Zafiros y esmeraldas
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 31 A la espera de un milagro
—¡Candy! ¿Qué pasó?— Me pregunta Leia preocupada mientras mi suegro me sostiene porque yo siento que moriré en éste mismo instante, aquí mismo. O tal vez hace tiempo que morí y aún no me entero. Una despedida de Terry tiene más filo que un puñal en mi pobre y malherido corazón.
—Terry no quiere verme más. Él...— No pude hablar más, llevo en el alma heridas de guerra desde el mismo momento en que Terry salió del colegio humillado y esposado, cada moretón en su rostro siento que fue un puñetazo directo a cada órgano vital de mi cuerpo y espíritu.
Otra vez emprendo un camino en auto sin Terry, sin alma y sin vida, a medio morir. El señor Grandchester conduce mientras que Leia se quedó en la parte trasera del auto conmigo. Acariciándome, tratando en vano de darle algo de consuelo a mi alma mientras que yo mirando el camino que va quedando atrás me voy bebiendo mis propias lágrimas.
Terry ni siquiera volteó a mirarme y eso me atrevesó como una daga afilada, arrancándome la vida, su ausencia y el vacío que ha dejado él son sal sobre mis heridas. Puedo entenderlo, pero no lo acepto. Terry es sobreprotector conmigo, siempre lo ha sido. Decidió por mí... me sacó de su vida en el momento en que más me necesita para protegerme, sin saber que nos ha dejado más solos que nunca. Si supieras, mi amor, que llevo algo muy tuyo y de los dos dentro de mí, algo que se muere por que sepas que está aquí.
—Ya llegamos, Candy. Sabes que si necesitas cualquier cosa, sólo llámanos, ¿sí?— Asentí y me limpio las lágrimas, mis suegros me miran con tanto pesar.
Nunca llegar a mi propia casa se había sentido tan pesado para mí. En otras circunstancias yo me habría lanzado a los brazos de mi padre a buscar consuelo y él movería cielo y tierra para hacerme feliz. Pero todo eso quedó muy atrás. Todo eso quedó a kilómetros atrás desde que Terry no está y yo llevo su pura escencia creciendo y latiendo dentro de mí.
—Candy, cielo, la comida ya está lista.— Me anuncia mi madre tan pronto como atravieso el salón. Mi padre ni siquiera aparta la vista de su periódico. Su glacial indiferencia está contribuyendo a mi agonizante muerte. Ninguno de los dos me preguntó por Terry.
—No tengo hambre, mamá. Bajaré más tarde.
—Candy, aunque no tengas hambre, tienes que comer a las horas adecuadas. Recuerda que ya no sólo es tu cuerpo.
Mi madre tiene razón. Estoy siendo egoísta. Tengo que pensar más en mi bebé y menos en mi desgracia. La sigo hasta el comedor y me siento a esperar a que Dorothy nos sirva la comida.
—¿Papá tú no comerás con nosotras?— Pregunto con los ojos aguados. No recuerdo la última vez que él me miró a los ojos.
—No. Dorothy, por favor, lléveme la comida a mi despacho. Por favor, que no me interrumpa nadie.— Bajé la cabeza luego de asentir y no le dije nada más. Vencí un par de lágrimas que quisieron escapar.
—Sólo un poquito más, Candy. Tienes toda la comida en el plato aún.
—No puedo ni siquiera tragar, mamá.— Contesto llorando, decidiendo no luchar más con el dolor.
—Está bien. Toda ésta tormenta pasará pronto, mi niña. Ya lo verás.
—Eso lo sé, Terry es inocente. Pero... no puedo más con la actitud de papá. Me duele mucho, mami.— Dije sollozando y con la voz cortada. Me duele hasta pronunciar cada sílaba.
—Él caerá en tiempo tarde o temprano. Sólo ponte en su lugar por un momento, Candy. Eres su única hija, la luz de sus ojos... no es fácil para él aceptar que ya no eres esa niña que cabalgaba sobre su espalda. Ahora tiene que entender de golpe que has crecido, incluso antes de tiempo. Hoy tal vez no lo entiendas, pero... cuando nazca tu hijo... comprenderás lo fuerte y grande que es ese amor, todo lo que serás capaz de hacer y no hacer por él e incluso... podrás comprender un poco cómo se siente tu papá. No te ha dejado de amar, de eso puedes estar segura.
Mi madre me abraza y lloro en sus brazos como cuando era una nena. Me aprieta fuerte y yo disfruto de su olor tan único. Entonces deseo volver a ser esa nena, la que mi papá quería. Quiero que mi tiempo y pensamientos sólo se vayan en jugar e inventar amigos imaginarios... pero ya no soy la hija que querían y esa verdad jamás ha dolido tanto.
...
Una semana más, una semana más en éste maldito lugar y aún no hay pruebas suficientes que puedan sacarme de aquí. Extraño a mi mamá. Extraño que me acurruque en su regazo y me acaricie el pelo, aún cuando ya soy un hombre. Jamás quise decepcionarla luego de que ella aún no siendo yo su sangre, haya consagrado su vida a quererme y consolarme por quince años que han sido todo una vida.
Pero sin duda, no existe en el mundo alguien que yo extrañe más que a Candy. Su ausencia me pesa en cada hueso. Sus gritos desesperados cuando le di la espalda para que se fuera. No me arrepiento de haberla conocido, me arrepiento de que ella me haya conocido a mí y me haya dejado entrar en su vida y yo por amarla tanto la haya entregado a la oscuridad.
—¿Quién es esa güerita, Grand?— Me pregunta mi compañero de celda mientras yo miro absorto su fotografía. Ella sonriendo, todita dulce e inocente. Tan hermosa.
—Mi novia, carnal.
—¿La que le pediste que no volviera más?
—La misma.
—¡Hijo de la chingada! ¿Qué estás loco o qué, güey?
—¿Podrías traducirme lo primero que dijiste?— Le pido guardando la foto en mi bolsillo para que esté siempre conmigo.
—Que eres un méndigo menso, Grand. ¿Cómo mandas a volar a una mamacita así?
—¿Alguna vez te has enamorado, Carnal?— Me sonrió melancólico cuando le pregunté eso.
—¡Uf! ¡Y de qué manera! Parecía yo perro detrás de la chatita. Recuerdo que me volaba las verjas y me dejaba el pellejo en los alambres de púas por cruzarme hasta la hacienda de su padre para verla. No había en la zona una hembra más buenota que la Lupe.— Me hace gracia su forma de contar la historia. "El Carnal" hace más llevadera mi estancia aquí.
—¿Y qué pasó con la Lupe, güey?
—Chale, si ya te me estás mexicanizando demasiado. Pues... luego de que su padre casi me mata a machetazos por colarme por la ventana de su princesa y cacharnos en pleno cuchiplancheo...
—Traducción, por favor.
—Pos ya sabes, carnal...— Hace un círculo con los dedos índice y pulgar de su mano izquierda y mete el dedo del medio de su mano derecha en el círculo, ofreciéndome una clara explicación de lo que estaban haciendo.
—¿Y ya no supiste más de ella?
—Sí. La vi un par de años después. Se casó con un gringo y hasta un escuincle tenía.
—¿Un qué?
—Pos un chamaco, güey. Llevo dos semanas dándote clases de Mexicano y aún repruebas.— Suelto una carcajada. No sé que sería de mí en éste hoyo sin El Carnal.
—Lamento mucho lo de la Lupe, hermano.
—¡Qué va! Fue mejor así. Yo no soy el hombre para una princesa como la Lupe.
...
—¡Qué hermosa estás!— Me dice mi madre parada en el umbral de la puerta de mi habitación mientras yo aún me estoy peinando y maquillando un poco el rastro de mi llanto y desolación. He ido a visitar a Terry en dos ocaciones, en ambas se ha negado a recibirme. Me ha llamado varias veces, lo sé porque me lo avisa la operadora, pero se queda callado. Sólo escucho su respirar y yo le hablo, porque sé que me está escuchando y tal vez sólo lo hace para oir mi voz.
—Gracias, mamá.— Le sonrío de vuelta y recobro algo de ánimo. Hoy tendré mi primera ecografía. Tengo ya ocho semanas. Voy a conocer a mi pedacito de cielo.
—Candy... pase lo que pase, no te arrepientas nunca. Tu bebé ha sido fruto de un amor muy grande y sean cuales sean las circunstancias, un bebé siempre es motivo de alegría y bendición. Sólo Dios sabe por qué quiso que lo tuvieras ahora. Ese niño merece una oportunidad, así que no escuches nada negativo de nadie. Si Dios te lo mandó es porque serás una madre excelente.
Dos lágrimas cayeron de sus ojos cariñosos y cálidos y me abrazó.
—No estoy para nada arrepentida, mamá. Aunque confieso que no... no me lo esperaba y... estoy asustada. Tengo mucho miedo.
—Lo sé, mi vida. No es nada fácil, tu vida se ha transformado de golpe. Pero lo harás muy bien. Todos te apoyaremos.
—¿No me preguntarás cómo fue que sucedió?
—He estado tentada de hacerlo. Pero... ¿en qué cambiaría eso las cosas?
—Sólo sucedió, mamá. Terry y yo fuimos muy responsables... ¡lo juro!
—Está bien, mi amor. No te he pedido explicaciones. Por eso se le llama milagro. Porque no tiene explicación.
Salimos y estoy muy ansiosa. Es una mezcla de miedo y excitación. Yo sólo pido que mi bebé esté totalmente sano, no pido nada más.
La técnica me explica a detalle todo lo que se ve en el monitor. Recostada en la camilla, estoy viendo a mi bebé en vivo y a todo color. Mi madre pagó por un sonograma en 3D. Escucho latir su corazoncito mientras mis lágrimas caen. Terry... si supieras el momento maravilloso que te estás perdiendo... Me pregunto cómo puede estar tan formadito mi bebé si a mí no se me nota nada.
—¡Mira mamá!— Digo llorando y emocionada.
—Lo estoy viendo, mi amor. Lo estoy viendo.— Contesta llorando igual que yo.
Deseo con todas mis fuerzas que Terry esté conmigo ahora. Que conozca a su hijo y se enamore de él como yo. Tal vez pierda el miedo cuando vea su corazoncito latir desbocado y a toda velocidad. Presiento que mi bebé será todo un torbellino.
Llegamos de vuelta a casa. Me siento súper hambrienta por primera vez desde que la desgracia nos arropara.
—¡Albert!— Mi mamá corre hacia los brazos de mi padre y yo me quedo en una distancia prudente, soy conciente de que mi presencia no se le hace fácil de digerir.
—¿Por qué tanto alboroto?— Pregunta él con una sonrisa apretada.
—¡Es hermoso, Al!
—¿Quién?
—¿Cómo que quién? ¡Pues el bebé!
—Ah... qué bien.— Murmura con indiferencia y me mira por un periodo no mayor a un segundo.
—Tenemos fotos, papá, ¿quieres verlas?— Pregunto con un atisbo de esperanza por ganarme algo de su simpatía.
—Me las enseñas después. Voy apurado.— Y se fue. Barriendo con mis esperanzas de ganarme su cariño otra vez.
—Lo siento tanto, Candy...
—No pasa nada, mamá. De hecho, quería pedirte algo...
—Lo que quieras, mi niña.
—Quiero tu permiso para... mudarme con los Grandchester un tiempo...— Saqué cada palabra lentamente, conciente de que no es fácil lo que estoy pidiendo y que probablemente tenga una respuesta negativa, después de todo, soy menor de edad.
—¡Qué! Pero... ¿por qué? Ésta es tu casa, Candy, no voy a regalarte a los Grandchester así porque sí...
—Es sólo un tiempo, mami, por favor. La indiferencia papá me está matando, es demasiado para mí, por favor...— Suplico llorando.
—Cariño, estás embarazada, yo debo cuidarte más que nunca ahora, eres menor de edad, nosotros somos los responsables por cualquier cosa que te pueda suceder y...
—Por favor, mamá. Voy a estar bien. Los Grandchester me cuidarán muy bien y sobre todo... ellos sí quieren al bebé.
—Candy... me pones entre la espada y la pared...
...
Hoy es un día histórico para mí. Se acabó Noviembre y damos paso a la navidad. Y lejos de estar con mi familia y con mi Pecosa celebrando un mes más de nuestro amor, hoy tengo que enfrentar mi juicio...
—No voy a defraudarte, hijo, te lo prometo.— Me dice mi padre una vez entro con él y con varios oficiales a comparecer ante el juez.
Puedo escuchar el cuchicheo de la gente. El jurado y la mirada excéptica del juez. También veo del lado contrario a Eliza Leagan, poniendo una cara de víctima que jamás le había visto. Su abogado, un gordo pecoso y miope me mira con cara de depredador, pero no me intimida. Si mi padre, el mejor abogado que conozco no puede sacarme de ésta, nadie lo hará.
—Buenas tardes. Damos comienzo al juicio en contra de Terrence James Grandchester. Pedimos por favor al acusado y la defensa ponerse de pie...
...
Hoy es el día en que juzgarán a mi amor y yo no podré estar ahí para apoyarlo. Él lo quiso así y además, el señor Grandchester me suplicó no asistir, por mi bebé.
—Candy, amiga, no llores más. Estás rompiéndome el alma.— Karen no asistió al juicio de Terry por mí y agradecí ese gesto. Pero la angustia no me deja vivir. Pensar que el papá de mi hijo pudiera ser condenado y encarcelado por largos años me dan ganas de morir.
—Es que no lo entiendo, Karen... nosotros no le hemos hecho nada a nadie. ¡Por qué siempre quieren hacernos daño!
—Tranquila, Candy. No te exhaltes tanto, recuerda que todo eso lo siente también el bebé.
—¡Claro! Y también siente que quizás su padre nunca vuelva con nosotros...
—Shhh. Ya, trata de calmarte. Iré por un té.— Se va y tímidamente se me acercan mis pequeñas cuñadas.
—Candy, no llores, mamá dijo que no te podemos dejar llorar porque daña al bebé.— Mia se me acerca y se sienta a mi lado.
—Lo siento, chicas. Prometo que ya no lloraré más.— Fue una hazaña sonreir y limpiarme las lágrimas.
—Terry ya regresa hoy. Papá dijo que fue a buscarlo al aereopuerto.— Añade Gia y fue un esfuerzo sobrehumano no llorar. Dios bendiga a los niños y su inocencia. Yo también quisiera tener diez años para creer que Terry está de viaje y no...
—Aquí está tu té, Candy. Niñas, vayan a jugar, no molesten a Candy.
—Pero si no la estamos molestando, ¿verdad, Candy?
—No, Gia, no están molestando, pero Karen y yo queremos hablar cosas de grandes.
—Pero nosotras ya somos grandes. Ya casi estamos de tu tamaño...
—Jajajajajaja.
—¡Karen!
—Ejem... lo siento. Chicas, se me ocurre una idea... ¿por qué no decoran el salón para darle la bienvenida a Terry?
—¡Sí!— Gritan al unísono y desaparecen.
—Candy, ¿por qué no vas a descansar un rato? Yo te mantendré informada de cualquier cosa...— Asentí y me fui al cuarto de Terry, que ahora es mío por tiempo indefinido.
Lejos de descansar, encendí mi laptop y busqué la última conversación con video que tuvimos en Skype. La última noche que pasamos juntos antes de que lo arrebataran de mi lado de esa manera tan cruel.
Sonrío al recordar todo, verlo ahí, hablando, es como si estuviera aquí conmigo en la habitación. Se veía tan hermoso. Dos lágrimas traviesas bajan por mi rostro al ver su hermoso pelo largo y aprieto en mis manos el mechón que él me regaló. Repito una parte de la videollamada en que me decía que me amaba y vuelvo a llorar. Me acaricio la pancita.
—Seguro que también te amará a ti.— Le digo a mi bebé, queriendo yo misma creer eso desesperadamente.
Entonces recuerdo el momento en que Terry desapareció de la cámara y en pocos minutos estuvo en mi cuarto. Sin querer dejamos Skype abierto en videollamada. Pude revivir esa entrega maravillosa, incluso me grabé por siempre esa imagen de él durmiendo sobre mí.
Lloro nuevamente porque no sé si podré estar con él de esa manera una vez más. Quise retroceder el video para volver a vivir las escenas, pues ya lo que se ve en el cuadro chico que es mi cámara es una imagen estática de nosotros durmiendo y el cuadro grande es la imagen de la habitación de Terry vacía. Justo cuando voy hacer click en el botón de rebobinar, algo llama mi atención...
—¡Karen! ¡Karen!— La llamo desesperada.
—¡Candy! ¿Qué pasó?— Llega a mi lado con el corazón desbocado.
—¡Mira, Karen!— Ella se queda en shock por unos segundos, asimilando lo que está viendo. Se ve claramente alguien entrando a la habitación de Terry. Se ve justo cuando está dejando la droga en su armario...
—¡Ese maldito! ¿Cómo no pensamos en él antes?
—¡Tenemos que hacer algo! ¡Tenemos que llegar antes de que sea demasiado tarde!— Grito histérica.
—María, cuida bien a las niñas. Candy y yo tenemos que salir.
—Pero... no pueden irse. Señorita Candy, el señor dio órdenes de que...
—No hay tiempo para eso, María.— La dejamos con la palabra en la boca y corrimos hacia el auto de Karen.
—Vamos, Karen. El juicio comenzó hace rato.
Continuará...
¡Hola!
Niñas preciosas, cuántas penurias pasé con el capítulo anterior. Era un problema que había en fanfiction, gracias a Dios no tenía nada que ver con mi cuenta, no fui la única afectada.
Bueno, espero que les haya gustado el capítulo, el próximo será el juico y les recomiendo que estén bien sentaditas cuando lo lean.
Eri: La historia que desapareció, fui yo que la borré, pues con esa participé en el concurso que mencioné, así que ya no está disponible aquí ni en ningún otro site. Tengo facebook y también un grupo al que subo los capítulos, pero lo hago con el link de fanfiction y no en formato libre. Hasta pronto, amiguita.
Gracias por comentar:
norma Rodriguez, zucastillo, Jeannette 18682, Laura Grandchester, Alizzzz G, vero Guest, Ingrid quintulen, Eunice97, Rose Grandchester, dulce maria, Zafiro Azul Cielo 1313, sandy. dearagon, dulce lu, Luisa, Kazy Tailea, Candice. w. andrydeg, Odette. e. arriagada, maria 1972, LizCarter
Un beso a todas,
Wendy
