Zafiros y esmeraldas

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 29 De la gloria al infierno


—¿Qué? ¡Ésto tiene que ser una broma! Yo no...

—Tiene derecho a guardar silencio. Todo lo que haga o diga podría ser usado en su contra...

Me están llevando esposado y custodiado por los pasillos de la escuela. Todos me están mirando con la boca abierta. Todos gritan, hablan a la vez, exclaman su asombro mientras yo aún creo que estoy soñando. Una voz me demostró que no es un sueño.

—¡Terry! ¿Qué pasa?— ¡Candy! Mi princesa hermosa me ve esposado, grita mi nombre con horror y desconcierto. Me olvidé de ser un hombre y volví a ser un niño dejando escapar dos gruesas lágrimas al ver su cara llena de horror y dolor.

—¿Por qué se lo llevan? ¡Suéltenlo!— Gritó desesperada y se me acercó, uno de los oficiales la apartó de forma brusca. De no ser porque estoy esposado, le habría partido la cara por tocarla.

—¡Candy! Es mentira, te lo juro. ¡No hice nada!— Grité mientras cada vez estaba más lejos de ella.

—Pero qué diab... ¡Terry!— Escucho gritar a Karen cuando ya estoy en la puerta, en la puerta del infierno que me espera.

—¡Terry Grandchester! ¿Es cierto que estaba vendiendo drogas en el colegio?

—Dicen que por su culpa la heredera de los hoteles Leagan se debate entre la vida y la muerte, ¿qué tiene que decir al respecto?

No puedo creerlo. ¡La prensa! Una bola de demonios hambrientos que se quieren comer mi carne. Yo no hablé. Yo hace rato que dejé de ser yo. No porque tenga miedo, soy inocente. Pero la humillación, la desolación en el rostro de Candy... eso es algo con lo que no puedo vivir, contra lo que no puedo pelear.

—Señor Grandchester. Usted se proclama inocente, si así es, entonces hable conmigo. Dígame quién le dio toda esa droga, ¿para quién trabaja?

—¡Ya le dije que esa droga no es mía! Alguien me tendió una trampa.— Nunca me sentí tan asfixiado en mi vida como me siento en esta pequeña caja de fósforos que es el cuarto de interrogación. Me duelen las manos por las esposas, la morbosidad con que fueron apretadas como si yo fuera el criminal más temido. Y entonces me interroga un agente de la DEA. Un afroaméricano más alto que yo con ojos amarillentos y cierto aire diabólico.

—Todos dicen lo mismo. Siempre "alguien" misteriosamente le pone la droga.

—¡Es la verdad! Yo soy millonario. ¿Para qué querría yo vender drogas?

—Tal vez una revelación del niño rico contra su papi. ¿Ve a ésta joven?— Me señala una fotografía.— Es Eliza Leagan. Luchando por su vida.

—¡Suficiente! Terrence, no contestes nada más. Mi hijo no contestará más preguntas.— Llega mi padre y al agente de la DEA no le quedó más que rendirse y se retiró. La mirada de mi padre es enigmática. Me está estudiando minuiciosamente antes de pronunciar cualquier palabra.

—Mírame a los ojos, Terrence. Dime por favor... que fue una trampa. ¡Dímelo!— Me exige mi padre y veo sus ojos aguados, hasta un atisbo de amor vi en ellos, no la decepción con la que antes me miraba.

—Mírame tú a los ojos y dime si crees que soy culpable.— Al mirarnos fijamente, nuestros ojos se inundaron de lágrimas, nuestros ojos tan iguales, él y yo somos tan iguales, físicamente.

—¡Voy a sacarte de aquí!— Me dice con esa convicción tan firme de los Grandchester, mientras que yo siento que tengo un pie en el infierno, soy incapaz de guardar alguna esperanza. En éste país, una condena ligada al narcotráfico es peor que asesinar y eso es lo que han hecho conmigo. Asesinarme junto a todos mis sueños y mi futuro. Aún si saliera de ésta... ¿cómo haré para olvidar esta experiencia jamás?

...

—Candy... cálmate, por favor. Terry saldrá de eso. Él es inocente.

—¡No puedo! No me puedo calmar, Karen. ¿Viste cómo se lo llevaron?— Me siento desesperada. Me siento morir. Mi amor fue esposado y custodiado como un animal, como un ser sin escrúpulos.

—¡Claro que lo ví! Y sé que todo fue un plan malvado de esa maldita. ¡Ojalá se muera! Que se muera por la misma porquería con que incriminó a mi primo.— Me quedé en silencio cuando Karen dijo eso. Me siento rara conmigo misma porque... estoy de acuerdo con ella y por primera vez... le he deseado la muerte a un ser humano, aunque no lo expresé en alta voz.

—No puedo quedarme aquí con los brazos cruzados. Hay que hacer algo.

—Mi tío es el mejor abogado de Nueva York. No te sorprendas si ves a Terry entrando por esa puerta ahora mismo.— Y como por arte de magia, la puerta de la mansión Grandchester se abrió.

—¡Terry! ¡Terry!— Corro abrazarlo, pero todos me miran en shock y no comprendo.

—Candy, soy yo, Terrence. Tu suegro.— Mi desesperación distorcionó mis reflejos. No recuerdo nada más, todo se hizo negro.

—¡Candy! ¡Candy! No reacciona. ¡Llevémosla al hospital!

—¿Dónde está mi hija?— Albert Andrew llegó al hospital como un desesperado. Ni siquiera me saludó. Miró a Terrence con desprecio y presiento, como madre... que el señor Andrew no cree en la inocencia de Terry como su padre y yo. Quise hablar, pero toda palabra se entorpeció en mi boca. El llanto no me deja articular. Tengo a mi hijo amado en la cárcel y a su novia en el hospital, siento que me voy a derrumbar. Mi niño ha sufrido tanto, no necesita más.

—Buenas tardes. Disculpen su brusquedad. Albert no razona cuando se trata de Candy.— La madre de Candy se disculpó por él, parecía tener más aplomo, pero sus ojos reflejaban la misma angustia.

—No te preocupes, Lena. Entiendo...

—Albert... Candy está en observación. Habitación dos quince. Se desmayó. No sé si ya te has enterado, Terry...

—¡Claro que estoy enterado! Su hijo es un delincuente y arrastró a mi hija junto con él. Si algo le pasa... si algo llega a pasarle a mi hija por culpa de...— Albert se acerca a Terrence con gesto amenazador, con los ojos enrojecidos, cargados de rabia y dolor. Pero Terrence no tiene miedo. Tiene decepción. Decepción al ver la opinión que tienen ahora de nuestro hijo.

—¡Albert! Discúlpenlo, por favor...— La pobre madre de Candy se encuentra entre la espada y la pared. Cuando los Andrew desaparecen, Terrence se recuesta en mi hombro, sentados en la sala de espera... veo a mi hombre llorar como un niño y las pocas defensas que me quedaban se fueron al traste.

—Mi hijo no es un criminal, Leia. Yo no crié un delincuente.

—Terry saldrá de ésta, mi amor. Yo sé que es inocente.— Lo arrullo en mis brazos y quisiera poder arrancarle todo ese dolor. Me pregunto qué le diré a mis niñas. Cómo les explicaré que su hermano está preso. La desgracia se está apoderando de los Grandchester, la desgracia y la tragedia.

...

—¡Candy! Mi niña...— Mi padre se acerca mi camilla y mi madre me sonríe, pero la sonrisa no le llega a los ojos.

—Papá... Terry, papá... se lo llevaron.— Digo mientras me rompo en un llanto histérico y mi palma comienza arder tan fuerte, la "J" resplandece muy fuerte por momentos y en otros su fulgor es débil.

—Candy, cálmate. No pienses más en ese bueno para nada que no vale la pena.

—¡Albert!— Lo regaña mi madre, sin embargo... yo estoy sorprendia. ¿Qué le pasa a mi padre?

—Papá, Terry es inocente. Él jamás...

—Tu amor te está cegando, Candy. Tu amor por él incluso nos cegó a todos. Debí ver las señales. ¡Por Dios! ¿Qué se podía esperar de un chico que ni siquiera se ha graduado de High School?

—¡Tú no sabes nada! ¡No lo conoces!

—Albert, por el amor de Dios. ¿Qué demonios te pasa? ¿No ves que Candy nos necesita? Está en el hospital... ¿no crees que sea por algo?

—Sí. Por culpa del criminal ese. Pero no lo volverás a ver, Candice. No permitiré que te arruine la vida.

—Buenas tardes...— Entra por fin la doctora y toda discusión se paraliza por un instante.

—Buenas...— Dice mi madre con un hilo de voz. Mi palma arde intensamente al verla llegar, la "J" comienza a resplandecer con orgullo.

—¿Ustedes son los padres de la paciente?

—Sí.— La afirmación de mi padre fue enérgica.

—Yo soy la doctora Mary Jane Morgan.— Sonríe y le estrecha la mano a ambos.

—¿Qué tiene mi hija, doctora?— Veo a la mujer respirar profundo y me angustio, me contagio de la misma angustia que arropa a mis padres. Mi mano duele tanto...

—El desmayo que sufrió fue a causa de una fuerte impresión y el estrés. También tiene la hemoglobina un poco baja... digamos que tiene una leve anemia... lo cual es muy peligroso en éstos momentos...

—Bueno, pero si es una leve anemia, supongo que con vitaminas y una dieta apropiada...

—Sí, pero eso no es todo.

—¡Díganos qué pasa!— La doctora vuelve a respirar profundo.

—Señores, les pido, por el bien de mi paciente y por su salud que... tomen esta noticia con el mejor aplomo...

—¡Hable ya!

—¡Albert!

—Su hija está embarazada. Seis semanas aproximadamente.— Vi cuatro pares de ojos abrirse de tal manera que pensé que se saldrían de sus cuencas. Yo no soy capaz de hablar. Mi angustia se ha multiplicado. No me angustia mi hijo, hijo de Terry y mío, siento que ya lo amo, pero algo me dice que debo protegerlo. Lás lágrimas bañan mi rostro mientras me apuñala el silencio de mis padres. No esperaba al bebé. Me cuidé muy bien y nunca fallé con mis píldoras, no quise fallarle a Terry y ahora... ahora me invade un profundo temor. Terry no quiere bebés. Terry pensará que lo hice a propósito... la reacción que pueda tener me aterra. La doctora abandona mi cuarto y mi terror aumentó.

—Embarazada... ¡Embarazada!— Se acerca mi padre con los ojos aguados y había tanta rabia en su voz. Tanta desilusión que me hizo llorar amargamente.

—Albert... no le grites. Entiende por favor que...

—¿Que entienda qué? Se enamoró de un vago sinvergüenza y encima... encima se dejó embarazar.

—¡Ya basta! Salgan de mi cuarto. ¡Váyanse!— Les grité en medio de mi llanto y presioné el botón para comunicarme con alguna enfermera. Mi mamá trató de acercarse, la rechacé injustamente. A mi padre... a él lo desconozco.

...

—¿Les dijeron algo? ¿Cómo está Candy?— Pregunto preocupado, más el padre de mi nuera me mira con un odio visceral que no logro entender. Su esposa llora angustiada y a la vez llena de vergüenza por su marido.

—Sí. El sinvergüenza de su hijo la embarazó. ¡Felicidades!— Me escupió con ironía y desprecio mientras yo trato de asimilar la noticia de que seré abuelo.

—¿Embarazada? ¡Dios mío!— Leia mostró su preocupación y angustia.

—Entiendo cómo debe sentirse, señor Andrew. Su hija tendrá todo nuestro apoyo, no importa lo que pase con Terry...

—No queremos nada de ustedes. No quiero que usted, ni su hijo vuelvan acercarse a mi hija jamás.— El señor me sujetó por las solapas de mi camisa, estuve a punto de estrellarle un puñetazo para que dejara su actitud tan desesperante. Pero sé que sería contraprudecente. Me pongo en su lugar como padre, yo también tengo hijas y no sé... no sé cuál sería mi reacción si el asunto se planteara al revés.

—No pueden hacer eso. Tenemos tantos derechos a ese niño como ustedes. Mi hijo ama a Candy y también sé que amará al niño...

—Leia...

—Pero no ves que pretenden alejar a Candy de nosotros. Alejarnos de nuestro nieto... ¡No lo permitiremos!

—¡Leia!— Le alzo la voz para que deje la histeria. Por supuesto que no permitiré que eso suceda, pero retar a los Andrew en un momento como éste no traería nada bueno. Sé que están hablando por un momento de coraje. Además, por mi hijo, si tuviera que mover y remover todas las leyes habidas y por haber para impedir que nos arrebaten a ese niño, lo haré. Por mi hijo.

...

—Candy... ¿cómo te sientes?

—Bien. Estoy muy bien, Leia.— Le sonrío a pesar de mi dolor. No quiero que nada le haga daño a mi bebé y aunque me está matando la angustia por Terry... estoy feliz por mi hijo, aunque haya llegado en las peores circunstancias me da algo de esperanzas.

—Candy... sé que nada de ésto debe ser fácil para ti, pero quiero que sepas que no te dejaremos sola, aún si tuviéramos que pasar por encima de tu padre...

—¿Ya se enteraron del bebé?

—Sí. Te apoyaremos en todo. Ese bebé será más que bienvenido.— Me dice sonriendo y llorando a la vez. Lloro con ella, lloro de angustia y alegría a la vez.

—Necesito un favor, Leia...

—¿Se puede?— El señor Grandchester me interrumpe por un momento al entrar a mi habitación.

—Pase, Terrence. Es mejor que estén los dos para lo que les quiero pedir.

—Lo que quieras, Candy.

—Bien. Quiero que por favor, se los suplico, no le digan nada a Terry del bebé por ahora. Por favor...

—Pero... ¿por qué?— Pregunta mi suegro sorprendido, mientras que Leia parece comprenderme un poco mejor.

—No es el mejor momento. Terry... se angustiará más y además... él no quiere hijos, señor Grandchester, por favor, no le diga...— Suplico llorando y el rostro de mi suegro se desencaja, trata de hablar, pero las palabras por largos segundos no le salen.

—Eso es absurdo. Terry se hará tan responsable de ese niño como todos nosotros. ¿De dónde sacas eso, muchacha?

—Él me lo dijo. Él piensa que... que los bebés matan a las mujeres y no quiere que me muera como le pasó a su madre...— Vi a mi suegro parpadear varias veces. También lo vi de pronto llorar.

—Terrence...— Le susurra Leia.

—¡Todo es mi culpa!

—¡No digas eso!

—¡Es la verdad! Yo sembré esos miedos en él. Yo lo hice sentir culpable de su nacimiento muchas veces... No fui un buen padre para él.

...

—¡Ehhhhhh! ¡Woooooo! ¡Fui fuiooooo! ¡Muñeco!— Me parece vivir una película de horror mientras me conducen a la que sería mi celda por el momento. Escucho los gritos de los demás confinados y sus comentarios obscenos mientras que el guardia trata en vano de callarlos.

—Bienvenido a tu camerino, estrellita.— Me dice el guardia con burla. Me siento estúpido y derrotado. Quisiera quitarle el arma y dispararme. Jamás pensé estar vestido de naranja o portar éstos ridículos zapatos de tela.

Me pregunto cómo estará Candy. No he tenido el valor para llamarla. ¿Con qué cara lo hago? Ella es tan dulce, tan tierna y a pesar de que la he explorado tantas veces en mi cama y tantas veces que la he hecho mujer, ella aún sigue siendo inocente, una inocencia tan divina y pura y yo... yo llegué a su vida para arruinarla como hice con mi madre... al menos ella sigue viva... puede seguir su camino sin mí... ¿sin mí? Me pregunto si yo sería capaz de dejarla ir alguna vez. ¿Ser feliz sin mí? Unos celos feroces y absurdos me consumen.

—Estrellita, tienes visita.— El guardia me avisa y me saca de mis pensamientos. Si llego a salir de aquí algún día, por favor, recuérdenme matar a éste infeliz.

—¿Qué averiguaste, papá? ¿Cuándo me podré largar de aquí?— Mi papá traga grueso. Presiento que no serán buenas noticias.

—Terry... Eliza está muy mal. Tuvo un paro cardiaco y los médicos afirman que es un milagro que siga viva.

—¿Y yo qué tengo que ver con eso?

—Por eso... te negaron salir libre bajo fianza durante el proceso de juicio...

Continuará...


¡Hola!

Estoy de vuelta y con más brío. Bueno chicas, ésta es la etapa más dura y oscura de éste fic, yo misma lloré al escribirlo.


LizCarter: El capítulo anterior quedó justo como yo quería que quedara, fue exactamente lo que yo quise transmitir, ese fue el capítulo que le dio la transcisión al drama que venía a continuación. Ésta estapa de esta historia fue advertida con anticipación. De hecho, sí tengo problemas personales, como todo el mundo, pero, nunca los reflejo en mis historias y tampoco interfieren con el curso que mis historias tomen. Yo me siento a escribir cuando tengo inspiración, si no la tengo, no escribo. Cuando escribí el capítulo anterior estaba inspirada. Recuerda, que esta historia ya estaba totalmente planificada antes de que yo la escribiera, nada de lo que ha sucedido se me ha ocurrido de pronto, todo está calculado. Nos vemos pronto, amiga.


Merla: Querida amiga, esta historia está clasificada como Romance/Drama. Desde un principio advertí que habría drama. El Summary dice que la historia se repetiría, es una reencarnación, igual habrá intrigas, dramas, trampas, porque son los mismos personajes reencarnados, habrá sufrimiento, la diferencia... como dice el summary, que ésta generación luchará por su amor y habrá final feliz, pero el drama a penas comienza, prepárate porque vendrán emociones aún más intensas. Gracias por leer.


Gracias por sus comentarios:

, Merla, Ingrid quintulen, CandiceW. AndryG, vero, mayuel, Laura Grandchester, Alizzzz G, Zafiro Azul Cielo 1313, LUISA, norma Rodriguez, Rose Grandchester, dulce lu, LizCarter, Montse Andrey Grandchester, LizCarter


Chicas:

El saludo en el capi anterior fue un poco breve porque estaba contra el reloj para buscar a mi hija en la escuela, no por nada personal, yo también las extrañé mucho, pero me gusta escribir cuando tengo el deseo y la inspiración, por eso me he tardado un poco, yo soy muy perfeccionista y cuando mis problemas personales me apagan el deseo y la inspiración, no escribo para que no se afecte la historia.

Bueno, es cierto que viene drama y lágrimas, pero también recuerden que después de la tormenta el sol vuelve a salir y así como habrá sufrimiento en unos cuantos capítulos, también habrán otros momentos preciosos y emocionantes, ésta historia todavía no huele a final, como ya les dije anteriormente, disfruten cada etapa de este fic, los momentos buenos, los trágicos y todo lo que esta historia les pueda ofrecer y disfruten junto a mí la maravilla de escribir, de leer y vivir cada emoción, de reir y llorar, de todas las emociones que la lectura nos proporciona, tenemos que demostrarle al mundo que aunque cada vez seámos menos, aún habemos personas que nos apasiona la lectura y la escritura.

Un beso,

Wendy