Zafiros y esmeraldas

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 42 Vida nueva


El destino es una fuerza sobrenatural y enorme que nos sobrepasa. A veces podemos conseguir manipularlo, otras veces nos arrastra y nos empuja al abismo de sus profundidades.

Hace un año, mi vida dio un giro enorme. Perdí a un gran amor, un chico que amé con toda mi alma y que me amó, yo pude sentirlo y en muchas ocaciones estuve enojada con el destino, con la vida por haberme arrebatado ese amor.

Pero yo tuve una nueva oportunidad de forjarme un nuevo destino y descubrí que no estaba incapacitada para amar. Que la vida continuaba y que yo debía continuar con ella.

El destino tenía un reto mucho más grande para mí, algo más allá de mi percepción y mi inteligencia, algo que todavía no alcanzo a comprender del todo, pero yo sigo como trapecista, caminando firme sobre esa cuerda que se llama destino.

Conocí el amor más bello y puro que haya podido existir y aunque me he perdido muchas veces en sus tantos matices, porque aunque muchos ven la vida de forma daltónica, nada es en blanco o negro, este mundo está lleno de matices, sobre todo, el amor.

Hace dos meses, mi vida cambió para siempre. Desde el momento en que traje al mundo a mi preciosa bebé, fruto de un amor indescriptible, pero fuerte, firme, que permanece. Ya no tengo tiempo para viejos temores, para egoísmos, tengo dos personitas por las cuales vivir y dar mi vida, para darle un sentido. Cada experiencia me hizo mucho más fuerte, tengo el amor de dos familias maravillosas, mi bebé es la más amada y consentida y por encima de todo eso, tengo el hermoso amor de Terry, bueno, tenemos, porque ahora lo comparto con Jenny.

—Hola, preciosa.

—Terry...— Le sonrío con timidez y con cierto complejo. Él se ve hermoso con nuestra hija en brazos.

—¿Ya estás lista?

—Sí... bueno, no...

—¿Por qué? ¿Qué te falta?

—Es que... ¿me veo bien con éste vestido?

—Te ves preciosa. Perfecta como siempre.

—¿Seguro? ¿No parezco un pastel?

—Mi amor, te ves igual que siempre. Hermosa, radiante.— Me da un besito casto.

Me miro en el espejo otra vez, me vestido azúl royal ceñido y strapless, toda mi espalda queda al descubierto, terminando la abertura donde comenzaría mi trasero ahora mucho más pronunciado. Es largo hasta el piso y llevo unos preciosos tacones plateados, hacía tiempo no usaba tacones. Llevo el pelo recogido en un elaborado peinado con algunos mechones sueltos y un precioso broche de plata, la idea del pelo recogido era que no opacara el escote de mi espalda ni el de mis pechos que también lucen robosantes. Mi maquillaje es impecable, pero aún así, me acomplejo, no sé si será porque ahora mi vida es diferente, porque de cierto modo me siento adulta, me siento madre y eso me hace juzgarme de forma diferente.

—Tú sí te ves guapísimo, como siempre.—Lo admiro y me muerdo el labio. Terry en traje se ve exquisito. Tan alto, tan elegante... su pelo ya va creciendo y se ha dejado un atisbo de barba que me encanta, está divino de pies a cabeza.

—Lo sé, por eso fue que hicimos una niña tan hermosa.— Oh su hermosa arrogancia, lo amo.

—Pero Jenny no se parece a nosotros...— Digo con cierta pena, aunque reconozco que mi hija es preciosa.

—Bueno, es rubia como tú... y además, se parece en los berrinches que hace, en lo glotona y...

—¡Terry!

—Te amo.

Me calla con un beso y me quedo embobada por la forma en que mece a la niña en sus brazos. Ella se queda tan tranquila. Es un angelito, casi no llora.

—Me da cosa dejarla, Terry...

—Mi amor, es sólo una noche y estoy seguro que tu madre la va a cuidar bien.

—Sí, pero es que... es tan pequeñita y además... nunca ha dormido lejos de nosotros y... ¿y si le da miedo?

—Qué miedo ni qué nada, Candy. Ésta ingrata estará más que feliz por quedarse con sus abuelos y conociéndolos a ellos, le velarán hasta el sueño.

—Bueno... creo que tienes razón, pero...— Le quito a la niña y la cargo yo. Ella me sonríe radiante y yo lloro. Será la primera vez que la dejo y ya estoy por arrepentirme.

—Mi amor, te esforzaste bastante para graduarte... estás en todo tu derecho de asistir a tu PROM, dicen que es una experiencia inolvidable.

En eso llegaron mis padres por Jenny, llegó la hora cero para mí.

—Mamá, son sólo cuatro onzas de leche cada dos horas. Ah y le das ésta sabanita, ella la adora. No olvides su chupete, enloquecerá si no lo tiene para dormir...

—Entendido, vete tranquila...

—Para dormir le pones una pijamita fresca, se pone insufrible cuando tiene calor y...

—¡Candy!— Terry se desespera y yo finalmente me voy.

—¿Una limusina?— Pregunto con asombro cuando veo al chofer esperándonos con la puerta abierta.

—Claro. Unas princesas tan guapas como ustedes no pueden llegar en cualquier calabaza a su baile de graduación.

—Eres sorprendente, Terry... espera, ¿dijiste ustedes?

—Ujum.

Cuando entro, vi a mis compañeras de escuela, las chicas que también estuvieron embarazadas y que como yo, ahora son madres sentadas con sus novios en la parte de atrás. Lloré de emoción y alegría, y de orgullo por el novio maravilloso y noble que tengo.

—¿Están listas, chicas?

—¡Sí!— Gritamos con júbilo, presientiendo que ésta sería una noche inolvidable.

Llegamos al salón de hotel en que se celebraría la graduación, más tarde me enteré que fue cortesía de mi suegro alquilar éste lugar. Todo es precioso, se ha decorado con estrellas plateadas que cuelgan del techo, las luces, todo es precioso. Hay un enorme pastel y un bar de bebidas sin alcohol.

Terry me conduce a la pista de baile. Suena una música muy suave y yo giro en sus brazos, mis sentidos flotan. Su mano en la piel de mi espalda desnuda me quema. Terry destila pura pasión, aún cuando no es conciente de ello.

—Ésta noche es para ti, disfrútala.— Me gira en sus brazos luego de un beso. Yo me siento tan feliz, tan agradecida. Hace a penas dos meses, todo había sido un caos, ahora todo vuelve a su lugar. Espanto los recuerdos de todas las veces que estuve a punto de perderlo. Ahora no hay nada que me pueda separar de él, de éste momento, de sus brazos.

—¡Atención, por favor! Llegó la hora de coronar a los reyes de graduación.— Comunicó la rectora y se escucharon los apláusos. Aunque yo no estoy participando, me siento junto a Terry y mis amigas con la misma emoción.

—Y los reyes de graduación son: Gina Bellucci y Milton Scott.— Aplaudí con mucha energía. Mi compañera y amiga se merecía ser la reina luego de que al igual que yo, ella también pasara por situaciones tormentosas durante su embarazo. Pero fue fuerte, se graduó con honores y estoy segura de que continuará siendo una madre excelente.

—Imaginé muchas veces a nosotros siendo los reyes.— Le comenté a Terry en el momento en que Gina y Milton fueron a ocupar sus tronos y les colocaron las coronas.

—¿Y quién dice que no lo somos? Tú siempre serás mi reina. Y además... eres la más hermosa de todas.

Me dio un besito ligero en el cuello y su respirar me dio una descarga eléctrica. Debe ser el tiempo que llevo sin que su cuerpo y el mío se unan.

La noche fue efectivamente inolvidable. Bailé tanto que ya me duelen los pies. Todo fue exquisito, agradezco a Dios por ésta nueva oportunidad, por a pesar de todo, permirtirme de vez en cuando disfrutar de mi juventud sin que la maternidad me lo impida.

—Ven, Candy. Hora de irnos.

—Sí... de vuelta a casa.

—¿A casa?— Me pregunta Terry y en sus ojos leo claramente que tiene otras intenciones.

—¿Y a dónde...?

—¿No sabías que la tradición es quedarnos en un cuarto de hotel...?

—Yo... eh... pero es que Jenny...

—Jenny está en buenas manos. Ahora... tú estarás en las manos mías.

La malicia con que me sonrió me sonrojó hasta por dentro. Me llevó de su mano hacia el elevador. Tan pronto como se cerró la puerta...

—Ya no puedo esperar más, Candy... te deseo demasiado...— Me comienza a besar ardientemente mientras el elevador sigue subiendo de piso. Sus manos se pasean por mi espalda desnuda y mi piel se enchina. Luego me aprieta el trasero y me acerca por completo hacia él, pude sentir lo duro que está y comienzo a mojarme casi de inmediato.

—Yo también te deseo mucho, Terry...— Me pongo en sus manos, lo acaricio también y mientras sus manos comprueban la forma, tamaño y figura de mis pechos, yo acaricio su pene y lo aprieto ligeramente, él gime en mi boca.

El elevador se abre varios pisos anterior al nuestro, un señor iba a entrar.

—Lo siento. Ocupado.— Dijo Terry y pulsó el botón de cerrar, cerrándose la puerta en las narices del pobre señor de mediana edad. No pude evitar reirme en su boca. Terry es único.

Llegamos por fin a nuestra suite. El olor de las velas aromáticas me invade, las sábanas son doradas, de seda. Sobre la mesita de noche hay un hermoso arreglo de flores.

—Feliz graduación.— Me dice Terry, dejando de besarme por un momento. El arreglo tiene un tierno osito de peluche con toga y birrete.

La pasión ya no puede esperar. Yo siempre he caído víctima de ella. Terry desabrocha el cierre de vi vestido y tiemblo y siento cosquillas porque está justo en mi trasero. Terry me lo acaricia mientras el vestido va cayendo, dejando a la vista mi tanga a juego.

—Candy... estás mil por ciento deseable.— Me lo aprieta muy fuerte, aún no me voltea para mirarme de frente. Me deja así de espalda y sigue tocando y moldeando suavemente mis nalgas, mi cintura y así desde astrás, abarca mis pechos en sus manos, me hace sentir su erección adrede y yo estoy que ardo.

—Terry, yo tampoco puedo esperar más, no me tortures...

—Cielo, las cosas buenas, siempre tardan en llegar...

Me empuja hacia la cama y me recuesta de espalda. Él sigue acariciando mi espalda y mi trasero, me da un delicioso masaje, me aprieta las nalgas de una forma tan sensual que juro que sólo por eso soy capaz de correrme. Luego desliza sus manos por mi espalda y mis hombros. Acaricia mi cabeza con movimientos circulares, masajeándola también. No hay nada más delicioso que te acaricien el cabello, ahora entiendo por qué le gusta tanto a Terry.

—No sabes cuánto amo yo tu figura de espaldas, Candy.— Aunque no lo veo, puedo sentir que se está quitando el saco, hasta sentí cuando se comenzó a sacar el cinturón y me muerdo los labios sin que él me vea. Puedo sentir mi propia humedad en la sábana.

—Quiero comenzar hacerte el amor en ésta misma pocisión...— Así, estando yo acostada de espalda, Terry me separó un poco las piernas y se colocó sobre mí. Inmediatamente pude sentir su dulce y placentera invación. En movimientos lentos, disfrutando ambos de cada embestida. Mi cuerpo llevaba dos meses sin recibirlo... la sensación de su regreso es más que divina, aún cuando está usando un preservativo.

Me voltea de pronto y me besa con furia y fiereza, con pasión, con ganas.

—Colócate tú arriba.— Me dice con voz autoritaria y ronca.

—¿Yo...?

—Sí. Monta como sólo tú sabes.

Y no hubo que rogarme mucho. Cabalgué sobre él como una jinete en celo, es justo lo que soy en éste momento. Me muevo tan rápido, más lento cuando se me cansan los músculos y entonces él me ayuda y es mucho más divina la sensación. La fuerza con la que él me impulsa.

—Ahhh... Terry... me quiero correr, pero no puedo...— Le digo un poco frustrada.— Creo que tal vez ha sido el tiempo que llevo sin hacer el amor por el tiempo post parto más el método anticonceptivo que uso ahora, ambos nos cuidamos. Queremos disfrutarnos a Jenny y seguir cumpliendo nuestras metas, más adelante, procrearemos más angelitos.

—Yo te ayudaré a que te corras.— Me desentierra de él y me acuesta nuavamente sobre la cama. Me separa las piernas y hunde en mí su cabeza. Tenía razón, su lengua y su boca en mis zonas más íntimas me están llevando a la locura. Soy toda gemidos y gritos.

—Ohh... Terry... así, no te muevas de ahí, por favor... sigue haciéndolo así...— Le suplico porque ha vuelto a encontrar mi punto por fin... puedo sentir mis ojos desorbitarse de placer. Aún no me corro, pero sé que no me falta mucho.

—Si no hago que te corras, me quito el nombre.— Comenzó a succionarme, a lamerme, a explorarme y apretar mis pezones suavemente... la sensación se vuelve más fuerte, insoportable... comienzo a ver lucesitas de colores y...

—Ohh... Mmmm... ahh...— Me doblé, me contraje y finalmente me disolví en su boca. Mi cuerpo y todo mi ser anhelaban ésta liberación.

—Ves, amor, sigues siendo tan ardiente como siempre. Ahora... yo también me quiero correr...— Me giró quedando yo inclinada, posición perfecta, quedando en cuatro, recibí una fuerte y sensual palmada en mi trasero, seguido de una fuerte embestida. Mi zona aún se encuentra muy sensible, así que los gemidos no tardan en llegar.

—Vamos, Terry... un poco más fuerte, no soy de cristal...— No se quién soy ni qué hicieron con la antigua yo, sólo sé que no quiero que ésto acabe nunca.

—¿Estás segura de que lo quieres fuerte?

—Umm, sí... ¡Oh!— Grité porque me tomó la palabra en seguida y se arremetió contra mí con todo el impulso del que fue capaz. Creo que su pene me llegó hasta el esófago.

—¿Así? ¿O más fuerte?— Me pregunta dándome otra palmada.

—Así... así está muy bien... ¡Oh!— Me tuve que agarrar de las sábanas porque estaba a escasos segundos de venirme otra vez y perdí las fuerzas... volví a llegar a la gloria...

—Yo ya casi te acompaño, mi amor.— Me dijo Terry gimiendo.

—Pero no quiero que termines en eso.— Hice que se saliera de mí y le retiré el preservativo.

—Candy... ¿qué haces? Sabes que no me puedo correr en...

—Aquí sí.— Acortándole el argumento, le devolví el mismo favor que él me hizo a mí para que me corriera la primera vez. Sus ojos se abrieron como platos, luego echó la cabeza hacia atrás y se mordió el labio en éxtasis total. Mi boca le demostró lo diestra que se había vuelto.

—Mi amor, me voy a...

—Eso es lo que quiero...— Le sonreí con lujuria. El tomó suave mi cabeza y con varios impulsos se corrió.

...

Ya después de bañados, yo descanso sobre él y él acaricia mi cuerpo fresco y desnudo.

—Candy...

—Umm.

—Quería decirte que estoy muy orgulloso de ti.

—¿Por qué...?

—Por tus logros, por tu templanza. Por la excelente compañera que has sido. Por ese corazón precioso que tienes que me perdonó tantas veces en mis incontables faltas... y sobre todo... por la mami maravillosa que eres, por la mujer en que te has convertido.

Me hizo llorar con sus palabras. Lo abracé muy fuerte y lo besé.

—Yo también me siento orgullosa de ti, Terry...

—¿De mí? ¿Qué he hecho yo para que estés orgullosa?

—Cumplir tus sueños. Cada vez que te paras en el escenario y doblegas al público con tu escencia. Tu amor, tu protección. La forma en que te devives por mí cada día. La paciencia con la que soportaste mis cambios físicos y emocionales durante y posterior a mi embarazo. Cada vez que cargas a Jenny, que la besas, que le dices que la amas y que no te arrepientes de ella. Tu generosidad... lo que hiciste por mis compañeras no lo olvidaré nunca. Tú eres el amor de mi vida, Terry, sólo tú.

—Y no descansaré hasta cumplirte todo lo que te he prometido. Quiero que hagamos un pacto, Candy.

—Yo por tí haría cualquier cosa.

—Quiero que nos juremos que nunca, nunca nos separaremos. Que ninguno de los dos hará nunca nada sin pensar antes en el otro. Y que si hemos llegado hasta aquí a pesar de todos los obstáculos, permanezcamos así. Juntos, luchando por nuestros sueños.

—Te lo juro.

—Te amo.— Me dijo y me besó.

—Te amo. Por siempre.— Añadí y uní mi palma a la suya, sintiendo ambos nuestras iniciales y la de nuestra hija resplandecer y nos quedamos dormidos, seguros, enamorados y en paz.

Fin


Hola otra vez!

Sí, chicas, ésta historia ya llegó a su fin. Gracias a todas las que me acompañaron durante éste tiempo placentero que me tomó escribirla. Yo siento que la extrañaré, pues es el fic que más tiempo me ha tomado.

Esperen pronto los epílogos para que se enteren de todo lo que pasó después con los protagonistas y los demás personajes.

Un beso y hasta pronto, muñecas.

Wendy