Zafiros y esmeraldas
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 32 El juicio
Yo aún quiero pensar que todo ésto es una pesadilla o que me encuentro filmando una película de terror. Tal vez el abuelo Terrence me poseyó y estoy viviendo alguna escena que él protagonizó.
—Señor Grandchester, la noche del jueves veinte de Noviembre, en que según usted, alguien le puso la droga en el armario de su habitación del colegio con la intención de incriminarlo, ¿dónde se encontraba usted?— Esa me pregunta me hizo temblar por lo que tendré que revelar para contestarla. La misma fue hecha por la fiscal, a esa le tengo más miedo que al juez y que al abogado de la maldita cucaracha de Eliza Leagan. Sé muy bien que el trabajo del fiscal no es otro más que encontrarme culpable.
—Yo... estaba en la habitación de mi novia.— Contesté luego de tragar grueso y escuchar la exclamación de sorpresa de todos los presentes.
—Quiere decir que usted burló las reglas del colegio y su seguridad para colarse en la habitación de una chica. Podemos afirmar entonces que usted gusta de romper las reglas...
—Consejera, al grano, por favor.— Exigió el juez y tocó en su escritorio su martillito o como mierda se llame eso.
—Disculpe, señoría. Bien, señor Grandchester, ¿está su novia aquí para que pueda dar fe de que efectivamente usted estaba con ella la noche en que según su versión, la droga fue colocada en su armario?— Sudo frío en ese momento. Yo le pedí a Candy que no viniera a verme y que no asistiera al juicio. Veo a mi padre bajar la cabeza y su semblante preocupado mientras que Eliza y su abogado están muy sonrientes. El gordo con cara de pez dorado de estanque le está murmurando en el oído y ella sonríe con triunfo.
—No. Mi novia no se encuentra aquí.
—Entonces, ¿no tiene ningún testigo que confirme su paradero la noche anterior a su arresto?
—No, señora.— Me siento perdido. Siento que mi padre se siente impotente.
—¿Puede decirnos a qué hora usted decidió abandonar su habitación y reunirse con su novia en la habitación de ella?
—Eran las diez o diez y treinta de la noche aproximadamente.
—Entonces, usted tuvo todo el día durante la mañana y la tarde para almacenar la droga en su habitación.
—¡Objeción! Ya un testigo y el director del colegio confirmó que mi cliente se encontraba fuera del colegio durante la mañana y la tarde de ese día.— Veo a mi padre sacar las garras y de cierto modo me da algo de seguridad. El director de mi escuela e incluso el señor Marlowe se encuentra en la multitud. Ellos fueron los que testificaron a mi favor al menos en eso.
—Sostenido.— Indica el juez.
—Digamos que usted efectivamente no pasó la tarde y la noche del jueves veinte de Noviembre en el colegio, sin embargo, usted pudo haber almacenado la droga antes del jueves en su habitación.
—Tenemos un testigo que puede afirmar que la droga no estaba ahí el jueves por la mañana cuando se hizo el recorrido y limpieza rutinaria.— Mi padre interrumpió a la fiscal.
—Ese testigo, ¿se encuentra en la sala, Licenciado Grandchester?
—Así es, señoría. La señora Angela Cesteros, encargada de limpieza y mantenimiento del colegio.
—Señora Cesteros, haga el favor de pasar al frente, por favor.— Toda nerviosa, la señora pasó al frente con manos temblorosas, pero sonriéndome con cariño y seguridad.
—Señora Cesteros, usted está ante un tribunal de justicia de los Estados Unidos de América, usted está aquí bajo juramento, ¿jura usted decir la verdad y nada más que la verdad?
—Lo juro, señoría.— Dijo la humilde señora y entonces la jueza le hizo una seña a la fiscal para que continuara.
—Señora Cesteros, ¿en qué se basa usted para afirmar que la droga encontrada en el armario del señor Grandchester no estaba ahí antes del viernes en que fue encontrada?
—El jueves por la tarde, como es la costumbre, yo limpié y organicé la habitación del señor Grandchester, incluyendo el armario y no había nada más que un par de zapatos y varias prendas de vestir incluyendo el uniforme del colegio. Su armario estaba casi vacío y de haber ahí semejante cantidad de cocaína como la que presuntamente encontraron, era imposible que yo no la hubiera visto.
—¿Entonces usted no vio nada inusual en la habitación de Terrence Grandchester el jueves por la tarde cuando hizo la limpieza?
—Eso es correcto. Y de haber encontrado algo, lo habría notificado al director del colegio.
—Pero cabe la posibilidad de que dado la posición económica de Terrence Grandchester, usted haya aceptado algún soborno para guardar silencio o declarar a su favor.
—Eh, yo...
—¡Objeción!— Grita mi padre enérgico.
—Revocado.— Declara el juez y le indica a la fiscal que continúe.
—No tengo más preguntas.
...
—Karen, por Dios, apúrate.
—Tranquila, Candy, ya casi llegamos. Tú asegúrate de entrar con la laptop.
—¡La laptop!— Exclamo casi al borde de un colapso.
—¿Qué pasó con...? ¡No me digas...! ¿Dejaste la laptop? ¡Dios, Candy! ¿En dónde está tu mente?— Me grita Karen mientras da un giro mortal para regresar a la casa y yo estoy a punto de llorar por mi trágico descuido.
...
—Se levanta la sesión luego del receso, a sus lugares, por favor. Licenciado Monroig, puede iniciar.
—Gracias, señoría. Quisiera comenzar haciéndole unas preguntas a mi cliente, la señorita Leagan.
—Señorita Leagan, póngase de pie.— Eliza hace lo que se le pide y pone de súbito una cara de tragedia y chica aterrada que no le va para nada. Quisiera abofetearla para borrarle su estúpida expresión para siempre.
—¿Usted fue ingresada al hospital la madrugada del Viernes veintiuno de Noviembre por una sobredósis de cocaína?
—Sí.— Contestó firme, pero con una timidez y terror bastante ensayados.
—¿Usted había ingerido drogas anteriormente?
—No.
—¿Cómo consiguió la droga?— Cuando su abogado hace la pregunta, me mira a mí disimuladamente y pocos captaron su sonrisa cínica.
—Yo... la conseguí en el colegio.
—¿Y podría decirnos quién se la proporcionó?
—Sí. Fue él. Fue Terrence Grandchester. ¡Él me la vendió!— Me acusó con una energía desorbitante.— Mi padré se pasó las manos por el pelo en un gesto desesperado igual que yo, pero permaneció en silencio, planeando su estrategia.
—Usted nunca antes había consumido drogas, ¿qué la llevó hacerlo esa noche, señorita Leagan?
—Yo me reuní con Terrence Grandchester esa noche en el colegio y él... me ofreció la droga...
—¡Eso es mentira!— Grité exhaltado y estuve a punto de salir de mi lugar para estrangular a Eliza.
—¡Orden en la sala! Señor Grandchester, cálmese y regrese a su lugar. Licenciando Monrroig, continúe.
—Gracias, señoría. Señorita Leagan, ¿con qué propósito Terrence Grandchester le ofreció cocaína esa noche?
—Él... sabía que yo gustaba de él, quiso drogarme para aprovecharse de mí.— La miro con horror, no pudiendo creer lo que estoy oyendo.
—¿Entonces el acusado la obligó o la persuadió de ingerir la droga?
—Así fue...
—¡Objeción! La señorita Leagan había aclarado anteriormente que ella le compró la droga a mi cliente, está cambiando la versión de los hechos, señoría.
—Sostenida.— Volvió a declarar el juez. Otro punto a mi favor, pero no me confío.
—Continúe, Licenciado Monroig.
—No tengo más preguntas.— El gordo quedó nervioso. Se sentó al lado de Eliza seguro para planificar su próximo golpe. Metieron la pata enormemente al contradecirse sobre la versión de los hechos. Eso me hace sonreir por dentro. Miro a mi padre, me sonríe con complicidad. Luego miro a la familia de Eliza como bajan sus rostros con preocupación y vergüenza. El señor Marlowe se muestra positivo ante mí y Nicky lucha contra un par de lágrimas invisibles. Entonces está mi madre, por su expresión sé que tiene el corazón en un puño y no ha dejado de llorar ni un sólo momento. ¡Cómo amo a esa mujer! De pronto recuerdo a Candy y a mis hermanas que no las he vuelto a ver y estuve a punto de lanzarme al suelo a llorar ante la posibilidad de que no pueda verlas más. Un juez y un jurado tienen mi vida en sus manos.
—Licenciado Grandchester, adelante.— Indica el juez y yo vuelvo a respirar profundo. ¿Cuándo se acabará todo ésto?
—Terrence Grandchester, ¿tenía conocimiento de que la señorita Leagan tenía algún interés romántico en usted?
—Sí.
—¿Y usted correspondía a esos sentimientos?
—¡Objeción! Las preguntas del licenciado Grandchester no son relevantes.— Grita el abogado gordinflón.
—Señoría, la señorita Leagan declaró hace un momento que mi cliente la drogó porque según ella, él sabía que ella gustaba de él y usó la droga para aprovecharse de la situación, ellos trajeron el tema a colación.
—Objeción revocada. Continúe, licenciado Grandchester.
—Repito mi pregunta, Terrence, ¿correspondía usted a los sentimientos de la señorita Leagan?
—No.
—¿Entiende con eso que la señorita Leagan por despecho está dando un falso testimonio contra usted o que pudo haberle tendido una trampa?
—¡Objeción!
—Revocada. Conteste la pregunta, señor Grandchester.— Me indica el juez.
—Sí. La señorita Leagan pudo haberme tendido una trampa.
—¿Podría explicarnos por qué piensa eso?
—Yo nunca tuve ningún tipo de relación con la señorita Leagan, hasta hace un mes aproximadamente. Yo llegaba a la escuela una mañana cuando la vi discutir acaloradamente con su entonces novio, Michael Jonhson. Vi que que Michael la agredía en varias ocaciones y como el caballero que fui educado, intervine.— Veo al desgraciado de Michael mirarme desde su asiento. El infeliz vino a presenciar mi derrota y yo me muero por partirle su maldita cara otra vez.
—¿Y qué sucedió a raíz de esa intervención en la que defendió a la señorita Leagan de su novio agresor?
—A partir de ese momento, la señorita Leagan mostró una actitud hostigadora y obsesiva conmigo. Exageraba en su gratitud, me perseguía y me presionaba para que yo aceptara su amistad a toda costa.
—¿Y qué medidas tomó usted para evitar a la señorita Leagan?
—En un tono brusco, admito, le dije que no estaba interesado en su amistad, que lo que hice por ella lo habría hecho por cualquier chica y que me hiciera el favor de dejarme en paz.
—¿Y cuál fue la reacción de la señorita Leagan al sentirse humillada de esa manera?
—Se puso histérica y me amenazó con que me arrepentiría.
—¿Lo que lo llevó a pensar en la posibilidad de que sea la señorita Leagan quien está detrás de todo ésto?
—Sí.
—Gracias, Terrence. Ahora, me gustaría hacerle una pregunta a la señorita Leagan.— La veo ponerse nerviosa, como si no esperara que mi padre la fuera a interrogar.
—Señorita Leagan, de pie, por favor.— Ordena el juez y se escucha el suspirar de sus padres.
—Señorita, Leagan, usted afirma que mi cliente le proporcionó la droga la noche del mismo jueves veinte de Noviembre, ¿cierto?
—Sí.— Contestó en alta voz la arpía, pero pude adivinar su nerviosismo.
—¿Podría decirnos a qué hora sucedió eso?
—A eso de las diez de la noche.— Respondió dudosa.
—Sin embargo, mi cliente afirma haber estado en la habitación de su novia a esa misma hora.
—¡Objeción! Su cliente no tiene pruebas ni testigos de haber estado en la habitación de su novia esa noche.
—Sostenida.— Indicó el juez en favor del abogado de Eliza.
—¿Alguna otra pregunta, Licenciado?
—No, señoría.— Mi padre se sienta y entonces toma parte el abogado de la infeliz.
—Señorita Leagan, ¿qué motivo pudo tener el acusado para intentar aprovecharse de usted?
—Por vengaza.— Dijo ella y me miró con el mayor cinismo jamás.
—Explíquese, por favor.
—Hace un tiempo, Terrence fue novio de otra compañera nuestra de colegio, Susana Marlowe. Terrence se enteró de que Susana Marlowe le había sido infiel con Michael Jonhson.
—Su novio.
—Sí.
—Lo cual es un buen motivo para que el señor Grandchester quisiera vengarse de su novio a través de usted, ¿no es así?
—Sí.
—Gracias, señorita Leagan, no tengo más preguntas.
—Bien. Tomaremos un receso de treinta minutos en el cual se decidirá el veredicto final contra el acusado.
...
Éste sin duda ha sido el día más oscuro de mi vida. Me siento cada vez más al borde del abismo. Mi padre trata de infundirme aliento, pero puedo leer en su rostro su evidente preocupación y aunque se está dejando el pellejo en esa sala, es muy poca la fe que tengo de salir airoso. Mi palma comienza arder intensamente, una "C" y una "J" abrazadas que resplandecen insistentemente y no comprendo la razón.
—No te quedarás encerrado un día más, Terrence. Eso puedes jurarlo.— Mi padre está lleno de rabia y con los ojos aguados y en ese momento me dio un gran abrazo, un abrazo como ningún otro que yo recuerde.
—Tengo miedo, papá. Tengo tanto miedo...— Lloro como un niño en sus brazos. Ya no hay orgullo que valga para mí.
—Confía en mí, hijo. Ven, ya es hora.— Me limpio el llanto y camino junto a él nuevamente a la sala para conocer el rumbo que tomará mi vida.
—Señores del jurado, adelante.
—Del delito por posesión y distribuición de drogas encontramos al acusado...
—¡Momento!— Veo entrar a mi prima Karen eufórica a la sala junto a Candy... me quedo paralizado por un momento.
—¡Orden en la sala!
—Disculpe, señoría. Tenemos... tenemos evidencia que prueban que Terrence Grandchester es inocente...— Dice Karen agitada y con el poco aliento que le queda mientras toda mi concentración está en Candy que me mira fijo de lo lejos con dos gruesas lágrimas brotando de sus ojos. Eliza y el abogado están cagando pelos por los nervios, su familia palideció.
—¡Objeción! El jurado ya había tomado una decisión.— Grita el abogado de la cucaracha Leagan.
— El jurado no llegó a dar a conocer su decisión. Señoría, esa evidencia puede marcar el destino de mi hijo para siempre, le ruego por favor nos permita analizarla.
—Objeción revocada. Señorita, identifíquese.
—Gracias, señoría. Soy Karen Klaise Grandchester. Tenemos una videollamada vía Skype que prueba que Terrence Grandchester fue incriminado.— ¡Claro! Candy y yo estábamos usando Skype esa noche, ahí está todo.
—¡Objeción! Ese video pudo ser manipulado, señoría.— El abogado de la peliroja está sudando vómito.
—Objeción revocada. Se tomará un receso mientras los técnicos analizan la evidencia.— Declaró el juez y yo sentí que el alma me volvió al cuerpo.
—Señor Spencer, ¿ya tiene listo el video?— Pregunta el juez una vez regresa el técnico con la laptop de Candy y con otros aparatos para proyectar el video en la sala.
—Sí, señoría. El video es genuino, no se encontró evidencia de que haya sido manipulado.
—Pasemos adelante con las imágenes.
Agradezco que hayan tenido la decencia de poner borrosas las escenas en que Candy y yo hacíamos el amor esa noche y agradecí aún más cuando el técnico adelantó el video inmediatamente al momento en que la droga estaba siendo plantada en mi armario.
—¡Hijo de puta!— Le grito a Michael fuera de sí. Mi padre me retiene porque estuve a punto de volar de mi lugar para matar a ese infeliz.
—¡Orden!— Grita el juez y suena varias veces el mazo. Michael intentó salir corriendo, pero dos oficiales lo agarraron en el acto.
—Analizadas todas las evidencias, señores del jurado, queremos conocer ahora su decisión.— Me vuelvo a tensar, Michael me miera con odio y furia, Eliza está tan pálida como un papel.
—Teniendo en cuenta que el acusado no tiene antecedentes penales de ninguna índole y tras la evidencia mostrada, hallamos al acusado...
—Inocente.
—Inocente.
—Inocente.— Escucho declarar uno por uno a todos los miembros del jurado y lloro después de tanto tiempo de emoción, mas permanezco en mi lugar, falta aún la decisión del juez.
—Terrence James Grandchester, queda absuelto de todas las acusaciones en su contra, es usted un hombre libre.— Los aplausos llovieron. Mi padre me abraza y mi madre y Candy corren hacia mí, nos fundimos todos, incluyendo Karen en un abrazo. Veo cómo se llevan a Michael de la misma forma en que me llevaron a mí del colegio, como un criminal. Eliza nos mira desde su lugar con tanto odio...
—¡Bang!— Se escucha un tiro al momento en que estamos separados listos para irnos.
—Te libraste de ésta, Terrence, pero voy a quitarte lo que más quieres.— Eliza le quitó el arma a uno de los oficiales y jaló a Candy apuntándole con el arma justo en la frente. Veo a Candy temblar como una hoja y las lágrimas resbalar por su cara, lágrimas de terror. Varios oficiales se le acercan e incluso yo fui a lanzarme sobre Eliza.
—Señorita Leagan, arroje el arma.— Le ordena un oficial, la mano de ella tiembla mientra amenaza con jalar el gatillo y nos mira con su cara de desquiciada.
—¡No te me acerques! No te acerques por que te mato a ti también.— Me gritó, haciendo que me detuviera en seco por un momento. Todas las personas en la sala están aterradas. Mi madre se desmayó.
—Eliza, hija, por favor... no hagas eso. Suelta el arma...— Suplica la madre de la maldita llorando.
Eliza se descuida por un segundo al mirar a su madre y Candy intenta quitarle el arma. La tensión ha envuelto el ambiente, ambas tienen el arma agarrada fuertemente, el cañón está apuntando hacia arriba, un oficial está cada vez más cerca de ellas. Eliza hizo un fuerte movimiento justo cuando el oficial ya estaba a un escaso segundo de quitarle el arma y...
¡Bang! Se oyó otro disparo...
Continuará...
¡Hola!
¿Cómo están? Jajajajaja.
Bueno, mis niñas, el drama aún continúa y les reitero que falta más... así que conserven la calma y sus uñas. No es que me haya vuelto una Mizuki segunda, pero ésta historia está fríamente calculada, por lo cual no voy a cambiar ni modificar nada a última hora.
Yo sé que muchas dicen que ya sufrieron en su otra vida, etc, etc, pero... ésto es una reencarnación, ellos siguen siendo ellos, los malos, los buenos y nunca se dijo que se les haría fácil en su segunda vida, sólo que tendrían una segunda oportunidad para realizar su amor y ésta pareja está atravesando todas las pruebas que "El Creador" planificó para ellos.
Tuvimos una larga etapa de amor de lujo, ahora estamos en la dramática y hay que disfrutarla y aceptarla igual. No hay mal que dure 100 años, por eso estoy actualizando seguido para que podamos pasar rápido ésta etapa y poder brindarles muy pronto un hermoso desenlace como el que se merecen ellos luego de haber sufrido tanto, pero... sean pacientes y disfruten cada capítulo, dulce o amargo.
Laurita White: Espero que pronto te decidas a compartirnos tu fic. Conozco esa sensación de miedo, te entiendo, pero lánzate, te estaremos esperando.
Gracias por comentar:
Laurita White, Kazy Tailea, Luisa, blanca luz, Eunice97, Candice Graham, Rubi, dulce lu, Candice. w. andrydeg, Zafiro Azul Cielo 1313, Rose Grandchester, Alizzzz G, zucastillo, Nerckka, Ingrid quintulen, LizCarter, vero, Laura Grandchester
*Recuerden que esta histora es ficticia con el propósito de entretener, tal vez el "juicio" no haya quedado de la manera más profesional, pero lo hice lo mejor que pude, no soy abogada, ni juez, ni fiscal, ni nada, ésta es una historia libre y me siento en la libertad de crear las escenas a mi manera y bajo "la justicia Wendyna" como ya una amiga lo había bautizado.
*Prometo un buen desenlace y por supuesto, un final feliz, y por si acaso, no estarán sufriendo hasta el final, habrán también otros momentos hermosos después de ésta etapa dramática y antes del final, pero... sean pacientes y disfruten de la historia tal como es, gracias por su gran apoyo.
Un beso,
Wendy
