fue. Ella me dio el coraje para continuar con mi sueño, por eso todo tributo será siempre para ella.
—Por lo que veo, ese corazoncito ya tiene dueña. Lástima, chicas.— Christie hace un gesto de lamento y las chicas del público se lamentan también en un coro de ¡ahhhhh! Terry hace un puchero infantil que le quedó adorable y en mímica expresó un "lo siento".
—Bueno, pero que eso no nos desanime, chicas. A ver, Terry, cuéntanos que otros proyectos tienes en mente, las chicas están ansiosas por saber.
—Pues te diré, hermosa Christie, que ya estamos escogiendo los temas para lo que sería el primer cd y pronto me presentaré en el festival de Nueva York, en el teatro Giant Stars.— Es interrumpido por otro aguasero de aplausos y porras por parte del público.
—Entonces tenemos agenda llena. Has logrado mucho en un tiempo récord y esperemos que muy pronto nos anuncies un concierto, seguro que las entradas no darán a basto, ya cuentas con una fanaticada extensa.
—Eso se lo debo al excelente trabajo del señor Marlowe, él es quien le ha dado el empujón a mi reciente carrera.
—Y hablando del señor Marlowe, verás, no es que nos guste el chisme, bueno, lo cierto es que nos encanta, pero nos han llegado rumores acerca de que tienes una relación más allá de lo laboral con la hija del señor Marlowe, Nicky Marlowe, ¿es cierto eso, Terry?— Vi cómo Terry se tensó, su mandíbula se apretó y vi cómo poco a poco la sonrisa plástica de Christie Belle se iba desvaneciendo, mientras que la misma tensión se apoderaba de mí ante su imagen en la pantalla.
—No sé nada de rumores y honestamente no estoy interasado en los mismos. La relación que tengo con la hija del señor Marlowe es estrictamente laboral y mis funciones rara vez requieren de la presencia de ella. Me parece una falta de respeto tales insinuaciones, además, tengo novia, lo he dicho desde el principio.— Sentí un gozo y un orgullo enorme en ese momento, quise besarlo a través de la pantalla, pero no iba hacer el ridículo ante su familia. Christie Belle se quedó sin saber qué decir durante varios segundos.
—Ya se han desmentido los rumores. Terry se proclama un hombre fiel, merece un gran aplauso por eso.— En seguida los aplausos aplacaron la tensión que se apoderó del programa y Terry volvió a sonreir.
—Vamos a pasar a unos comerciales y luego de la páusa, Terry nos deleitará con su tema "Just the way you are"...
—Así que chico fiel, ¿no? Eso está por verse, Terrence Grandchester.
...
Ya han pasado las dos semanas y muy pronto Terry tendrá su presentación en el festival. Noviembre está por terminar y pronto recibiremos la navidad, mi primera navidad con mi amor. El festival es mañana, Terry necesita descansar, así que no se coló en mi cuarto. Optamos por conversar un rato vía Skype antes de dormir.
—Mmmm. ¿Puedes bajar la cámara un poquito más?— Me pide Terry y leo sus intenciones, me quiere ver los pechos.
—Si hago eso no creo que puedas descansar...— Me muerdo el labio y de todas formas bajé mi cámara un poquito y le ofrecí una vista privilegiada de lo que la franelita de mi pijama dejaba al descubierto.
—Quítale la franela, por favor...— Me pide con ese azúl intenso de su mirada, él está sin camisa y en bóxer, mi laptop tiene una resolución excelente en la pantalla.
—Terry, no seas tramposo. Tienes que descansar y es tarde.
—Vale. Sólo levántatela un poquito, por favor...
—Está bien...— Hago lo que me pide y le mostré los pechos. Me fascinó la forma en que casi se le salían las babas viéndome. Cuando me acomodé la camisa nuevamente y miré hacia la pantalla, Terry ya no estaba.
—¿Terry? ¿Dónde estás?— Pregunto sonriendo y mirando con ansias la pantalla esperando que aparezca. Minutos después, están tocando a mi puerta.
—¡Terry! No se supone que estés aquí... es tarde y...— No hace caso a lo que le digo, cerró la puerta y sin darme cuenta, estoy desnuda de la cintura para arriba.
—Y yo estoy como piedra y te necesito. Hace una semana que no lo hacemos...
Le hice el amor dos veces a mi pecosa anoche. Me arriesgué más y dormí con ella, ahora estoy de vuelta en mi habitación... ¡qué extraño! La puerta de mi armario está abierta... Escojo la ropa que me pondré para el festival y decido esperar al que el señor Marlowe venga por mí. Tocan a mi puerta mientras a penas comienzo a vestirme.
—Terrence Grandchester, abra la puerta, somos la policía.— ¿La policía? ¿Qué coño querrá la policía conmigo? Decido abrir la puerta, el que no tiene hecha, no levanta sospechas, ¿no?
—Buenos días...—Digo sin entender porque hay al menos seis agentes ante mi puerta.
—Terrence Grandchester, tenemos una orden para revisar su dormitorio.
—¿Qué? ¿Pero por qué?— Me quedo mirando la rector que también está ahí.
—Eliza Leagan fue llevada anoche de emergencia al hospital con una sobredósis. Dijo que tú le vendiste la droga.
—¿Qué? Eso es absurdo. Yo...
—Ajá. ¡Aquí está!— Uno de los agentes sacó de mi armario varias bolsas de lo que supongo que es cocaína y me quedo en shock mirando todo.
—¡Eso no es mío! Alguien tuvo que haberla puesto ahí...— Ya me están esposando, esto tiene que ser una pesadilla.
—Terrence Grandchester, está detenido por posesión y distribución de drogas...
Continuará...
¡Hola! Disculpas nuevamente por la espera, trataré de seguir publicando a menudo.
Bueno, ahora sí que caímos en el abismo. Mucho llanto y dolor se avecina, prepárense.
Gracias por tus comentarios:
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Un beso y hasta pronto
Wendy
