Zafiros y esmeraldas

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 33 Miedo feroz


El mundo se me congeló en el momento justo en que estalló el disparo que ensordeció mis sentidos y entumeció mi capacidad de percibir la realidad. Me liberan del mes de horror que pasé en la cárcel injustamente y ahora ésto. Ahora sólo veo los ojos estáticos y horrorizados de Candy. Soy inmune a los gritos de terror de los demás, ni siquiera puedo distinguir las voces de mis conocidos. Sólo miro a Candy, sólo a ella y no soy capaz de percibir nada más.

A Eliza se le cae el arma de las manos. Candy está temblando, pero a la vez, es incapaz de moverse del pedazo de suelo sobre el que se encuentra paralizada. Su Mirada está fija en mí, pero al mismo tiempo, no me ve.

Entonces por fin soy conciente de la realidad...

—¡No! ¡Eliza! ¡Mi hija no!— La señora Leagan corrió hacia su hija, pero fue detenida abruptamente por un oficial.

—¡Está viva! Llamen una ambulancia, por favor.— Declaró un oficial mientras se intentaba calmar a los padres, pero yo fui conciente de todo...

El disparo rozó la cara de Eliza y creo que ha sido lo más horroroso que he visto. El balazo se llevó su nariz y parte de su frente y un ojo. Tuve que voltear, presiento que tendré pesadillas por el resto de mi vida.

—¡Candy!— Al fin puedo reaccionar del todo y corro hacia ella que sigue inmóvil, está tan pálida como un fantasma, la pobre.

—Te... Terry...— Murmura con su voz y labios temblorosos mientras casi se desmaya en mis brazos.

—Ya, mi amor, ya pasó. Estás bien. Yo estoy aquí contigo.

—Terry...— Se me desmorona en llanto y me abraza muy fuerte.

—Ya, cielo. Ya pasó.— La aprieto tan fuerte. No puedo creer que al fin la tengo en mis brazos nuevamente.

—¡Candy! ¿Estás bien?— Se nos acerca mi madre junto a mi papá.

—Sí... es que pensé que... que iba a morirme.

—¡Ni lo digas!— Mi madre la abraza y llora con ella. Me parece que todos han asumido una actitud sobreprotectora hacia ella, no me molesta, pero me intriga.

—¡Vámonos de aquí!— Dice firmemente mi padre y es un alivio para mí.

—Sí, por favor. No puedo permanecer aquí un segundo más.— Karen se une a nosotros y salimos. A penas pusimos un pie fuera del tribunal...

—Estamos en vivo desde el Tribunal Supremo de Nueva York. Vemos salir a Terry Grandchester con su familia.— ¡Lo que me faltaba! La prensa otra vez. Decido no ser grosero, no es conveniente para una carrera que a penas comienza o dado las cirncustancias, si aún queda algo de ella.

—¡Terry Grandchester! ¿Cuál fue el veredicto del juez?

—Lo que siempre dije. Soy inocente.

—¿Lo incriminaron?

—¿Ya tienen al verdadero responsable?— Son demasiadas preguntas que comienzan a volverme loco. Llevo a Candy muy fuerte de la mano mientras trato de evadir a la multitud que intenta acercarse a nosotros. Una lluvia de micrófonos atiborran mi cara.

—Por fortuna ya tienen al responsable de todo.

—¿Podría decirnos quién fue?

—Preferiría reservarme esa información por el momento.

—Vimos a Eliza Leagan ser trasladada en una ambulancia. ¿Qué sucedió?

—Lo siento, no diré nada más.— Me incomoda la lluvia de flashes de las cámaras y estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano para no mandarlos a todos al diablo. ¡Dios! No hay nada que desee más que estar en casa.

—¿Es ella su novia?— No contesto la pregunta. No quiero que envuelvan a Candy en éste caos y entiendo que ella no está en su mejor momento para tener también que lidiar con la prensa.

—Ya no diré nada más, con permiso.

Me llevo a Candy, mis padres y Karen van detrás. La prensa entonces atosiga al señor Marlowe quien los atiende encantado. Me subo al auto con mis padres y Candy, Karen se va sola en su auto. Abrazo a Candy durante el camino y la sigo notando muy mal.

—¿Te sientes mal?

—Los caminos largos me marean. Creo que... ¡buah!— La veo hacer náuseas y creí que me vomitaría encima. Pobre, lamento tanto que esté así por mi culpa.

—Papá, detente.— Él detiene el auto en una zona apartada y me bajo junto a Candy. Se me quebró el alma cuando la vi devolver todo. Paso suave mis manos por su espalda y me estremezco cada vez que la veo doblarse por las contracciones de las náuseas. Y todo ésto es por mí. La he vuelto un manojo de nervios. Jamás pensé ver a una chica enferma por mí. Literalmente.

—Pero no llores, mi amor. Muy pronto todo este infierno quedará atrás. ¿Te ha dicho algo el doctor sobre la gastritis?— Abrió sus ojazos de par en par y comenzó a llorar nuevamente.

—No...

—Bueno, seguro que deben ser los nervios y la angustia. Ven.— Me la vuelvo a llevar de la mano hasta el auto, la llevo casi cargada. Está tan pálida y frágil. Estuvo recostada de mí el resto del camino y poco a poco se fue calmando.

—¡Terry! ¡Terry!— Me gritan mis hermanas y me abrazan. Yo mismo las abrazo tan fuerte que creo que voy a romper sus pequeños cuerpos. No me había dado cuenta hasta ahora de cuánto las amo.

—Hola. Hola, princesas.— Las cargo a ambas ante las miradas de todos.

—Pensé que nunca llegarías de tu viaje.

—¿Qué nos trajiste?

—Les traje todo mi amor.— Lloré mientras las tenía en mis brazos. Mis hermosas y fastidiosas hermanas.

—Bueno, ya, niñas. Terry y Candy necesitan descansar.— Dice Leia limpiándose las lágrimas. Candy está sonriente y no se ha despegado de mí. Ha recuperado el color.

—De hecho, mamá, yo lo que tengo es mucha hambre.— Confesé abiertamente. La comida de la cárcel era insufrible. Se nota en lo holgado que me quedan los pantalones.

—¡Oh! Es verdad, sabe Dios qué porquerías te daban ahí. Mira lo delgado que estás...— Leia me vuelve abrazar llorando. Ella es mi madre, no importa nuestro ADN.

—¿Y qué le pasó a tu pelo, Terry?— Me pregunta Gia.

—Un nuevo look. ¿Les gusta?— Les guiño un ojo haciéndome el interesante y se ríen a carcajadas. Las extrañé de veras.

—Sí, pero... estabas más guapo antes.

—Ya, suficiente, niñas. Lávense las manos que vamos a comer. María, por favor, ya puedes poner la mesa.

Cuando estoy comiendo, hago una pausa. Diez pares de ojos están mirándome sorprendidos.

—Lo siento... de verdad tengo hambre.— Se ríen porque en mi vida había mostrado yo tanta falta de modales en la mesa. Engullí bocado tras bocado y cuando voy a servirme una segunda ración, me fijo en que Candy a penas ha tocado su comida. Cosa rara, Candy siempre ha comido como si tuviera parásitos.

—Candy... come porque si no, me lo comeré yo.

—Es la emoción.— Me sonríe ampliamente, pero la noto nerviosa. Le achaco sus repentinas rarezas a la impresión de volver a estar juntos nuevamente.

—Entonces yo te daré la comida. ¿Quieres?

—Eh... ¡No!— Contesta avergonzada y con las mejillas rojitas.

—Vamos. Tienes que comer para que tengas pecas más brillantes y saludables.

—Jajajajajajaja.— Las carcajadas de mis hermanas inundaron el comedor. Mis padres también rieron, incluso... por primera vez Candy se rió de mis burlas.

—Te extrañé mucho. ¡Limón!— Me dice sonriendo y lanzándome un trozo de zanahoria a la cara. Está de vuelta.

—A ver... abre la boquita. Mmmm. ¡Qué rico!— Todos nos miran embobados, especialmente mis hermanas. Estoy disfrutando cada segundo con mi familia y con mi amor.

—Candy... ¿no comías bien cuando eras niña?— Pregunta Gia de la nada.

—Todo lo contrario, yo arrazaba con todo.

—¿Y por qué ya no creciste más?

—¡Mia!— La reprende Leia, pero muy tarde, las carcajadas no tardaron en llegar.

—Bueno... es que yo...

—Lo que sucedió fue que por andar de curiosa, se tomó una de las pastillas de chikitolina y...

—¡Terry!— Ahora sí conseguí que se enojara y se ve tan hermosa. La extrañé tanto.

—Sabes que eres preciosa así.— Le di un casto besito y volvió a sonrojarse ante la vista de todos. Y pensar que estuve a punto de perder todo eso...

—¿Candy seguirá durmiendo en el cuarto de Terry, mamá?— Abro mi boca como un buzón ante la extraña pregunta de Gia.

—¿En mi cuarto?— Pregunto con asombro, no porque no me encante la idea, sino porque...

—Terry, yo... vivo aquí...

—¿Qué? Pero...

—Ejem... ustedes tienen mucho de qué hablar. Nosotros nos retiramos.— Tras la indirecta de Leia, todos se levantan de golpe y desaparecen. Yo me voy con Candy a mi cuarto.

Al entrar a mi habitación, la noto algo transformada, hay cosas de Candy mezcladas con las mías.

—¿Te molesta que me haya quedado en tu cuarto? Si quieres, puedo cambiarme a otro...

—¡Por supuesto que no! Lo que me gustaría saber es por qué estás viviendo aquí...— Sus ojos se llenan de lágrimas inmediatamente y mi corazón se oprime.

—Mi papá piensa que eres un delincuente y un vago y...

—¿Te echó de la casa?— Le pregunto exhaltado mientras veo dolorosamente como sus lágrimas caen y se sienta en la cama, me siento junto a ella.

—No... yo decidí irme.— La angustia baña su rostro y salpica el mío. Todo eso lo ocacioné yo, por querer entrar en su vida a toda costa.

—Candy, no tenías que hacer eso por mí...

—¡Sí tenía! No sabes todo lo que he pasado. No podía estar más ahí.

—Lo siento mucho...

—Dejó de hablarme... no podía ni verme y yo... no pude más. No puedes estar donde no te quieren...— Lo dijo con tanto dolor que me atravezó el alma y la abracé, queriendo quedarme con todo su llanto.

—Perdóname por arruinarte la vida, Candy. Si yo no...

—¡No! No digas eso. Yo no me arrepiento de ti para nada. Te amo.— Me comienza a besar, muy dulcemente y puedo saborear la sal de sus lágrimas en sus labios mojados. Pongo mis manos en su cintura suavemente y me entrego a su tierno beso, ella coloca sus manos entre las mías y las sitúa en su vientre. Mi palma ardió tan fuerte en ese momento que me hizo daño. La "J" resplandeció alegremente por unos segundos.

—Pensé que te había perdido, Terry. Nunca vuelvas a echarme de tu vida de esa manera. ¡Nunca!— Se vuelve aferrar a mí y la abrazo tan fuerte que siento nuestras almas fundirse al momento en que nuestras palmas se buscan para resplandecer juntas.

—Perdóname, Candy. Yo viví un infierno en ese lugar. No quise arrastrarte conmigo. Yo te amo demasiado.— La beso con desesperación y la acerco a mí, colocándola a horacajadas sobre mi regazo. La necesito más que nunca.

—El infierno lo viví lejos de ti. Cuando te negaste a verme y...

—Shhh. No volverá a suceder. Estoy aquí para ti... para siempre.

Volví a nuestro beso, a recuperar el tiempo perdido. Pasé mis manos por sus hombros e interrumpí nuestro beso para que mi boca llegara a su cuello. Respiro su olor mientras voy marcando el camino con humedad y le dejo un lunar temporero. Siento como se estremece y gime. Vuelvo a sus labios y enredo mis dedos en su pelo, extrañé mucho eso, sentir como se enredan sus bucles entre ellos. Ella a su vez pasó sus suaves manos por mi pelo, pude sentir su tristeza porque no es lo mismo ahora que tengo el pelo corto.

—Lo dejaré crecer otra vez.— Le digo entre besos y con la voz agitada. Estoy enormemente excitado, no hay nada que deseé más ahora que estar con ella, sobre ella, dentro de ella.

—Eres irresistible de todas formas.— Me regala un gemido y comienza a desabotonar la camisa manga larga que llevo por motivo del juicio. Sus manos se vuelven torpes, está tan desesperada como yo. No puedo resistirme más y la ayudo con mis botones, ella en seguida pasea sus manos por mi torso y lo besa, besa mi cuello mientras siento las cosquillas de sus uñas largas, me vuelvo loco de amor y deseo.

Le quito el suéter de lana que lleva y me recibe su provocativo sostén del cual sus pechos están rebozantes, no tardé ni un segundo en acomodarlos entre mis manos.

—No tienes idea de cuánto extrañé todo ésto, Candy.

—Sí la tengo.— La desesperación se notaba en su voz, acariciando su espalda llegué al broche de su sostén y me deshice de él, gemí al ver la forma en que sus pechos saltaron del sujetador, tan libres. Me siento como si fuera la primera vez que los miro. Redondos, llenos y apetecibles, hoy más que nunca.

Moldeo su cintura mientras elijo uno de sus pechos para saborearlo, lo chupo y ella gime, se revuelca contra mi erección y con la dura espera que yo llevo, ruego a Dios no correrme en mis pantalones.

—¿Extrañaste todo ésto, Candy?

—Demasiado.— Responde desabrochándome el pantalón, haciéndome respirar profundo. Yo sigo admirando su cuerpo, la acuesto en la cama porque quiero cubrirla de besos, descubrir su cuerpo otra vez.

Así acostada, me coloco sobre ella, pero me apoyo en mis brazos para no aplastarla con mi peso y comienzo una ruta de besos por toda esa piel tan blanca y perfecta. Me dediqué a su boca y cuello por un buen rato, luego me fui deslizando y bajé hasta su vientre, respiró profundo cuando llegué ahí.

Me quedo contemplando su barriga un rato, hay algo distinto y no es sólo el hecho de que no lleva el piercing que yo le regalé, sino que su vientre está muy duro en la parte baja y algo abultadito. Está gordita, pensé, pero ni loco hice comentario alguno, aprecio mi vida.

Luego le reclamaré sobre el piercing, por ahora, sólo besé su vientre porque la amo de todas formas, aunque se ponga gordita, es preciosa. Mi palma ardió violentamente cuando le besé el vientre, la "J" brilla de forma intermitente, pero yo estoy demasiado excitado para prestarle mucha atención.

Deslizo el pantalón licra de Candy junto con sus bragas. Había olvidado lo perfecto que era su cuerpo y la forma en que su piel se enchina cuando mis labios la prueban.

—Te amo, Candy.— Le dije al mismo tiempo en que me bajaba los pantalones junto con mis calzoncillos. No aguanto más, necesito estar dentro de ella.

—Yo te amo más, Terry, mucho más.— No tuve tiempo para debatir su declaración porque me empujó hacia ella y caí suavemente sobre su cuerpo, nos fundimos en otro beso y como si adivinara mi desesperación, abrió sus piernas instintivamente para recibirme.

Disfrutando de sus pechos con mis manos y boca, entré en ella y fue tan suave y cálida su bienvenida, sus gemidos fueron como vítores por mi llegada.

Me muevo en ella de forma muy suave y ella se mueve conmigo mientras me besa sin dejarme respirar, nuestra añoranza se está manifestando. Me muevo suave porque no quiero correrme aún, quiero disfrutar y extender éste momento único cuánto sea posible y que me parta un rayo si me corro antes que ella.

Abraza mi cintura con sus piernas y me impulsa hacia ella con más fuerza, entonces aumento la fuerza de mis embestidas, me transportan sus gemidos y sus gritos ahogados.

—Te amo...— Murmura echándose hacia atrás y agarrándose los pechos, desearía tomarle una fotografía a su cara de éxtasis mientras se corre, pero yo estuve a punto de caerme al momento en que me comencé a venir desquiciadamente. Había escencia mía por toda ella.

—Te amo...— Le dije casi enfermo y desplomándome, pero ella se giró y quedó sobre mí. No me dejó quedarme sobre ella como tantas veces, ha rehuído de mi peso y en ocaciones se cubre el vientre con las manos, ya se le ha vuelto costumbre.

—Candy... otra vez llorando...

—Lo siento, es que... pensé que ésto no me sucedería jamás...

—Yo también lo pensé. Viví las horas más oscuras de mi vida.

—Terry... hay algo que te quiero decir... y es la razón principal por la que me estoy quedando en tu casa...

—Te escucho, pero primero vamos a darnos un baño...

Terry me carga hasta el baño y se llevó el coraje que había reunido para decirle sobre el bebé. Tengo mucho miedo, pero ahora que lo tengo conmigo, abrazo la esperanza y tengo fe de que su reacción sea positiva y se alegre... pero el miedo hace estragos en mí y me retiene con sus garras implacables.

—Cúbrete bien, mi amor. Hace mucho frío.— Me besa un segundo y luego va a su cómoda a sacar ropa para él, paseando su cuerpo desnudo que me acorta la respiración.

Se quedó contemplando un rato una de mis bragas que estaba doblada junto a sus calzoncillos en su gaveta y me sonrió con diablura haciendo que me sonrojara.

Cuando me puse mi pijama, me coloqué encima una playera de Terry, con la que he dormido durante todo el tiempo en que él no estuvo.

—¿Te molesta que use tu ropa? Es que...

—Usa todo lo que quieras.— Me responde acercándoseme y dándome un ardiente beso que me dejó temblando. Se me hace más difícil decirle sobre el bebé cada minuto que pasa.

—Voy por un poco de leche, ¿quieres algo?— Se dirige hacia la puerta. Lo veo tan feliz mientras yo tengo una encrucijada interna. Contemplo mi palma, la "J" brilla tan débil en éste momento, es como una advertencia...

—No. La leche me repugna. Pero te acompaño.— Añadí en seguida sonriendo y bajé con él hasta la cocina.

Es entrada la noche, todos ya se han ido a la cama.

Me siento en el mostrador mientras él ya está por abrir la puerta del refrigerador y lo veo paralizarse de pronto. Deja caer el vaso de cristal que se hizo añicos al igual que toda mi expresión y seguridad. En la puerta del congelador, está pegada una imagen de la ecografía de mi bebé...

Continuará...


¡Hola!

Espero que les haya gustado el capítulo. Ésta historia aún no se termina, así como tampoco se ha terminado la etapa dramática. Antes de que me lo pregunten... aún no he terminado con Eliza, pero todo a su tiempo, amigas.

Chicas, les comunico que desafortunadamente, mi historia no resultó elegida para el concurso en que participé, no voy a negar que me siento triste, pero... hay que tener dos sacos, uno para ganar y otro para perder, pero jamás podemos rendirnos, será en otro momento, gracias a las que ya me han expresado sus palabras de aliento.

Gracias por comentar:

Luisa, asasceca, Laurita White, norma Rodriguez, Mimmie Grandchester, Nerckka, Candice Graham, Laura GrandChester, Eunice97, Candice. w. andrydeg, Oh Ha Ni, dulce lu, LizCarter, Guest, Rose Grandchester, Ailizzzz G, Jessica, Zafiro Azul Cielo 1313

Hasta pronto,

Wendy