Zafiros y esmeraldas
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 41 Al filo del terror
—¡Terry!— Mi grito fue agudo, como un lamento, como de muerte. Todo es tan confuso, los guardias armados. La multitud entra en pánico, todos corren despavoridos. Mi padre me toma en sus brazos porque el público estuvo a punto de pasarme por encima. Yo sólo miro hacia la tarima. Sólo veo a Terry y a Susana Nicole tirados en el suelo. Veo sangre y no se levantan. La policía no nos deja acercarnos.
—¡Es mi hijo! ¡Déjenme pasar!— Grita el señor Grandchester, pero no lo dejan que se acerque. Todo ésto es un desastre, se evacuó el lugar. Los paramédicos se los llevan a los dos. Mi cuerpo y mis nervios han abandonado la tierra, ya no estoy más en el mundo de los vivos.
—Terry, papá... tengo que ver a Terry...— Estoy ahogada en llanto, presa de la angustia en los brazos de mi padre. Mi palma duele insoportablemente, la "T" se va desvaneciendo y mi "J" se debilita. Hasta mi corazón late más lento.
—Lo verás, linda. Él estará bien... iremos al hospital.
—No quiero perderlo también a él, papá. Yo lo amo...
—Lo sé, pero no pienses más en eso... no lo vas a perder...
Veo la policía llevándose al que desató el fuego y el pánico en la noche más importante de mi amor. Le quitan la máscara... ¡Eliza! No pude mirarla por más de un segundo. Sin nariz, sin un ojo y con ese odio latente en su expresión. Es algo que no había visto ni en mis peores pesadillas.
—¿Es cierto que Terry Grandchester y su compañera Nicky Marlowe fueron baleados durante su presentación?
—¿En qué estado se encuentran?
—¿Están vivos?
Mi padre evade a las aves de rapiña de los reporteros con mi cuerpo muerto a su costa y no tuve noción del tiempo que nos tomó llegar al hospital. Mi bebé patea incansable, sólo por él no me desplomo.
—¡Leia! ¿Cómo está Terry?— Corro hacia ella desesperada que está llorando. Las pobres gemelas lloran inconsolables y yo... yo simplemente me siento muerta.
—Aún no nos dicen nada... está en el quirófano.
—¿En el quirófano?— Mi padre me volvió a sostener porque estuve a punto de desmayarme otra vez.
—Se va a poner bien. No te angusties, mi niña.— Mi mamá me abraza. Me siento a esperar y me acurruco en sus brazos, lloro a mares.
—¡Esa maldita perra! Sólo espero que la maten en la cárcel.— Dice Karen con un llanto amargo y rabia al mismo tiempo. Tom está junto a ella y también John. Todos estamos angustiados.
—¡Mi hija! Exijo que me diga cómo está mi hija.— Ahora es el señor Marlowe que ataca a la pobre enfermera. Hasta ahora no nos habíamos acordado de Nicky. Fue totalmente egoísta de nuestra parte.
—Señor, ella se encuentra en el quirófano. La están interviniendo. Cálmese, por favor.
—¡Todo ésto es tu culpa! Por meterle toda ésta chorrada de la música y la fama en la cabeza. Si mi hija se muere, yo te mataré a ti con mis propias manos...
Por primera vez veo a la madre de las Susanas. Le da puñetazos histérica al señor Marlowe. La señora se ve que es joven, rubia, pero los excesos le han aumentado un par de años de más.
Siento que nunca voy a despertar de ésta pesadilla. Afuera, la prensa se ha quedado para hacer campaña. En el televisor de la sala de espera que está puesto en el canal de noticias, ya están presentando las primicias sobre nuestra desgracia.
Periodista: Noticia de última hora, los problemas no terminan para la joven estrella, Terry Grandchester, quien fue baleado junto a su compañera Susana Nicole Marlowe, mejor conocida como Nicky Marlowe, la hija de su manager, el señor Stephen Marlowe. La policía arrestó a la responsable del tiroteo que sembró el pánico en plena presentanción del cantante, que no es otra más que Eliza Leagan, la misma que hace unos meses dio un falso testimonio en contra de Grandchester y estuvo a punto de ser condenado a prisión por posesión y distribuición de sustancias controladas. Al parecer, la condición de ambos es delicada. Es todo lo que tenemos por el momento, ahora pasamos nuevamente al estudio.
Periodista 2: La novia de Grandchester no quiso expresar palabra alguna sobre lo sucedido. Esperemos que la joven y futura madre no tenga complicaciones y que Terry Grandchester pueda recuperarse para que pueda conocer a su hijo. Para Midnight News, Hellen Monroe.
—¡Doctor! ¿Cómo está mi hijo?— El señor Grandchester acapara al doctor y yo me pongo de pie de pronto. Ansiosa por saber de mi amado, pero no tengo fuerza ni para articular.
—Se encuentra estable. Pudimos extraer todas las balas con éxito, pero...
—¿Pero qué?— Se desespera y se pone un poco violento, la típica reacción Grandchester.
—Aunque las balas no tocaron órganos importantes, su hijo perdió mucha sangre...
—¿Pero estará bien?
—Hicimos una tranfusión y logramos estabilizarlo... es muy probable que se recupere...
—¿Podemos verlo?— Pregunta Leia desesperada.
—Me temo que todavía no, señora. Aún está en cuidado intensivo.— Mi corazón se fue al piso cuando oí eso. Mi madre me abrazó muy fuerte.
—¿Y mi hija? ¿Mi hija cómo está?— La madre de Nicky retiene al doctor cuando estuvo a punto de retirarse.
—Señora, ese caso lo lleva mi colega, el Doctor Morgan...
—¡Mamá! ¡Papá!
—¡Sussy!— Para entonar ésta bonita reunión se aparece Susana I histérica. Tiene el maquillaje corrido y ropa de haber estado en alguna discoteca. Sus padres la abrazan llorando.
—¿Qué pasó?
—Le dispararon en el concierto... Eliza Leagan...
—¡Maldita infeliz!— Expresa Susana y por primera vez la veo llorar de corazón, entonces repara en mí.
—Claro, donde sea que esté ésta ocurre una desgracia. Desde que llegaste a la vida de Terry lo único que hiciste fue...
—¡Cuidado con lo que dices, Perra I! Si hubo alguien que quiso fastidiarnos la vida desde un principio fuiste tú, infeliz.— Karen se puso de pie de forma violenta.
—¡Ya basta! Están hablando de mi hija... Ya he sido demasiado tolerante.— Se descontroló el señor Marlowe con los ojos aguados. Tiene algo de razón a pesar de todo, sus hijas serán lo que sea, pero son sus hijas y hay que tener en cuenta su angustia.
—¿Familiares de Susana N. Marlowe?
—¡Nosotros!— Se apresura su madre.
—¡Díganos lo que sea!— Los nervios del señor Marlowe están despedazados, como los de todos nosotros.
—Pudimos estabilizar a su hija...
—¡Gracias a Dios!— Exclama su madre y abraza a Susana I.
—Sin embargo...— En ese momento los tres rostros se desencajan esperando lo peor.
—¿Qué pasa? ¡Hable!
—Una de las balas tocó nervios importantes en su columna...
—¿Qué quiere decirnos con eso?— Hasta a mí me dolió esa noticia.
—Su hija podría enfrentar la posibilidad de no volver a caminar...— El horror se apoderó de sus caras, incluyendo las nuestras. A pesar de todo, no le deseo un final así a Nicky, ella nunca me hizo nada tan grave... y no le deseo algo así a nadie...
—¡No! ¡Mi hija no! Eso no puede ser...— La madre de Susana se desmayó.
—¡Es mi culpa! ... yo tengo la culpa de lo que le pasó a mi hermana...
—No digas eso, Sussy. Nadie tiene la culpa de ésto...
—¡Claro que sí! Estoy segura que Eliza pensó que ella era yo... fue de mí de quien quiso vengarse por haberle bajado a su estúpido novio.— El señor Marlowe la soltó de pronto, negando con la cabeza, como enfermo por todo lo que escuchaba. Como si por primera vez abriera los ojos y viera quiénes son realmente sus hijas.
...
—¡Ouch! ¡Arrrg!
—¡Candy! ¿Candy, qué te pasa?
—Me duele, mamá... ¡Ouch!— Me comienzo a doblar de dolor y algo caliente se derrama por mis piernas.
—¡Oh por Dios! ¡Ha roto fuente! Ya va a nacer el bebé.— Todos los ojos se posan en mí y en segundos sólo supe que estoy en una camilla, rumbo a sala de partos.
—¡Arrrrr! Me duele, me duele mucho...— Grito en llanto, el dolor es desesperante.
—Trata de calmarte, linda. Respira, ésto a penas comienza.— Me dice la doctora. Yo ya estoy con mi bata, sin ropa interior y con un gorro de papel en mi cabeza. Mi hijo está por nacer y el dolor me dobla, pero no más que la angustia de saber que Terry no está aquí conmigo, que se está perdiendo de ésto. Y no sé si... si llegue a verlo...
—Vamos, Candice... relájate... respira y puja...
—Es tan hermoso mi hijo... si tan sólo pudiera quedarme así con él, por siempre...
—Lo estarás.— Me aseguró él mientras yo paso mi mano por su frente sudada. Deposito en ella un beso y lo abrazo cubriéndolo con mis alas. Lloro sobre él.
—No soporto verlo sufrir tanto y no poder hacer nada. No estar ahí para él.
—El sufrimiento es parte de la vida de todos, les hace tener presente que son humanos y que me necesitan.
—Pero ya ha sido demasiado. Mi hijo merece ser feliz.
—Y lo será. Si toma el camino correcto, lo será.
—Pero yo quiero estar a su lado. Quiero abrazarlo, consolarlo.
—Lo harás muy pronto. Lo tendrás contigo por mucho tiempo.— Su voz profunda e imponente viaja por todos lados del cuarto y lo llena de luz.
—¡No! ¿Quieres decir que mi hijo se va a morir?— El dolor me parte en dos.
—No. Quiero decir que tú vas a vivir.
—¿Yo? Lloro de confusión y alegría.— Tendré otra oportunidad para ser su madre...
—No, Jennifer. No serás su madre.
—¿Su ángel?— Pregunto con un atisbo de esperanza.
—No. Regresarás con él, pero no como su madre.
—No importa, sólo quiero estar a su lado, aunque él no sepa quién soy.
—No lo sabrá. Pero te amará con su vida y tú a él.
...
—Vamos, una vez más, linda. ¡Tú puedes!
—No, ya no puedo... ya no puedo más...— Me echo hacia atrás exhausta. No puedo con mi alma.
—Esfuérzate un poco más. Ya salió su cabeza. ¡Vamos!— Cuando escuché eso, las fuerzas se me regeneraron.
—¡Arrrrr! ¡Arrrr!— Pujé con todas las fuerzas de las que fui capaz.
—¡Eso es! Una más. Sólo una más y lo tendremos aquí.
—¡Aaarrrg!— Hasta la voz se me fue, pero escuché su llanto. ¡Mi bebé!
—Aquí está, Candy. Aquí está tu bebé. Es una linda niña.— ¡Una niña! Exclamé para mis adentros con asombro. Una niña, mi hija, mía y de Terry.
Me la acercan y beso su cabecita. Lloré tanto. Sólo deseo que Terry esté aquí para que conozca éste precioso angelito de los dos.
...
—¿Familiares de Candice Andrew?
—¡Nosotros!— Ambas familias respondimos al unísono.
—¿Qué esperan? Vengan a conocer a su nieta.
—¿Nieta?— Todos nos preguntamos lo mismo. La escena daba risa.
—Sí. Una rubia melenuda y preciosa.
—¡Una niña! ¡Yo lo sabía! Se los dije... ¡Gané la apuesta! ¡Wujuuu!— Grité de emoción. ¡Ja! Yo, Karen, gané la apuesta.
—¡Mamá!— Exclamó Candy con la pequeña en brazos, con sus ojos aguados y la estaba amamantando. Es lo más hermoso que ha pasado ésta madrugada.
—Es una niña, mami.
—Sí, ya lo sabemos... y están preciosas, las dos...— Dice su madre llorando y se acerca.
—¡Oh por Dios! ¡Qué hermosa eres, pequeña!— Leia la toma en sus brazos y llora de emoción.
—Deja que te vea tu padre...— La angustia volvió a tocar a Candy en ese momento.
—¡Terry! ¿Cómo ésta él?
—Tranquila, linda. Terry está bien. Aún no se puede levantar, pero está bien... ya preguntó por ti...— Le dice mi tío.
—¿Y ya sabe que es papá?— Preguntó expectativa.
—¡Déjenme pasar! ¡Qué me dejen pasar!— Adivinamos esa voz. Es inconfundible. Terry se abrió paso en la habitación a la fuerza. Con la bata de hospital, el suero y toda la cosa. Un enfermero lo trajo en una silla de ruedas.
—¡Terry!— En ese momento el mundo se paralizó. Candy le sonreía con la niña en brazos y él se fue acercando poco a poco.
—Candy...
—Ya somos papás...— Le sonrió llorando y él también lloró. Leia le ayudó a cargar a la niña.
—¿Y por qué está vestido de rosa?
—Jajajajaja. Jajajaja. Jajajajaja.— Las carcajadas vinieron de todas partes, no podíamos parar. Nos mirábamos y volvíamos a reir.
—Es una niña, mi amor.— Le dice Candy y los ojos de Terry se abren como platos.
—U... una... niña... ¿una niña?— Pregunta tartamudeando y mirando a la niña con curiosidad.
—Una hermosa princesa... ¿no estás contento, Terry?
—No... eh... yo... es decir, ¡claro que sí!
La niña abrió sus ojitos perdidos, mirando a Terry con curiosidad. Aunque dicen que todavía los bebés no ven bien acabando de nacer, esa bebé reconoció a su papá. Le dio una sonrisa angelical. Su primera sonrisa, que sólo duró un segundo, fue para él.
—Por su puesto que estoy contento. Es preciosa mi hija.— La llenó de besos y lloró sobre su pequeño cuerpecito.
—Tendré que volver a preparar tu cuarto, princesa...
—Jajajajajaja.
—Y también ve pensando en pagarme la apuesta.— Le recuerdo por si lo había olvidado.
—Se parece a... a mi mamá... tiene sus ojos...
Sí, en efecto, la niña era rubia y lacia como la madre de Terry y con unos ojazos color miel. Lo cierto era que no se parecía a ninguno de los dos, pero... tenía una fuerte conexión con ambos.
—Y ustedes, abuelos... ¿no piensan cargar a la niña? Éstas fotos tienen que ir para facebook.— Me rio por la torpeza con que ambos abuelos cargaron a la pequeña. Daban risa, pero cuando fue el turno de mi tío Terrence...
—Se está sonriendo con Terrence... ¡Miren!— La niña tomó el dedo meñique de mi tío en su pequeño puñito, un pequeño resplandor se dejó ver.
—Hola, hermosa... eres igual a tu abuela...— Lloró sobre ella.
—Felicidades, hijo. Hiciste una niña preciosa.— Le dice a Terry con los ojos aguados.
—¡Qué dices! Ahí la belleza la puso mi hija.— Dice el señor Andrew.
La niña nos demostró lo bueno que estaban sus pulmones, se quedó con la habitación entera.
—Pero acabo de darle de comer...
—¡Uff! Ésta niña está muy mojada.— Dice la madre de Candy y en seguida se dispone a cambiarla, con una delicadeza y maestría admirable. A los pocos segundos, la bebé se calmó.
—Ves, ya está a gusto ésta preciosidad.— Le va a extender la niña de vuelta a Terry.
—Hey, hey, me toca a mí. ¿O es que la fotógrafa no tiene derechos?— Le arranco a la bebé a Terry.
—Hola... yo soy tu tía Karen... ¿y tú cómo te llamas?
—Si te responde nos avisas para inscribirla en el Guiness.
—¡Terry!— Le reprende Candy, pero entre carcajadas.
—Bueno, pero está claro que ya no se llamará James, ¿cómo le llamarán ahora?
—Jennifer. Jennifer como la madre de Terry...
Continuará...
¡Hola!
Queridas amigas, espero que les haya gustado éste capítulo y haber puesto fin a su angustia. Bueno, el siguiente capítulo será el final y los próximos serán los epílogos, que como ya saben, habrá más de uno. No se quedará ningún cabo suelto y podrán apreciar la vida de los personajes a través de los años.
Ha sido un honor crear ésta historia y muchas gracias por sus comentarios:
Laura Grandchester, Marce, Nerckka, blanca luz, Guest, Rose De Grandchester, Ingrid quintulen, norma Rodriguez, Alizzzz G, Berenice Blaack, Candice W. AndryG, gatita, Oh Ha Ni, dulce lu, Eri, fer, comoaguaparachoc, Zafiro Azul Cielo 1313, Mako, LizCarter, LUISA, Dyta Dragon, mia londo, Odette. e. arriagada
Berenice Blaack, gracias por seguirme aunque seas fan de Albert.
gatita: Puedes hablarme de tu historia con toda libertad, no te puedo asegurar que yo la lleve a cabo, pero siempre estoy abierta para ideas nuevas, así que bienvenida seas.
Comoaguaparachocolate: Me alegra que estés de vuelta, amiga, a lo que tengo yo que recurrir para invocarte, eh!
Mako: El asunto con las canciones es que... en mi opinión, si la canción es desconocida, nadie se la podrá imaginar ni conocerán la tonada, en cambio, si es una canción conocida, puedo llevarlas exactamente a imaginarse a Terry cantándola e incluso, al momento que la leen es muy probable que lo hagan cantando y el efecto es mucho mejor y además, siempre doy los respectivos créditos a sus verdaderos intérpretes, no es mi intención adueñarme del trabajo de nadie. Por otro lado, el carácter inmaduro en ocaciones de Candy es parte fundamental de la historia, teniendo en cuenta su edad y que sus vivencias han sido muy diferentes de su vida pasada, en ésta vida tiene familia, hija única, rica, consentida, lo que te hace madurar son los golpes de la vida y ella ahora es que los está comenzando a vivir y pues no todas tenemos una madurez sorprendente a los 17. Más adelante, verás a ese personaje crecer emocional y espiritualmente y notarás el cambio. Su inmadurez era necesaria para la trama de ésta historia. Gracias por tu tiempo y apoyo.
mia londo: ¿Tú eres la que adaptó 50 Sombras? Bienvenida, amiga.
LizCarter: Gracias por tus palabras. Bueno, no recuerdo cuál fue la historia que yo te dije que sería un reto para mí, tendrías que volver a mencionármela. Tengo otro proyecto luego de éste fic que será un verdadero reto y desde ahora ya me estoy preperando para la controversia jajajaja.
Un beso a todas,
Wendy
