Zafiros y esmeraldas
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 39 Celos, malditos celos
—Candy... ¿qué haces aquí?— Aparto las manos de Nicole de mí y voy hacia ella preocupado, sus ojitos aguados y una furia latente en su expresión.
—Vine a... a disculparme... pero ya veo lo ocupado que estás y lo exhaustivos que son tus ensayos...— Mira a Nicky con reproche y fui conciente de la mirada de arpía que ésta le dedicó.
—Candy... ven, vamos a otra parte...— Intento llevármela, pero se resiste a tomar mi mano.
—¡No! Puedes quedarte aquí, en tu mundo, con ésta.
—Ésta tiene su nombre, aunque no tan patético como el tuyo.— Me volteo hacia Nicky, ella acaba de tomar una acción muy desacertada.
—Porque "Susana" sí es muy bonito y original, ¿no?
—Bueno, es que tu noviecita empezó...
—¿Y tú te has mirado en el espejo? Tu frente es más prominente que la de tu hermana.
—Se te han subido mucho los humos, no olvides que yo soy la hija de...
—La hija del diablo, un engendro repugnante igual que la zorra de tu hermana. Y te digo una cosa, a mí no me tiene en sus manos nadie, ni tú, ni tu padre. Si quieren abandonarme ahora me vale verga... yo ya soy quien soy y no faltará el productor que se acerque a mí como un león tan pronto sepan que dejé NY Rercords.
—¡Suéltame!— Se safa de mi agarre indignada.
—Nunca te vuelvas a meter con Candy, Nicky, nunca... no me conoces...— Siento que me duelen las muelas por lo apretada que tengo la mandíbula y las ganas inmensas que tengo de estrangularla. Entonces vuelvo hacia a Candy, ya no llora, pero está furiosa. La miro tan hermosa con su vestido rosa y fresco, su carita angelical y su panza. Se ve hermosa mi ángel y de pronto siento un orgullo tan grande, casi machista de saber que es a mi hijo que lleva dentro, mío y la siento más mía que nunca.
—Candy, ¿nos vamos a casa?
—No, yo me voy a casa, tú quédate aquí con la jirafa tarada a que te siga sobando.— Pongo mis ojos en blanco, pero no le recrimino nada, tiene razón en reaccionar así.
—¿Tarada? ¡Ja! Estás celosa y es inevitable... no te culpo, sabes. Debes llorar mares cuando te miras al espejo toda deforme... imagínate, una pitufina con panza...
—¡Nicole!— Me acerco a ella de forma amenazante y aunque tiembla, continúa soltando su maldad.
—Y cuando al fin des a luz... estarás mucho peor, con el vientre fofo, y con la piel de cebra de todas las estrías que te van a quedar... Terry jamás volverá a tocarte...— ¡Plaf!
Candy la abofeteó, de una forma tan fuerte que hasta a mí me dolió y aún trato de reaccionar. A pesar de todo, sé que las palabras de Nicky hirieron a Candy y que a mí me tocará ahora lidiar con todos los complejos que ésta maldita infeliz trató de inculcarle.
—¿Qué diablos pasa aquí?
—Pasa papá, que has hecho creer a Terry que es dueño y señor de ésta empresa. Que viene y va y hace todo lo que le da la gana y encima tengo que soportar los berrinches de su estúpida novia.
—¡Nicky! No entiendo nada y lo que yo sé es que ya me tienes harto, aquí la verdad no compones nada y te la pasas pegada a nosotros como una goma de mascar. Por qué mejor no haces algo por tu vida, ir a la universidad, por ejemplo.
—Porque lo que yo quiero es cantar. Y tú ves talento en todo el mundo menos en mí. Me das la espalda todo el tiempo, mientras que lames las botas de Terry y tu hija soy yo y no él.— Le escupe Nicky llorando a su padre, lágrimas de chantaje.
—Señor Marlowe, lo aprecio mucho, pero no estoy dispuesto a lidiar con su hija. Puede mandar mi carrera al diablo si lo desea, pero no voy a ser el juguete de nadie por un disco...
—¡Terrence! ¿De qué hablas? Vamos hablar...
—¡Estoy harto! Estoy harto de todo ésto, de todos ustedes, de todo el mundo...— Estallé porque llevo demasiada presión adentro. Me siento como un globo al que le han soltado el nudo.
—No puedes irte así como así, Terrence... tenemos un contrato.
—¡Demándeme!— Le grité y salí llevándome a Candy conmigo.
...
—Terry... no debiste renunciar... y menos por mi culpa, yo debí hacerle caso a Leia y no venir a molestarte...— Estamos entranto a mi auto y a pesar de todo, yo estoy más calmado y no tengo ningún resentimiento hacia Candy, muy por el contrario. Lo que quiero es mimarla, tenerla en mis brazos y consentirla, lo que no he hecho como se debe por mis tantos compromisos.
—Mi amor, tú no molestas. Nunca pienses eso. Tú puedes ir a verme donde quieras y cuando quieras.— Tomo suavemente su carita con mis manos y limpio sus lágrimas.
—Pero ocacioné que te pelearas con tu manager... y... ¿y si te demanda de verdad? No me lo voy a perdonar... yo... sólo te he dado problemas.— Vuelve a soltar las mismas lágrimas que acabo de enjugarle.
—No pienses en eso, tú eres más importante que todo eso...
—Pero... ¿tu carrera? Yo sé que la música siempre ha sido tu sueño...
—Cielo, el señor Marlowe no es tonto, no me va a demandar, perdería más. Pronto me llamará y buscará alguna estrategia para convencerme...
—¿Y si no lo hace?— Me pregunta con los ojos llenos de amargura y preocupación.
—Lo hará. Fue sólo una discusión, Candy. Te aseguro que no pasará de eso.— Le di un besito en los labios para tranquilizarla.
—¿Y por qué ella te estaba sobando?— Mucho había tardado en reprochármelo.
—Nicky es así, empalagosa como su hermana. Yo estaba tan aturdido emocionalmente que no le presté importancia, lo siento...
—¿No le prestaste importancia? ¿Y que tal si en algún momento de tu debilidad emocional ella intentaba algo más? Así empieza todo.— Está que arde y se ve hermosa, hago de todo para no reirme porque sé que mi vida correría peligro.
—¿Algo como qué?— La provoco, aprovechando sus celos, porque casi siempre, el celoso soy yo, pero ahora con la historia invertida...
—Algo como... besarte... enredarte... no sé, las cosas que hacen las resbalosas como ella.
—Yo nunca dejaría que eso pasara. Tranquila.
—Sí, como no. Pues no parecías muy inquieto cuando te estaba sobando.
—Candy... reconozco que eso fue una estupidez de mi parte, pero honestamente, estaba tan aturdido que ni sentí nada de lo que hacía, a mí esa chica no me da ni frio ni calor, me es totalmente indiferente. Nunca más volverá a tocarme después de lo que le dije, créeme.
—Pero ya lo hizo.
—Bueno, no puedo cambiar eso, pero ya la mandé al diablo junto con su padre, ¿castigo suficiente?— Rozo su naricita con la mía.
—Me gustaría conocer qué harías tú si...— Su celular interrumpió en ese momento. Cuando va a tomarlo, se le resbala y lo tomo yo.
—¿Quién es Ryan?— La rabia me inundó en minutos.
—Dame el celular, Terry. Se va a perder la llamada.
—Me importa una mierda, ¿quién es?
—Después te explico, ahora, dámelo.— Su insistencia en contestar me va endemoniando más, sobre todo, el no decirme de una buena vez quién coño es.
—Vas a explicarme ahora.
—¡Grrrr! Ya se perdió la llamada. ¿Por qué eres tan insoportablemente necio?
—Si me hubieras dicho quién es...
—¡La consejera de mi escuela!
—¿Consejera? En la pantalla decía claramente Ryan, no soy tonto, Candice.
—Ryan es su apellido. Se llama Charlotte Ryan. ¡Grrr!— Mi rostro se desencaja por un instante.
—¿Y no podías decirme eso desde el principio?
—Igual no me hubieras creído. ¿Qué haces?— Me pregunta ansiosa al verme trastear en su celular.
—Añadiendo el "Charlotte" al nombre de contacto.
—Tengo una cita con ella, ¿me llevas?
—Claro. Espera... ¿una cita? ¿por qué? ¿pasa algo?
—No. Bueno, recibo consejería y ayuda, ya sabes... adolescente, embarazada...
—Oh... Candy...
—Dime.
—¿Tenemos tiempo para un paseo antes de tu cita?— Asiente y me la llevo a mi lugar favorito en el mundo, ahora nuestro.
...
—Hacía tanto que no veníamos aquí...— Candy se queda contemplando éste mágico lugar, ahora en primavera, está más hermoso, las flores, el verdor de la hierba y lo templada que debe estar el agua del río.
Me parece que ella es un hada encantada, con ese pelo tan hermoso y su vestido, la miro a detalle mientras ella explora el lugar. Su pancita le asienta preciosa, sus piernitas están más gorditas, sus pies un poco hinchaditos, pero hermosos, delicados, vivo enamorado de ella, de todo lo que es.
—Ven, mi amor, no quiero que vayas a resbalarte por ahí.— La invito a sentarse junto a mí sobre la hierba, nuestros pies sumergidos en el agua del río, la coloco entre mis piernas, como antes.
—Hay tantos recuerdos hermosos aquí...
—Creo que ésto es lo que necesitábamos. Tiempo a solas.— Le di un beso en el cuello y le suspiré en el oído porque me encanta sentirla estremecerse todita.
—Terry... yo sé que las cosas no han ido muy bien el los últimos días, pero... yo quería que supieras que a pesar de todo, yo me siento feliz de tenerlos. Tú me haces muy feliz.— Acaricia mis manos que están sobre sus hombros.
—Me alegra saber eso. Yo pensé que tus actitudes eran por mí... que yo te mantenía extresada...
—No... no era por ti...es que... creo que uno lo ve muy fácil, pero no lo es. No me arrepiento de mi hijo, pero... confieso que no estaba preparada y a veces, simplemente no sé cómo lidiar con mis ansias... las emociones que llevo a flor de piel, los cambios... y más ahora que sólo faltan dos meses... me pongo más nerviosa... me invaden tantas dudas...
—Todo va a salir bien. Lo estás haciendo excelente.
—Pero no puedo evitar sentir miedo... quiero que mi bebé esté feliz conmigo... que no piense que me falta algo o que no estoy preparada...
—Creo que nadie nunca está preparado, no creo que tenga que ver con la edad... pienso que lo que más vale es que el niño sepa que lo amas... eso supera cualquier imperfección.
—¿Tú crees? Yo a mi bebé lo amo con mi vida...
—Lo sé. Es lo mejor que le puedes asegurar. Sabes... yo no me di cuenta cuánto me amaba mi padre hasta que... hasta que estuve preso... hasta que estuve a punto de perderlos a ti y al niño. Lloró conmigo, me abrazó todas las veces que hicieron falta y estuvo conmigo en todo tiempo.— Se me aguan los ojos al expresar esas palabras, ella me sonríe con sus ojos también aguados.
—Han sido un gran apoyo. Sabes... en mi escuela, hay muchas otras chicas embarazadas, como yo... y cuando conozco sus historias, yo me siento afortunada, e incluso, me siento indigna de todo lo que tengo.
—¿Indigna?
—Verás... sus situaciones son muy distintas a la mía. Yo tengo dinero, el apoyo de nuestros padres y mucho amor para mi bebé, pero ellas... la mayoría vienen de hogares muy humildes, barrios calientes... algunas incluso de hogares sustitutos o aún están bajo la custodia de servicios sociales... los padres de sus hijos... algunos han desaparecido. Otras están embarazadas por hombres mayores y aprovechados de la calle y es... tan triste, Terry...— Lloró e incluso yo estuve a punto de llorar con ella.
—Candy... esa es la parte fea de nuestro mundo, hasta que no residimos en él, no sabemos incluso que existe. Tal vez llegaste ahí por algo, el bebé te llevó ahí, debe significar algo.
—Lo he pensado. Cuando escucho hablar a esas chicas, siento que mis problemas no son nada y que muchas quisieran estar en mi lugar.
—Probablemente. Y sé en algún día, tu corazoncito generoso hará algo al respecto. Sabes, mi madre vivió toda su vida en una casa de acogida.
—¿En serio?— Me pregunta sorprendida.
—Sí. Pero a los dieciocho años... tuvo que salir al mundo por sí sola, también fue una de las tantas chicas de la calle hasta que conoció a mi papá.
—Entonces... ¿la esperanza de esas chicas está en que algún hombre rico se apiade de ellas?— Su indignación es evidente.
—No, Candy. Cada quién encuentra un modo diferente para superarse y salir adelante, en el caso de mi madre, fue el amor y tiene muy poco que ver con el dinero y todo que ver con un deseo genuino de que ese alguien o algo que se cruce en su camino quiera realmente ayudarlas. Y no tiene que ser alguien, bien podría ser alguna institución de apoyos para chicos, porque no son sólo chicas, hay muchos jóvenes en la calle, algunos con mucho potencial que merecen oportunidades, pero en la calle, hay también muchos vuitres que se aprovechan de sus necesidades.
—Es verdad... algunas me han contado que se han vendido por un combo de Mc Donald's...
—Bueno, pero ya no hablemos de eso, hablemos de nosotros. De James...
Me pongo a jugar con su panza. Nos hacía tanta falta un momento como éste.
—Serás una mami muy buena.
—Tú también.
—¿Yo también seré una mami?— Saqué mi panza lo más que pude simulando un embarazo.
—Jajajajaja. ¡Tonto! Digo que también serás un padre excelente. Yo... tengo mucha fe en nosotros y sé que a pesar de los tropiezos, los superaremos y le daremos todo lo mejor. Tendré un limoncito feliz.
—¿Un qué?
—Un limoncito. Tú eres mi limón amargado y él es mi limoncito.
—¿Amargado yo? ¿Quién ha sido una cascarrabias toda ésta semana?
—Bueno... pero ha sido por... el embarazo, tú lo eres todo el tiempo, no tienes excusa.
—Pues fíjate que se me ocurre una muy buena excusa. Para darte ésto.— Saqué un llavero, en forma de limón. Tiene ojitos y boca, su gesto es enojado y los puntitos negros asemejan pequitas. En sus manitas lleva guantes blancos y tiene también piernitas, zapatillas estilo Converse también blancas.
—¡Awww! ¿Dónde lo conseguiste?— Me lo arrebata emocionada.
—Es un secreto. ¿Te gusta?
—¡Me encanta!
Compartimos un largo y ardiente beso, como hacía mucho que no lo hacíamos. El beso va subiendo de tono y yo también me voy encendiendo, siento el respirar de ella un poco agitado.
—No... no hagas eso.— Me retira las manos cuando voy a desabotonar su vestido para tocar sus pechos.
—¿Por qué?— La sigo besando y mis manos no pueden dejar de tocar y acariciar todo su cuerpo.
—No me lo quites...
—Si te lo dejas se echará a perder...
—No importa... es mejor que no me veas...— Baja la cabeza con frustración y veo sus ojos cristalizarse una vez más.
—¿Por qué no puedo verte?
—Pues... ¿por qué crees? Estoy deforme... y pronto tendré estrías horrorosas...— La rabia volvió a mí, y no por ella, sino porque recuerdo de pronto todo lo que le dijo Nicky.
—Candy, estás preciosa, perfecta. No vengas a éstas alturas a ponerle caso a las estupideces que dijo la pendeja de Nicky.
—Pero tiene razón... me pondré horrible...
—No te pondrás nada, Candy. ¡Dios! Y aunque te pusieras, es normal, vas a tener un hijo, y eso no importa porque...
—No te importa ahora... y luego ya me verás fea y te fijarás en otra chica que tenga un cuerpo lindo y sin marcas...
—Candy...
—Y me dejarás...
—Candy...
—Por otra que no tenga...
—¡Candy!— Le grito porque no me da oportunidad de hablar.
—Yo no me enamoré de ti por cómo te ves. No me enamoré de tus ojos, ni de tu pelo, tampoco de tus pechos ni de tu trasero. Yo nací enamorado de ti... es algo que llevaba adentro, sólo que no te había conocido. Y cuando se encontraron nuestras almas, cuando te encontré... fue simplemente magia...
—No es cierto. Algo tuvo que haber llamado tu atención...
—Claro. Luego de la magia, me fijé en tus pequitas, me fijé en ésta naricita. Luego en éstos ojazos y ésta boquita... y más adelante... descubrí éstas tetas y éstas nalgas...
—¡Terry!
—Bueno... es cierto, me fijé también en eso. En lo perfecta que eres por dentro y por fuera.
La veo llorar de alegría, conmovida y yo me siento un rey por hacerla sentir así, hermosa, especial, como lo que es.
—¿Crees que quede muy fea cuando de a luz?
—No. Sospecho que te verás tan hermosa como siempre.
—Es que Nicky...
—¡Al diablo Nicky! ¿Sabes lo que le pasa a Nicky?
—No...
—Pues te lo diré. Le pasa, que ella no puede lograr ésto y tú sí.— Le llevé la mano a mi pene duro y me excité más con su expresión de sorpresa.
La embauqué con mis besos y le quité el vestido, le quité todo y me desnudé yo también. Me metí con ella en el río y ahí le hice el amor, con todas mis ganas, con mis ansias, con todo mi amor.
Es algo indescriptible verla ahora nadando sumerjida en el agua cristalina, desnuda y embarazadísima. Ha sido la experiencia más hermosa de mi vida.
...
Mayo nos da la bienvenida. Yo estoy a punto de reventar, el doctor me dijo que mi bebé podría llegar en cualquier momento, pero afortunadamente, no es hoy. Hoy es mi cumpleaños. Cumplo dieciocho años y con melancolía recuerdo las conversaciones que tenía con mis primos y amigos sobre ese día. Sería mayor de edad, me alocaría y lo celebraría por todo lo alto. Pero el destino tenía otros planes para mí.
El mejor regalo de cumpleaños es mi bebé, quien justo a la media noche me dio una fuerte patada, fue el primero en felicitarme. Pero el regalo más increíble es que hoy también es el primer concierto de Terry. Me lo ha dedicado a mí.
La multitud enloquece cuando llegamos al gran estadio. Voy de la mano con Terry y sonreímos a todas las cámaras y las miles de fotos que nos van tomando.
Me senté con toda la familia, la de él y la mía, incluso parientes que nunca había visto en mi vida. Llenamos la primera fila por completo.
—¡Es Terry! Ya va a salir Terry.— Anuncian las gemelas eufóricas y las luces se apagan para luego volver a iluminarnos con colores. Entonces vemos a Terry cuando el escenario se ilumina. Los gritos, la algarabía ensordecedora y lloro de alegría y emoción por él. La multitud lo aclama, gritan su nombre y él sonríe con el micrófono en la mano, a punto de llorar de emoción también. Mi bebé patea tan emocionado.
Continuará...
¡Hola!
Chicas, ahora sí que ésto huele a final. Prepárense porque el concierto estará de infarto... para el próximo capítulo, estén bien aseguradas en sus sillas... también para otras pruebas de fuego que vendrán, pero ya estamos terminando. Démosle la bienvenida a los últimos capítulos.
Ya saben que por su apoyo incondicional, vendré con más de un epílogo porque ustedes se lo merecen.
Gracias por comentar:
dulce lu, Laura GrandChester, zucastillo, Dyta Dragon, nekito1, Laurita White, LizCarter, Rose De Grandchester, Luisa, vero, Zafiro Azul Cielo 1313, Eunice97, Azukrita, norma Rodriguez, Candice Graham, Candice. w. andrydeg
Azukrita: Entiendo muy bien esos sentimientos, ésta página también es mi desahogo. Ahora mismo estoy viviendo un infierno personal, pero al igual que tú, me consuelo en éste mundo para tener algo de sociego.
Un beso,
Wendy
