Capítulo 8: Aniquila el miedo.

En todas las tragedias hay un punto en la vida de todos los involucrados en el que una calma inexplicable les llega, esta calma, más que tranquilizar a las personas las aterra aún más. Es algo parecido a la calma que precede a la tormenta, sabes que a pesar de que no esté sucediendo nada en ese momento algo peor llegará. Así mismo sucedía con las personas de Gravity Falls, quienes al principio habían tomado todas estos fatales "incidentes" como mala suerte, como si todo hubiera sido inevitable. Pero después de que la noticia de la desaparición de Gideon se hubiera esparcido por todo el pueblo algo, sin saber muy bien el qué, se introdujo en sus corazones. Lo característico de todos estos incidentes era que habían pasado sin mucho margen entre ellos, por eso al darse cuenta de que hacía ya un tiempo de que nada había sucedido las personas estaban lo más nerviosas que se puede. Creían que algo, sin saber muy bien el qué, pasaría dentro de poco y esto les aterraba. Gravity Falls siempre había sido un pueblo tranquilo, donde nadie se metía en la vida de nadie y dejaban que las cosas siguieran su curso natural. Un ejemplo de esto era el viejo McGucket.

De esta forma, si un pueblo con estas características haces que un sinnúmero de trágicos accidentes pasen tan rápido es normal que los habitantes se pongan nerviosas.

Pero había una persona que se sentía mucho más nerviosa y atemorizada que todos los habitantes del pueblo. La persona de la que estamos hablando no es nada más y nada menos que Mabel Pines. Ella sentía que sabía a qué se debía todo esto. Sentía como si de cierta forma todo lo que ha ocurrido hasta ahora fuera su culpa, a pesar de que eso suene ridículo. La mayor de los gemelos caminaba lentamente a través del bosque. Habían pasado dos semanas desde la desaparición de Gideon y las búsquedas habían cesado. Se daba por muerto a aquel muchacho.

Sin darse cuenta, Mabel había estado caminando durante un buen rato. Más adelante fue capaz de divisar un claro donde era capaz de ver vagamente una figura borrosa. Apresuró la marcha para llegar más rápido. Justo cuando llegó al borde del claro pudo ver bien lo que la figura borrosa era: era su hermano. Le vio allí, de pie en medio de aquel espacio en medio del bosque. Tenía los ojos cerrados y la mirada hacia el cielo, como si sólo segundos antes estuviera mirando la inmensidad del Reino de la entidad sobrenatural que millones de personas llaman Dios. Su respiración era serena, tranquila, parecía como si estuviera iluminado.

Mabel quiso hablarle, pero por alguna razón se quedó allí escondida detrás de un viejo árbol. A continuación, algo descendió de los cielos y se posó en el hombro derecho de Dipper, éste abrió los ojos y dirigió su mirada hacia el ave. Esta empezó a graznar alocadamente mientras el menor de los gemelos escuchaba atentamente. Una sonrisa se esbozó en sus labios.

Por su parte Mabel no creía lo que estaba viendo, su hermano menor, escuchaba a un animal salvaje y lo peor era que parecía que le entendía.

No se sintió segura allí.

Dio media vuelta y se dirigió a toda velocidad hacia la cabaña del misterio. Se giró una última vez hacia su hermano, quien seguía viendo hacia arriba. Por alguna razón aquella imagen la perturbó. Después de varios minutos caminando llegó hasta la cabaña.

-De nada te sirve correr... -dijo mientras seguía con los ojos cerrados.

Las horas pasaron, pero Mabel no se dio cuenta de eso. Lo que antes había visto la había marcado, perturbado. Sin que se diera cuenta la hora del almuerzo llegó. Pero para su sorpresa su tío Stan no le había cocinado nada.

Algo no iba bien.

Se levantó y se dirigió hacia la tienda de la Cabaña. Vio a Wendy leyendo una revista de moda, o chicos, o lo que fuera que leen las chicas de su edad. A continuación vio a su tío junto con Soos, al parecer estaban reparando algo que se había estropeado, esa era la razón de su demora. Sintió un enorme alivio. Se había preocupado por nada.

Hasta que la puerta se abrió.

Mabel desvió su mirada rápidamente hacia la puerta y vio allí a su hermano. Estaba hecho un desastre. Era casi igual a aquella vez en que no regresó a casa. Se sintió como si hubiera regresado en el tiempo. Era un Deja Vú. Pero al menos esta vez no estaba tan mal. Todos en la cabaña estaban estupefactos. No sabían qué hacer. De repente Dipper empezó a caminar hacia las escaleras. Pero a mitad de camino su tío Stan le interceptó.

-¡Dipper!-exclamó alarmado-. ¿Qué rayos te ha sucedido?

-No te lo vas a creer-mintió Dipper-. Una manada de animales salvajes me ha atacado.

-¿En serio?-dijo Stan asustado-. Pero estás bien, ¿verdad?

-Sí, sí. Logré escapar a tiempo. Aunque mira cómo quedó mi ropa -dijo mientras enseñaba su camiseta.

-Eso es lo de menos. Lo que importa es que te encuentras bien-dijo y puso una mano en su hombro-. Anda y ve a cambiarte. Cocinaré algo para ti y para tu hermana.

-Suena genial -contestó Dipper con una sonrisa.

Dipper se dirigió hacia las escaleras, pero cuando estuvo a punto de subir el primer escalón sucedió algo sumamente extraño. El joven Pines se quedó allí, sin moverse, con su pie izquierdo en el primer escalón. Miró hacia su muslo y a continuación empezó a darle unos ligeros puñetazos al muslo.

-Vamos... No ahora... -murmuró para sí mismo.

-Dipper-preguntó Stan-. ¿Va todo bien?

-S-Sí. No es nada -contestó y empezó a subir las escaleras.

Para Mabel aquella última escena había sido de lo más extraña. No se explicaba el porqué de su hermano para que se diera golpes a sí mismo. De repente recordó lo que Pacifica le había dicho tan sólo momentos antes de morir en aquel horrible accidente. Miró la dirección en que su hermano se había ido y decidió regresar a la cocina.

Minutos después su hermano reapareció con una sonrisa en su rostro. Se sentó justo a su lado. Ambos esperaban el almuerzo. A continuación Dipper se levantó de la mesa, fue hasta la cocina y ayudó a su tío Stan a servir la comida. Le llevó un plato a su hermana y volvió a sentarse junto a ella.

-Espero que te guste Mabel-dijo su tío Stan mientras salía de la cocina-. Es una receta de tu hermano.

Mabel miró a Dipper incrédula.

-¿Una receta tuya? ¿En serio?

-No es mía del todo-dijo mientras partía un trozo con su tenedor-. La encontré en un viejo libro de cocina y le sugerí al tío Stan que lo intentara, a ver qué tal.

Mabel no dijo nada más y decidió probar un poco de la comida que tenía delante. Introdujo un poco en su boca. Estaba deliciosa.

-Dios mío Dipper, esto está delicioso. ¿Qué es?

-Son costillas de cerdo. Preparadas de un modo diferente.

Mabel escuchó vagamente la respuesta de su hermano. La comida la había absorbido completamente. Después de unos momentos escuchó que su hermano la llamaba.

-¿Si...? -preguntó Mabel con la boca llena.

-Mabel-dijo Dipper serio-. Mírame.

La mayor de los gemelos se giró y vio la expresión de su hermano. Estuvo a punto de decirle algo pero sintió que un ligero sueño la invadía lentamente. Sus ojos empezaron a cerrarse poco a poco. Dio una cabezada y de repente se despertó. A continuación giró su cabeza para ver a su hermano, quien seguía con una expresión seria.

-¿Qué sucede Dipper?

-Quiero preguntarte algo. Dime, la vez que Pacifica vino a verte, antes de aquel horrible accidente. ¿Qué te dijo?

Mabel tragó toda la comida que tenía en la boca. Un temor empezó a expandirse por todo su cuerpo. Miró a su hermano, aquella expresión seguía presente.

-No sé de qué me hablas... Quiero decir, sí me dijo algo, pero sólo era una despedida.

-¿Sólo una despedida?

-A-Así es...

Dipper soltó un largo suspiro. Juntó sus dos manos y empezó a mirar alrededor suyo. Desvió su mirada hacia su hermana y dijo:

-Supongo que creerás que soy un idiota, ¿verdad?

-¿Cómo di...-

-Que soy un niño, que me chupo el dedo-la interrumpió violentamente-. Que no vale la pena hablar conmigo.

-Dipper... Yo no...-

-No he terminado de hablar-volvió a cortarla-. Verás Mabel. Lo interesante de todo esto es que te estoy preguntando lo que Pacifica te dijo, sólo eso. En cambio, tú te niegas a responder. Seguro que piensas que soy un loco o algo parecido.

-Dipper, yo no pienso eso.

-¡Mentira! -gritó el menor de los Pines y clavó su tenedor en la mesa haciendo que Mabel diera un brinco hacia atrás. De repente la expresión de su hermano cambió totalmente, ahora estaba sonriendo-. Hagamos esto, ¿Qué te parece si jugamos a veo veo? ¿De acuerdo? Será divertido.

-¿V-Veo veo..? -preguntó nerviosa y asustada.

-Así es. Está bien, empiezo yo. Veo veo... A un pequeño animal. Que también es una mascota. De color rosa, y con una expresión un poco tonta. ¿Sabes de quién hablo verdad? Es muy fácil.

-¿Waddles? Pero si no está aquí -dijo mientras miraba alrededor.

-Déjame que te haga otra pregunta. Mabel, ¿Qué estás comiendo? -preguntó Dipper con una sonrisa.

Mabel miró hacia su plato. Y de repente se dio cuenta. Se llevó sus dos manos a su boca y contuvo las ganas de vomitar. Aguantó todo lo que pudo. Unas enormes lágrimas se hicieron presentes en sus ojos a medida que los abría todo lo que podía. Se giró hacia su hermano aterrada aún con sus manos cubriendo su boca. Quería gritar, llorar, escapar pero por alguna razón no se movía.

-Escuchame bien mi querida hermana. Soy una persona con una gran paciencia. Pero la paciencia, al igual que todo en este mundo se acaba. Y si no quieres que eso pase (y créeme, no quieres) responderás a mi pregunta. Así que déjame que te lo pregunte otra vez: ¿Qué te dijo Pacifica antes de irse?

Mabel retiró lentamente sus dos manos, ya había empezado a llorar. Miró una vez más al plato que estaba delante de ella, aún estaba caliente. Dejó de mirarlo y desvió sus ojos hacia su hermano.

-Ella... -dijo casi murmurando.

-Habla más fuerte.

-E-Ella me dijo que te vigilara. Que tuviera cuidado contigo. Que estabas actuando raro. Y me dijo te había visto salir de su casa la noche antes de marcharse.

-¿Sólo eso? -preguntó Dipper.

-Sí. Sólo eso, te lo juro.

-Ya veo... ¿Ves como todo es más fácil cuando cooperas? -dijo con una sonrisa mientras limpiaba las lágrimas del rostro de su hermana-. Ya ya, no llores. Seguro que Waddles estaría muy feliz de saber de que piensas que está delicioso.

Mabel miró a su hermano con una expresión de pánico. Giró su cabeza rápidamente y procedió a expulsar todo el contenido de su estómago. Dipper por su parte cogió un poco de comida de su propio plato y procedió a probarla.

-Debo felicitar a tío Stan, le ha quedado muy bien.

Mabel abrió sus ojos rápidamente, notó que tenía lágrimas en sus ojos. Miró hacia arriba y vio a su hermano, estaba acostada en su regazo. Se levantó violentamente y agarró a Dipper del cuello de su camiseta.

-¡¿Dónde está?! -dijo casi gritando.

-¿M-Mabel...?-preguntó Dipper nervioso.

-¡Responde! ¡¿Dónde está?!

-No sé a quién te refieres.

-¡Mientes! ¿Dónde está Waddles?

-¿Waddles? Ahí está -dijo mientras señalaba un punto.

Mabel desvió la mirada y allí vio a su fiel mascota durmiendo plácidamente a un lado de la nevera. Su vientre se expandía y contraía a medida que respiraba. Mabel soltó el agarre de su hermano y miró alrededor y pudo ver qué todo estaba como antes, nada había sucedido.

-Mabel. ¿Te encuentras bien? -a continuación su hermana se lanzó hacia su pecho y empezó a llorar violentamente.

-¡He tenido un sueño horrible! Parecía tan real... -dijo mientras lloraba en el pecho de su hermano.

-Ya... Ya... Sólo ha sido un sueño. Todo está bien -dijo y empezó a acariciar la cabeza de Mabel con ternura. Una sonrisa siniestra se había hecho presente en su rostro.

Nada más ocurrió ese día.

Unos cuantos días más pasaron tranquilamente. Dipper se encontraba acostado en su cama con un fuerte dolor de cabeza. Su hermana estaba jugando afuera con su cerdo mascota. Y los demás, bueno, los demás les daba exactamente igual. Algo que el menor de los Pines había notado era que en su ojo izquierdo, unos diminutos puntos rojos se habían hecho presentes. Era como si varios vasos sanguíneos se hubieran reventado y este fuera el resultado. Los miembros de la Cabaña del misterio se preocuparon ante esto pero después de varios exámenes médicos no se descubrió nada malo con el muchacho. Así mismo todo aquel asunto fue olvidado.

Dipper se quedó dormido y se despertó abruptamente cuando escuchó que alguien estaba llamando a la puerta. Abrió los ojos y vio por la ventana, era de noche, había dormido todo el día.

Se levantó y caminó hacia abajo. Pero antes de bajar completamente escuchó una voz que le resultó vagamente familiar. Decidió no bajar. Con sumo cuidado bajó las escaleras hasta la mitad, se asomó lentamente y vio quién era la persona que le había resultado familiar: era aquel agente de la ley que había visto aquel día del incidente de los zombies. No recordaba su nombre. Agudizó su oído para averiguar de qué estaban hablando. Al parecer la conversación estaba llegando a su fin.

-Muchas gracias señor Pines. Y no dude en llamarnos si averigua algo sobre los extraños sucesos como los de antes.

-Lo haré señor agente. Y gracias por venir -dijo Stan y cerró la puerta.

Algo dentro de Dipper le advirtió de que aquel agente era un peligro. Así que decidió hacer lo que mejor se le daba: silenciar a los entrometidos.

...

Dos agentes del FBI iban en una camioneta de color negro mientras salían de Gravity Falls, antes de salir del pueblo había estado dando varias vueltas alrededor de este en busca de algo sospechoso, gracias a esto habían gastado mucho tiempo. Iban comentando los sucesos importantes del día, nada del otro mundo. La noche se había asentado completamente lo que limitaba la visibilidad. A lo lejos, uno de los agentes distinguió una figura, era una chica. El conductor decidió parar para ayudarla.

-Muchas gracias a los dos-dijo la chica mientras se subía a la camioneta-. Me estaba empezando a asustar de que nadie fuera a pasar.

-No tienes que preocuparte ahora-dijo uno de los agentes-. Dime, ¿adónde quieres ir?

-Oh, no muy lejos. Es sólo hasta el próximo pueblo.

-De acuerdo. Pues allá vamos -dijo el conductor.

-Es tu turno... -murmuró para sí mismo. Una sonrisa se esbozó en su rostro.

A continuación la chica sacó una pequeña navaja de su bolsillo y un trozo de cuerda. Con un rápido movimiento enterró por completo la navaja en el cuello del conductor. Este empezó a sangrar violentamente. Antes de que su compañero pudiera reaccionar la chica pasó por alrededor de su garganta el trozo de cuerda y empezó a tirar hacia atrás en un intento de ahogarle.

-Shhh... Shh... Tranquilo... -murmuraba la chica mientras tiraba de la cuerda.

Después de unos segundos el cuerpo del copiloto dejó de moverse. Estaba muerto. La chica soltó un largo suspiro de alivio. Algo de lo que los agentes no se dieron cuenta era de que la chica tenía unos guantes puestos,aunque esto hubiera sido imposible ya que tenía sus manos en los bolsillos de su chaqueta. Alargó el brazo y con extremo cuidado removió la navaja del cuello del cuerpo inerte del agente de la ley. Procedió a limpiarla lentamente con un pañuelo.

Salió del vehículo y procedió a abrir la puerta del copiloto, después empezó a registrar cada rincón del traje del agente muerto. Sacó su cartera y sacó todo el dinero que había en esta. Repitió el mismo proceso con el otro agente. Esta acción aunque parezca normal no lo era, el objetivo de la chica no era robarles a aquellos pobres agentes, sino hacer parecer eso.

La chica miró alrededor para asegurarse de que nadie la veía. Después procedió a contar el botín: doscientos dólares. Nada mal.

-Uff...-murmuró mirando hacia la carretera-. Quién hubiera pensado que la afición de Mabel por los disfraces nos iba a ayudar en algún momento -dijo y empezó a caminar hacia la cabaña del misterio.