Capítulo 6: El último error.
Dipper sintió el sol en su rostro, un nuevo día había empezado. Pero no era cualquier día, era sábado, el tan esperado sábado. Al principio el joven Pines no recordó qué día era, pero no le tomó mucho, miró a un lado y vio el calendario y vio el día que era. Se levantó a toda velocidad y caminó hasta la pared donde estaba colgado el susodicho calendario. Una siniestra sonrisa se hizo presente en su rostro, por fin había llegado el día.
Miró hacia la atrás, donde su hermana estaba durmiendo,se alegró de que fuera así. Se preparó y salió de su habitación. Bajó las escaleras a toda velocidad, saludó a los miembros de la Cabaña del misterio y salió de esta. Justo cuando estaba a punto de salir de los límites de la Cabaña escuchó una voz desde atrás, se giró lentamente y vio que era su tío Stan, quien le llamaba. Maldijo por lo bajo al darse cuenta. Se resignó y caminó hasta su tío.
Una vez frente a este se dio cuenta de que tenía unos billetes en su mano, se los entregó a Dipper, este no comprendía.
-Necesito que vayas a la ferretería y me compres esto -dijo y le pasó un pedazo de papel en el que venían varios objetos.
-De acuerdo, tío Stan -dijo y se alejó lentamente.
Aquella siniestra sonrisa que desde hacía unos días venía apareciendo en su rostro lo hizo otra vez. Se estaba convirtiendo en algo común en él.
Llegó hasta la ferretería y entró, una mujer de avanzada edad estaba atendiendo. Dipper empezó a decir las cosas que le habían pedido comprar y la mujer se alejó durante unos minutos mientras buscaba cada cosa. Luego de un rato terminó de pedir, pagó y salió del establecimiento, su tío le había dado el dinero justo. Mientras caminaba veía alrededor a los pobladores de Gravity Falls, en ese instante le parecieron las criaturas más insignificantes y patéticas que nunca había visto hasta ahora. Nadie hacía nada, nadie pensaba. Simplemente se dejaban llevar por sus instintos más primitivos y vulgares, ninguno se le había ocurrido hacer alguna conexión entre la muerte de aquel viejo del que ya nadie se acordaba. Eso sólo mostraba lo insignificante que es la vida humana.
Una ira se apoderó de él, sentía ganas de destruir. Lo único que quería era borrar del mapa a aquel maldito pueblo lleno de ignorantes sin cerebro.
Caminó a través del pueblo y sin darse cuenta había llegó a una calle que estaba cerca de la biblioteca. Recordó su tarea principal y se dirigió a aquel lugar. Llegó rápidamente y subió los escalones. Llegó hasta la puerta y vio que aquel letrero ya no estaba, suspiró aliviado y procedió a entrar. Al estar dentro pudo saborear lenta y delicadamente el frescor del aire acondicionado, el calor agobiante de la calle había quedado atrás.
Llegó hasta el mostrador donde había una guapa mujer de unos veinticinco años aproximadamente, quien al percatarse de la presencia de Dipper le preguntó si podía ayudarle en algo. El menor de los gemelos le preguntó por la sección infantil y esta le indicó el pasillo correspondiente. Dipper agradeció la ayuda y se alejó.
Llegó hasta la zona donde el viejo McGucket le había indicado. Miró cada uno de los libros que estaban siendo exhibidos y nada,no había nada. Volvió a revisar y se topó con los mismos resultados.
-"¿Me ha engañado? ¡¿Ese maldito viejo se atrevió a engañarme?!" -pensó Dipper sumamente furioso. Si aquello era cierto Dipper no tenía nada, tendría que empezar de nuevo. Y lo peor era que si hacía esto tendría que buscar una nueva fuente de información ya que la otra no servía ya.
Sin darse cuenta unos empleados de la biblioteca pasaron justo a su lado, uno de ellos empujaba una mesita con ruedas cargada de libros. Ambos iban conversando de cosas triviales y sin importancia.
-Estoy cansado. He estado limpiando las estanterías todo el día.
-La gente puede llegar a ser muy sucia, ¿verdad? -respondió su amigo con una sonrisa. ¡Las estanterías! ¡Claro! ¿Cómo pudo pasarlo por alto? Era tan claro. Miró el letrero que decía "Cuentos infantiles" y fue hasta la estantería que estaba cerca la ventana. Miró hacia arriba. Dejó la bolsa que traía consigo en el suelo y empezó a escalar la estantería. Debía de darse prisa, si alguno de los empleados le pillaba le echaría de la biblioteca seguramente. Llegó lo más alto que podía y estiró su brazo todo lo que pudo. Empezó a palpar alrededor sin resultados, pero cuando se iba a dar por vencido sintió algo. Ese algo era duro, y estaba frío. Lo agarró y lo arrastró hasta él. Dipper lo miró durante unos segundos, ahí estaba, el libro que tanto deseaba. Estaba viejo y gastado, lo abrió en una página aleatoria y vio que estaban amarillas debido a la antigüedad. Miró alrededor para asegurarse de que nadie le estuviera observando y se guardó el libro debajo de su camiseta, agarró de nuevo la bolsa que llevaba. Caminó hacia la salida, donde la guapa recepcionista le despidió con una agradable sonrisa, no se dio cuenta de que Dipper tenía el libro escondido.
Salió a la calle y el calor le dio de lleno y cada célula de su cuerpo fue capaz de sentirlo. Se sacó el libro que llevaba escondido y lo apareció una vez más. Una sonrisa de satisfacción estaba presente en su rostro. Mientras caminaba a través de las calles vio un tablón de anuncios y vio un póster que anunciaba que aquella misma noche se llevaría a cabo el Summerween anual.
-Summerween, ¿eh...? -murmuró para sí mismo.
Antes de llegar a la cabaña el joven Pines escondió el libro detrás de un árbol que estaba cerca, quería evitar las preguntas innecesarias. Entró por la puerta y le entregó las cosas a su tío Stan. Vio alrededor y se percató de que su hermana había despertado y estaba desayunando. Decidió acercarse a ella y le dio los buenos días. Esta le devolvió el gesto.
-Dipper-dijo Stan-. ¿No quieres algo para desayunar? Después de todo aún no has comido nada.
-Tranquilo-respondió el menor de los Pines-. No tengo hambre aún -dijo y empezó a alejarse de ellos.
-¿Adónde vas? -le preguntó si tío.
-Voy al bosque a explorar un rato. Nos vemos después.
Salió de la cocina y vio que Wendy y Soos estaban dentro. Les dio a ambos los buenos días con su típica sonrisa y salió de la cabaña. Caminó hasta el bosque dejando atrás a los demás. Llegó hasta el árbol donde había escondido el libro y lo volvió a coger. Reanudó su recorrido.
Pasados unos minutos se dio cuenta de que estaba lo suficientemente alejado de la Cabaña. Buscó un buen sitio para sentarse y empezar a leer. Encontró uno debajo de un viejo árbol. Se sentó a la sombra de este y abrió el viejo libro.
En él venía un montón de información acerca de múltiples hechizos y conjuros. Más de los que él se imaginó. Llegó hasta lo que a él le interesaba. Empezó a leer detenidamente. Después de unos minutos de lectura cerró el libro suavemente y soltó un ligero suspiro. Miró hacia el inmenso bosque que ante él se abría paso.
-¿Dónde se supone que voy a encontrar algo como eso...? -murmuró para sí mismo.
"Yo tengo una idea de donde podemos encontrar eso"
-Creo que tenemos la misma idea -murmuró Dipper con una ligera sonrisa.
"¿Puedo hacerme cargo yo esta vez?"
-Está bien, está bien. Sólo procura que no te descubran, ¿de acuerdo? -escuchó una risa infantil. Soltó un suspiro de molestia al escuchar la respuesta.
"¿Cómo nos meteremos? Recuerda que la vigilancia de esa casa raya lo absurdo".
-De eso no te preocupes. Ya tengo un plan. Usaremos el Summerween a nuestro favor.
"Oh Dipper, pequeño Diablillo " -dijo y empezó a reír.
Se levantó de donde estaba sentado y se dirigió a la cabaña. Antes de llegar procedió a esconder el libro una vez más. Una vez hecho esto caminó hasta su hogar y actuó como si nada hubiera pasado.
La noche llegó y la hora de salir a pedir dulces también. Mabel, como todos los años, había preparado aquellos ridículos disfraces que obligaba a su hermano vestir cada año. Antes de salir y empezar a recorrer todo el pueblo el viejo Stan decidió tomarles una foto. Tomó su vieja cámara y apuntó a ambos gemelos. Mabel salió con su más radiante sonrisa pero el menor de los gemelos salió con una expresión seria. Alguien llamó a la puerta y Stan fue hasta esta y la abrió, eran las dos viejas amigas de Mabel, quienes también iban disfrazadas. Mabel las recibió con su estado de ánimo al máximo.
-¡En marcha! -exclamó sumamente alegre.
Estuvieron pidiendo dulces durante la mayor parte de la noche. A pesar de tener ya catorce años la gente seguía pensando que eran unos niños. Después de haber pedido en la última casa se reunieron debajo de un viejo árbol y empezaron a comparar el botín. Mabel era la que más dulces tenía, obviamente. Dipper por su parte era el que menos tenía, al parecer a la gente no le agradaba la expresión de hastío que este tenía. Las otras chicas pensaron que el menor de los gemelos había tenido mala suerte así que intentaron animarle. Este fingió estar deprimido.
Después de aquello empezaron a vagar a través de las calles. Y sin darse cuenta se toparon con Wendy, quien vestía un provocador disfraz de gatita de color negro. Cuanto se topó con ambos gemelos les invitó a una fiesta que uno de sus amigos estaba dando. Dipper dudó al principio, ya que recordó lo que había pasado la última vez que Wendy los había invitado a una de sus aventuras pero terminó cediendo ya que su hermana accedió encantada ante tal invitación. Mientras se dirigían a la fiesta Mabel hablaba animadamente con sus dos amigas acerca de las cosas que se encontrarían en la fiesta. Mientras que Dipper y Wendy iban caminando en completo silencio. Para tratar de romper el hielo el menor de los hermanos trató de hacerle un cumplido al disfraz de la pelirroja.
-G-Gracias, a mi también me gusta tu disfraz -dijo con un ligero rubor en sus mejillas. Dipper le dedicó una sonrisa.
Llegaron hasta la fiesta, la música estaba al máximo y la gente descontrolada. El joven Pines miró todo aquello con molestias. Ese no era sitio para él. Se giró y vio que su hermana estaba hablando con Pacifica Northwest. Esta se percató de la mirada de Dipper y le dedicó un saludo, la rubia multimillonaria iba disfrazada de princesa, algo que le quedaba a la perfección.
Wendy decidió llevar a Dipper con ella y lo condujo hasta donde estaban sus amigos. Una vez allí Robbie, quien al parecer iba de vampiro o algo así se burló del disfraz del menor de los gemelos. Pero para sorpresa de todos la pelirroja salió en ayuda de él, alegando que no quería que la noche se echara a perder. Ella ya sabía de la rivalidad entre ambos.
Después de un par de horas Mabel y Pacifica se acercaron a Wendy, y le preguntaron por Dipper. Ella respondió que desde hacía un rato que no le veía y que no sabía su paradero.
-¿Dónde estará...? -murmuró Mabel para sí misma.
...
Dipper corría a toda velocidad a través del oscuro bosque. Se había quitado aquel ridículo disfraz y ahora vestía una túnica negra que había encontrado en el desván de la Cabaña del misterio. Antes de salir a pedir dulces con su hermana se había guardado la túnica dentro del disfraz, suerte para él que era espacioso.
Después de minutos corriendo sin parar llegó hasta un enorme muro de piedra, pudo ver de fondo su objetivo: la mansión Northwest.
-Hemos llegado -dijo Dipper mientras recuperaba el aliento.
"De aquí en adelante me encargo yo" -dijo con una risita.
-¿Te acuerdas de lo que vinimos a buscar? -preguntó con tono molesto.
"¡Por supuesto que me acuerdo! ¿Por quién me tomas?"
-No me hagas hablar...-dijo y soltó un suspiro-. De acuerdo, vamos a ello.
Dipper inclinó su Cabezo y cerró sus ojos. Empezó a respirar lentamente. Agarró todo el aire que pudo y luego procedió a dejarlo salir. Abrió los ojos y con una sonrisa burlona dijo:
-Vamos a ello.
...
Pacifica regresaba de aquella "fiesta de plebeyos" como ella le decía. Un ligero mareo le impedía caminar con normalidad. Había bebido más de la cuenta, algo que no era normal en ella ya que la rubia en rara ocasión probaba el alcohol. Había decidido caminar hasta su casa, ya que así pensaba que podría calmarse y hacer que los efectos del alcohol pasaran. Se percató de que varias luces en su casa estaban encendidas. Apretó el paso para llegar más rápido.
Justo cuando estaba al frente del enorme portón que protegía la mansión de su familia una misteriosa figura cuya cara estaba cubierta por una capucha. Fue durante sólo un segundo pero gracias a una ligera brisa la capucha de aquel ser se echó hacia atrás dejando paso a un rostro que la rubia no se esperaba ni en un millón de años: aquel misterioso encapuchado era Dipper, quien estaba sonriendo a la vez que escapaba de allí. El joven Pines no se dio cuenta de que Pacifica le había visto y una vez fuera de los límites de la mansión siguió con su huida.
La rubia seguía sin dar crédito a sus ojos. ¿Había sido realmente Dipper el que había huido de su casa? Decidió no desperdiciar más tiempo y entró a su casa. Una vez dentro Pacifica se dio cuenta de que su casa estaba hecha un desastre: la gente iba de aquí para allá, incluso sus padres, quienes iban dando órdenes a sus criados. La rubia se acercó a su madre y le preguntó lo que estaba pasando allí.
-¡Nos han robado, Pacifica!¡Nos han robado! -exclamó y se alejó de allí corriendo.
Pacifica subió las escaleras y cuando giró su cabeza pudo apreciar que en el enorme retrato familiar que su familia exhibía había sido profanado. En él había una enorme palabra que cruzaba el cuadro por completo con tinta roja.
-"Eterno" -leyó en voz baja la rubia sin comprender a qué se debía aquello.
...
Dipper se encontraba en las cercanías de la Cabaña del misterio. Estaba escondiendo los objetos que había robado de la mansión. Había sido una buena broma el pintar de aquella forma el retrato de la familia.
-¿Hiciste lo que te pedí antes de irnos Tyrone?-preguntó Dipper mientras se dirigía a la cabaña. Escuchó una risita-. Perfecto -dijo mientras entraba a escondidas en la cabaña.
La mañana había llegado y una chica de cabello rubio se dirigía rumbo a la Cabaña del misterio. Llegó hasta la puerta y la tocó varias veces. Después de unos segundos Stan abrió la puerta.
-Lamento venir sin avisar-decía Pacifica un tanto nerviosa-. Pero, ¿Puedo hablar con Mabel? Por favor.
Stan la miró durante unos segundos sin saber muy bien qué hacer. Soltó un suspiro y dijo:
-Está bien. Espera un momento mientras la llamo.
Después de unos segundos que a Pacifica le parecieron horas Mabel apareció en la puerta con su típica sonrisa. Antes de que pudiera decir algo la rubia la tomó de su mano y la arrastró unos metros más allá, para poder hablar en privado.
-Escúchame bien porque no tengo mucho tiempo, ¿de acuerdo? -Mabel no entendía qué estaba sucediendo.
Dipper observaba con una sonrisa siniestra en su rostro a través de la ventana que daba al exterior de la cabaña. Observaba a su hermana y a Pacifica hablar.
-Está bien-dijo Dipper-. Es hora -dijo y procedió a salir de la Cabaña del misterio sin ser notado. -¿Me has entendido Mabel? -dijo Pacifica con evidente nerviosismo.
-Creo que no... -respondió esta.
-Da igual. Debo irme. Recuerda lo que te he dicho-dijo y le dio un tierno abrazo a Mabel-. Cuídate, ¿vale? Nos vemos -dijo y se retiró dejando a Mabel aún más confundida.
Pacifica se retiró y fue hasta donde sus padres la estaban esperando con el coche encendido. La noche anterior habían decidido irse de manera indefinida de Gravity Falls. La rubia había ido a decirle un par de cosas a su amiga antes de marcharse. Se subió al coche, donde estaban su padre y madre esperándola. Una vez dentro su padre le dio la señal al conductor para irse. Pacifica vio alejarse aquel pueblo lentamente, no es que su vida allí haya sido perfecta , pero desde que conoció a aquellos dos gemelos su vida había mejorado considerablemente.
La rubia miraba a través de la ventana y justo cuando iban a través del bosque vio que Dipper, apoyado en un viejo árbol, observaba cómo se dejaban el pueblo. Él estaba a un lado de la carretera y una sonrisa burlona era presente en su rostro. Pacifica se dio cuenta de que el menor de los Pines decía algo, agudizó sus ojos para tratar de leer sus labios.
-¿"Buenas... Noches..."? -logró descifrar. De repente una voz de alarma la sacó de sus pensamientos. Era el conductor.
-¡No funcionan los frenos! -dijo mientras pisaba frenéticamente el pedal en vano.
Pacifica abrió sus ojos todo lo que pudo. Sintió que sus padres se aferraban a ella. Miró a ambos y pudo notar que estaban llorando.
El coche avanzó a toda velocidad a través de la carretera y al llegar a una curva siguió derecho saliéndose del camino y cayendo al vacío describiendo una curva perfecta. El coche se estrelló de lleno en el suelo desatando una enorme explosión.
Dipper observaba complacido aquel macabro espectáculo al borde de la carretera. Justo antes de partir hacia la cabaña dijo:
-Bueno trabajo Tyrone. Mejor de lo que esperaba -dijo y empezó a caminar lentamente con una sonrisa en su rostro.
ETERNO
