Capítulo 7: Descubre la limitación.

-Oye... Gideon... No te duermas que aún no hemos terminado -decía mientras le daba ligeras bofetadas en la mejilla.

-¿Hmm...? -murmuró este en respuesta.

-Menos mal que has despertado-dijo y empezó a ojear el libro otra vez-. ¿Por dónde nos habíamos quedado...?

Gideon miró directamente a la persona responsable de tenerle allí. Sentía un fuerte dolor de cabeza, sin mencionar que todo su cuerpo se sentía de la misma manera. Desvió la mirada al cielo durante unos segundos preguntándose cómo había acabado allí. Miró de nuevo a Dipper, quien estaba leyendo algún libro extraño. Soltó un suspiro, por alguna razón sabía que no iba a salir de esta.

...

Gideon acababa otra de sus múltiples actuaciones. Todo había salido como era de esperar. Después de haber salido de la cárcel se había mantenido fuera de escena durante un tiempo, pero después de varios servicios prestados a la comunidad logró de alguna forma ir reincorporándose lentamente al mundo del espectáculo. La gente de Gravity Falls olvidaban rápidamente, cosa que él agradecía internamente.

Después de haber terminado la actuación procedió a dirigirse a su camerino personal. Una vez dentro de éste miró un calendario donde venían escritas todas las futuras actuaciones. Tenía otra dentro de dos días. Se sentó en el sillón especial que tenía para relajarse después de los actos. Miró hacia su mesa y vio que habían unas flores con una nota y una botella de agua. Tomó primero la botella y procedió a beber su contenido. Mientras bebía observaba las flores, eran de diversos tipos, después centró su atención en la nota. Una vez terminada el agua, agarró la nota que venía junto a las flores y empezó a leerla en voz alta.

-"Esto es por tu magnífico show. Atentamente: Dipper Pines..."-murmuró incrédulo. Sus ojos se abrieron todo lo posible.

-¿Te han gustado las flores? -preguntó una voz. Gideon se giró a toda velocidad en dirección de la voz, sólo para encontrarse a un sonriente Dipper en el umbral de la puerta.

Gideon retrocedió un par de pasos con evidente nerviosismo. Hacía mucho tiempo que no veía a uno de aquellos dos gemelos.

-¿Q-Qué haces aquí...? -preguntó desconfiado.

Dipper ignoró su pregunta y empezó a caminar lentamente hacia Gideon, quien sentía el miedo crecer dentro de él.

-¡Atrás! O llamaré a... -No pudo acabar la frase ya que un fuerte mareo se hizo presente en su cabeza. Miró la expresión del menor de los Pines, quien evidentemente estaba disfrutando la situación.

Gideon cayó de rodillas en el suelo. Antes de caer inconsciente vio que Dipper agarraba la botella que momentos antes él había bebido y la guardó en una mochila que traía consigo.

Después de eso sólo hubo oscuridad.

...

Y allí estaba, atado por las manos a dos árboles que se encontraban a izquierda y derecha. Miró hacia el suelo y vio que un dibujo sumamente extraño estaba debajo de él. Habían varias velas alrededor suyo que iluminaban su entorno. Se dio cuenta de que su chaqueta no estaba, y que sus mangas habían sido recogidas dejando a sus antebrazos al aire libre. Su nerviosismo creció rápidamente al ver lo que probablemente iba a pasar: sería parte de un ritual.

-¿Qué demonios hago aquí...? -preguntó con un hilo de voz.

-Me vas a ayudar con un pequeño experimento, sólo eso -respondió Dipper mientras cerraba el libro y lo ponía aparte. Gideon pudo observar que junto al libro había un tanque de color rojo.

-¿Un experimento? ¿Qué tipo de experimento?

-Uno muy especial, ya lo verás-dijo y sacó una pequeña navaja plateada de su bolsillo-. Esto puede que te duela un poco, así que aguanta -dijo y empezó a cortar los antebrazos de Gideon.

Este por su parte empezó a gritar descontroladamente a la vez que el joven Pines cortaba. Podía sentir cómo cada milímetro de carne era cortada con aquella navaja. Vio cómo su sangre empezaba a brotar de sus extremidades.

-¡¿Pero qué demonios me estás haciendo?! -exclamó en medio de un profundo dolor.

-Te estoy marcando. Así que haz silencio por un momento, ¿quieres?-respondió-. Un triángulo para canalizar el ente y un espiral para guiarlo... -murmuró para sí mismo.

-¿Un triángulo? ¿Un espiral? ¿Qué rayos dices? -dijo casi gritando. Dipper soltó un largo suspiro.

-Tengo una pregunta para ti Gideon. ¿Has oído hablar acerca del Anticristo?

-¿El anticristo...? -repitió este sin entender.

-Así es. El anticristo. Aparece en el libro del Apocalipsis.

-Sigo sin entender...

-Lo suponía. Tú al igual que este pueblo no ven lo que está más allá de sus propias narices. Verás... Según los antiguos textos el anticristo es el hijo de Satanás. Quién traerá la destrucción y desesperación a este mundo...

-Y tú quieres invocarlo, ¿no? -dijo mientras respiraba pesadamente.

-¿Invocarlo?-dijo y empezó a reír fuertemente-. No, no, no. Estás equivocado-dijo y agarró sus dos mejillas y acercó su rostro al de su rehén-. Yo no voy a invocarlo. Yo me convertiré en él-Gideon respondió con un "¿Qué...?" Con evidente confusión-. Como has oído. Pero yo iré un paso más allá. Lo tendré todo: poder infinito, sabiduría total y lo mejor de todo, inmoralidad -dijo y volvió a reír.

-Estás loco... -respondió Gideon con evidente miedo.

Casi inmediatamente después de haber dicho esto la expresión de Dipper cambió abruptamente, ahora ya no reía, ni siquiera sonreía. Ahora su rostro había adoptado una expresión seria, de enfado incluso.

-Eres aburrido... -murmuró y a continuación insertó lentamente la navaja plateada en el pecho de Gideon. Éste observó con terror lo que el menor de los Pines había hecho.

De repente el respirar se volvía cada vez más difícil. Un hilo de sangre empezó a emanar de su boca.

Dipper se alejó unos pasos y después extendió su mano hacia Gideon. Y a continuación murmuró unas palabras que el pobre mago no pudo escuchar. Súbitamente el dolor había cesado al igual que la sangre. Miró a su pecho y vio que la herida se había cerrado. Desvió su mirada hacia el menor de los gemelos con terroristas en su estado más puro.

-Tu expresión me recuerda a la vez que maté a McGucket -dijo Dipper mientras se acercaba.

-¿Tú qué...? -dijo incrédulo.

-Ah, que no lo sabías. ¿De verdad creíste eso del paro cardíaco?-dijo y empezó a reír otra vez-. De verdad que la gente de este pueblo son unos imbéciles. Así es Gideon. Yo maté a McGucket, y también a la familia Northwest .

-Imposible...

-No fue tan difícil. Lo bueno de los ricos es que se creen invencibles, lo cual no es cierto, ¿verdad? -dijo con tono burlón.

-¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate! -exclamó desesperado.

-Pero eso ahora da igual. Vamos a lo que vinimos -respondió y agarró de nuevo el libro.

A continuación Dipper empezó a recitar, o más bien murmurar. Gideon pudo observar que el misterioso dibujo que tenía debajo había empezado a brillar. Un fuerte viento se hizo presente y la llama de las velas creció considerablemente. Sin previo aviso un dolor sumamente intenso se hizo presente. Gideon sentía que cada célula de su cuerpo gritaba de dolor a medida que los segundos pasaban.

Para añadir más espanto aún el rehén empezó a emanar sangre por cada poro posible. Se dio cuenta de que había empezado a llorar sangre al igual que esta salía de su boca, oídos y nariz. Comenzó a gritar lo más que pudo, y también a retorcerse en su amarre. Aquella sensación era insoportable. De repente todo aquello paró.

-Hmm...-murmuró Dipper-. Parece que no está funcionando. A ver ... A ver... -dijo y empezó a ojear el libro.

Gideon apenas se mantenía vivo. Su respiración se había vuelto pesada y lenta. Podía sentir cómo la vida se iba alejando cada vez más de él.

-Sabes... Me he acordado de cuando en el pueblo se supo del accidente de Pacifica y su familia. Se armó un gran revuelo.

...

Dipper llegó a la cabaña del misterio después de haber presenciado el trágico final de la familia Northwest. Entró sin que nadie de allí se diera cuenta y con gran cautela fue hasta su habitación donde fingió que dormía.

Unos cuarenta y cinco minutos después de eso una persona residente en el pueblo llamó a la puerta de la Cabaña del misterio y le contó a Stan todo lo que había pasado, o al menos lo que ellos creían que había pasado. Con gran estremecimiento y pena Stan compartió la noticia con los que estaban allí presentes. Mabel, después de haber escuchado, cayó sobre sus rodillas y empezó a llorar estruendosamente. Wendy se acercó a ella y la rodeó con sus brazos para tratar de consolarla.

Dipper se levantó de su cama y se dirigió hacia abajo. Al llegar al foco del ruido preguntó, no sin fingir sorpresa y temor, qué era lo que sucedía. Stan le dijo todo, y el menor de los Pines se llevó su mano a la boca y fingió estar devastado (aunque en el fondo no pudiera estar más feliz). Después de eso los días siguieron su curso natural aunque las personas en Gravity Falls sentían que algo iba mal. En algunas ocasiones Mabel le dedicaba largas miradas de preocupación a su hermano. Pacifica le había contado algo a su hermana, pero no sabía el qué.

...

-He estado tratando de averiguar qué fue lo que ella le contó a mi hermana. Pero es inútil.

Gideon ya no escuchaba. La parte racional de él le había abandonado finalmente. Dipper volvió a murmurar algunas palabras y el dolor intenso acompañado de la sangre a raudales regresó. Después de unos minutos sin resultados satisfactorios el joven Pines se detuvo y dejó a su rehén recobrar el aliento. Se dio cuenta de que Gideon estaba con un pie en la muerte así que buscó algo en el libro y volvió a murmurar unas palabras ininteligibles. El mago sintió que la vida regresaba lentamente a su cuerpo, Dipper le había curado otra vez.

-Esto se está volviendo molesto Gideon. ¿Por qué no te portas bien y haces de buen sacrificio humano?

Gideon miró a su captor con odio y le escupió sangre que quedaba en su boca. La sangre describió una curva perfecta y aterrizó en la mejilla de Dipper, quien se limitó a soltar un suspiro. A continuación con una mano levantó la camisa de Gideon y con la otra dibujó un pentagrama en su estómago. Procedió a hacer el conjuro de nuevo. El resultado fue el mismo que antes sólo que esta vez el dolor y sangre fueron mayores.

-No lo entiendo. La brújula, los símbolos y el cuerpo están. Entonces, ¿por qué no funciona? -murmuró Dipper para sí mismo a la vez que inspeccionaba todo.

"Conozco una forma de saber qué va mal" - dijo con tono burlón.

-¿En serio? ¿Y cuál es?-escuchó la respuesta-. ¿En verdad es necesario?... De acuerdo... Qué asco...-dijo y agarró la navaja. Hizo una pequeña cortada en su dedo índice e impregnó la hoja con su sangre. A continuación acercó la navaja al ojo izquierdo de su rehén-. Aguanta Gideon, que esto va a doler-dijo y con sumo cuidado sacó de su órbita el ojo izquierdo de él. Este empezó a gritar lo más que pudo al serle extraído el órgano ocular. Después, con el ojo en su mano derecha y la izquierda encima de este murmuró unas palabras. El ojo se tornó en un profundo negro y a continuación se tragó el susodicho ojo.

Miles de imágenes y palabras pasaron a través de la mente de Dipper. Debido a la súbita sobrecarga de información el joven Pines cayó al suelo de rodillas y empezó a sudar y respirar pesadamente.

-Ya veo... -murmuró con una sonrisa. Se levantó de nuevo y extendió la mano hacia Gideon y le curó de nuevo-. Lo siento Gideon. No puedo regenerar los órganos perdidos.

Gideon le miró con el ojo que le quedaba a Dipper. Después de unos segundos dijo:

-Vete al infierno, Dipper...

-Si... Si... Como digas -dijo y caminó hasta donde el tanque rojo estaba. Lo agarró y vertió su contenido sobre Gideon. Sacó una caja de cerillas y encendió una de ellas-. Me gustaría decir que nos veremos en el infierno. Pero como ya sabrás, eso no va a suceder-dijo y lanzó la cerilla al cuerpo inerte y húmedo de Gideon. Este empezó a gritar y a retorcerse de dolor a medida que el fuego avanzaba. Dipper observaba complacido aquella escena con una sonrisa en su rostro. Era reconfortante el escuchar gritos de desesperación y auxilio de una persona a la que la vida va a acabar.

Después de casi una hora, el fuego se extinguió dejando a lo que alguna vez llevó el nombre de Gideon. Aún con la sonrisa en su rostro el joven Pines buscó a través de las páginas algo. Cuando al fin lo encontró hizo que la pequeña cortada que tenía emanara sangre de nuevo. Con una minúscula gota hizo un punto en el centro de un dibujo que venía impreso y después murmuró unas palabras.

Unos instantes después una enorme cantidad de cuervos aparecieron en lo alto de los árboles, a medida que llegaban el ruido de sus graznidos se iba haciendo cada vez más intensos. Dipper levantó su mano derecha, el aterrador sonido cesó de golpe. A continuación el joven Pines dijo:

-La cena está servida -dijo y enseñó el cuerpo carbonizado de Gideon. A continuación toda la manada de cuervos se lanzaron en contra del cadáver-. ¡No dejéis nada! -exclamó eufórico. Vio cómo los cuervos devoraban incluso los huesos del cuerpo. Recogió todo lo que había usado y partió de regreso a la Cabaña del misterio-. Tengo hambre... -dijo mientras dejaba atrás a los cuervos y su cena.

"Curaste al gordo para que sintiera mejor las llamas, ¿verdad?" -dijo con su típico tono burlón.

-Quién sabe... -respondió Dipper con una sonrisa en su rostro.

"Oh Dipper... De verdad que estás loco" -dijo y soltó una carcajada.