Zafiros y esmeraldas
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 34 En el mar de mis miedos
Me pongo de pie, tiemblo de miedo, de terror, de expectativa, de todo. Sitúo mis manos sobre mi vientre, no sé si deba protegerme, protegernos a ambos. Terry se me va acercando lentamente luego de haberse quedado estático por más de un minuto. Mis lágrimas de pavor comienzan a caer mientras lo veo caminando descalzo sobre los vidrios de lo que había sido un vaso, aparentemente no siente dolor. Sus pies van dejando huellas ensangrentadas, yo me siento perdida entre la pared y el mostrador. Su mirada luce perdida y vacía, yo me estoy muriendo de miedo.
—Estás... emb... embarazada...— Tartamudea cuando se encuentra a escasos milímetros de mí. Su expresión está tan rota y yo no hago más que llorar.
—Sí. Pero no es lo que tú piensas, ésto ha sido...
—¡Me mentiste! Me mentiste, Candy.—Su tono de voz es suave y fuerte a la vez.
—No, Terry, yo... yo tampoco sé cómo fue que sucedió... tú sabes bien que yo siempre...— Tengo tanto miedo que se me entorpece el argumento, tanto miedo que he abarrotado mis brazos fuerte contra mi vientre, creando una barrera protectora para mi bebé contra la furia del miedo de Terry.
—Sabías que no era el momento. Sabías que yo no estaba preparado para algo así... ¡y no te importó!
—¡No es eso! Escúchame, por favor...— Hace una pausa y se lleva los dedos a su pelo corto, a pesar de su furia, está también temblando, hay pavor en su mirada.
—Candy... yo no quería perderte, de ninguna manera... yo quería tenerte por siempre...— Su mano está en mi rostro, pero su expresión es carente de cordura y veo que llora.
—¿Por qué tienes que perderme? Estoy aquí, contigo...— Rozo con mi mano la mano suya sobre mi mejilla. Su llanto mudo fluye más.
—Eres muy joven, Candy. Yo no te quiero perder... te va hacer daño...— Solloza como un niño y yo me quiebro como una galleta, retiro la barrera de mis brazos de mi vientre y lo abrazo para consolarlo, quiero arrancarle ese temor.
—Nunca me vas a perder, mi amor. El bebé moría por conocerte... ¿quieres tocarlo? Yo ya puedo sentir sus burbujeos...— Llevo sus manos a mi vientre y él lo toca muy suave, sin apartar su mirada triste e indescifrable de mí.
—Candy... no puedes... te hará daño...— Retira sus manos de pronto, como si se hubiese quemado y mi palma comienza a doler, el fulgor de la "J" se empieza a desvanecer.
—No, Terry, estoy perfectamente... el bebé también...
—No puedes, Candy... no puedes tener a ese bebé...— Mi mundo cayó al suelo como una torre de pastel.
—¿Qué? ¿Cómo puedes decirme eso? ¡Por supuesto que lo voy a tener!
—Candy... entiende, ese niño va a matarte...
—¡No me toques!— Le grito empapada en llanto y alejándome de él. Terry acaba de destruir todas mis ilusiones.
—¿Qué es lo que pasa?— Se aparecen mis suegros en pijama, con los ojos aún dormidos.
—Terry... Terry quiere matar a mi bebé.— Balbuceo llorando sin consuelo mientras él vuelve a su estado perdido y ellos intentan asimilar mis palabras.
—¿Qué? ¿De qué estás hablando? ¿Cómo que Terry quiere...?
—¡Así es! Acaba de decírmelo. No quiere... no quiere que lo tenga...— Leia corre hacia mí, el señor Grandchester mira a Terry con el gesto duro, pero Terry en su mundo no se entera de nada.
—¿Qué fue lo que le dijiste, imbécil?— Su padre lo sujeta fuerte por el cuello de su camiseta, en su gesto hay decepción y dolor, pero no más del que hay en mi alma.
—Que no quiero perderla... no quiero que se muera como mamá...— Cayó al suelo de rodillas y siguió llorando, pero ésta vez, yo no quiero consolarlo. Me ha herido profundamente y no sé si yo pueda olvidar sus palabras alguna vez.
—Terrence, ven aquí, vamos hablar.— Su padre lo ayuda a ponerse de pie mientras yo sigo llorando en los brazos protectores de Leia, extrañando más que nunca a mi propia familia.
—Ustedes... ustedes lo sabían y no me dijeron nada...— Terrence lo arrastró aparte, a su despacho.
...
—Quiero irme a casa, Leia... quiero irme con... con mi mamá.— Lloro como una niña en sus brazos, ella me acuna en su regazo, estoy en su habitación.
—Lo sé, cariño, lo siento tanto... pero ya es tarde, mañana te llevo...
—¡No! Yo quiero irme ahora. No quiero ver a Terry nunca más.
—Shhh. Ya, preciosa, no te alteres. Terry sólo está asustado, ya se le pasará.— Me besa el pelo y me lo soba, como lo haría mi madre.
—¡No me importa! No quiero verlo más nunca en mi vida. No lo quiero...
—No digas eso, Candy... no es fácil para él y sé que para ti tampoco. Es un embarazo no planificado, lamentablemente no deseado y tienes que darle tiempo a que lo asimile...
—¿Tiempo?— Levanto mi cabeza y abandono la posición recostada para sentarme y mirarla directamente a los ojos.— ¿A mí quién me dio tiempo para asimilar nada? Hace dos meses que no me habla mi padre por su causa, viví un mes de agonía mientras él estuvo preso y yo me quedé sola con su bebé, evitando las lágrimas, las crisis para no perjudicarlo y él... él quiere matarlo.— Me deshago en llanto, me duele tanto pronunciar esas palabras tan amargas, pero me duele mucho más que él las hubiera pronunciado primero.
—No te encierres en eso, Candy. Terry no sabe lo que dijo, fue en un momento de terror, el pánico a perderte. Ya lo conoces, Candy, Terry tiene una bocota enorme, pero también un gran corazón...
—No, Leia. Yo ya me harté de él y de sus miedos. Me voy mañana mismo y dile por favor, que se haga de cuenta que yo no existo, que nunca existí y que no pierda el sueño, mi bebé no lo necesita para nada.— Me pongo de pie.
—¡Candy! ¿Qué cosas estás diciendo?— Me reclama e intenta detenerme mientras yo intento salir de su habitación en busca de otro rumbo.
—Terry no quiere a su hijo y si es así, entonces yo tampoco lo quiero a él.
—Candy...— Me llama, yo la ignoro y sigo de largo.
Me meto en la cama, que aún huele a Terry, a los dos y lloro toda mi rabia y mi dolor.
...
—No sabes el infierno que ha pasado esa pobre muchacha, Terrence. No se merecía que le dijeras todas esas cosas.
—No quise decir eso, papá, es que... yo tengo tanto miedo de perderla... no pensé en nada más. Cuando yo la veo a ella, veo a...
—Lo sé. Pero hay una gran diferencia, Terry. Tu madre no está y ella sí, acabas de darle la espalda cuando más te ha necesitado.
—Es que... está tan jovencita y es tan pequeña, tan frágil, papá... ¿y si...?
—Ya no pienses más en eso, Terrence. Tienes que ir superándolo... tu madre estaba enferma, Candy es una joven sana, llena de vida.
—¿Y si el niño la pone enferma?— Mi padre pone su palma sobre mi hombro.
—Terrence... ¿en serio no te diste cuenta? ¿No la notaste diferente?— Bajo la vista. ¡Por supuesto que lo noté! Sólo que no quise verlo...
—Ella estaba diferente... más... sensible y muy tierna... y un poco más gordita...— sonrío con melancolía, ahora con los pensamientos claros, puedo verla en mi mente como realmente se veía, hermosa.
—¿Y sus ojos? ¿Te fijaste en sus ojos?
—Sí...— Sonreí entre lágrimas.— Sus ojos brillaban más que antes, toda ella brillaba...— Contesto mientras me pierdo en todas las imágenes bellas que me llegan de ella.
—Entonces, ¿crees que todo eso es señal de que el niño le esté haciendo daño?
—No...— Respondo avergonzado y mi padre sonríe fugazmente.
—Pero... ¿te la imaginas? Ella tan pequeña y con una panza...— Mi padre suelta una carcajada y me contagia con ella.
—Desde ahora ya se ve muy graciosa.— Me dice, pero luego vuelve a la seriedad y yo respiro profundo.
—Terrence, Candy ha perdido el apoyo de su familia por quedarse a tu lado y ser fiel a ti y sobre todo, por querer conservar a tu hijo...— Me siento tan ruin en éste momento, me siento una mierda por haber reaccionado de esa manera y vuelvo a llorar, sintiéndome tan miserable, tan basura.
—No era cierto que yo quería que matara al niño, papá... yo no quería decir eso, sólo... se me escapó...— Mi padre me abraza porque recordar todas las cosas que le dije me duele tanto como si me estuviera enterrando un cuchillo en el pecho por cada sílaba desgarrodora que pronuncié en ese entonces. No creo que yo tenga perdón por decidir sobre la vida de mi hijo... Mi hijo... se escucha muy bien eso... un hijo mío, dentro de Candy... ¿qué tiempo tendrá ya?
—Tendrás que hablar con ella, Terrence y tendrás que comportarte como un hombre... te advierto que no lo tendrás nada fácil...
—Ella... debe estar odiándome... yo acabo de hacer que me odie, papá... seguro que hasta el niño también me odia... ¿es cierto que pueden sentir nuestro rechazo?—Ésta vez es mi padre el que baja la cabeza con pesar.
—Es muy cierto. Son capaces de percibir cada emoción, incluyendo cuando se les desprecia...— Quiero morirme en éste mismo instante en que me entero de todo eso. El niño aún no nace y yo ya le estoy haciendo daño.
—Pero eso no es cierto, yo sí lo quiero...
—El bebé lo sabe. Pero Candy no. Ve a buscarla antes de que se te haga tarde, Terry...
—No me querrá ni ver, papá. No la conoces...
—Ve con ella e insiste hasta que te quiera escuchar, así te tomes los seis meses de gestación que le faltan... Ah... y recuerda que somos tu familia, que los estaremos apoyando en todo, a los tres.— Le di un fuerte abrazo a mi padre y salí del despacho para buscar a Candy.
...
Entro a mi cuarto, que ahora comparto con ella y me la encuentro dormida, tapadita con las sábanas y lloro en silencio, agradezco a Dios por ella y de pronto el miedo hacia mi hijo se evapora, convirtiéndose en un amor profundo que creció instantáneamente luego de la tormenta.
Me acerco a ella y tengo cuidado de no despertarla. Toco suave su rostro caliente y húmedo por todas las lágrimas que yo debí causarle, se me oprime el pecho. Le bajo un poco la sábana, el aire acondicionado está encendido, pero ella está un poco caliente y sudada, seguro a causa del coraje que la hice pasar con mi estupidez.
Descubro un poco más la sábana y veo sus delgados y delicados bracitos sobre su vientre, se los retiro poco a poco y le levanto un poco la franelita. Dos lágrimas mías mojaron su vientre y sentí mi palma arder de inmediato, la "J" resplandeció con intensidad por un segundo, luego volvió a debilitarse... pienso en esa "J" y en mi hijo... descubro que esa letra es de su nombre y sin permiso de Candy, decido que mi hijo se llamará "James"; el nombre que me puso mi madre.
Paso mis manos por su barriguita... es a penas un diminuto montículo en su bajo vientre... se me eriza la piel cuando comprendo que esa pequeña montañita es mi hijo y lo beso... lo beso mucho mientras Candy sigue durmiendo ajena a todos mis sentimientos. Decido meterme con ella en la cama, a su lado, ya mañana será un nuevo día para pedirle perdón por todo.
Justo cuando voy a acomodarme muy cerquita de ellos, la veo removerse.
—Terry...— Murmura mi nombre con los ojos cerrados.
—Estoy aquí, mi amor. Sigue durmiendo. Yo los cuido, a los dos.— Beso su deliciosa y suave mejilla y percibo lo caliente que ella sigue.
—Terry...— Vuelve a susurrar mi nombre y entreabre un poco los ojos.
—Descansa, preciosa.
—Me duele, Terry... me duele mucho...— Su voz suena débil y apagada, todos mis sentidos se ponen alerta de golpe.
—¿El qué te duele, Candy? ¿Dónde?— Sus ojos se cierran y veo como ella se me va... le quito la sábana de un tirón y siento como mi mundo se despedazó en una milésima de segundo.
—¡Mamá! ¡Papá!— Grito con horror.
...
—Cálmate, Terry. Se van a poner bien.— Una sala de espera en el hospital nunca había sindo tan torturante para mí. Los miedos que hace unas horas había dejado atrás, se agolparon en una fila estrepitosa sobre mi frente. Candy sin fuerzas y sin voz... sangrando y yo atravieso el infierno de poder perderlos a los dos.
—¡Es mi culpa! Yo le provoqué todo ésto...
—No digas eso, Terry.— Leia me abraza, abraza mis restos moribundos, porque yo sin Candy no tengo vida y si algo le llegase a pasar a mi bebé, no me lo perdonaré jamás. Ambos estaban bien hasta que yo llegué.
—¡Doctor! ¿Cómo está ella?— De un salto brinco del regazo de Leia hacia el doctor.
—Joven... no le voy a mentir. Gracias a Dios se detuvo el sangrado, pero ambos están muy delicados. Está bajo amenaza de aborto...— Me caigo al suelo al ver como el infierno de lo que hace un rato le sugerí se va haciendo realidad.
—Sálvelos, por favor... no los deje morir, por favor, se lo pido...— Me he arrodillado ante ese señor de bata blanca, todo mi orgullo se ha ido al piso, mientras mi padre vuelve a levantarme otra vez.
—Cálmate, Terry. No ha perdido al niño, aún hay esperanzas...— Mi padre está tan deshecho como yo, seguro viviendo alguna reseña de su pasado con mi madre.
—¿Dónde está mi hija? ¿Qué le hiciste, desgraciado?— El puño de mi suegro se estampa en mi mandíbula, casi derribándome y haciéndome sangrar.
—Cálmese, señor, Andrew.— Mi padre me ayuda a no caer, mientras lo que quedaba de mí seguía tambaleándose.
—¿Que me calme? Desde que éste infeliz se cruzó en la vida de mi hija no ha hecho otra cosa más que desgraciarla.
—¡Albert!— Le grita la señora Lena.
—Le advierto una cosa, si mi hija se muere, yo no descansaré hasta matarte, malnacido...— El señor me sostiene por el cuello de mi chamarra, pero yo no puedo ni quiero defenderme, hace tiempo que comencé a morirme.
—Si usted vuelve a ponerle un dedo encima a mi hijo, se va arrepentir...
—¡Terrence! ¡Por Dios! Ya dejen de buscar culpables. Aquí lo que importa es la vida de Candy y de ese bebé que no tiene la culpa de nada. Dejen su machismo irracional.— Leia pierde el control y el señor Andrew se desploma, mi padre lo sostiene.
—Mi hija... no puede morir pensando que yo la odio...—Cae al suelo de rodillas como yo hace un rato, está llorando, también llora su madre, mis padres, y yo soy el causante de todo ésto.
—Tranquilícese, señor Andrew. Su hija va a ponerse bien...— Le dice mi padre y todos nos sentamos a esperar... Leia y mi suegra hablan sobre lo sucedido, mi suegro y mi padre permanecen callados y yo... yo siento que he dejado de existir, hasta que Leia me acerca a ella y vuelve acomodarme en sus brazos, yo cierro los ojos lentamente.
...
—Mamá... ¿mami?— Me encuentro en un jardín precioso, hay muchas flores de todos los colores y bayas silvestres. También hay un hermoso columpio y una señorita rubia meciéndose en él y me sonríe.
—¡Terry!— Ven, cariño, ¿quieres columpiarte?— Me extiende sus manos y yo corro hacia ella, de pronto me veo de cinco años, me monto en el columpio y madre me empuja.
—¡Eso es! Tú solito.— Muevo mis piernitas al aire y mi pelo se mueve al viento. Soy invadido por el sonido de mis propias carcajadas infantiles.
—¡Más fuerte, mamá!— Grito y la escucho reir. Es bella mi madre. Tiene el pelo rubio, como Candy, y muy largo, pero es lacio. Sus ojos son muy grandes también, pero color miel, cálidos, risueños.
—¡Vuela!— Me dice mientras me tiene en sus brazos en forma horizontal y yo extiendo mis bracitos al viento, tratando de empuñar la brisa, luego mi madre se sienta conmigo en su regazo.
—¿Tienes sueño, pequeño?
—Sí, pero quiero seguir jugando...— Respondo y voy detrás de Cometa, el San Bernardo que fue de mi madre y que duró conmigo diez años más.
Me canso de perseguir al perro y me siento fatigado en un banco, vuelvo a verme como soy ahora, un hombre acabado, abatido y derrotado.
—Terrence...
—¿No estás orgullosa de mí, verdad?— Ella pone su suave mano en mi mejilla y sonríe con melancolía al sentir los vellos gruesos de mi barba de dos días, comprendiendo que no soy más su niño.
—Estoy muy orgullosa del jóven en que te has convertido. Un hombre que lo da todo cuando ama, como tu papá.— Me besa en la mejilla y quiero quedarme en sus brazos por siempre, quiero que éste sueño no se termine nunca.
—Un hombre no hace lo que yo hice, mamá.— Lloro, recordando nuevamente a Candy y a mi hijo luchando por sus vidas.
—El miedo a veces tiene consecuencias terribles, mi amor. Puede hacer que un hombre se vuelva un niño, tú actuaste como un niño asustado.
—Pero no soy un niño ya, mamá, ¿entiendes? Voy a tener un bebé.
—Lo sé. Y tu lugar está al lado de ellos, de tu novia y ese pedacito de cielo que Dios te ha dado.
—Es por mi culpa que se están muriendo...— Emprendo un llanto amargo y ella me abraza fuerte. No hay nada más poderoso en días de angustia que el abrazo de una madre, aunque sólo sea en un sueño.
—No te rindas, hijo. El primer paso para alcanzar el perdón, es perdonarnos primero nosotros mismos...
—No tiene perdón lo que yo hice, mamita.
—Lo tiene si tu arrepentimiento es genuino.
—Tú que has estado aquí tanto tiempo, tan cerca de Dios... ¿Podrías salvarlos? ¿A los dos?— Suplico llorando, pero mi madre no habla, sólo me mira... y yo no sé que pensar.
—Eso sólo puede hacerlo el Creador, Terry...
—Pues habla con él, por favor... dile que puede quedarse conmigo a cambio... por favor... ¡dícelo!— Grité desesperado, pero mi madre se desvaneció.
Continuará...
¡Hola!
Fin de la espera, lindas. Espero poder actualizar más seguido, ésta semana pasada y la anterior han sido un poco desgastantes para mí, pues estamos en pleno inicio de clases y mis niños son pequeños, están aún en ese proceso de adaptación y mis días han estado muy cargados, pero siempre trato de sacar alguito de tiempo para éste fic que me tiene enamorada.
Chicas, les comento que "La pasión tiene memoria" está disponible en la tienda Kindle de Amazon, bajo mi nombre (Wendy Ovalles). Algunas cosas fueron cambiadas, como los nombres de los personajes, obviamente y algunos detalles. Si alguna de ustedes le interesa adquirirlo, está en $2.99 (formato digital) recuerden que el precio varía según la moneda de su país.
Muchas gracias por sus comentarios:
Oh Ha Ni, Motsex3, Guest, Maria 1872, Alejandra Grandchester, Eri, norma Rodriguez, mariana seguame, Candice Graham, Luisa, zucastillo, AleSa, Eunice97, Candice. w. andrydeg, Zafiro Azul Cielo 1313, Angie08, Alizzzz G, Laura GrandChester, dulce lu, sandy. dearagon, Rose Grandchester, LizCarter
*Tengo un poema que subí a FF con el nombre de "Bajo el sol", lo tenía como "complete" pero cambiaré el status a "in progress" porque lo convertiré en un espacio para poemas de Candy y Terry, cada cap será un poema, según yo me vaya inspirando, si alguna de ustedes les gusta la poesía, como a mí, espero que lo disfruten.
Un beso,
Wendy
